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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

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Guerreras Mágicas: La nueva historia.

¿Me prestas una habitación?

Clef no le creía a sus propios ojos, no sólo por la imprevista visita de la no menos imprevista visitante, sino porque él creyó que jamás volvería a ver a sus niñas, incluso casi estaba seguro de que ellas habrían ya muerto. Pero ahí estaba Anais, viva, sana, hermosa, bastante joven, no era una mujer anciana como había imaginado, sólo había dejado de ser una niña. ¿Cómo podía ser? ¿Sería que los de mundo místico envejecían más lentamente?

El primer impulso de Clef fue, incluso para su propia sorpresa, el de correr a abrazar a esa joven, pero fue ésta vez no su propio carácter, sino el que ella presentaba, lo que lo abstuvo de tal cosa.

"¿Pero qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? ¿Cuándo? ¿Por qué?"-las preguntas de su mente se agolparon en su boca con total asombro.

"Si lo supiera quizá ya estaría de vuelta en casa, y eso es precisamente lo que me ha traído aquí, necesito tu ayuda, quiero volver a casa, quiero volver de inmediato"

Bueno después de sesenta y un años de ausencia, esas no eran precisamente las palabras que Clef esperaba o hubiera querido escuchar.

"Oh…" –fue todo lo que expresó Clef ante tan fría respuesta.

Después de un momento para acomodar sus sentimientos, removidos por la fría actitud de la chica hacia Cefiro, Clef pudo articular más palabras.

"Bien mi niña, yo, no sé exactamente cómo podría ayudarte en este momento, pero te aseguro que te ayudaré, y encontraremos una forma"

"Gracias, espero la encontremos pronto"

Clef bajó su mirada un momento, le entristecía el hecho de que Anais no se mostraba en lo más mínimo emocionada de estar ahí, o siquiera de verle a él, aunque tampoco podía culparla, además, era la segunda vez que era sustraída de su mundo sin su deseo o permiso. Aunque ya era la tercera visita a su mundo, de las tres veces, ya contaban dos las que no habían sido deseadas por las chicas.

"De momento… tengo muchas cosas de las cuales encargarme, no creo que lo sepas pero estamos en medio de una muy importante celebración –dijo Clef con una pequeña y triste sonrisa – es… el Aniversario de Nuevo Céfiro –le sonrió un poco más– hay muchos mandatarios a quienes atender y asuntos de importancia que… -guardó silencio un momento– ¿Sabes algo? Tú estás primero, que alguien más se encargue de eso, de inmediato comenzare a buscar una solución para ti"

Anais entonces se sintió un poco, sólo un poco culpable, pues estaba siendo egoísta, aunque sabía que tenía todo el derecho a serlo. Sin embargo, se dio cuenta que como jefe gurú, él pobre de seguro estaba hasta el cuello de trabajo. Así que en agradecimiento a la inmediata y buena disposición del gurú hacia su persona, le daría tiempo de arreglar sus asuntos, tal vez no mucho tiempo, pues ella tenía prisa en volver, pero decidió que podía comportarse comprensiva por un día.

"No… no Clef, muchas gracias, pero es verdad, quizá no he llegado en un buen momento"

"¡Pero qué dices mi niña! si has llegado en el mejor de todos" –interrumpió Clef con sincero jubilo de tenerla ahí, y justo por esas felices fechas.

"No lo creo, tú estás muy ocupado y yo no pretendo interferir en asuntos importantes, esperar un día… o dos –dijo no muy segura de querer concederle tanto tiempo, pero… ya qué– no me harán ningún mal. Por favor atiende tus asuntos estos días, y después aceptaré tu ayuda inmediata"

"¿De verdad? Entiendo que esto es importante para ti. Anais sé que quizá antes no fui de mucha ayuda sino todo lo contrario, incluso una carga más para ustedes, pero ésta vez no pienso cometer los mismos errores, tú eres mi prioridad ahora"

"Y te lo agradezco de verdad, pero entiendo la importancia de la fecha, yo esperaré, de verdad, haz lo que debas hacer en estos dos días, yo esperaré"

Anais fue amable pero directa, más como una orden, así que Clef agradeció el tiempo concedido y aceptó la generosa oferta de la chica, pues anqué él quisiera, de verdad no había nadie más capacitado para hacer lo que tenía que hacerse en esos días.

"Bien es poca la ayuda que puedo ofrecerte en este justo momento respecto a lo que deseas, pero hay alguna otra cosa en la que pudiera servirte, ¿deseas algo?.. ¿Ya comiste?"

"Bien, a decir verdad, estoy muy cansada, podría darme un baño y descansar un poco. Me conformo con cualquier pequeño cuarto que me pudieras prestar"

"¿Un pequeño cuarto? El palacio entero si deseas mi niña, acompáñame por favor"

"Oh ¿y mis cosas?"

"¿Te refieres a eso?" – Clef apuntó las raras cajas con ruedas que se encontraron tiradas al lado de la joven y que había metido al castillo con ella.

"Sí"- Anais tomó sus cosas sin dar opción a que le ayudaran.

"Si deseas yo puedo llevarlas, parecen pesadas"

"Oh no, yo las llevaré gracias, vamos"

"Eh s-sí"

Mientras caminaban por el pasillo, a Clef recién le saltó la pregunta más obvia.

