El ser de temibles colmillos y de piel aparentemente áspera se echó a reír ante la aseveración recién dicha por el dios.

- ¡Pero claro que te conozco! – exclamó Geirrodur, carcajeando aún - ¡Eres el príncipe Loki, de Asgard!

- ¡Así es! – Bramó el joven – Y vengo a hacerte una propuesta…

- No me fío de asgardianos.

Loki se echó a reír.

- ¿Qué te hace desconfiar de mí?

- Se te conoce por embaucador – replicó el troll – ¿Y preguntas por qué soy desconfiado?

- Vamos, los que han hecho buenos tratos conmigo siempre se llevan las mejores partes – replicó Loki, insistente - ¿Por qué tú no?

- Porque siempre tienes una artimaña bajo tus intenciones – dijo él.

Loki se sentó en sobre un peñasco de superficie plana.

- Sí, seguro que sí – dijo él, sonriente – pero esto les conviene a ti y a tu grupo de… súbditos.

El rey de los poco apreciables seres dejó de mostrarse tan hostil para empezar a analizar la propuesta.

- ¿Qué ofreces, timador?

Loki sonrió.

- Sucede que existe una escolta de los mejores soldados de Odín, llamada "halcones escarlata" – dijo él – y deberían hacer vigilancia en este lugar por mandato del padre de todos.

El troll asintió, esperando más. Loki tomó aire.

- Te ofreceré una cantidad considerable de oro si los emboscas.

Pero en vez de verse apetecido por la deliciosa propuesta, Geirrodur se echó a reír.

- ¿Qué te crees? ¿Qué soy estúpido? No iniciaré una guerra con Asgard por un capricho tuyo – dijo él.

- ¿Por qué? ¿Te crees que Odín iniciará una guerra por un puñado de simples soldados descartables?

- Es impredecible – adujo Geirrodur.

- ¿Y entonces qué pierdes con emboscarlos con tus soldados? – Insistió Loki – ¿Te crees que alguien se enterará?

El rey se quedó pensativo.

- ¿Y puedo saber la razón de este… asesinato? – le preguntó él.

Loki no quería decirle que era para deshacerse de un rival amoroso, puesto que sería catalogado como poco hombre. Los asuntos amorosos se resolvían directamente y no a manos de terceros. Pero no podía permitirse tal placer, puesto que aún existían sospechas hacia él, y para hacer tal cosa debía mantenerse limpio.

- No preguntes el por qué. ¿Aceptas el trato, o no?

Geirrodur se quedó atisbándole unos segundos con clara desconfianza. Sin embargo, asintió tras un rato.

- Pues sí, si crees que podemos acabar con todo un grupo a una suma bastante alta, entonces acepto.

Loki sonrió malvadamente. Hizo un gesto de manos para hacer aparecer tres grandes sacos de piezas y monedas de oro puro. Al ver el aurífero premio, la agrupación se lanzó en loca carrera tras vivir en una clara miseria en la que tal riqueza no se veía casi nunca.

- Repartan la riqueza de la manera que ustedes deseen – dijo Loki, colocándose la capucha nuevamente – ciertamente esto me pondrá en deuda con ustedes, y el viejo de Odín permanecerá ignorante de su deceso.

- Tendrás lo que deseas, timador. Asesinaremos a todos los que se paseen por aquí.

- Recuerda que son un grupo de soldados de la escuadra "los halcones escarlata". No me importa si los ahogas, los desmiembras o los apuñalan. ¡Solamente quiero verlos muertos!

- ¡No hay por qué alterarse, embaucador! Verás su sangre llover por sobre estas montañas – carcajeó el troll.

El dios del engaño asintió.

- Con tal de que te deshagas de esos soldados está todo en orden.

- ¡Así será!

Loki se despidió, dirigiéndose al sitio en donde había dejado descansar a su caballo. Se montó sobre él para devolverse a casa tras maquinar tan macabro y sádico propósito.

Quizá no para todos, sino para el mismísimo Theoric.

Y sonrió malévolamente cuando imaginaba el cuerpo del odiado soldado sin vida, repleto de sangre.


Odín paseaba por los balcones observando, como tenía por costumbre, a los soldados desfilar y velas por el orden desde la distancia. Frigga se le acercó, posando una mano por su hombro.

- ¿Pasa algo? – preguntó el anciano.

- No pasa nada – la mujer se abrazó a su esposo, el que sonrió en silencio ante el cálido apego propinado por la reina de Asgard.

- Tengo pensado en dejar a Hlin sin protección real ni deberes para con nosotros por lo que le hizo a Sigyn – susurró ella.

Odín permaneció estático ante la afirmación.

- Pero si ha sido tu sirvienta por tantos años – adujo el rey, sorprendido de lo dicho por su mujer.

- Sí, pero se ha comportado pésimo con Sigyn. De no haber sido por Loki, ella estaría castigada de una manera espantosa. Sabes bien la pena que se les da a los ladrones.

El hombre decidió encarar a su esposa, y asintió a la aseveración.

- No habría dejado que la castigaran. Además me enteré por la misma Sigyn de que Hlin quiere forzarla a contraer matrimonio con Theoric – afirmó Odín -, sabida de que por su tutora se beneficiaría de la situación de riqueza de él.

- Una bajeza absoluta – añadió él – nunca lo habría imaginado de Hlin.

- Ni yo. No sabía que tanta amargura ocultaba ese lado de su personalidad.

Odín echó un suspiro de cansancio.

- Tantos problemas, querida… creía que habíamos tenido suficientes con Loki.

- Se ve que ya aprendió su lección – comentó Frigga, sonriendo dulcemente.

El padre de todos se mantuvo en silencio.

- Sí. Pero creo que hay algo más en él. Percibo un cambio que ciertamente muchos no notan. Desconozco si tú estás consciente de él.

Frigga parpadeó incrédula al dicho de su esposo.

- Sí, claro que noto algo distinto. ¿Por qué? – y el rey se distanció un poco de su esposa, creando la preocupación en ella dado su temible silencio, que por lo general antecedía a una sentencia firme y, usualmente, sin piedad.

- Porque… me parece que Loki está enamorado – sentenció él, serio.

Los ojos gris olivo de Frigga se dilataron por el escandaloso dicho por la boca de su esposo. Atónita por la espontaneidad del rey, se limitó a sonreír nerviosamente.

- ¿Pero qué estás diciendo?

- Lo que has oído – replicó Odín con increíble calma -, nuestros dos hijos están enamorados. Siempre supe que Thor se enamoraría antes de su hermano… pero nunca imaginé que Loki… - clavó su ojo azul hielo en los de su esposa, cuyo silencio confirmaba el sentimiento del que Odín había sospechado hasta ese momento.

- ¿Pero tú ya lo sabías, cierto? – inquirió él, un poco ceñudo.

- ¿Consideras que ese sentimiento es nocivo para nuestro hijo? – preguntó Frigga, adusta y casi dolida por la dura naturaleza de la pregunta.

- No he dicho eso. Estoy diciendo que si ya sabías que Loki estaba enamorado.

La reina bajó la cabeza.

- Sí, sí sabía de que Sigyn ama a nuestro hijo – musitó ella.

