Dipper lloró hasta el cansancio y Bill lo contuvo incluso después de que su cuerpo comenzara a doler por la incómoda posición.
Se sentó a su lado en la camilla, le importó una mierda si se podía hacer eso o no, Dipper apoyado en su pecho era más importante en ese momento. Rozó su mano delicadamente hasta que de a poco comenzó a jugar despacio con ella acariciando su palma y nudillos o solo entrelazando sus dedos. No dijeron nada por un buen rato, lo que viniera era incierto, tan incierto que temían hasta traerlo con sus mismas palabras, ambos deseaban detener el tiempo, no saber nada más y simplemente ser ellos.
Eso hasta que Dipper fue el primero en caer en la dura realidad.
— ¿Me expulsaron de la Universidad?
— ... — Mabel le había comentado la respuesta de eso a Bill, pero el rubio no quería hacer más pesada la carga al castaño. Aún así sintió que tenía que ser sincero. — No, pero reprobaste tres asignaturas. Tendrás que volver a empezar el próximo año.
Se tapó la cara evitando llorar otra vez. Aceptaba la culpa, era suya y de nadie más pero ahora era el problema era que para volver a estudiar el próximo año la beca que poseía por sus buenas calificaciones se iría al demonio, no le cubriría lo que ahora duraran sus estudios y tendría que empezar a trabajar para costearse la matrícula y las cuotas de los meses. Era obvio que no recibiría ayuda de sus padres ni de nadie más y aquello lo hacía sentirse tan jodidamente mal al punto de no querer nada nuevamente.
Volver a pensar en todo lo sucedido lo llenaba de tristeza y ganas de nada, de volver a tirar todo a la mierda.
Se refregó contra el pecho de Bill, sintiendo los tranquilos latidos de su corazón.
—Quiero que salgas de aquí — comenzó y el castaño calló sin movimiento alguno — quiero que te mejores y vuelvas a ser feliz, todos queremos lo mismo Dipper. — suspiró — pero si tú no quieres ayudarte a ti mismo nos vas a dañar a nosotros también de paso. — besó su cabeza apretando despacio el agarre del abrazo — ¿Vas a hacer la terapia con un psicólogo?
—No — negó cerrando fuertemente los ojos y de forma egoísta — no estoy loco y no voy a ir con ningún imbécil que-...
—Entonces lo nuestro se acaba acá.
Detuvo sus palabras en el acto.
Bill estaba jugando una de sus últimas cartas desesperadas.
Poniendo a prueba los consejos de Wirt.
El castaño buscó los ojos ámbares del Cipher, en un atisbo de que lo que hubiera dicho fuera una broma o algo por el estilo, pero la doliente mirada del chico no mostró nada más que seriedad y dureza. Quiso reírse para aliviar el ambiente y Bill no se mostrara tan determinado, pero no pudo hacerlo.
—¿Q-Qué?
—Si no quieres hacer la terapia lo que sea que tengamos se acaba. Tú seguirás con tu vida como quieras y yo con la mía junto a Eider.
Cierta racionalidad se asomaba por las palabras de Bill; porque si Dipper no quería hacer las terapias y superar ese trauma que llevaba en sus hombros hasta ese momento, no había sentido para Bill continuar con su relación. Él no iba siempre a esperarlo, se había confesado a él, le había contado su pasado y demostrado su amor salvándolo y ayudándolo en más de una vez pero si el castaño seguía queriendo ocultar posesivamente sus miedos y traumas involucrando que jamás serían una pareja normal independiente del sexo... ¿Qué sentido tenía eso? era como estar pegado en el mismo punto del inicio de toda esa maltrecha relación y Bill no quería eso. Ni para Dipper ni para él.
Él lo amaba, siempre lo iba a amar, incluso cuando sabía que el contrario sentía lo mismo pero jamás lo había admitido. Incluso si para obtener su bienestar tendría que amenazarlo de esa forma.
No sabía qué haría en caso de recibir otra negativa del Pines ¿Él mismo estaba dispuesto a marcharse y dejar las cosas finalizadas de ese modo? ¿Insistiría una vez más? pero ¿Con qué demonios iba a insistir si no tenía más as bajo la manga? con eso en mente, la dureza de sus mismos ojos se ponía más fría ante ese par de chocolates que titilaban en busca de calor y más palabras de su parte.
—No puedes — titubeó — n-no puedes dejarme, si no estás yo-yo no sé qué hacer — se le aguaron los ojos buscando un atisbo de cariño, pero por más que Bill quisiera dárselo debía resistir al niño que una vez más se rompía frente suyo — Bill, no me hagas esto, por favor...
El silencio se pronunció nuevamente de forma dolorosa para ambos pero el abrazo se mantenía, como si fuera la última conexión a la cordura.