"Anais ¡¿Y las demás?!"

"¿Quiénes?"

"Pues... Lucy y Marina"

"No lo sé. No sé qué ha sido de ellas en los últimos años, pero si te refieres a que si han venido conmigo, no, he llegado sola"

"Oh… ¿estás segura?"

"Eso creo"

A Clef le impactó saber que Anais no sabía nada de las otras chicas, no sólo por la idea en sí, sino por la forma tan fría y despreocupada en que Anais lo había mencionado. Esa no era precisamente la forma en la que uno se refería a sus queridos amigos. Clef decidió no hacer más preguntas… por el momento.

Clef la condujo al "pequeño cuarto" que ella necesitaba. Nada menos que una de las más grandes y elegantes suites reales de palacio, que de hecho estaba nueva, nunca había albergado a nadie, Anais estaba a punto de estrenar.

La razón de que nunca se hubiera usado, es que en realidad habían sido construidas para albergar a aquellas a quienes les debían cada nuevo día, en una ínfima esperanza de volverlas a ver algún día, aunque desde la fecha de su construcción se sabía que los más seguro era que esas tres habitaciones dignas de una emperatriz, nunca fueran estrenadas.

Anais quedó asombrada del lujo y majestuosidad de la habitación, ella se hubiera conformado con sólo una cama, pero esto era… algo totalmente fuera de su presupuesto en mundo místico… ¡y era gratis! La única razón de no haberse quedado boca abierta era que eso no daría una buena imagen de su persona, pero su maxilar inferior permanecía conectado a su maxilar superior sólo por obra de algún milagro.

Aunque sus expresivos ojos japoneses sí estaban abiertos cual platos, Clef a su espalda no lo podía notar, de lo contrario le hubiera parecido una expresión muy graciosa.

La habitación estaba adornada con motivos dorados, y enormes esmeraldas cefirianas adornando paredes y espejos, el blanco de las pareces tenía una casi imperceptible sombra de verde pastel. Muy sutil para ser solida, pero suficientemente clara para percibirse.

Tenía una amplia cama con base de mármol verde muy pálido, enormes ventanales ovalados rodeados de un marco dorado, la habitación contaba también con sala propia, un pequeño pero elegante comedorcito, un enorme ropero de madera blanca aromática, un hermoso tocador y una bella puerta de buen tamaño, de seguro conducía al baño, o eso era de suponerse.

"Ven por favor"

Anais lo siguió aún arrastrando sus maletas en lugar de dejarlas por ahí, estaba simplemente perpleja, su cuerpo entero casi actuando en automático, admirando cada suntuoso detalle.

Clef abrió la doble puerta de madera, bañada en el oro cefiriano, y ante sus verdes ojos se abrió el más maravilloso spa individual que ella hubiera imaginado tener.

Era un sueño de baño. Tenía el servicio, un estante de fragante madera con algo que seguro eran toallas limpias, además de velas aromáticas, esencias y aceites para el aseo sin duda, unas curiosas esponjas verdes a tono con la decoración, algunos accesorios que Anais no reconoció, también una especie de cama baja de acojinado verde, cosa que su mente sólo atinó a suponer era una especie de camilla para masajes, y al fondo, un gran yacusi digno de una diva del cine. Preciosas y pesadas cortinas verde esmeralda sujetas a cada lado del gran ventanal para darle privacidad al usuario si así lo requería. Aunque claro, a la altura del castillo a la cual se encontraba la habitación, muy, muy difícilmente alguien podría espiarte, sólo superman.

Esa habitación era como un pequeño departamento en sí.

"Mandaré a alguien a prepararte el baño"

Anais podía haberse negado pero como no sabía cómo se usaban las cosas de ahí, decidió que mejor aceptaría la oferta para fijarse en el funcionamiento del lugar.

"Gracias" – ésta vez su expresión facial aparentaba normalidad, pero por dentro sus ojos "mentales" seguían casi fuera de sus orbitas.

"¿Hay algo más que desees?"

"¿Eh?… no… no, no gracias" – recobró su natural elocuencia. Esa habitación era para volver loca a cualquier chica.

"Anais, por favor, siéntete como en tu casa, éste es también tu palacio, si necesitas algo, sólo pídelo, eres parte de la realeza de este mundo, no lo olvides por favor"

Anais se quedó sin palabras, entendía la amabilidad, pero que le dijeran que el palacio era suyo y que ella era parte de la realeza del lugar, la dejó girando en un tapete, es decir, no sabía qué pensar, ¿se lo diría en serio? o ¿sólo como una cortesía?

"Iré a llamar a la servidumbre"

"¿¡Servidumbre!? –esto asustó a Anais– no no, no es necesario, con una persona que me ayude estaré bien" –cuando escuchó la palabra servidumbre se imaginó a una horda de sirvientes y eso era demasiado abochornante para ella.

"Está bien" – Clef sólo sonrió un poco y fue a llamar a alguien.

