Capítulo 25
Ted envolvió a Katrina en una bata de baño y la llevó a su cama. La chica dormía profundamente. La puso suavemente encima de las cobijas y la arropó con la colcha.
-Iré a cambiarme, preciosa-le besó la frente-. Volveré en unos minutos.
Ted se dirigió hacia su armario y se puso unos bóxer Calvin Klein negros y un pantalón de paño también negro y volvió con su chica. Se la encontró mirando por la ventana el anochecer que se avecinaba en el cielo de Seattle, envuelta en su bata de baño. Se acercó con sigilo a ella y la abrazó por la espalda.
-Disfrutando de la vista, nena-le dijo al oído y no pudo evitar recordar las veces que su padre le decía esa misma frase a su mamá.
-No sé cómo puedes vivir solo en un apartamento tan grande-comentó ella, apretando las manos de Ted entre las suyas.
-La soledad era la única compañía que podía tener un ser tan despreciable como yo-comentó entristecido-. Solía jugar con las mujeres que se me acercaban. Era un bastardo egoísta que solo pensaba en su propio placer y no merezco que una mujer tan singular como tú, esté conmigo pero siento que si te alejo de mí, me voy a morir.
Katrina se volvió a mirarlo. Se veía asustado y parecía un niño pequeño abandonado por sus padres.
-No vuelvas a decir eso-le dijo, cogiéndole la cara-. No eres nada de lo que dijiste. Eres un hombre espectacular. ¿Crees que un ser despreciable, amaría a un niño, de la misma manera como tu amas a Ian?-vio que Ted negaba con la cabeza-. Vas a adoptarlo. Quieres darle un buen hogar, parecido al que tuviste tú.
-No es tan sencillo evitar pensar en eso-replicó Ted, llevándose con sus dedos las lágrimas que escurrían por las mejillas de Katrina-. No llores nena. No llores por mí. No quiero arruinar tu luz con mis sombras.
-No tienes sombras, Ted-le puso la mano en el pecho-. Eres una luz para mí. Alumbraste mi camino.
-Gracias por creer en mi-la abrazó y hundió su nariz en el cabello de la chica.
-Descuida-se alejó de él y fue a buscar su ropa-. ¿Podrías llevarme a casa?-le preguntó a Ted mientras se ponía la ropa íntima y acomodaba su blusa.
-Discúlpame pero no puedo hacerlo-se excusó Ted-. Debo estar en una hora en casa de mis padres. Un empresario ruso irá a comer con su familia y a mi padre se le ocurrió que nosotros también debíamos estar.
Katrina frunció el ceño.
-Mi padre tiene una cena, esta noche con un empresario americano importante y quiere que mis hermanos y yo vayamos con él-le contó Katrina-. ¿Sabes cómo se llama el empresario con el que se verá tu padre?
Ted dejó vagar su mirada por la habitación mientras recordaba el nombre del sujeto.
-Creo que es…-comenzó a hablar cuando un nombre llegó a su mente-…, Sergei Romanov.
Katrina se llevó las manos a la boca para ocultar su sorpresa.
-Mi padre se llama Sergei Romanov-dijo Katrina.
-¿Qué estás diciendo?-preguntó él sorprendido-. ¿Estás segura?
-Completamente, Ted-confirmó-. No voy a olvidar el nombre de mi padre-se masajeó la cabeza pues empezaba a sentir una pequeña molestia-. Y ahora recuerdo que mi papá quería que conociera al hijo de este empresario, que resulta ser tu padre, para que hubiera una relación más allá de los negocios entre ambas familias.
-No puedo creerlo-murmuró Ted-. ¿Habrías ido si no hubiera sido mi padre con quien el señor Romanov se iba a reunir?
-No lo sé, Ted-respondió con sinceridad.
El soltó un gruñido y se adentró en el armario. Katrina supo lo que estaba pasando y fue tras el muchacho. Lo encontró revisando las camisas con furia hasta que encontró una blanca y se la puso.
-Ted…-se le acercó y le cogió las manos. Lo vio bajar la cabeza y soltarse a respirar con rapidez-. ¿Qué te pasa?
-Eres mía-dijo en un arrebato mientras la miraba-. No puedo soportar que estés con otro hombre.
-Te amo, Ted-le recordó ella, sonriendo-. Que me vea con otro hombre, no quiere decir que deje de hacerlo y la verdad si fuera otro empresario con quien se fuera a ver mi papá, preferiría quedarme contigo-lo abrazó.
-Te amo, hermosa-la apretó-. No sé cómo no fui capaz de esperar por ti.
-No me molesta como eres-le besó el pecho-. Tuviste tu oportunidad para divertirte. Ahora solo debes dedicarte a mí. Nada de mirar a otras chicas.
Ted le levantó la cabeza e hizo que sus frentes se juntaran.
-Serás la única-prometió-. La futura señora Grey.
