Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 25
Bella PDV
—¿Edward? —Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas, pero el latido se sentía incorrecto… se sentía cansado y débil. El fuego viajó de arriba a abajo por mi espalda, pero yo sabía que no estaba herida. Era Edward.
Oh, Dios, era él.
Deslicé mi mano sobre su pecho, gritando mientras mi mano se empapaba con sangre de color azul-rojiza.
—Oh, no…
Alguien gritó mi nombre. Pero no podía ser Edward, así que no levanté la mirada para ver que ocurría. Mis ojos seguían clavados en Edward. En sus labios, carentes de color, moviéndose, pero sin decir palabras.
¡Esto no estaba ocurriendo!
¡Esto no podía estar ocurriendo!
No habíamos sobrevivido a todo lo que se nos puso en el camino, además de una invasión alienígena, para que Edward muriera así.
—¡No! No. ¡No! —Busqué la fuente de la herida, pero él recibió el disparo por la espalda.
No fue un arma normal.
La forma de Edward comenzó a parpadear, y el horror me pateó en el pecho. Tomé sus mejillas mientras mis pulmones intentaban desesperadamente forzar el aire a entrar. Sus ojos estaban cerrados.
—¡Abre los ojos! ¡Maldición, abre los ojos!
Mis piernas comenzaron a temblar por el esfuerzo de estar arrodillada, y luego Jasper y Alice llegaron, y no pude evitar pensar en esa horrible ocasión en mi casa, cuando la situación fue al revés y había sido yo quien estaba recostada en el suelo. En ese entonces pensábamos que estábamos puramente conectados, y si uno moría, también lo haría el otro, pero ahora conocíamos la verdad.
Ignoré el dolor rugiendo a través de mi cuerpo y la debilidad introduciéndose en mis músculos, invadiendo mi ser, seguido por la frialdad, un frío mortal. Mi corazón sobrecargado dio un vuelco.
—¡No! —gritó Alice, cayendo cerca de la cabeza de Edward. Sus manos se posaron en los hombros de su hermano e inmediatamente cambió a su verdadera forma. Su luz era brillante, como el halo de un ángel.
—¡Cúralo, por favor! —Mi visión se volvió borrosa cuando comencé a inclinarme hacia el suelo—. Por favor, por favor, cúralo.
Jasper me levantó, pero me separé de él, aferrándome a Edward mientras las lágrimas corrían por mi rostro.
—¿Qué… que hacemos? —No podía apartar la mirada de él mientras Edward seguía sin parpadear, su hermosa y fuerte luz desvaneciéndose, y la frialdad esparciéndose como una enfermedad dentro de mí—. No era un… arma normal. Era una de esas… armas que nos dieron. Por favor, hagamos algo.
—Debió ser un arma de energía modificada —Jasper colocó su mano sobre la mía, su rostro retorciéndose por la concentración—. Maldición. Necesitamos asegurarnos de que la bala esté afuera. Si no la sacamos, entonces…
Las palabras se hundieron en mí mientras me deslizaba hacia abajo, incapaz de usar mis piernas. Una de mis manos se deslizó por su pecho. No podía hacer que mi lengua trabajara, y me era difícil respirar. Usé todo dentro de mí para intentar llegar hasta Edward. No… me dejes. Oh, Dios… por favor… no me dejes. Te amo. Edward, te amo. Por favor, no me dejes.¡Por favor!
Jasper maldijo entre dientes mientras su mirada viajaba entre Alice y yo.
—Bella, yo…
No sentí que caía, pero de pronto estaba recostada y mirando hacia el cielo azul sin nubes. Un hermoso cielo, pero mi corazón no lo apreciaba.
Mi pecho ardió, y todo mi cuerpo se tensó.
No. No. No.
Se suponía que tendríamos esta noche y mañana, y muchas semanas y meses, pero ni siquiera tendríamos un minuto más. Mi rostro estaba mojado, empapado, y mi corazón se desaceleraba. El mundo se me escapaba.
Te amo. Te amo. Te amo.
Pero ahora Edward y yo… no teníamos nada y no había nada.
Mi cuerpo regresó a la vida lentamente, sintiendo un hormigueo y dolor como si hubiera corrido un maratón con zombis persiguiéndome y algunos alcanzaron a morderme en el proceso. Hubo un pitido. Era molesto, porque todo lo que yo quería hacer era regresar al olvido, donde no había nada. No quería recordar exactamente porque no quería abrir los ojos.
