¡Hola! Les debo una gran disculpa a todos, por mi retraso y por no haberles comunicado nada.
Lo cierto es que últimamente no he tenido mucho tiempo (ni ganas, para que mentir) de continuar este fic. Las razones, no las sé del todo bien, pero lo típico, para los que escriben tal vez les resulte más fácil comprenderme, para los que no, simplemente he pasado una mala racha, falta de inspiración. Con todo, lo siento por todo este retraso.
Tengo que decirles que, sin duda alguna, lo que me ha hecho seguir han sido vuestros reviews, llenos de ánimos! muchísimas gracias a todos los lectores de esta historia!!! Espero seguir escribiendo a partir de ahora, eso sí, no sé exactamente cuando publicaré de nuevo. De todos modos, asegurado que no tendrán que esperar tanto!
Un beso muy grande!
P.D. espero que la espera haya merecido la pena y que el capítulo no sea especialmente aburrido.
BiBiLuNa
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Capítulo 25. Hasta Mañana.
Finalmente se decidió por los pasteles de chocolate. Los cogió, aún medio indecisa, y los pagó a la señora del carrito de la comida.
Se sentó en el asiento que estaba al lado de la ventana, ya que el suyo había sido ocupado por Angelina en los últimos dos segundos.
No tenía ninguna intención de entablar conversación durante todo el trayecto, sólo esperaba poder dormir un poco, solo un poco.
Se dedicó a mirar el paisaje que pasaba a toda velocidad delante de sus ojos. El sol se reflejaba en la nieve que cubría la cima de las montañas y la cegaba. Hacía un gran día a pesar del invierno: los rayos de luz atravesaban el cristal de la ventana con más ímpetu de lo que Sam hubiera deseado; tenía calor.
Era una de aquellas mañanas deprimentes en las que todo brillaba, y aún así parecía extrañamente vacía, falta de emoción. Quedaban horas para que regresara a aquel castillo al que no veía desde hacía varias semanas, y no la recorría ni una pizca de emoción. En realidad nada tenía emoción, si tal vez cabía sentir algún sentimiento, aquél debía de ser la curiosidad.
Katie comenzó a hablar sobre su increíble y guapo primo, y las risas estridentes de sus amigas le destrozaron los tímpanos. ¿Nadie se daba cuenta de que, posiblemente, era la única alumna de Hogwarts que no se había dignado a sonreír desde que había subido al tren?
No, nadie se percataba de aquello. Por un lado, las clases se harían eternas e insoportables de nuevo.
Sam acarició un mechón de su pelo, distraída. Después de pensárselo durante unos minutos, le pidió prestado a Angelina su coletero. Se recogió el cabello en una cola alta, y sintió una leve brisa que se colaba por una rendija muy fina de la ventana en su cuello.
'Qué alivio' pensó, agradecida.
-¡Anda! –exclamó Alicia de repente. –Has encontrado tu pendiente ¿no?
Sam hizo el intento por verse el lóbulo de la oreja, pero al no conseguirlo, se lo palpó con un dedo, y la plata fría del pendiente invadió la yema de su dedo índice.
Al ver que todas la observaban, ella asintió enseguida.
-Sí…
-¿Dónde estaba? –preguntó Angelina, curiosa.
Odiaba la curiosidad de Angelina.
Apretó los labios.
-Debajo de mi cama. –repuso, y completó la frase con una exclamación algo exagerada: -¡Qué suerte haberlo encontrado!
A continuación dejó de ser el centro de las miradas y volvió a adoptar una expresión amargada.
Ojalá lo hubiera encontrado bajo la cama.
'Ojalá…' se repitió una y otra vez, cerrando los ojos cansada.
El recuerdo de los dos últimos días de vacaciones regresó a su memoria, como si de nuevo se repitiesen todos aquellos momentos, y sintió que se alejaba de su cuerpo, para entrar en el inmenso mundo de su pasado.
'Cuando salieron de los vestuarios hacía tanto frío que los labios de Sam se pusieron morados a los pocos minutos. Pero le daba igual¿a quién le habría importado ese pequeño detalle, si acababa de besar al chico que más quería? Su mente ya se hacía su propia historia, veía claramente la cara de Alicia al verlos juntos siempre, de la mano, abrazados, meses y meses sin que un solo problema pudiera nublar su amor.
Era tan feliz…Era como una niña pequeña a la que le acaban de regalar el mejor juguete del mundo entero.
Ni siquiera el suspiro más pesado podía arrebatarle ese sentimiento. Quería gritar y gritar de alegría, pero claro, no eran ni el momento ni la hora adecuadas; Hacía ya rato que había pasado la cena.