Odín calló a la respuesta de Frigga. No se imaginaba que el amor en este caso fuese mutuo.

- Ella misma me lo confesó – añadió la mujer, cabizbaja.

El monarca de Asgard tomó distancia, suspirando. Frigga vaciló por un segundo al acercarse a su esposo, quien permaneció estático, como sumido en sus pensamientos ante lo nuevo que se presentaba.

- ¿Cómo notaste que Loki está enamorado de Sigyn? – Inquirió la madre de todos, estupefacta – A la distancia yo lo he visto, sí… se nota que él está a gusto en su presencia.

- Porque… si supieras la forma en que le habló cuando estuvo con ella – recordó Odín, la mirada intensa de Loki dirigida a la inocente y fascinada Sigyn al momento de ejercer su defensa para salvarla de los castigos -, la forma en que le sonreía… la manera que la miraba.

- Sucede lo mismo con ella. Sigyn se muestra tan feliz al verlo bien.

- Por eso no buscó recompensas tras sanar a nuestro hijo. Su mejor recompensa fue verlo sano y salvo – concluyó Odín, dándose cuenta de la actitud de la inocente joven que había robado el corazón del demencial príncipe Loki.

- ¿Te opones a ello?

- No sabría decirlo. Primero Thor con una mortal y ahora Loki enamorado de nuestra sirvienta…

- Cuando se trata de amor, las barreras nada son. ¿No le has reprochado nada a Thor, por qué lo harías con Loki?

- Se han enamorado de mujeres de distintos mundos.

Frigga echó una carcajada de desconcierto.

- ¡Sigyn es de Asgard! – exclamó ella.

- Pero es una sirvienta – remarcó Odín, serio.

- ¡Es preferible que sea una sirvienta que se preocupe por él sinceramente a que esté enamorado de una mujer que sólo quiera lastimarle y casarse con él por interés! – protestó Frigga, turbada.

- ¿Y qué dirían las otras sirvientas? ¿Ahora dejaremos que los nobles se casen con los plebeyos? No es que les desprecie, pero no pertenecen al mismo linaje. Además, muchas solo buscan riquezas…

- ¡Sigyn no le importa buscar riqueza! – Exclamó Frigga, escandalizada - ¡Ella quiere al igual que yo, Thor o tú mismo la felicidad de Loki!

- ¿Y él? ¿Se da cuenta?

- ¡Claro que sí! ¡Tú sabes cómo es Loki! – Profirió ella - ¡Él no es así! ¡Loki no habría salido a defender ni a su hermano y salió a defender a Sigyn! ¡Eso es prueba de que a él le importa!

Odín calló ante el reclamo de su esposa. Ciertamente tenía la razón: Loki no era de defender a las personas como menos lo era defendiendo a una sirvienta considerada una loca por fantasear por un príncipe que según la plebe, le daba igual.

- No importa si tú no apoyas lo que Sigyn siente hacia Loki.

- No he dicho lo contrario. Me preocupa… porque Theoric no la está tratando con el respeto que ella merece.

- ¿Quieres decir que…?

- Sigyn no me ha contado que Theoric la acosaba, y que en ocasiones ha sido agresivo con ella.

- ¡Pues deberías prohibirle que se acerque a ella!

- Pero no la ha transgredido – dijo Odín.

- ¿Y esperas a que la corrompa para hacer acciones contra él? – Frigga alegó indignada - ¡No! ¡Hay que velar por el bienestar de Sigyn! ¡Ha hecho muchísimo por nosotros! ¡Salvó a nuestro hijo y ha enmendado mucho dolor que le hemos causado a través de la poca atención que le hemos dado!

Odín cerró el ojo, ceñudo. No le gustaba cuando le recordaban ese hecho que no dejaba de ser cierto. Pensaba en la triste escena de cuando Loki se había enterado de su verdadero origen, recalcando el por qué su favor iba siempre hacia el odiado rival de rubio cabello. El anciano suspiró entristecido y se volvió a su esposa.

- ¿Qué sugieres?

- Sugiero que alejes definitivamente a Theoric de ella. Podríamos evitar muchas cosas.

- ¿Quieres dejarla trabajando en el palacio de manera directa?

- ¡Sí, Odín! – exclamó la mujer, agitándose - ¡Ni yo misma lo habría dicho mejor!

El anciano calló por un instante, para luego volverse a su esposa.

- Pues Sigyn se quedará a trabajar aquí – dictaminó. Y aquel dictamen hizo a Frigga suspirar de alivio.


Loki regresaba al palacio tras el cruento trato con Geirrodur con evidente cansancio. Apenas llegó al establo a dejar a su caballo descansar, se vio sorprendido por uno de los criados, quien se acercó ignorante de la identidad de aquel hombre de caperuza negra.

- ¿Eh? ¿Quién anda ahí? – Loki se dio vuelta a atender el llamado, el cual hizo retroceder al hombre.

- ¡Su Alteza! – El sirviente se echó a sus pies - ¡Perdone el atrevimiento…!

- No, no. No veo razón por la cual castigarte – replicó Loki bostezando y cubriéndose la boca.

- ¿Se siente bien?

- Necesito ir a dormir. Cabalgué por los prados por la madrugada – dijo él, intentando salir de la conversación que se le hacía desagradable.

El criado asintió. Loki le ordenó que le diera de comer a su caballo junto con las atenciones correspondientes. Dirigía sus pasos a sus cálidos aposentos, cuando vio que una serie de soldados caminaba por los pasillos acompañados de dos mujeres, que resultaban ser Tilda y Hildegarde. Loki miró ceñudo la escena. ¿Qué significaba esto?

El príncipe se aventuró por el pasillo dorado cuando oía a su padre llamarlos. Se tornó invisible para obtener una mejor perspectiva de aquel curioso acontecimiento. Se apoyó de una columna para quedar mejor.

Todos se pusieron de rodillas ante el padre de todos en señal de sumisión.

- Mi rey, ¿qué desea que hagamos?

- Les he convocado aquí por una razón de la que tal vez ustedes estén al tanto - dijo Odín, sin salir de su trono.

Tilda levantó la cabeza.

- ¿Ha sentido una amenaza, su Majestad?

- No una amenaza. Desde que Loki reinó como rey en Asgard, las relaciones con Jötunheim han empeorado… y estoy preocupado que con la situación que Asgard está pasando, una amenaza pueda… aprovecharse de la debilidad de nuestro reino.

Los soldados se miraron, Arko agregó:

- Tiene razón.

- Entonces… les he llamado para requerir de sus servicios – dictó Odín, yendo al punto de la situación.

Loki sonrió. Se imaginaba lo que seguía.

- Quiero que vayan al límite del reino y que se aseguren de que nada amenace la paz y la seguridad de Asgard. Si así es, sepan que tendrán una regalía muy especial.

Arko y Tyr aprobaron la idea, al igual que Theoric y Hermod.

- Independiente de dádivas o regalías, ha de saber el padre de todos que estaremos protegiendo Asgard con nuestra vida.

Odín sonrió de manera imperceptible a los demás.

- ¿Están en condiciones como para ir hoy?

- ¡Sí, nuestro rey! – exclamaron los guerreros vehementes.

