Holis mis queridas :D Estoy muy emocionada por su respuesta tan padre, mis niñas. Gracias FlorFleur, LilyMasen, LadyAnneMarie y genievieve7. Me han hecho enormemente feliz con su buena onda y sus buenos comentarios con respecto al cap anterior. ¡Me encanta que se emocionen así de mucho con este fic! Este capítulo ha quedado así de rápido por ustedes.
Así que mundo, lectoras mías, ya saben: si quieren que publique rápido escríbanme o hay tabla, jajaja.
Espero que les guste, porque de verdad esto se está saliendo de mis manos y se está volviendo eterno. Creo que llegaré a más de 30 capítulos :): y no sé si eso es bueno o malo. Pero ok, mientras me sigan leyendo me quedo contenta y aún más si me dejan sus comentarios tan lindos hacia mí y hacia la historia.
Mis cuatro chicas bonitas, este tampoco va para ustedes, jeje. Sorry not sorry. :D
TO BE WITH YOU
By Delilah Lannister
Capítulo 24
El día después de mañana
ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ·ɠ
Ten cuidado con lo que deseas, dicen por ahí. Y cuanta verdad cargaba esa afirmación. Ginny había deseado tan sólo por un momento que Cedric se molestara con ella en lugar de perdonarla tan fácil ya que creía que habría gran posibilidad de que eso pasaría y no quería cargar con los sentimientos de culpa... Un deseo tan estúpido, tan incoherente, tan momentáneo. Un simple momento de locura que se convirtió en realidad. Una realidad que no quería creer como cierta, que la estaba asfixiando, acabando con ella, succionando cada pieza de felicidad de su vida como nunca antes. Ginny creía que había vivido y pasado por todo tipo de desgracias y tristezas, pero esto... esto no tenía comparación. Era la más horrible pesadilla que pudiera existir: encontrar a tu alma gemela, tu otro yo, quien curó tus heridas y te construyó las alas más hermosas, quien te enseñó a volar a su lado y con quien habías descubierto el verdadero significado de lo que es amar... y al final perderlo. Dejarlo ir de entre tus dedos, como si fuera un líquido escurriendo y de inmediato se evapora sin dejar rastro. Y lo peor de la pesadilla, es que era real.
Ginny pasó todo el fin de semana prácticamente llorando en su cama, sin querer salir, sin querer comer, sin querer vivir. Había pasado largas horas debatiendo consigo misma y obligándose a no salir a buscar a Cedric y rogarle por su perdón, otra vez.
Recordó la noche que habían discutido... en cuanto él desapareció, Ginny se fue directo a su departamento, pero él no estaba allí. Lo esperó un par de horas pero no llegó. Luego decidió darse una vuelta por San Mungo, pero tampoco estuvo ni había estado allí. Al final decidió regresar a su propio departamento con la esperanza de que él estuviera allí, pero fue sólo una ilusión tonta. Tampoco contestó las llamadas a su celular, por lo que lo último que Ginny hizo fue enviarle un mensaje con un simple "Lo siento tanto", pero no obtuvo respuesta. Así que entrada la madrugada, ella se dio por vencida y se desplomó en su colchón completamente exhausta, física y mentalmente. Y sin embargo, no pudo conciliar el sueño ni un sólo minuto.
Cuando recreaba en su mente cada parte de la discusión que habían tenido cuando ella le confesó la verdad, cada vez se sentía más estúpida por haberlo presionado, por haber querido que él la perdonara y comprendiera tan fácilmente. Él había hecho amago de irse en paz, había caminado hacia ella y se había despedido con un suave beso, pero Ginny lo hizo explotar, con su llanto y sus exigencias... Si tan sólo se hubiera quedado en silencio y asentido a su decisión de alejarse durante un tiempo... por lo menos sabría que tendrían esperanza de volver a verse. Pero no... Ginny había perdido la razón, logrando que él también lo hiciera y ahora... ahora todo estaba perdido.
