Parte 25 - Juicio
Me planté sobre mis pies, agitando los brazos hacia arriba para bloquear el golpe de Roland. La Espada Divina del Sol era muy pesada para mis manos, y Roland había puesto tanta fuerza en su ataque que tuve que usar ambos brazos para bloquearlo con mi espada sobre mi cabeza. Roland me había pescado en mala posición. Mis brazos, cansados, protestaron, desgastándose por el esfuerzo. Con el corazón latiendo rápidamente por la adrenalina, apreté los dientes y di un empujón para arrojar a Roland hacia atrás y recuperar mi equilibrio.
Eso fue un error de cálculo mío. Entre Roland y Sol, el primero era el más pesado. No sólo resistió mi golpe sin tambalearse, sino que se inclinó hacia atrás para que yo trastabillara hacia adelante. Me di cuenta rápidamente, dejando que la inercia me llevara hacia adelante mientras giraba y aprovechaba la oportunidad para atacar, confiando en que la velocidad de Sol, que era mayor que la mía, obligara a Roland a asumir una postura defensiva. Para resultar victorioso en este duelo, tendría que convertir la complexión ligera de Sol en una ventaja, en vez de una desventaja.
Lo que quizá era una sonrisa débil pasó fugazmente por los labios de Roland, un minúsculo y casi imperceptible levantamiento de la comisura de su boca. Se estaba divirtiendo, a pesar de mi desastroso juego de piernas, igual que yo sentía un a oleada de regocijo al intercambiar golpes con un oponente digno. El metal entrechocó con la suficiente fuerza para producir chispas, la Espada Divina del Sol destelló contra la espada demoniaca de Roland.
Traer la Espada Divina del Sol había sido la decisión correcta. En un duelo largo, una espada inferior no habría resistido la espada de Roland, hermosa pero letal, que soltaba arroyuelos de elemento oscuro. A mi parecer, la espada era como una extensión de Roland, ambos estaban fuertemente sobrecargados de elemento oscuro, libres de impurezas de todos los otros elementos. Cuando mi espada chocó contra la de Roland, podía ver el elemento sagrado de la Espada Divina del Sol atravesar la oscuridad que envolvía el arma de Roland. Al mismo tiempo, el elemento oscuro de su espada hacía retroceder la santidad de la Espada Divina del Sol, amenazando con borrarla. A cada choque, los elementos oscilaban y peleaban por la supremacía.
Éste era el mundo que veía después de que Grisia explicara su percepción elemental. De repente, siempre y cuando me concentrara, incluso los objetos cotidianos más normales se transformaban en visiones completamente diferentes, construidas por distintos porcentajes de los elementos. Mis ojos sólo veían lo normal, pero los sentidos extra de Sol le daban nuevo sentido a lo que significaba ver el mundo. Mientras peleaba, esquivaba, vigilaba, y esperaba la oportunidad. Veía más de lo que había visto antes, sabiendo cuándo girar para alejarme cuando veía que el elemento oscuro se me acercaba por un lado, o cuando sentía un objeto compuesto del elemento de madera muy cerca detrás de mí.
Normalmente, podía especular sobre mis inmediaciones con mis instintos, pero ahora sabía cómo eran mis alrededores mejor que nunca; un entendimiento íntimo me permitía anticipar lo que venía. Ni siquiera con el aura de batalla había sentido tanto, ya que el aura de batalla sólo aplicaba a las cosas animadas.
Entré en ritmo, encontrando un balance entre ver y reaccionar.
Era casi como bailar.
Con esta habilidad, Sol podría haberse convertido fácilmente en un espadachín muy poderoso, si tan sólo pudiera mantener su espada sujeta.
¿Es que Sol simplemente no sabe cómo combinar este conocimiento con la esgrima? Eso explicaría porqué su esgrima siempre parecía tan confusa. Su percepción elemental era una bendición cuando se trataba de magia (los elementos respondían a él fácilmente), pero para aplicarla a la esgrima se necesitaba un equilibrio y comprensión de cómo funcionaban las cosas que él parecía nunca haber logrado dominar.
A un lado, Grisia observaba en silencio. Para mi vista actual, era una mezcla de elementos únicos que no tenía que voltearme para ver. Sabía que estaba ahí, con los ojos fijos en nosotros dos, vigilando pero incapaz de interferir.
Terminaré esto, le prometí en mi mente. Ya no quería verlo angustiado por Roland o que escuchara que difamaran su nombre. Quería terminar con este asunto de una vez y para siempre. Sólo entonces Grisia podría dejar a un lado su culpa y dudas en sí mismo. Sólo entonces Grisia sería capaz de entender que no le había fallado a nadie.
Roland me estudiaba cuidadosamente para encontrar aberturas, igual que yo lo estudiaba.
–Es como si nunca te hubiera conocido –dijo Roland mientras andábamos en círculos–. Has cambiado.
Grisia hizo un ruido estrangulado mientras yo pensaba: No, sí conoces a Grisia. Lo conoces mucho; tanto, que sabes que las cosas no están del todo bien.
