Beyond of Times
by
Aline S.V
Disclaimer: Todos los personajes de la serie Inuyasha son de propiedad de la reina del manga, Rumiko Takahashi.
Capítulo XXV: Mother-in-law and plans
Mi suegra era una mujer de rostro severo, diferente al rostro de mi suegra espiritual, Izayoi. La segunda madre de Inuyasha, tenía la mandíbula firma, unos ojos verdes intensos y la piel blanca rosácea. Al momento de presentarnos, casi me dio un ataque cardiaco por la cantidad de preguntas que me hizo y las sugerencias, casi imposiciones, que me dio con respecto a Inuyasha. Sentí, incluso, que ella estaba intentando demostrar que era más que yo con respecto a él.
No, era así.
Pasando por el hecho de que me mirara meticulosamente mientras su marido intentaba hacerla distender, pasó por decir un par de comentarios que no podría catalogar de ofensivos, pero ciertamente habían sonado despectivos, con respecto a mi tamaño y a mi contextura.
―Deja de hacer eso, mamá―rogó Inuyasha, avergonzado por la actitud que ella había tomado conmigo.
―Tengo todo el derecho de analizar a la niña que a mi hijo le dio por traer como novia―Inuyasha se enojó por aquello, pero más le molestó que parloteara, no, casi me matara a información que yo sabía de antemano, como su gusto por la comida japonesa en vez de la canadiense y su repudio absoluto por todo aquello que tuviera que ver con el curri.
―Discúlpala―me dijo el nuevo padre de Inuyasha―desde que comenzó la adolescencia de Caleb, siempre ensayaba el cómo abordar a una futura novia.
Reí.
Inuyasha, en cambio, gruñó.
―Agradecería que ese tipo de actitud la dejara de lado, mamá―bufó con los brazos cruzados.
― ¡Calla, jovencito! ―exclamó melodramáticamente―he esperado años para hacer el papel de la suegra mala, no me lo arruines.
―Dios santo―gruñó.
―Es tu culpa por hacerme aguantar por tanto años―dijo con los brazos puestos en jarra. La situación era graciosa y descabellada, ¿cómo una madre quiere hacer sentir a su nuera mal, sólo por diversión? ― yo esperaba que tu primera novia fuera a los catorce, con la juventud de hoy en día, todos andan tan apresurados. Pero claro, tú siempre tomándotelo con calma y yo teniendo que escuchar a mis amigas hablar de lo solicitados que son sus hijos con las chicas. Dios…
―Elinor―advirtió mi suegro.
―Pero bien―suspiró al fin mientras su aspecto severo se distendía―bienvenida a la familia, Kagome.
―Gracias, señora Kimura―ella sonrió ante mi holgada respuesta.
―Bien, pasemos a la mesa, quiero que me cuentes toda tu vida, querida―señaló el comedor y, con un gesto deferente, me hizo pasar primero.
Debía admitir que tenía ganas de descuartizar a Elinor Kimura cuando empezó a tratarme como una basura física frente a mi novio humano, híbrido de demonio en el interior. Pensé, por un segundo, que quizás él terminaría tirando la idea de quedarse en la casa de sus padres hasta las siete por la borda, pero no lo hizo. Por extraño que parezca, Inuyasha también ha adquirido una paciencia de oro. Ni yo misma entiendo cómo es que aguantó tanto no decirme que era él.
No, olvídenlo, ese punto ya está aclarado. Sigue siendo igual de tonto con algunas reacciones. Pero es eso lo que me sigue enamorando de él.
Los padres humanos de Caleb son increíbles, el señor Kimura trabaja como contador en el banco desde principios de año y le ha tocado tomar casos difíciles de abordar, inclusive desahuciar a personas por la falta de pago a las cuotas de los créditos. No sé cómo lo hace para mantenerse impertérrito con eso, creo que yo hubiera terminado por ceder y le estaría dando todas las opciones legales a la persona desdichada frente a mí. La señora Kimura, en cambio, trabajaba en la orquesta de la ciudad, su especialidad es el violonchelo. Ambos se conocieron en un recital, de hecho, cuando ella hizo un solo, el padre de Caleb estaba en primera fila. Fue la primera vez que cruzaron miradas.
Parecía un cuento de hadas.
―No lo es―dijo Inuyasha mientras entrábamos a su habitación. Había hablado en voz alta―lo nuestro es un cuento de hadas―asentí suavemente.
No me sorprendió ver el color rojo predominando en todos los rincones. Era su color característico. Su habitación estaba desordenada, como todo cuarto de hombre, tenía algunas ropas colgadas sobre los muebles y otras regadas por el piso. Reí.
―Pensé que serías más ordenado.
―En tus más lejanos sueños―dijo con sorna mientras quitaba de la cama un montón de revistas de autos. La velocidad seguía siendo parte de él mismo.
―No lo creo―canté, Inuyasha me miró sentarme a su lado. Su cara demostraba sus sospechas. Yo sonreí con suficiencia―soy tu mujer y exigiré orden en nuestra casa, siempre―lo pronuncié lentamente, pero tuvo el efecto deseado. Inuyasha se puso pálido y luego rojo. Creo que no había pensado en eso de compartir un mismo techo en un futuro.
―Para eso falta mucho―comentó.
―Sí―asentí―pero deberías acostumbrarte ya, sabes que no debes hacerme enojar―Inuyasha se estremeció de inmediato, pero de todas formas pasó sus manos sobre mi abdomen y me atrajo hasta su pecho, para luego caer de espaldas sobre el colchón.
―Maldita mujer―masculló, más su tono no era de aquellos molestos, sino uno consentidor.