Lo había perdido para siempre y no había vuelta atrás. Su mundo se había desmoronado y no encontraba forma alguna de volver a construirlo. No sin él. Sin Cedric su vida perdía todo, el color, la felicidad, la infinita alegría de despertar cada mañana. Ahora sólo quería cerrar los ojos y desaparecer para siempre. Ella, que creía haber tenido el corazón roto antes, ahora sabía con seguridad lo que era en verdad tener el corazón hecho añicos. Esta vez no había dolor, no había rabia ni el sentimiento de sentirse humillada... esta vez sólo había vacío. Un enorme e infinito vacío emergiendo de su pecho y succionándole el alma. Esta vez no había llanto incontrolable, ni gritos, ni espasmos violentos... esta vez sólo había lágrimas cayendo en silencio, y el ligero temblor de su cuerpo, como si se estuviera congelando por dentro.
No supo cuanto tiempo había pasado, se había desconectado del mundo por completo. Sin embargo, llegó el momento en que supo que tenía que levantarse de aquella cama y continuar viviendo, aunque se sintiera muerta por dentro. Intentó llenarse con miles de pensamientos positivos, o por lo menos que no fueran tan apocalípticos. Se dijo a sí misma que no tenía por qué ser el fin del mundo, lo único que necesitaba era darle a Cedric algo de tiempo, no presionarlo más y esperar a que él se sintiera menos traicionado para entonces volver a buscarlo. Se dijo a sí misma que debería darle por lo menos un mes para asimilar todo lo que había sucedido. Casi de inmediato redujo el plazo a tres semanas y luego a dos. Finalmente, el lunes por la mañana se obligó a sí misma a no cambiar el plazo a menos de una semana, por más que su corazón le instara a volverlo segundos. Sin embargo, antes de irse a trabajar había vuelto a llamarle a Cedric y él había vuelto a ignorarla. No quiso volver a insistir, por lo que resolvió mandarle un mensaje que sintió haber tardado una eternidad en redactar.
"Ced, no sé de qué manera decir cuánto lo siento. Estoy muy arrepentida, eso debes saberlo. Sé que lo que hice no tiene perdón y no tengo cara para pedirlo pero... Perdón por presionarte, perdón por la manera en que actúe, perdón por todo. Sé que tal vez eso no importe más pero te quiero y siempre lo voy a hacer. Voy a darte tu espacio y no te buscaré más, pero quiero que sepas que estoy dispuesta a hacer lo que sea para recobrar tu confianza... Cuando quieras hablar, si es que algún día quieres llegar a hacerlo, sólo llámame... Por favor cuídate mucho. Te quiero"
Cada palabra parecía insuficiente, cada frase carecía de la necesidad que Ginny tenía de Cedric, pero no quería mostrarse tan fuera de control. Lo que quería era demostrarle que de verdad iba a darle su espacio y si tenía suerte él la buscaría algún día, ojalá muy próximo. No quería ni imaginar qué pasaría con ella si Cedric siguiera su vida sin mirar atrás... pero no podía ser. Lo que habían tenido había sido tan intenso, tan potente...
"Habían tenido". Ginny se maldijo mentalmente por pensar en tiempo pasado. Porque de verdad ansiaba con toda su alma que no fuera sólo algo ya del pasado. Quería que fuera su presente, quería que fuera su futuro, su final. ¿Por qué había sido tan idiota como para callar todo lo que sentía? ¿Por qué nunca le había dicho que lo amaba con todo su corazón? Había estado tan preocupada por todo lo demás, que no se detuvo a pensar, que no consideró ni siquiera por un momento el expresarle con palabras todo lo que con besos y caricias daba por sentado. Si tan sólo Cedric hubiera sabido todo lo que ella había descubierto a su lado... Pero ahora ya nada de eso importaba, ¿de qué le servía lamentarse si él ya no estaba junto a ella? Ya no tenía caso confesar los más profundos sentimientos de su corazón puesto que entonces sonarían falsos... Había guardado silencio cuando menos debió haberlo hecho y ahora sentía que la verdad moriría en su pecho y se quedaría oculta para siempre.