Después de unos instantes volvió con una joven del servicio, pero no le dijo a la chica quién era en realidad la huésped, parecía que Anais no estaba acostumbrada a cosas tales como reverencias y esos protocolos, y lo que menos quería Clef era que Anais se sintiera incomoda, y si le decía a la joven doncella quien era la huésped de seguro esta caería de hinojos a los pies de Anais. Aunque, sabía que no podría mantener por mucho el secreto de la identidad de la rubia.

"Anais, ella es Aluna, estará pendiente de tus necesidades" – le dijo Clef. A la joven mucama le pareció raro que la joven huésped fuera llamada como la Diosa del Viento, pero no creyó que pudieran ser la misma persona.

La joven Aluna tendría unos 19 años, de piel blanca y cabello gris claro azulado, delgada, de ojos grises, y portaba un sencillo pero elegante vestido largo, propio de la servidumbre del palacio.

"Estoy a sus órdenes señorita"

"Gracias"

"Les dejo a solas, por favor mi niña, si necesitas algo, mándame llamar o pídelo a Aluna, como tú desees"

Clef hizo una reverencia de respeto parecida a las japonesas, y se retiró. La joven Aluna se sorprendió de que el gurú se pusiera a las órdenes de ésta joven y que le hiciera esa pequeña pero significativa reverencia. De seguro esta extraña debía ser alguien importante, así que Aluna decidió que la trataría con el mayor decoro y respeto. Siempre se trataba con gran respeto a los huéspedes del castillo, pero esta joven parecía ser muy importante, quizá demasiado especial, de otro modo el gurú no la habría reverenciando. La trataría con el sumo cuidado.

"Permítame preparar su baño"

Anais siguió a la joven para ver el funcionamiento de las cosas.

"Desea la tina o la lluvia"

"¿L-la lluvia?"

"Sí" - la joven apuntó a una esfera dorada flotante, justo sobre la tina, la cual tenía varios orificios.

"Quizá –pensó Anais– es como una regadera"

"La lluvia estará bien… ¿podré usar después la tina?"

"Por supuesto señorita, desea que vuelva a prepárasela después de diez minutos"

"Oh, bueno… ¿No podrías mejor decirme cómo funciona?"

A la chica le pareció rara la petición, pero accedió con gusto a enseñar a Anais. Al ver que no conocía el funcionamiento de una bañera común, la doncella del servicio asumió que Anais era una extranjera recién llegada a Céfiro. Seguro por la fiesta de año nuevo. ¿Sería una mandataria?

"La dejaré en privacidad. Aquí tiene nunas limpias"

Anais miró a las "Nunas" eran un tipo de lienzo largo un poco afelpado, parecido a la gaza, sólo que mucho más gruesa. De seguro eran las Toallas.

"¿Desea que prepare su ropa?"

"Eh, no, no gracias, no es necesario"

"¿Desea algo más?"

"No, gra… bien a decir verdad, podrías traerme algo de comer dentro de cuarenta minutos"

"Sí señorita ¿qué desea?"

"Ah… pues… -ahora que lo pensaba no sabía que pedir, así que se decidió por lo único que conocía– ¿tendrás alguna sopa de verduras? algo con… ¿Londigas?" –a fin de cuentas era la única verdura que conocía y sabía que le gustaba el sabor.

"Sí señorita todo lo que desee, la mandaré preparar de inmediato"

¿Se la iban a preparar en exclusivo? ¡Vaya! eso sí que la sorprendía, pero era obvio, siendo un castillo, de seguro tendrían de todos los ingredientes y una súper cocina tipo restaurant.

"Bien gracias, ya no deseo nada más"

"¿Desea algún postre para acompañar su comida? ¿alguna bebida en especial?"

"Ah… bueno Aluna, te seré sincera, no conozco la cocina de Céfiro, no creo que pudiera pedir nada más por el momento"

"¿Desea que le sugiera algún postre y una bebida?"

Llegada a éste punto Anais se sentía más como en un hotel categoría Diamante que en un castillo de un reino mágico.

"Bien, sí, me dejaré aconsejar por ti"

"¿Cómo le gustan los postres? ¿muy dulces, suaves?"

"Oh no, lo que decidas estará bien Aluna. Ahora ve, muchas gracias" – Anais se comenzaba a sentir abochornada por tantas atenciones… y eso sólo era un vistazo, no sabía lo que le esperaba… Así que dejó todo en manos de la chica y la mandó a cumplir con su deber… era una forma educada de deshacerse de ella.

Aluna hizo una pequeña reverencia y se marchó.

Anais ahora sabiendo el funcionamiento de la ducha, cerró su puerta, se desvistió, y fue a tomar su baño, después de lavar su cuerpo a conciencia, llenó el jacuzzi y permaneció en él unos veinte minutos tras los cuales salió a vestirse.

Pensó en ponerse algo casual pero estaba tan cansada, y aun bajo los remanentes del efecto de las nurias, que decidió ponerse una bonita bata larga de satín con ensamble, color azul cielo.

Ni bien había acabado de ponerse su bata cuando alguien llamó a la puerta. Anais abrió y se encontró con Aluna y un carrito de servicio el cual llevaba, una sopa de verduras, una ensalada, un plato con fruta fresca, pan fresco, algo que tenía pinta de postre pero que Anais no sabría describir, un gran vaso de jugo fresco, y un te dulce para acompañar el postre.