Sonriente, Loki se apartó al ver que la primera parte del plan estaba resultando de lo mejor. Se frotó las manos, riéndose mientras se marchaba a sus aposentos a esperar el resultado de lo que para Asgard y para ellos sería una sangrienta tragedia. Se desnudó para acostarse y descansar.


Sigyn se levantaba a la luz del alba cuando Gna y Fulla se le unían. El cocinero Andhrimir había elaborado el rico desayuno para todos los sirvientes, guiñándole un ojo a la rubia como señal de interés, gesto que la muchacha ignoró.

Gna y Fulla se quedaron mirándola mientras tomaba su primer alimento con cereales y leche tibia. Incómoda, la joven depuso su ingesta para preguntar a qué se debía tal ojeada. Las mujeres maduras sonrieron maliciosamente.

- Tal parece que Loki tiene una favorita pese a los pensamientos contrarios.

Sigyn las miró ceñuda.

- ¿Por qué?

- Que te haya regalado esa joya tan bonita… que te haya salvado de un castigo tan horrible si se hubiese probado que eras una ladrona.

La muchacha, embarazosa, se encogió de hombros.

- ¡Tal vez te cases con él después de todo! – se rió Gna, contagiándole la risa a Fulla, su compañera.

- Y dejes de soñar con él – añadió la otra, burlesca.

- ¿No será que unas pobres solteronas como ustedes me tienen envidia? – se atrevió Sigyn, ya hastiada de la situación.

Ambas mujeres borraron las burlescas sonrisas para reemplazarlas por expresiones de sorpresa, puesto que al igual que Hlin, no estaban acostumbradas al ver a Sigyn atreviéndose a contestar.

- Calma, no te lo tomes a mal – dijo Fulla moviendo la mano.

- ¿Y qué si le gusto al príncipe Loki? ¿Tendrían algún problema con eso?

- No…

- ¡Entonces dejen de mostrarse tan molestosas! Me dan lástima, no tienen nada mejor que hacer más que chismear acerca de la vida de los demás. ¡Podrían estar concentradas en cosas más útiles! – protestó Sigyn, furiosa.

- Eh, cálmate Sigyn, no es para tanto.

Andhrimir se le acercó.

- Yo estoy viejo pero tengo mis cualidades… - le sonrió a la muchacha.

- Deja a la princesita en paz – se burló Gna – ya notas que no le gusta la plebe.

- Oh, lo siento – y se rió.

Sigyn se levantó de golpe de la mesa para marcharse, pese a que algunos protestaban lo contrario. Tomó su cubeta y se encaminó al pozo para extraer una buena cantidad de agua. Entonces, dejó la cubeta en lo que parecía una pequeña mesa de posada para buscar el capirote regalado por Eir, puesto que el clima dictaba que sería una jornada poco apropiada para estar desabrigado. Por unos segundos lo expuso al generoso fuego ofrecido por la chimenea y evitar el frío inmediato para salir a buscar la cubeta recién repletada con agua.

Sigyn se encaminaba al pequeño jardín para dar el riego a las plantas que crecían. El sol ofrecía cálidos rayos y la gente que acompañaba el paisaje anunciaba para ella un día normal como otro. Tras ello, se dirigió a la palangana que contenía ropa recién limpia para colgarla en los cordeles puestos en lo que era el patio de la cabaña cercada con un bonito lindante de madera y decorada con flores para que no se viese tan frío y desabrido.

Tras unos minutos, la criada concluyó su labor. Sin embargo, la llamada que Hlin hizo a la joven la distrajo de sus pensamientos corrientes.

- ¿Qué pasa Hlin? – preguntó ella.

- Frigga te llama. Necesita hablar contigo.

Sigyn abrió los ojos aún más en señal de asombro.

- ¿Es urgente?

- No me ha dicho nada de eso – la muchacha bajó la mirada, meditando su siguiente acción.

- Cualquiera cosa que sea, vete ya – dijo Hlin, cansada.

- Ya voy – dijo Sigyn – vieja gruñona.

La ofendida soltó un jadeo ante el improperio.

- ¿Escuché bien?

- Que eres una vieja gruñona – replicó Sigyn sin pudor.

Hlin se acercó a ella, retadora.

- Niña insolente, ¿Quién te has creído para insultarme así?

- ¿Y tú quien te creías para acusarme de ladrona?

- Te crees mucho sólo porque Loki tiene una consideración especial contigo.

- No, estoy harta de que me trates como un trapo. Estoy haciéndome respetar.

Hlin bufó un suspiro de hastío.

- Y le pedí a Odín que terminara mi compromiso con Theoric. Prohibió también que se acercara a mí por cómo me trata. Siento si no puedes beneficiarte de su situación económica, pero si es eso, ¿por qué no te casas tú con él? – se atrevió ella.

- ¡Miserable insolente! – exclamó Hlin.

- Sólo digo la verdad – se defendió Sigyn – puedes beneficiarte tú directamente.

La criada y la mujer se quedaron mirando por unos segundos. Ceñuda, la vituperada anciana le ordenó secamente que se marchara, no sin antes que Sigyn le pidiese algo más.

- ¿Qué?

- Dile a Frigga que la veré pronto, necesito ir al mercado primero.

- Ya lo hago – contestó la vieja, sin mirarla.

A medida que caminaba al centro de Asgard, Sigyn se asombró de su insolencia y osadía aprendidas de Loki. Por un momento quiso volverse a Hlin y pedirle perdón. Aquella reflexión la hizo deponer su caminata. Por un momento, se hundió en sus cambios desde que se había involucrado con el secretamente desposado. Se había vuelto más intrépida y mucho más lista… y diestra en el arte de la magia que tanto le cautivaba. Pero era obvio que una parte pequeñísima de ella le decía que eso no estaba bien, que por más que amara a Loki con locura, debía permanecer firme y leal a Asgard.

Algunas susurraban al verla pasar. En un principio a Sigyn le molestaba, mas ahora le daba igual. Simplemente y sin apuros se encaminó a la diversa lonja para adquirir alimentos y telas para hacerse un vestido.

Sigyn sacó el dispendio para pagar los bienes obtenidos, agradeciendo a los mercaderes de cada puesto. Mas cuando se devolvía, se topó con algunas de sus compañeras, incluso con algunas que no veía mucho o no hablaba casi nunca.

- ¡Eh, Sigyn! – exclamó Var, de cabello rojo.

La llamada atendió.

- ¿Qué pasa?

- ¡Ha llegado una vidente! ¡Le hemos preguntado sobre el futuro! – Exclamó Syn, hermana de la anterior - ¿Quieres venir?

La muchacha se quedó callada y cuando se disponía a responder a la invitación, Sjöfn y Löfn empezaron a danzar y a tirar pétalos de flores rosadas a modo de celebración.

- ¿Qué hacen? – protestó la muchacha quitándose los hojillas de tierno tono rosa de los cabellos y hombros.

- Quisimos consultar a la vidente que está por aquí por tu futuro con Loki, porque nos enteramos de que está loco por ti – contestó Sjöfn, sonriente.

Aquella frase hizo a Sigyn toser convulsivamente de la súbita espontaneidad.

- ¿Y? – articuló ella, apenas se repuso de la tos.

- Que no responderá nada si no eres tú quien consulta.

