CAPITULO XXIV
UNA AYUDA BASTANTE EXTRAÑA
―Tienes que volver a habitación ―dijo él pasado un rato.
―¡No quiero! ―Hermione lo abrazó.
―¡Entiende que…!
―¡No quiero! Tengo miedo ―dijo con voz temblorosa.
―¿De qué?
―De salir y olvidar esto también ―Hermione separó su rostro de su pecho para mirar a Severus a la cara―. Por favor, no me hagas olvidar ―imploró mientras volvía a abrazarlo.
―No lo haré ―le susurró mientras acariciaba sus cabellos―. Esta vez no, me rindo, ganaste.
―Severus, eso quiere decir que…
―No sé qué quiere decir, no quiero pensarlo ahora, sólo vuelve a tu habitación que mañana será otro día.
―Está bien ―Hermione lo soltó y dio un paso hacia atrás. Su cuerpo se sintió frío y parecía sufrir aquella separación tanto como su corazón, pero sabía que eso era lo correcto, al menos en aquel momento. Se dio la vuelta y se dirigió a la salida.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.Sala común de Gryffindor.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
―¡Insisto! Deberíamos ir a buscarla, si le pasa algo será nuestra culpa. Nunca debí seguirte la idea del estúpido castigo ―dijo Ron con enojo.
―No creo que Snape la castigue ―trató de tranquilizarle Harry.
―¿Castigo? ¿Y a quién le importa un tonto castigo? ―gritó Ron―. Eso es lo de menos, Harry, imagínate las cosas que le dirá a la pobre Hermione. Snape es un idiota e insensible que no mide sus palabras ―exclamó.
―Como tú ―completó Ginny.
―¡Claro que no!
―O sí. De una manera extraña pero es muy parecido a ti. Ninguno de los dos medís las consecuencias de lo que decís.
―Yo sí las mido.
―Mejor no digas nada o te recordaré todo lo que le gritaste a Hermione en vuestra última pelea.
―Mira, ese no es la cuestión ―dijo fingiendo darle poca importancia―. El caso es que si veo entrar a Hermione por esa puerta llorando ―apuntó amenazante la entrada de la sala común― no me aguantaré las ganas de ir y darle un puñetazo.
Justo en ese preciso momento entró precipitadamente la castaña que parecía haber estado corriendo. Tenía su cabeza agachada y su cabello suelto cubriendo su cara e impidiendo entrever sus facciones. Sólo se escuchaba su respiración agitada.
―Sabía que esto pasaría ―murmuró Ron mientras apretaba sus puños.
―Hermione ―Ginny se acercó un poco a su amiga―. ¿Estás bien?
―Si ese maldito te ha…
―¡Estoy bien! ―dijo levantando su rostro. Sus mejillas estaban que rebosaban de coloridas, sus ojos brillaban y una sonrisa apareció en su rostro―. No os preocupéis, todo está bien. Ya es muy tarde y estoy algo cansada. Me voy a acostar. Nos vemos mañana ―dijo dirigiéndose hacia su cuarto.
―¡Ja, ja! Está loca si cree que me voy a quedar con la duda hasta mañana ―murmuró Ginny que corría tras su amiga.
―¿Y nosotros qué? ―preguntó Ron contrariado.
―Pues tendremos que esperar hasta mañana, a menos que quieras subir a los dormitorios de las chicas ―dijo Harry con una sonrisa pícara en el rostro mientras caminaba con calma hacia su habitación.
―Ni lo menciones que parece una idea bastante tentadora.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Y por fin amaneció. Aquel lunes parecía extrañamente ameno. Por fin y después de tantas cosas parecía pintar todo bien para Hermione y la verdad es que se lo merecía. Se vistió mientras tarareaba una canción espontánea, tomó sus apuntes y salió no sin antes decir a sus compañeras de cuarto:
―Chicas, si no os levantáis se os hará tarde ―al salir alcanzó a escuchar a Parvati:
―Sólo Hermione puede estar contenta en lunes.
«Ni siquiera sospechan el porqué», rió para sus adentros.
No había mucho movimiento en el colegio, ya que eran las siete de la mañana. Aún faltaba una hora para el desayuno y todos estarían levantándose. Ella sin embargo había sentido la necesidad de comenzar su día temprano. Por una parte estaba la esperanza de encontrarse con Severus antes de empezar las clases y por otra estaba el hecho de que ella aún era prefecta aunque últimamente no lo parecía y era su deber dar rondas por el castillo antes del desayuno.
Comenzó a bajar las escaleras para dirigirse a la biblioteca. Terminó los deberes la noche anterior aunque no estaba muy segura de que los hubiese hecho bien teniendo tantas cosas en la cabeza. ¿Cómo iba a concentrarse en los deberes? No obstante los hizo y por primera vez no le importó si estaban bien o mal. Tenía cosas más importantes por las que preocuparse.
Después de dar los buenos días a la señora Pince y entregarle el libro, se dispuso a salir de la biblioteca aún tarareando alegremente, cuando alguien llegó y la abrazó por la espalda.
―Me alegra verte tan contenta, mi amor.¦
―Fuera, Malfoy ―dijo Hermione entre dientes mientras le quitaba las manos de encima al muchacho.
