¡Hola! A que no pensaron que no iba a cumplirles lo que les dije ¡humanos de poca fe!

Pero bueno, este capítulo debo decir que fue muy fácil de escribir, aunque varias cosas se me ocurrieron sobre la marcha.

DISCLAIMER (Veo que todos lo hacen)

Todos los derechos reservados a la franquicia, sin fines de lucro.


Capítulo 24

"Sip, ahora los dos te odiamos ¡y la única manera de que te reivindiques es que tengamos una batalla!"

El entrenador se hallaba parado ante las puertas doradas de la habitación.

—¿Dónde está Fantina?

—¡Por lo que al fin nos encontramos,retador!—exclamó la líder.

Estaba flotando, sentada encima de un gran cojín. Una luz fantasmagórica la envolvía al tiempo que descendía para encontrarse con Gustavo.

—Te felicito por haber llegado tan lejos en tan poco tiempo—le dijo—como sabes, yo me encargo del Gimnasio de Ciudad Corazonada, por lo que para los que quieren una medalla, yo soy la rival a vencer ¿estás de acuerdo?

Gus asintió.

—¡Magnífico!—continuó la mujer—comencemos nuestra batalla cuanto antes.

Fantina aplaudió con sus manos enguantadas y el palco justo debajo de donde ella había estado, cubierto con gruesos cortinajes de terciopelo, quedó descubierto revelando una multitud monumental de pokémon fantasma. Desde pequeños Misdreavus y Gastly hasta enormes Dusknoir con manos grandes y un solo ojo, los espectros saludaron a la mujer, sonriendo e hicieron aparecer un instrumento para cada uno. Al parecer, la líder tenía su propia orquesta.

—Por esto es que me levanto temprano—susurró Nate.

Una vez el árbitro, un hombre alto y de piel pálida, dictara las reglas básicas del combate Fantina tomó dos pokébolas. El ganador sería el que derrotara a dos pokémon primero. La música comenzó a sonar.

—¡Tú puedes!—le gritó Andrés a su amigo.

Gus liberó a Blaze y Penélope, ordenándole a la segunda usar tóxico en el recién liberado Mismagius de Fantina. El pokémon mágico tan solo dio una voltereta y se puso detrás del Gengar que lo acompañaba, usándolo a él como escudo. Gengar absorbió el movimiento y sonrió como es característico de su especie, le ofreció la mano a Mismagius y comenzaron a levitar.

Atacar a un blanco en el cielo era difícil, Blaze lo sabía, pero de todas formas obedeció a su entrenador cuando le ordenó saltar. Mas no contaba con que Penélope subiría a su espalda y sorprendería a sus oponentes con Vendetta.

¡Pero eso no iba a pasar! Los fantasmas desaparecieron y se reformaron debajo de la mofeta, lanzándole ambos una bola sombra. Blaze atacó a la sombra con rueda de fuego en respuesta, pero fue rápidamente neutralizado por la psicoonda de Mismagius: la mágica se había percatado de las intenciones de su oponente y lo impactó antes de que pudiera efectuar su ataque.

Por su parte, los ojos de Gengar brillaron en rojo mientras miraba a Penélope. La mofeta no pudo pensar mucho, de hecho no pudo pensar nada y cayó dormida sobre el reluciente piso, el pokémon sombra agrandó su sonrisa y miró entonces a Blaze: si bien el Monferno estaba muy ocupado tratando de contraatacar las psicoondas de su enemigo, sí que pudo notar el par de ojos apuntando en su misma dirección. Lo que no pudo hacer fue responder cuando sus oponentes cambiaron de posición y Gengar apareció justo frente a él, levantando su mano y envolviendo a Blaze en energía psíquica, para arrojarlo hacia el techo.

La sombra entonces volvió con su compañera, quien lo recibió con un pequeño beso en la frente. Penélope no había despertado todavía, por lo que la mágica hizo brillar sus perlas en luz blanca, liberando un poderoso brillo mágico.

Blaze cayó sobre ellos, envuelto en rueda de fuego, cosa que sorprendió a la pareja de fantasmas. El golpe fue lo suficientemente fuerte para despertar a Penélope, quien de inmediato atacó con Vendetta. La pareja de tipo fantasma se encontraba visiblemente lastimada, pero alcanzaron a reunir suficiente fuerza como para liberar ambos un brillo mágico, fulminando a ambos oponentes. Gus había perdido, oficialmente, la batalla.