La criada se quedó helada. ¿Consultar? ¿A una vidente?

- No creo en las videntes. Creo que cada uno hace su destino. No tengo por qué consultar a una por algo que yo puedo construir.

Las chismosas se miraron las unas a las otras pasmadas de la incredulidad de Sigyn.

- Seguro que si le dices eso a la vidente, te lanzará una maldición.

- Recuerdo que has dicho vidente y no hechicera.

- Suelen tener dotes de lo mismo. Ten cuidado – dijo Syn.

- No les temo.

Algunas se cubrieron la boca del temor ante lo recientemente afirmado por Sigyn, la que tomaba sus cosas para irse.

- Pero supongo que si no crees en ella, no perderás nada con preguntarle algo sobre los… designios – insistió Sjöfn.

Saturada por la insistencia de las odiosas compañeras, Sigyn finalmente cedió, con una condición; que llevaran los productos adquiridos a la casa para trabajarlos después.

- Gracias chicas, nos vemos después – dijo ella, despidiéndose.

Apenas se marcharon, Sigyn se dirigió hacia donde estaba la vidente supuestamente. Estaba en un callejón apartado de los mercados, en donde no hacía mucho calor. Se encogió en su capirote para tomar calidez, más aún cuando notaba que se adentraba en algo más oscuro; casi como un pasadizo.

La chica se aventuró, sosteniendo en mano unas monedas para dárselas. Intrigada por la oscuridad que iba aumentando, Sigyn se apoyó por las paredes. Esto hasta que un extraño resplandor verde – similar a la tonalidad de los ojos de Loki – combinada con una humareda grisácea que provenía de una caldera, cuyo visiblemente espeso contenido era movido por un largo fuste de madera a manos de una vieja de muchísima más edad que la propia Hlin, que estaba encorvada.

Sigyn tragó saliva. Pero la mujer se levantó un poco.

- Pasa, niña. No es cortés que espíes escondida – chirrió la vidente.

A la muchacha se le subió el corazón a la garganta.

- Ven, que no te dé pena – y Sigyn tuvo el valor suficiente de acercarse.

Cuando hubo roto la distancia, la muchacha se quedó mirándola; esta vez pudo apreciarla de mejor manera. Poseía ojos grises, piel amarillenta y cabello canoso y largo que caía por su hombro izquierdo.

La temible anciana movió las mandíbulas, observando al parecer detenidamente a la pequeña y visiblemente asustada Sigyn.

- ¿Estás sola, pequeña? – le preguntó la vieja, riéndose a carcajadas secas.

- Sí… - balbuceó la joven, encogiéndose de hombros.

- ¿Y supongo que sabes quién soy?

La muchacha desvió la mirada hacia el lado.

- Mis amigas me hablaron de usted.

- Volla, la vidente – remarcó ella.

La vieja dejó que sus labios esbozaran una arrugada pero notable sonrisa mientras seguía revolviendo el contenido de la caldera.

- Como ellas me hablaron de ti – y a Sigyn se le dilataron los ojos de la pura sorpresa.

- ¿Hablaron de mí?

- ¡Pero claro, niña! – Exclamó la anciana, carcajeando – Imaginaba que estando juntas aprovecharían de hablar de alguien y traérmela aquí.

Sigyn enmudeció nuevamente.

- Háblame, niña. No soy un ser al que debas temer.

La oscuridad que iba en conjunto con el lugar y la rasposa voz de la mujer hacían una combinación tenebrosa para cualquiera, incluso para Sigyn quien se había vuelto más intrépida.

- Supongo entonces… que si no tienes que hablar, no preguntarás nada, ¿O no? – preguntó ella.

- No lo sé. Mis amigas insistieron en que viniera – replicó Sigyn, tímida.

Volla torció el cuello hacia el lado, analizando aparentemente a la criada.

- Tú estás enamorada – determinó la vidente.

"Oh, no. Ya comenzó", pensó Sigyn, nerviosa.

- No porque me lo han dicho, sino porque tu objeto de amor corresponde a tus sentimientos.

La lengua de la criada cayó víctima de la aguja del pasmo nuevamente. ¡No podía ser que se le notara tanto!

- Amas al bien conocido príncipe demente, Loki. Y porque le has cuidado con desinterés en recompensas y con sinceridad, terminaste por conquistarlo – adivinó Volla – él te ama con locura, como tú le amas de la misma forma – la criada asintió culposamente.

- Sí, lo amo – corroboró Sigyn.

- Me sorprende que no te dé vergüenza. Pero me asombra también que él, siendo como es, te ame también.

- La sinceridad mueve montañas, señora Volla.

- Es lo que más deleita al príncipe Loki. Él pide a gritos que le quieran, pese a que parezca todo lo contrario. Y tú se lo das.

Las mejillas de Sigyn tomaron una tierna tonalidad rojiza a la declaración hecha por la mujer.

- Claro que hasta el alma más malvada puede enamorarse de la más pura – dictaminó Volla, haciendo a Sigyn fruncir el ceño.

Tal gesto hizo a la anciana reírse.

- No te enojes, hija. Puede que contigo haya mostrado su mejor lado pero él sigue siendo el asesino mentiroso que por poco destruyó dos mundos. ¿O te crees que dejará sus posibilidades de victoria sólo porque se enamoró de una sirvienta?

Sigyn se alejó de la vidente.

- ¡Usted no lo conoce! ¡Él ha sufrido muchísimo!

- Podrá haber sufrido, podrá haber derramado océanos de lágrimas, podrá haberse entregado a ti – dictó Volla – como tú te entregaste intacta a él, pero nunca vas a ser tan importante para Loki como para que abandone su rencor y sus planes de conquista hacia Asgard. Como él se ha acostado con muchas mujeres, se acostó contigo. Así como se olvidó de esas mujeres, te olvidará.

Sigyn agitó la cabeza en señal de la más acérrima y absoluta negación.

- ¡No, no! ¡Eso no es cierto! – Chilló ella, llorando - ¡Él me ama! ¡Él me lo ha dicho!

- Es el dios del engaño, niña Sigyn. Ha engañado a su propia familia para sus fines egoístas. Se ha aprovechado de tu inocencia para hacerte creer que puede amar, pero sólo te ha desvirgado a ti y a tu mente con engaños. Monstruos como él nunca amarán más persona que a sí mismos o a sus propósitos.

- ¡No me ha desvirgado! ¡Nos entregamos porque Loki y yo nos amamos! – Contrarió Sigyn, con la voz quebrada - ¡Déjate de hablar estupideces y si no tienes algo bueno que decir sobre Loki, es mejor que te prives de las palabras!

Volla borró su sonrisa.

- ¡Nadie me dirá qué debo hacer ni cuando callar, niña insolente! – Bramó la vidente, furiosa ante la osadía de la menuda criada - ¡Te lo he dicho porque es verdad! Entregaste tu pureza al ser más ruin y miserable que pueda haber pisado Asgard u otro lugar en el Yggdrassil, le has dado tu amor a un hombre que no vale nada, ¡Y lo peor de todo es que dejarás que te lise con hijos para matarte!

Aquella aserción provocó un jadeo en el pecho de la advertida.

- ¡No!