―¡Vaya! Cualquiera pensaría que estamos peleados.
―Mira, bastante te ayudé ayer como para que te sigas aprovechando. Además, ¿qué haces tan temprano molestándome?
―¡Ja! Olvidas que soy prefecto, Granger, y yo al contrario que tú, sí cumplo con mis obligaciones.
―Eso a ti no te…
Hermione quedó interrumpida cuando sin aviso ni miramientos Draco la tomó por la cintura y la aproximó sobre manera hacia él. Antes de que Hermione pudiese hacer algo Draco le dijo con una sonrisa soñadora que incluso la preocupó:
―Abrázate a mi cuello ―la voz seria de Malfoy nada tenía que ver con la sonrisa que comenzaba a asustar a Hermione―. Esto te costará muy caro ―le dijo haciendo más tétrica su sonrisa mientras Hermione fruncía el entrecejo totalmente confundida.
Y sin más la besó. Hermione no respondió el beso, pero no se apartó. Algo le decía que Malfoy debía tener una buena razón para besarla ya que los labios tensos de Malfoy le decían que estaba poniendo mucho esfuerzo por hacer aquello. Cuando Malfoy se separó ella dijo casi en un susurro:
―Me vas a explicar ahora mismo qué está pasando. No creo poder aguantar las ganas de vomitar más tiempo.
―Calla y abrázame ―dijo forzando la voz mientras inclinaba la cabeza tiernamente―. Hazlo ―dijo entre dientes.
Hermione lo abrazó casi con miedo pero para su sorpresa Draco la apretó con total seguridad por la cintura.
―No te pases, Malfoy ―murmuró Hermione.
―Cierra la boca si quieres salir de esta ―dijo Malfoy apretándola aún más. Luego se apartó y la tomó de la mano sonriéndole. Por alguna extraña razón, la joven obedeció.
―Con tanto estudiar ya nos estábamos distanciado mucho, amor ―dijo con voz clara, completamente distinta a la que había usado antes―. Es por eso por lo que me alegra poder pasar estos momentos a tu lado. ¿Qué te parece si bajamos a desayunar?
Hermione estaba totalmente anonadada al escuchar ese tono tan real. Cualquiera que los viera no dudaría ni por un segundo que Malfoy en verdad estaba enamorado de Hermione.
―Sí, vamos ―dijo Hermione siguiendo el juego aunque menos convencida que Malfoy.
Apenas habían empezado a caminar cuando una joven pasó a toda prisa empujando accidentalmente a Hermione y casi haciéndola caer.¦
―Oye, ¿qué te…? ―Hermione se dio la vuelta molesta pero luego se calmó frunciendo el entrecejo―. ¿Era Pansy?
Malfoy no respondió y sólo se puso de puntillas.
―¡Por fin! ―dijo Malfoy estrepitosamente tosiendo y limpiándose la boca con la túnica como si le fuesen a salir grandes babosas de la boca.
―¿Qué te pasa?
―¿Qué qué me pasa? Oye, besarte una vez es pasable, ¿pero dos? ―y volvió a limpiarse la boca.
―¡No seas ridículo, Malfoy! ―le gritó molesta―. Fuiste tú el que me besó. Y más te vale tener una buena explicación.
―¿Me estás amenazando? ―gritó molesto―. Eso me pasa por hacer estupideces que en nada me benefician ―dijo con rencor.
―Si no te beneficia entonces explícame por qué lo hiciste.
―¡Por ti! ¡Y déjame decirte que con esto estás en deuda conmigo de por vida!
―¿Por mí? ¿Y a mí en qué me beneficia que Pansy nos vea besándonos? ―preguntó confundida y algo exaltada.
―¡En mucho! Te creía más inteligente, Granger.
―Déjate de rodeos y explícame, ¿quieres?
―¡Vaya! No me digas que ni siquiera te has dado cuenta ―la cara de Hermione expresaba un claro enfado―. ¿No es obvio? Pansy cree que ocurre algo entre tú y Snape.
―¿Que Pansy cree que…?
―¡No lo repitas! No es algo muy agradable de oír ―Malfoy puso cara de desagrado―. Y pensar que la gente cree que es raro que entre tú y yo haya algo… No saben lo que es raro.
―Mira, Malfoy, entre Snape y yo no hay… ―comenzó a decir atropelladamente pero Malfoy la interrumpió:
―Lo que haya o deje de haber entre tú y Snape es algo que no me importa ―dijo enfadado―. Pero es obvio que verse por la noche y en su cuarto es totalmente de
I-D-I-O-T-A-S. Si Pansy os vio, pudo veros cualquier otro.
Hermione sólo bajó la mirada apenada y bastante contrariada. ¿Qué decir? ¿Cómo defenderse? Y si Pansy decía algo… ¿echarían a Snape? Dumbledore estaba a favor de su relación pero otra cosa era su deber como director y si se esparcía el rumor por todo el colegio no habría mucho que hacer.
―¿Cómo sabes que nos vio? ―preguntó por lo bajo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.Flash Back.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
―¡Draco! ¡Draco! ―gritó una joven entrando corriendo a la sala común.
―¿Qué? ―preguntó con enfado si apartar la mirada de lo que leía.
―¿A que no sabes con quién he visto a tu queridísima sangre sucia?