La realidad existía en el fondo de mi conciencia, una fría, desgarradora y dura realidad a la cual yo no quería volver. Quería quedarme aquí, donde no sentía nada.
Sin embargo, el pitido no me permitió marcharme. Era débil, y cada sonido era acompañado por otro pitido, como si estuviera persiguiéndome a mí o persiguiendo al otro pitido, así que los escuché mientras mis dedos se crispaban. Un temblor recorrió mi brazo y luego subió a través de mi cuerpo.
—¿Bella?
Reconocí era vez, y el dolor en ella, porque me recordaba a…
No.
No podía dejar que mis pensamientos fueran allí. No quería ir allí.
Una cálida mano se posó sobre la mía y la apretó suavemente.
—¿Bella?
El pitido se aceleró y lo mismo pasó con el otro.
Y otro.
Algo estalló en mi pecho, como una diminuta llama convirtiéndose en llamarada. Mis sentidos despertaron a la defensiva. Sentí algo frío contra mi pecho —pegado allí. El sonido estaba a punto de volverme loca. Y entonces supe lo que eso era.
Un monitor de corazón.
Y había dos pitidos separados, virtualmente casi al mismo tiempo.
Dos. Eso tenía que significar… un olor familiar me rodeó, haciéndome abrir los ojos y tomar una profunda respiración.
Alice ese cernía sobre mí, sus ojos verdes brillantes de alivio.
—Estás aquí. Comenzaba a preguntarme si ibas a despertar.
Tenía la boca seca del pánico mientras la miraba fijamente. Ella se veía bien… quizás un poco estresada. , Su rostro estaba pálido, pero sonreía. Su mano apretó la mía de nuevo.
Tomé otra respiración y lentamente giré mi cabeza a la izquierda. Mi corazón estalló en mi pecho mientras jadeaba.
Él estaba allí, en su forma humana, su piel profundamente bronceada era un tono o dos más pálido. Sólo podía ver la mitad de su rostro, pero allí estaba ese fuerte y hermoso perfil —esa mandíbula perfecta y nariz recta.
Miré con confusión de nuevo a Alice, y luego rápidamente miré hacia la cama al lado de la mía, con miedo de parpadear y que él desapareciera. Temblaba mientras intentaba sentarme.
—¿Estoy… despierta?
—Sí.
Contuve la respiración, pero no de forma dolorosa.
—No entiendo.
Ella se levantó de la cama, dándome espacio necesario para mover mis piernas.
—Probablemente debas tomar esto con calma.
Ignorándola, retiré las cosas pegajosas de mi pecho mientras colocaba mis pies descalzos en el frío suelo. Fue entonces que noté que estaba usando una bata de hospital y nos encontrábamos en una habitación de hospital.
—No entiendo —repetí.
Alice se trasladó a la cama de él y le sonrío con cansancio.
—La bala era normal, pero tenía una corriente eléctrica, como un tipo de caparazón. Si hubiera permanecido dentro de su cuerpo por más tiempo... lo hubiera matado —Su voz se desvaneció, sacudiendo la cabeza—. Debió haberlo matado, pero él aguantó.
Él aguantó.
Mis piernas temblaban mientras tropezaba hacia la cama, mirando su pecho subir y bajar. Él estaba vivo. Él estaba respirando. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho.
No tenía palabras para cuando llegué hasta él y coloqué mis dedos en su brazo. Su piel era cálida y limpia. Contuve la respiración una vez más.
—Jasper llamó al general y le contó lo que pasó. Había un montón de militares cerca, y enviaron un helicóptero para recogerlos.
Mi mano temblaba mientras subía por su brazo.
—Te trajeron a ti y a él volando. Estamos en una base militar en Maryland. Tenían doctores aquí —explicó—. Fueron capaces de sacar la bala. Dicen que… él estará bien, Bella.
Bajé mi cabeza hacia su pecho y lo escuché… los latidos del corazón de Edward se movían tan rápidos como los míos.
