CAPÍTULO 25: Ajuste de cuentas

Por la información que le había dado Malfoy Harry sabía que muy pronto no estarían seguros en el castillo de modo que no tenía tiempo que perder. Tan aprisa como sus piernas le permitían corrió al séptimo piso pero antes de llegar se chocó con Hermione, que bajaba con Dean Thomas, los hermanos Creevey y algunos miembros de la Orden del Fénix poco mayores que ellos.

- Tenemos que salir de aquí cuanto antes – advirtió Hermione.

- Lo sé – contestó Harry con urgencia. - ¿Y los demás?

- Ron se fue por el túnel del séptimo piso con Ginny y Luna, no te preocupes, Percy me aseguró que están bien – le tranquilizó al ver la expresión de alarma en el rostro de Harry – y los profesores y demás miembros se han quedado para terminar de reducir a los últimos mortífagos.

- ¿Neville? – preguntó Harry notando su ausencia.

- Está herido, creo que solo es una pierna rota. Tonks quedaba con él.

- Está bien, vámonos – dijo Harry echando a correr por el atajo.

- Las escaleras están llenas de mortífagos, les he bloqueado el paso en el tercer piso – informó Hermione con voz entrecortada mientras corría tras él.

- Tenemos que tener cuidado de no hacer ruido para que no nos descubran – advirtió Harry ya cerca del tapiz del segundo piso que tapaba la salida del atajo.

Procurando no hacer ruido alguno Harry apartó el tapiz y lo sostuvo en alto hasta que todos salieron del atajo. Avanzaron en silencio hasta las escaleras notando que en el tercer piso no se escuchaba absolutamente nada. Si los mortífagos siguieran allí estarían tratando de desbloquear las escaleras, con toda seguridad ya habían conseguido pasar y se dirigían al séptimo piso. Harry deseó que los profesores y los demás miembros de La Orden pudieran tomar el atajo antes de que fuera demasiado tarde.

Con las varitas en alto bajaron a toda prisa hasta los terrenos de Hogwarts, allí cientos de flechas desperdigadas por el suelo, algunas de ellas clavadas en la hierba, otras simplemente caídas, se agolpaban a lo largo de todo el camino hasta la entrada. El grupo echó a correr entre ellas tratando de llegar cuanto antes al otro lado de los muros para poder desaparecerse pero Harry se detuvo al ver que Hermione se había quedado atrás.

- ¿Qué ocurre? – la interrogó con urgencia.

- Dejé aquí a Hagrid con los centauros, - contestó Hermione con voz preocupada barriendo con la mirada todos los terrenos a su alrededor.

- Los centauros habrán vuelto al bosque, luchar en campo abierto les perjudica. Seguramente Hagrid estará con ellos – intento tranquilizarla Harry.

- ¿Crees que estará bien?- preguntó ella echando a andar pero mirando en dirección al bosque.

- Creo que necesitarían cien hechizos a la vez para reducirle – contestó Harry aunque él también miraba nervioso alrededor.

Como para responder a la pregunta de Hermione vieron salir a Buckbeak de detrás de la cabaña de Hagrid y pasar volando sobre ellos, el guardabosques acababa de liberarle y momentos después pudieron distinguir su enorme figura en las cercanías de la cabaña, blandiendo su paraguas rosa mientras corría hacia ellos. Era un espectáculo singular, dado el volumen de Hagrid, eso de verle correr, casi se diría que el suelo temblaba bajo sus pies.

- Son demasiados Hagrid, tenemos que abandonar el castillo. Los demás profesores están en camino – gritó Harry con voz apenada cuando estuvo lo bastante cerca para oírle, sabiendo lo duro que esto resultaría para su amigo.

- Avisaré a los centauros, ellos protegerán el camino para que todo el mundo pueda salir – contestó Hagrid sin ningún rastro de sentimentalismo en la voz, como si no le resultara traumático entregar el castillo a Voldemort y los suyos.

- ¿Y tú? – preguntó Hermione.

- No te preocupes por mí, tengo mis propios medios para escapar – respondió guiñando un ojo como si no ocurriera absolutamente nada y echando a andar de nuevo hacia el bosque.

