Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta retorcida historia.

ADVERTENCIA: El capítulo que van a leer es algo conmovedor, se sugiere escuchar las canciones que lo acompañan. Quiero agradecer a una personita muy especial por haber inspirado una parte específica de este capítulo. Mi Noris, eres un ángel y realmente estoy muy orgullosa de ti. Este capítulo es dedicado para ti por ser una luchadora y excelente amiga. No las canso más, aquí está el capítulo.


Capitulo 25: Jaque...¿mate?

Canción del capítulo: One last chance - Daughtry

Canción que canta el abuelo Edward: Marie – Randy Newman

"La lluvia cae porque el cielo no puede soportar más su peso.

Es igual que las lágrimas, caen porque el corazón no puede soportar más el dolor"

Anónimo.

.–.–.–.–.–.–.–.–.–.

– ¿Edward?... ¿Escuchaste lo que te acabo de decir? – repetía mi hermana al otro lado del teléfono. Desde el momento que escuché su cantarina voz decir las mágicas palabras que había estado esperando las últimas semanas sentí que el mundo se detuvo por un momento, el reloj paró su inclemente marcha solo un instante. Mi corazón palpitó desesperado y mis pulmones dejaron de ingresar oxígeno a mi sistema. El alma me regresó al cuerpo, la sonrisa volvió a mis labios… ¡Mi vida había retornado!

– ¿Qué... Qué dijiste Alice? – Balbuceé incrédulo.

– Edward... ¡Encontré a Bella! ¡Ella… Ella está en Forks! – Intenté reconectar mi cerebro en el segundo que confirmé la información. Alice había encontrado a Bella, a mi pequeña Bella y a mi princesa Liz. Pero... ¿En Forks?

– ¿En Forks? – Pregunté – Yo estuve en Forks y nunca estuvieron allí Alice.

– Quizás llegaron después Edward, la cosa es que debemos viajar a Seattle ahora mismo – escuché su voz agitada – Empaca algo rápido y ven a casa ahora. No hay que perder un segundo.

– Alice ¿Qué está ocurriendo? ¿Ellas están bien? – dije mientras de un salto me bajaba de la cama dejando las copias del diario de Marie sobre la almohada.

– Edward, lo que te voy a decir necesito que lo tomes calmado, no vamos a sacar nada si te descontrolas.

– Alice por favor ¿Que está pasando? Merezco saber que ocurre con mi Bella y mi bebé – dije un tanto alterado, mientras lanzaba una pequeña bolsa para viajes sobre la cama.

– Edward...– empezó a hablar – Bella esta con Matt y... – Alice hizo una pausa que me supo a eternidad – Y mañana a esta hora se casa con él – en ese instante sentí que nuevamente mi vida se escapó en una exhalación, el perfume que tenía en ese momento en mis manos se resbaló cayendo estrepitosamente en el suelo haciéndose trizas. Sentí mis rodillas débiles y mi cabeza dio mil vueltas en ese momento. Tomé un fuerte respiro y me obligué a hablar.

– ¿Qué dijiste Alice? – pregunté aun confundido.

– Matt al parecer le propuso matrimonio el día de su cumpleaños y ella aceptó – Un profundo dolor se alojó en medio de mi pecho. Mi propia hermana estaba siendo la encargada de dictar mi sentencia de muerte.

– ¡No!... ¡No!... ¡No puede ser! – grité con fuerza mientras caía de rodillas al piso junto a los pedazos de vidrio de la botella de perfume. ¡Qué ironía! Un perfume y un corazón rotos en mil pedazos en el piso a causa de la misma noticia – ¡El cumpleaños de Bella fue solo hace 3 días! ¡Ella no puede casarse con él Alice! – Volví a gritar con furia – Hermanita ¡Mi Bella no se puede casar con Matt!

– Edward, empaca solo lo necesario y corre a casa, papá nos está esperando para llevarnos al aeropuerto. ¡Hay que parar esa locura a como dé lugar!

– Estoy saliendo ahora mismo – me armé de valor y me puse de pie. Lancé el celular al piso junto a los restos de perfume y salí de la habitación. Tomé las llaves del volvo que estaban sobre la mesa y únicamente portando mí recuerdo más grande de Bella en el bolsillo del pantalón salí como un poseso camino a mi casa.

No recuerdo cuantas luces rojas pasé de largo, o cuantos insultos recibí en el trayecto pero debía llegar como fuese a casa. El viaje que generalmente tomaba unos 20 minutos lo hice en apenas 8 minutos. Al llegar a casa Alice estaba en el porche junto a mi padre.

– Tenemos que buscar un vuelo que salga a Seattle ahora Edward, estuve llamando a todas las compañías pero todas las líneas estaban ocupadas – dijo mientras yo bajaba del auto para subirme al auto de papá.

– Edward por favor, yo se lo desesperado que estás pero sé consciente que cualquier cosa que hagas o digas en frente de Bella puede afectar a tu hija. Trata de tranquilizarte y no cometas una locura – intervino mi padre mientras Alice se subía al auto y salíamos camino al aeropuerto.

– ¿Qué no cometa una locura papá? ¡La que está cometiendo una locura es ella! – Respondí mientras agarraba mi cabello con furia – Bella pequeña… ¿Qué estabas pensando cuando aceptaste eso? – Susurré con voz rota– No puedes hacernos esto. Elizabeth por favor no permitas que mamá se case con un hombre que no ama – Sentí la mano de mi hermana estrechar la mía.

– Tranquilo Edward, vamos a llegar a tiempo – dijo de manera firme mientras sonreía de manera esperanzadora.

Llegamos al aeropuerto unos 20 minutos después. Nos dividimos con Alice los counters de aerolíneas donde intentaríamos conseguir un vuelo, la compañía que tuviera un vuelo que despegara lo más rápido a Seattle sería la escogida.

– Lo siento señor – contestó una rubia señorita en el mostrador – Nuestros vuelos a Seattle salen cada mañana a las 9 am y ya es medio día. El próximo sale mañana a las 9, puedo reservarle el siguiente. ¿Desea pasillo o ventanilla?

– Usted al parecer no me está entendiendo… ¡No necesito un vuelo para mañana! ¡Necesito irme hoy! ¡Necesito ir a detener una boda ahora!– le grité.

– ¡Edward cálmate! – Interrumpió mi hermana – Gritándole no sacamos nada. En Virgin Airlines hay un vuelo que sale a las 6 p.m. es lo más cercano que encontré pero solo hay dos asientos en primera clase. Apúrate antes de que sea tarde – Reaccioné ante las palabras de mi hermana y corrí a la ventanilla de aquella aerolínea. Sacando mi tarjeta de crédito pagué los dos boletos.

– Ahora nos toca esperar Edward, llegaremos a Seattle a la media noche. ¿Sabes cómo llegar a Forks verdad?

– Si – respondí de manera autómata – Hay que tomar un vuelo doméstico que dura una hora a Port Angels y luego una hora en auto hasta Forks. Lo que no sé es la hora de los vuelos de Seattle a Port Angels.

– Esperemos que sean lo más temprano posible hermanito – dijo tomando mi mano y obligándome a caminar al área de espera.

– Alice… yo me muero si no llego a tiempo, ¿me escuchas? Yo me muero… – sentencié

– Basta Edward, no permito que hables así. Vamos a llegar a tiempo y Bella te va a escuchar, tú solamente debes calmarte y pensar que todo esto es una pesadilla que pronto se termina – dijo mientras tomaba asiento, yo imité su gesto.

– Ella tiene que escucharme Alice, la historia no es como nosotros creíamos que era. Su abuela estuvo profundamente enamorada del abuelo Edward pero nunca llegaron a estar juntos. El amor de ellos ha perdurado en el tiempo de tal manera que ahora han unido nuestras vidas, la historia no se puede repetir Alice, yo no voy a permitir que se vuelva a repetir.

– Edward ¿Cómo sabes todo lo que me estás diciendo? – preguntó confundida Alice.

– Yo…yo leí los diarios de la abuela de Bella. He estado leyéndolos los últimos 3 días y es impresionante la cantidad de cosas que descubrí. La abuela de Bella no dejó plantado al abuelo Edward porque quiso hacerlo, nunca supo que él había vuelto.

