-Comet, vámonos. Llevamos horas aquí.
-No, Marci. No nos iremos hasta que tiren la basura.
Comet siempre tenía un sin fin de ideas para todo. Algunas divertidas, otras graciosas... Pero también las tenía asquerosas. Su idea para conseguir un montón de donuts gratis era quedarse escondido en uno de los contenedores que estaban detrás de la tienda. Marcia no estaba por la labor de meterse en la basura, así que se limitaba a esperar sentada al lado.
A los pocos minutos, una mujer gruesa de tez oscura salió por la puerta trasera de la tienda con una bolsa en la mano. La echó en el otro contenedor y luego saludó:
-Hola, Marcia.
-Hola, Peg. -respondió ella.
Nada más Peg volvió a entrar en la tienda, alguien salió del contenedor con la bolsa de basura llena de donuts. Pero no era Comet, él seguía en la basura. Era un chico joven vestido con unos pantalones naranja rojizo sucios, una sola bota azul oscuro, una camiseta holgada de cuello alto azul claro rasgada, unos guantes blancos manchados, un pelo negro muy muy alborotado y una pequeña cicatriz que debían haber dejado unos puntos que le habían puesto bajo su ojo izquierdo. Al salir, se tropezó y se le cayeron los donuts.
-Ay, no, no, no, no. -decía mientras los recogía.
-Comet, alguien se te ha adelantado. -dijo Marcia perpleja.
-¡¿Qué?! -preguntó furioso mientras se asomaba.
Pero cuando Comet miró a quién le había copiado el plan, él también se quedó perplejo. Salió de su escondite y se dirigió boquiabierto hacia él.
-¿Lucy...? ¿Eres... Lucy Sonchiha?
-Me has pillado. ¿Eres poli?
-Ese es... Lucy Sonchiha.
-No tengo ni idea de quién es.
-Marci, este es el mayor guerrero que ha existido nunca. -dijo Comet con tono dramático.
-¿Ese? -preguntó Marcia incrédula.
No era de extrañar que no se lo creyera. Lucy acababa de meter la cabeza en la bolsa de basura y estaba caminando desorientado.
-¡He perdido mi bolsa! ¿Alguien ha visto mi bolsa?
-A mí me parece un chalado.
-No, es Lucy Sonchiha.
-Hola. -saludó Lucy tras hacer unos agujeros en la bolsa para poder ver.
-El mayor defensor de Mewni. O al menos creo que es él.
-¿Y por qué no se lo preguntas?
-¡No, no, no, no, no!
Marcia empujó a Comet para acercarlo a Lucy mientras éste se ponía más nervioso por estar cerca de su héroe. Y cuando por fin estuvo demasiado cerca como para no decir nada, saludó:
-Hola, Lucy.
-Hola. -respondió mirando a través de los agujeros de dos donuts.
-¿Qué haces tú en la Tierra?
-Estoy de vacaciones. Órdenes del médico.
-¿Y... y qué vas a hacer durante tus vacaciones?
-Dejaré que me guíe el alma y me perderé en las profundidades de este planeta desconocido.
-¡Hala! -exclamó Comet boquiabierto.
-Eso es lo que dice alguien cuando está chalado. -señaló Marcia.
-Marci, tú no digas nada. -le dijo Comet antes de volverse para seguir hablando con Lucy- Pues hay un parque estupendo por ahí.
Comet señaló a una de las entradas del Parque Público de Echo Creek. Lucy miró y le dijo:
-Fantástico, es un lugar perfecto para observar a los humanos en su estado más natural. Me iré dentro de dos segundos.
Como dijo, se quedó quieto en el sitio dos segundos y luego comenzó a andar de espaldas en dirección al parque.
-Pues vaya un bicho raro. -comentó Marcia- Comet. ¿Comet? -cuando vio que Comet ya no estaba a su lado, supo perfectamente adónde había ido- Oh, no.
-¡Lucy, espera! Enséñame lo que sabes, oh gran guerrero.
Lucy lo miró pensativo unos segundos antes de responder:
-Vale, de acuerdo.
-¡¿En serio?! ¡Oh gran Lucy, no te decepcionaré!