Sin embargo, me guardé mis pensamientos y en vez de eso hablé en lugar de Grisia, sabiendo lo que él querría saber.
–Podría decir lo mismo de ti. ¿Me detestas? ¿Por qué me atacaste? No fui quien te mató.
–¿Por qué te odiaría? –preguntó Roland, desconcertado.
–Me heriste en cuanto te apareciste. Me desangré y no pude dejar la cama por días.
Y fueron los mismos días que pasé preocupado por Grisia, visitando su cuarto a cada oportunidad que me permitían mis investigaciones.
Roland puso una expresión culpable.
–No fue mi intención que eso pasara. Lo siento. Sólo debía llevar unas criaturas no-muertas de parte de Pink para que te encargaras de ellas. Cuando te vi, quise saludarte, así que agité la mano... no conocía mi fuerza y velocidad, ya que apenas me había convertido en un caballero de la muerte. Fue un accidente que te cortara antes de poder detenerme.
Grisia y yo nos le quedamos viendo a Roland.
¿Podría ser que todo fuera un malentendido?
–¿Por qué dijiste que regresarías por mi? –pregunté en seguida. Aunque mis suposiciones acababan de ser derribadas por completo, mantuve la compostura, gracias a mis años de ser el Caballero Juicio. Insistí.
–Sólo quería verte para despedirme –dijo Roland.
De todas formas, con esas palabras implicaste a Sol y dañaste su reputación.
–¿Por eso estás aquí ahora?
–Sí. Eso, y porque quería terminar nuestro duelo.
–Entonces acabémoslo.
Pero esto no iba a ser un adiós.
Me alivió tener la palabra de Roland de que nos "escucharía" si ganaba este duelo. Después de la reciente revelación de que Roland no había herido a Sol por malicia, no dudaba de que mantendría su promesa. El único problema sería ganar el duelo. Tenía la Espada Divina del Sol para ayudarme en esta ocasión, y me estaba acostumbrando a pelear en el cuerpo de Sol, pero Roland no era un enemigo fácil de vencer. Su habilidad era fenomenal. De hecho, si hubiera sido yo mismo, sin la Espada Divina del Sol y la percepción elemental de Sol, dudaría para decir que podría ganarle a Roland.
Sin embargo, ahora era Sol, y tenía su arsenal de habilidades especiales para ayudarme, aunque Sol no sabía cómo usarlas conjuntamente con esgrima. Había pensado que estaría en desventaja siendo Sol, peleando en un cuerpo desconocido, pero quizás también esto era una bendición oculta.
Ni Roland ni yo usamos magia ofensiva, como si hubiéramos llegado a un acuerdo silencioso de que esto sería resuelto sólo con espadas. Si Roland quisiera, podría invocar seres no-muertos para ayudarlo, lanzarme volando con elemento oscuro, o hasta teletransportarse, moviéndose tan rápido que no podría acertar un golpe. Por mi parte, yo podría atacarlo con luz sagrada, incinerarlo a través de su gran reserva de elemento oscuro, y hasta lastimarlo con la santidad que corría por la sangre de Sol, pero no hice nada de eso.
Los dos nos limitamos tercamente a nuestras espadas. No tenía duda de que Grisia pensaba que los dos éramos idiotas fanáticos de la espada.
Me lancé adelante, con un alud de elementos intentando llamar mi atención. Golpe tras golpe, bloqueé, quité, tomé la iniciativa en una danza interminable. Roland respondió en cada ocasión. Mis brazos temblaban por el esfuerzo y tenía sudor corriendo por mi cara, pero mis movimientos todavía eran ágiles y ligeros. Elegantes. Un estilo completamente distinto del que me era usual, pero tampoco era el de Grisia.
Cuando me encontré estancado con Roland otra vez, lo empujé de nuevo, esta vez enterrando los pies en el suelo para mantener mi posición. Después, aproveché las tácticas que me había enseñado Roland, y me eché hacia atrás, sabedor de que una lucha de fuerzas no me favorecía.
Roland se tambaleó hacia adelante.
Asesté un golpe, la espada cantó.
Clang.
Su espada salió volando de su mano, enterrándose en el suelo detrás de él.
Por un momento, los dos nos quedamos quietos. Casi no podía creer que lo había logrado. Mi corazón todavía latía furiosamente, la sangre resonaba en mis oídos mientras mantenía mi espada apuntando a Roland.
Entonces, las comisuras de los labios de Roland se levantaron un poco, aunque sus ojos estaban tristes.
–Me rindo.
Bajé mi espada. Roland se inclinó para recoger la suya del suelo.
–Como prometí, escucharé lo que tengan que decir.
Busqué a Grisia con la mirada, y él asintió. Entonces volví mi atención a Roland. Nos había prometido que escucharía. Ahora que sabíamos que Roland no le guardaba rencor a Grisia, las cosas eran más simples.
–Ayúdanos a fingir un ataque al rey –dije sin rodeos.
Roland abrió los ojos como platos.
–¿Qué?
continuará
