Cambia un poquito el rumbo en la historia, pero seguirá centrándose en la relación entre Castle y Beckett y su familia, que es lo que siempre he querido con este fic.
Espero que os guste y, si no os gusta lo que se avecina, al menos darle una oportunidad :)
Gracias por las reviews y por seguir la historia capítulo a capítulo!
Capítulo 25:
Presiono mis labios contra los suyos, en un cálido beso, mientras Alex lloriquea entre ambos.
-¿Me echabas de menos mi amor? – pregunto en un tono cariñoso mientras Castle me lo pasa a mis brazos.
Beso su pequeña cabecita, colocándolo en mis brazos cómodamente, lo que provoca que él enseguida deje de llorar. Imagino que ha sentido mi olor y por eso se ha quejado, esperando que lo coja.
Observo, por encima del hombro de Castle, que Emily está jugando, concentrada con su Tablet para niños, así que miro a Rick en silencio. No le digo nada, pero nuestras miradas hablan por sí solas. Como si de una pequeña conexión se tratase, él sabe qué le estoy preguntando silenciosamente.
-Te cuento luego, cuando acostemos a Emily – dice él tras un pequeño suspiro, con esa pequeña arruga en su frente que le aparece cuando algo le preocupa.
Yo asiento y le dedico una media sonrisa, haciéndole saber que me parece bien. A pesar de que su respuesta me deja con más preguntas todavía.
Me acerco hasta Emily y beso su cabeza mientras ella me ignora por completo al estar concentrada en el aparato electrónico.
Me siento sobre el sofá mientras Castle se acerca a la cocina. Me guío por el ruido que está haciendo para intuir que está preparando la cena. Desde el lugar en el que estoy sentada no puedo verlo, pero su silencio me asegura que, sea lo que sea que le haya dicho su abogado en esa llamada, le tiene preocupado.
Al igual que a mí. Puede que sea una estupidez pensarlo, pero existe la posibilidad de que la causa de esa llamada haya sido Josh. Aunque, ¿qué probabilidades habría de que Josh se hubiese enterado, y además, hablado después con el abogado de Castle? En el caso de que lo primero hubiese sucedido, ¿no habría sido más probable que él hubiese acudido a mí antes que al abogado de Rick?
-¡Mami! – La voz de Emily me saca de mis pensamientos, sobresaltándome - ¡Que he ganado la partida!
-Wow! Eso está genial – ella sonríe, orgullosa – Pero vamos a cenar enseguida así que, ¿por qué no dejas esto aquí – digo, retirándole la Tablet – y vas a lavarte las manos?
-No tengo hambre – dice, apoyándose en mis piernas, jugando con los pliegues de la manta que cubre a Alex.
-¿Qué te parece si dejo a tu hermano durmiendo en la mecedora y vamos juntas a lavarnos las manos?
La idea parece gustarle, ya que inmediatamente una sonrisa ensancha sus mofletes y asiente, haciéndome espacio para que coloque a Alex en su mecedora. Y así lo hago. Me coge la mano y nos dirigimos juntas al cuarto de baño de la planta baja.
Y es que una de las cosas que me preocupan es que, con la llegada de Alex, Emily pueda sentirse desplazada. Si eso ocurriese no sería en absoluto de manera intencionada, pero un bebé siempre necesita el doble de atención. Y no quiero que mi hija se sienta así de ninguna manera, por lo que tanto Castle como yo tratamos de dividirnos el tiempo para ambos.
Cuando regresamos al salón, Castle nos indica que la cena ya está lista. Tras comprobar que el pequeño sigue durmiendo, Emily me ayuda a colocar la mesa.
Me acerco a Rick mientras termina de poner el brócoli en un bol.
-Lo que te ha dicho el abogado, ¿no tiene nada que ver con…?
-No – dice él en un susurro, volviéndose hacia mí – No te preocupes, no tiene nada que ver con eso.
Asiento, sintiéndome de pronto más relajada.
Durante la cena, hablamos sobre la sesión en el spa, para meternos después en una conversación con Emily acerca de sus cobayas en casa de mi padre, de las cuales ha averiguado el sexo (las dos son hembras) y les ha puesto nombre: Rosi y Nika. Cuando se aburre comienza a jugar con su plato.
-Mañana tenemos que ir a la clínica – comento a Castle.