Con unas ganas inmensas de seguir oculta entre sus sábanas, Ginny salió de su departamento ese lunes por la mañana. Fue entonces cuando por fin reaccionó en su otro problema: Harry Potter. Debería matarlo, pensó por un segundo. Había arruinado su vida una vez y ella lo había permitido, la segunda vez debería considerarse un crimen y debería cobrar venganza por ello. Si Cedric no volvía a dirigirle la palabra, juraba por Merlín que iba a matarlo. Lo más seguro es que terminara en Azkaban, pero de cualquier forma sin Cedric lo que pasara con su vida no tenía importancia. Lo más extraño de todo era que no estaba bromeando.
Mientras seguía pensando en cómo lidiar con el asunto de Harry, llegó al cuartel de aurores. Había resuelto seguirlo ignorando, pero vigilándolo muy de cerca ya que cada vez se sentía más segura de que el ataque al ministro había sido obra suya. Todo tenía su sello. Tal vez hasta quería matar al ministro para quedarse él con el puesto. Ginny supo entonces que enfocaría todos sus esfuerzos en desenmascararlo. Si él había frustrado sus planes y su futuro, ella haría lo mismo con los de él sin importar el costo.
Extrañamente, cuando dio un vistazo a la oficina, se dio cuenta de que su ex prometido no estaba presente. A pesar de que el lugar estaba lleno de gente. Un signo de alerta se prendió en su mente, pues él era el único que faltaba y eso significaba que algo iba mal. Decidió entonces ir a preguntar por él con Tonks, pero quedó aún más desconcertada cuando su jefa le informó que Harry no se presentaría a la oficina durante varios meses pues estaría participando en una misión especial en Australia.
Ginny no lo podía creer. Australia, casi al otro lado del planeta. Cómo lo odiaba, ojalá se hubiera ido media vida antes y así no le hubiera causado tantos problemas, pero ahora eso ya no importaba. No podía regresar el tiempo y ni siquiera podía descargar su rabia con él. Se había ido dejándola con miles de interrogantes en la mente y para su desgracia, tampoco pudo enfocar su tiempo en averiguar lo que él tramaba y en cambio tuvo que pasar cada segundo de su día mirando al reloj y a su teléfono, esperando una llamada o al menos un mensaje que nunca llegaron.
Los segundos fueron avanzando de una forma dolorosamente lenta. Ginny sentía que hasta respirar se volvía increíblemente difícil. A cada minuto sentía la urgencia de mandar al demonio todo y salir corriendo hacia San Mungo. Pero ¿qué le diría? Había prometido darle su espacio. Pensó en mentirle y argumentar que iba llevando a algún herido de sus misiones, pero para su desgracia todos los casos se habían hecho a un lado, sólo un escuadrón estaba operando y la mayoría de los aurores estaban trabajando en oficina hasta nuevo aviso. Hubiera deseado que fuera diferente, por momentos cerraba los ojos imaginándolo. Podía verlo intentando distraerse en su trabajo... tan perfeccionista, tan entregado. Sin querer una lágrima resbaló por su mejilla y ella la limpió de inmediato, luchó por dejar su mente en blanco y empujar sus sentimientos de vuelta y encerrarlos. No quería perder el control ahí en el trabajo, pero después de un par de horas supo que sería imposible no relacionar a Cedric con cada aspecto de su vida y de sí misma, después de todo había sido él quien la había reinventado. Sabía cuánto la había apoyado, pero no había sido hasta en esos momentos cuando estuvo realmente consciente de todo lo que le debía a aquel hombre tan maravilloso.