Oliver se pasó la mano por el pelo y ella sonrió para sus adentros. Se estaba acariciando el mismo pelo que hacía segundos ella había tocado.
Él se quedó mirándola sin decir nada, tan sólo se asomaba de vez en cuando a su rostro aquel brillo inimitable, indescriptible, que se cuela en todos los corazones alguna vez.
Sam respiró el olor a hierba intensamente, y cerró los ojos. Se sentía tan bien… No sabía cuánto iba a durar esa sensación de perfección, pero no quiso pensar hasta cuándo, sólo pensó: ahora es ahora.
Wood se quedó contemplándola, clavándole su mirada oscura. Sus ojos no parecían tener un fin, y ella tampoco quería encontrarlo. No quería que nada suyo terminase, deseó que cada detalle de él fuera eterno, y fuera para ella.
Sin pronunciar una palabra, el capitán se sentó en el césped y se entretuvo en arrancar unos pocos trozos de éste.
Sam lo imitó, pero ella se tumbó y se quedó mirando el cielo estrellado y la soledad de las gradas. El campo estaba absolutamente vacío, incluso daba un poco de miedo bajo la leve luz de la luna, que se escondía muy de vez en cuando entre las nubes.
¿Qué hora sería? Miró su muñeca, pero no se había traído el reloj. Dirigió la vista hacia Oliver y descubrió que él también miraba su muñeca desnuda.
-Habrá pasado media hora desde que cenamos, no te preocupes. –dijo en voz baja el joven. –aún es pronto.
Ella se perdió en su mente una vez más. Los párpados le pesaban, y le costaba no quedarse dormida. Pero trató de no perder la conciencia, porque no quería que acabara su inesperada cita.
Justo cuando pensaba que había conciliado el sueño, una mano le acarició algo torpemente la mejilla y la despertó. Su expresión era tan dulce… Y su rostro tan inocente.
-Oye, no te duermas…
Sam colocó su mano derecha sobre la suya, y Oliver se ruborizó un poco. Se acercó lentamente hasta encontrar su boca.
Hundió sus cálidos labios en los de ella y los llenó de besos. De nuevo sintió aquel sabor que no pertenecía a ningún perfume, sino a la pura fragancia que toda persona posee y que es indiscutiblemente única.
Luego se separó y la abrazó, tumbándose él también. Sam contaba los acompasados latidos de sus corazones.
Pasó un rato en el que ninguno de los dos habló, porque no era necesario.
La chica se dio cuenta que apenas habían mantenido una conversación sin pelearse, y eso le produjo cierta incomodidad. ¿Y si era imposible no discutir con Oliver Wood?
Intentó buscar algún tema que no resultara demasiado impactante, pero tampoco existía tanta confianza entre ellos, y tenía miedo de cometer un error.
De repente él intervino inesperadamente.
-¿Qué piensas hacer en navidades?
Las mejillas de Sam se sonrojaron sin avisar, y cuando se encontró con su mirada oscura experimentó una extremada vergüenza. Todo había vuelto a la normalidad y el paraíso se había esfumado.
-Supongo que iré a casa con mi familia. -A pesar de todo, su alrededor parecía más rosa de lo normal y eso la reconfortaba.-¿Y tú?
El capitán se encogió de hombros.
-A lo mejor nos vamos de viaje. A mis padres les hacía mucha ilusión y llevan planeándolo todo desde verano.
-Oh…-se preguntó a dónde iría Oliver, y se entristeció al pensar que las navidades serían largas sin su presencia. –parece divertido.
Wood alzó una ceja, burlón.
-Ni lo pienses. Es un aburrimiento aguantar a mis primos pequeños.
-No creas que eres el único que tiene que aguantar a su familia. –replicó sin poder evitarlo la castaña. –Yo no sólo tengo que soportar a mis primos, también a mis hermanos.
El chico volvió a encogerse de hombros.
-Qué mala suerte.
Sam frunció el entrecejo.
-¿Qué has dicho?
Él la miró, desganado.
-He dicho que tienes muy mala suerte. –se rozó la barbilla.-ser hijo único es lo mejor que existe¿sabes?
Sam seguía perforándolo con la mirada. Cruzó los brazos y decidió que, en cualquier caso, Oliver era el chico menos romántico que conocía.
Se imaginó de mayor presentándolo a su familia, y también visualizó a su madre riéndose de su descuidado novio.
Oliver se levantó y se desperezó y sacudió los restos de hierba de sus pantalones.