—Oh por Dios…—Me senté en el borde de su cama, manteniendo mi oreja pegada a su pecho—. Por favor… dime que esto es real —susurré, mis ojos llenándose de lágrimas—. Que no despertaré otra vez y descubriré que es un cruel sueño. Por favor.
—No es un sueño. Te lo prometo —caminó hasta donde yo estaba sentada y se inclinó, abrazándome suavemente—. Esto es real. Él va a mejorar, Bella.
—Gracias —dije, mi voz cargada de emoción—. Dile a Jasper que se lo agradezco.
Alice respondió, pero yo estaba concentrada en el sonido del corazón de Edward. Fue vagamente consciente de que después de algún tiempo, Alice salió de la habitación. Me quedé donde estaba, y no hubo nada que pudiera detener mis lágrimas. Seguían desbordándose, corriendo por mi rostro, humedeciendo la manta azul que estaba escondida debajo de sus brazos.
Pasaron unos minutos. Quizás horas. No me moví, no era capaz de hacerlo y no quería. Mi corazón finalmente desaceleró. Al igual que el suyo, y luego dio un vuelco cuando un pesado brazo se posó en mi cintura. Sorprendida y llena de esperanza, levanté mi cabeza.
Mis ojos se encontraron con un par de esmeraldas brillantes.
—Edward —susurré. El llanto incontrolable llegó entonces, y su hermoso rostro se volvió borroso.
Sus labios se abrieron lentamente.
—No llores, gatita. —Como si le tomara un gran esfuerzo, levantó el otro brazo, limpiando las lágrimas de mis mejillas con el dorso de su mano—. Vamos.
Mi pecho dio un vuelco.
—Pensé que nunca… te escucharía decir eso otra vez. Pensé que te habías ido y… —Mi garganta se contrajo mientras colocaba mi mano sobre la suya, tirando de ella a mi boca. Besé sus nudillos.
Él dejó escapar un sonido bajo.
—¿Pensaste que te dejaría?
Me estremecí.
—Te oí —dijo, y luego intentó sentarse.
—¡No lo hagas! —dije, mis ojos se abrieron desmesuradamente. Hizo ese sonido otra vez, esta vez más frustrado. —Te escuché en el jardín. No podía dejarte, Bella. Yo nunca te haría eso. Ahora… ven aquí y bésame.
—Pero tu… tomaste esa bala por mí, Edward —Mi respiración se atoró en mi garganta otra vez—. Ella iba a dispararme y tú… pudiste haber muerto. Pensé que habías muerto.
Un momento pasó mientras él me miraba fijamente como si me hubieran crecido dos cabezas.
—¿Qué más podría haber hecho?
Ahora lo miraba boquiabierta a través de las lágrimas frescas.
—Te amo —dijo, sus ojos increíblemente brillantes mientras decía esas palabras—. Si tu vida está en peligro, haré todo lo posible para asegurarme de que estés a salvo. Eso es lo que el amor te hace hacer. ¿De acuerdo?
—Correcto —susurré, todavía un poco aturdida. Él hablaba como si eso no fuera la gran cosa.
—Lo haría otra vez.
Oh, Dios.
—Edward, yo... gracias.
Frunció el ceño.
—No necesito que me des las gracias.
—Lo hago.
La comisura de su labio se curvó.
—Bien. Dame las gracias viniendo aquí abajo y besándome.
Hice eso. Bajé mi boca a la suya y lo besé suavemente, disfrutando de su sabor y la calidez de sus labios.
—Te amo tanto, y voy a pasar cada momento de mi tiempo demostrándotelo.
—Me gusta cómo suena eso. —Tiró de mi cabello para que yo levantara mi cabeza—. ¿Dónde… estamos?
Le di la versión rápida de lo que Alice me contó.
—No están seguros de como sobreviviste. —Sollocé, usando mi hombro para limpiar las lágrimas de mis mejillas—. Pero eres tan terco.
Edward tosió una carcajada seca y el agarre en mi mano se tensó.
—Sabes cómo me encantan los retos.
Mi corazón dio un vuelco al recordar esas palabras el día que descubrimos que estábamos conectados, y como me molesté cuando él sugirió que debíamos estar juntos. Me incliné hacia él, rozando mis labios sobre su frente. Cerré los ojos, dándole muchas gracias a cada Dios, deidad y profeta que conocía.
—A mí también, Edward. A mí también.