—Mierda—murmuró Andrés, al tiempo que se levantaba de su asiento y entraba al elevador.

Cuando bajó, encontró a Gus rodeado de sus anteriores oponentes, felicitándolos tanto a él como a la líder, agradeciendo a Fantina por la oportunidad de combatir contra ella y prometiéndole una revancha pronto.

—¿Cómo llegaron hasta aquí tan rápido?—preguntó el chico.

—Las escaleras—le respondió Sam, señalando detrás de ella.

Los adolescentes tomaron el elevador hacia la entrada del edificio, luego de que el menor se deshiciera de Clauss. La lluvia había cesado hace ya buen tiempo, por lo que la sombrilla de Andrés estaba cerrada, las calles olían a asfalto mojado.

Poco después de salir, pararon en una heladería: Gus estaba sentado en una silla de metal frente a una mesa de metal mirando un cartel con el dibujo de varios Vanillite, Vanillish y Vanilluxe , pintados de muchos colores ¿Era necesario promover la mercancía de esa manera? Ver ese anuncio le hacía pensar que ese lugar vendía Vanilluxe, Vanillish y Vanillite para consumo humano. Y eso, para cualquier Pokémon Ranger, o incluso cualquier humano común y corriente, era una aberración.

—¡Ya vine!—llamó Andrés desde detrás de él.

El menor había insistido en ir a aquella heladería apenas la vio abierta, poco después de haber salido del gimnasio y Gus conocía a su amigo lo suficiente como para saber que era muy serio cuando se trataba de dulces, así que aceptó a regañadientes. De todas formas ya era tarde para entrenar.

—Te traje algo—dijo el coordinador, acercándole una copa de helado cubierto de chocolate.

—¿Disculpa?

—Compré uno para ti—continuó Andrés—come.

—No tengo hambre ahora, gracias.

—¡No le puedes decir no a un helado!

—Sí que puedo.

—¡Anda! Comer helado siempre me ayuda a sentirme mejor—insistió el coordinador.

Así que eso era ¡Andrés trataba de consolarlo! El mayor reprimió una sonrisa.

—Estoy bien, en serio

—No puedes estar bien luego de haber perdido así.

—Claro que sí ¿acaso tú no estuviste bien cuando perdiste contra esa chica?

—Me tomó un rato—admitió el chico.

—Estoy bien ¡en serio!

Andrés infló las mejillas y resopló.

—Eres inayudable—concluyó, al tiempo que le daba una cucharada a su propio helado.

...

El día siguiente Gus se pasó toda la mañana con Andrés en la arena del Centro Pokémon, tratando de afinar tanto su trabajo en equipo como las relaciones interpersonales de su equipo.

—¡Ahora, Nap!—indicó el coordinador.

Ante aquella orden, el Prinplup exhaló una oleada de burbujas azules hacia Shark, quien si bien pudo pararlas con bucle arena, no vio venir el baile de pétalos de Celes cuando esta cayó sobre él. Rayo burbuja había encubierto el verdadero ataque.

—Los pokémon de Fantina no se quedaban quietos por mucho tiempo—decía el chico—cada ataque venía acompañado de otro.

El entrenador ordenó entonces a Blaze quitar a la flor de encima del tipo dragón, cosa que hizo con rueda de fuego. El movimiento acertó en el blanco y empujó lejos a la Cherrim, mas Shark no se lo tomó muy bien, y se lanzó en contra del Monferno.

Habían visto esa situación ya bastantes veces aquel día como para no entender lo que estaba pasando: el Gible era un orgulloso, no toleraba que alguien más le ofreciera ayuda, por lo que, aún si lo estaban salvando, se lo tomaba como un insulto y atacaba. Otro rayo burbuja tomó a la pareja desprevenida, lanzándolos con fuerza contra la pared.

Blaze quedó automáticamente derrotado, pero Shark se levantó y, cojeando, atacó con derribo a sus dos oponentes, quienes esquivaron sin mayor problema. El terrascualo comenzó a perseguirlos, levantando montones de tierra por donde pasaba, hasta que Celes lanzó una hoja mágica a sus piernas, haciéndolo tropezar y caer de cara contra el suelo.