El tiempo transcurrió, cada vez volviéndose más insoportable, cada vez asfixiándola con más desesperación, llevando sus nervios al límite. No podía creer que las horas fueran pasando y no quería creer que Cedric no la había buscado. El primer día mantuvo la esperanza, el segundo poco a poco se fue debilitando, y al tercero comenzó a darse por vencida. El cuarto fue el día fatal, el día que comenzó a darse cuenta de la realidad. El quinto día ni siquiera se presentó a trabajar. Era demasiado para ella lidiar con la idea de que de verdad todo se había acabado, era inútil. Lloró desconsoladamente, como no lo había hecho desde la noche que habían terminado. El dolor era insoportable, nada le causaba ningún tipo de alegría, todo ahora era un remolino de obscuridad. Porque el presente no tenía sentido si no sabía de su futuro con Cedric, un futuro que ella misma se había encargado de enterrar. Había estado tan ocupada esperando el momento en que él la buscara y había estado tan ocupado odiando a Harry que había olvidado odiarse a sí misma. Pero ahora ese desprecio hacia su persona había regresado y no sólo eso, sino que se había incrementado. Finalmente había dejado de culpar a Harry para comenzar a aceptar el cien por ciento de la culpa. Tal vez él lo había planeado todo, pero si de algo iba convenciéndose cada día era de que ella había cedido por voluntad. Hasta llegó a concluir que no recordaba nada como producto de su propia culpa, puesto que ella misma habría podido reprimir todos esos recuerdos o incluso haberlos borrado con magia. Al final no importaba cómo había comenzado todo o cuáles habían sido las circunstancias, pues a fin de cuentas se había acostado con Harry y no había forma de cambiarlo. Supo entonces que aquello mismo era lo que Cedric había concluido desde el momento en que le confesó la verdad. Al final no importaba cómo, sino que había sucedido. Al sexto día Ginny finalmente comprendió que Cedric no la buscaría nunca más. Había traicionado su confianza y con un soplido había destruido el bonito castillo de naipes en el que vivían. Fue entonces que supo en el fondo de su corazón que lo había perdido para siempre.
Cuando su plazo mínimo para buscarlo hubo transcurrido, Ginny sabía que lo había perdido todo y entonces no hizo nada. No lo buscó ni lo llamó, ni siquiera le envió un simple mensaje. Ya no tenía sentido, ya no tenía razón alguna para guardar esperanzas. Ella lo había lastimado y con su silencio, él había dejado muy claro que no quería volver a saber de ella. Así que entre una tristeza interminable y dolorosos segundos que parecían eternos, otra semana transcurrió.
La soledad se sentía insoportable. Evadió a Luna, a Hermione y a su propio padre y bajo el pensamiento de que necesitaba tiempo para asimilar la partida de Cedric, volvió a recluirse en su propio mundo, sólo que esta vez fue diferente, esta vez fue mucho peor. Esta vez no quería morirse, sino que esta vez quería dejar de existir, desaparecer, desvanecerse con el viento y viajar muy lejos, volverse la brisa fresca que tocara sus cabellos, que rozara sus labios tan sólo una vez más. Esta vez lo único que deseaba con todas sus fuerzas era poder volver a verlo una vez más, escuchar su risa cálida y ver sus pobladas cejas. Ginny hubiera dado cualquier cosa que le pidieran tan sólo para estar frente a él y decirle cuánto lo amaba...
Pero eso era imposible.
Imposible como seguir adelante sin él. Ni siquiera podía recordar cómo era la vida antes de Cedric... todo lo que tenía en los recuerdos era a él. ¿De verdad habían estado juntos sólo cuatro meses? Porque se sentía como si hubiera sido una vida entera. No había día en que no pensara en él y se preguntara donde estaría en esos momentos y qué estaría haciendo.
¿Aún pensará en mí? ¿Aún me necesitará todas las noches como yo lo necesito a él? ¿Morirá por dentro ansiando un simple beso? ¿Pasará sus días esperando escuchar mi voz y las noches en vela ansiando el calor de mi cuerpo?
Lo necesitaba tanto que dolía. Lo amaba tanto que dolía. Dolía tanto que no podía respirar.
Sin saber exactamente cuando, supo que no tenía más opción que continuar con su vida aunque eso le costara a cada segundo y aunque eso implicara estar consciente de que su corazón seguía en carne viva y que se quedaría así por muchísimo tiempo, tal vez para siempre. Sin embargo, si algo le había enseñado Cedric es que siempre hay una segunda oportunidad.
¿Habrá una tercera oportunidad para mí?
Tal vez, algún día podría volver a estar con él. Tal vez, aunque fuera en otra vida.