―A ver, Pansy, ¿con quién has visto a Hermione? ―preguntó simulando falsa importancia.
―Con el profesor Snape.
―¡Oh, cielos! ―dijo con tono graciosamente cruel―. Romperé en llanto porque mi novia ha estado hablando con un profesor ―y volvió como si nada la vista al libro que leía.
―Eso no es todo.
―¿Ah, no? ―arqueó las cejas.
―¡No! ¡Salía de su cuarto! ―gritó desesperada.
―Pansy, ¿eres idiota o qué? ―la chica ahogó un grito entre sus manos ante la ofensa del chico―. Si no tienes algo más interesante que decirme deja de quitarme el tiempo, ¿quieres? Gracias ―y volvió la mirada de nuevo al libro pero definitivamente ya no leía nada. Él ya se había dado cuenta de que algo extraño pasaba pero, ¿tan estúpida podía ser Hermione como para dejar que alguien más lo notara? Malfoy cerró el libro con enfado y subió a su habitación.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.Fin del Flash Back.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
―Ya veo...
―Mira, para mi total desagrado (que de eso no te quede duda), vamos a tener que seguir con este jueguecito ―dijo tomando la mano de Hermione―. Al menos hasta que Pansy se calme (que por lo visto va a llevar tiempo). Tendremos que bajar a desayunar juntos, pasar algunos descansos juntos, y el sábado no nos quedará más remedio que ir a Hogsmeade juntos... pero eso sí, te advierto que al primer escándalo de Weasley termino con todo esto. Mi ojo apenas se está recuperando de su último arranque.
―Yo me encargo de Ron ―dijo resignada―, pero si lo provocas un ojo morado será lo de menos.
―No es mi intención acercarme siquiera a ese salvaje ―aseguró Malfoy―. Bueno, bajemos a desayunar, amor.
Cuando comenzaron a caminar, tomados de la mano, Hermione estaba segura de que aquello era tan desagradable para Malfoy como para ella, lo que la llevó a tragarse su orgullo.
―Estoy totalmente segura de que buscarás la forma de cobrarte esta de una manera que sólo tú sabes hacerlo.
―Que no te quepa duda.
―Pero de todas formas te lo agradezco ―dijo bajando la mirada.
―¡Ja, ja, ja! Tu agradecimiento no me sirve de nada Granger. Además que te quede claro que no lo hago por ti. Definitivamente no te lo mereces ―dijo desdeñoso.
―¿Ah, no? ¿Entonces por quién lo haces, Malfoy?
―Por Snape, claro está.
―No sabía que le tuvieras tanto aprecio a un profesor.
―Eso es algo que a ti no te incumbe.
―Pues te lo agradezco ―Malfoy estuvo a punto de decir algo, pero decidió que lo mejor sería quedarse callado.
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Hacía ya siete días que a todo Hogwarts había llegado el rumor de que Draco Malfoy y Hermione Granger eran pareja, pero eso no hizo que la sorpresa de verlos entrar de la mano al Gran Comedor y que por si no fuera poco se despidieran con un beso en los labios (bastante tímido por cierto) cuando Malfoy se quedó con los Slytherins, quitara el aliento a todos sin excepción. Algunos incluso tosieron atragantándose con la comida. La cara de Hermione había aumentado considerablemente de color mientras caminaba a la mesa de Gryffindor. Aunque la mesa estaba en el fondo nunca le pareció más largo el camino que aquel día. Quizá si murmuraba algo sería más fácil mirarlos con desaprobación o altanería, fingiendo que no le importaba pero, ¿qué hacer ante aquel silencio y todas esas miradas? Casi mecánicamente se sentó en el lugar que habitualmente ocupaban ella y sus amigos y tratando de actuar con normalidad, cogió una tostada y la untó con mermelada. Los mormullos no tardaron en hacerse presentes y poco a poco el movimiento en el Gran Comedor fue normalizándose.
―Eres consciente de que si no me hubieras hecho hacer aquella tonta promesa ya estaría rompiéndole la cara a Malfoy, ¿verdad? ―dijo Ron siendo el primero en reaccionar, con los puños bien apretados―. Espero que tengas una buena…
―Hermione, ¿estás bien? ―interrumpió Ginny.
―Por favor ―dijo casi en un murmullo―, decidme si sigue en la mesa de profesores…
―¿Quién? ¿Snape?
―Sí está ―contestó Harry interrumpiendo la pequeña indiscreción de su novia.
―¿Reaccionó de alguna manera notoria?
―No, no noté nada, Dumbledore estaba hablando con él ―continuó Harry.
―Gracias a Dios ―suspiró Hermione―. Si tú no has notado nada, Pansy tampoco…
―¿Pansy? ―preguntó Ron confundido―. ¿Qué tiene que ver ésa con…?
―No me digas que… ―Ginny tapó su boca con algo de miedo.
―Ya decía yo… ―dijo Harry más tranquilo―. Lo mejor será que hablemos después ―y comenzó a comer como si nada.
Hermione lo imitó pero apenas mordió su tostada, se dio cuenta de que el hambre se le había ido por completo y la felicidad que había sentido al despertarse parecía ya casi un sueño. «Sólo a mí se me pueden arruinar las cosas incluso antes de que pasen», pensó de mala gana mientras ignoraba el cosquilleo que sentía en su cuello. Casi podía sentir el enfado de Severus, pero lo mejor sería no mirarlo.