"Esto parece un desayuno continental" – pensó asombrada Anais, cada vez se sentía más como en un hotel.

"Gracias Aluna"

"¿Desea algo más?"

"No. Puedes retirarte, gracias" – le ordenó y en cuanto la chica salió, cerró suave pero decididamente la puerta. No es que Anais se portara como princesa despota, sino que quería deshacerse de la chica lo más pronto posible. Nunca había tenido doncella personal y eso la hacía sentirse terriblemente apenada.

Después de engullir TODO con un enorme gusto, pues tenía más hambre de la que suponía, Anais dejó los platos en su comedor personal, Aluna habría preparado hasta su mesa, pero eso hubiera sido demasiado para Anais. Los de mundo místico estaban, en su mayoría, acostumbrados a servirse por sí mismos, a menos claro, que fueran realeza europea, millonarios excéntricos o divos famosos. Y Anais no era parte de ninguno de estos grupos. Siendo japonesa, pese a su propio nuevo ser, la humildad estaba muy arraigada todavía en su cabeza.

Anais fue hacia la cama donde se recostó un poco, luego se acomodó bien sobre las almohadas sin distender la cama. No planeaba dormir, sólo descansar un poco, pero se quedó dormida después de sólo cinco minutos.

Aluna llamó a la puerta pero al no recibir respuesta, abrió discretamente para ubicar a Anais y la encontró durmiendo en la cama, con sumo cuidado entró al cuarto y puso los platos vacios en el carrito de servicio, después abrió el enorme ropero de la habitación, puso unas sábanas limpias ahí y dejó afuera una de ellas, la cual extendió con delicadeza sobre la joven para no despertarla. Acto seguido, tomó el carrito y salió con mucho cuidado cerrando la puerta.

Camino a la cocina se encontró con Clef.

"Aluna ¿cómo está la joven a quien te he designado a atender? ¿tiene todo lo que necesita?"

"Sí su excelencia, ha tomado su baño y ha comido, ya se ha quedado dormida"

"Oh muy bien, asegúrate de que nadie la moleste"

"Sí mi señor"

Clef prosiguió su camino y Aluna entró a la cocina para dejar los platos sucios.

"Vaya, el huésped se ha comido todo, parece que tenía hambre, generalmente dejan algo" – comentó Glenka, la superintendente del área de cocina. Una mujer regordeta y muy agradable.

"Sí señora, ha terminado con todo"

"De seguro es un joven príncipe"

"No señora Glenka, es una joven, muy bonita por cierto, parece un hada de los cuentos de Blisk cuando duerme"

"¿Mm? ¿Una creatura mágica?"

"No, es una joven normal, eso parece, pero es muy bella, y muy alta"

Generalmente la estatura de la mujer en Céfiro era baja.

"Vaya una jovencita que puede comer todo esto… estará pasada de peso"

"Para nada, todo lo contrario"

"Pues que envidia me da esa joven jajaja, ojala yo pudiera hacer lo mismo. Y dime ¿quién es?. ¿Es una aristócrata?"

"No lo sé bien, no parece provenir de los planetas circundantes y no parece ser de aquí, pero estoy segura que tiene que ser de la realeza, está hospedada en esas elegantes habitaciones que nadie usa"

"¿Las habitaciones para mandatarios?"

"No, esas tres habitaciones que parecen dignas de una Reina, las que nos encanta ir a limpiar pero que nunca son usadas"

"Ah, ¿esas a las que las doncellas del servicio llaman las habitaciones misteriosas?"

"Sí, nunca se ha permitido que nadie las use, ni siquiera los príncipes, por eso es que las llamamos así, nadie sabe para qué o quién se construyeron, nadie las usa"

"Mmm que intrigante… Debe ser una joven muy importante, hasta donde sé, en toda mi estancia en palacio, nunca se habían usado esos cuartos, y mira que tengo más de 30 años trabajando aquí. Creo que mi abuela sí sabía para quiénes habían sido construidas esas habitaciones, pero nunca le puse mucha atención cuando niña jajaja"

"¿Por qué no le pregunta a su madre señora Glenka?"

"Mmm buena idea, en cuanto vaya al pueblo lo haré"

Mientras tanto muy cerca del castillo dos jóvenes caminaban por el bosque.

"¡No puedo creer que hayamos dormido hasta tan tarde!" – Marina venía escandalizada con la idea de haber perdido tiempo.

"No es tan tarde y además ni siquiera tenemos un reloj que marque la hora de aquí para asegurar que es tarde, así que deja de quejarte"

Ambas continuaron caminando por un largo rato, hasta que se toparon a poca distancia con la majestuosa visión del palacio de Céfiro.

"¡Oh vaya aquí debe ser, de seguro!"

"Tiene que ser, es el único enorme castillo con el que nos hemos topado"

Lucy contó las torres – "Y tienes siete torres, este debe ser"

Las jóvenes se aproximaron escondidas tras las plantas y árboles del bosque circundante y llegaron a sólo metros de la entrada.

"Y bien genio, ¿ahora qué?" – preguntó sarcástica Marina.

