Bueno como algunos se habrán dado cuenta, esta historia esta cerca de terminar, así que espero disfruten los capítulos restantes.


DEMENCIAL CORDURA

CAPÍTULO 24

El sabor de la sangre le impregna la boca, los labios de Natsuki le han robado el aliento, y sus palabras, ese "Te quiero, Shizuru", le han terminado de arrebatar la cordura.

Su brazo quemado pasa a segundo plano.

Al menos para ella, porque Kruger no puede sacarse esa imagen de la cabeza.

-Vaya… ahora todo tiene sentido-. Dice Mikoto, desde el suelo. Sí, le ha sorprendido bastante el acto, pero en cierto modo, ya lo imaginaba.

Shizuru gira sobre sus talones, para quedar de frente a la otra psiquiatra, y no pasa desapercibido, ni para Mikoto ni para Mai, que un poco de la locura de los ojos esmeralda se ha traspasado a la mirada carmín. -Mikoto-. Natsuki le abraza por atrás, con los brazos cruzados sobre su cintura, de modo territorial, posesivo, salvaje. -Comprenderás que esto no puede saberlo nadie más-. Su tono es sereno, porque sabe que no son necesarias las amenazas.

En cuestión de microsegundos, la sangre de Nao que empapa la ropa de Kruger mancha la espalda de Viola, pero a está parece no importarle ni un poco.

Kruger da una fría caricia a la mano sana de su psiquiatra, de forma inconsciente, después alza el rostro, clavando su intensa mirada en los ojos dorados.

-Shizuru-. Y con ello, Mikoto sabe que está metida hasta el fondo en todo ese asunto. Si ellas se hunden, se hunde con ellas. -Kruger me ha salvado la vida-. Les da una mirada decidida. -En lo que a mí respecta, no he visto nada-.

-¿Quieren seguir ayudándonos?-.

-Sí-. Responden Mikoto y Mai al unísono.

Y entonces, una mueca similar a una sonrisa aparece en el rostro de Natsuki, porque sabe cuándo la gente miente, y ellas no están mintiendo.

La oji-verde toma a Reito de su playera, lo arrastra, no porque no pueda cargarlo, sí no porque él merece ser un ser rastrero, y lo avienta dentro de un cuarto vacío.

No quiere que el hijo de puta muera rostizado.

Ansía matarlo con sus propias manos, solo que por ahora no tiene tiempo para darse dicho gusto.

Recoge el revólver del piso y se lo entrega a Shizuru.

-Creo que tú sabes usarlo mejor-. Le dice totalmente segura la psiquiatra.

Pero Kruger no acepta el objeto de regreso. -Yo no lo necesito-. Truena sus nudillos, con eso las demás entienden que ella solo necesita sus manos para resolver las cosas.

De reojo, los ojos esmeralda notan que Mai intenta ayudar a Mikoto a ponerse de pie, sin embargo, es bastante obvio que la oji-dorado no podrá caminar por su cuenta.

"¿Planeas ayudarle?" Sus voces reaparecen, tan burlonas como siempre.

"Te estas ablandando demasiado" Suelta un leve gruñido que solo Shizuru nota.

"Es importante para Mai" Contesta mientras se acerca al par de mujeres.

"¿Acaso quiere jugar a tener sentimientos, Natsuki?"

"Hace unos momentos ustedes querían proteger a Shizuru" Con eso logra callarlos, aunque sea unos minutos.

Kruger no consulta a nadie, con la facilidad brindada por su fuerza, alza a Mikoto en brazos, y la sangre de esta no tarda mucho en mezclarse con la de Nao en la ropa de la oji-verde.

Minagi no está tranquila en su posición, pues el aura demencial de la chica sigue influyéndole hasta cierto punto, pero no puede caminar y sabe que deben salir de ahí en cuanto antes.

Natsuki da una última mirada al brazo herido de Shizuru, es consciente de que eso debe doler mucho, el grito de la castaña aun le resuena en los oídos, pero también es consciente de que la oji-rubí mantiene un rostro sereno, y le fascina demasiado que Shizuru sea capaz de oponerse al dolor aún con las circunstancias en contra.