En la cabeza de Dipper todo era un lío, entre el dilema de hacer algo que odias pero tener a Bill o darse el gusto de no hacer aquello que odia pero no tener a Bill. Ambas sonaban igual de tortuosas, seguía teniendo miedo porque sabía que quién mierda fuera su psicólogo le haría hablar de ese tema y él no quería tocar ese tema nunca más, joder, ¡si por eso ahora mismo debía estar muerto!
Pero estar sin Bill era... era lo mismo y hasta más mierda. Una vida sin Bill no tenía sentido.
—Lo haré — concordó entonces, antes de que flaqueara y pudiera arrepentirse — l-lo haré, si es lo que quieres.
Claro que Bill lo quería, pero también quería que Dipper aceptara no tan sólo porque lo amenazó, sino también por su propio bien... pero suspiró aliviado, al menos con esa afirmativa ya era suficiente para él. Con el tiempo esperaba que Dipper pudiera amarse a sí mismo tanto como él hacía. Volvió a abrazarlo cuando el chico buscó su calor y besó esos labios culpables de ahogarlo en mil y un sensaciones de todo tipo.
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Mediante los días pasaban, Dipper comenzaba a soltar más palabras con Mabel. Ella estaba encantada con que su adorado hermanito decidiera tomar las terapias tras salir del hospital. Le había agradecido a Bill por hablar con él y llevar a Eider que al parecer también tenía el jodido don de ser un sol para las personas más azules. (*)
—Disculpa — musitó ese día cuando le tocó a Marco visitarlo. El amigo del chico abría un paquete de galletas para que comiera y se llevó una gran sorpresa al escuchar esas primeras palabras dedicadas del Pines, sonrió sin darse cuenta y negó con la cabeza.
—No importa — le pasó el paquete al chico y este la recibió cabizbajo con un tenue 'gracias'.
—Sí importa... digo, te dije cosas horribles y tú sólo querías ayudarme — se echó una a la boca sin muchas ganas. Aún seguía sin ganas de comer.
Lo meditó unos segundos recordando las palabras vagas de hace muchos meses atrás y el insulto que le había dolido.
—Me sentí culpable, luego, cuando no te pude traer — admitió sin embargo — me mantuve callado porque seguía enojado... pero me preocupé cuando te empecé a notar raro. Debí quedarme contigo esa noche, debí haberte cuidado mejor o incluso traerte de vuelta a la fuerza... lo siento. No quiero decir que estamos a mano, pero algo así, tú me entiendes.
El chico comía la galleta en silencio, lento y sin ganas. Cuando terminó apenas la primera, miró a Marco y una pequeña sonrisa brotó en sus labios. No hubo necesidad de muchas palabras más, de esa manera ellos se entendían y estaban bien. Estaban en paz.
—Escuché que comenzarás las terapias y que dentro de pocos días te darán el alta — comentó ahora el Díaz, quitándole galletas a su amigo que sin discutir lo dejó comer.
—No quiero hacerlas... la verdad.
—Las vas a hacer — lo apuntó acusativo, como un hermano mayor — espera... ¿entonces cómo carajo aceptaste? — puso cara confundida.
—Bill me obligó a tomarlas — bajó la cabeza, murmurando bajito ante la atenta mirada del contrario.
Hizo un cortito "Mmh" gracioso, como si insinuara algo, pero enseguida asintió — Ya veo. Tú casi nunca me cuentas nada, ¿qué hay entre Bill y tú?
Miró nervioso la ventana al lado de su camilla evadiendo la mirada inquisidora de Marco, pero no por mucho hasta que tuvo que someterse a devolverle la vista al chico que ahora expectante esperaba una respuesta. Alzó una ceja como diciendo "¿y bien...?"
—Es c-complicado — suspiró, ¿debería contarle?
—Creo poder entender — subió y bajó los hombros.
—Ahm, B-Bill y yo somos buenos ¿a-amigos?
Le miró serio unos segundos para luego largarse a reír ante la cara descolocada de Dipper que en ese momento estaba preso de la pena, con un sonrojado rostro al verse al descubierto y más encima ser objeto de burla.
—Ay, mi estómago — seguía dando cortas carcajadas — ¿Amigos? Dipper, ¿tú crees que nací ayer? y-yo sé que hay algo más entre ustedes — suspiró — ¿Cómo crees que se sentiría Bill si escuchara eso? es que... — y comenzó a carcajearse otra vez. — pobre Bill, te debe querer mucho como para aguantarte tanto.
—C-Cállate — frunció el ceño mientras sentía su cara arder.
