N/A: Vuelve el drama. Hace mucho que no lo teníamos.
Muchas gracias a todos por leer el fic y gracias a los que os tomais la molestia de comentar. Debo decir que me ayudais a seguir escribiendo.
Al invitado que me dejó un comentario y no sé quién es, quiero darle también las gracias. Me alegro que te gustara. Creo que tendremos a Chandler lejos de Klaine, Kurt ya se ha encargado de ello. Espero que siga siendo de tu agrado. Besos
CAPÍTULO 25: EL PASADO SIEMPRE VUELVE
Kurt entraba en el despacho de Isabelle. Tenía unas ojeras totalmente visibles, además de que se notaba que había llorado. Su expresión indicaba que estaba cansado.
– ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? – Quiso saber la mayor.
– Sí, aunque no lo parezca yo estoy bien. – El castaño se sentó. – Tengo que pedirte un favor.
– Tú dirás.
– Ayer por la tarde recibimos una llamada y tengo que ir a Ohio mañana. Voy a contarte algo que no quiero que salga de esta oficina. No es mi vida, es la de Blaine.
– Cuéntame, no diré nada.
– Conocí a Blaine en el hospital en el que estuve ingresado. Él también se intentó suicidar.
– No lo sabía.
– No quise contarlo porque no quería que hicierais preguntas incómodas. No es mi vida y ha pasado por mucho.
– ¿El viaje a Ohio tiene que ver con él?
– Sí. Cuando tenía quince años sus padres lo echaron de casa. No tenía a donde ir y buscó un sitio en un parque para pasar la noche con tan mala suerte que un impresentable lo encontró...
– ¡Dios mío! – La mujer se tapó la boca.
– Abusó de él y lo dejó en la calle inconsciente. No denunció en su momento pero los médicos se vieron obligados a hacerlo, aunque hubiera pasado tiempo. Sin pruebas no tenían esperanzas de encontrarlo, pero detuvieron a un hombre acusado de 16 violaciones. Cuando lo interrogaron, confundió una de esas con la de Blaine y descubrieron que él podía ser otra de sus víctimas. No hay pruebas, pero su testimonio puede ser importante. No quiero que vaya solo a Westerville. Yo vivía en Lima y pensé que podríamos alojarnos en la casa de mi padre. Tal vez sea buena la distancia y sólo tendríamos que coger un coche para ir al juzgado. Jessica vendrá con nosotros y Cooper va a pedir permiso en su trabajo.
– Puedes ir, por mí está bien. Nos apañaremos estos días sin ti. Tú solo preocupate de él.
– Otra cosa más. No se lo digas a nadie. Después de mi conversación con Chandler me he dado cuenta de que muchos piensan que Blaine puede ser como Peter.
– Yo también lo pensé, hasta que os vi el otro día.
– Nunca me haría daño... Es más, yo se lo he hecho a él. Lo he asustado alguna vez al tocarlo...
– ¿Qué excusa pondrás para el viaje?
– Preferiría que pensaran que estoy enfermo.
– Vale. Una cosa más, sabes que si necesitas algo estoy para ti... Y dile a Blaine que puede contar conmigo también.
– Gracias.
Blaine estaba sentado en el sillón del apartamento, su mirada estaba perdida, sus ojos estaban rojos por la falta de sueño y por el llanto. Kurt estaba preparando las maletas, partirían la mañana siguiente. Al final Cooper, Rachel, Jessica, Jeff, Nick y Sebastian los acompañaban, la castaña se quedaría en casa de su padres y los demás irían a la residencia de los Hummel. El menor de los Anderson estaba tan mal que desde que recibió la noticia no había podido dormir. Tenía que enfrentarse al pasado del que había estado huyendo. Volvería a ver a ese hombre, a la persona que le había atormentado en sus pesadillas. Pero eso no era todo, le asustaba pensar que su novio estaría en la misma sala que ese ser. Por mucha policía que hubiera no quería pensar en que siquiera lo mirara. Hubiera preferido ir solo, no exponer a nadie a ese tormento, pero no le habían dejado opción. Sobre todo porque se había bloqueado y así seguro que no le dejaban solo.
Kurt abrió la casa en la que había vivido su padre hasta su muerte. Todos entraron. Eran siete personas en una casa para cuatro. Pero eso no importaba. Lo importante era Blaine y que no se sintiera solo. El castaño llevaba desde que recibieron la llamada al lado de su novio. Apenas se separaba de él y se aseguraba de que comiera e intentara dormir. Eso era algo que no había conseguido, pero el moreno estaba tan agotado que lo dirigió hacia la habitación que él ocupaba en sus años de estudiante y lo obligó a ponerse el pijama y acostarse. Jessica se había quedado encargada de distribuir el resto de habitaciones, no le importaba como lo hicieran, no quería ocuparse de nada que no fuera su novio. Los dos se tumbaron y se taparon con las sábanas.