Exactamente dos semanas después de aquel fatídico día, sucedió algo que le hizo recobrar la esperanza. Después del caos del ataque al ministro, Ginny volvió a salir en un escuadrón a una misión de campo. Y realmente sin planearlo, al final hubo un herido que le fue asignado para llevar a San Mungo. Ella no tuvo nada que ver por lo que se lo atribuía al destino. Con el corazón palpitando a toda velocidad y sus piernas amagando a flaquear, llegó al hospital llevando a una chica que había sido aturdida. Era sólo una estúpida revisión de rutina pero para Ginny lo significaba todo. Sabía que Cedric debería estar por el área de urgencias, sabía que en cualquier minuto aparecería por allí... sólo que no lo hizo. ¿Acaso ya ni siquiera trabajaba en San Mungo?
-Disculpa... -le dijo a una enfermera que conocía de vista -¿El Sanador Diggory?
-Está en una operación
-Oh, vaya...
-¿Quieres que le de algún recado?
-No... no te preocupes, sólo preguntaba. Gracias...
Y entonces se sentó en la sala de espera mientras la chica iba siendo atendida. Se dio por vencida después de media hora y entonces no pudo evitar maldecir al destino. Tan cerca pero tan lejos. Era increíblemente frustrante... Cuando su paciente salió de revisión, ella se acercó a firmar los papeles de alta y fue entonces cuando escuchó su voz a su espalda. Abrió los ojos y los clavó en el papel, sintiéndose petrificada. Podía escucharlo hablar acerca de su operación pero lo único que sabía era que estaba apunto de desmayarse.
-Ginny... -dijo él como con incredulidad -¿Estás bien? ¿Qué haces aquí?
Ella volteó y lo encontró de frente. Faltó poco para que se derritiera de amor y dolor a la vez. Allí estaba. Dos semanas enteras sin verlo. Dos semanas en que su última imagen era él descontrolado y gritándole, y ahora allí estaba arrugando su frente en esa forma que tanto amaba. Hizo uso de toda su fuerza y auto control para no correr hacia él y besarlo.
-¿Ginny?
Sus ojos se habían aguado, así que pestañeó para aclararlos. Había imaginado ese momento mil veces pero cuando llegó no supo qué decir.
-Yo... vine... con una herida
-¿Estás herida? -preguntó preocupado, dando un paso más hacia ella.
-No, quiero decir... que traje a una chica herida... de una misión.
-Oh, claro... -dijo nervioso de pronto -Qué bueno que estás bien -Ginny soltó el aire que contenía -Estas... ¿ocupada?
-No -contestó de inmediato volviendo a sentir que iba a desvanecerse
-Quisiera hablar contigo
-Ok
¿Ok? ¿Eres idiota, Ginevra? se maldijo internamente mientras lo seguía a su oficina, para luego fantasear con una reconciliación apasionada sobre su escritorio.
-Quiero pedirte disculpas -dijo él en cuanto entraron al lugar.
-¿Qué? ¿De qué hablas? No, soy yo la que debe disculparse... y nunca terminaré de hacerlo, yo...
-Bueno, creo que aún no estoy listo para que hablemos de eso -refutó metiendo las manos a sus bolsas -Sólo quería pedirte perdón por cómo te traté hace dos semanas.
Lo sabe... pensó Ginny sintiendo que su alma volvía a estar presente dentro de su cuerpo. Cedric también había llevado la cuenta de cuánto tiempo habían pasado separados.
-No te preocupes... Era lo mínimo que merecía -le dijo dedicándole una sonrisa triste y luego ambos se quedaron en silencio, mirándose uno al otro. Cedric parecía triste, abatido; sin embargo no dio señal alguna de querer seguir hablando. Ginny supo que era ella quien tenía que hablar, y entonces tomó valor para hacerlo -Ced...
-Debo irme... -la interrumpió él de pronto -Estoy en medio de una operación importante - y entonces abrió la puerta
-Espera...- lo detuvo tomándolo del brazo -Ced, no tienes idea de cuánto lo siento... Quiero volver a intentarlo contigo, si me dejas...
Cedric simplemente cerró los ojos y suspiró con fuerza.
