Killian estaba nervioso, ese día iba a conocer a su sobrina. Liam y Elsa finalmente habían sido aprobados por el Estado para adoptar a una niña. La niña se llamaba Lily y tenía seis años. Según su hermano y su cuñada le contaron, tuvieron una conexión desde el primer momento que la conocieron. Lily había sido abandonada por sus padres a los días de haber nacido, y hasta el momento ninguna familia había querido adoptarla. Liam y Elsa conectaron con ella desde el momento que la conocieron, por eso continuaron visitándola al hogar. Y cuando finalmente decidieron ofrecerle de ir a vivir con ellos, no hubo nada que habría hecho a ellos y a la niña más felices que eso. Por eso Killian estaba nervioso, porque eso era importante para Liam y Elsa. Eso era parte de la felicidad de ellos, y Killian quería que sean felices. Por eso Killian quería tener una buena relación con Lily y ganarse su cariño. Pero tenía miedo que la niña no lo acepte. ¿Era tonto tener miedo de conocer a una niña? Emma le aseguró que todo iba a estar bien, y le recordó que tenga paciencia con la niña, que probablemente iba a difícil ganarse su confianza y cariño por lo cual no debía tomárselo como algo personal.
- Lily él es Killian, mi hermano. – Lo presentó Liam.
- Y ella es Lily, nuestra hija. – La presentó Elsa.
- Un placer conocerte. – Dijo Killian con una sonrisa.
- Hola. – Saludó Lily tímidamente sin despegarse del lado de Elsa.
Después de presentarse, almorzaron tranquilos como solían hacerlo. Conversaron como si nada habría cambiado. La única diferencia es que ahora había una niña con ellos. Lily hizo muy pocos comentarios, comió mucho, y dedicó unas cuantas miradas curiosas a Killian como si lo estaría descifrando o probando.
- ¿Puedo probar una? – Preguntó Lily a Killian, señalando las frutillas que estaba comiendo.
- Claro. – Respondió Killian pasándole el plato de él.
- Si eres el hermano de Liam, ¿Eso te convierte en mi tío? – Pidió saber la Lily mojando una de las frutillas en la crema.
- Exactamente. – Asistió Killian.
- Mmm, que rico. – Dijo Lily después de probar las frutillas.
- Podes quedártelas, yo me serviré más cuando Liam y Elsa vuelvan. – Dijo Killian.
- Gracias. – Agradeció Lily sonrojándose mientras se llevaba otra frutilla a la boca. – Si eres mi tío, ¿Qué hay de mi tía? ¿Tengo primos? – Cuestionó con curiosidad.
- Algo así. – Contestó Killian. – Estoy enamorada de una hermosa mujer que tiene un hijo, así que si queres podes conocerlos otro día. – Explicó.
- De acuerdo. – Aceptó Lily.
A la tarde fueron a navegar, y ahí es donde pudo notar que la niña finalmente se relajó. La calma del mar parecía divertirla y hacerla sentir segura, haciéndola recordar el cariño que Liam y él tenían por navegar. Jugaron un rato con espadas de madera, y le contaron historias de cuando eran pequeños y navegaban con su padre.
- ¿Por qué tenes una sola mano? – Preguntó Lily.
- Porque la perdí en un accidente. – Respondió Killian, evitando los detalles trágicos ya que no eran apropiados para una niña.
- Podrías ser el Capitán Garfio. – Dijo Lily pensando en voz alta.
- Si, podría. – Dijo Killian aceptando como algo divertido la propuesta de la niña.
- Pero no, yo quiero ser la Capitana. – Protestó Lily, pero cuando dijo eso se quedo callada y se tapo la boca con sus manos expresando miedo.
- Esa es una buena idea, creo que podrías ser una gran capitana. – Comentó Killian con una pequeña sonrisa.
- ¿Puedo ser la capitana? – Preguntó Lily sorprendida.
- Por supuesto. – Aseguró Killian.
- ¿Puedo llamarme "Tiger Lily" como el personaje de Peter Pan? – Preguntó Lily entusiasmada.
- Gran nombre capitana. – Aprobó Killian.
- ¡Liam, Elsa! ¡El tío Killian dice que puedo ser la capitana! – Exclamó Lily corriendo hacia la pareja cuando salieron del interior del velero.