- Sí. Eres la esposa de un asesino. Y como no vaciló en poner en peligro a su propio padre para quedarse con el trono de Asgard, no lo pensará dos veces en sacarte herederos. Y no serán hijos normales, sino engendros… mestizos de jötunn y de asgardiana. Sí, podrá hablar de ti como si fueses su reina, pero no eres nada más que un objeto de satisfacción para él. Cuando se harte de ti, buscará a otra con la cual saciarse y sólo cuando le des un hijo, te asesinará.

Sollozando, Sigyn le dio la espalda.

- Eso te espera por amar a alguien que no puede retornar un sentimiento tan puro como el que tienes…

- No hables más. Amo a Loki. Es la más grande verdad que conozco – afirmó Sigyn, determinante.

- Y no habrá más grande verdad para él de querer dejarte de lado por sus ambiciones y deseos de venganza a su hermano y a su padre. Sólo eres una mujer más de su larga lista de amantes que sirve para apañar los deseos reprimidos que no puede satisfacer desde que fue castigado – la criada movió su cabeza, apretando los párpados. Sólo pudo caminar unos cuantos metros antes que la vieja pudiese añadir unas últimas palabras antes de marcharse del lugar.

- Loki es el significado más puro de la perdición y compartirás su destino. Tú y los hijos que engendres con él estarán malditos. Estás a tiempo de dejarlo. Su senda está llena de cristales rotos, ¿acaso deseas cortar tus pies al acompañarlo?

- ¡Jamás le abandonaré! ¡Lo que dices no es cierto! ¡Sólo quieres lastimarlo alejándome de él! – vociferó Sigyn llena de odio.

- El destino no miente, niña. Las páginas del destino han sido escritas y nada podrá borrarlas.

- ¡No, no! – lloró ella, cubriéndose la boca ante la crudeza de sus palabras.

- ¡Vete si quieres! ¡Pero no olvides que al caminar por el camino que él ha trazado será como que camines sobre cristales rotos! – siseó Volla.

Sigyn salió corriendo del sitio, limpiándose las lágrimas del rostro, que iban bañando sus mejillas como pequeños riachuelos pero disimuló como mejor pudo el dolor y el miedo que aquella vidente le había inculcado.

Algunas de sus compañeras la vieron pasar rápidamente y les extrañó que estuviera sollozando.

- ¡Eh! ¿Qué pasa, Sigyn? ¿Te sientes mal? – preguntó Var.

- ¡Estoy bien! – respondió alterada, apresurada.

Var retrocedió ante lo hostil de la respuesta de la interrogada.

- Pero no te alteres, por favor.

- ¿Te ha hecho algo la vidente?

Sigyn tomó aire antes de dar la contestación.

- No. Sólo quiero irme. Debo acudir a mis deberes.

- Sigyn. No estás bien – dijo Syn.

- No puede ser que estés así porque sí – añadió Sjöfn, acercándose a ella sólo para espantarse al notar de mejor manera que estaba con los ojos llenos de lágrimas - ¿Sucedió algo?

- Nada, por favor. Déjenme en paz – pidió Sigyn con la voz muy débil – estoy… bien.

Las sirvientas gesticularon expresiones de extrañeza ante la insistencia de Sigyn, pero no formularon palabras de apelación para no continuar molestándola, con lo que optaron en dejarla en paz, cosa que evidentemente alivió a la agarrotada criada, la que salió corriendo a retornar a sus deberes.

… o tal vez a contarle a Loki lo que había sucedido.


Tras la orden dada a los guerreros escarlata, éstos salían del palacio tras el mandato expreso del rey. Arko, Tyr y Hermod se separaron del grupo para ir en búsqueda de algunos lacayos.

- ¡Eh! – Exclamó Tyr – Faltan Tilda y Hildegarde.

- Es asunto de hombres, Tyr – comentó Theoric, despectivo – si esas dos vienen será como cantineras.

Arko esbozó una mueca de disgusto y desaprobación ante el dicho machista de Theoric.

- Oye, no digas tonterías. Recuerda que Tilda es nuestra capitana – arguyó el guerrero pelirrojo.

- Pero es una mujer – se quejó Theoric.

- ¿Dirás lo mismo de las Valquirias?

- Es distinto – respondió el barbudo – no me gustaría que un hombre me llevara al Valhalla luego de morir en batalla.

- Eso es cierto – aprobó Tyr sonriente.

- Pues vamos ya, Odín se molestará si no vamos.

- Puedes decirle a Sigyn que envíe a otro par de sirvientas que nos acompañen – dijo Arko – se nos hace tarde – y se marchó junto con la horda de guerreros.

Theoric tomó el cáliz repleto de cerveza, bebiéndose el líquido.

- ¿Por qué no te vas tú a decírselo? No puedo ver a esa chica.

- Seguro que no te mirará con mala cara si te le acercas solamente a decirle eso – dijo Tyr.

El joven guerrero entonces aceptó ir a informarle a la inaccesible Sigyn lo recién dicho. Con ello, tendría una excusa para verla y molestarla.

Montó su caballo, espoleándolo y encaminándose hacia el palacio en donde estaba ejerciendo su deber. Tomó un atajo hacia la sala, dando la razón de su estadía a los guardias que se cruzaban en su senda.

La muchacha estaba saliendo del pasillo que llevaba a la habitación de Loki, a paso raudo. Theoric se ocultó tras la columna, esperando saltar al momento en que ella se acercara.

De un golpe se apareció, provocando un espasmo de miedo a la pequeña criada.

- ¿Qué quieres Theoric? Estoy ocupada…

- Vengo a hacer lo que mejor hago: molestarte – le sonrió exponiéndole sus dientes.

Sigyn suspiró y bajó la mirada, repugnada.

- No estoy para eso, Theoric – se quejó ella.

- Pues iba a decirte que les digas a Hildegarde y a Tilda que vayan al salón del trono porque Odín nos ha llamado – dijo él – sólo eso.

Sigyn se quedó mirándolo.

- ¿Cómo?

- Que llames a la capitana de los halcones escarlata y a Hildegarde, su hermana.

- Pero no sé dónde están – maulló Sigyn – he estado todo el día aquí y no puedo abandonar los deberes sin autorización de Hlin.

- ¿Siempre tan sumisa, no? La gatita no tiene tantas garras después de todo – comentó Theoric cruzándose de brazos y esbozando una sonrisa.

Sigyn asintió.

- Le pediré permiso a Hlin para poder buscarlas.

- Bien. Diles que vayan enseguida al salón del trono.

- Seguro – dijo ella.

Se dio una vuelta y se encaminó al salón en donde se celebraban los festines. Encontró a Hlin dirigiendo los deberes y regañando como de costumbre a una que otra sirvienta. La joven se arrimó a la vieja, quien se volvió a ella para prestar atención a lo que ella creía otro melindre propio de su adolescencia.

- Está bien, Sigyn. Vete ya a buscarlas – a lo que la chica corrió con la velocidad de un felino a cumplir lo dicho.

Se pasó varios momentos buscando por los pasillos del palacio. Con el pasar de los minutos al no encontrar a las procuradas pensó por un momento de que al estar en el mismo palacio ya habían sido informadas del hecho. Detuvo el paso para mirar a sus alrededores; se había encontrado con Hermod y con Tyr.

