"Castiel dime lo que está ocurriendo, no puedo dejar a Evelyn en manos de unos demonios así como así, simplemente porque me digas que se trata de algún tipo de entrenamiento de ángeles."
Castiel fulminó a Sam con la mirada, había tanto que el joven cazador no sabía, que sentía mal por no poder contarle la verdad, pero al mismo tiempo prefería no decirle nada, pues de lo contrario los estaría poniendo en peligro, tanto a él como a Evelyn.
"Dean, se que confías en mi y lo siento Sam pero vas a tener que hacer lo mismo. Dean por favor, no dejes que tu hermano salga ahí, Evelyn se puede encargar y yo estaré con ella por si me necesita."
Castiel se dio la vuelta hacia el salón. Cuando todo aquello terminara, tendría tiempo de hablar con Sam, pero por el momento lo mejor era mantenerlo al margen de aquella locura.
"No voy a quedarme aquí cuando Evelyn me necesita. Ella ha estado conmigo siempre, no la voy a dejar tirada ahora." Sam se acercó a la puerta, pero Dean estiró de su brazo y le hizo echarse atrás. "¿Se puede saber que haces?"
Sam intentó zafarse de su hermano, pero Dean lo tenía sujeto con mucha fuerza, demasiada incluso para lo débil que estaba él tras el último ataque de Meg. Dean lo aprisionó contra la pared y esperó a que su hermano se calmara para intentar hablar.
"No me preguntes porque, pero algo me dice que Castiel tiene razón, no debes estar allí, deja que él cuide de Evelyn, al fin y al cabo es su padre."
"Me da igual quien sea, quiero estar allí con ella."
"¡No!" Sam se quedó petrificado al escuchar a su hermano con tanta rotundidad. Incluso podía ver en sus ojos, sin que Dean dijera nada, que no iba a dejarle ir, porque mucha fuerza que hiciera; no sólo porque en ese momento no iba a poder con él, sino porque algo en su interior le decía que estaba haciendo lo correcto. "No voy a dejar que te muevas, así que deja de gastar las pocas energías que tienes."
"Dean por favor." El ruido en el salón, de un cuerpo golpeando contra una mesa hizo que Sam se estremeciera, la sola idea que esa pudiera ser Evelyn le estaba poniendo los nervios de punta.
"No se a que se refería Castiel, pero te recuerdo que él es un ángel y puede saber algo más que nosotros. Además, por si no te has dado cuenta, Evelyn no es tan frágil como tu te crees, podrá con esto."
"¿Cómo puedes estar tan seguro?" De nuevo Sam intentó apartarse de Dean, pero una vez más este no se lo permitió.
"No lo se, pero lo estoy."
Los ruidos se repitieron, pero Sam no podía ver nada, aquella incertidumbre estaba acabando con él a cada momento que pasaba. El rato pareció hacerse eterno y casi insoportable, sobretodo cuando escuchaba a Evelyn llamando a su padre. Dean notó el cuerpo de su hermano totalmente agarrotado y a punto de estallar, pero por muchos minutos que transcurrieran, no iba a soltarlo.
Estaba seguro que se lo había dicho Castiel, que de alguna forma, el ángel había entrado en su mente y le había dejado allí el mensaje, aunque más bien se trataba de una orden, de no dejar salir a Sam. Se sentía manipulado por el ángel, pero al mismo tiempo aliviado por no meter a su hermano en una nueva lucha, que estaba seguro que Sam no podría ganar jamás.
"Evelyn no lo hagas, no puedes matarla." Escucharon decir a Castiel. Sam forcejeó de nuevo con Dean, pero su hermano tenía sus brazos demasiado bien sujetos, tanto que le estaba haciendo daño.
Pero no protestó, sino que siguió haciendo fuerza, tenía que soltarse, ya había preocupado demasiado a Evelyn al quedar inconsciente el día anterior, como para verse ahora como un simple estorbo al que su hermano tenía que cuidar.
"Pero padre, ella nos atacó, intentó matar a Sam, ¿Cuántas veces ha intentado matarlo ya?"