-Por favor... -susurró Ginny -Te quiero... -sus ojos se llenaron de lágrimas y una de ellas corrió por su mejilla. En ese momento Cedric abrió los ojos y pudo verla. Le dedicó una mirada de ternura y entonces con su pulgar limpió la lágrima de su piel. Ginny sintió por primera vez la calidez en su cuerpo, quedándose petrificada por su roce, viéndose reflejada en esos ojos castaños que encerraban tantas palabras de ternura. Quería gritarle cuánto lo amaba pero no sabía si sería adecuado decirlo en esas circunstancias. Y entonces él la soltó. Y se fue, dejándola ahí abandonada con el corazón acelerado y lleno de esperanza.
A partir de ese momento Ginny recobró la ilusión. Había dejado de repetir en su mente la escena de su discusión para reemplazarla por la de aquel breve reencuentro. Él obviamente se encontraba más tranquilo, se encontraba arrepentido por cómo había reaccionado y le había pedido perdón. Ginny reía cada vez que recordaba aquello, puesto que sólo Cedric pediría disculpas en una situación como esa, él era en verdad un hombre único. Sin embargo, a pesar de su arrepentimiento, aún seguía guardando la distancia con ella y había cortado sus intentos por hablar del tema. Había dicho que no se encontraba listo, pero no había dicho que no quería volver a verla nunca más o que la odiaba. Y era realmente palpable que Cedric sentía todo aún a flor de piel del mismo modo en que ella lo hacía. Recordaba el tono de preocupación que le dirigió al verla, pensando que algo le había sucedido, recordaba su mirada tierna, recordaba su piel rozando su mejilla. El la quería, aún la quería, de eso no había duda. Desde ese momento en adelante sólo tendría que saber cómo actuar, tenía que regresar a su vida sutilmente, sin presionar.
Finalmente respondió las llamadas de Luna y volvió a frecuentar a Hermione, incluso hasta salió a comer con su padre un par de veces. Cuando Arthur Weasley le preguntó por Cedric, ella no se atrevió a contarle la verdad y simplemente se limitó a decir que tenía mucho trabajo pero que estaba bien. Tenía todas sus esperanzas puestas en que iba a recuperarlo y eso era porque estaba dispuesta a hacer hasta lo imposible para lograrlo , así pareciera lo más estúpido del mundo, que era más o menos lo que había comenzado a hacer.
Ginny comenzó a tomar todas las misiones que le fueran posibles, bajo la idea de llevar a los heridos al hospital como siempre lo había hecho. Sin embargo no siempre era posible y muchas veces las heridas eran tan simples que terminaban siendo atendidas en el pequeño consultorio que había en el piso del cuartel de aurores del ministerio. Además, en las pocas ocasiones que sí fue a San Mungo, todo era tan rápido que no le daba tiempo ni siquiera de encontrarlo "accidentalmente". Con un poco de frustración, Ginny hizo a un lado por completo la loca idea de poner en riesgo a la gente en sus misiones por lo que se decidió por la aún más loca idea de ponerse en riesgo ella. No es que fuera realmente un peligro muy grande, sólo necesitaba que fuera lo suficientemente importante como para ser enviada a San Mungo y entrar a revisión. Tal vez hasta Cedric la llegaría a atender. Si el caso se daba, esperaba que los recuerdos lo asaltaran y ablandaran su corazón. La idea fue sólo el principio, pero le costó un par de días más resolver que era lo más estúpido que pudo haber pensado y finalmente cuando se le presentó la oportunidad, dejó de pensarlo y simplemente dejó que pasara. Durante el asalto a una pequeña villa, cuando un ladrón le lanzó un hechizo, ella no lo esquivó y dejó que le diera directo en el cuello. Gritó de dolor por un segundo, pero no había sido tan malo. Casi de inmediato capturaron a todos los demás y a Ginny la mandaron directo al hospital.
Tardó un par de misiones y heridas más para que el destino la hiciera coincidir con Cedric en San Mungo, sin embargo ella ya iba saliendo de la curación, como si nada le hubiera pasado. En cuanto la vio, el le sonrió de forma tímida.
-¿Más heridos?
-Sólo yo...