Harry y Hermione echaron a correr hacia la entrada, los demás miembros del grupo se les habían adelantado y pudieron ver como sus compañeros la franqueaban segundos antes de escuchar el sonido producido por sus desapariciones. Estaban cerca de hacer lo mismo cuando sin previo aviso Harry cayó al suelo sintiendo un dolor atroz. Parecía como si cientos de puñales le desgarraran y no hubo un solo músculo, hueso o fibra de su cuerpo del que no fuera dolorosamente consciente en ese momento. Retorciéndose de dolor dejó escapar un grito ahogado. Sabía lo que estaba ocurriendo, lo no que alcanzaba a comprender era como había sucedido.

Antes de que el dolor remitiera pudo ver a Hermione tendida a su lado, también alcanzada por un cruciatus. A pesar de tener la mente nublada pudo reconocer la voz de Bellatrix Lestrange a poca distancia de ellos. De modo que era ella quien les atacara por la espalda, ¿cómo diablos había conseguido darles alcance?

- Que suerte has tenido, Amicus, podrás torturar a la sangresucia hasta el aburrimiento, si es que eso puede llegar a ser aburrido alguna vez – dijo Bellatrix con voz alegre.

-¡Crucio!

Harry volvió a retorcerse de dolor mientras llegaba a sus oídos lo que le parecía el eco de una risa muy lejana. Lentamente Bellatrix se acercó a él con una sonrisa maquiavélica, pero en ese momento a Harry no le importaba, todavía sostenía con fuerza la varita en su mano, agarrándose a ella como un náufrago a una tabla con la única esperanza de tener la oportunidad de usarla cuando el dolor remitiese un poco. Bellatrix le miró con desprecio y dio una patada a la varita de Harry, que salió disparada y aterrizó sobre la hierba sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. El dolor se iba haciendo más soportable pero ahora estaba desarmado, ojalá los demás miembros de la Orden no tardaran demasiado.

A través del rabillo del ojo vio como Bellatrix volvía a apuntarle y todos y cada uno de los músculos de su cuerpo se pusieron en tensión, esperando volver a sentir por tercera vez el efecto de la Cruciatus pero lo único que notó era que no podía moverse, estaba totalmente paralizado. Junto a él a Hermione no le iba mejor, Amicus también la había desarmado y permanecía tumbada sobre la hierba, enrollada sobre sí misma como un ovillo, mientras Amicus, con una sonrisa sádica que mostraba su satisfacción, le enviaba un Cruciatus tras otro.

- Gracias Potter, ahora podré volver a ser la favorita del señor Tenebroso, serás un regalo maravilloso para él. Solo te falta el lacito – añadió burlonamente – pero te lo pondré ahora mismo.

Apuntó a Harry con su varita y unas gruesas cuerdas salieron de ella, estaban a punto de comenzar a enroscarse en las piernas de Harry cuando un escudo salido de algún lugar se interpuso protegiéndolo antes de que las cuerdas llegaran a rozarle

- No si yo puedo evitarlo – bramó una voz enérgica tras ellos.

Los mortífagos se giraron sorprendidos.

- Pero si es Longbottom – exclamó Bellatrix sorprendida aunque parecía complacida por la interrupción. – Puedes sumarte a la fiesta si quieres, - añadió encogiéndose de hombros y con una sonrisa maligna - aunque sospecho que no me proporcionarás tanta diversión como tus padres. ¡Crucio!.

Pero Neville estaba preparado y esquivó hábilmente la maldición. Cerca de ellos Hermione, todavía enroscada sobre sí misma aunque el efecto del último Cruciatus empezaba a remitir, aprovechó el desconcierto causado por la aparición de Neville para sacar con rapidez una de las varitas desilusionadas de los gemelos que llevaba escondida en una de sus medias.

Con el corazón completamente desbocado y rígido como una viga de metal Harry seguía tumbado en el suelo, viendo como conjuros y maldiciones cruzaban el aire a su alrededor sin poder hacer nada por ayudar a Hermione y Neville. Sabía que Hermione había conseguido levantarse porque a veces entraba en su campo visual pero no necesitaba verla mejor para saber que no aguantaría mucho, estaba extenuada por la tortura y se enfrentaba al mortífago con una varita que no era la suya.