Dumbledore se puso de pie y con un carraspeo hizo llamar la atención de los presentes:
―Antes de dejaros ir a cumplir con vuestras obligaciones de tan hermoso día, quiero hacer una anuncio: como algunos ya habréis leído en El Profeta, el concurso de los elementos está ya casi a la vuelta de la esquina. Os preguntaréis qué tiene que ver esto: pues nuestro colegio, siendo el más importante de Londres, ha recibido una invitación especial para hacer participar a uno de nuestras alumnas…
―Genial, lo que me faltaba, más atención ―pensó Hermione con enfado.
―Todo el profesorado hemos analizado cuidadosamente la situación y la seleccionada ha sido la señorita Hermione Granger ―y pasó lo que tenía que pasar: todos se giraron para mirarla nuevamente. Tanto la miraban que no notaron que Pansy acababa de ponerse de pie y había golpeado la mesa, pero Dumbledore si lo notó y no tardó en añadir―: Como he dicho, esta ha sido la decisión tomada por el profesorado, pero como todo humano ellos también pueden equivocarse, así que me atrevo a hacer una invitación a mi despacho a todo aquel que crea poder demostrar las aptitudes para remplazar a la señorita Granger. No me importará examinarle y en caso de que así sea, no habrá inconveniente en que la sustituya.
Pansy apretaba los puños molesta pero sabía que no podría demostrar que ella era mejor que Hermione aunque creyera que así era.
―Pero ya me las va a pagar…
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El desayuno terminó. Todos salían del Gran Comedor murmurando.
―Dejad de murmurar y daos prisa que se os hará tarde para vuestra próxima clase ―dijo Hagrid molesto a dos niñas de Ravenclaw que entorpecían el camino.
―Nos toca con usted, profesor ―dijo tímidamente una de ellas
―Pues con más razón aún ―dijo vacilando un poco―. Puedo aparecerme en cualquier momento y quitar puntos a vuestra casa por llegar tarde.
―Sí, profesor ―y las dos niñas corrieron asustadas.
―Tendrás que inventar excusas más creíbles, Hagrid ―rió Sirius aproximándose―. Sabes que en Hogwarts uno no se puede…
―Sí, sí, lo sé ―le interrumpió―. Pero afortunadamente no todos como Hermione leen Historia de Hogwarts, y es precisamente por ella que lo hago ―dijo con seguridad―. No me gusta que murmullen de mi pequeña Hermione ―Sirius frunció el entrecejo sin comprender―. Si la hubieras visto hace unos momentos…
―¿Pasó algo? ―preguntó Sirius preocupado.
―Pues no, se puede decir que nada nuevo aquí. Quiero decir que lo de Malfoy era algo que ya sabíamos, pero verlos entrar de la mano y luego ese beso... ―Hagrid cerró los ojos y encogió los hombros―. Quiero decir que nadie está preparado para ver ese tipo de cosas sin previo aviso. Puedo asegurarte que… ―pero Sirius ya no estaba―. Hasta Dumbledore se sorprendió ―terminó en un murmullo―. ¿Y éste a dónde se fue?
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Hermione y los demás apenas se disponía a levantarse de la mesa al mismo tiempo que Malfoy cuando Sirius se acercó a ellos. Aquella escena logró preocupar a Hermione.
―Hola, Sirius ―saludó Harry nada más llegar.
―Hola ―respondió casi cortante―. Hermione, ¿podemos hablar?
―Esto… yo…
―¿Nos vamos, querida? ―Malfoy se acercó tomando la mano de la castaña.
―Esto… ―Hermione no atinaba a contestar y más al ver que Sirius se le iba a echar encima a Malfoy de no ser porque Harry le sujetaba fuertemente de la mano.
Pensó por un momento en decirle a Malfoy que se fuera sin ella pero al observar a Pansy a lo lejos mirarlos con detenimiento cambió de idea.
―Sirius, ¿podemos hablar luego? Es que ahora tengo que ir a clase ―dijo tímidamente. Sirius lanzó una mirada no tan tímida.
―Sí, sí, daos prisa ― gruñó Sirius.
―Sirius, tengo algo importante que decirte. Ven conmigo ―dijo Harry cogiendo a Sirius del brazo pero éste no se movía. Malfoy, sin entender muy bien nada, sólo tiró de la mano de su «novia» y se dirigieron al aula de Pociones.
―Cálmate ―le dijo Harry aún sujetándolo del brazo. Sirius seguía sin moverse. Tenía la extraña sensación de que en cuanto lo soltara se transformaría en el enorme perro negro y se echaría encima de Malfoy.
―Decidme que esto tiene una buena explicación.
―Ellos dicen que la tiene ―dijo Ron cruzado de brazos y con cara de pocos amigos―. Yo no creo que haya en el mundo razón alguna que justifique que Hermione y Malfoy caminen de la mano por ahí.
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―Por favor, dime que no tenemos que pasarnos así el resto del año ―imploró
Hermione por lo bajo mientras caminaban entre alumnos que los miraban sin la mínima discreción.
