Capítulo 25

Tras la pérdida del bebé, nada había vuelto a ser como antes, ya que aquel fatídico día no sólo marcó el corazón de todos con la partida de Hiro, sino que también pareció llevarse la vitalidad de sus padres. Ryoma solía estar distraído, tanto en casa como en la Universidad, incluso tendía a dejar el agua corriendo del fregadero o parecía estar desconectado de su rutina. Rinko podía notar su rostro ausente la mayor parte del tiempo, incluso le parecía ver rastros de lágrimas en su rostro, lo que no era propio de su hijo que controlaba siempre sus emociones. Sin embargo, si comparaba el dolor del ambarino con el de Sakuno, podría decir que eran similares, pero quizás el dolor de una madre que había perdido a un hijo podría ser incluso peor.

Sakuno en lugar de retomar sus estudios en la Universidad, prefería quedarse en casa todo el tiempo, específicamente en el cuarto del bebé, donde se dedicaba a observar por horas y horas un muñeco de paja que le había obsequiado su abuela días previos a las noticia. Solía llorar a menudo, aferrándose al muñeco como si se tratara de su propio hijo, susurrando su nombre, esperando quizás ingenuamente escuchar la vocecita que invadía sus sueños todo el tiempo, pero no era así, sólo podía oír sus propios sollozos y sentir las tibias lágrimas apoderarse del muñeco. Aunque sus amigas solían ir a visitarla, no eran capaces de subirle el ánimo, más bien nadie podía hacerlo, ni su propia familia, ni mucho menos Ryoma. Por ello, no podían hacerse la pregunta sobre cuáles eran sus verdaderos deseos en esos momentos, dado que todos lo sabían muy bien y no podían hacer nada al respecto, considerando que esa persona ya no existía.

Los meses transcurrieron y Ryoma tuvo que informarle a los altos mandos de su Universidad que su esposa se ausentaría por un tiempo, no podía definir exactamente cuánto tiempo tardaría, dadas las circunstancias, pero estaba seguro que algún día volvería. Mientras tanto, él haría todo lo posible para hacerla sentir mejor, incluso si eso significaba tener que abandonar sus propios sueños. Sin embargo, sabía que no podían seguir en esa situación, la rutina los estaba consumiendo y pese a sus intentos de animar a la castaña, ella siempre volvía a estar en el mismo estado que siempre, debía pensar en algo.

Un día, se encontraba comiendo con Momoshiro una hamburguesa, escuchando el relato de otras de sus eternas discusiones con Ann, cuando inesperadamente vio la silueta de una chica de melena castaña, una adolescente, estimaba que tenía alrededor de catorce años, si bien no conocía a esa chica, su figura le hizo recordar a como solía ser su propia esposa a esa edad. Entonces se preguntó ¿Cuál era la diferencia entre esa chica y su esposa? No era sólo la edad, sino también el estado emocional en el que se encontraban, aquella chica esbozaba una amplia sonrisa y demostraba lo entusiasta que estaba ese día junto a otra chica, en cambio Sakuno…ya no lucía esa sonrisa que le robaba el aliento, más bien parecía haberse extinguido hace meses. Daría todo por volver a ver esa sonrisa en su rostro, pero tampoco sabía exactamente qué hacer para conseguir que regresara.

— ¿Echizen? ¿Me oyes?— Levantó la voz Momo.

— ¿Eh? ¿Quieres saber que opino de Tachibana?

—No, te comentaba que Inui quería que nos reuniéramos el fin de semana. Ha descubierto un nuevo método para mejorar nuestras técnicas en tenis.

—Ah no creo que pueda este fin de semana, no puedo dejar sola a Sakuno todavía.

—Vienes diciendo eso hace meses y siento que deberías tomarte un respiro también.

—No lo sé, Momo-Sempai. Estos últimos meses la he dejado sola —Susurró pensativo. —Mientras ella se queda en casa llorando, yo he retomado mis clases en la Universidad. Quizás mi método de escape ha sido ese.

— ¿Y ha funcionado?

—No del todo, mi rendimiento no es tan bueno como antes. Intento distraerme en clases, pero todo el tiempo pienso en ella y no puedo evitar sentirme culpable. —Cerró el puño.

—No lo eres, Echizen. Lo que pasó no es culpa de nadie, fue un accidente.