-Pero no será gratis, tendrás que hacer algo por mí.
-Lo que sea.
-Quítame esta bolsa de la cabeza.
Después de eso, los dos entraron en el parque. Marcia sabía que podían causar muchos problemas, así que los siguió. Al cabo de un rato, llegaron a la sección del parque donde se encontraba el lodazal de Echo Creek, que era una atracción no muy popular que ofrecía guías turísticas. Al ver el lodo, Lucy se metió en él seguido por Comet.
-Lección número primera: Para ser un gran guerrero, hay que purgar la mente de todo pensamiento. -enunció Lucy mientras se ponía lodo en sus mejillas.
-Entonces, ¿no hay que pensar en nada?
-No pienses.
-Oh, que bien sienta no pensar. -dijo Comet mientras imitaba lo que Lucy hacía con el lodo.
-Ahora somos hermanos de lodo.
Comet apenas podía contener la emoción. Su ídolo le había llamado "hermano de lodo", significara lo que significara.
-Un momento. ¿Y mi cámara? ¿Y mi telescopio? ¿Y mi cuaderno de notas? ¿Qué es eso?
Lo que Lucy señalaba era una imitación a tamaño real de un mamut lanudo. Después de preguntar, se subió encima y exclamó:
-¡Adelante, gran bestia! ¡Llévame a la Ciudad de las Nubes de Bespin!
-¡Bájate de ahí, chalado! -le dijo Marcia desde fuera del lodo.
-Vamos, bestia peluda, obedece mis órdenes.
Un guía turístico se separó de su grupo para ir hacia la estatua del mamut y decirle:
-¡Eh usted, baje de ese mamut!
-¡Te ordeno que te muevas! -gritó Lucy sin hacer caso al guía.
-Se acabó, voy a ir ahí. No puede... ¡Oh no, me hundo!
El guía había entrado en una zona demasiado profunda y se hundía en el barro. Por su parte, los empujones y golpes de Lucy también parecían haber llevado al mamut a una zona profunda.
-Oh, vaya jugarreta del destino. ¡Soy el conquistador de la bestia! No firmo autógrafos.
-Comet, que está chalado.
Antes de responder a Marcia, Comet observó la escena un poco más.
-Lección número primera, Marci: Deja de pensar.
Cuando el mamut terminó de hundirse, se marcharon. Esta vez se detuvieron en un parque infantil con columpios y toboganes. Mientras el loco y su fan entraban en él, Marcia se quedó sentada en un banco cercano donde había un padre con un bebé en su regazo.
-Muy bien clase, es decir, tú. La siguiente lección es de vital importancia para la supervivencia de un guerrero. Vamos a aprender a hacer armas.
Tras decir eso, se subió a la barra que sostenía los columpios y arrancó una cadena, provocando la caída de un niño que jugaba.
-Tienes que aprovechar absolutamente todo lo que encuentres. ¿Ves lo que he conseguido yo? Una cadena fuerte con la que puedo atar cosas, pan comido. Ahora haz tú tu arma.
No sin algo de nerviosismo, Comet empezó a gatear buscando algo tirado por el suelo que pudiera servirle de arma mientras Lucy intentaba quitarle a un niño un bate de baseball. Marcia miraba la escena llena de condescendencia y exasperación.
-¿Cuál es el tuyo? -le preguntó el padre.
-Esos dos de ahí. -respondió señalando a Comet y a Lucy.
-Oh, te compadezco.
Al cabo de un momento, Lucy consiguió quitarle el bate al niño y Comet terminó su "arma".
-Lucy, ¿ya has acabado?
-Sí, he creado el mazo más letal que existe. -respondió orgulloso mientras mostraba el bate que acababa de robar.
-¡Como mola! Yo también estoy muy orgulloso de la mía, mírala.
-¿Uesebuesequé?
-Es una piña atada a un cordón de zapato. También le he dibujado una cara y le he puesto nombre. Se llama Diana.
-¡Fantástico! ¡Uaaaahh!
-¡Uaaaahh!
Mientras gritaban, los dos echaron a correr a la siguiente zona del parque en la que crear problemas. Por supuesto, Marcia los siguió. Pero antes de levantarse, el padre de antes le dijo:
-Sabes que cuando cumplan 18 serán problema del gobierno, ¿verdad?