-Mhm, lo sé. He estado hablando con tu padre, se pasará a primera hora a recoger a Emily.
Asiento y miro a nuestra hija quien, cansada y aburrida, apoya su cabeza sobre la mesa. De todas formas, pienso, es otro tema que deberíamos discutir luego.
Cuando terminamos, Castle me indica que me vaya al salón y me relaje, insistiendo en que hoy es mi día de relax, ocupándose él de recoger todo y de bañar y acostar a Emily.
Casi una hora más tarde, después de haberle dado a Emily las buenas noches, escucho cómo Castle se acerca por detrás con dos copas de vino que había dejado preparadas con anterioridad en la cocina.
-Duerme – susurro, cuando se inclina sobre la mecedora de Alex.
Observo cómo nuestro bebé descansa apaciblemente después de haber llenado su estómago.
-Emily también – susurra él, sentándose a mi lado y ofreciéndome una copa de vino.
Niego con la cabeza y él la deja sobre la mesa, encogiéndose de hombros. Aunque yo ignoro su gesto y, antes de que se acomode sobre el respaldo del sofá, me hago hueco tras él y comienzo a masajearle los hombros.
-¿Qué es esto, por haberme pedido el masaje en el spa? – pregunta él con tono divertido.
-Ajá – sonrío yo.
Ambos guardamos silencio durante unos minutos, hasta que finalmente digo:
–Hasta que me cuentes qué es lo que te tiene tan preocupado.
-Tengo una hermana – dice de repente, soltando un suspiro después de su confesión.
Yo paro con mi masaje, porque, de entre todas las teorías que podía barajar en mi mente, esta no se encontraba entre ellas. Sin embargo, su confesión todavía me sorprende más porque, ¿no es algo bueno? Es decir… alguna vez hemos hablado del tema, ambos somos hijos únicos y coincidimos en que, en algunos momentos de nuestras vidas hemos echado de menos tener un hermano o hermana. Está claro que el tiempo pasado no lo van a recuperar, pero pueden aprovechar el presente.
-¿Una hermana? – digo, casi más en una afirmación, sentándome ahora a su lado de manera que puedo verle la cara.
Él me mira preocupado, y asiente.
-¿Tu padre? – pregunto, esperando que me explique la historia.
-Al parecer tuvo una historia con una modelo en Londres, luego se trasladaron a Washington. Ella tuvo un accidente de tráfico y murió. Él se hizo cargo de su hija, que por aquel entonces tenía cinco años.
Le acaricio el brazo en señal de apoyo.
-¿Estás bien?
-No sé Kate… - dice él, frotándose la frente – Se hizo cargo de su hija cuando tenía un hijo al que ni conocía.
-Entonces… ¿es menor que tú?
-Es menor – asegura él, mirándome.
-¿Cómo de menor? – pregunto, con cautela, sin saber si estoy entendiendo bien lo que me quiere decir.
-Dieciséis.
-¡¿Dieciséis?! – exclamo, sorprendida.
-Y adivina cómo se llama – dice él. Arqueo las cejas, esperando que me sorprenda – Alexis.
-Vaya….
-Pero eso no es lo peor. Puedo lidiar con el hecho de tener una hermana, a la que ni siquiera conozco, el tema es que… es menor, y al morir él…
-Se ha quedado huérfana – concluyo.
-Mi abogado dice que soy su único pariente vivo, y que la mejor opción sería que nos hiciésemos cargo de ella hasta que cumpla la mayoría de edad y ella pueda decidir qué es lo que quiere hacer – me explica.
-¿Qué otras opciones tiene?
-Si decidimos no hacernos cargo, ella pasará a ser parte del sistema, probablemente la enviarán a un centro. Existe la posibilidad de que encuentre una familia que la acoja de manera temporal, pero el abogado me ha dicho que no es muy probable que eso ocurra a su edad.
-Y tú, ¿qué quieres hacer? – le pregunto.
-No lo sé… yo… Ambos sabemos cómo son esos centros.
Yo asiento. Durante mis años trabajando en la policía he seguido de cerca varios casos con menores internados en este tipo de centros. Aunque casi ninguno suele tener antecedentes previos, la mayoría acaban con varios delitos a sus espaldas. Por supuesto que no ocurre en todos los casos, pero sí en un gran porcentaje.