—Un poco radical para mi gusto—comentó Andrés, mientras regresaba a sus pokémon a sus esferas.

—Necesitamos trabajar en eso—coincidió el mayor—¿tienes alguna idea?

—Tengo algo parecido...

Era más de medio día cuando llegaron a la entrada de la cueva. El lugar seguía sintiéndose frío y oliendo a humedad, Andrés había propuesto que entrenar en un lugar en el que Gible se sintiera cómodo, podría ayudarle a escuchar a su entrenador.

—Bucle arena—ordenó el entrenador.

El tornado que el terrascualo generó se volvió tan poderoso que absorbió tanto el rayo burbuja de Nap como a Nap. El Prinplup terminó sucio, mareado y como un perfecto blanco para una furia dragón. Gible estaba en su elemento.

La siguiente batalla fue contra Celes, quien contrarrestó el bucle con baile de pétalos, esquivó la furia dragón y golpeó con hoja mágica a Shark cuando intentó derribarla. El terrascualo volvió a levantarse con una obvia expresión de ira en la cara, pero de hecho paró cuando Gustavo le habló.

—¡No vas a lograr nada así!—le reprendió—si no trabajamos juntos ninguno de los dos va a llegar a nada.

El pokémon le dedicó una mirada de disgusto a su entrenador, cuando escuchó a Andrés burlarse.

—¡Da lo mismo!—dijo, sonriente— con un pokémon tan débil como ese no llegarás más lejos de lo que has llegado ¿así que por qué no lo liberas y comenzamos de nuevo? Conozco un lugar donde puedes encontrar lindos Clefairy—terminó para guiñarle un ojo a su desconcertado amigo, en un intento de decirle "confía en mí".

La visión de Shark estaba borrosa, al tiempo que sentía un extraño líquido caer por sus mejillas, sus mandíbulas estaban abiertas y sus garras y colmillos estaban listos para hacer que aquel presumido humano se tragara sus palabras, por lo que, aún con los constantes recordatorios de su entrenador de mantener la calma, se lanzó al ataque hacia esa flor morada.

Celes reaccionó rápidamente, retrodeciendo cuando el terrascualo se acercaba a ella, haciendo piruetas y dando pequeños saltos acercándose a las paredes contra las cuales su oponente siempre chocaba. Shark entonces procedió a lanzar todos los bucles arena que pudiera, sólo para que cada uno fuera cancelado con un baile de pétalos, hasta que el mismo dragón quedó encerrado en una prisión rosada. Celes entonces lanzó hoja mágica, derribandolo finalmente.

Gus se apresuró a recoger a su Gible, que no paraba de llorar.

—Ya, ya—le dijo—estarás mejor pronto—añadió, pidiéndole una poción a Andrés quien la sacó de su mochila y se la lanzó.

Viendo que su amigo necesitaba espacio, el coordinador se ocupó de atender a su propio pokémon, quien apenas podía mantenerse en sus dos patas y balanceaba su gran cabeza morada de un lado a otro.

—No puedo dejarla cinco minutos ¿eh, señorita?—le dijo, divertido.

Gus y Shark se quedaron solos, una vez hubo curado al dragón, se acostó en el suelo.

—No lo dijo en serio, sabes.

Un gruñido fue su única respuesta.

—Quería tentarte. Hacerte enojar.

El gruñido se volvió interrogante.

—No era nada personal, quería que vieras que no puedes dejarte llevar por tu ira.

Shark se quedó callado.

—Nada de eso era en serio, o bueno, casi nada—el entrenador se sentó con las piernas cruzadas—no te gusta que te vean débil ¿verdad?—Gible asintió—pues ¿te digo un secreto? ¡Nadie aquí lo hace!

El pokémon lo miró con gesto sorprendido.

—Crees que eres un pokémon débil, pero la realidad es todo lo contrario ¿no recuerdas cuando peleamos contra Oka? ¡La asustamos mucho!—la mirada de Shark se iluminó

—Lo que sí era en serio—continuó el entrenador—es que no llegaremos más lejos si me desobedeces cada vez que te enojas. Yo soy tu entrenador y es mi deber ayudarte a volverte más fuerte ¿pero cómo voy a hacerlo si tú no me dejas?—la cabeza del pokémon rozaba el suelo.