– Kurt, siento tanto todo lo que está pasando. – El menor habló por primera vez desde que recibió la noticia.
– ¿Qué sientes? – Quiso saber el ojiazul.
– Que tengas que volver a tu casa por mi culpa. Sé que también es difícil para ti.
– Pudimos alojarnos en un hotel. No me importa estar aquí, quiero que estés bien. – Hummel acarició dulcemente la cara de su novio. Sabía que lo necesitaba y lo tendría a su lado.
– ¿Tú como estás? – Preguntó el ojimiel.
– Estaré bien en cuanto tú lo estés.
Anderson se abrazó con fuerza a su novio, tumbándose sobre su pecho y este le devolvió el abrazo.
– Te amo Kurt. No lo olvides nunca.
– Lo sé, Blaine. Yo también te amo. Más de lo que imaginas.
El castaño dejó besos dulces en la cabeza de su pareja. El moreno se movió para atrapar los labios del más alto. Comenzaron a besarse de manera dulce. Sin embargo, el ojiazul se dejó llevar por la pasión. Tenía ganas de hacer que el chico del que se había enamorado se sintiera bien y pensó que esa sería buena manera hasta que notó un pequeño temblor del más bajo.
– ¿Estás bien? – Cuestionó el mayor.
– Si. – Respondió el ojimiel.
– Me estás mintiendo. ¿Qué pasa?
– ¿Cómo sabes que te miento?
– Te conozco demasiado bien. ¿Qué ocurre?
– Siento como si... No puedo hacerlo, pero quiero hacerlo. Sigamos, ¿vale? – Anderson metió su lengua en la boca de su novio invitándole a seguir con lo que estaban haciendo hasta que notó que las manos del castaño lo empujaban.
– ¿Qué pasa? – Preguntó el moreno.
– ¿Por qué no puedes y por qué quieres? – Hummel quitó a su pareja de encima suya y se sentó en la cama alejándose un poco del otro. Necesitaba tener esa conversación y no confiaba en que su cuerpo resistiera otro arrebato de pasión.
– Kurt... Déjalo... Estoy bien.
– No lo estás y no quiero hacer nada hasta saber que no te va a hacer daño. Hemos avanzando en nuestra relación y no quiero tirarlo todo por la borda por un calentón.
– Esto es frustrante.
– ¿Confías en mí? – El moreno miró al castaño, sorprendido por la pregunta. Para él esa duda era tonta.
– Claro que sí.
– Demuéstralo, Blaine. Dime qué te pasa.
– Estar en Ohio, el tener que encontrarme con él... Todo me ha hecho sentir como que retrocedo. Vuelvo a sentirme como aquel niño de quince años al que encontraron herido en la calle. – El ojimiel comenzó a llorar, no quería decir lo que iba a decir, pero sabía que su novio no pararía hasta obtener su confesión. – Me asusta la pasión...
El menor notó como unos brazos lo rodeaban y se aferró al cuerpo que estaba junto a él como si fuese un salvavidas, aunque bien pensado, para Anderson el ojiazul era su propio salvavidas. Se desahogó y cuando su llanto se tranquilizó, el mayor habló, moviéndolo un poco para que se miraran a los ojos..
– Puedo esperar a que este bache pase. Te quiero a ti, no sólo a tu cuerpo. Pero una cosa, eso aclara el que no puedas. ¿Por qué quieres hacer algo que te daña?
– Eres tan bueno conmigo, tan perfecto. Sé que soy incapaz de satisfacerte completamente, pero me niego a no darte lo poco que puedo.
Kurt dejó salir unas lágrimas, odiaba hacerlo en ese momento porque sabía que el otro se sentiría peor.
– Blaine, Te amo. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Yo sólo puedo disfrutar de nuestra intimidad si tú lo haces. Nunca, ¡nunca!, vuelvas a hacer algo porque creas que estás obligado a satisfacerme. Me has hecho sentir mejor de lo que Peter logró jamás.
– Te amo tanto.
Volvieron a tumbarse, se dieron un casto beso y se durmieron abrazados, sintiendo el calor y el amor del otro. Al día siguiente tenían un día duro, pero juntos lo superarían.