– ¿Dónde encontraste esos diarios Edward? ¡Dios!… ¡Tú no sales de un lío y te metes en otro! – negó con la cabeza.

– En la editora, allí los encontré. Una vez Bella dijo que su abuelo guardaba sus diarios en una pequeña biblioteca, yo fui en busca de los diarios de Charles Swan pero lo que nunca imaginé fue encontrar los diarios de su abuela. La historia es demasiado fuerte Alice, los dos fueron víctimas de la codicia, la envidia y el odio que los rodeaba. ¿Sabes Alice? El abuelo amó mucho a esa joven, y las similitudes entre su historia y la nuestra con Bella es simplemente pasmosa.

– A ver – dijo viendo su reloj y sonriendo – Creo que tengo tiempo para escucharte. Dale… ¡Soy toda oídos!

Por la próxima hora no hice nada más que relatarle a Alice lo leído los últimos días en los diarios. Mi hermana sonrió en algunas ocasiones como cuando le conté como se conocieron, suspiró cuando le conté acerca de su primer beso bajo un muérdago de navidad, crispó los puños en señal de furia cuando le conté lo cretino que fue su tío al golpearla y lloró… amargamente lloró cuando relaté la parte del abuso de Charles.

– Ella lo amaba muchísimo al abuelo Alice – dije mientras la ayudaba a secar sus lágrimas – simplemente tuvo que aceptar casarse con otro porque mi abuelo no llegó a tiempo. Ella le dedica al final de su diario un poema, el mismo que yo recité a Bella.

– ¡Wow! Estoy sin palabras Edward… ¿Por qué…por qué el abuelo nunca nos contó esto?

– No lo sé Alice, quizás no quería que sepamos que en su corazón hubo alguien más antes de la abuela Sophie. Que en su corazón existió un primer amor, Marie… su pequeña Marie…

– Edward… ¿La abuela de Bella se llamaba Marie? – dijo Alice mientras me miraba fijamente.

– Marie Anne Morgan – respondí.

– Oh! Ahora lo entiendo...– dijo mi hermana dejando perder su mirada a través del cristal de la ventana de la pista de despegue y recostando su espalda en el asiento.

– ¿Entiendes qué Ali? – pregunte mientras la veía. Ella solo volteó a verme y sonrió.

– ¿Recuerdas la canción que el abuelo Edward cantaba cuando jugaba ajedrez?

– ¡Claro! Como no recordarla si perturbaba tanto que no dejaba concentrarme.

– ¿Recuerdas como iba? – preguntó Ali. Cerré por un momento los ojos y me concentré. Dejé vagar mi memoria a aquellos recuerdos de mi niñez, cuando sentados en el porche mi abuelo y yo pasamos tardes enteras jugando ajedrez. Las imágenes y sonidos comenzaron a hacerse cada vez más y más claros hasta tener la perfecta imagen de mi abuelo sentado con su bastón susurrando su canción.

You looked like a princess the night we met – canté despacito todavía con los ojos cerrados – With your hair piled up high, I will never forget – sonreí abriendo los ojos. Era increíble como después de tantos años aún recordaba claramente la canción.

I'm drunk right now baby but I've got to be – sonrió Alice y siguió la canción – I never could tell you what you mean to me.

I loved you the first time I saw you...– susurré al recordar como mi abuelo cantaba de manera melancólica esa parte – And I always will love you...– me detuve al recordar la última palabra de esa frase...– Marie – concluyó Alice. Mis ojos se abrieron como platos a causa del asombro.

I loved you the first time I saw you and I always will love you Marie – canturreó mi hermana nuevamente.

– Alice...– musité incrédulo.

– Si Edward... El abuelo jamás olvidó a Marie – sentenció. Nos quedamos en silencio un largo rato analizando nuestras palabras. El abuelo recordaba a su Marie cada vez que cantaba esa canción. Pero si aún la amaba… ¿Por qué el odio hacia ella? ¿Acaso nunca supo la verdad de lo que le hicieron a Marie?

– Recuerdo muy bien la última vez que cantó esa canción – dije un momento después.

– Yo también lo recuerdo. Fue un día antes de morir... Cuando lo visitamos en el hospital. ¿Recuerdas sus palabras mientras jugaban? – preguntó mi hermana dejando escapar una lágrima.

– ¿Cómo olvidarlas Ali? ¿Cómo? – dejé mis recuerdos vagar nuevamente. Volví al año 1997, el año en que mi abuelo falleció.

Ese día Alice y yo fuimos al hospital al medio día, papá había dicho que el abuelo tenía mejor semblante y que le alegraría mucho si lo visitábamos ese día. El llevaba casi un año enfermo, un cáncer al estomago fue detectado de manera tardía y según papá era poco lo que se podía hacer. Todos sus órganos estaban comprometidos y someterlo a tratamientos de quimioterapia sería demasiado doloroso y extenuante para su edad así que para evitar los intensos dolores lo tenía sedado casi todo el tiempo.

Cuando llegamos, algo tarde para variar ya que Alice había conseguido que mamá se detuviera a comprarle golosinas porque se había portado muy bien en su visita al dentista, encontramos al abuelo despierto. Se veía muy bien, el color había regresado a sus mejillas y sonrió a vernos.

– ¡Abuelo! – gritó Alice lanzándose a sus brazos.

– Pequeña revoltosa – revolvió su cabello de manera graciosa mientras me sonreía – Hola campeón.

– Hola abuelo – le sonreí en respuesta.

– Esme – se dirigió a mi madre – Explícame como hace este jovencito para crecer tan rápido y verse tan apuesto. Eres muy parecido a mí cuando yo tenía tu edad Edward… ¡Todo un galán!

– No lo sé – respondió mamá – Pero será mejor que no se lo repitamos mucho, después no habrá quien le baje el ego al Sr. Casanova – sonrió divertida – Chicos, voy a buscar a su padre un momento, no cansen mucho al abuelo – dijo mi madre antes de salir de la habitación del hospital.

– ¡Abuelo! ¿Quieres escuchar mi visita al dentista? Ya soy toda una niña grande – sonrió mientras enseñaba su graciosa dentadura con algunas piezas menos.

– Claro que si, mientras tanto Edward prepara el tablero. Veamos cuanto has mejorado en este mes en el ajedrez.

– Abuelo, ¡Alice es demasiado fácil de ganar! – le susurré con una sonrisa.

– ¡Te escuché Edward! – protestó Ali.

Mientras mi hermana relataba paso a paso su visita al Dr. Muelas yo empecé a preparar las piezas del ajedrez. Como era nuestra costumbre el abuelo elegía siempre las piezas negras. A los pocos minutos empezamos a jugar, Alice terminó su divertido relato y se dedicó a vernos jugar. Apenas habíamos hecho unos movimientos cuando empezó a cantar.

The song that the trees sing

When the wind blows;

You're a flower, you're a river,

You're a rainbow.

El semblante del abuelo se volvió incluso más triste que el resto de ocasiones, sus ojos se llenaron de lágrimas. Una duda asomó en mi cabeza pero decidí no hacer caso y mover mi siguiente pieza: El rey. El abuelo sonrió despreocupado y siguió cantando.

I loved you the first time I saw you

And I always will love you Marie.

I loved you the first time I saw you

And I always will love you Marie.

– Abuelo ¿Por qué siempre cantas esa canción? – pregunté mientras movía otra pieza. Mi abuelo negó con la cabeza.

– Edward – me sonrió triste – Lo que te voy a decir quiero que lo recuerdes para toda tu vida. Jamás, escúchame bien, jamás dejes desprotegida a tu reina blanca – Bajé la mirada al tablero y vi como con mi anterior movimiento el rey negro podría fácilmente comerse a mi reina – ¿Te fijas? La has dejado sola, y es muy fácil que el rey negro venga y te la quite de tus manos.

– Lo veo – dije mientras veía al abuelo llevarse mi reina blanca.

– Si yo me llevo tu reina Edward es muy fácil que el rey blanco pierda la partida, a pesar que es él quien tiene mayor poder jamás será alguien sin la reina. Tú no puedes permitir que te la quiten, que te alejen de ella, que simplemente la alejen de tu lado. Debes protegerla siempre Edward, siempre.