-Dime que no es irónico – dice después de un rato en el que ambos guardamos silencio – Paso toda mi infancia sin una figura paterna y cuando aparece resulta ser un mafioso que me mete de por medio en sus líos, casi arruinando mi matrimonio. Después casi me mata, pero acaba él muerto y ahora me entero de que ha estado ejerciendo todos estos años de padre con una hija a la que ni siquiera conozco, y de la cuál me tengo que hacer cargo yo. Por no mencionar el parecido de su nombre con el de Alexander.
Suspiro. Con ese rápido, pero sincero, análisis que acaba de hacer de su vida, hay poco más que yo pueda añadir.
-Lo siento Kate – dice de repente – No quiero meterte de por medio en este lío, pero obviamente es algo que no puedo decidir sin ti. Yo…
-Shh – le hago callar, acariciando su mentón con mi mano – Esto no ha sido culpa tuya. Y te agradezco que me estés haciendo partícipe de la decisión.
-¿Y qué opinas de todo esto? – pregunta, su mirada está cargada de confusión.
Agarro su mano y me coloco a su lado, apoyándome sobre el respaldo del sofá, con la cabeza ladeada sobre su hombro.
-Obviamente no entraba en mis planes – confieso, meditando durante unos segundos mis siguientes palabras – Creo que es una decisión que debemos plantearnos bien. Si decidimos acogerla, nuestras vidas cambiarán. No solo la tuya y la mía, sino también las de Emily y Alex.
Él asiente, coincidiendo conmigo.
-Por otra parte… es tu hermana. Quiero que seas tú quien tome la decisión. Tendrás mi apoyo decidas lo que decidas. Si decides que venga con nosotros, seremos uno más, le haremos ser parte de la familia. Si decides que no, me parecerá igualmente respetable y comprensible.
Él me observa por unos segundos, besando después mi mejilla, susurrando un "gracias" cerca de mi oreja.
No es que no quiera ser partícipe de la decisión. Pero quiero que vea que le apoyo no importa qué opción elija, y creo que su decisión cuenta bastante más que la mía, ya que al fin y al cabo, es su hermana.
Y él es el padre de Alex desde el minuto uno, sin importar que exista la posibilidad de que no sea su padre biológico, así que, ¿quién soy yo para decirle que juntos no nos podemos hacer cargo de su hermana?
-Si quieres podemos retrasar la cita para mañana. No tiene que ser mañana necesariamente…
-No. Lo haremos mañana – dice, convencido.
-¿Estás seguro? Si no quieres ir… - Él ríe, cortándome.
-En realidad no quiero ir, pero tú necesitas saberlo. No voy a hacerte esperar más. Haremos esa prueba mañana.
-Gracias Castle – digo, colocándome sobre sus piernas.
-Solo prométeme una cosa – me pide, acariciándome la espalda.
Le miro, expectante.
-Sea cual sea el resultado… no me lo cuentes.
Aparto la mirada durante unos segundos. Sé que no quiere saber la respuesta, pero también sé lo difícil que va a ser ocultarle algo así.
-Prométemelo – dice, acariciándome el mentón suavemente con su mano.
Finalmente asiento, mirándole a los ojos.
-Vale – digo.
Él no parece muy conforme.
-Sea cual sea el resultado, quiero que después de saberlo te vayas a dar una vuelta o lo que sea, no me importa, pero saca esos pensamientos de mierda de tu cabeza porque, escúchame – dice, en un tono tan serio que me divierte – soy el padre de Alex digan lo que digan esas pruebas.
No digo nada, simplemente acorto las distancias que quedan entre nosotros y beso sus labios, saciando mi sed.
-De todas formas – susurro – No nos darán los resultados hasta dentro de una semana.
Me siento a horcajadas sobre él y comienzo a desabotonar su camisa. Acaricio su pecho, agradecida por cómo está llevando él todo este tema.
-Creía que querías cumplir los cuarenta días sin excepción – comenta él, metiendo sus manos por debajo de mi camisa.
-Hay muchas otras cosas que podemos hacer Castle – susurro de manera sugerente en sus labios.
Él me mira, con los ojos bien abiertos - excitado, divertido y feliz – justo antes de sentir mi mano desabrochando su pantalón.