"Vamos Castiel dile la verdad."
"Lo siento, pero no puedo permitir que lo hagas."
Después no pudieron escuchar nada, tan sólo pudieron ver una luz blanca muy fuerte, tanto que les obligó a dejar de mirar y junto a ella, un estruendo, como si de un trueno se tratara. Ambos sabían que eso no podía ser bueno.
"¡Evelyn!"
De repente se hizo el silencio, los dos hermanos se miraron, preguntándose si la lucha habría terminado, pero allí ya no se escuchaba nada. Dean soltó los brazos de su hermano y los dos caminaron lentamente hacia el salón.
Allí no había nadie y los muebles estaban patas arriba, como si hubiera pasado un absoluto vendaval. De repente, algo se movió tras el sofá. Los dos hermanos se pusieron tensos, tal vez Castiel se había llevado a Evelyn para protegerla y Dean preparó el arma por si acaso.
"Sam, apártate." Dean obligó a su hermano a moverse con un empujón, porque Sam se había quedado petrificado allí mismo. "Sam."
Sin embargo, quien estuviera allí detrás volvió a removerse y en seguida vieron aparecer una mano que se apoyó en el respaldo del sofá. Sam no necesitó más para saber que, para su alivio, se trataba de Evelyn. Sin decir nada, corrió hacia ella y apartó con fuerza el sofá.
La vio sentada en el suelo, con una mano en la cabeza, a través de la cual se veía un pequeño hilo de sangre caer por su rostro. Se agachó frente a ella y colocó su mano bajo la barbilla de la muchacha, esperando a que levantara el rostro y le mirara. Ella sonrió, como si nada hubiera pasado, pero en sus ojos todavía se vislumbraba el miedo por lo sucedido.
"Sam ¿Estás bien?" La chica se incorporó lentamente y entonces se dio cuenta que le dolía todo el cuerpo, por lo que volvió a quedar sentada.
"Creo que eso te lo debería preguntar yo a ti." Pero en lugar de decir nada, Evelyn se abrazó a él y en ese momento fue cuando Sam se dio cuenta que la chica estaba temblando. "Eh, vamos todo está bien. ¿Tu estás bien? Vamos dime si te duele algo o si tienes algo…"
"¿Dónde está mi padre? Me ha empujado y luego he visto la luz, pero ahora no lo veo por ninguna parte y también Meg y ese otro demonio han desaparecido y creo que se los ha llevado a él para protegerme." Dejó de hablar al ver que no podía respirar.
"Tranquila, tranquila, no te preocupes vamos a encontrar a Castiel y seguro que ha dejado por ahí a los demonios para evitar que te hicieran daño." Sam la abrazó al notar que poco a poco el cuerpo de Evelyn se iba volviendo cada vez más frágil entre sus brazos. "Castiel sólo quiere protegerte, igual que yo."
"No, pero mi padre me ha dicho… Meg, ¿Dónde está Meg? Mi padre no me ha dejado acabar con ella porque me ha dicho que no puedo, pero no me ha dicho porque, simplemente que no lo hiciera."
Evelyn apretó con fuerza el brazo de Sam y dejó que él la pusiera en pie, para luego cogerla en brazos.
"Sam, no deberías tienes que…" El cazador no le dejó terminar de hablar, pues la besó con ternura y luego la sacó del hueco del sofá.
Se sentó allí y la colocó a su lado para poder mirar la herida de su cabeza con más tranquilidad.
"Dean voy a necesitar que me traigas algo de algodón y algo para desinfectar la herida." Evelyn protesto cuando Sam puso la mano sobre la herida de su frente, pero no dejó de mirarlo.
Los últimos minutos habían sido los peores de su vida. Los demonios habían aparecido delante de ella cuando estaba sola en la habitación. Meg se había acercado y le había sonreído.
"Por fin estamos solas Evelyn, creo que deberíamos hablar." La chica había ido retrocediendo hasta que su cuerpo había dado contra la pared, pero Meg había seguido acercándose hasta ella.