– Eso haré abuelo, lo prometo – dije sin comprender hasta ese momento el verdadero sentido de sus palabras. El no hablaba de la pieza de ajedrez sino de su reina blanca, de su Marie. Cuando se alejó de ella dejándola sola, Charles, el rey negro se la llevó… el juego había terminado para mi abuelo.

Casi al finalizar la partida, el abuelo comenzó a bostezar mucho y dijo que se sentía cansado. Unos minutos después, mamá entró con papá diciendo que ya era hora que el abuelo descansara.

– Pequeña Alice – dijo con voz cansada mientras acariciaba su mejilla – Quiero que me prometas algo. Tu hermano tiene un corazón muy grande, pero es algo cabezota. Prométeme que cuando este metido en algún lio tu lo vas a ayudar. Tú vas a estar siempre a su lado dándole apoyo. Nunca lo dejes solo ¿Si? – Hizo una pausa – ¿Lo prometes Ali?

– Si abuelito, lo prometo – susurró con lagrimas mi hermana.

– Y tu jovencito, jamás cometas los errores de tu abuelo. Lucha por lo que quieres, nunca te des por vencido, no aceptes un no por respuesta. Se tenaz, arriesgado y valiente… y al final veras que serás feliz – dijo antes de recostar su cabeza en la almohada y cerrar sus ojos. Mi madre nos tomó de la mano en ese momento y después de dejarle un beso en su cabeza salimos de la habitación no sin escuchar sus últimas palabras.

– Nos vemos pronto… Marie...

La mañana siguiente papá llegó a casa con la triste noticia que el abuelo después de nuestra visita cayó en un profundo sueño del que no despertó más. Su funeral fue muy triste, la pequeña Alice estuvo todo el tiempo llorando en el regazo de mamá mientras yo permanecía de pie junto a papá.

– Y aquí estoy yo cumpliendo la promesa que le hice al abuelo – dijo mi hermana mientras tocaba mi mano con ternura.

– Gracias Ali… no sé, no sé que sería mi vida sin ti – dije antes de abrazarla. Era cierto, mi pequeña hermana había sido durante años mi pequeño salvavidas, sacándome de líos una y otra y otra vez, y por ello estaría eternamente agradecido…

– Vamos Edward, hay una boda que detener – dijo Alice al escuchar la primera llamada de nuestro vuelo. Las horas habían volado entre recuerdos y relatos y ya era hora de subir a ese avión y traer de regreso a mi Bella y a mi bebé.

Las horas dentro de ese avión se hicieron eternas, cada minuto, cada segundo era más lento que el anterior volviéndose de esa manera en verdugos inclementes de mi impaciencia. El vuelo imposiblemente largo terminó cerca de la media cuando llegamos al Sea–Tac. Enseguida buscamos la aerolínea doméstica para comprar los tickets pero nos informaron que el primer vuelo salía recién a las 6:30 a.m. Con resignación caminamos hasta una cafetería del aeropuerto y después de pedir un café muy cargado para mí y un sándwich ligero para Ali nos sentamos a esperar.

– Vamos a llegar a tiempo Edward, quédate tranquilo, Sue me dijo que la boda es a las 10 a.m.

– ¿Sue? – Pregunté algo dubitativo – Alice, nunca me contaste como te enteraste dónde estaba Bella.

– Ayer, como todas las mañanas llamé a Matt. Esta vez no desvió la llamada sino que solo sonó y sonó. Cuando estuvo a punto de cortarse la comunicación, atendieron la llamada. Era Sue, al principio no reconocí su voz pero al saber que era yo, se apresuró a hablar.

Srta. Alice, soy Sue. Estamos en Forks, el señor Matt dejó el teléfono unos minutos pero no demora en volver.

La señorita Bella está aquí en Forks… y mañana a las 10 a.m. se casa con el señor Matt.

Srta. Alice, por favor venga y detenga esta locura… Avísele al Sr. Edward, hagan algo pronto.

– Ni siquiera su nana está de acuerdo con esto Edward… No entiendo que ocurre con Bella. Además ¿Qué hace Matt con ella en Forks? ¿Y su trabajo? ¿Sus pacientes? Todo esto está muy extraño Edward.

– Yo sabía que detrás de la desaparición de Bella estaba Matt Alice, yo lo sabía – dije golpeando la mesa con fuerza – Yo sabía que ese cretino la estaba alejando de mí.

– Matt pareciera ser otra persona Edward, él no era así. – susurró mi hermana.

– ¿Sabes cuantas locuras hace un hombre por amor? ¡Solo mírame a mí! Es justamente lo que él está haciendo Ali. El detalle es que Bella jamás lo podrá amar como me ama a mí – hice una pausa – Porque yo sé que a pesar de todo, ella me sigue amando – finalicé con convicción.

– Es tu hija la que está en su vientre Edward, quizás tenga mucho coraje por lo que paso pero esa pequeñita vida que crece en su interior es la prueba del amor que ustedes se profesan. Esperemos que en nombre de tu bebé ella te escuche y logres tu redención a tiempo.

– Eso espero Ali… eso espero…– dije mientras metía mi mano al bolsillo del pantalón y confirmaba que el anillo de compromiso siguiera allí.

En cuanto los primeros ratos de sol asomaron en el Sea–Tac fuimos a la puerta de salida de los aviones domésticos. Era lunes y el movimiento era escaso, así que ocupamos los primeros asientos para tener una rápida salida en cuanto aterrizáramos. Llegamos a Port Angels a las 7:30 a.m. y salimos en busca de un auto para rentar. Estuvimos saliendo del aeropuerto cerca de las 8 a.m. ya que no había autos disponibles para rentar fuera de la ciudad.

Conduje lo más rápido que pude hasta la oscura y tétrica ciudad de Forks. Al igual que la vez anterior di vueltas en círculos por varios minutos ya que no ubicaba la casa de Bella. En cuanto la vi a lo lejos aceleré a fondo y frené a raya en cuanto estuve en la puerta. Al bajarme del auto una sensación extraña de familiaridad me golpeó. La misma ventana, el mismo árbol, la misma casa de mis sueños. Esta vez no iba a arriesgarme perdiendo mi tiempo golpeando la puerta, iría directo por la ventana.

– Alice, voy a subir por la ventana. Si ves a…– mi hermana me interrumpió.

– ¿Qué? ¿Por la ventana? ¿Estás loco Edward? ¡Te vas a matar! – gritó.

– Shhhh, no me va a pasar nada. Ya lo hice la vez anterior y esa ventana que ves allí es la de la habitación de Bella – dije mientras se la señalaba – Espero que aún este allí. Si la ves salir Alice por favor detenla, dile cualquier cosa y grita para que yo sepa que tu estas aquí abajo con ella – le dije antes de caminar hacia el árbol.

– Suerte – la escuché darme ánimos mientras cruzaba el patio. Sin perder más el tiempo escalé el árbol trastabillando un par de veces. Esta vez y a diferencia de la ocasión anterior la ventana estaba abierta. Me ubiqué bien en una rama para no caerme y alcancé la altura suficiente para ver por la ventana.

Y allí estaba ella… tan perfecta… tan etérea… tan Bella…

Vestía exactamente el mismo vestido que su abuela había usado el día que se casó con Charles Swan, lo noté por la foto que vi en su diario, en la que Marie posaba con mirada triste mientras cortaba el pastel de bodas.

Mi pequeña, sentada en un pequeñito banquito, veía a través de otra ventana. Susurraba despacito acariciando su pancita que había crecido mucho estas semanas, era una pequeña y graciosa pelotita alojada en su vientre. ¡Mi hija estaba bien! Suspiré tranquilo al saber que mi princesa estaba bien, sana y salva en el vientre de mamá.

– Bebé, es lo mejor que puedo hacer. Quizás no es lo que esperabas de mamá pero es lo mejor para todos. Yo te amo mucho Elizabeth y todo esto lo hago por tu bien…– escuché sus sollozos que salían con fuerza de su garganta – Siempre amé a tu papá aunque él jamás me amara. Ten por seguro mi pequeñita que mamá te concibió con mucho amor, ese mismo amor que tendré para traerte el mundo y verte crecer. Gracias por ser la fortaleza de mamá, todo esto lo hago por ti Elizabeth – No podía seguir escuchando más ¿Cómo podía ella creer que yo no la amé? ¡La amo más que a mi vida…más que a nada en el mundo! Con cuidado di unos cuantos pasos más y me acerqué al alfeizar de la ventana. La vi ponerse de pie y sin esperar más tiempo me agarré con fuerza a la ventana y colando mi cuerpo por un diminuto espacio, entré a la habitación.