Esa noche Killian se acostó sintiéndose más feliz de lo que se sentía desde hace tiempo. Ese día pudo ver lo feliz que eran Liam y Elsa de finalmente haber sumado un integrante a la familia, y pudo ver lo feliz que era Lily de que la hayan encontrado y elegido. Sabía que ellos tenían un largo y difícil camino por delante a partir de ese momento, pero sabía que lo iban a hacer bien. Porque Lily ahora era parte de la familia, y la familia para ellos era para siempre.
Y Killian también estaba empezando a formar su familia, o al menos eso creía cuando pensaba en Emma y Henry. Emma era el amor de su vida, ya no tenía ninguna duda sobre eso. Henry no sería su hijo y tendría a su padre, pero se querían y habían formado una hermosa relación. Killian podía imaginarse perfectamente viviendo junto a ellos dos, y en un futuro quizás poder agrandar la familia, tener un hijo/a con Emma.
Al otro día fue a la comisaría ilusionado, pensando en contarle todo a Emma sobre Lily. Sabía que Emma se iba a poner feliz con todas las noticias sobre la niña, y que iba a querer conocerla. Pero cuando llegó, Emma no estaba allí, lo cual era raro porque ella siempre llegaba temprano. Así que se dedicó a hacer papeleo, mientras esperaba que llegue.
- ¿Tenes los papeles del accidente de transito de ayer? – Preguntó Robin interrumpiendo sus pensamientos.
- Si, acá están. – Respondió Killian luego de encontrarlos y se los alcanzó.
- Gracias. – Agradeció Robin agarrando los papeles. – Termino esto y me voy a hacer patrulla con August. – Informó.
- ¿No te tocaba ir con Emma hoy? – Preguntó Killian confundido.
- Si, pero ella no viene hoy. – Respondió Robin.
- ¿Cómo que no viene? – Preguntó Killian, aún más confundido que antes. ¿Le había pasado algo a Emma y nadie le había avisado?
- ¿Killian no sabes que día es hoy? – Preguntó Robin.
- ¿Jueves 3? – Preguntó Killian comprobando la fecha en el calendario.
- Si, hoy es tres de diciembre, hoy hace veintiséis años que Rumpelstiltskin asesinó a los padres de Emma. – Contestó Robin.
Escuchar eso fue como si le habrían dado un fuerte cachetazo en la cara. ¿Cómo es que no se había dado cuenta de eso antes? Estaba bien que con Emma nunca habían hablado de fechas específicas cuando hablaban de las tragedias de sus pasados, pero esos eran detalles que tenían que saber y recordar. Emma seguramente lo necesitaba en ese momento, y él quería estar para ella. Intentó llamarla pero ella no respondió. Eso lo hizo sentir un poco de miedo, pero después recordó que no iban a ningún lado sin los oficiales de custodia y eso lo hizo tranquilizarse un poco. Terminó rápidamente los papeles que tenía que hacer, y después se dirigió al único lugar donde pensó que la iba a poder encontrar, el cementerio. Dio un par de vueltas, hasta que la encontró sentada en un banco. Estaba abrazando sus piernas, y junto a ella tenía dos ramos de flores "campanitas de nieve".
- Hola. – Saludo él suavemente para no asustarla.
- Killian. – Dijo ella sorprendida al verlo. - ¿Qué haces acá? – Preguntó.
- Me enteré que día es hoy. ¿Puedo hacerte compañía? – Dijo él señalando el banco y ella asistió con la cabeza.
- ¿Cómo sabías que iba a estar acá? – Preguntó ella dejando caer su cabeza en el hombro de él.
- Porque te conozco y me conozco, sé que solemos hacer lo mismo en éste tipo de situaciones. – Explicó él con sinceridad.
- Gracias por haber venido. – Agradeció ella cerrando sus ojos.
Killian la refugió en sus brazos por un largo rato, disfruto de tenerla segura junto a él. Le acarició el cabello y la espada, mientras respiraba su fascinante aroma. Ella no le habría advertido de que día era ese en un principio, pero ahora que él la había encontrado supo que ella estaba agradecida de eso. Ella lo necesitaba, aún cuando más de una vez no podía o no sabía como expresárselo. Y él iba a estar para ella de cualquier manera que necesite, porque él sabía que también la necesitaría a ella cuando la situación sea al revés.
