Hola ¡hola mis queridas seguidoras! Espero con los otros fics haberles subido el ánimo ¡tengan ustedes!¡otro capi!

Ya llegando al final, 2 capis y un epílogo ¡que estoy ansiosa por escribir!

Gracias: tsukimeprincess, liluz de géminis, princessvirgo y pandys444 ¡por haber sido constantes y haberme acompañado hasta acá! A los anónimos ¡igual gracias!

Espero seguirlos viendo a todos en el resto de mis proyectos saint seya.

¡Déjenme saber su parecer!¡con un buen REVIEW!

Saint seya, es propiedad de Masami Kurumada,yo solo, les regalo capítulos que mezclen todas las emociones humanas.

Camus, el hombre que se prometió olvidar su corazón.

La lluvia volvía a caer, después de haber mostrado el arco iris, Camus y Milo, se tomaban de las manos, en ese momento, Mu tenía abrazado al francés, quien, todavía seguía llorando, repentinamente, le hizo ademanes al lemuriano para que lo soltara, este lo hizo confundido.

-tengo que hacer una promesa. Dijo, Shaka lo miró.

-Camus. Dijo, pero el francés negó –los sentimientos no sirven mas que para darte problemas. Dijo sin mirar a nadie en particular.

-no digas eso Muss. Dijo Milo, Camus lo taladró con la mirada.

-Muss acaba de morir, caballero, a partir de ahora, soy Camus de Acuario, el que se promete, no volver a sentir nada, por nadie mas. Aldebarán se adelantó.

-no puedes borrar el cariño que nos tienes, que le has tenido a todos los que has amado. Camus asintió.

-es verdad caballero, pero puedo borrar la calidez y enterrar estos malditos sentimientos dentro de mi, ellos solo te hacen sufrir y padecer. Aioria rugió:

- ¡no es cierto! Camus lo miró con la mirada fría, Aioria retrocedió –lo es, mas de lo que crees, los sentimientos te hacen débil. Shura negó.

-solo lo hacen en la hora del combate, no cuando deben ser exteriorizados, Camus, así no quieras, la gente siempre encontrará un punto para lastimarte. Camus lo miró.

-no les daré la oportunidad mas nunca, iré un tiempo a Rosan y luego, iré a Siberia. Todo mundo comenzó a discutir.

-no se hable mas caballeros, buenas noches. Camus comenzó a alejarse, Milo detrás de el.

- ¡Muss!¡espera! exclamó, Camus se dio la vuelta y lo miró con sus ojos fríos.

-no vuelvas a decirme Muss, jamás. Dijo y acto seguido se fue del cementerio, Mu lo miró.

-Camus, esa no es la solución, vivirás con ese dolor, la tristeza pasará, pero el dolor de la pérdida quedará, no debes cerrarte, negarte a amar es como negarte a respirar. Aioria apretaba sus puños con impotencia.

- ¡maldición! Aldebarán, miraba todo con tristeza –pobre Muss. Shaka negó.

-el mismo ha dicho que Muss ha muerto y quizás sea mejor así. Todo mundo lo miró incrédulo.

-piénsenlo, si nos alejamos de las emociones banales y de los sentimientos, podremos hacer mejor nuestro deber como santos. Mu negó.

-no, porque si nos alejamos de las emociones, nos alejaremos de la piedad, de la compasión, de la solidaridad, de la capacidad de asombro y del ideal de justicia, ya no seremos defensores de nobles ideales, sinó máquinas asesinas y yo me niego. Shaka miró a Mu.

-no han servido de nada, Honey está muerta, Antoin está muerto y todos estamos destrozados, debemos colocarnos mas allá de esto, para que no vuelva a tocarnos la desgracia ni las emociones que nos hacen dudar. Shaka se alejó, Shura cerró los ojos.

-quizás, tenga razón. Mu y Aldebarán negaron.

-no la tiene, es bueno suprimirlos en el combate, pero no en el resto de las actividades, como seres con raciocinio, nuestro es el derecho de pensar y sentir, simplemente se omiten los sentimientos en la batalla que puedan nublar nuestro juicio y dar ventaja al enemigo, aunque, si atraparan a alguien que amáramos, lo salvaríamos con toda la frialdad posible, así luego, estalláramos de dolor, yo no pienso perder eso. Aioria miró a Mu.

- ¿Qué harás? Preguntó –regresaré al Tíbet, hasta luego chicos. Dijo mientras se alejaba del cementerio, Milo suspiró –yo no pienso dejar de sentir. Agregó en el silencio dejado por Mu, Aldebarán miró a los demás.

-bueno, andando, vámonos. Dijo, los demás asintieron y regresaron al santuario sin saber, que ya la fuerte orden dorada se había convertido en 10 pequeñas islas.