―No si somos cuidadosos ―dijo justo cuando entraron al aula de Pociones―. Aparta ―le gritó a Goyle para que desocupara la silla contigua a la suya.
―Pero si siempre me siento aquí ―dijo casi tartamudeando, pero bastó una mirada de Malfoy para que se quitara casi al instante.
―Tú siempre tan sutil…
―¡Silencio! ―dijo Snape entrando en el aula. Hermione no pudo evitar sentir un escalofrío en el cuello. Y pensar que casi una hora antes esperaba con ansia aquel momento…
―Ni se te ocurra esquivar su mirada ―le susurró al oído.
Hermione miró a Malfoy como diciendo «sí, claro, como si fuera tan fácil». Pero entendía muy bien lo que quería decirle. Y es que ella tan valiente como era, miró al temible profesor de Pociones a los ojos incluso en sus peores momentos. Pansy seguro que notaría el cambio de actitud.
Después de que Harry y Ron entraran al aula un poco tarde y se llevaran la típica regañina de Snape (que a Hermione le pareció más severa de lo normal), la clase dio comienzo. El nombre de la poción a preparar era quién sabe qué. Ni Hermione lo sabía bien (y eso es mucho decir) y por más que trató de concentrarse parecía inútil. Se suponía que la poción debía tomar un color carmín y la de Hermione era de un verde pistacho.
―Parece que el amor le ha atrofiado el cerebro, señorita Granger ―le dijo Snape deteniéndose justo a su lado―. Debe tener cuidado, señor Malfoy. Creí que era capaz de escoger mejor sus amistades ―Hermione se había quedado boquiabierta y arqueaba las cejas.
―Es que la pobre no cree que llevemos ya una semana saliendo.
¿La pobre? Ahora sí que le hervía la sangre a Hermione.
―Pues espero que no crea, Granger, que porque sale con mi mejor alumno me volveré condescendiente con usted ―Snape apenas tocó el extraño líquido del caldero de Hermione con su varita cuando éste había desaparecido―. Creo que seré el orgulloso maestro que pueda decir que le ha puesto su primer cero.
―¡No es justo! ―dijo crispada… o sí. Snape sabía cómo hacerla enfadar y ahora podía mirarlo amenazadoramente sin ningún esfuerzo.
―¿Ah, no? ―preguntó él cínicamente.
―¡No! ―dijo casi gritando, y ya un poco más tranquila prosiguió―: Hay peores pociones que la mía. Creo que tengo derecho a una calificación más justa.
―Una fierecilla su novia, Malfoy.
―Eso es lo que me enamoró de ella ―dijo con una sonrisa pícara que estuvo a punto de desaparecer cuando Hermione se giró bruscamente.
―La clase ha terminado. Pongan sus pociones en un frasco para examinarlas y salgan en orden.
―Si me hace el favor de devolver mi poción al caldero, con mucho gusto lo haré ―dijo Hermione sin moverse de su lugar.
―Creo que ha olvidado la manera correcta de hablarle a un profesor, señorita Granger. Veinte puntos menos para Gryffindor y quiero verla aquí después de las clases. Hay mucho que ordenar en ese armario.
―¿Qué?
―¿Está sorda o no me ha entendido?
―Sí, profesor ―dijo bajando la mirada. Cogió sus cosas y salió del aula con los puños apretados.
―Ya ve, profesor. Mujeres ―dijo Malfoy encogiéndose de hombros. Y salió tras Hermione.
―Tenemos un descanso de quince minutos. Salgamos del castillo ―dijo Hermione cuando Malfoy se le acercó―. Y tú ―dijo deteniéndose de pronto y dándose la vuelta para mirar a Pansy que no caminaba muy lejos de ellos―. ¡Deja de seguirnos y consigue una vida propia, ¿quieres? ―le gritó Hermione llamando aún más la atención de quien los seguía. Molesta, tomó la mano de Draco y tiró de él casi con brutalidad.
―¡Contrólate! ―le dijo molesto cuando llegaron a las orillas del lago, fuera de la vista de cualquiera―. Y no me vuelvas a coger de esa manera, Granger.
―¡Ja! Si no te tiro te quedas ahí parado esperando que me tirara encima de Pansy ―Hermione caminaba de un lado a otro.
―No hubiera sido mala…
―¡Cínico! Lo disfrutaste, ¿no es cierto?
―¿El qué? ¿Que tú y Pansy os pelearais por mí en medio del pasillo o que Snape te pusiera un cero? Bueno, da igual, no importa, ambas fueron muy divertidas ―aseguró aún más divertido al ver a Hermione sentarse con enfado y desesperación bajo el gran árbol que les daba sombra―. Además, no sé como esperabas que reaccionara Snape después de enterarse repentinamente de que su novia ―hizo una mueca de asco―… bueno, lo que seas de él, sale ahora conmigo. Me extraña que no se hubiera enfadado conmigo también.
―A mí no me extraña. Es obvio que sabe, o al menos sospecha, por qué estamos haciendo esto, así que no fue una casualidad que actuara así.
―Entonces, ¿por qué estás tan molesta? ―preguntó frunciendo el entrecejo―. Eso es bueno, ¿no? Ahora que Pansy vio su actitud contigo no creo que esté tan segura de que estáis saliendo.