– Bella… mi amor…– susurré al verla voltearse. Estaba hermosa, la maternidad le había dado una imagen incluso más tierna. Su cabello estaba suelto y sus rizos estaban hermosamente adornados por unas diminutas flores. Se había maquillado de una manera muy sutil haciéndola ver como todo un ángel… ¡Mi ángel!

– No lo puedo creer – murmuró incrédula. Sus ojos se abrieron de par en par al verme. Llevó una mano al vientre y la otra a la boca

– Mi pequeña… – susurré.

– ¡No!… ¡esto no está pasando! – negó con fuerza mientras sostenía su pancita, caminé unos cuantos pasos pero la escuché gritar – ¡No!

– Mi amor… pequeña mía, por favor – intenté acercarme pero ella puso sus manos en frente.

– ¡Le he dicho que no! – Volvió a gritar – No se me acerqué señor.

– Bella por favor, escúchame – rogué desde mi posición – Bella...mi pequeña escúchame ¡Por favor! Por nuestra hija Elizabeth... ¡Solo escúchame! – volví a caminar unos cuantos pasos pero ella retrocedió otros tantos.

– ¡No! ¡Basta! ¡Aléjese de mí! – Negaba con fuerza – ¡No!… ¡Otra vez no, él no puede hacerme esto otra vez! – repitió despacito.

– Mi amor…mi pequeña…– rogué con voz rota. Mis peores miedos se estaban haciendo realidad, ella no quería escucharme.

– Sr. Cullen – dijo mientras se envaraba – Le rogaría que salga de mi habitación de inmediato. Esta irrumpiendo usted propiedad privada. No sabía que además de fraudes y mentiras el colarse en las casas también contaba como uno de sus múltiples talentos.

– Bella, no me voy a ir de aquí hasta que me escuches. He venido para…– me interrumpió.

– ¿Ha venido en busca de los cuatro millones restantes? Deme un segundo que busco mi bolsa – dijo mientras caminaba hasta su vestidor – Creo haber traído un par de cheques. ¿Lo firmo a su nombre o en nombre de su amante? ¿Cree que con eso le bastara para dejarme en paz? – el tono de voz que usaba era ácido y arrogante ¿En eso la había convertido yo? ¿En una mujer fría y despiadada al hablar? Esa no era mi Bella… simplemente no era ella.

– Bella por favor ¡Escúchame! – dije mientras ella tomaba su bolsa. Quise acercarme a ella pero su rechazo inicial hizo que me diera algo de temor intentarlo de nuevo ya que recordé lo que mi padre había dicho. Cualquier cosa que le haga a Bella le afectará a Elizabeth. Rápidamente ella se acercó hasta mí y me extendió un cheque firmado.

– Amor, ¡solo escúchame! Mi pequeña…

– Yo no soy nada suyo Sr. Cullen – movió su brazo extendido con fuerza, el cheque seguía en su mano – Su cheque está esperando por usted, quizás su amante se impaciente y decida venir a buscarlo. Pueden hacerlo efectivo ahora mismo, que lo disfruten – dijo de manera altiva. Me acerqué hasta ella y tomé el cheque para romperlo en cuatro partes.

– Esto – dije mientras dejaba caer uno a uno los pedazos de papel – es lo que menos me interesa de ti Bella. He venido a buscar al amor de mi vida y a mi hija y no me voy de aquí hasta no cumplir mi cometido.

– Creo que ninguna de esas dos personas que acaba de mencionar existen en esta habitación Sr. Cullen. Necesito que se retire de esta casa ahora ya que dentro de poco tengo que asistir a mi boda.

– No Bella… así tenga que secuestrarte tú no te vas a casar con él. – Dije conteniendo toda la rabia e impotencia que sentía en ese momento

– ¿Y quién es usted para impedirlo Sr. Cullen? – Respondió con su mirada envenenada – ¿Tiene usted algún derecho sobre mí como para pretender impedir mi boda?

– Bella… eres mi mujer, la mamá de mi hija. Somos una familia mi amor… Nuestra hija nos necesita a los dos – Ella negaba con la cabeza a cada afirmación – Bella... ¡Dios! ¡Escúchame!... ¡Confía en mí!

– Es que ese es el problema Sr. Cullen, yo confié en usted una vez. No pretendo cometer el mismo error dos veces.

– Bella ¡Ya basta! ¡No me digas Sr. Cullen! ¡Yo soy tu hombre… el que debe ser tu esposo, no ese! - grité con indignación.

– Lo siento señor… Yo a usted solo lo conozco como el Sr. Cullen, cualquier otra persona que finja ser tan solo será un desconocido para mí.

– Mi amor escúchame, lo que yo hice fue una estupidez – tomé una bocanada de aire y empecé, la hora cero había llegado – Cegado por una venganza basada en una extraordinaria confusión planeé algo que jamás tuvo sentido pero todo se fue a la mierda cuando te vi. Me enamoré del ángel que vi ese día en la puerta, de mi ángel de ojos chocolates. Te amé desde el primer momento en que te vi mi amor, fue por eso que cuando me di cuenta lo mucho que te amaba decidí ocultar todo mi oscuro pasado. Cancelé todo, no podía hacer nada en contra tuya. Eras todo para mí, tenía mucho miedo a hacerte daño, no quería que te apartaras de mi lado – en ese momento comenzó a aplaudir e hizo una pequeña reverencia.

– ¡Bravo! No sabía lo excelente actor que usted era Sr. Cullen. Estoy casi conmovida con sus palabras – No hice caso a su sarcasmo y seguí.

– Bella, escúchame. Lo que me motivó a llevar a cabo ese plan fue una enorme confusión pero yo supe toda la verdad hace pocas horas, mi abuelo y tu abuela se amaron con locura pero nunca llegaron a estar juntos. Tu abuela Marie y mi abuelo Edward estaban hechos el uno para el otro pero…

– ¡Ya estuvo suficiente de mentiras señor Cullen, creo que he escuchado demasiadas viniendo de usted! ¿Insinuar que mi abuela nunca amó a mi abuelo? ¡Esto es el colmo!

– No estoy mintiendo Bella, tu abuela Marie se casó con el hombre que no amaba... Ella usaba ese mismo vestido el día que se casó. ¿Quieres seguir tú el mismo destino? Mi amor por favor no lo hagas. Yo te amo... Mi hija y tú son todo lo que tengo ¡por favor! – Rogué acercándome un poco más a ella – Lo lamento mucho, no sabes el infierno que han sido estos dos meses sin ustedes en casa. Mi pequeña, yo te amo. Déjame estar contigo – de inmediato me corregí – con ustedes... No te alejes de mí.

– Creo que eso debió pensarlo el Sr. Cullen antes de hacer las cosas que hizo. Ahora simplemente es demasiado tarde – dijo volteándose y caminando hacia la puerta. La detuve tomándola del brazo.

– Bella ¡No! – Ella se volteó y me miró. Una lágrima había rodado por su mejilla derecha – Mi vida sin ustedes no tiene sentido, ¿Para qué seguir viviendo si lo que me da vida no está a mi lado? Soy un puñado de huesos sin alma, sin esperanza. Un simple sobreviviente entre los escombros del muro que cayó inexorablemente el día que yo acepté que te amaba y…

– Srta. Bella ¿Está usted bien? – Era la voz de Sue que habló desde el pasillo – Estamos saliendo al ayuntamiento con Billy. Su papá está aquí esperándola ¿Necesita algo? – Ella solo me miró con sus hermosos ojos chocolates y se volteó.

– Estoy bien Sue, unos minutos más de espera no le harán daño al novio – Respondió con una sonrisa, la cual yo sabía muy bien que era fingida. Que la única intención de su falso sonreír era hacerme daño… y lo estaba logrando.

– Bella por favor – llamé su atención y ella volteó a verme nuevamente – No lo hagas, no te cases con él. Elizabeth necesita a su papá, ¡YO soy su papá!