"¿Qué? Pues no lo sé, quizá deberíamos ir a preguntar a los guardias por Clef, quizá ellos puedan llamarlo"

"¿En serio Lucy? ¿Sigues siendo tan inocente?. Clef es toda una institución aquí si no me equivoco, y no creo que lo vayan a mandar llamar así como así, sólo porque dos jóvenes desconocidas con pinta de plebeyas lo mandan llamar"

"Bueno podríamos intentarlo al menos"

"Sí, y ser echadas a patadas"

"Entonces qué sugieres "publirrelacionista"?"

"No lo sé… no parece una tarea fácil llegar hasta él"

"Quizá si les decimos que somos las guerreras mágicas nos dejen entrar de inmediato"

"Oh claro, y nos encenderán velas y cantaran alabanzas. Lucy lo más probable es que se rían de nosotros o nos quieran castigar por blasfemas. Piensa, si un tipo se nos aparece diciendo que es Buda o Jesucristo, no se lo vamos a creer sólo porque tenga barba y pelo largo o porque sea oriental y este gordo y orejón ¿verdad? Lo más seguro es que nos burlaríamos de ellos. Por lo que me has contado, hay todo un culto alrededor de nosotras… Nos consideran Diosas, y no van a creer que una divinidad se presente así como así, y menos como simples mortales, de seguro esperarían humo y luces"

"¿Entonces?"

"Bien, probemos otra entrada, quizá… por la parte trasera"

Ante tan aplastante razonamiento, Lucy no tuvo más opción que seguir el plan de Marina. Llegaron a la parte trasera, no sin antes caminar un rato, el castillo era enorme y rodearlo todo tomaba tiempo. Llegaron por fin a los jardines, donde Melian había encontrado a Anais, y vieron en la puerta trasera apostados a sólo dos guardias.

"¿Y ahora?"

"Creo que sería fácil distraerlos"

"¿Cómo?"

Marina pensó un momento y luego hizo una cara de arrepentimiento mientras tomaba su Smartphone y le decía un compungido "Perdóname" a su teléfono.

"¿Qué vas a hacer?" – pregunto Lucy.

"Carnada"

Buscó un sonido en su celular, el cual por cierto marcaba la misma fecha y hora desde hacía días, pero Marina aun no lo notaba. Así como tampoco había notado el hecho de que la batería parecía no descargarse.

"Tengo un molesto sonido del llanto de un bebe aquí, me lo mando un amigo como tono para mis mensajes, pero nunca lo usé, ahora agradezco el hecho de haber olvidado borrarlo. Mira… –se dirigió a un árbol y trepó un poco– Tiene todo el volumen, lo pondré en repetición cinco veces, espero nos de él tiempo suficiente"

"¿Por qué no lo dejas en repetición continua?"

"Porque si lo hago terminarán por encontrar mi celular y al creerlo un artefacto encantado, de seguro, le darán un terrible fin, y no es lo que deseo para mi amado teléfono –lo acomodó entre unas ramas– Ya está. Tiene todo el volumen, espero logre atraerlos, en cuanto comience a sonar corre a esconderte"

"De acuerdo"

"¿Lista?"

"Sí"

Marina dio play y el llanto comenzó a sonar por todo el jardín. Cada simulación de llanto duraba 5 segundos cada lapso.

Los guardias escucharon y comenzaron a alarmarse, quizá un niño perdido, o quizá la madre estaba herida por ahí. No era normal que la gente se acercara al perímetro del castillo. A decir verdad, ni siquiera lo tenían permitido. Quienes iban debían tener previa invitación y entrar por la puerta principal, jamás por los jardines traseros. Ya fuera alguien que necesitara ayuda, o un imprudente que había sido delatado por el pequeño, ellos debían ir a investigar.

Salieron corriendo en busca del sonido justo cuando ya sólo quedaban dos repeticiones. Cosa que Lucy y Marina aprovecharon para salir de su escondite sigilosa y rápidamente y adentrarse en el castillo.

Gracias a Dios no había guardia en el pasillo.

"Wow… no puedo creer que haya sido tan fácil"

Las dos suspiraron aliviadas.

Recorrieron el castillo un rato, sus maletas estaban escondidas afuera entre la maleza. La servidumbre las veía pasar, se veían raras pero si estaban ahí, deseguro eran invitadas, además era "temporada de huéspedes" así que no les decían nada por deambular por ahí, aunque no las conocieran, porque después de todo, no cualquier idiota o hijo de vecino podía entrar al gran castillo.

Era enorme y ni siquiera sabían si estaban en la torre correcta.

"Es obvio que no nos lo toparemos en el pasillo, será mejor preguntar por él"

Claro las chicas esperaban encontrarse con un Clef de apariencia infantil. Si no había cambiado en 750 años, ¿por qué habría de haber cambiado en los últimos sesenta y uno?.

"¿Y a quién le preguntamos?"

"A esa chica que viene ahí" – dijo Marina.

La joven traía unas sábanas en los brazos y una especie de cofia en la cabeza, seguro era del servicio. Marina hizo gala de sus dotes de actriz y portándose como si fuera una especie de hechicera importante, se dirigió a la joven, quien por cierto creyó en sus palabras.

"Doncella, por favor, ten la amabilidad de llamar al Jefe Gurú, dile que las doncellas del oráculo han llegado. Ya nos estaba esperando, pero no ha tenido la gentileza de venir recibirnos" – fingió molestia y el porte de una persona muy importante.