- ¡Eh, Sigyn!

- ¿Qué sucede, señores?

- Ya encontramos a Hildegarde y a Tilda – aclaró Tyr – no hay que preocuparse.

- Oh – Sigyn bajó la mirada – y eso que le había pedido a Hlin que me diera permiso para…

-¡Es por eso, preciosa! – Exclamó Hermod sonriente – No hay líos. Puedes volver a tus deberes si quieres, que nos han llamado para ir a las montañas de Asgard para ver si hay alguna amenaza.

La cara de Sigyn cobró una expresión de asombro.

- ¿Amenaza?

- Odín envía una comitiva de los halcones escarlata cada cierto periodo de tiempo para asegurarse de que no hay peligros que ronden por Asgard – aclaró Tyr – así mantenemos el orden – y le guiñó un ojo.

- No ha habido nada hasta hoy – aseguró Hermod – ¿Pero qué si hay algo escondido esta vez?

- Más vale asegurarse – dijo Sigyn sonriendo.

Hermod iba a añadir algo más cuando Theoric se acercó.

- Ah, preciosa – dijo el guerrero barbudo – pensé que te habías ido.

Los guerreros se dirigieron a la salida del palacio que los llevaría a la misión. Las tres determinadas sirvientas para el itinerario se presentaron; Sjöfn, Löfn y a Sigyn, quienes acudieron rápidamente a atender a los guerreros. No tuvieron más remedio que aceptar puesto que el día ofrecía una jornada bastante fría, y el hecho de que tendrían que unirse a la comparsa en la montaña que era generalmente muy lúgubre empeoraba la situación.

- No tenemos otra alternativa – se quejó Löfn, abrumada.

- Ya vamos – dijo Sjöfn – o a Hlin le dará otro arranque de enojo.

Las tres jóvenes sin más salieron al encuentro. Sigyn no dejaba de observar el cielo gris, preguntándose si sería un día como otro, puesto que sería la primera vez que estaría acompañando a un séquito de los halcones escarlata.

Siguiendo las instrucciones de Tilda, la capitana de la comitiva de dicho ejército, la joven criada perdió sus pensamientos en visitar a Loki una vez terminada la tarea. Tal vez le relataría entre risas aquel día lo que había sucedido.

Al partir al atardecer, ni Sigyn, ni Theoric ni nadie de la guardia real sabía que aquel sitio montañoso que les parecía tan ordinario e incluso ridículo de vigilar les serviría de tumba.


El cielo nublado prometía una fría lluvia, anunciándola con un preludio de gélida brisa. Ya había oscurecido, sólo dejando ver un débil reflejo del sol asgardiano que se veía escondido cada vez más por aquel cúmulo de gruesas y amenazantes nubes.

Caminando hacia la frontera montañosa, Sigyn se colocó la capucha de su caperuza celeste pálido. Hacía mucho frío como para dejar cualquier parte del cuerpo descubierta. Se frotó las manos, poniéndolas en su boca para darles calor. Theoric se quedó mirándola, encontrando injusto que ella estuviese alejada de él. Por ende, detuvo al caballo con tal de subir a la criada al animal de montura, tomándola del brazo para atraerla a su lado. Sigyn echó un gruñido de molestia.

- ¿Qué haces?

- No te alteres, amor – dijo Theoric sonriéndole y los ojos pardos brillándole a través del casco – No quiero que termines cansada.

- Estoy bien – dijo Sigyn, mirando a otro lado.

Hermod volvió un poco la cabeza hacia atrás.

- ¿Es que no te cansas de molestar a la dama, Theoric? – dijo él, compartiendo el sentimiento de hastío de Sigyn.

- Así se conquistan a las damas – dijo Theoric desfachatadamente – insistiré hasta que se enamore de mí.

Hermod y Tyr se dieron una palmada en la frente, Sjöfn y Löfn rieron respectivamente.

- ¿A alguien más le da miedo este lugar? – preguntó Hildegarde, observando el camino con peñascos a los lados, cuyo lado posterior revelaba desfiladeros de los cuales se desprendían pequeñísimas piedras constantemente. El caballo de Theoric relinchó, rehusándose a continuar el trayecto.

- ¿Qué pasa? – preguntó Tilda.

- No sé – contestó Theoric, preocupado – tal vez esté asustado – le dio unos golpecitos en el cuello para calmarlo – eh, que no pasa nada amigo mío.

- Sigamos – dijo Tilda, tras un largo rato de silencio.

En el rato que siguió a esa irrupción, la cabalgata prosiguió con total normalidad. El silencio que rodeaba el lugar era casi mortal, con lo que podía afirmarse que podía oírse el vuelo de una mariposa y el movimiento del aire, y que daba la sensación de que había algo o alguien que miraba desde lo lejos.

Sigyn se encontraba incapaz de no pensar en que había algo que se ocultaba en esa hondonada rocosa. Mantuvo sus siete sentidos a toda atención, observando concentradamente a los lados, especialmente a aquellas secciones en las que aparentemente se veían cavernas y posibles escondites. Tenía un mal presentimiento. Demasiado silencio era sospechoso como también la excesiva tranquilidad. Posó sus pequeñas manos en los hombros de Theoric, el que se encogió de hombros ante ese gesto.

- Vaya, querida… - comentó él.

- ¡Hagan silencio! – exclamó Tilda, levantando la mano en señal de alto, interrumpiendo la exclamación de Theoric.

Sjöfn se paralizó ante la orden de la mujer de fuertes rasgos.

- ¿Qué pasa? – preguntó ella, agarrándose de los brazos de Hermod, el que calló de igual forma.

- Shhh – chistó Tyr, agachando la cabeza y oyendo el ruido de piedras cayendo por los barrancos hasta tocar el suelo – guarden silencio.

El relincho de otro caballo golpeando el suelo con sus cascos rompió la mudez de los guerreros, los que ahora empezaron a mirar a distintas direcciones del lugar en donde se encontraban. Löfn bebió algo de hidromiel para calmar los nervios.

- ¡Por las barbas de Odín, qué sucede! – exclamó Arko, alterado.

Sigyn, sin soltar los hombros de Theoric, se quedó tiesa. Miró hacia atrás, cuando creyó que había visto una sombra moverse en medio de las rocas. Alertó a Theoric discretamente para no despertar el pánico entre los presentes, a lo cual él se bajó del caballo, sacando su espada. Viendo lo que hacía, algunos guerreros imitaron su actuar a excepción de Hermod, quien se acercó junto con el animal, ordenándole a Sjöfn que se bajara por seguridad. Ella acató a la orden, reuniéndose con su hermana, la que se había desmontado del caballo de Tyr igualmente. Sigyn permaneció completamente paralizada ante el desconcierto que aquellos largos segundos que más asimilaban siglos.

El disparo de una flecha dirigida a Tyr comenzó con el horror que temían y creían lejano. Sjöfn dio un grito aterrada; Löfn se disponía a ocultarse entre las rocas junto con su hermana; pero los guerreros se disponían a luchar contra el grupo de trolls que atacaban ferozmente a los halcones. El caballo en el que Sigyn estaba montada fue cruelmente embestido por flechas y por ataques de dagas y lanzas. La criada cayó estrepitosamente al suelo, lastimándose el brazo izquierdo.