-¿Unas cuantas horas de novios y ya quieres que sea tu esposa?-preguntó ella con timidez.
-Por supuesto-le dio en beso casto en sus delicados labios-. Cásate conmigo-ronroneó seductor.
-Primero conozca a mi padre, señor Grey-le susurró ella-. Debe pedir mi mano ante él.
-Sería buena idea pedirla esta misma noche-comentó Ted con una sonrisa traviesa en el rostro.
Katrina le dio un golpe en el pecho y se alejó de él para terminarse de cambiar.
-¿Y qué vestido usarás para la velada?-le preguntó él mientras terminaba de abrocharse la camisa y se anudaba una corbata gris plata.
-Un lindo vestido que tengo en casa-respondió ella y se acercó para despedirse de él.
Ted negó con la cabeza y se perdió en el enorme vestidor.
-Ted debo irme-dijo Katrina en voz alta-. Se hará tarde y nuestros padres se van a enojar.
El muchacho volvió con una prenda en sus manos. La extendió frente a Katrina y la chica lo miró sorprendida.
-¿Qué pretendes?-le preguntó a Ted.
-Usarás este vestido-repuso Ted sonriendo.
-¿De dónde lo sacaste?-se cruzó de brazos.
Ted dejó de sonreír y salió con el vestido acuestas. Katrina meneó la cabeza. "Aquí vamos de nuevo" pensó.
-¿Ahora qué pasa, Ted?-le preguntó un poco exasperada-. Cambias de ánimo de un momento a otro y comienza a fastidiarme eso.
Ted dejó el vestido en la cama y la miró.
-Lo compré para mi esposa-dijo herido-. De verdad quiero que lo seas. No ahora, por supuesto.-se encogió de hombros-. Estoy consciente de que es demasiado pronto. Que a mis padres les haya funcionado no quiere decir que a mí también me funcione una relación que llegue tan rápido al matrimonio-se le acercó y la miró con fijeza-. Si no quieres usarlo, no te preocupes.
Ted recogió el saco y se marchó. Katrina se quedó de pie, en medio de la habitación, pensando que hacer con aquel volátil ser humano.
Ted salió de la habitación y caminó hasta la sala. Se dejó caer en el sofá L de su sala y se pasó la mano por el cabello. Su móvil vibró en su bolsillo. El número del orfanato brilló en la pantalla, haciéndolo asustarse.
-Grey-respondió.
-Buenas noches, señor Grey-le saludó una mujer con voz amable-. ¿Interrumpo algo? Parece un poco sobresaltado.
-Bueno-se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro-, es que no es usual que me llamen del orfanato donde está Ian. Todo el mundo sabe lo mucho que me interesa ese pequeño y las ganas que tengo que aprueben la adopción. Entienda que estas llamadas de sorpresa me asustan.
-Descuide, señor Grey-respondió la mujer-. El motivo de mi llamada es que Ian está un poco inquieto. Dice que los viernes usted siempre viene por él para que pasen el fin de semana juntos. No había sido informada de esta buena nueva. Nadie se interesaba en Ian.
-Es un niño incomprendido-comentó Ted, sonriendo-. He logrado que sea un poco menos huraño y que se relacione mejor con los chicos de su edad.
-En eso tiene razón, señor Grey-admitió la trabajadora social-. Ahora, ¿lo espero para que venga a recoger a Ian?
-Sí-repuso de inmediato-. Déjeme resuelvo cierto asunto y en media hora estoy allá.
-Está bien, señor Grey. Lo espero aquí. Tranquilizaré a Ian un rato mientras usted llega.
-Póngalo al teléfono, por favor-pidió Ted-. No se va a calmar si no me escucha.
-De acuerdo.
La línea se quedó en silencio por un momento. Luego se escuchó la dulce voz de su pequeño amigo.
-Hola, Teddy-lo saludó-. ¿Vas a venir por mí?
-Hola, Ian-sonrió-. Por supuesto que sí. No te preocupes y tenme algo de paciencia que soy primerizo en este asunto. No me acostumbro a una responsabilidad tan grande como lo es ser padre.
-Lo estás haciendo bien-lo animó Ian.
-Gracias, pequeño. Te veo en un rato. Prepárate porque la vas a pasar muy bien esta noche. Ponte el traje elegante que te compre hace días. Será perfecto.
-Está bien, Teddy. Te quiero. Gracias por querer adoptarme.
-Yo también te quiero, Ian-le respondió-. Y yo te doy las gracias a ti por darme la oportunidad de ser tu nuevo papá.
Cerró la línea y observó embobado el móvil. Tenía grandes amores en su vida; su familia, Katrina, la música… pero Ian estaba en un nivel mucho más alto. Era un amor diferente. Un amor de un padre hacia su hijo.
-¿Ted?