—Ven acá—le dijo, al darle un abrazo. Las escamas del terrascualo eran bastante incómodas al tacto, pero un buen entrenador no dejaría que eso le impidiera confortar a sus pokémon.

...

Andrés comía una baya de su mochila, ya se le iban a acabar. Pensó en gastar las últimas que tenía haciendo Poffins, Clauss le había contado de un lugar en donde podían enseñarle cómo.

—¿Y entonces qué opinas?—le dijo a Celes—yo mi inclino más por la baya Ango ¡sabe tan bien en helado! ¿Qué hay de ti?—la flor se adentró en la mochila del coordinador y sacó una baya pequeña y azul.

—Aranja ¿uh? Nada mal, nada mal: tienes un buen gusto, sabes.

La charla fue interrumpida por Gus saliendo de la cueva, con Shark en brazos. Estaban sonriendo.

—¿Salió todo bien?—preguntó el menor, sarcásticamente.

—Sip, ahora los dos te odiamos ¡y la única manera de que te reivindiques es que tengamos una batalla!—respondió el entrenador. Andrés sonrió.

—Tendrán que pedírselo a la dama a mi lado.

Todos miraron a Celes quien, sonrojada, asintió por lo que volvieron a la cueva.

El primer movimiento lo tuvo el entrenador, quien no tardó en ordenarle a Shark usar tormenta de arena. Celes no podría ver tan bien ahora. La Cherrim contraatacó llenando el ambiente de hojas mágicas que se seguían las unas a las otras a su alrededor, en una suerte de barrera. Shark apuntó y lanzó furia dragón, que la tipo planta esquivó con una voltereta, para después contraatacar con hoja mágica.

Shark carbonizó el ataque con una segunda furia dragón, pero cayó víctima de Celes cuando esta redirigió todas las hojas que la rodeaban hacia él, al tiempo que lanzaba un ataque de drenadoras sobre él. El terrascualo sintió cómo su energía le era arrebatada poco a poco, pero aprovechó que su oponente había bajado la guardia y la impactó con un poderoso derribo.

Celes tuvo poco que hacer ante la fuerza bruta del terrascualo e, incluso con la curación que tenía, quedó gravemente lastimada.

Ambos pokémon mostraban señas notables de fatiga, mas ningún entrenador iba a acabar hasta que el pokémon del otro se desmayara, así que Gus ordenó a Shark atacar con otro bucle arena, y Andrés ordenó a Celes atacar con baile de pétalos. Los movimientos chocaron volvieron a cancerlarse, con una sonora explosión de por medio. El tiempo en la sala se había detenido por un milisegundo, y no fue hasta que el terrascualo apareció desde el otro lado de la nube de polvo, que regresó.

El cuerpo del dragón comenzó a brillar cuando golpeó por primera vez a la tipo planta. Entonces la luz absorbió cada parte de él y su cuerpo comenzó a cambiar: su figura se alargó y se volvió más delgada, sus brazos y sus piernas se desarrollaron y su cabeza redujo drásticamente de tamaño, cuando la luz se apagó, el nuevo Gabite de Gustavo atinó el golpe de gracia a su oponente. Luego de eso, cayó al suelo.

...

Ya entrada la noche, los adolescentes dormían en el Centro Pokémon. Al final nadie ganó la batalla, al menos no bajo la definición tradicional de "ganar": ambos pokémon habían caído derrotados prácticamente al mismo tiempo (aunque el mismo Andrés hubiese admitido su propia derrota). Los equipos de ambos se encontraban con la enfermera Joy, descansando. Andrés había orquestado toda una estrategia para que Gus y Shark pudieran entenderse, el entrenador estaba agradecido por eso.

En definitiva le compraría otro helado.


Notas finales: ¿Y bien? ¿Cómo estuvo? ¿Sorprendidos de ver a Gustavo perder en cámara? ¡No podía ponérsela tan fácil! (Aunque tal vez ese haya sido un movimiento algo predecible, oh bien, ustedes tendrán que decírmelo).

¿Les gustó este capítulo? Me encantaría saber lo que piensan hasta ahora. Es difícil escribir cosas si no sabes muy bien lo que piensa tu público.

Como sea ¡Hasta luego!