- ¡Sigyn! – Exclamó Theoric luchando contra el apestoso troll que intentaba atacarlo con garras y armas – ¡Vete! ¡Vete!

- ¡Theoric, ten cuidado! – chilló ella extendiendo la mano.

El guerrero se volteó nuevamente al espantoso rival, el que aprovechó su distracción para hundir un puñal en su hombro. El joven dio un grito de dolor ante el embate. Horrorizada, Sigyn corrió a auxiliarlo pese a la advertencia de él. Mientras lo ayudaba a salir, la criada observó la hecatombe que estaba llevándose a cabo.

Los trolls comenzaron a lanzarse desde el desfiladero, atacando desde arriba. Los que no atacaron de esa forma, salían desde la caverna para perseguir a los guerreros y a las sirvientas. Tyr y Hildegarde luchaban tenazmente, chocando sables contra jabalinas con gran esfuerzo.

- ¡Nosotros nos encargaremos de ellos! – exclamó Hildegarde, pegándole una patada al monstruo para alejarlo - ¡Váyanse ustedes!

- ¡No! – Exclamó Theoric mientras Sigyn se lo llevaba a un lugar seguro – ¡Déjenme pelear con ustedes!

- ¡Sólo váyanse! – Vociferó Arko, tras decapitar a unos cuantos trolls - ¡Escóndanse!

Sigyn, nerviosísima y asustada por la horripilante escena, logró subir a una planicie rocosa para dejar a Theoric allí y ayudar a los que estaban heridos. Pero él la tomó de la muñeca, impidiéndole que saliera.

- Quédate aquí – susurró él.

- No. Tú quédate aquí – dijo ella.

- ¡Esos monstruos te matarán! – Gritó Theoric - ¡Quédate aquí conmigo!

- ¡No! ¡No quiero que me ayudes, quiero que estés a salvo! – profirió Sigyn alejándose.

Corriendo a toda velocidad para pensar su próximo movimiento, la criada se dispuso a salvar a sus dos compañeras; Sjöfn y Löfn, las que se veían atacadas por dos criaturas con escudos y espadas. Sigyn creó una ilusión óptica de ella para distraer a los trolls, llamándolos desafiantemente.

- ¡Mira! ¡Allá hay otra! - exclamó uno.

- ¡A por ella! – chilló el segundo.

Se lanzaron en loca carrera para atrapar a la que creían real solo para caer al abismo cuando el espejismo se posó al borde del abismo.

Completamente atónitas, las hermanas preguntaron en medio del shock que cómo había hecho eso, pero Sigyn optó por el raudo socorro a las mellizas.

- ¡Corran! – exclamó la rubia.

Löfn se tropezó, torciéndose el tobillo. Sigyn retrocedió para levantarla. Pero en medio de la histeria por querer salvarse, Sjöfn no oyó que su hermana había caído y continuó la loca carrera por su salvación hacia el mar que seguía a los gigantescos barrancos. Sigyn vio a lo lejos que un troll la esperaba del otro lado sin que ella se diese cuenta de su presencia.

- ¡Sjöfn! ¡NOOOOO! – chilló la rubia loca de desesperación.

El estridente grito de la joven logró retumbar los oídos de la cobriza, la que no alcanzó a hacer nada más que recibir el brutal golpe del mazo por parte de la criatura a la cabeza de Sjöfn, bañando de sangre el cabello cobrizo de la muchacha recién asesinada.

Histérica, Löfn gritó intentando correr hacia su hermana.

- ¡Sjöfn! ¡No! ¡No, no, no, no! ¡Sjöfn! – aulló transida de dolor y llorando ante la terrible pérdida.

- ¡No podemos hacer nada! – Exclamó Sigyn, pese al impacto, ayudándola a levantarse - ¡Vámonos de aquí!

- ¡No! – Le dio un empujón para ir con Sjöfn - ¡Sigyn, déjame ir!

- ¡No, Löfn! – insistió ella.

Pero antes de que la castaña pudiese hacer algo, tres otros trolls se impusieron en el camino, lanzando jabalinas y gritando que atacaran.

Sigyn tomó a Löfn del brazo, colocándolo encima de su espalda para alcanzar un lugar a salvo.

- ¡Cuidado! – gritó Theoric, el que se había levantado para seguir luchando para la sorpresa de Sigyn.

Löfn retrocedió junto a la otra criada, pero fue en aquel instante en que el ataque de uno de los despreciables enemigos enfrentados dejó fuera de juego a Löfn, hundiendo la lanza en su corazón, terminando con su terror y con su vida para siempre. Sigyn dio un escandaloso chillido de miedo ante la bestial arremetida contra la chica. Pero nada podía hacerse, por lo cual ella optó por una rápida huida.

Arko y Hermod se pusieron espalda a espalda, degollando y decapitando a cuantos hostiles se aparecieran.

- ¡Son muchos! – Exclamó Arko mirando a todas partes - ¡Será imposible si seguimos así!

Hermod atisbó la caverna de donde salían los sucios rufianes.

- ¡Ahí vienen más! – Gritó Tyr pese al dolor que le causaba la flecha en su pierna.

- ¡Prepárense! – ordenó Tilda, montando su caballo y corriendo hacia un lugar que estuviese despejado.

Todos los guerreros tomaron sus corceles para acatar a la orden de la capitana. Theoric corrió al animal para unírseles y exterminar a los trolls.

- ¡¿Por qué atacan desde arriba?! – Rugió Tyr, sacándoles la cobardía en cara lleno de rabia – ¡¿Tienen miedo de que abramos sus cabezas?! ¡Tengan honor y vengan a encararnos!

Los trolls dejaron de atacar, sólo para dar paso a su temible monarca.

- ¿Te atreves a llamarnos cobardes cuando son ustedes los que entran a este territorio como si fueran ustedes los dueños de este lugar? ¡Estos son mis dominios! ¡Y esto ha sido una amenaza a mi reino! – chirrió Geirrodur, el rey de tan grotescos seres.

- ¡Sólo vigilábamos la frontera por orden de Odín! – exclamó Hermod, indignado ante la violencia inexplicable recientemente mostrada.

- ¡Ah! ¡Por ese viejo miserable! – Chilló el rey despectivo - ¡Se cree el dueño de Yggdrassil sólo por imponer su poder ante todos!

- ¡No veníamos en son de guerra! – Profirió Tyr - ¡Sino a vigilar que nada amenazara la paz de Asgard!

- Pues nadie se enterará, porque morirán todos aquí – dijo Geirrodur, tomando su jabalina e izándola para gritar indicando a sus horridos súbditos que siguieran atacando.

- ¡ATAQUEN! – chilló Tilda a su vez, levantando la espada hacia ellos.

Con un largo grito de guerra, los guerreros se trenzaron nuevamente en una mortal contienda. Esta vez los terribles seres de afilados colmillos no vacilaron en atacar con todo lo que poseían en el momento; arañazos, mordiscos... salvajes ataques con lanzas y golpes con escudos. Tanto Tyr como Hildegarde fueron derribados de sus caballos y sanguinariamente acuchillados en el pecho una vez que cayeron al suelo por una gran horda de trolls que se abalanzaban sobre ellos.