—Lo sé, pero aún así lo pienso. Además…me siento inútil. Siento que no importa lo que haga, no lograré hacerla sentir mejor.

—Sé a lo que te refieres, Ann me ha dicho lo mismo con respecto a los planes que han hecho con Osakada para subirle el ánimo. —Suspiró. — ¿No has pensado en buscar ayuda externa?

— ¿Ayuda externa? ¿Te refieres a un psiquiatra?

—Sí, ellos deberían saber qué hacer.

—No sé si eso sería lo mejor, Sakuno me decía antes que los psiquiatras no son tan buenos como una terapeuta. Tal vez eso necesita.

—Es posible. —Bebió un sorbo de su vaso. —Sea lo que sea, deberías hacerlo pronto. Si esto avanza, quizás sea más complicado.

—Tienes razón. Voy a hablarlo con ella. —Murmuró. —Sin embargo, antes de pedirle ayuda a un especialista, siento que hay algo más que debo hacer.

—mmm ¿Qué tal un viaje?

— ¿Un viaje? —Enarcó una ceja.

—Sí, dicen que saliendo del ambiente rutinario se puede alegrar a las personas. Quizás eso le haga bien. Además ¿hace cuánto tiempo no tienen un momento a solas?

—Pues…hace dos meses.

—Entonces ustedes... ¿no han tenido nada?

— ¿A qué viene esa pregunta? —Su rostro se volvió carmín, entonces se cruzó de brazos. —No voy a responder a esa pregunta, Momo-Sempai. —Gruñó, aunque era su amigo, no le podía hablar de su intimidad también.

—Eso quiere decir que no. —Se burló. —Ya veo porque estás de mal humor. Si no tienes la motivación del tenis ni tampoco eso, ahora entiendo todo.

— ¿Qué quieres decir? —Bufó. —Si es esa tu teoría, entonces debo pensar que ustedes tampoco han tenido su momento de intimidad ¿no? considerando que llevan peleando varias semanas.

— ¡T-Te equivocas! —Gruñó sonrojado.

—No me intentes engañar, Momo-Sempai. Sé cuando estás mintiendo.

— ¿Ahora te crees terapeuta?

Ambos estallaron de risa, si bien el reír era una reacción común de cualquier ser humano ante un determinado estimulo, Ryoma se sentía privilegiado como si fuera la primera vez en la vida que había experimentado tal emoción llamada alegría. Entonces se detuvo a reflexionar sobre ello y comprendió porque se sentían tan vacíos últimamente, era precisamente por eso, los últimos meses sólo habían experimentado tristeza e ira, ya que no recordaban precisamente lo que era la felicidad. Quizás Momo tenía razón y lo que realmente les hacía falta era tener un momento de relajo fuera de la ciudad. Sólo debía pensar dónde podría realizar una reserva en esa época del año, considerando que no existían muchos lugares, a menos que fuera un lugar al que hubieran ido antes.

—Hablando de Terapeuta, tal vez eso debes hacer. —Interrumpió sus pensamientos Momo. —El otro día leí un artículo sobre las etapas del duelo ¿Las has oído?

—Sí… ¿A qué viene eso?

—Quizás un buen comienzo para ver cómo ayudar a Sakuno es identificando eso ¿no crees? —Reposó su cabeza sobre su mano. —Podrías investigar sobre ello y ver el método que podrías utilizar dependiendo la etapa en la que se encuentre.

—Entiendo tu punto, pero…Sakuno me ha mencionado que no todos los pacientes son iguales, entonces esas reglas pueden no ser aplicadas a todos los individuos.

—Tienes razón, sin embargo no estoy diciendo que hagas esto para compararla con otros individuos, sino para tratar de comprender por lo que está pasando y desde ahí, pensar en cuál sería el método más efectivo para ayudarla a ella específicamente.

—mmm no lo había pensado así. —Susurró sorprendido por la sabiduría de su mejor amigo. —Podría ir a la biblioteca de la Universidad ha investigar esos libros.

—Sí, así entenderás su dolor. No hay que ser un psiquiatra o terapeuta para hacerlo, aunque estudies medicina, leyendo artículos podrás averiguarlo. Claramente no tendrás la misma formación que un psiquiatra, pero al menos encontrarás el modo para ayudarla antes de acudir a un especialista que no sepa nada sobre ella.