Sam sabía que ni siquiera eran novios. De repente el haberlo besado perdió parte de su mérito.
-¿No será mejor que nos vayamos ya? –dijo él pasado un tiempo, rompiendo el tenso silencio.
-Sí, claro. –repuso con voz amarga ella, que nunca confesaría que la idea de irse de allí se le clavaba en lo más profundo de su corazón.
Ella también se levantó del suelo y comprobó que su falda había sufrido las consecuencias de la humedad y ahora yacía medio mojada, medio seca.
Temblaba de frío.
Oliver la siguió unos segundos con la vista, y se quitó el chaleco color escarlata que llevaba puesto, colocándolo muy suavemente sobré los hombros de la joven.
Ella se sonrojó muchísimo.
-¿Por qué... Me das tu jersey? –preguntó, indecisa, y asustada ante tanta elegancia.
El tejido de la prenda era suave y confortable al acariciarlo.
Oliver, que ya había empezado a caminar en dirección a la salida, giró la cabeza hacia atrás y, fijando sus ojos en la oscura hierba, contestó:
-He pensado que podías tener frío. –alzó la mirada y recorrió a Sam de arriba abajo. –teniendo en cuenta que tienes los labios morados y no paras de tiritar.
Sam abrió mucho los ojos, con el viento, que hacía un rato había empezado a soplar, jugando con su pelo una y otra vez, sin que hubiera final aparente.
El chico siguió avanzando y ella pensó que ya no quedaba razón alguna para quedarse en aquel lugar, así que avanzó varias zancadas hasta que estuvo a pocas palmadas de su espalda. No se atrevió a aproximarse más.
Agarró el abrigo que seguía llevando sobre los hombros y lo apretó contra ella. ¿Eran detalles como esos los que regalaban los enamorados a sus enamoradas? No pudo evitar sentirse un poco princesa, aunque enseguida desechó aquellos ridículos pensamientos.
Avanzó en una pequeña carrera varios metros más adelante, tal vez para que Wood no descubriera que tenía los músculos medio paralizados, tal vez para entrar un poco en calor, no estaba muy segura.
El resto del camino hacia el castillo se le antojó algo largo, y, durante muchos días, durante muchas más noches, recordaría la silueta de aquel joven caminar delante de ella, sobre la fría nieve de diciembre.
Poco después, cuando llegaron a la puerta, se esmeraron en no hacerse oír, y pronto se mezclaron con la pequeña pero ruidosa multitud que subía a los dormitorios después, tal vez, de acabar deberes o de estudiar en la biblioteca después de la cena.
Sam suspiró en su interior, aliviada por no haber sido descubierta. Le pareció ver que Oliver también parecía algo más relajado.
Subieron las escaleras, esta vez uno al lado del otro, pero sin hacer notar el hecho de que iban juntos. Sam se planteó por primera vez hasta qué punto le importaría a Oliver lo que había pasado en los vestuarios.
Se detuvo al llegar al hueco del retrato que daba a la sala común, y sin más rodeos, miró al capitán con una mezcla de duda y de expectación. Wood también pareció dudar.
-Hasta mañana.
Dijo él con un tono más bien bajo, para que su voz no sonara por el desierto pasillo en el que se encontraban.
-Sí, adiós.
Oliver se metió la mano en el bolsillo de su pantalón, y ella pudo distinguir un leve brillo plateado en la yema de sus dedos. Abrió la boca, llena de sorpresa.
-Es tuyo, toma. –Wood se lo entregó, algo anonadado. –no me preguntes dónde lo encontré, fue en la última visita que hiciste a los dormitorios de los chicos.
Sam apretó los labios, en señal de abrumación, y decidió no añadir nada más que un 'gracias'.
Miró con vaguedad el hueco del retrato…¿No iba a haber ninguna clase de despedida?
Sin embargo, cuando giró la cabeza hacia Oliver, el chico ya no estaba.
Se adentró en la sala común y la recorrió con la vista, estaba vacía. Se dirigió hacia las habitaciones de las chicas, algo apesadumbrada, dándole vueltas a lo ocurrido una y otra vez, sin descanso. Lo cierto era que se sentía feliz a pesar de la seca despedida.
Cuando iba por la mitad, aproximadamente, de las escaleras, un brazo la retuvo.
Sam instintivamente contuvo la respiración, ya que había notado un curioso brinco en su interior. Se dio cuenta de que no habría sentido algo así si esa persona que la había agarrado no hubiera sido Oliver Wood. Se sonrojó por enésima vez y dejó caer su cabeza sobre el pecho del joven. Que la había atraído hacia así, algo confundida, demasiado cansada ya, pero inmensamente agradecida de poder tener su calor por última vez en la noche.