– No Sr. Cullen – respondió de manera pasiva – Mi hija no tiene padre. El murió para mí hace algunas semanas atrás, aunque creo – hizo un pausa reflexiva – que mi bebé nunca tuvo un papá, que ese hombre jamás existió – sus palabras como espadas cortantes de doble filo atravesaron mi pecho llegando directo al corazón.

– ¡No Bella por favor!... No te cases con Matt, tú no lo amas. No te puedes casar con alguien a quien no amas. ¿Recuerdas la película que vimos juntos mi amor? Dijiste que Julia no se podía casar con Glenn porque no lo amaba. Mi pequeña por favor ¡No lo hagas! – dije mientras mi otra mano se acercó a acariciar su mejilla, ella solo volteó el rostro. Su rechazo provocó que aquella maldita espada se clavara aún más profunda en mi corazón, esta vez hiriendo el alma –

– Se equivoca usted en una afirmación Sr. Cullen, yo si amo a Matt – dijo con su rostro aún volteado y mirando hacia el piso.

– Lo amas como amigo mi amor, como la persona que siempre estuvo a tu lado. Pero no lo amas como hombre, no lo amas como a mí – intenté tomar su rostro con mis manos pero nuevamente me rechazó.

– Esta usted equivocado de nuevo Sr. Cullen, yo...– titubeó – yo a usted no lo amo – La herida en el corazón, hasta ese momento no tan molestosa comenzó a sangrar irremediablemente al escuchar sus palabras.

– ¿No me amas? – Volteé su rostro y la obligué a mirarme – ¡Mírame y dime que no me amas! ¡Dímelo mirándome a los ojos Isabella Swan! – un silencio doloroso llenó la habitación.

– Lo siento, no te amo – dijo mientras me miraba desafiante. Mis rodillas temblaron en ese momento, quise llorar… llorar hasta olvidar que este momento estaba ocurriendo, hasta olvidar que Bella había dicho esas palabras.

– No te creo Bella... – dije con voz rota y aguantando las lagrimas que amenazaban con rodar a causa del dolor que ella me estaba provocando – Me estas mintiendo.

– Lo siento Edward – respondió esta vez usando mi nombre – A diferencia tuya...yo no sé mentir – Quise gritar, esta vez quise gritar hasta que mi voz quedara ronca, gritar para acallar sus palabras…gritar para olvidar.

– Bella por favor escúchame ¡Yo te amo! ¡Te amo con mi vida carajo! ¡No lo hagas! ¡No te cases con el hombre que no amas! Mi amor no lo hagas... No me destruyas así...

– ¿Qué no te destruya? Edward… ¿Te estás escuchado al menos? – Dijo de manera irónica – ¿Y lo que tú hiciste conmigo? ¿Acaso has olvidado todo lo que tú hiciste conmigo? Por favor, déjame en paz, ya se me hizo tarde – dijo mientras intentaba removerse de mi agarre.

– Tú prometiste jamás irte de mi lado Bella, en mi cumpleaños, mientras hacíamos el amor ¿Lo recuerdas? Tú lo dijiste mi pequeña. Me prometiste que jamás nadie tocaría tu cuerpo. Que yo sería el único, dijiste que serias mía siempre.

– Las promesas son solo eso Edward, yo puedo haber roto algunas pero ¿tú? Lo tuyo no tiene nombre, no tuyo no fueron promesas rotas, fueron mentiras, una tras otra… desde el inicio.

– ¿Has roto una promesa? – dije al analizar sus palabras – Bella por favor... No me digas que has estado en la cama con Matt... ¡No por favor! – dije con el poco de aire que le quedaban a mis pulmones.

– Por algo me voy a casar con él ¿no crees? – respondió nuevamente volteando su rostro.

– ¡Eso es mentira! – Grité con fuerza – ¡Tu cuerpo es mío! ¡Tu alma es mía! ¡Solo yo puedo besar tus labios, tus dulces labios! ¡Yo soy el único que puede hacerte el amor! – La tomé por el rostro y apoyé mi frente a la suya – Mi pequeña… dime que es mentira. Lo estás diciendo para hacerme daño mi amor, tu no pudiste hacernos esto – dije mientras tocaba su vientre con mis manos, una familiar corriente eléctrica me recibió. Recordé con tristeza que allí muy tranquilita estaba mi hija, el fruto de mi amor con Bella… mi pequeña princesa Elizabeth.

– Suéltame Edward – rogó con un susurro – Mi padre me está esperando y debo irme – Ante situaciones extremas, ¡medidas extremas! Me puse de rodillas en ese momento y poniendo mis manos en su cintura me acerqué a ella.

– Estoy de rodillas aquí frente a ti, pidiéndote con todas las fuerzas de mi alma que me perdones. ¡Lo siento tanto Bella...! Hija – dije mientras apoyaba mi cabeza en su pancita – Elizabeth, mi princesa hermosa, te amo... ¡Por favor perdóname! – sentí en ese momento un ligero movimiento en el vientre de Bella. Abrí los ojos como platos y alcé la cabeza para ver la reacción de Bella, ella también se había sorprendido por el inusitado movimiento de la bebé.

– Ella... – musitó – Acaba...de moverse... por primera vez – susurró mi pequeña con una lágrima escapándose de sus ojos. Bajé la mirada para centrarla en el vientre de mi Bella.

– Hola princesa, papá está aquí – dejé un beso en su pancita – ¿Me recuerdas mi cielo? ¿Verdad que reconoces a papa? – puse una mano y sentí otro movimiento. Quise gritar, esta vez de felicidad ¡Mi hija me reconocía! ¡Reconocía mi voz! – Mi bebé... ¿Sabes que papá te ama mucho? Si princesa, papá te quiere de vuelta en casa y te compuso una canción… una canción en piano, ya quiero que la escuches mi pequeñita – susurré mientras acariciaba despacito el lugar donde mi hija había pateado por primera vez – Papá las extraña mucho, vuelvan a casa por favor – besé nuevamente su vientre mientras unas cuantas lágrimas mojaban el vestido de Bella.

– Ya basta Edward...– escuché decir a Bella con voz triste – Debo irme, no puedo llegar tarde a mi boda.

– Bella ¿Acaso no te das cuenta lo que acaba de suceder? Nuestra hija acaba de moverse por primera vez, y estuvimos los dos aquí para sentirlo – dije poniéndome de pie sin abandonar mis manos de su vientre – ¡Ella se movió para sus padres mi pequeña! Es su manera de protesta a la locura que piensas cometer.

– No es ninguna locura Edward. Es lo mejor para ella, para mí… para todos.

– ¿Para todos? – Pregunté incrédulo – ¿Para todos Bella? Quizás será lo mejor para Matt, pero de ninguna manera será lo mejor para ti y mucho peor para nuestra bebé.

– Yo sé que es lo mejor para la bebé, y lo mejor es alejarnos del hombre que nos hizo daño... a las dos. Del hombre que nos engañó y mintió… a las dos. Matt es lo mejor para Elizabeth y para mi, él jamás nos hará daño. Con esto, solo cuido a mi hija Sr. Cullen, como juró algún día hacerlo el hombre que creí amar. El hombre que se burló de mí...

– Bella mi amor, te juro que lo siento tanto – acuné su rostro en mis manos, si hasta ese momento me había mantenido fuerte e inquebrantable no pude más y rompí en lágrimas – ¡Perdóname! Estoy profundamente arrepentido de lo que hice mi pequeña. Yo te amo demasiado, no puedo ni quiero vivir sin ustedes. Mi amor, perdóname...– Mis lágrimas mojaron sus mejillas, un sollozo lastimero se escapó de lo más profundo de mi ser – No te cases con él mi amor...Te lo ruego, te lo imploro desde lo mas profundo de mi ser ¡No lo hagas!

– Lo siento Sr. Cullen, ya es muy tarde – dijo con lágrimas en sus ojos – Debo irme, me están esperando.

– Pequeña...- en ese momento la estreché en mis brazos para intentar por última vez retenerla - Quédate aquí, conmigo... en mis brazos. No te vayas... te lo suplico en nombre de mi hija. No lo hagas...Te amo – susurré acariciando una de sus mejillas ahora mojadas en lágrimas. Me acerqué muy despacito a sus labios con la intención de besarlos pero ella se apartó. Fue allí que me di cuenta que el rey negro había ganado, que mi reina blanca había sido quitada de mi lado, que la partida para mi había acabado.