—Debo reconocer que es una buena idea. Es increíble los conocimientos que puedes llegar a tener, si utilizas el cerebro en lugar de los impulsos. —Se burló.

— ¿Qué quieres decir? —Gruñó.

—Podrías utilizar esa misma inteligencia para no tener tantos conflictos con Ann, por ejemplo. —Se levantó de la mesa para caminar a la salida.

—Sí la uso. —Bufó. —Por cierto ¿A dónde vas?

—Debo hacer una parada en la biblioteca y también debo contactarme con alguien.

— ¿Eh? ¿Con quién?

—Con Yuzuki Toyo.

— ¿Qué? ¿Por qué?

—Ya lo verás. —Sonrió. —Por cierto, gracias por todo.

Luego de conseguirse el número con Tachibana y hablar con Yuzuki, Ryoma caminó rumbo a la biblioteca con el fin de investigar más acerca del duelo, pese a que los libros siempre habían sido sus fieles compañeros que lo ayudaban a resolver grandes misterios, se encontraba tan desolado por lo ocurrido que no había pensado en utilizarlos en tales momentos. Por ello, una vez que se encontró en la biblioteca, en lugar de dirigirse impacientemente al pasillo de medicina que tanto atesoraba explorar, caminó hacia la sección de Psiquiatría. Dicho pasillo no era muy distinto al de medicina, ya que también estaba distribuido entre libros de biología, manuales y finalmente libros que profundizaban patologías en particular. Entonces en medio de la última sección, sus dedos acariciaron el libro "Sobre la muerte y los moribundos" de Elizabeth Kübler-Ross, una psiquiatra suiza estadounidense que había creado un modelo que llevaba su mismo nombre, correspondiente a las cinco fases del duelo que tenía que vivir cada persona para superar dicho estado. Se preguntaba si eran de esas fases de las que hablaba su mejor amigo o si se trataba de otras, considerando que había muchos autores que hablaban sobre ello. Suspiró, la única manera de averiguarlo era leyendo el magnífico libro.

Apoyado en el estante, se preparó para leer la primera parte del libro correspondiente a la fase 1 (La negación), algo en ese título ya le remitía a lo que estaba aconteciendo. Según Kübler (1969) la negación permitía amortiguar la caída y aplazar el dolor que generaba dicha pérdida. Por lo tanto, era común que las personas que padecían dicha fase inicial, se sintieran desconectados de su propia realidad, sintiéndose ajenos a lo que sucedía, tratando de contenerse a sí mismos. Para profundizar sobre esto, una frase significativa que se daba a conocer la autora era: "Estoy bien, esto no me puede estar pasando". Como si se tratara de un hechizo, la frase sonó como eco en sus oídos, invocando recuerdos de ese fatídico día en qué todo había sucedido y se vio a si mismo tratando de contener a la castaña que lloraba desconsoladamente en el hospital, tratando de negar lo que estaba pasando exigiéndole que le dijera que no era verdad, que realmente Hiro estaba con ellos y no se había ido. Después recordó su intento forzado de demostrarles a los demás lo fuerte que era y que en realidad no estaba sufriendo, sino que estaba bien. No sabía que era peor, verla sollozar a diario o encontrar en su rostro una sonrisa falsa que en el fondo guardaba mucho dolor. Sin embargo, si reflexionaba sobre ello, no era sólo Sakuno la que había pasado por esa etapa, también había sido él y quizás gran parte de su familia. Le parecía que en un pestañear de ojos todo había cambiado, un día estaban celebrando la llegada del bebé y un minuto después la pérdida del mismo. Al igual que Sakuno esperaba que se tratara sólo de un mal sueño y al despertar todo fuera una mentira, pero no era así, por mucho que despertara nada volvería a ser como antes.

Una vez que acabó con el primer capítulo, volteó la hoja para encontrarse con la fase 2 (La ira y tristeza), la cual le parecía más congruente con lo que estaban viviendo en esos momentos mutuamente que la fase 1 correspondiente al primer mes de la noticia. Las palabras de Kübler le susurraron al oído nuevamente, trayendo consigo nuevas reminiscencias del segundo mes y actual en el que se encontraban, un mes que no sólo había comenzado con grandes discusiones, sino también era el mes de los constantes encuentros con la frustración y la culpa. De hecho, si tuviera que elegir cuál de esas dos últimas gobernaba más en sus vidas en esos instantes, definitivamente era la culpa. Ya que era una emoción compartida, tanto de ella por no haber buscado un especialista antes o no haber acudido a un centro apenas se percató que había algo extraño, como por él por no escuchar sus palabras. Así mismo, buscaban causas externas, creían que quizás algo del ambiente lo había ocasionado y en realidad no era culpa de sus propios cuidados. Incluso el mismo Ryoma tenía que admitir que se había obsesionado con libros de medicina sobre las causas de los abortos involuntarios, tratando de encontrar la respuesta a lo ocurrido o quizás más que eso, buscando acabar con su propia culpa.