Sin notarlo, de a poco, el nudo y problema rotulado "Marco" comenzaba a destensarse y desarmarse, dejándolo libre de un pequeño pero significativo peso para él. Su miedo a su orientación pasó a segundo plano, de hecho, sintió de a poco confianza en aquel ambiente junto al otro chico y vaya que extrañaba esa sensación. Hace demasiado tiempo que no se sentía él mismo, hace mucho tiempo que tenía que reprimirse todo y guardárselo y ahora, ahí, había recuperado a un relevante camarada y confidente.
Dipper salió del hospital dos semanas después, justo cuando Mabel no podía recogerlo por tener exámenes de teoría del arte; la castaña había hecho berrinche porque quería estar con su hermano en ese momento y hasta intentó hablar con su profesora para cambiar la fecha del examen... pero finalmente no pudo hacer mucho y Bill tuvo que hacer los papeles para poder retirar a su hermano.
Ese último día el doctor a cargo de Dipper le dio algunas indicaciones a Bill mientras el castaño esperaba con la maleta en la mano y una cara cansada de ya no querer oír más órdenes, ni recomendaciones, ni medicamentos, ni terapias, ni nada que tenga que ver con el hospital.
—Está bien, ¿vamos? — preguntó el rubio cuando había solucionado todo, escuchado y memorizado cada orden del doctor que veía aún reticente a Dipper.
El menor asintió comenzando a caminar y despidiéndose del hombre con la mano y una pequeña mueca de incomodidad.
—¿Seguro que puedes con eso? — apuntó Bill la maleta que llevaba en su mano.
Le miró con cara molesta y un pequeño puchero — Claro que puedo — refutó un poco ahogado por el cuidado de la gente a su alrededor.
—... — Bill calló unos segundos y otra vez volvió a inquirir — ¿seguro?
Dipper soltó una sonrisa molesta y graciosa por la actitud que Bill estaba tomando casi como si él se tratara de su segundo hijo. — ¡seguro! — exclamó.
En un leve reflejo y acto casi involuntario Bill hizo el ademán de tomar la mano desocupada de Dipper, pero este al solo sentir el contacto la retiró. Cuando cayó en cuenta de lo que había hecho buscó los ojos sorprendidos de Bill y se puso nervioso. Podía hacer esas cosas cuando estaba solo con Bill, pero si estaban en público se sentía inseguro e incómodo.
—N-No. yo, digo, ah — balbuceaba y el pecoso notó la discordancia en esos temblorosos chocolates.
Así que sólo sonrió.
—Está bien — le miró para calmarlo — no estás listo y lo respeto. — le sonrió cálido, tomó su maleta y la dejó en los asientos trasero para finalmente abrirle la puerta del vehículo para que ingresara.
Vio la cara de Dipper descomponerse y su boca ser cerrada de a poco, sin saber muy bien qué hacer o decir sólo dio un pequeño asentimiento.
En su mente se preguntó cómo es que Bill podía ser tan comprensivo después de todo y a pesar de sentirse él culpable también sentirse tan cómodo con su compañía.
Una semana después Dipper comenzó con las terapias y a decir verdad... no esperaba que fueran tan intensivas. Desde qué hacer con sus vicios hasta las preguntas más terriblemente personales y difíciles (además de su poca disponibilidad en un principio) habían sido el mismísimo infierno. Sentía que volvía a sufrir mientras más acudía a ellas casi por obligación. No ponía mucha atención a las palabras de apoyo porque no producían efecto en él y eso le hacía sentir raro, como si no encajara.
Mabel controlaba sus medicamentos y acudía con él a sus curaciones para las terribles heridas de su brazo.
No asistir a la universidad y quedarse todo el día en casa era igual de terrible, no sabía qué hacer y por ello seguía durmiendo demasiado y comiendo poco, sintiéndose a veces demasiado solo y otras demasiado desequilibrado. El silencio de ese piso era terrible para su consciencia que a veces le dictaba tan sólo correr de ese lugar, buscar algo de alcohol, algo de cocaína para sus bajas energías, algo, algo, tan sólo algo para incentivar su estadía en ese lugar que por nada del mudo llamaría cómodo. De la nevera había desaparecido cualquier rastro alguno de cerveza, ahora aquello era reemplazado con mucha comida; y sabía que Mabel lo hacía a propósito, gastaba mucho dinero en comida sólo para que él al abrir el aparato le entrara el apetito o sólo por aburrimiento picara cualquier cosa.
Cuando sentía la desesperación caer sobre él, otra vez, muchas veces quiso autolesionarse, pero el recuerdo de Bill acunando sus mejillas y sonriendo sólo como él podía hacerlo lo hacía pensarlo una segunda vez más. Era entonces cuando se largaba a llorar conformándose con tener que enterrarse las uñas en cualquier otra parte del cuerpo para reprimir las ganas de abrir una nueva herida en su cuerpo famélico y pálido.