– No importa cuántas veces repita que me ama, esa es una mentira que jamás volveré a creer – me regaló una última mirada y dio unos cuantos pasos atrás – Adiós Sr. Cullen, que tenga usted un buen día – dijo en un susurro mientras salía de la habitación.

Me quedé impávido viéndola partir, mi cuerpo inerte no se movió un solo centímetro para detenerla. Sesenta años después un Cullen nuevamente dejaba escapar el amor de su vida. El abuelo perdió a Marie, yo perdía a su nieta... Yo perdía a Isabella Marie

Cuando escuché cerrar la puerta, no pude más y cayendo de rodillas en el suelo, grité con fuerza.

– Bella ¡Te amo mi amor!

* Bella POV

Cerré la puerta de mi habitación con el poco de fuerza que aún tenía. Apenas logré caminar unos cuantos pasos más y me derrumbé al escuchar su grito en mi habitación.

– Bella ¡Te amo mi amor!

Mi corazón se desgarró incluso con más fuerza que la vez que supe la verdad en su departamento. Sentí como mi alma se rasgó en cuatro partes al escuchar su grito desesperado. Esa voz que tantas veces me dijo que me amaba ahora estaba rota por culpa del dolor que yo le habia provocado. Tuve que recostar mi espalda en una de las paredes para no caer desfallecida. Estaba hiperventilado y la cabeza me daba muchas vueltas.

– Yo también te amo Edward... Siempre lo haré – susurré mientras ahogada en un mar de lágrimas me dejaba rodar hasta el piso. La máscara de dureza y altivez que había usado durante toda la conversación con Edward se cayó en cuanto salí de la habitación. Era imposible no conmoverse con un grito como aquel. Cubrí mi rostro con mis manos mientras lloraba.

¿Por qué tuvo que regresar? ¿Por qué tuvo que volver a mi vida? ¿Por qué nuestra hija decidió hacerse presente justo ahora por primera vez? ¿Por qué…por qué? Tantas preguntas sin respuestas, preguntas que eran mejor dejarlas en el olvido.

Me incorporé unos minutos después, sequé mis lágrimas y alisando mi vestido pasé las manos por mi vientre con ternura.

– Mamá esta lista, vamos por el abuelo bebé. Hay una boda a la que hay que asistir – me volteé para salir en busca de mi padre en su habitación pero al hacerlo noté que Charlie estaba justo en la mitad del pasillo, contemplándome con los ojos muy abiertos. Le sonreí de manera melancólica y caminé hasta donde estaba él, muy bien sentadito en su silla de ruedas.

Me sentía orgullosa de Charlie, en las últimas semanas su progreso era notablemente. Podía moverse solo en la silla de ruedas, aunque lento y con ayuda de un aparato ya caminaba trayectos más largos. Sue incluso mencionó que había intentado hablar en varias ocasiones, pero eran balbuceos cortos e inconexos.

– Hola guapo – dije mientras acomodaba un poco su corbata – Disculpa la tardanza papá. Ya estoy lista para irnos – Sus imposibles ojos cafés me miraron consternados, enseguida negó con la cabeza.

– N...N...No – soltó con esfuerzo – No... t...te vas... a ca...casar – Completamente absorta por lo que había escuchado me arrodillé y acaricié sus manos.

– ¡Papá!... ¡Hablaste! – Dije entre lágrimas – Lo lograste al fin... Estoy tan...

– No...te vas a...casar. Me nie...niego a eso... – estupefacta ante sus palabras no supe que decirle ante su rotunda negativa.

– Papá... ¿Qué ocurre? ¿Por qué te niegas a que yo me case con Matt?

– Por...porque tu a...amas al pa...papa de la be...bebe – dijo con fuerza.

– Charlie ¿Tú escuchaste la conversación con Edward? – dije casi en un balbuceo, el asintió – Papá – acaricié su cabello – Las cosas que él dijo son todas mentiras, su vida es una mentira. Y yo no necesito más de eso... Yo no lo amo, el solo...

– Menti... ¡Mentira! – Dijo alzando la voz de manera categórica – ¡Estas mintiendo! Yo te...te escuché di...diciendo que lo...lo amas. Ese matri...monio es una... ¡Una farsa!

– Papá, ¡Escúchame! Yo sé lo que hago, casarme con Matt es mi única vía a una vida en paz, que es justamente lo que necesito para mi hija, para tu nieta. ¿Me entiendes? – Charlie me miraba confundido – Muchas veces, necesitamos tomar en la vida dolorosas decisiones papá, abandonar proyectos de futuro, renunciar a hermosas oportunidades, poner nuestras obligaciones y responsabilidades antes que nuestros deseos, incluso – hice una pausa para secar las lágrimas que habían empezado a rodar por mis mejillas – incluso dejar ir a personas que amamos. Pero ¿Sabes algo? No es malo, ya que en el camino de alguna manera yo se que seré recompensada, de alguna manera seré feliz…

– No Isa...Isabella, jamás serás fe...feliz si te ca...casas con el...el hombre que no...no amas. ¡Me nie...niego a entre...garte a él! – sentenció firme mi padre. Nos quedamos en silencio un largo rato, cada uno asimilando las palabras del otro. Me parecía increíble como después de un año volvía a escuchar la voz de mi padre, pero esta vez en un escenario completamente distinto al esperado.

Solté un suspiro lastimero, y haciendo eco de mis propias palabras me puse de pie y dejé un beso en la cabeza de Charlie. Era tiempo de tomar una difícil decisión…

– Me entristece saber que no estarás conmigo el día de mi boda papá, pero esto es algo que debo hacer...así sea sola, pero lo haré. Te amo Charlie...

– No...No lo hagas ¡Be...Bella! – gritó pero ya era muy tarde, yo iba camino a la puerta. Había un destino trazado para mi, y debía seguirlo quiera o no.

Tomé del mueble de la salita mi bouquet de rosas blancas y salí de prisa envuelta en una nube de tristeza y dolor. Mi corazón se oprimió con fuerza en la mitad de mi pecho haciendo que la respiración me falte y que todo me diera vueltas.

– ¡Bella! – escuché una voz familiar mientras cruzaba el porche de la casa. Al alzar la mirada la reconocí de inmediato.

– Alice – susurré con tristeza y seguí caminando.

– ¡Bella! ¿Dónde vas? ¡Detente por favor! – corrió a mi lado.

– ¿Tu también Alice? ¿Tú también estás en el bando de los que quieren impedir mi felicidad? – le pregunté de manera mordaz.

– ¿Impedir tu felicidad? ¿Matt es tu felicidad Bella? ¡Estoy tratando de impedir que cometas un error!… ¡Estoy impidiéndote que cometas una locura!

– ¿Locura? – La miré y reí de manera irónica – ¡Locura fue enamorarme de tu hermano, vivir lo que viví con él! ¡Eso fue una locura! – Grité con fuerza – Una verdadera insensatez de mi parte enamorarme del hombre cuyo único fin era destruirme. ¡Eso es una locura Alice!

– Yo se que lo que él hizo estuvo mal Bella, cuando lo supe no te imaginas cuanto lo golpeé en tu nombre – soltó con rapidez – y no te imaginas cuantas veces le insistí para que te diga la verdad. Pero Edward es casi tan cabezota como tu. Se negaba a decirte la verdad por miedo a hacerte daño.

– ¡Pues vaya que lo hizo! Nos lastimo…profundamente… a ambas…– dije llevando las manos a mi vientre.

– Lo sé Bells, lo sé. Yo más que nadie lo sé. Pero el está realmente arrepentido. Edward ha sido un fantasma estas últimas semanas, hemos sido testigos de eso. ¿No te has fijado acaso cuanto peso ha perdido? ¿Sus ojeras marcadas y su mirada apagada? – Negué despacito – Bella, Edward no sale de su departamento, duerme con tu ropa sobre su cama, no suelta tu foto ni la de la bebe en ningún momento del día, y... – hizo una pausa como si estuviera poniendo en tela de duda si debía continuar o no – y tu anillo de compromiso está todo el tiempo en su bolsillo – finalizó con tristeza. Un segundo… ¿Qué había dicho Alice? ¿Un anillo de compromiso? ¿Cuándo Edward había comprado un anillo? Sacudí la cabeza y la miré…

– Tu hermano es un excelente actor Alice, montó la obra perfecta y ahora está representando de manera magistral el último acto. Y digo que es el último porque para mí esto se acabo aquí. No necesitamos más de esto... Elizabeth y yo ya tuvimos suficiente – comencé a caminar pero Alice me detuvo.