"No hemos venido a eso, si quieres a la chica, cógela y vamos a por los hermanos, tu misma dijiste que Sam estaba herido."
"Nunca llegarás a él, no te lo voy a permitir." Meg cogió por el cuello a Evelyn y se quedó ahí, mirándola, como si de un juguete se tratara y lo estuviera observando concienzudamente. "Pude haberte matado una vez y te escapaste, no creas que vas a tener la misma suerte."
"¿Crees que Castiel dejaría que hicieras algo así?" Meg sonrió y se volvió al sentir la llegada del ángel. "Mira quien aparece. ¿Por qué no me cuentas a tu querida hijita la verdad?"
"¿De que está hablando padre?"
"Esta es una conversación de mayores, así que cállate." Meg lanzó con fuerza a Evelyn contra la pared, donde se golpeó y quedó aturdida durante un momento.
La cabeza le palpitaba con fuerza, como si estuviera tocando una orquesta entera de tambores en el interior de su mente. Cerró los ojos, intentando concentrar todos sus esfuerzos para tratar que el dolor de cabeza desapareciera, pero no era fácil.
Por eso no pudo saber durante un momento lo que estaba ocurriendo entre Castiel y los dos demonios. Los escuchaba hablar, incluso escuchó su nombre en la conversación, pero no pudo saber porque. Poco a poco la sensación de ese fuerte zumbido comenzó a marcharse lo suficiente para ponerse en pie.
"Veo que Evelyn es tan luchadora como tu, es lo malo que tenéis los ángeles, os gusta pelear con nosotros, pero no os dáis cuenta que no nos podéis ganar."
Al concentrarse de nuevo en lo que estaba ocurriendo, Evelyn vio a Castiel contra la pared y Meg frente a él a punto de atacarle.
"Deja a mi padre en paz." Evelyn levantó la mano hacia Meg. "Sabes lo que puedo hacer, no creo que te guste enfrentarte otra vez a mi." Vio que el otro demonio se aceraba a ella y se preparó para atacarle, para mostrarle todos los sentimientos del humano que estaba ocupando y si era necesario lo mataría.
"Déjala, no te metas en esto." Dijo Meg.
"Evelyn no lo hagas, no puedes matarla." Gritó Castiel
"Pero padre, ella nos atacó, intentó matar a Sam, ¿Cuántas veces ha intentado matarlo ya?"
"Vamos Castiel dile la verdad." Dijo Meg entre risas
"Lo siento, pero no puedo permitir que lo hagas." Castiel cerró los ojos, sabía que aquello podía matarle, ni siquiera estaba seguro de poder hacerlo, pues no todos los ángeles tenían aquella capcidad, pero aún así, por su hija tenía que hacerlo, antes de que cometiera un terrible error, por no haberle contado toda la verdad sobre sus padres.
Vio que Evelin se concentraba, definitivamente tenía que hacerlo, no había otra opción. Por ello uso toda la energía que encontró en su cuerpo y esperando tener un poco de suerte, esperó llevarse consigo a Meg y al otro demonio "Evelyn…"
La explosión de luz lanzó a Evelyn contra le sofá y un momento más tarde, Dean y Sam habían aparecido.
"Entonces mi padre…"
"No sabemos nada de él, sólo que no está aquí, así no nos alarmemos todavía." Sam sonrió, aunque fue un gesto demasiado forzado como para que no se notara. "Castiel estará bien, estoy seguro."
"¿Y que era eso que tenía que contarme, eso que dijo Meg?"
"Los demonios tienden a mentir, no creo que fuera nada realmente importante." Dean miró a su hermano, que le devolvió la mirada cuando Evelyn se acurrucó contra su pecho.
Los dos sabían que era cierto, los demonios mentían, pero al mismo tiempo sabían que podían decir la verdad si así conseguían hacer daño a su víctima. Así que de alguna forma, los dos estaban seguros que algo de verdad habría en lo que Castiel no le había contado a su hija.