La siguiente parada para la lección de Lucy fue el final de la cola de un puesto de perritos calientes que se encontraba al pie de una colina rocosa con un camino en espiral.
-Lección número tria: Recavar información. Ssshh, pueden escucharnos. Aprende de tu nuevo entorno.
Mientras Comet tomaba nota, Lucy tocó el pelo del anciano que estaba delante de ellos en la cola.
-Ups, perdón. No sabía que era una peluca. Dime, anciano, ¿quién es el soberano aquí?
-Jejeje, tú no eres de por aquí, ¿verdad?
-Es extranjero. -señaló Comet.
-Oh, qué exótico. Te encuentras en un país democrático, joven. No tenemos soberano, somos libres.
-¡¿Qué?! ¿Y entonces quién pone las normas?
-Nos las ponemos nosotros con el radical procedimiento de ¡VOTAR! -respondió la vendedora mientras servía un perrito a medio comer.
-¡Aaaaaaaaahh! Intento que me entre en la cabeza. ¿Me estáis diciendo que todos votáis si queréis hacer algo? Entonces puedo caminar encima de esos dos que están haciendo flexiones en la hierba.
-Claro que sí. -dijo el anciano.
-O hacer malabares.
-Si.
-O prenderle fuego al puesto de esta mujer.
-En realidad eso es un delito. -le dijo la vendedora después de que Lucy lo hiciera.
-¡Libertad! ¡No hay cadenas que nos aten! ¡Soy libre!
La gente de alrededor respondió con vítores a los gritos de Lucy. Él empezó a caminar hacia la colina y ellos le siguieron.
-Bien, hermano de lodo, hemos descubierto que este es un mundo sin reglas. Así que si alguien te hace enfadar, lucha hasta la muerte.
Por supuesto, Comet le seguía de cerca. Su emoción no hacía más que aumentar y eso hacía que Marcia se preocupara cada vez más.
-Comet, tienes que parar esto.
-¿El qué? ¿Qué estoy haciendo mal?
-Pues os estáis cargando el parque.
Comet miró hacia los sitios por los que habían pasado y observó los destrozos. Pero luego dirigió su mirada hacia la piña Diana y le dijo:
-Marci, imagínate que conoces a tu ídolo y luego decides no seguirlo. Te arrepentirías toda la vida.
-El problema es que tu ídolo está chalado.
-Mira, sé que estás preocupada por mí y te lo agradezco. Pero si me quedo aquí hablando contigo, no podré estar con Lucy. Así que voy a ir junto a mi héroe. -dijo mientras se ponía en marcha otra vez.
-Vale, pues disfrutaré del parque yo sola.
Pero cuando Marcia se dio la vuelta, se topó con dos policías. Una era de piel oscura y estaba un poco regordeta y la otra era muy pálida y algo flaca. Iban montadas en un par de segways y le dirigían una mirada acusadora.
-Señorita, va a tener que contestar a algunas preguntas. -dijo una de ellas.
Mientras tanto, Comet subía hasta la cima de la colina repitiendo una y otra vez las "lecciones" de Lucy:
-Lección número primera: No pienses. Segunda lección: Haz un arma. Lección tria: Consigue información. ¡Lo he logrado!
Cuando llegó, vio que Lucy estaba en el interior de un círculo de piedras semienterradas. Encima de cada una, había un pequeño animal: un gato, una tortuga, un ratón, un conejo, un pajarito y una hormiga.
-Ven, cara enlodada. Ahora comenzará tu ritual del guerrero. Entra en el círculo de animales.
Comet obedeció con una expresión solemne en su cara. A pesar de lo emocionado que estaba, no podía fastidiarlo. Por fin su gran héroe iba a reconocerlo como guerrero.
-Y ahora repite estas palabras.
-Repite estas palabras.
-Esas no, las siguientes.
-Uy, perdón.
-¡Oh, señores de la guerra!
-¡Oh, señores de la guerra!
-¡Protegédnos, por favor!
-¡Protegédnos, por favor!
-¡Llevad a nuestros enemigos a las profundidades del espacio-tiempo para que vivan en las ruinas de nuestra victoria!