―Debiste pensarlo mejor, entonces, cuando me hiciste tuya ¿no crees? ―jugué.
Grité cuando él me dejó acorralada contra la cama, su rostro estaba serio, sus manos eran como cadenas de hierro en contra de mis muñecas…
―No tenía que pensarlo, sabía lo que quería. Sabía que te quería conmigo para siempre―declaró. Dibujé una sonrisa en mi cara, tenía ganas de taparlo a besos, pero sabía que Inuyasha nunca sería un hombre acaramelado―Kagome… ¿puedo confesarte algo? ―las mejillas volvieron a teñirse de rojo, mi corazón palpitó fuerte contra mi caja torácica.
―Dime.
― Sabes, siempre he sido un egoísta de mierda―sorprendida, quise mover mis manos, pero él las seguía sujetando con cierta fuerza―te quería a mi lado a toda costa, incluso por sobre tu familia. Te absorbía demasiado, dependía demasiado de tu presencia, de tus gestos, de tu sonrisa y tus abrazos. Me volví loco, no podía controlar mis impulsos―hizo una mueca que me indicó su repudio hacia sí mismo.
―La codependencia es parte del enamoramiento, Inuyasha―dije con la voz tranquila.
―Lo sé―dijo―a medida que pasaba el tiempo pensé… que había llegado a un punto en el que me había obsesionado contigo.
Hice una mueca.
―Realmente… no me di cuenta hasta qué punto te alejé de tu familia y de quién eras hasta que no estuviste conmigo.
Fruncí el ceño entonces.
―Escucha―dije―es cierto que a veces eras posesivo y absorbente, pero eso no te hacía una mala persona―Inuyasha sonrió amargamente―tú mismo dijiste que te di una razón para vivir y seguir adelante… ¿no puede ser ese mismo motivo la razón por la que temías alejarte de mí?
Sus ojos me encontraron, el entendimiento se reflejó en ellos.
―Yo también fui egoísta―aclaré―no quería que te fueras con ella, deseaba que te quedaras a mi lado e… inclusive… realmente deseé que Kikyou desapareciera.
―Tampoco es que sea un secreto para mí―dijo, como si ella hubiera sido un mero fantasma.
―Inuyasha―entonces él se alejó. Se sentó en la cama y esperó a que yo también me incorporara.
―Realmente deseo seguir a tu lado―musitó― supongo que ser egoísta no es tan malo.
Entonces tomé su mano entre las mías y la apreté.
―Uno puede ser egoísta en la medida de lo que es sano―dije. Él asintió―quizás antes eras inmaduro e inexperto en muchas cosas, yo no era la típica chica de tu época tampoco. Yo era demasiado… ¿avanzada?, para ti en ese entonces… mi mundo, mi forma de pensar y actuar, eran el resultado de una crianza años luz de lo que era la crianza en Sengoku ―él sonrió y apretó su mano entre las mías, correspondiendo el gesto―además, yo también decidí que quería estar a tu lado, a pesar de todo, en un mundo extraño para mí.
―En esa época éramos como agua y aceite―resumió―tal vez no tanto por el carácter―dijo entonces, y tenía razón, nuestro carácter es similar en la medida de lo posible y por eso chocábamos tanto―ahora somos iguales.
―No―dije―tú tienes más años de los que podría contar.
Inuyasha rió y posé mi cabeza sobre su hombro, como esas contadas veces en que él parecía entrar en su faceta sensible. Esta vez no hubo respingos, ni miradas extrañas, ni sonrojos, él me rodeó con un brazo y nos quedamos ahí por un tiempo indefinido.
―Estaba pensando algunas cosas―dije. Inuyasha me miró mientras me enrollaba la bufanda en torno al cuello. Afuera nevaba y por más corto que fuera el tramo entre mi casa y la suya, era claro que nos íbamos a entumecer.
― ¿Qué cosas? ―preguntó.
― ¿Crees que si ahorramos lo suficiente podamos comprar dos billetes de avión para el verano? ―apenas logró abotonarme el abrigo cuando se detuvo―digo, pensaba que quizás quisieras ver a mi familia de nuevo.
―Creo que si nos ponemos las pilas, lo lograremos.
Martes 28 de junio, 00: 47 hrs.
Lamento no haber subido el capítulo con tanta rapidez como las semanas anteriores, más aún si ya lo tenía escrito desde hace un tiempo, pero he tenido un montón de cosas en la cabeza, entre ellas, el paro de la educación en Chile, siento que perderemos el semestre.
Bueno, aparte de los problemas, es un capítulo bastante corto, quizás con la extensión de las primeras tandas, pero son capítulos de transcisión, es un punto tranquilo en la vida de Kagome ahora, pero ya verán.
Sobre el siguiente capítulo, se titula: Everyone against him! (Todos contra él), adivinen quién es el pobre diablo que sufrirá.
EDITADO:
Chics , lamento no actualizar y creo que merecen una explicación ante mi larga ausencia, ya que era frecuente que actualizara esta historia. Mis motivos son bastantes sencillos y problemáticos, pero les aseguro que no dejaré esta historia sin terminar. La cuestión es que tengo un bloqueo literario, no puedo componer lo que quiero expresar en palabras ultimamente y no quiero entregarles una asquerosidad de capítulo por forzarme a escribir. Espero entiendan y que me tengan un pelín de paciencia. Espero que mi mjusa regrese pronto para continuarla, especialmente porque a la historia tan sólo le quedan once capis para terminar.
Gracias por la atención, por sus comentarios, sus favs y alertas. Como siempre, ustedes son un gran regalo.
Aline S.V