– Alice, déjala ir – escuché su voz acercándose a nosotros.

– Pero Edward... Ella...– se quejó Alice.

– Ella tomó una decisión Alice – dijo con tristeza. Hasta ese momento no había reparado en el semblante de Edward, su hermana tenía razón. Con algunas libras menos, y unas ojeras muy marcadas que ensombrecían aún más la mirada de esmeralda intensa que me cautivó desde que lo conocí aquel día en la puerta giratoria del edificio, allí estaba el que un día fue mi ángel, el que me salvaría del abismo al que me veía empujada cada día con más fuerza. Mi superhéroe personal…

– Muéstrale, muéstrale Edward lo que tienes en el bolsillo, muéstrale el anillo que compraste para ella... – le exigió su hermana, el simplemente negó con la cabeza – ¿Te vas a rendir así? ¿No vas a luchar por ella? ¿Qué te ocurre? ¿Tantas semanas de búsqueda y desesperación para simplemente dejarla ir? ¡Pelea Edward! ¡Haz algo!– las palabras de Alice causaron un fuerte remezón en mi interior ¿Edward en realidad me había buscado todo este tiempo?

– Lo intenté Alice… – murmuró con su voz de ángel casi quebrantada por el dolor que yo misma le estaba causando – Solo Dios sabe cuánto... lo intenté, pero ella está segura de lo que está haciendo Alice. La amo demasiado como para impedir su felicidad, y si su felicidad es estar junto a otro hombre que no sea yo… es hora de dejarla ir – hizo una pausa y se acercó un poco más a mí, acarició primero mi cabello y luego mi vientre y se alejó enseguida – Siempre te voy a amar Bella, el día que concebimos a nuestra hija te lo dije y hoy te repito con más fuerza que nunca: Te amo Isabella Swan, y prometo amarte para toda la vida aunque yo ya no forme parte de ella.

Tuve en ese momento las irremediables ganas de echarme a sus brazos y llorar, decirle todo lo que lo había extrañado. Gritarle que lo amaba con todas las fuerzas de mi alma, que mi hija y yo lo queríamos de vuelta en nuestras vidas. Pero simplemente no pude, no pude moverme ni un maldito centímetro… Esta vez la partida la ganó el orgullo

– Edward…– lloriqueó Alice.

– Es hora de irnos Alice, adiós Bella…– susurró triste mientras veía alejarse al único amor de mi vida. En ese momento llevé las manos a mi vientre ya que Elizabeth al escuchar nuevamente la voz rota de su padre empezó a moverse dando pequeñas pataditas. Había esperado tanto el momento en que sintiera a Liz por primera vez que ahora que sucedió simplemente deseaba que ella hubiese esperado al menos un día más.

– Adiós Edward… adiós amor mío… – susurré para mí mientras cruzaba el patio llorando de manera desconsolada. Me detuve un segundo a pensar ¿Qué rayos estaba haciendo? ¡Edward me había buscado para decirme que me amaba! Y yo… ¡Yo lo estaba dejando ir! Quise regresar y detenerlo pero era demasiado tarde… ya se había marchado.

Dejé correr mis lágrimas por varios minutos al darme cuenta de lo sucedido, no había marcha atrás. El había tomado la decisión de no pelear más así que yo debía tomar la decisión de seguir con el plan trazado.

Empecé a caminar rumbo al ayuntamiento. Cuando Matt me propuso matrimonio convenimos que el lugar para hacerlo sería el ayuntamiento de Forks, una simple ceremonia celebrada frente a un juez civil con Sue, Ángela, Billy y papá como testigos. Saldríamos a comer para "celebrar" en un discreto lugar de Forks e iríamos de regreso a casa. Matt insistió muchísimas veces en tener una luna de miel. Los Cabos, Hawai, Miami eran sus opciones pero me negué de plano a cualquiera de ellas. ¿Para qué ir a una luna de miel en la que al final nunca compartiría la cama con mi flamante esposo? ¿Para qué seguir dándole alas y alimentando una farsa?

El trayecto que no demoraba más de 7 minutos en auto lo hice en 30 minutos caminando, los pies me pesaban como si fueran de plomo y cada vez se movían más lento. Ni siquiera ellos estaban cooperando, sabían que me estaban llevando camino a la condenación. Llegué a la esquina del ayuntamiento pocos minutos después, tomé un fuerte respiro y alcé la mirada. La hora había llegado…

Cuando me prestaba a caminar nuevamente unos gritos me detuvieron.

– ¡Lo único que tenias que hacer y lo hiciste mal! ¡Dios! ¡Es que ya no se puede confiar en las personas! – reconocí de inmediato esa voz, era su voz… ¡su maldita voz! ¿Qué estaba ella haciendo aquí? Retrocedí unos pocos pasos y me quedé inmóvil escuchando su conversación – Solo te encargué hacer una maldita cosa y ni siquiera eso pudiste hacer bien. ¡Tenias que mantener a Isabella alejada de Edward y mira lo sucedió! Él está ahora en su casa, vaya a saber diciéndole que cosas. Quizá ni siquiera aparezca aquí para casarse y se fugue con él – ¿Cómo supo ella que Edward estaba en mi casa? ¿Acaso me estaba espiando?

– ¡No sé como rayos Edward se enteró donde estaba Bella! – Sentí desfallecer al reconocer la otra voz ¡No podía ser cierto! Agarré con fuerza mi vientre – ¡Me encargué cuidadosamente que ella no tenga contacto con nadie!

– ¿Y entonces como Edward se enteró? ¿Tuvo acaso una inspiración divina y vino justamente hoy a buscarla? ¡Es que no sirves para maldita sea la cosa Matt Stone! Se suponía que a esta hora Bella debía estar casada contigo y yo intentaría consolar a Edward a como diera lugar – En ese momento solté todo el aire contenido en mis pulmones, abracé con fuerza mi vientre y empecé a llorar.

– ¡Dios por favor no! ¡Matt no! – murmuré entre incontenibles sollozos.

– Tanya, te repito que no se cómo se entero Edward que Bella estaba acá – escuché nuevamente la voz de Matt dirigirse a Tanya – Yo recuerdo muy bien cuál era el plan y no hace falta que me lo recuerdes. ¡Pero no sé en qué momento todo el plan se retorció!

– Cuando vi a la enana de su hermana fuera de la casa de Bella supe que el plan se había ido al carajo – mis sospechas eran confirmadas. Esa mujer estaba en Forks, aliada con Matt y espiándome – ¿Como mierda pudiste ser tan descuidado Stone? ¡Un día más, solo un día más y ella era toda tuya! Bella tenía que estar aquí hace una hora y ahora no se sabe dónde estará metida y con quién.

– Ya basta Tanya, yo voy a salir a buscar a Bella. Ella tiene que casarse conmigo como sea, yo la amo y me haré cargo de ella y su bebé – dijo desesperado Matt.

– ¿Y aceptar un hijo que no es tuyo? ¡Hay que ver que si eres muy valiente o muy estúpido! Ella jamás te va a querer, su hijo siempre le recordara a Edward.

– ¡Cállate Tanya! – Le gritó – Ella si me amará, no sé cómo haré pero ella me va a amar tanto como la amo yo.

– Matt, por Dios ¡Aterriza! – escuché el chasqueo de unos dedos – Respóndeme algo ¿La has besado siquiera? ¿Has compartido su cama? – Hubo un largo silencio entre pregunta y pregunta – Lo supuse, Bella jamás te verá como hombre Matt.

– Lo hará, estoy seguro que lo hará – él respondió con convicción.