Camus llegó a Rosan –vengo a entrenar con usted, maestro Dohko. El anciano lo miró –no hay nada que yo pueda enseñarte joven Camus. El aludido asintió.

-a tener paz interior y a refugiarme en mi. El anciano maestro suspiró.

-si ese es tu deseo. Dijo mientras miraba al joven –aunque se que no deberías hacerlo. Camus miró con insolencia a Dohko.

-no tiene derecho a juzgarme. Dijo –no lo hago, pero recuerda que he vivido mucho tiempo mas que tu, y he visto a guerreros perderse por dejar a un lado una parte importante de ellos como son sus emociones, fuera del campo de batalla. Camus no asintió ni negó nada, solo se invistió con la ropa de entrenamiento y se sentó al frente del anciano maestro esperando, Mu regresó a Jamir, cuando lo hizo, vio a las marinas que tristemente miraban las armaduras rotas y dañadas, miró una flauta transversa.

-ten Sorrento. Le dijo al pequeño que alzó la cabeza para mirarlo.

-es tuya, no lo olvides. El pequeño asintió –Izaack, te pido que me ayudes a llevar las armaduras a mi taller, tengo trabajo que hacer. El joven asintió, ayudó a Mu a llevar las armaduras y luego, lo dejó trabajar solo, Mu restauró las 6 armaduras, cuando se dio la vuelta, Kanon lo observaba desde la pared cercana a la puerta.

-muchas gracias Mu. Dijo el menor de los gemelos Géminis, Mu asintió.

-es un placer poder ayudarte Kanon. El mayor asintió –te debo tanto. Mu le regaló una de sus sonrisas.

-no es nada, es lo que hace un amigo por otro. Kanon cerró los ojos, al tiempo que una lágrima caía por su mejilla, Mu se acercó a el.

-llevas demasiada presión en este momento. El menor de los Géminis asintió.

-puede ser. Dijo con gravedad, Mu sonrió, traía un servicio de te.

-tómalo, acompáñame mientras hago unas cosas mas. Kanon asintió y se quedó con Mu.

15 días después, Camus regresó a su casa del santuario, con parsimonia, comenzó a despojar a la sala de las fotos familiares de los 4 Bleu, de las de sus padres, de las de toda la orden, de las de las vacaciones, sus fotos con cada uno de los miembros de la orden dorada, las guardó todas en una caja y cuando las iba a bajar al sótano, al lado de la cámara helada, miró una foto de Milo, Antoin y el, tomada el día en el que ganaron sus armaduras y escama, miró otra de los 3 con trajes de entrenamiento, otra con los disfraces de los rangers y otra, de su navidad en Suiza, con un suspiro, separó esas fotos, 2 donde salían todos, una en el crucero y otra en Suiza y la de los 4 Bleu tomada un día en Lyon, una que incluía a las marinas, las fotos elegidas, fueron a parar a su maleta, las demás, las selló en la caja y las guardó en el sótano, dejó las pinturas y en el lugar de las fotos, puso otras piezas de arte, porque no, el arte no reflejaba nada de sus sentimientos, solo sus gustos.

-vaya, entonces si es verdad eso. Dijo una voz a sus espaldas, Camus se dio la vuelta.

-buenas tardes Milo. Dijo, Milo torció el gesto.

-un hola Mil, no vendría mal. Dijo el aludido –buenas tardes. Repitió Camus.

-si, ya entendí que quieres mantener a raya tus sentimientos, pero eso, no funcionará conmigo Michel. Camus no sonrió ni nada –me alegro Ricardo, déjame en paz, tengo prisa. Milo se armó de valor.

-yo también estoy destrozado por dentro ¿de acuerdo? Perdí una hermana y a un amigo que igual era como mi hermano. Camus asintió –no cuestiono tu método, tu, no cuestiones el mío. Milo abrió mucho los ojos.

-no lo cuestiono, mas que te quieras volver un témpano. Camus endureció el gesto.

-ese es mi problema. Milo asintió.

-si, claro que es tu problema, mi problema es perder a mi alegre amigo, no has sido el único que ha tenido pérdidas, si, perdiste a tu mamá y a tu hermano, yo perdí a mi hermana, pero eso no te da derecho a encerrarte. Camus apretó los puños.

-soy libre dedecidir hacer de mi lo que me venga en gana. Milo asintió –que triste que con tu gemelo, te hayas muerto tu también. Se alejó.

-no digo ni que no lo llores, ni que no te duela, pero nada vas a ganar volviéndote de hielo pues, siempre habrá algo que logre tocar tu corazón y si no, recuérdalo a el. Milo se alejó, dejando a Camus pensando en sus palabras, hizo un gesto negativo y siguió arreglando sus cosas, para irse a Siberia nuevamente, para no regresar en mucho tiempo.