La joven se tragó todo el cuento, Marina sí que era buena.

"¡Oh lo lamento! Una disculpa por favor, el Gran Gurú ha estado muy ocupado y seguro fue un olvido. ¡En seguida lo llamo!" –y la joven salió corriendo en su búsqueda.

"Vaya, sí que eres buena" – dijo Lucy mirando como la joven corría por el pasillo.

"Que de algo me sirvan las clases de actuación"

"¿Esperamos aquí?"

"Dónde más"

La joven llegó donde Clef jadeante.

"Excelencia, las doncellas del oráculo han llegado, llevan mucho rato esperándole. Creo que están muy molestas"

"¿Quien?" – la expresión de Gurú Clef era una muy graciosa de duda y desconcierto, se describiría mejor al decir que su expresión decía muy concretamente "¡What the fu…!" como en el idioma inglés. Una expresión de antología en el severo Gurú.

"Las doncellas del oráculo"

"Y ellas… ¡quiénes son?. ¿Estaban en la lista de invitados? Porque no las recuerdo, ni siquiera las ubico…. ¿Cuál oráculo?... ¿Estás segura de lo que dices?"

"Sí mi señor, son dos jóvenes vestidas con extraños ropajes, una de ellas tiene un muy extraño color de cabello y ojos, ambos rojos, y la otra tiene cabello negro un tanto azulado y ojos azules"

Clef meditó un momento pero no recordaba a nadie así… de pronto saltó de su silla.

"¡¿Cabello rojo has dicho?!"

"S-sí excelencia" – su reacción había asustado a la chica.

"Llevame con ellas de inmediato" – le ordenó en tono amable pero apresurándola.

En el camino pensaba que de seguro la joven pelirroja podía ser Lucy, nadie en Céfiro o los planetas vecinos tenían cabellos de color rojo, era tan exótico, como para los terrestres lo sería un cabello violeta natural.

¿Pero la joven de cabello negro? Marina tenía el cabello azul… ¿Quién vendría acompañando a Lucy?, eso en caso que fuera ella.

Ambos llegaron donde las jóvenes, y ninguno se supo reconocer.

Ante Clef, dos de las jóvenes más bellas y exóticas que había visto en toda su larga vida. De facciones casi creadas por un artista del género fantástico.

Antes las chicas, un joven alto, muy atractivo de largo y sedoso cabello violeta, que estaba como para pedirlo prestado y no regresarlo jamás.

"Son ellas excelencia"

"Gracias puedes retirarte"

La joven se marchó y el rencuentro tuvo lugar.

"¿Están ustedes buscándome?"

"Estábamos buscando al Gurú Clef" – se adelantó a responder Marina.

"Ese soy yo jovencita, y ustedes ¿quiénes son?"

"¡¿En verdad?! –corearon las chicas con total asombro- ¡¿De verdad eres tú?!"

"¿Porque no habría de serlo?"

La joven de cabello negro azulado se acercó al joven y lo miró directo a los ojos, importándole muy poco el espacio personal del joven. Lo examinó de arriba abajo. Sí, tenía cabello violeta, las facciones eran parecidas, sólo que mejoradas y mucho más adultas, y los ojos… esos ojos, esos no habían cambiado, ese era Gurú Clef. Lucy también se había acercado a mirarlo, y no fue tanto su físico, como su aura, lo que Lucy reconoció, ese era Clef.

"Cielos de verdad eres tú" –le dijo por fin Lucy.

"Y ustedes son…?"

"¿No nos reconoces?" – preguntó Lucy.

Clef miró de una a la otra, sin atreverse pronunciar el nombre de Lucy, de la otra chica no estaba tan seguro.

"¿Lucy?" - preguntó finalmente dudoso.

"Así es" - asintió mirándolo con esa mirada de fuego que poseía.

"Y tú jovencita ¿quién eres?"

"¿Tan rápido te olvidaste de mi? –dijo en tono irónico la muchacha–. Déjame refrescar tu memoria, yo, Soy Marina"

Clef quedó pasmado. ¿Esa era Marina? ¡Pero si su cabello era azul!... Aunque esa actitud desafiante del demonio… esa forma de irrespetar su espacio personal… ¡no podía pertenecer a otra persona! Tenía que ser Marina.

"No puedo creerlo, han vuelto… ¡Las tres han vuelto!"

"Te equivocas Clef, sólo hemos vuelto nosotras dos"

"No, no es así Lucy, Anais también está aquí"

"¡¿Qué?!"

"Llegó esta mañana. Ahora está durmiendo. ¿Desean verla?"

"Perdón pero, no tengo el menor interés en verla o socializar. Clef, no sé cuáles sean las intenciones de Anais, pero mi único interés es volver a casa"

"El mío también –habló Lucy ésta vez, muy segura de sí– y francamente no tengo deseos de un rencuentro, cada una de ellas es libre de hacer lo que dese, yo sólo deseo volver a casa lo antes posible"

Clef se quedó sorprendido, tanto como desmoralizado, Lucy parecía incluir también a Marina en su desdén, y a Marina parecía no preocuparle ni un poco. No sólo su cuerpo había cambiado, parecía ser que el tiempo había cambiado más que sólo el carácter y la apariencia, parecía haber cambiado su amistad… volviéndola en olvido.