-Eeeem... Bla, bla, bla, victoria.
-¡Guiadnos en la batalla y disfrudad de nuestras conquistas! ¡Uaaaaaaah!
-¡Uaaaaaaah! Bien, hermano de lodo. ¿Contra quién luchamos? ¿Demonios? ¿Gárgolas?
-Contra ellos.- respondió Lucy señalando a su alrededor.
-¿Los paseantes del parque?
-No, bobo. Contra toda la gente de este triste planeta.
-Pfff. Sí, claro. -dijo Comet sin creérselo- No lo dices en serio, sería de locos.
-Lo que estas hormiguitas no tienen es un soberano. Y adivina quién les va a dar uno. ¡Gente de la Tierra, postraos ante vuestro soberano! Ya verás qué bien nos lo vamos a pasar gobernando este planeta.
-He cometido un terrible error. -susurró Comet para sí mismo- Lucy, yo no puedo conquistar la Tierra.
-Oh, claro que puedes. Ya eres un guerrero. Empecemos por echar el lazo a todos los que me han seguido gritando "LIBERTAD" para arrojarles por un barranco.
-Pero a mí la Tierra me importa. No quiero conquistarla
-¡Creía que lo que te importaba era ser un guerrero!
Tras gritar eso, Lucy empezó a flotar en el aire. Cerró los puños y empezó a concentrar sus energías. El resultado fue que su cuerpo se hizo más grande y musculoso, las pupilas de sus ojos desaparecieron y su pelo negro se volvió de color verde. Además, estaba envuelto en un aura del mismo color que su pelo.
-¡Pues supongo que pensaba que ser un guerrero era otra cosa!
Lucy lo miró con desdén y se preparó para atacar. Pero una mujer entre los presentes captó su atención:
-Disculpa un segundo. ¿No deberíamos votar esto?
Todos los presentes parecían estar de acuerdo con esas palabras. Pero Lucy parecía más enfadado. Descendió un poco y preguntó irritado:
-¿Pero qué sois, un puñado de bufones? Aquí nadie va a votar nada. ¡Yo soy vuestro soberano!
-Pues yo creo que eso se debería votar. Quien esté de acuerdo con que este loco sea nuestro soberano, que levante la mano. -sorprendentemente, hubo gente que levantó la mano a parte de Lucy- Dos... cuatro... seis. Bien, y ahora los que estén en contra. Dos... cuatro... seis. Tenemos un empate. ¿Es que alguien no ha votado?
-Sí, yo no he votado. -dijo Comet.
-Vamos, si tienes lodo en la cara es porque somos un equipo. Podemos gobernar este planeta juntos, hermano de lodo.
-No. -respondió mientras se quitaba el lodo de la cara- Marci tenía razón, estás chalado.
-¡La libertad vuelve a triunfar! -exclamó la mujer de antes.
Toda la gente celebraba el resultado de la votación, incluso los que la habían perdido. Todos a excepción de Lucy, que se volvió hacia Comet para decirle:
-Creía que tenías madera de guerrero. Pero sólo eres un crío que disfruta viviendo en un estúpido planeta libre. No te mereces esta arma.
Lucy le quitó a Comet su piña atada a un cordón.
-¡Diana!
-No quiero gobernar esta jaula de grillos.
Lucy se metió en un contenedor de basura cercano y lo cerró desde dentro. Justo después, llegaron las dos policías que interrogaron a Marcia. Ella las acompañaba, montada en uno de los segways.
-Atención ciudadanos, -dijo la más baja- estamos buscando a...
-Está ahí dentro. -dijo Comet señalando al contenedor.
La policía alta se acercó y lo abrió.
-Aquí no hay nada.
-A todas las unidades: la magia existe. Repito: la magia existe.
Comet se sentó en el suelo, decepcionado por lo que había pasado. Marcia se sentó a su lado para apoyarlo.
-Tú tenías razón, Marci. Lucy está chalado. Debería haberte hecho caso.
-¿Quieres ir a ver si hay baguettes en el contenedor de la panadería para animarte?
-Sólo si tú vienes conmigo. -respondió con una sonrisa.