– ¡Pobre idiota! – Rió de manera socarrona – Pero te deseo mucha suerte con eso. ¡Ojalá! ¡Ojalá algún día no se entere que tú también la traicionaste! Yo mejor me voy, necesito encontrar a Edward, a ver si algo logro hacer. Perdiste la oportunidad de tu vida Stone, te deseo suerte encontrando a la novia fugitiva – volvió a reír esta vez con más fuerza – Me encantaría que al igual que Julia Roberts se suba a un caballo y se largue; pero que, a diferencia de la película, el caballo la bote y pierda a su bastardo – Un escalofrío recorrió mi cuerpo de solo pensar mi vida sin mi bebé. Ellos siguieron discutiendo pero yo dejé de prestar atención ya que solo eran insultos y más insultos en contra mía. Sus envenenadas palabras me estaban haciendo daño ¿Qué le había hecho yo a esa mujer? ¿Qué?

– ¿Te quieres callar? ¡Dios! ¡Eres insoportable! – escuché la voz de Matt un rato después para luego alejarse de allí. Me quede impávida un par de minutos, no sabía qué hacer. Dejé vencer mi espalda contra una de las paredes del enorme edificio de aquella esquina y rodé hasta el piso. Mis lágrimas se confundían con las enormes gotas de lluvia que empezaron a caer en ese momento.

– ¿Por qué a mí? ¿Por qué? – Grité con fuerza sentada en el bordillo de la acera – Se suponía que Matt era la única persona que jamás me traicionaría, el hombre que prometió cuidar de mí y de mi bebé – Intenté respirar con normalidad pero no pude dejar de hiperventilar. La realidad me superaba en ese momento ¡Mi mejor amigo también estaba contra mí!

De pronto sentí como aquel vestido de novia pesaba como una tonelada, lo miré con tristeza y decidí que era mejor quitármelo, no habría boda después de todo… entonces ¿Para qué seguir usándolo?

Me puse de pie y comencé a caminar, pensé por un momento ir a casa pero sabía que no era una decisión inteligente. Mi pequeña pateadora se hizo presente por tercera vez aquella mañana y empezó a moverse.

– Bebe, mamá está pensando donde ir. El hecho que tú la golpees no va a ayudar mucho a que ella se concentre. Quédate tranquilita mientras pienso que hacer mi amor… Hazlo por mamá – le susurré con ternura. Al parecer mis palabras calmaron a Elizabeth y se quedo tranquilita.

Caminé unas cuantas cuadras más y me senté en un banquito. Permanecí inmóvil por un largo rato ¿Minutos? ¿Horas? No lo sabía… Lo único que quería era morir, morir y escapar así de la maldita vida que me había tocado vivir.

Cuando la lluvia se hizo un poco más fuerte intenté buscar un refugio. Me puse de pie y caminé en dirección a la pequeña escuela de Forks, era lo único más cercano y seguro en ese momento. Cuando me disponía a cruzar la calle escuché un grito.

– ¡Bella! – Ni siquiera volteé a mirarlo – ¡Bella mi amor detente! ¿A dónde vas? – me dio alcance y me agarró del brazo. Giré para verlo y alzando la mano con fuerza, se la estampé en la mejilla. Él me soltó enseguida.

– No te atrevas a tocarme nunca más en tu vida Matthew Stone ¿Me oíste? – le grité al tiempo que cruzaba la calle.

– Bella ¿Qué ocurre? – me siguió.

– ¡Aléjate de mí! ¡Déjame en paz! – grité mientras aceleraba el paso.

– Isabella, ¡háblame! Todo esto es por Edward ¿verdad? Ese desgraciado te volvió a lavar el cerebro… ¿no es cierto? – corrió colocándose justo en frente mío.

– Tú sabías que él me estaba buscando ¿verdad? ¡Maldita sea! ¡Tú lo sabías! ¡Me trajiste a Forks con el único objetivo de alejarme de todo el mundo!

– Pero Bella… él te hizo daño ¡Lo único que hice fue protegerte de él! – se quejó.

– ¿Protegerme? ¿Cómo? ¿Aliándote con Tanya Denali? – solté con furia.

– ¿Qué…qué dijiste? – respondió confundido.

– ¡Yo te escuché Matt! Tanya y tú estaban confabulados para alejarme de todo y de todos. ¡Esta locura del matrimonio fue idea tuya y de esa mujer!

– ¡Bella, mi amor! Yo…

– No me vuelvas a decir así…. ¡Ya basta de mentiras! ¡Te has quejado de Edward todo el tiempo pero tú has sido peor! Al menos él tuvo las agallas de venir a decirme toda la verdad ¿Cuándo pensabas hacerlo tú? ¿Nunca?

– Bella yo…– dijo inclinando su cabeza – Yo te amo.

– ¡Ya basta! ¿Qué rayos les pasa ah? ¿Hacen daño a la persona que dicen amar? – comencé a caminar nuevamente y cuando llegué a la mitad de la calle me volteé para hablarle.

– Escúchame bien Matt. Nunca… ¡Nunca más te me acerques! ¡Ya estoy harta de todas sus mentiras! – Me volteé nuevamente y empecé a caminar a toda velocidad para alejarme de allí. Al llegar a la siguiente calle contuve la respiración por un momento y me detuve

– ¡Estoy harta de esta maldita farsa que es mi vida! ¡Ya no lo soporto más! – grité mientras caía de rodillas en el pavimento ya sin fuerzas para seguir luchando…

En ese momento un chirrido de llantas me sorprendió, cerré de inmediato los ojos y vi todo negro. Alguien por fin había escuchado mi grito desesperado…


Hola hola…! Una semana pido ¡No me maten! Hey, ¡tampoco me pateen! Un regalito para empezar la semana, aquí tenemos un capitulo adelantado. Un poco difícil de escribir para mi por lo difícil de la situación de los personajes, espero haber transmitido fielmente el dolor que sufrieron esta vez.

Como siempre, no me canso de agradecer todos sus hermosos comentarios. A las nuevas lectoras, bienvenidas. A las lectoras escondiditas por allí muchísimas gracias por su tiempo al leerme, y de ultimo pero no por eso menos un abrazo de oso a: NinnaCullen, Belewyn, Nelly McCarthy, Camela, L'Amelie, Kellys, VictoriamarieHale, mpgm, Tata XOXO, mcph76, Marchu, mgcb, CLauditha, NuRySh, Joli Cullen, Betzacosta, Katlyn Cullen, Ari, Beakis, Vasy Palma, claulrp, Sabrina2010, Facullen, Mariana s, Bellaliz, Adriu, Sayuri1980, diana, Chuvi1487, Meli8114, dA-tOnKS, Eli mMsen, V, yukarito, eydaf, Sianita, Palomita Cullen, Aredhel Isile, larosadelasrosas, carigt05, Jimena, M. Shilly, Silves, Lizzy Cullen, Karla-Cullen-Hale, Gegargas, Martinita, Ana, Partisan11, Karrcc, Jaavii, Ssil, Liyus-C, Mixelinthedark, DianElizz, Karoliiz, Magymc, Zujeyane, Claudia Cullen XD, Alise, Cherrie, Felicytas, Sully Yamileth, Bea, Luchii, Adry, CindyLis, Saraitk Hale Cullen, Aliz Cullen, Laura Katherine, AVampireYouCan'tSweatOut, m1982, Caro . Bere . Cullen, Naobi Chan, Patri31, Cinthya5, Satineych, Sandritav, Blapagu, Ginegine, Yolabertay, Yzza, Clisis, green's place, Fran Cullen Masen, Peluche Cullen, Lina, Ericastelo, Betzabeth. Todas son un sol, no saben lo feliz que me hacen sus comentarios!

Quiero aprovechar esta semana recomendarles un fic que esta empezando, su escritora una persona hermosa esta muy emocionada y me encantaria que la lean. Ninna Cullen presenta "Esperando por Ti" una excelente historia que encontraran en mi perfil de historias favoritas.

A mis amigas, como siempre eternamente agradecida! Isita que aunque me quiere matar y patear tiene su tiempo para betearme, Vivi cuyo estilo hace de mis personajes un lujo, Gaby y su excelente trabajo de RRPP, Ninna con sus aportes importantes y Esther cuyo talento inspira a sacar lo mejor de mi. Un enorme beso y agradecimiento.

Que le sucedio a Bella y Elizabeth? Lo sabremos el miercoles en la proxima actualizacion! Recuerden que cada review recibe un preview! Las que no tengan cuenta en FF dejen sus mails para enviarlo por esa via!

Han sufrido esta vez? Dejenmelo saber! Un beso y las leo!