"Oh, está bien entonces… Ella desea justo lo mismo que ustedes. Como se lo he dicho a Anais, no sé aun qué haré para ayudarlas, pero tengan por seguro que no descansaré hasta encontrarles una solución. He de suponer que al igual que ella, ustedes no deseaban volver"

"Así es" – vaya fría manera de responder.

"Entonces no sé qué fuerza las haya convocado aquí, pero sepan y tengan por seguro que contarán con todo mi apoyo. Como le comenté a Anais, ahora estamos en medio de una celebración muy importante y tengo muchas cosas que hacer, pero así como le dije a ella, ustedes son mi prioridad. Anais, ha decidido concederme dos días, pero no puedo pedirles a ustedes que hagan lo mismo, si desean que comience ahora mismo a buscar respuestas lo haremos"

Las chicas no tuvieron oportunidad de contestar pues una doncella llegó corriendo.

"Su eminencia, los hechiceros de los cuatro vientos (puntos cardinales), las Sacerdotisas de los templos y el concilio de magia le esperan en el salón de Alta Magia, sólo falta usted para presidir la reunión, le recuerdo que después tiene la reunión con los cuatro regentes y el príncipe Paris, y luego la cena de gala"

Clef pareció un tanto contrariado, ¿cómo dejar tirados a todos los invitados y las actividades?. Pero, lo había prometido y sus niñas estaban primero.

"Nira, por favor diles que todas esas reuniones se cancelan, envíales mis más sinceras disculpas"

"No. –Dijo Marina– Señorita, por favor avíseles que el Gran Gurú irá en unos minutos"

La joven miró contrariada a Marina sin saber si acatar su orden o no. Luego miró a Clef quien miraba a Marina.

"Está bien Clef, lo entendemos –dijo Marina mostrándose sorpresivamente comprensiva y madura para Clef, quien la recordaba como una niña caprichosa– esto es importante, podemos esperar, tienes cosas importantes que hacer"

"Pero…" –Clef miró entonces a Lucy.

Lucy asintió con la cabeza – "Anda y cumple con tus deberes, hablaremos después. Te esperaremos aquí"

"De ninguna manera. Nira diles que iré en unos minutos y llama a Riel y Tamil de inmediato, que me alcancen en el último piso"

"Sí mi señor"

La joven se fue y Clef les pidió a las chicas que lo siguieran.

"¿A dónde vamos?" – inquirió Lucy

"A sus habitaciones, no las dejaría esperando en el pasillo, esto tardará horas"

Llegaron al último piso de esa torre, era un pabellón enorme, se entraba por un amplio pasillo y topaba en una estancia redonda, en la cual se podían ver tres puertas como en rotonda.

Clef abrió primero una habitación que tenía una joya roja en la puerta, puerta que daba de cara con las puertas de las otras dos habitaciones, una tenía una enorme joya verde en la puerta, y la otra una azul.

Lucy se quedó sorprendida, se topó con el mismo lujo con el que se topara Anais hacía unas horas, sólo que las joyas de su habitación eran rojas, y las paredes blancas presentaban una tenue sombra rosa pálido.

"Esta es tu habitación Lucy"

"Mi- mi habitación? ¿No es una habitación compartida? Porque parece un departamento"

"¿Un qué?"

"Un… eh, olvídalo, es sólo que es muy grande… y lujosa" – Lucy miraba todo con asombro.

"Lo que ustedes se merecen solamente"

Mientras Lucy contemplaba su habitación Clef llevó a Marina a la suya, igualmente fastuosa, con joyas y motivos en azul, y una tenue sombra de azul sobre el blanco de la pared, haciendo lucir el blanco más luminoso de lo que era.

"Caracoles, no escatimaron en gastos para hacer el nuevo palacio, debo admitir que les quedo precioso. ¿De quién son estas habitaciones? Son para invitados distinguidos me supongo" – dijo Marina.

"Sí, los más distinguidos de todos" – le dijo Clef en tono obvio pero Marina ni lo notó, estaba embelesada contemplando la habitación.

No es que precisamente ella no estuviera acostumbrada al lujo, sino que esto parecía sacado de un autentico cuento de hadas y elfos.

Dos jóvenes mucamas llegaron al lugar, una de cabello naranja pastel y ojos naranja oscuro, y la otra, de cabello amarillo claro, podría pasar por rubia a simple vista, pero su cabello no era rubio sino amarillo al igual que sus ojos. Ambas jóvenes se pusieron al servicio de Clef.

Clef llamó a las guerreras quienes se asomaron a su respectiva puerta.

"Lucy, Marina, ellas son Riel y Tamil, serán sus doncellas personales y se encargarán de atenderlas durante su estancia aquí, si necesitan más gente sólo díganlo"

"¿Quien? ¿Qué? ¿Más gente? No, no, para qué, yo podría atenderme sola" – dijo una muy asombrada Lucy.