-¿De verdad? ¿Qué te pasó? -preguntó preocupado de pronto. Ginny no pudo evitar sentir alegría a pesar de que se sentía como una idiota
-Nada grave, una tontería... -contestó sabiendo que no sería muy creíble si dijera que algo muy malo le había pasado cuando ya se encontraba como nueva -Ced, quisiera hablar contigo...
Él suspiró.
-No creo que sea lo mejor...
-Por favor, necesito decirte cuánto lo siento...
-Ginny, ya lo has dicho.
-No lo suficiente... Dime qué puedo hacer, lo que sea estoy dispuesta a hacerlo.
-No puedes regresar el tiempo -le dijo dedicándole una sonrisa triste y dejándola sin palabras por un instante. Y entonces volvió a escapar de ella.
A pesar de que Ginny se sentía confundida, era imposible para ella detener aquel estúpido plan que había ideado y casi sin quererlo siguió dejándose herir en las misiones. En algunas ocasiones de forma más grave que otras, pero a fin de cuentas terminaban siendo cosas nimias. Y Cedric la veía, pero ya no volvió a acercarse más a ella, seguramente sabiendo que ella aprovecharía cualquier ocasión para romper el hielo entre ellos.
Finalmente, después de varios días más de miradas y encuentros lejanos, él se ofreció a atenderla por primera vez. Mientras el corazón de Ginny latía ilusionado en todo su esplendor, dejó que Cedric la dirigiera a una habitación de curación. Estaba repasando en su mente las palabras que había estado ensayando: "Volvamos a ser amigos y partamos de ahí", cuando al cerrar la puerta a su espalda Cedric no esperó más para decir:
-Revisé tu expediente -Ginny se emocionó aún más -Haz estado viniendo casi diario por heridas tontas.
-Sí, bueno... he estado un poco más torpe que de costumbre -dijo con una risa divertida, sin embargo él no la compartió.
-Sé lo que pretendes lograr con eso y créeme que está funcionando un poco al revés.
Ella dejó de sonreír.
-Ced, yo sólo...
-Espero -dijo con voz seria, interrumpiéndola - que no te estés poniendo en peligro a propósito, porque eso sería la cosa más estúpida del mundo.
-Lo es -admitió ella con firmeza -Pero no sé qué más hacer.
-¿Para qué? ¿Qué logras con esto?
-Tener al menos una excusa para verte, para estar por lo menos un poco cerca de ti. Es lo único que se me ha ocurrido...
-¿Ponerte en peligro?
-No es así, sólo son cosas sin importancia y-
-Podrían no serlo -la cortó él -Y de cualquier forma, no es una buena idea.
-Es que no sé cómo más acercarme a ti -susurró ella mirándolo con tristeza. Luego se acercó cautelosamente hacia él -Quiero hablarlo, quiero superar esto, Ced. Te ruego que me des una oportunidad.
Él suspiró exasperado, pasándose las manos por el cabello y dando un paso hacia atrás.
-No sé si yo puedo ser capaz de superarlo. No cuando por fin me he dado cuenta de lo intenso que es tu lazo con él.
-¡No hay nada con él! Te juro que ya no siento nada por él. Todo esto... fue un accidente, un increíble error. El error más grande que he cometido en mi vida, pero te juro por mi vida... que ya lo superé -Cedric negó con la cabeza desesperado -¿Cómo hago para demostrártelo?
-Ese es el problema, Ginny. Que he pasado tanto tiempo pensando en lo que podrías hacer para demostrarlo, pero no hay nada que pueda lograrlo. -La miró con angustia por un momento y ella sintió que contenía el aire porque había olvidado cómo respirar- Es por eso que ya me rendí.
Ella se llevó una mano al pecho, sintiendo que se le desgarraba.
-Te diste por vencido... conmigo -Él sólo suspiró -¿Cómo puedes...? -La voz se le cortó -¿Es tan fácil... ? -Las lágrimas comenzaron a salir
-¿Fácil, dices? -Cedric soltó una risa amarga, que se ahogó en su garganta.-¿Fácil? Esto es lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida.
-Entonces no lo hagas...