―Sí, ¿pero por qué tenía que ponerme un cero? ―gritó la chica ante la sorpresa de Draco―. ¡Lleva más de seis años encontrando la manera de fastidiarme sin necesidad de ponerme un cero! ―Malfoy no pudo evitar soltar una carcajada ante tan ridícula preocupación―. ¿Puedes decirme de qué demonios te ríes?
―De lo patética que eres preocupándote por tremenda estupidez ―dijo aún riendo.
―Oye, si a ti no te importan tus calificaciones, no es mi problema. ¡Jamás en mi vida había sacado un cero!
―Oh, Dios, el mundo se acabará por eso ―dijo burlonamente, a lo que Hermione sólo respondió con una mirada amenazante―. Escucha, tienes tan buenas calificaciones que un estúpido cero en una poción de veinte que hacemos en el año lo único que hará será hacer ver al mundo que no eres el alien superdotado que todos piensan, sino una sangre… bueno, una hija de muggles común y corriente.
―Gracias, es todo un consuelo ―dijo sarcástica―. Aunque dentro de lo que cabe tienes razón.
―Yo siempre la tengo.
―Oye, ¿acabas de consolarme? ―preguntó extrañada.
―Claro que no ―abrió desmesuradamente los ojos―. ¡No!
―Sí lo hiciste ―rió Hermione.
―¡Cállate! ―dijo enfadado.
―Tal vez no eres tan malo como crees ―dijo riendo divertida.
―Mira, alien superdotado, ni se te ocurra mencionarle esto a nadie.
―Es un orgullo caer tan bajo si Draco Malfoy te consuela.
―Cierra el pico y vámonos. Afortunadamente Pociones es la única clase que compartimos en el día.
―Eso debería entristecerte, cariño ―se burló Hermione mientras recogía sus cosas.
―No sabes cuánto…
―¿Qué hace una lechuza por aquí? ―preguntó extrañada al ver el ave marrón acercarse a ellos.
―Parece buscarte a ti.
La lechuza se posó en el hombro de Hermione con una nota en el pico.
―Veamos ―dijo desenrollando el pergamino.
Me complace avisarle que sus clases de preparación para el concurso de los elementos dará comienzo el día en curso después de su última clase en la Sala de los Menesteres, tan conocida ya por usted. Por favor, tenga la amabilidad de ser puntual.
Profesora Sandra Wilhelmina Villefort
―¿Wilhelmina? Nunca mencionó ese nombre.
―Es comprensible, ¿no crees? ―siseó Malfoy―. No es que Hermione sea el mejor nombre del mundo pero Wilquiensabequé…
―Sí, sí, ya te entendí ―dijo con fastidio cuando comenzaron a caminar al castillo tomados de la mano―. ¡Qué nervios!
―Sí. Esa reacción la suelen tener las chicas cuando las tomo de la mano ―dijo engreído―. Pero tú ya deberías tenerlo superado.
―¡Idiota! Me refería a mi primera clase con Sandra.
―¿Has dejado a caso tu cerebro en el lago? A ver, Hermione, ¿cómo piensas estar en el castigo de Snape y en tu dichosa clase al mismo tiempo?
―¡Oh, Dios! ¡El castigo!
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
―Vas a tener que arreglar las cosas pronto con Sirius ―susurró Harry cuando McGonagall les puso deberes y se ausentó un momento.
―¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Está molesto?
―¡Más que eso! ―dijo Ron casi gritando, provocando que algunos alumnos los miraran de manera inquisitoria. Una vez que todos volvieron a sus asuntos, Harry dijo:
―Tratamos de explicárselo todo…
―Y no lo comprendió, Harry. Le dijeron lo de Pansy ―dijo Hermione por lo bajo.-¿no entiende que lo hago para ocultar…?
―¿Que andas con su peor enemigo? ―susurró Harry arqueando las cejas.
―Hermione, sabes que he sido el primero en apoyarte en todo esto, pero no voy a permitir que dañes a Sirius ―dijo con severidad―. Así que más vale que en la primera oportunidad…
―Parecéis muy entretenidos ―les interrumpió McGonagall―. Si no logáis hacer que esos floreros desaparezcan en los próximos quince minutos que quedan de clase, no serán pocos los deberes que os llevaréis.
―Sí, profesora ―asintieron los tres.
Está de más decir que Hermione tuvo con diez minutos para hacer desaparecer por completo su florero y Harry casi lo logró, pero la parte de arriba de su florero era tan visible como él.
La clase terminó y llegó la hora de la comida. Hermione apenas y probó bocado. Pensaba en cómo solucionar todo. Sabía que tenía que hablar con Sirius lo antes posible. Harry tenía mucha razón en regañarla. Había sido una completa egoísta, se había molestado con él por no haberse comunicado y jamás se detuvo a pensar en cómo se sentía él. No quería darse mucha importancia pero sabía exactamente lo que Sirius sentía por ella y quizá si ella le hubiese dicho lo que pasaba desde un principio… pero, ¿qué pasaba realmente?
Era por eso por lo que no hablaba con él. Ni siquiera ella sabía qué pasaba. También estaba confundida. Pensar en ello le daba dolor de cabeza. Y por si fuera poco ahora tenía que hallar la manera de asistir a su clase con Sandra. Por un momento pensó en pedir a McGonagall un giratiempo, pero esa idea se fue tan rápido como llegó. Estaba segura de que McGonagall no le prestaría nada y le diría con voz severa: «debes cargar con las consecuencias de tus actos».