A su derecha, aunque tampoco podía verles, Neville y Bellatrix estaban enfrascados en una encarnizada batalla, la mayoría de los hechizos que usaban eran no verbales, de modo que Harry no podía saber con seguridad lo que estaba pasando, estaba obligado a seguir allí tumbado, con la vista clavada en el cielo, presa de la impotencia.

Totalmente frustrado sintió como la rabia le inundaba y una lágrima solitaria escapó de sus ojos y resbaló por su cara hasta caer sobre la hierba. Sabía que debía renunciar a defender el colegio, eso ya lo había aceptado, pero encontrarse paralizado precisamente ahora, cuando había estado tan cerca de encontrar a Snape para vengar el asesinato de Dumbledore y averiguar el paradero del último Horrocrux, cuando pronto tendría a su alcance la oportunidad de destruir a Voldemort de forma definitiva, era desesperante.

Aun a sabiendas de que no lo conseguiría seguía empleando toda su voluntad en intentar moverse mientras permanecía atento a cada detalle a su alrededor que pudiera mostrarle algún indicio de cómo se desarrollaba la lucha. Era frustrante no poder ayudar a sus amigos. Hermione, debilitada por los Cruciatus de Amicus, y Neville, que arrastraba la pierna que medio le había curado Tonks, probablemente no resistirían demasiado tiempo. Bellatrix era un rival temible y tener a Harry a su merced la incentivaba de un modo salvaje al imaginar la satisfacción y el agradecimiento de su amo cuando ella se lo entregara.

El sonido de la risa histérica de Bellatrix, que luchaba como poseída por una alegría incontrolable, producía en su cerebro el efecto de un veneno, se apoderaba de él, cegándole de ira. Desearía poder moverse solo para estrangularla con sus propias manos y hacerla callar.

Inesperadamente vió como Neville cruzaba volando sobre él, uno de los hechizos de Bellatrix le había alcanzado provocando que saliera despedido hacia atrás, surcando el aire a toda velocidad. Un instante después notó la vibración del terreno cuando cayó con violencia junto a él, seguramente a muy pocos pasos de distancia. Escuchó perfectamente el gemido que escapó de su garganta al golpearse contra el suelo.

Harry lo dio todo por perdido, Neville estaba desarmado y, en su estado, era un milagro que Hermione resistiese todavía. Bellatrix sabía que los profesores y La Orden del Fénix estaban muy cerca, no dejaría que se aproximaran lo bastante como para echarles una mano, se desaparecería de allí con él cuanto antes, ansiosa por depositar su trofeo a los pies de su amo.

A Harry pensar en lo cerca que había estado de destruir todos los Horrocruxes le corroía por dentro como un ácido.

- ¡Por Merlín, Amicus! – exclamó Bellatrix mientras se aproximaba - termina de una vez con la sangre sucia, si está hecha polvo… Yo ya tengo a los míos bajo control.

Bellatrix podría haberle ayudado a reducir a Hermione pero la imagen que ofrecía le pareció tan lamentable que prefirió disfrutar humillando a Neville y Harry. Se acercó a ellos con los ojos desorbitados de placer y una sonrisa triunfante mientras jugueteaba con la varita de Neville entre sus manos.

- Snape me desagrada – confesó – pero tengo que admitir que al menos en una cosa tiene razón. Das pena Longbottom – le expetó a Neville mientras lanzaba su varita lejos con fuerza. Después se inclinó sobre él hasta que sus caras se rozaron. – Eres patético – le susurró con crueldad al oído, aunque no en voz lo bastante baja como para que Harry no pudiera oírlo.

Nada más decirlo estalló en sonoras carcajadas pero mientras ella se regodeaba en su victoria Neville cogió una de las flechas desperdigadas sobre la hierba por los centauros y girándose rápidamente sobre sí mismo la clavó con todas sus fuerzas en uno de los muslos de Bellatrix.

Harry, que no podía ver lo que ocurría, se sorprendió al oír como Bellatrix emitía un chillido tan agudo que pensó que le perforaría los tímpanos y antes de que pudiera preguntarse que estaba pasando Neville y ella cayeron sobre él enzarzados en una violenta refriega por hacerse con el control de la varita de Bellatrix. Harry sintió que se quedaría sin aire, tenía los pulmones aplastados bajo el peso de Neville, que forcejeaba con ahínco tratando de arrancar la varita de las manos de la mortífaga.