La tercera fase la de negociación no se parecía nada de lo que estuvieran viviendo, precisamente porque ninguno estaba tratando de recuperar el control de sus sentidos o quizás era lo que Ryoma quería hacer en esos momentos con la idea de su mejor amigo, sobre salir de la ciudad y buscar el modo de recuperar a la Sakuno del pasado. Según Kübler (1969) la etapa de negociación crea una ficción al paciente de tener control de la situación y encontrar soluciones a la vivencia. Es decir, comprender las ventajas y las desventajas de ello, negociar ya sea consigo mismo como otras entidades (religiones, encuentros espirituales, etc). No sabía si podría ayudarla a reflexionar sobre las ventajas de no tener a Hiro, porque quizás no estaba preparada aún para oírlas, considerando que aún podría encontrarse en la fase dos. No obstante, haría todo lo necesario para que estuviera bien nuevamente, tal vez por eso se encontraba ahí aferrado a un libro a esas horas de la tarde.

Las fases siguientes esperaba que no se siguieran al pie de la letra, teniendo en cuenta que la cuarta correspondía a la "Depresión", la cual no se conectaba con el nombre propiamente tal a nivel de diagnóstico, pero tal como la palabra el paciente deja de fantasear con la ficción que ha creado en la fase anterior y comienza a vivir la realidad tal cual es, sintiendo una sensación de vacío. Kübler enfatizaba que se podía desarrollar dos escenarios posibles 1) Duelo en solitario, es decir aislarse de los demás y reflexionar sobre ello. 2) Duelo en compañía, siendo capaz de vivir el dolor siendo sostenido por otros. Lo que le preocupaba no era eso, sino el hecho de que durante el duelo podían aparecer ideas suicidas y le parecía ya haber oído alguna de ellas posterior al parto. No obstante, si podía superar esta etapa, finalmente podía llegar a la fase quinta y última de Aceptación, donde poco a poco comienza a volver a la normalidad. Se preguntó cuando viviría eso y si realmente pasaría por esas fases tal cual eran mencionadas, teniendo en cuenta que su misma esposa siempre le recalcaba que cada paciente es distinto y los procesos también, por ello era posible que no todo fuera como la psiquiatra del libro lo había enfatizado. Ni mucho menos se volviera un duelo patológico, similar a los que había visto en algunas clases, porque entonces ya todo sería un problema. Su celular vibró un momento en su bolsillo, curiosamente se trataba de ella, creía que en su aislamiento ya no le importaba mucho su ausencia, pero ahí estaba preguntándole como estaba. Por lo mismo, tras dejar el libro en el estante, caminó de regreso a casa, ya había anochecido y tenía muchas cosas de las cuales encargarse.

No sabía qué horas eran, casi no tenía batería en el celular, pero estimaba que eran cerca de las diez de la noche, el frío se apoderaba de su rostro y sentía las manos entumecidas, el cambio de clima era tan inesperado como lo eran las emociones de su esposa. Ahora que lo pensaba, tenía que encontrar el modo de convencerla a salir de casa, teniendo en cuenta que ya reservó el lugar con Toyo, ya había hablado con Sumire y sólo quedaba organizar las maletas para salir al día siguiente. "¿Qué haría la vieja Sakuno en un momento como éste?" pensó Ryoma nostálgico, parecía que se encontrara con una mujer distinta con la que se había comprometido en un principio, por lo que a veces le gustaba recordar el pasado y aferrarse a los buenos momentos que había tenido con ella, tratando de consolarse con esa imagen que ya no estaba. Entonces un leve recuerdo se invocó en su memoria, era un momento burdo y quizás si usaba esa táctica sólo conseguiría hacerla enfadar o peor, la haría llorar. Pero tal vez no le quedaba otra alternativa.