Pedirle a Snape que le quitara el castigo ni siquiera era una posibilidad. Además eso sería ponérselo todo en bandeja a Pansy. Snape jamás, ni aún teniendo una relación con ella (que oficialmente no tenían), le quitaría un castigo. ¿Y cambiar el castigo? No, lo más seguro es que respondiera con sarcasmo: «¿y luego qué querrá, señorita Granger?, ¿que le sirva café mientras arregla el armario?, ¿galletas?, ¿que le ayude con los deberes? La única solución sería pedirle el cambio de hora a Sandra pasando la mayor vergüenza del mundo. No había otra solución.
En cuanto Hermione vio a Sandra levantarse de su asiento de la mesa de los profesores, se puso de pie:
―¿A dónde vas? ―preguntó Harry―. Tenemos una hora libre.
―Sí, lo sé. Voy a buscar a Sandra.
Y sin más Hermione se fue, pero al pasar por la mesa de los Slytherins y sentir la mirada de Pansy, se detuvo y buscó con la mirada a Malfoy. Cuando lo encontró le saludo con la mano sonriendo. Éste respondió a la sonrisa y se puso de pie para acercarse a ella. Está de más decir que todos los miraban.
―Tengo que ir a buscar a Sandra ―le dijo en un susurro.
―¿Me pides permiso? ―preguntó divertido.
―Te aviso... ¿o querías que saliera sin siquiera mirarte? ―dijo exasperada.
―Muy inteligente de tu parte ―la besó.
―¿Por qué siento que disfrutas de todo esto?
―¿Se me nota? ―preguntó sarcástico.
―Olvídalo. Te veo luego.
Y Hermione salió corriendo.
―¡Profesora Sandra! ―gritó Hermione al verla a medio pasillo.
―Qué bien suena eso de profesora ―rió Sandra―. ¿Lista para nuestra primera clase?
―Esto…
―¿Qué pasa?
―Estoy castigada –dijo apenada, bajando la mirada.
―¿Castigada?
―Sí... Tengo que limpiar el armario de pociones después de las clases.
―Ya veo ―Sandra sonaba algo decepcionada.
―Pero mira, justo ahora tengo una hora libre. Podemos…
―No, no podemos ―dijo cambiando el tono por uno más severo―. La clase necesita de dos horas como mínimo, ininterrumpidas ―recalcó―. Sabes bien que tenemos el tiempo encima.
―Lo sé ―dijo apenada.
―Creo que olvidé la regla cuatro ayer: RESPONSABILIDAD.
Hermione se sentía fatal. Sandra lo notó y se sintió un poco culpable.
―Escucha, no quiero ser una profesora gruñona, pero tenemos que empeñarnos en esto si queremos lograrlo.
―Lo sé.
―Necesito saber que en verdad te interesa esto.
―En verdad quiero hacerlo ―dijo Hermione segura―. Escucha, en cuanto termine de limpiar podemos…
―Será tarde.
―No importa. No me importa desvelarme, pero si tú…
―No, por mí no hay problema. Yo no tengo que levantarme temprano mañana, pero tú sí.
―No importa, podré hacerlo.
―Está bien, pero si te noto cansada o ausente suspenderemos la clase de hoy, ¿de acuerdo?
―Sí.
―Anda, ve a tu clase que se te hará tarde.
―Gracias ―sonrió la castaña y abandonó el pasillo.
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Podría narrar clase por clase lo que pasó aquel día, pero, ¿para qué? Creo que todos esperamos el momento del dichoso castigo con Severus, ¿no? Pues vallamos hasta allí:
Hermione se encontraba frente a la puerta del aula de Pociones. Se sentía preocupada, asustada, nerviosa, algo enfadada aún. Bueno, una combinación de sentimientos no muy conveniente. Después de un suspiro de resignación, entró en el aula.
―Buenas noches, profesor ―saludó Hermione.
―Llega tarde, señorita Granger ―apuntó al reloj. Marcaba las ocho y tres minutos. Hermione estuvo a punto de decir algo, pero, ¿para qué? Con un movimiento de varita la puerta del aula se cerró.
―¿Comienzo con el armario, me quejo por mi cero o te doy explicaciones?
―Con el armario, Granger ―Hermione lo miró un instante y simplemente obedeció.
―¿Podemos? ―preguntó al momento que abría el armario, que a diferencia de la última vez estaba todo desordenado, incluso polvoriento.
―Nadie nos oye.
―Te esmeraste desordenándolo ―dijo tras un suspiro de resignación.
―Puedes explicar mientras ordenas ―dijo con voz fría mientras se sentaba en el escritorio. Hermione lo miró de reojo y sólo al notar el brillo de sus ojos volvió su mirada al armario y comenzó a limpiar.
―Bueno, Pansy me vio salir de tu habitación anoche ―Hermione avanzaba con la limpieza mientras relataba todo lo sucedido―. ¿No dices nada? ―preguntó algo nerviosa parando por un momento la limpieza y mirando a su profesor.