Neville le propinó un codazo que le hizo sangrar por la nariz, la sangre empezó a brotar despacio y se deslizó lentamente hasta llegarle a los labios, Harry pudo sentir su sabor cuando algunas gotas se le introdujeron en la boca. El codo de alguien se hundió con fuerza en sus costillas, o tal vez era una rodilla, no podría asegurarlo con rotundidad. Unas chispas involuntarias salidas de la varita y provocadas por dios sabe quien cayeron sobre su pantalón a la altura de la pantorrilla quemándolo y llegando hasta la piel. Le dolía pero apenas le importó, se ahogaba, Neville se apoyaba sobre él cada vez con más fuerza, o se apartaban un poco o para cuando uno de los dos consiguiera hacerse con el control de la varita ya estaría muerto.

De pronto el movimiento cesó y los dos se incorporaron lentamente. El aire llegó de nuevo a los pulmones de Harry y se sintió inmensamente aliviado aunque solo fuese una sensación pasajera. A su alrededor nadie hablaba así que Harry no supo en un primer momento quien había vencido. Fueron unos instantes horribles que se le hicieron eternos.

Cuando los dos estuvieron de pie, frente a frente, uno a cada lado de Harry, él sintió una gran alegría al ver la varita de Bellatrix en manos de Neville un segundo antes de que ella cayera inconsciente sobre su cara. Si hubiera podido mover al menos los músculos de la cara habría en ella una expresión de total repugnancia por tener encima a la mujer más despreciable que conocería jamás. Además el pelo de Bellatrix se le metía por la nariz haciéndole cosquillas.

- Lo siento Harry – se excusó Neville quitándosela de encima y dejándola tirada de cualquier modo sobre la hierba – en seguida te ayudo.

En ese momento Hermione, casi sin fuerzas, conseguía alcanzar a Amicus con el embrujo de las piernas de gelatina mientras Neville le enviaba otro Desmaius. El mortífago cayó al suelo sin sentido mientras sus piernas seguían moviéndose por sí solas incontrolablemente, ofreciendo una imagen grotesca. Al verse libre de él Hermione se dejó caer sobre la hierba, rendida.

A toda velocidad Neville liberó a Harry de su encantamiento y recogió todas las varitas esparcidas por el suelo devolviéndoles las suyas a Harry y Hermione.

- Ahí vienen los demás – exclamó Neville señalando hacia el castillo.

Bajando las escaleras del castillo venía un grupo de personas, seguramente los profesores los miembros de la Orden que todavía quedaban en el colegio, Harry alcanzó a distinguir el llamativo pelo rosa de Tonks en medio del grupo, corrían a toda velocidad lo que indicaba que eran perseguidos por los mortífagos.

- Tenemos que irnos de aquí – dijo Harry con urgencia ayudando a Hermione a incorporarse.

- Harry – advirtió Hermione – Kreacher.

- Tienes razón no podemos dejarle aquí – respondió Harry admirado de la capacidad de Hermione para pensar en cada detalle incluso esas situaciones. Kreacher había demostrado sobradamente que no era de fiar.

- Si queréis yo puedo encargarme de sacar la basura – se ofreció gustoso Neville señalando a los dos mortífagos, a los que ya les había hecho un encantamiento levitatorio y flotaban a pocos metros de él, prácticamente fuera del recinto del colegio – será un placer llevarlos al Ministerio.

Harry y Hermione se lo agradecieron y él caminó los pocos pasos que le separaban del muro, apenas había franqueado la entrada cuando oyeron el fuerte ruido que causó la desaparición conjunta de Neville con sus dos prisioneros.

- ¡Kreacher! – gritó Harry con energía - ¡Dobby! – añadió al recordar que él también estaba allí y que tal vez no tuviera adonde ir.

Acto seguido los dos elfos domésticos se aparecieron causando gran estruendo.