-Ya no puedo engañarme -dijo negando nuevamente con la cabeza mientras sus ojos se aguaban -Yo sabía lo que quería, yo hice planes en mi mente contigo, de verdad creí que mi futuro serías tú -Ginny sollozó -Fue horrible darme cuenta que aunque tu creyeras algo similar por un tiempo, en el fondo no te sentías así...
-Ced, yo quiero estar contigo. No puedo vivir sin ti...
-Mira, sólo te pido una última cosa -Ginny se quedó en silencio, mirándolo con tristeza -Ya no quiero que me busques. Por favor, déjame seguir adelante, déjame continuar en paz.
-Ced...
Él cerró los ojos y dio un leve sollozo.
-Merlín, cómo voy a extrañar que me llames así -musitó entre dientes y luego se limpió con el dorso de la mano las lágrimas del rostro.
-Por favor, Ced. Déjame verte al menos -susurró desesperada -Déjame ser tu amiga, déjame seguir siendo parte de tu vida...
-No puedo, linda -Ginny sollozó mientras su estúpido corazón latía desbocado ante la dulce mención que le había hecho y que tal vez nunca más volvería a hacer -Yo no puedo volver a verte, no puedo volver a tenerte cerca...-Suspiró desesperado- No puedo ser tu amigo, cuando un día fuimos nuestros dueños. ¡No puedo! -lloró angustiado -Sé que es egoísta, estúpido... Igual de estúpido que dejarse herir a propósito -le dijo riendo suavemente entre su propio llanto -Lo siento tanto, Ginny. Pero no puedo.
Ella se quedó en silencio, asimilándolo con dolor.
-No sé cómo seguir adelante -confesó ella finalmente
-Eres una superviviente -le dijo sonriendo tristemente -Los demás no lo tenemos tan fácil y tenemos que recurrir a cosas más extremas.
-¿Extremas? -preguntó limpiándose las lágrimas y respirando profundamente
-No sabía si decírtelo, pero creo que tendrá que ser de esta manera.
-¿Decirme qué?
Él limpió sus propias lágrimas nuevamente y tomó aire dándose valor.
-Estoy saliendo con alguien más.
-¿Qué? -preguntó ella en un grito ahogado, sintiendo cómo su alma se le iba del cuerpo
-Cada quién tiene su estúpida forma de salir adelante y esta es la mía -Ginny se quedó sin palabras, sin movimientos, sin nada por dentro -Por favor ya no vengas a San Mungo. Intenta no ponerte en riesgo y manda a los heridos con alguien más -La miró con semblante serio -Sé que tal vez exagero, pero es lo único que te pediré, ya no-
-¿Quién es? -se escuchó preguntar de pronto, sin poder contenerse. Él no contestó. El cerebro de Ginny comenzó a trabajar a toda velocidad -Es alguien de aquí ¿no es así? Por eso no quieres que venga más...
Sólo hubo más silencio. Cedric miró al suelo y luego a la pared, evitando su mirada. Ella suspiró dolida. Finalmente volvió a mirarla de frente.
-Tengo que continuar con mi vida -Ella no contestó pues no sabía qué podría decir, ni siquiera sabía lo que pensaba más allá de la maldita idea de que Cedric ya no era suyo. Nunca lo fue, pensó con tristeza -Y tu deberías continuar también con la tuya...
-Ok -fue todo lo que pudo articular. Y a pesar de que en su mente y en su corazón comenzaron a acumularse palabras de agradecimiento, de amor y de despedida, por alguna estúpida razón no quiso decirlas. Y entonces aguantando su llanto, se dirigió a la salida.
-Espera, debo curar tu herida... -le dijo señalando a la frente, donde tenía el pequeño corte. Aunque la verdadera herida sangrante era la que tenía en el corazón.
-No es nada -le dijo dedicándole una sonrisa triste -La curaré en casa -Pensó en darle un beso, o simplemente un ligero abrazo, pero por algún otro motivo tampoco quiso hacerlo -Ten una buena vida -fue todo lo que dijo.
Y entonces salió de la habitación, luego de San Mungo y finalmente de su vida.