Emma nunca llevaba bien la fecha aniversario de la muerte de sus padres. Muchos creerían que después de veintiséis años tendría que ser algo que ya tenga que tener superado, pero no era así. Ella no podía superarlo, el dolor se sentía siempre tan vivo como lo había sido ese día. Como solía acostumbrar, ese día no fue a trabajar. En vez de eso, fue al cementerio. Compró las flores favoritas de sus padres, y se sentó en el banco más cercano a donde estaban enterrados. Sus pensamientos se vieron invadidos por los recuerdos de esa noche en que los había perdido, todos los sucesos se repetían en su cabeza una y otra vez. Los gritos, la sangre por todos lados, la risa de Rumpelstiltskin. El después. Los llantos, el velorio, las familias adoptivas, el abandono, Neal, la prisión. De repente, una voz la hizo volver al presente. Abrió los ojos y vio que Killian estaba frente a ella. Ella no le había dicho que día era ese porque nunca sabía como expresar esas cosas que resultaban tan dolorosas, pero estaba agradecida de que él lo haya descubierto y la haya encontrado. Se refugió en sus brazos, y se dejo contener.
- ¿Te gustaría conocer a mis padres? – Preguntó ella sin salir de sus brazos.
- Sería un gran honor. – Respondió él acariciándole el cabello.
- Vamos. – Dijo ella, finalmente saliendo de sus brazos y levantándose del banco.
Con una mano agarró los ramos de flores, y con la otra la mano de Killian. Caminaron unos pequeños pasos hasta llegar a las dos lápidas, a las lápidas de James y Snow Nolan. Emma dejó un ramo junto a cada uno, y luego se volvió hacia Killian, buscando refugio nuevamente en sus brazos. Se quedaron un largo rato en silencio, observando a sus padres.
- Mamá, papá, él es Killian. – Presentó ella a su novio. – Creo que les gustaría, probablemente se llevarían bien y le tendrían gran cariño. Él es un gran hombre, es quien me hizo volver a creer en el amor y ser feliz. Así que estoy segura de que los haría feliz de que sea parte de la familia. – Dijo emotivamente. - Killian, ellos son James y Snow, mis padres. – Señaló las lápidas.
- Es un gusto conocerlos. – Dijo él con respeto. – Su hija es la mujer más maravillosa que conocí en mi vida, y estoy agradecido de que me deje amarla y me ame. Les prometo que voy a cuidarla e intentar a hacerla feliz por el resto de nuestras vidas. – Relató con convicción.
Emma sacó una foto que tenía guardada en el bolsillo de su campera y se la mostró a Killian. Era una foto de ella con sus padres. Era en su cumpleaños de tres años. Cada uno de sus padres estaba dándole un beso en su mejilla, uno de cada lado. Y ella estaba sonriendo, tenía una de esas grandes sonrisas que podía iluminar hasta el cuarto más oscuro. Esa sonrisa inocente de niño, que expresaba transparentemente toda la felicidad existente.
- Los extraño mucho. – Dijo ella soltando las lágrimas que tenía acumuladas en sus ojos.
- Lo sé, y está bien que lo hagas. – Dijo él secándole con delicadeza cada una de las lágrimas.
- Odio que estén acá, en la tierra atrapados, pudriéndose. – Comentó ella escondiendo contra el pecho de él.
- ¿Por qué no los cremas? – Preguntó él.
- Porque sus cuerpos son evidencias de asesinato, y hasta que el asesino no sea arrestado y el caso cerrado los cuerpos no pueden cremarse. – Le recordó ella.
- Cierto. – Asistió él. – Si queres, cuando atrapemos a Rumpelstiltskin y este todo resuelto, podemos cremar a tus padres y a Millah, y llevar sus cenizas al lugar que queramos. – Propuso después de pensar por un instante.
- Si, quiero. – Asistió ella. – También quiero conocer a Millah algún día, cuando vayamos a Nueva York. – Dijo tímidamente, porque no sabía si él iba a querer que ella conozca a Millah.
- Podes conocerla ahora si queres. – Dijo él.
- ¿Está acá? – Preguntó ella sorprendida.
- Si, cuando me mudé acá decidí trasladarla a este cementerio por si había avances en la investigación. – Respondió él a modo de explicación.
Emma se tomó unos minutos más junto a sus padres, para dedicarles unas palabras y despedirse. Antes de irse, sacó una de las flores de los ramos para entregarla a Millah. Luego se volvió hacia Killian. Él la agarró de la mano y la llevó a través del cementerio, hasta llegar a otro sector, donde estaba enterrada su primer amor.
- Hola Millah. – Saludó Killian. – Sé que hace mucho que no vengo, pero ya que estoy acá me gustaría presentarte a alguien, ella es Emma. – Dijo con la voz temblorosa.