- Kreacher quiero que vayas a casa de los Black y me esperes allí. Tienes absolutamente prohibido salir de la casa ¿comprendes? – preguntó en tono autoritario. No podía perder ni un solo segundo discutiendo con él y arriesgarse a que los mortífagos les atraparan. – No puedes hablar con nadie hasta que yo llegue, y eso incluye el retrato de la señora Black, ni te acerques a él.

Kreacher no hizo la acostumbrada reverencia a su amo pero para sorpresa de Harry tampoco profirió ningún insulto, queja o lamento, se limitó a desaparecer dedicándole una mirada rencorosa aunque sin decir una sola palabra, cosa que Harry le agradeció sinceramente.

- Dobby ahora el castillo será ocupado por los mortífagos – explicó Harry a toda velocidad – si no quieres trabajar para ellos puedes ir también a casa de los Black.

- Claro que Dobby no quiere trabajar para ellos, - dijo con los ojos desorbitados y moviendo la cabeza con tanta energía que Harry estuvo seguro de que se rompería el cuello – Dobby jamás volverá a trabajar para gente como esa.

- Puedes trabajar para mí si quieres, después hablaremos de tu sueldo.

Dobby rompió a llorar de forma escandalosa y se echó al suelo de rodillas mientras se abrazaba con fuerza a las pantorrillas de Harry.

- Dobby trabajaría gratis para el señor Harry Potter, es el mago más noble y generoso que existe, Dobby es demasiado afortunado…

- Dobby ya me lo agradecerás más tarde – le interrumpió Harry tratando de zafarse – ahora no es un buen momento.

Dobby se levantó y asintió entre sollozos e hipidos mientras se secaba los ojos con el dorso de la mano. Cuando se desapareció seguía llorando a lágrima viva.

- Por fin, - suspiró Harry cuando el elfo hubo desaparecido – vamos – dijo caminando junto a Hermione hasta la entrada del colegio. Estaban traspasando la verja cuando Hagrid pasó sobre ellos a lomos de una moto voladora ridículamente pequeña para su tamaño.

- ¿De dónde rayos la habrá sacado? – preguntó Hermione mirando al cielo sorprendida.

- Ni idea, - respondió Harry con la extraña sensación de que el ruido de la moto le resultaba vagamente familiar, aunque no supiera identificar el motivo.

Hagrid se alejaba rápidamente y los mortífagos ya salían por la puerta del castillo, echando un último vistazo al horizonte Hermione se encogió de hombros y tiró del brazo de Harry para apremiarle.

- Nos vemos en La Madriguera – dijo en cuanto estuvieron al otro lado del muro.

- No te asustes si tardo un poco - farfulló Harry incómodo, seguro de que Hermione no se conformaría con lo que acababa de decirle.

- ¿Qué es lo que ocurre, Harry?, te estás comportando de forma muy extraña, - indagó Hermione mirándole incisivamente, recordando el incidente con la profesora de adivinación. - ¿Qué pasó en el castillo?

- Sé donde está Snape – admitió Harry sin rodeos, aunque molesto porque sabía lo que vendría a continuación.

- ¿Cómo? – preguntó ella asombrada.

- Malfoy me lo dijo, aunque tengo no tiempo para explicártelo – Harry señaló impaciente el muro para recordarle que tras él había una horda de mortífagos ansiosos por capturarles. - Tengo que ir allí ahora.

- Vamos entonces – contestó Hermione con determinación.

- Ni hablar, - se opuso Harry – apenas puedes tenerte en pie.

- Tú también has recibido la maldición Cruciatus - alegó Hermione empezando a enfadarse.

- Pero solo dos veces, lo tuyo ha sido mucho peor, estás débil y será peligroso.

- ¿De verdad quieres perder el tiempo discutiendo conmigo, Harry? – preguntó Hermione poniendo los brazos en jarras.

Harry conocía aquella mirada, estaba vencido y no tenía alternativa, o iba con ella o no podría ir.

- Está bien, - aceptó a regañadientes antes de indicarle a Hermione donde debía aparecerse.

ooOOoo

Después de seis libros que levante la mano quien crea que Neville Longbottom no se merece un momento de gloria. Rowling ha sido muy injusta con él, espero que en DH lo corrija de alguna manera. Podeis dejar rr con vuesta opinión ;)