Mai toma la linterna, no obstante, la ronca voz de Kruger le frena. -Apágala-. La cara de confusión de la doctora habla por sí sola. -Confíen en mí-.

Ante la frase, Shizuru coloca su mano sana en el hombro izquierdo de su paciente, y con confianza ciega, Mai coloca su mano en el hombro contrario, antes de apagar la linterna. Así, las cuatro mujeres se adentran entre las penumbras de Garderobe.

Las carcajadas llenas de locura resuenan con fuerza, estas son sustituidas por los gritos desgarradores, después, vuelven a estallar las risas sin sentido. Un leve escalofrío recorre el cuerpo de Mai, en cambio Shizuru parece imperturbable, Mikoto… ella se concentra en no desmayarse, y Natsuki, a ella claramente no le asustan esos sonidos, sin embargo, sí que le irritan, por eso cada ciertos pasos gruñe para silenciarlos, establece que ella es quien manda y que si le retan los matará en el acto.

-¿A dónde vamos?-. Susurra Mai.

-Hacía el generador de emergencia-. Responde la castaña.

Van hacía allá porque necesitan atender las heridas de ambas psiquiatras, y eso no sucederá mientras Garderobe no tenga electricidad.

Solo los oídos de Natsuki detectan los suaves pasos de otro individuo. -Alguien viene-. Baja a Mikoto, quien semi consciente, se apoya en Mai. -Doblará en la esquina izquierda-. Por un segundo, frunce el ceño, no quiere alejarse de la castaña, no obstante, sabe que es necesario.

-Encenderás las linterna-. Le dice a la doctora.

-Estaré cerca-. Susurra en el oído de Shizuru, para después alejarse del reducido grupo justo cuando Mai enciende la linterna.

Efectivamente, tras unos instantes, aparece el individuo. Lleva una linterna en la mano izquierda y un revolver en la derecha, sin miramientos, les apunta, pero baja el arma al percatarse de quienes son sus acompañantes.

-Hola Tate-. Dice Viola con voz serena, aunque el uniforme del hombre esta manchado con sangre. Es fácil deducir que tuvo que defenderse, porque él no parece estar herido y no es una bomba inestable como Kanzaki, para andar disparando a lo idiota. -Nos vendría bien algo de ayuda-. Entre ella y la doctora mantiene de pie a Minagi.

Él les analiza rápidamente, cayendo en cuenta de sus heridas. -Claro-. Y se guarda la linterna en el cinturón para tener una mano libre. -¿A dónde se dirigen?-. Pregunta mientras se hace cargo de levantar a Mikoto, quien suelta un leve quejido, delatando que su estado está empeorando.

No parece extrañado ante la situación.

Por otro lado, entre las sombras, Kruger les vigila, dispuesta a rajarle la garganta si intenta algo raro, dispuesta a arrancarle los dedos si toca a Shizuru.

La sangre comienza a secarse sobre su rostro y cuello, la sensación le asquea. Porque Saeko siempre le decía que se limpiara después de hacer algo y eso le ha dejado una especie de trauma, bien justificado, si recuerda las cicatrices de su espalda.

Pero no tarda nada en desplazar dicha sensación, porque quiere, debe, necesita concentrarse en vigilar lo único que le importa.

-Al generador de emergencia-. Responde la castaña.

-Vengo de ahí-. La molestia es evidente en los ojos miel. -El generador de emergencia no funciona.

Viola aprieta los dientes, ya veía venir esa jugada, porque sí, está segura de que todo forma parte del juego de Nagi.

Sin embargo, los planes de Nagi solo hacen que ella tenga que adelantar los suyos.

-Llévelas a la enfermería-. El guardia le da una mirada confundida.

-Usted también parece necesitar ayuda-.

Como sí la vida se riese de ella, una punzada de dolor le recorre a través de toda la piel quemada.

-Por el momento hay algo más importante que mi brazo-.

-¿Qué?-. Y es que basta con ver su extremidad para saber que le quedará una marca de por vida.

-Encontrar a mi paciente-. El hombre palidece, había olvidado que antes del apagón Kruger estaba siendo transferida.