- Hola Millah. – Saludó Emma dejando la flor junto a la lápida. – Quiero que sepas que fuiste muy importante para Killian, él te amó mucho, y siempre te va a amar y recordar. – Expresó lo que sentía y pensaba.
Mientras Emma dedicaba esas palabras a Millah, Killian se alejó y se dejó caer en un banco. Emma se quedo un rato hablando con Millah, le contó sobre como estaba Killian, y le habló sobre Arthur, Ava y Nickolas. Le prometió que iban a atrapar a Rumpelstiltskin y hacer justicia por cada uno de ellos. Una vez que se sintió satisfecha, se unió a Killian junto al banco. Lo encontró llorando y eso no le sorprendió en lo más mínimo, ahora era su turno de contenerlo.
- No la había visitado desde que me enteré todo lo de su familia, estaba enojado y dolido. – Confesó él algo avergonzado.
- Está bien y es entendible, cualquier cosa que sientas es entendible. – Aseguró ella uniendo sus manos para contenerlo.
- ¿Crees qué alguna vez me amó? – Preguntó él con temor.
- Killian yo no conocí a Millah, pero te conozco a vos y sé que es imposible no amarte. – Respondió ella ganándose una pequeña sonrisa de él. – Sé que todo lo que te enteraste de su vida duele y se siente como una traición, pero yo no creo que ella habría estado tanto tiempo con vos si no te habría amado. Quizás no habría estado en sus planes que suceda, pero sucedió. – Expresó ella honestamente.
- ¿No te molesta que todo este tiempo haya estado con miedo de que ella no me haya amado? – Preguntó él, entre confundido y sorprendido.
- No, claro que no. – Contestó ella. – Ambos tenemos un pasado, y eso está bien. Yo también tuve esos miedos con Neal, pero ya no dejo que eso me defina. – Explicó mientras le acariciaba la cicatriz que tenía en su mejilla.
- Yo tampoco quiero dejar que eso me defina. – Coincidió él observándola con admiración. – Jamás pensé que iba a amar a alguien de nuevo, y mucho menos de está forma que lo hago con vos. Nunca amé a nadie como te amo a vos. – Confesó.
- Y yo te amo a vos. – Dijo ella y le dio un pequeño beso en los labios. – Gracias por hacerme creer en el amor. – Agradeció a la vez que rozaba sus narices suavemente.
Se quedaron un largo rato en el banco, sentados en silencio, disfrutando del simple hecho de estar sentados junto al otro. Era increíble lo mucho que Killian había cambiado su día con su simple presencia. Se sentía bien no tener que soportar todo el dolor sola, se sentía bien dejar que alguien la contenga y la entienda, que le quite un poco del peso que parecía siempre llevar en sus hombros. La intensidad del momento que acababan de compartir la dejó agotada emocionalmente, pero feliz porque tenían una relación donde podían confiarse hasta las cosas más miserables y oscuras.
- Killian. – Llamó ella su nombre, rompiendo el silencio.
- ¿Si? – Preguntó él.
- Creo que deberíamos sumar a Arthur, Ava y Nickolas a las cremaciones. – Dijo ella algo nerviosa, porque no sabía como él iba a tomar eso.
- ¿Estarías dispuesta a hacer algo así por mí? – Preguntó él asombrado.
- Si. – Asistió ella. – Killian, ellos son familia, ellos se merecen estar juntos. Y Millah, ella fue tu familia en su momento, por lo cual está bien que hagamos esto. – Justificó nerviosa.
- Sos la mujer más increíble que conocí en mi vida. – Dijo él descansando su frente contra la de ella. - ¿Cómo haces para ser tan maravillosa? – Preguntó.
- Estás exagerando. – Se quejó ella, quitándole importancia al asunto.
Pero el beso que él le dedicó después de eso le hizo dar cuenta que no estaba exagerando, él la consideraba tan increíble como ella lo consideraba a él. Así era el amor, le gustaba pensar a ella, te hace ver lo más bueno de las personas aceptando los defectos. Y ellos tenían eso. A Emma le habría costado mucho tiempo admitirlo, aceptarlo, asimilarlo, y dejarlo ser parte de su vida. Pero finalmente lo había hecho, y ahora sabía que el amor de ella y Killian era el amor más puro y fuerte del mundo. Ahora no tenían que soportar más las heridas solos, ahora podían hacerlo acompañados.