Cuando llegó a casa, Rinko lo esperó con la cena servida, aunque esperaba que la castaña se encontrara ahí con los demás, Sakura le comentó que no había comido casi nada al igual que los días anteriores. "Si sigue a ese ritmo, se enfermará" le había dicho su madre preocupada, mientras su hermana asentía. Incluso él estaba seguro que pasaría, por ello debía intervenir cuánto antes. Por lo mismo, una vez que acabó con la cena, agradeció por la comida y decidió subir a la planta alta de la casa. La encontró en su habitación sentada a la orilla de la cama, su mirada se encontraba perdida en la ventana, sosteniendo un muñeco en sus brazos. Su rostro seguía igual que esa mañana, sus ojos se habían vuelto rojos tanto llorar y su cara parecía de porcelana de lo pálida que estaba.

—He regresado.

— ¿Has comido? — Preguntó con un hilo de voz.

—Sí ¿Y qué hay de ti? Sakura me ha dicho que no has probado ni un solo bocado. —Se sentó junto a ella.

—No tengo hambre.

—Aún así, debes comer. —Tomó su rostro. —No puedes seguir así, Sakuno.

Cuando sus miradas se encontraron, Sakuno desvió la suya para apartarse de él. Por alguna extraña razón no sólo habían perdido su intimidad de pareja, sino también cualquier tipo de contacto físico ella solía rechazar, lo que generaba que su relación fuera más distante aún. A veces pensaba que era porque lo culpaba por no haberla escuchado cuando se sentía mal, pero su madre decía que debía haber otra razón de ello. Cansado de esa situación, decidió caminar rumbo al armario para extraer las maletas abandonadas que tenían de la luna de miel y abrirlas. Entonces sin decirle una palabra, comenzó a ordenar su ropa en ellas, lo que generó extrañeza en la castaña que por primera vez le prestó atención a lo que hacía.

— ¿Qué haces?

— Ordeno mi maleta.

— ¿Te irás de viaje?

—Sí.

— ¿Por la universidad?

—No, por mi cuenta.

— ¿A-A dónde? —Preguntó incrédula, había visto una teleserie en la tarde en que el protagonista abandonaba a su mujer porque ella ya no le prestaba atención ¿Y si eso estaba pasando? Si lo pensaba bien, de alguna manera se lo merecía. — ¿Porqué hay dos maletas? ¿Te irás con alguien?

— Es posible.

— ¿Se trata de Momo-Sempai?

—No.

— ¿E-Es una chica? —Susurró, tratando de controlar sus lágrimas.

—Sí.

— ¿Q-Quién es…? —Se atrevió a preguntar, viendo como él ya cerraba su maleta. — ¿La amas? —Preguntó triste.

— ¿De verdad quieres saberlo? —Se levantó para ponerse a su altura.

—S-Sí.

—La amo.

Esas palabras bastaron para que su corazón latiera con tal desesperación que sintió que le faltaba el aire ¿En qué momento había pasado? ¿Quién era? ¿Sería de la universidad o de otro sitio? Fuera quien fuera, no podía soportarlo. Ya no sólo le habían arrebatado a Hiro, ahora también a Ryoma. Antes de que pudiera decir una palabra más, Ryoma la estrelló contra su cuerpo, de seguro lo hacía de lástima y ahora se iría con esa otra persona que lo esperaba.

— ¿Qué haces? —Gruñó. —No quiero que me tengas lástima, si tienes que irte lo entenderé. Puedo manejar esto, pero no me tengas lástima. Vete con ella.

— ¿Qué hago? Pues abrazo a la persona que amo. —La abrazó con más fuerza. —Y aunque me pidas que me vaya, la verdad es que no me iré a ningún sitio sin ti.

— ¿Q-Qué quieres decir? —Se apartó de él con los ojos llenos de lágrimas. —Si acabas de mencionar que…

—Me iré de viaje con la persona que amo y esa chica eres tú. —Buscó en sus bolsillos unas llaves. —He hablado con Toyo, hice reservas para que nos vayamos a las termas de su familia por unos días.

—Pero… ¿Y qué hay de tus estudios?

—No me importan, puedo ausentarme por unos días, además no me perderé de mucho. —Secó sus lágrimas.

— ¿Porqué me engañaste? —Susurró tan bajo que le sorprendió que la oyera.