Recibía constantes llamadas de Marco, Tom y Bill que también a veces lo iba a buscar para que se quedara con él y Eider un rato jugando, riendo, lo que sea para sacarlo de la ensimismación en la que a veces se quedaba mirando a la nada como si hubiera perdido algo dentro suyo y buscara inconscientemente ahí afuera.
De su familia no supo nada, no lo llamaban, no lo mensajeaban. Su hermana evitaba el tema y él también, lo ignoraban por completo porque era doloroso para ambos.
Pero Dipper lo sabía, sabía que la relación de Mabel con sus padres también estaba rota. Por casualidad los había escuchado discutir por teléfono muchas veces. Ella fingía que todo estaba bien pero siempre el delineador algo corrido de lugar delataba que había estado llorando.
Se sentía una carga innecesaria para su hermana, la estaba haciendo sufrir también. También para Marco, Tom y sobretodo Bill, sentía que estaba siendo demasiada molestia y que estaba demás en ese lugar. Le dedicaban demasiado tiempo que muy fácilmente podrían usar para su propia utilidad y felicidad, anexa a él.
—¿Qué miras? — preguntó Eider esa tarde, lo había pillado mirando un punto incierto fuera de la ventana, se había quedado pegado otra vez.
Bill estaba dándose un baño y los había dejado en el comedor prometiendo tardarse la nada misma... pero el rubio pretencioso ya había estado dentro por casi veinte minutos y a veces se le escuchaba tararear de lo más tranquilo y relajado sin nada que le perturbara.
—Nada — negó tardando unos segundos en procesar lo dicho por la niña, sonriendo para seguir ayudándola con su tarea.
Contrario a lo que esperaba (una sonrisita juguetona), la niña apretó los labios y le mostró un pequeño ceño preocupado. Había visto esa cara muchas veces en un solo día y también la había visto muchas veces en su papá cuando justamente Dipper había desaparecido un tiempo y dejó de ser su niñero.
—¿Dipper está triste? — se aventuró a preguntar jugueteando preocupada con el lápiz entre sus manos.
—¿Por qué dices eso nena? — ladeó su rostro con una sonrisa confundida.
—... no sé — agachó la cabeza sopesando sus mismas palabras — ¿aún te duele la pancita? — subió la vista otra vez y Dipper sintió culpa y ternura por preocupar a la niña y su reacción.
Se quedó callado mirándola en silencio con una sonrisa temblorosa.
El agua de la ducha aún sonaba.
¿Cómo esa niña podía ser tan preciosa?
Una preciosa copia de Bill.
—Me duele — asintió sintiendo la vista picarle — me duele mucho. — y le tembló la voz.
—Ah, uhm, y-yo no sé qué hacer ¿necesitas una pastilla? papá, creo que papá tiene — basta niña, deja de ser tan hermosa — ¿te vas a morir? — le miró otra vez preocupada y echa un manojo de nervios, sintió hasta su corazón ser removido por esa sola pregunta y la inocencia con la que fue dicha.
No supo qué responder.
¿Siempre iba a sentir ese dolor?
Él no quería sentirse siempre así.
Se vio abrazado por los delgados brazos de la niña, el leve aroma a fruta le reconfortó haciéndolo soltar una pequeña sonrisita a medida que cerraba sus ojos guardándose las lágrimas casi con maestría.
—No te puedes morir — apretó muy fuerte el abrazo al contrario de Dipper que correspondió más despacio este mismo, acariciando el cabello de la niña con paciencia — papá y yo quedaremos solos y tristes y yo te necesito para que me enseñes historia — sonrió ante ese comentario — también para que papá no se siente triste ¡si él está triste yo también me siento triste! te necesitamos con nosotros.
Y con esa simple frase el corazón entero del Pines se estrujó de tantos, tantos sentimientos... que no supo identificarlos todos, pero de uno sí estuvo seguro: calma.
—¡Te estoy dando un abrazo del oso, así que te tienes que mejorar!
Hola
(*) ser un sol con las personas más azules: Ser un sol quizá como muchos ya suponen, en efecto, es ser alguien cálido, agradable, risueño, amoroso, etc. Con las personas más azules me refiero a aquellas personas tristes, apagadas, deprimidas, etc. (de hecho, en inglés el azul, o sea, "blue" se utiliza también para el mismo significado "I'm feeling blue", por ejemplo).
Me demoré un poco porque me había quedado estancada en uno de los primeros párrafos.
Bueeeno, ¿qué tal? c: ¿les gustó el capítulo? ¿sí, no? Se aceptan de todo (ya saben *corazoncito) review, fav, etc...
Ando muy poco creativa con las notas y no tengo mucho más que decir :c lo siento.
Gracias por leer!