Mientras que los que quedaban vivos luchaban arduamente, Sigyn arrancó hacia el risco que separaba vacío y mar con tal de pensar rápidamente con qué contraatacar a aquellos inmundos y horribles contrincantes. Miró y rebuscó por los desfiladeros rocosos y recordando lo que le había enseñado Loki acerca de la telequinesis, el control y el movimiento a distancia de cosas, Sigyn concentró toda su energía en el gigantesco peñasco que pendía del borde del risco, haciendo caer exitosamente la gran roca sobre los trolls, ocasionando su inmediata muerte y algo de alivio ante la baja de enemigos.

Sin embargo, la heroica hazaña de la intrépida criada se vio interrumpida por un gruñido, que la obligó a voltearse.

- Con que Odín se trajo con el grupo a una bruja perversa – chirrió Geirrodur, exponiéndole sus amenazantes y babeados colmillos.

La muchacha retrocedió, aterrada ante la visión ofrecida de ese monstruo que traía en sus enormes y pesadas manos un garrote chorreante de sangre.

- Vamos a ver si tu magia te salva, miserable bruja – gruñó el rey izando el mazo para matar a la joven, la que intentaba huir pese al cansancio que había significado el esfuerzo psíquico del reciente ataque con el peñasco, jugándole la peor pasada en aquel momento; veía borroso y estaba mareada.

Geirrodur sonrió ante la indefensa y atolondrada Sigyn, quien luchaba casi en vano por mantenerse en pie.

- ¡Sigyn! – chilló Theoric, dándole un golpe a puño cerrado a otro troll que se interponía en su camino - ¡Corre, huye de ahí!

Pero la mencionada se apiñó contra la pared formada de rocas y piedras que sobresalían de la otra, incapaz de correr otro metro más.

- Supondría que al Valhalla le gustará tener a una chica – dijo Geirrodur sonriente.

Respirando pesadamente, la muchacha miró hacia el lado y antes de que el temible monarca pudiese hacer su movimiento, Sigyn se corrió hacia el lado que había mirado, creando un par de dobles de ella con la nula fuerza psíquica que le quedaba. Geirrodur, desorientado, comenzó a perseguir a cada ilusión óptica de la joven, logrando burlarlo debido a que Sigyn había conseguido llegar casi al final del risco.

Cayendo abatida por el cansancio, la valiente criada tomó algo de aire mientras sus ojos veían algo del desastre dejado por la violencia y sangrienta actitud de los trolls; Tilda había muerto con una jabalina que había atravesado su espalda; Sjöfn y Löfn muertas bajo mano cruda, Tyr y Hildegarde apuñalados en el pecho hasta la muerte… pasó un largo rato, pensando si era cierto o era otra pesadilla.

Lo único cierto era que quería que Loki la salvara, como en los relatos en donde los caballeros siempre salvaban a sus amadas de la muerte. No le importaba si todo el mundo se enteraba de que aquello que muchos creían fantasía era cierto en todo sentido de la palabra.

Con todo ese pensamiento, Sigyn no se percató de que Geirrodur la había encontrado nuevamente, blandiendo de manera amenazante el mazo que había dado muerte a sus amigas. Sin fuerzas, pero con el terror de la espantosa muerte que se le venía encima, la criada pudo arrastrarse unos metros, pero fue alcanzada por el troll que la tomó por los tobillos, apretándolos para que le doliera. Sigyn dio un débil gemido de dolor.

- Tal parece que a la bruja se le acabaron las ideas – se mofó Geirrodur, con la saliva cayéndosele por la boca.

Ella no pudo articular palabra. No hizo más que dar una flemática patada para ponerse de pie, que detuvo a su enemigo por unos segundos. Sigyn corrió para lanzarse al mar cuando otro troll la agarró por sorpresa; acuchillándola en el costado y en la espalda.

El estremecedor aullido de dolor llamó la atención de Hermod y de Arko, quienes alertaron a Theoric de la situación, quien no contestó debido a la inconsciencia.

Un puñetazo en la cara culminó con el inhumano ataque a la criada que había clamado en silencio el nombre de su amado, dejándole un hematoma y un hilillo sanguinolento en la boca.

A medida de que el dolor sitiaba sus nervios a una escala infernal, desanduvo hasta el borde del desfiladero, cuyo vacío acababa en un mar embravecido y acompañando el terrible momento. Cuando se dio cuenta de que no había suelo al ir tocándolo con sus pies, se olvidó del dolor por un instante, dirigiendo sus pensamientos hacia ese ser amado que, sin que ella lo supiera, había tramado tal plan inconsciente de que ella estaría ahí también.

- Loki…

Y cayó al agua con toda la violencia del universo.


ES JUNIO, INVIERNO Y YA LLEGO CASI AL FINAL DE UN DESASTROSO Y TUMULTOSO PRIMER SEMESTRE EN LA UNIVERSIDAD T_T

En primer lugar, QUIERO PEDIR PERDÓN por haberme desaparecido así como así... es que los exámenes y trabajitos me tienen HASTA EL CUELLO ! u.u pero ya falta poquito para las vacaciones de invierno y les tendré más de una sorpresa.

Creo que a más de alguna la dejé con la angustia al final del capítulo. Es que no podía terminar de otra forma, pero PROMETO ARREGLARLO! Y_Y (Y les conviene esperarme, porque les comenté a algunas de mis lectoras el regalito por partida doble luego de tanta angustia).

Para las que no se ubican con el universo Marvel, Geirrodur es el rey de los trolls (qué chistoso suena eso XD), y en dicha raza, éstos viven en cavernas porque no toleran la superficie humana. Son muy feos y esclavizan a los asgardianos que no matan en batallas D:

Volla es también otro personaje de los cómics. Quise ponerla en este capítulo por una futura aparición en el fic. Seguro que les gustará. Tal vez la odien por lo que le dijo a nuestra pobrecita Sigyn (¡PERO VEREMOS QUE LO QUE DIJO NO ES CIERTO...! EN PARTE).

Sobre el ataque de los trolls a la escuadra de los halcones escarlata, me inspiré de nuevo en los cómics de Marvel en donde Theoric hace su única aparición... es buenísimo pero Loki es muy maldito xD

Y para ambientar y dar muuuuucho color al ambiente del fic les dejo unas pistas que pueden ser de su agrado, para el momento en que la comitiva de los halcones escarlata hace su recorrido:

www . youtube watch ? v = ARj - f1x _ xIc

Para el ataque contra ellos:

www . youtube watch ? v = IP3p _ xmo0dk

Y me tomo el tiempo de agradecer a mis lectoras:

Angelinda, Anon89, Animax19900-DA, Mrs Moonlight26, Hachi06, Satiashade, Ma. Elena González (por facebook, gracias por tus PRECIOSOS y alentadores comentarios y críticas constructivas) y a mi maestraza y gurú que me introdujo al mundo de Loki/Sigyn... Valdemar ! (QUE TE ADORO Y QUE TE AGRADEZCO ENORMEMENTE POR TU APOYO Y TU CARIÑO DESDE TUS COMENTARIOS POR DA, Y FACEBOOK)

LAS QUIERO CHICAS!

Bye, ;)