—Quería averiguar si la vieja Sakuno seguía allí. —Fingió una sonrisa, como cuando se ponía celosa de otras chicas y reaccionaba. No era la mejor táctica del mundo, pero al menos había conseguido que lo mirara a los ojos.

—No lo vuelvas a hacer. —Susurró triste.

—No lo haré. —Le besó la frente. —Entonces ¿Aceptas?

— ¿Qué cosa?

—Viajar.

—No me has preguntado nada. —Se burló, dibujando una sonrisa por breves instantes. —En eso no cambias, Ryoma Echizen. Sigues sin preguntarme las cosas.

—Está bien ¿Quieres salir conmigo, Sakuno Ryuzaki?

—Lo voy a pensar.

— ¿Y qué tengo que hacer para que aceptes?

—P-Pues…sorpréndeme. —Se sentó a los pies de la cama, pensando en que ropa llevar.

—Ya lo hice. —Sonrió maliciosamente.

—P-Pero eso ha sido jugar sucio…—Infló los pómulos. —no me has hecho una propuesta convincente.

—Tienes razón. —Se sentó junto a ella. —Si vas conmigo, podrás descansar como lo mereces, habrá mucha comida deliciosa por lo que debes comer. Además en la temporada en la que nos encontramos no va mucha gente, así que podremos estar solos. —Tomó su rostro una vez más, haciendo que lo mirara a los ojos. —Te prometo que tendrás días mejores a los anteriores. Haré todo lo que esté a mi alcance o incluso más para que te sientas mejor.

—Ryoma-Kun…—Susurró, viendo como se aproximaba a su rostro— Yo…

—Descuida, entiendo por lo que estás pasando. —Jugó con su cabello. —Vamos a salir de esto, confía en mí.

— Lo sé, gracias por entender.

—Te amo, Sakuno. —No sabía si era porque hace tiempo no se lo decía, pero la castaña lo miró sorprendida como si fuera la primera vez que lo hacía. —Por lo mismo, hablo en serio cuando digo que confíes en mí. Si necesitas días para pensar lo del viaje lo entenderé, o si necesitas distanciarte de todos un tiempo también, o si prefieres buscar ayuda externa también, pero no me pidas que me aparte de su lado de nuevo, porque no lo haré. Estamos juntos en esto.

—Lo sé, yo también te amo. —Tocó su mejilla y la acarició. —Y no quiero que te alejes de mí, al contrario necesito tenerte cerca. Lo lamento si estos días he estado en otro mundo y nos hemos distanciado por ello, pero…

—No debes darme explicaciones, lo comprendo. —Besó sus labios. —Sólo recuerda que seguiré estando para ti, pase lo que pase.

—Yo también para ti.

Por primera vez en mucho tiempo, sus labios se acoplaron con tal sincronía que les pareció por un momento desconectarse del dolor y pensar solamente en ellos. Para Ryoma, su esposa había dado grandes avances aquel día, considerando que días anteriores ni se atrevía a dirigirle la palabra y ahora al menos tenían contacto verbal y no verbal lo que lo aliviaba. Quizás Momo tenía razón y lo que les hacía falta era un momento de intimidad fuera de la ciudad y qué mejor lugar que las termas de los Toyo, donde podrían relajarse y tener conversaciones como esas. Si seguía los consejos de la Psiquiatra que había leído, la castaña ahora más que nunca necesitaba tener a alguien que la sostuviera más que contenerla, que la ayudara a liberar sus emociones, a encontrarse con sí misma y superar las fases del duelo.

A la mañana siguiente, luego de haber empacado bien las maletas, se levantaron cerca de las 9 de la mañana para prepararse para salir rumbo a la estación, donde tomarían el tren que los llevaría al sur de Japón. Si bien pensaban irse en bus a dicho lugar, Rinko y Nanjiro los sorprendieron anunciándoles que los irían a dejar en la furgoneta. Lo que les dio tiempo para comprar algunos bebestibles para el camino antes de subir al tren.