―Siga limpiando, Granger. Hay mucho en ese armario como para que se dé el lujo de descansar ―dijo fríamente apartando la mirada de la castaña y dirigiéndola en dirección contraria.
―Pero ya te…
―Haga lo que le digo ―ordenó firmemente. Hermione pensó en alegar algo pero no era conveniente. Tenía que apresurarse a terminar para no hacer esperar tanto a Sandra. Bajó la mirada y volvió a su trabajo. Permanecieron en silencio largo rato, hasta que Hermione se decidió a romperlo:
―¿Sabes? Hoy es mi primer clase con Sandra ―Severus se perturbó un poco al escuchar su nombre. Hermione seguía mirando lo que limpiaba―. Tú y ella erais amigos, ¿verdad? ―Severus no respondió―. El día de Navidad noté cómo os alterasteis al veros. Y también os he notado incómodos cuando están en el mismo lugar o al escuchar hablar del otro. ¿Os peleasteis?
―Algo así ―Hermione se sorprendió al escuchar responder a Severus, pero al mirarlo noto que parecía perdido en sus pensamientos. Era como si hubiese respondido sin darse cuenta.
―Ya veo ―Hermione bajó la mirada un poco deprimida. Ya había pensado en la posibilidad de que entre Severus y Sandra había pasado algo en sus tiempos de estudiantes, y con esa reacción de Severus era como si lo confirmara.
Le había tomado mucho cariño a Sandra, pero no podía evitar sentir una cierta sensación de celos. Después de todo, Sandra era una mujer y ella, por más que intentara negarlo, era sólo una niña.
―No pienses tonterías ―dijo Severus en tono seco―. Entre Sandra y yo no hubo ni hay nada ―Hermione lo miró algo sorprendida. Sus dudas se disiparon ante la seguridad de Severus, pero algo aún quedaba… Si no había nada entre ellos, ¿entonces qué pasaba?
―Terminé ―dijo la castaña mirando a su profesor.
―Puede marcharse ―dijo cogiendo unas hojas, como preparándose para empezar algún trabajo.
―Severus, no entiendo… ¿Por qué estás molesto? Te lo he explicado. Lo de Malfoy no es algo que haya buscado, pero si nos descubren… ―Severus seguía sin mirarla―. ¡Por Dios, compréndelo!
―¿De verdad crees que eso me consuela?
―Severus…
―Vete ya ―dijo mirando nuevamente sus papeles―. Seguro que Malfoy vendrá a buscarte ―el tono usado por Severus hizo que a Hermione le hirviera la sangre.
―¡Tonto! No puedo creer que te pongas en ese plan. ¡Lo hago por ti! Te meterás en problemas si saben que hay algo entre tú y yo.
―Yo no te pedí que me ayudaras ―dijo fríamente.
―¿Qué? ―preguntó incrédula.
―Además, no tienes que enfadarte más, porque no hay nada entre tú y yo que haya que esconder.
―Ah, no. No, no, no. Ni lo pienses ―dijo ella negando con la cabeza.
―Le dije que se marchara…
―¡No! ―dijo ella―. No he besado a Malfoy ni he aguantado esas miradas por nada. Dices que no me pediste que te ayudara. Está bien, lo comprendo, pero también lo hice por mí. Acepté este tonto juego para poder estar contigo, para que no te echaran de Hogwarts y te alejaran de mí. Y si tuviera que besar a una rana lo haría. Tendrás que aceptar que no permitiré que vuelvas a alejarme de ti.
―Hermione ―la firmeza de la chica había sorprendido a Severus.
―Si aún no sabes qué significa esto con todo el gusto te ayudaré a comprenderlo ―Hermione parecía una maestra molesta explicando por enésima vez algo a un alumno―. Soy tu novia, la escuela terminará y podremos dejar de ocultarlo, pero mientras tanto saldré con Malfoy para evitar las tontas sospechas de Pansy y aguantaré tus rabietas de celos las veces que sean necesarias, pero… ―Hermione se vio interrumpida por los labios de su profesor. Se sorprendió tanto que tardo en cerrar los ojos, pero los brazos firmes de su profesor rodeando su cintura y sus labios tibios besándola con pasión la hicieron dejarse llevar y disfrutar del momento―. Veo que lo has comprendido ―dijo sonriente al separarse un poco.
―Me encanta cuando te enfadas ―le susurró. Y la besó de nuevo.
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Bueno… después de la tardanza ya esta aquí el primer capitulo del año!! ¿Notan alguna diferencia? ¿Mejoría? A mi me parece que si! Y es que he de presentarles a mi nueva Ayudante de redacción!!! (¿Qué te parece el apelativo Hannah??) Hanna Abbott, una de mis lectoras que se ha ofrecido a ayudarme con esos pequeños pero notorios problemas ortográficos y si lo han notado ha hecho en algunos diálogos cambios de palabras como tu por vos… suena bien ¿no? más elegante. Debo de admitir que al principio no estaba muy segura de aceptar pues... temía que no me gustaran los cambios, pero la verdad es que me ha agradado el resultado final ¿Qué opinan? Espero ansiosa sus comentarios!!
Por ultimo me despido deseándoles un poco atrasada Una Feliz Navidad y Un feliz año nuevo!!!!!!
Los quiere la linda
Usagui Kou