Katrina apareció, interrumpiendo sus pensamientos. Teddy se volvió para mirarla y se sorprendió al verla usando el vestido.
-Katrina… -pasó saliva-. Te ves…
-¿Cómo?-sonrió.
-Te ves hermosa-le dijo y se le acercó.
Katrina tendió su mano a Teddy y él la hizo girar. Observó su delicioso trasero, tallado en forma con el vestido oscuro y el escote que mostraba ese delicioso camino que se hacía entre sus senos.
-¿Qué es lo que tanto miras?-le preguntó Katrina, esquivando su mirada.
-No creí que te fuera a quedar tan bien el vestido-repuso Ted.
-¿Me estás llamando gorda?-preguntó ofendida.
-Tienes un cuerpo perfecto-susurró tomándola por la cintura y atrayéndola hacia su cuerpo-. La mujer perfecta y es solo para mí.
-Cuente siempre con ello, señor Grey-lo besó en los labios.
-Debemos ir por Ian-dijo Ted, rompiendo el beso-. Olvidé que es viernes y que paso todos los fines de semana con él. Tendré que llevarlo a la cena.
-Vamos, entonces-lo haló.
Ted se echó a reír y contento y envolvió a su chica en sus brazos.
-Eres mi novia, ¿verdad?-le preguntó mientras bajaban por el ascensor.
-Tu novia, tu esposa, tu amante-respondió ella sonrojada-, la madre de tus hijos, la abuela de tus nietos, tu confidente… lo que quieras, Ted.
Ted la abrazó y le dio un beso en el cabello.
-Entonces vamos a enfrentar a nuestros padres-dijo en su oído y la sintió estremecerse.
-Como quieras, mi amado.
Salieron del ascensor y entre besos y risas se montaron en el convertible de Ted. El muchacho puso camino hacia el orfanato donde cuidaban de Ian.
-Espérame un momento aquí-salió del auto-. Traigo a Ian y nos vamos.
Ted entró y en la sala común del lugar encontró a Ian sentadito en un enorme sofá leyendo uno de sus libros. Se veía bastante lindo con los anteojos que usaba. Sus ojitos grises brillaban, reflejando la emoción que le producía la lectura.
Con cuidado se arrodilló frente al pequeño y lo saludó.
-Hola, Ian-tenía una sonrisa pintada en el rostro.
El pequeño levantó su cabeza y observó con alegría a Ted.
-Hola, Ted-lo saludó-. Creí que no ibas a venir.
-Jamás dudes de mi palabra-le advirtió Ted-. Cuando soy capaz de hacer algo lo hago y pongo todo mi esfuerzo en ello. Cuando las cosas no son posibles de realizar por mí, procuro no prometer que las voy a hacer.
-Está bien-se levantó y guardó su libro en su maleta.
Ted pudo observar que el niño siguió sus indicaciones. Un traje idéntico al suyo solo que en una escala menor, era el que llevaba puesto Ian. Se veía como un pequeño empresario.
-Estoy listo, Ted-Ian lo miró con los ojos muy abiertos.
-De acuerdo-cogió a Ian en sus brazos y se colgó el maletín del pequeño al hombro.
Lo llevó hasta el auto y lo metió en la parte trasera.
-Hola, Katrina-Ian saludó a la chica mientras Ted le apuntaba el cinturón de seguridad.
-Hola pequeño-le sonrió por el espejo retrovisor-. Te ves muy guapo con ese traje.
Katrina percibió la mirada furiosa que Ted le lanzaba y se echó a reír.
-Tiene cuatro años, Grey-le reprochó-. No tiene la culpa de ser un niño guapo y que su futuro padre tenga un buen gusto al escoger sus trajes.
-Gracias por eso, señorita Romanov-replicó Ted.
-¿Se van a casar?-preguntó Ian sin entender la palabras que se decían los muchachos.
Ted se montó al auto y buscó la mano de Katrina. Ella le devolvió el apretón que él le dio cuando la encontró.
-¿Le decimos?-preguntó ella mirando a su novio.
-Es lo justo, ¿no crees?-respondió él y se volteó para mirar a Ian-. Pequeño… las cosas entre Katrina y yo han cambiado un poco.
-¿Ya se casaron?-preguntó inocente.
Ted se echó a reír.
-Todavía no, pequeño Ian pero es muy posible que lo hagamos-respondió -se quejó cuando Katrina le dio un zape en la cabeza-¿Por qué me golpeas?
-Porque no es probable que nos casemos-replicó-. Nos vamos a casar, Theodore.
-De acuerdo, princesa-le dio una sonrisa burlona-. Solo no te enojes. No te ves tan bella como siempre.
Katrina sonrió y le dio un beso suave en los labios.
-Hora de irnos, señor Grey-le ordenó ella dándole una palmadita en la pierna.
-A la orden, capitana.
Puso el auto en marcha y lo guio hasta la casa de sus padres.