"Qué lo pasen bien" Les había dicho Rinko, quien aprehensivamente los había tratado como dos niños en su primer viaje de primaria, recordándoles que tomaran todas las precauciones para llegar y no confiaran en los extraños. En eso, Rinko nunca cambiaba. Para el ambarino era absurdo que los tratara como niños, teniendo en cuenta que ya habían estado antes en esa ciudad y también adicionalmente a ello, habían salido de Japón, por lo que sabían de sobra cuales eran las precauciones que debían tomar. Nanjiro en cambio, sólo les había deseado suerte en el viaje y que esperaba que disfrutaran, haciendo caso omiso a las palabras de Rinko. "Ya no son unos niños, mujer" la había regañado su esposo, mientras ella lo fulminaba con la mirada.

Luego de haber localizado sus respectivos asientos, Ryoma y Sakuno se sentaron en un asiento acogedor que además tenía comida para los pasajeros, la castaña por supuesto fue la primera en sentarse en la ventana, ya que el ambarino sabía que le encantaba ir viendo el paisaje, distinto a lo que él hacía cuando se apoyaba ahí buscando dormir. Hace mucho tiempo que no visitaban la ciudad de Saijo en la prefectura de Eihime, la última vez lo habían hecho en la furgoneta de Nanjiro y había sido en una época en qué aún no imaginaban que en algún momento estarían comprometidos, ni mucho menos casados.

— ¿En qué piensas? — Le preguntó Ryoma, notándola pensativa.

—En la última vez que fuimos a las termas de Yuzuki-Chan. —Sonrió, sorprendiéndolo ya que él pensaba en eso mismo. —En aquel entonces…

—Ya sentía algo por ti. —Completó la oración.

— ¿Eh? ¿De verdad?

—Sí, de hecho cuando te dije que no había podido salir de la furgoneta por tu causa, no era verdad. Fue una excusa. —Suspiró. —A veces pienso que todos lo sabían o presentían antes que yo pudiera admitirlo.

— ¿A qué te refieres? ¿Es por tu madre?

—No sólo ella, también estaban Sakura y mi padre. Por otro lado, también Momo-Sempai y Kikumaru-Sempai. Incluso Toyama y Taichi…

— ¿Dan-Kun?

—Sí, tal vez yo era el que no quería admitirlo.

—Me pasó también cuando estuve con Dan-Kun…

— ¿Sobre qué? —No quería hablar de ese sujeto.

—Que aunque estaba con él y realmente lo quería, aún te seguía amando.

— ¿Te arrepientes?

— ¿Eh? ¿De qué?

—De tu decisión.

—No, Dan-Kun era una buena persona, pero nunca nos íbamos a querer de la misma manera.

— ¿De la misma manera?

—Lo que siento por ti, no se puede comparar ni igualar con lo que sentía por Dan-Kun. Contigo es más fuerte. —Sonrió.

—Ves te lo dije.

— ¿Qué?

—Que no te podrías buscar a alguien 1000 veces mejor que yo. —Se burló.

—Quizás Dan-Kun no lo era, pero puede haber otra persona.

—No lo creo.

—Eres un egocéntrico. —Rió. —Pero aún así…no quiero a alguien mejor que tú, sólo quiero al original.

Sakuno apoyó su cabeza su cabeza en él, mientras él rodeaba sus hombros para acariciarla, la castaña siempre conseguía dejarlo sin palabras y con esa última frase no sabía que decir al respecto. Aunque todos creyeran que tenía buen autoestima, que era engreído y a veces algo narciso, pese a todo ello, cuando Taichi había aparecido en sus vidas, realmente había pensado que todas sus cualidades no valían nada y perdería a la castaña. Pero el escenario había sido otro y se alegraba que fuera de ese modo.

Continuará…..

Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien, lamento la eterna demora, sé que esta vez tardé más de lo de costumbre, pero estaba con muchos ramos en la universidad y por eso prácticamente ni dormía. No obstante, ahora me encuentro de vacaciones así que pretendo actualizar pronto, quería hacer este capítulo más largo, pero pienso que sería como rellenar, porque quiero que el otro capítulo se concentre más en el viaje y en todo lo que va a pasar ahí, por lo que ese episodio será más largo o eso estimo.

Gracias a todos por comentar, por la paciencia y por darle like.

Mi página de facebook es Hinata-Sakuno fanfiction, hice una parte con la app que usé la otra vez de una conversación entre Yuzuki y Ryoma, no afecta los acontecimientos ni nada, pero lo hice para que sea más realista, lo voy a compartir más tarde en wattpad y también en mi página de facebook para que tengan acceso a ella.

Qué estén bien! Los quiero 3

Saludos!