Sintió unos deseos terribles de dar las gracias, pero si las daba iba a arruinar la imagen de chica dura que tanto le había costado conseguir. ¿Por qué de pronto le importaba tanto eso?
Pero no todo sucedía como esperaba.
-Gracias por lo que has hecho por mí.
No había sido ella quién había intervenido. Sam alzó la vista, sorprendida.
La besó en la frente, y Sam pensó que era el beso más dulce que le habían dado en su vida, y extrañamente fue más satisfactorio que si hubiera sido en los labios.
Oliver se separó de ella y se alejó, como si nada hubiera pasado.
Sam desvió la vista hacia el suelo, mientras los acompasados pasos del chico iban despertando el sueño de los numerosos escalones de la escalera.
-Sam ¡Despierta! –dijo una voz, que se escuchó estridente en sus oídos.
El sueño empezó a disiparse de su mente.
Abrió un ojo y se encontró a Lizzie de frente, sacudiéndola bruscamente por los hombros.
Abrió el otro ojo también y luego se frotó la cara, adormilada.
-¿Lizzie? Oh, hola. ¿Qué hora es?
-Ponte el uniforme, vamos a llegar dentro de poco.
Sam se sorprendió un poco, habría jurado que no había dormido tanto tiempo.
-¿Dónde estoy?
Quiso saber, ya que no veía a las cazadoras por ninguna parte.
La rubia la miró con una expresión maternal mezclada con ternura, y Sam se sobrecogió al ver su iluminadora mirada sobre la suya.
-No te preocupes. –se abrochó los botones de su capa. –tus amigas me han pedido que te despertara cuando quedara poco tiempo para que llegáramos a Hogwarts.
-¿Y dónde han ido ellas?
De repente se sintió en una desagradable situación de abandono.
-Al compartimento del equipo de griffindor. –se sentó a su lado. –les daba pena despertarte.
La castaña suspiró, apesadumbrada, mientras el paisaje, en la ventana, se oscurecía más y más a cada minuto que transcurría.
Finalmente se encogió de hombros, resignada, y fijó la vista en dónde debía estar la bolsa con su uniforme.
-¿Has visto una bolsa por aquí? –preguntó a su amiga. –Es verde y juraría que tendría que estar… -miró hacia un punto perdido en el aire y lo señaló, a su lado. –justo aquí.
-Lo siento, no la he visto, cuando llegué ya no había ninguna mochila. –negó la rubia.
Sam maldijo por lo bajo y soltó un sonoro bostezo.
Volvía a tener hambre, así que rebuscó en su bolsillo hasta encontrar el chocolate que le había sobrado. Se introdujo una pequeña onza en la boca y, acto seguido, le dijo a Lizzie:
-Voy a ver si mis amigas se la llevaron sin darse cuenta.
Abrió la puerta del compartimento y se detuvo a esperar la respuesta de Lizzie.
-Vale, yo espero aquí, si no te importa.
Sam se quedó perpleja, pero asintió lentamente con la cabeza.
Lizzie había cobrado un aspecto pálido de repente.
-¿De verdad que quieres quedarte aquí sola? –insistió, extrañada.
-Sí, no pasa nada. De todos modos me duele un poco la cabeza.
Sam volvió a asentir, y al salir cerró la puerta, contemplando la figura de la joven, que yacía sentada y, por lo que parecía, inmóvil.
Sabía que ir al compartimento implicaba ver a Oliver Wood, pero no le quedaba más remedio si quería ponerse el uniforme a tiempo.
Deslizó levemente la puerta hacia dentro cuando entró, silenciosa, y aunque todos la miraron, curiosos, podría haber llamado más la atención.
Los gemelos Weasley la saludaron, sonrientes, y la chica comprobó que Alex también se encontraba allí.
Por una parte la asaltó el sentimiento alegre de ver a sus amigos, y por otra, se sintió desgraciada al contemplar una vez más a su amado Oliver Wood y sentir cómo su alma se caía a pedazos de eterna debilidad.
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¿Qué pasará cuando Sam vea a Oliver¿Hubo alguna despedida especial antes de que se fueran de vacaciones de Navidad¿Qué será lo próximo para Alex¿Y para todos los demás? Respuestas en el próximo capítulo!!
R E V I E W S )
185 rr y actualización!! -màs o menos creo que coincidirá-
Gracias!!!!!!!!!!!!!!!!