De ese modo, sin esperar respuesta, la psiquiatra se adentra en las penumbras de Garderobe. No siente miedo, porque sabe que ella, su Natsuki, está mucho más cerca de lo que parece. Pasan tan solo unos segundos antes de sentir el gélido aliento en su cuello. -Shizuru-. La nombrada sonríe.

-Tendremos que adelantar nuestros planes Natsuki-.


Nagi permanece en su oficina, a la espera de que la locura de Garderobe elimine a la más loca del mismo. Se relame los labios y frota sus manos al imaginarse "libre" de ese "estorbo", de hecho, le tienta encender las cámaras para ver el producto de su movida, sin embargo, piensa que eso no traería nada bueno, no para él.

Le da un trago a su bebida, que es agua, porque nadie que trabaje ahí desea perder sus cinco sentidos.

Después, por un segundo, cree estar alucinando cuando escucha un golpe proveniente de la puerta. Agita la cabeza, ¿Quién en su sano juicio cruzaría Garderobe en esa situación? Se remueve en su asiento.

A ese golpe le siguen otros cinco, es raro, son golpes… ¿Sutiles? ¿Elegantes?

Desconfiando, se niega a romper su silencio.

-Sé que está ahí Director-. La frase no es un reproche, pero sí que se detecta desprecio en cada una de las silabas.

Una retorcida sonrisa se forma en sus labios al reconocer la voz de Viola. Dentro de su cabeza, cree que la suerte le sonríe y que podrá eliminar dos pájaros de un tiro.

-No me parece buena idea abrir-. Mientras habla, abre un cajón de su escritorio.

-Tendrá que hacerlo si no quiere que abra la boca-. Responde Viola.

La mirada de Kruger se afila, le tienta de sobremanera echar abajo la maldita puerta. Como consecuencia, sus demonios, tan incoherentes como siempre, gritan ideas que a la castaña no le gustarían ni un poco.

-¿Qué intenta decir?-. Resulta ridículo que a esas alturas sigan empleando el usted, pero así funcionan las cosas.

-Sé cosas que usted no quiere que nadie sepa, Director-.

-¿Está amenazándome?-.

-Si abre, no tiene que ser una amenaza-. De repente, Nagi siente que está negociando con el diablo, sabe que la castaña no se anda con tonterías.

A regañadientes, dado que ceder es como perder para él, se encamina a la puerta, quita el pestillo y deja pasar a la psiquiatra. La luz del interior habría cegado a Shizuru si esta no hubiese entrado con los ojos cerrados. No demora en abrirlos.

-Lo suponía-. Dice al ver la oficina del Director completamente iluminada.

Nagi vuelve a colocar el pestillo y regresa a su escritorio.

-¿Qué es lo que quiere?¿Más dinero? Su sueldo ya es de los más altos solo por atender al fenómeno ese-.

-Su nombre es Natsuki Kruger-. Él se carcajea ante la aclaración, pero deja de reír al notar en los ojos carmín algo que solo ha visto en cierta mirada esmeralda.

-¿Qué quiere?-. Prácticamente escupe la pregunta.

-Que regrese la electricidad-. Al fin baja un poco la mirada, dando como resultado que se percate de la quemadura de Viola. Hace una mueca que dice: Eso debió doler bastante, y después muestra una sonrisa desvergonzada.

-¿Cómo lo supo?-. Mete la mano al cajón que había abierto.

-Una mujer tiene sus secretos-. Pero ella lo nota y su mente formula ideas rápidamente.

-Se los tendrá que llevar a la tumba entonces-. Shizuru no se sorprende de ver una pistola apuntando directo a su cara.

Y como no siente miedo alguno, hace una pregunta. -¿Qué dirá de mi muerte?-.

-No será difícil de creer que Kruger asesinó a su psiquiatra-.

Antes de que Viola pueda responder, un golpe sacude la puerta. Nagi no dispara porque se paraliza al pensar en quien está del otro lado.

El segundo golpe es tan fuerte y violento que derriba la puerta con pestillo incluido.

Y de entre las sombras, aparece Natsuki, con su mirada cargada de intenciones homicidas. -No me gusta que me inculpen, Director-.