"De ninguna manera, Tamil estará a tu servicio Lucy"

"Y Riel al tuyo Marina. Quiero que se sientan como en casa, como le dije a Anais, quien duerme tras esa puerta –dijo señalando a la puerta de la joya verde– Este es su castillo, siéntanse libres de recorrerlo y de pedir cualquier cosa que desean. Deseo que estén cómodas, sé bien que quizá no desean estar aquí ahora, pero si no puedo acelerar su partida, al menos me encargare de… hacer su estancia lo más soportable posible" – esta última frase de verdad le hería su corazón.

"Oh bien, muchas gracias entonces" – dijo una tranquila Marina.

"Ojala pudiera hacer más… Tengo que retirarme chicas. Por favor pidan lo que deseen"

"Gracias"

"Tamil, Riel –les llamó Clef en privado– Ustedes se encargarán de éstas jóvenes, serán sus doncellas personales y han de tratarlas incluso con mayor respeto que a mí y a los príncipes. ¿Esta claro?"

Las jóvenes se sorprendieron bastante pero acataron respetuosas. Ya le daría las mismas instrucciones a Aluna en cuanto la viera. Clef se fue y Tamil y Riel asistieron a Lucy y Marina.

Marina y Lucy bajaron acompañadas de sus doncellas, puesto que no conocían el nuevo castillo, y fueron al jardín a recoger sus maletas, y a rescatar el celular de Marina, que seguía escondido en el árbol, luego regresaron a su habitación guiadas por las doncellas.

Las doncellas, les enseñaron a Lucy y Marina a usar la ducha y el jacuzzi, aunque Marina sí permitió que le prepararan el baño ésta vez. Estaba acostumbrada y no porque fuera una diva, sino porque casi siempre acababa molida después de un día de trabajo, y su gente terminaba ayudándola a preparar la tina, caía como tronco en su cama, muerta de cansancio, y a veces sólo podía dormir 3 horas al día.

Después del baño ambas se relajaron en sus respectivas habitaciones, les llevaron comida, otro desayuno continental, y luego ambas pasaron el tiempo haciendo nada, jugando con el Smartphone o la Tablet.

Un par de horas despues Lucy pudo escribir una canción, pues resultaba ser que era muy buena componiendo, y deseaba poder cantar sus propias canciones de forma profesional algún un día. Marina mientras tanto, checaba todos sus compromisos artísticos en su celular, y pensaba que a su regreso quizá cancelaría algunos.

La tarde había sido también muy divertida para los príncipes, tanto que se habían olvidado de la joven desconocida hallada en el jardín del castillo. La princesa TaiKei con su natural encanto, disfrutó de todas las cosa hermosas que Céfiro tenía para ofrecerle.

Clef se encargó de las juntas y compromisos. Todo trascurrió normal, hasta la noche, a la hora de cenar.

Clef fue a donde las guerreras para invitarlas a cenar con ellos, pero Anais seguía durmiendo, Marina recién lo había hecho y Lucy quien era la única despierta declinó.

"Muchas gracias pero, prefiero cenar aquí si no es molestia. Lo siento Clef, pero no siento deseos de reencontrarme con ninguno, y creo que ésta vez hablo por todas cuando digo que no deseamos convivir con nadie, ni siquiera entre nosotras –dijo apuntando con la barbilla a las puertas de las habitaciones de las otras guerreras– Las cosas han cambiado mucho, más de lo que te imaginas… y yo, no siento deseos de celebrar, les arruinaría la cena, y no quiero amargar la velada. Pero gracias de todos modos"

Lucy no se había prestado a platicar nada más, ni siquiera una pequeña charla.

Clef había bajado un tanto desanimado a la gran cena de gala. Durante toda la cena los invitados disfrutaron mucho. Pero el Gran Gurú parecía ausente. Había que hablarle más de dos veces para conseguir su atención. Estaba tan perdido en sus pensamientos, tenía una gran situación entre las manos…

Tenía la vista fija en el plato, ni siquiera lo había tocado, y los demás estaban ya por llegar al postre.

"¿Debería de decirles?... No, no es el mejor momento, de seguro Caldina y los demás querrían correr a verlas y ninguna parecía estar de humor para ver a nadie. No parecen nada felices de estar aquí, y… no las culpo, ¿qué buen recuerdo podrían tener después de todo?. No quisiera que Caldina o ninguno de ellos saliera lastimado, estay muy felices, es mejor que disfruten su cena" – pensaba Clef.

Levantó la vista y miró el ambiente: Sonrisas, platica amena, disfrutaban sus alimentos y la compañia. Entonces miró a uno de los convidados en especial: la princesa Melian. Y ella era ahora una de las grandes razones para no decir nada esa noche, estaba tan feliz… ¿cómo lo tomaría ella? peor aún ¿cómo reaccionaría París? Podía amar mucho a Melian, pero si sólo hay espacio en el corazón de un hombre para un único verdadero amor, ese espacio no lo ocupaba Melian y Clef lo sabía muy bien.

No… Pobre Gurú estaba tan tribulado con todo lo que sabía que podía acarrear la llegada de las guerreras, más concretamente de Anais, dentro de la familia real.

"Gurú Clef, has estado muy callado toda la noche" – Mencionó Ortelume.

"Ah… amiga mía, no es nada, sólo… tengo mucho en qué pensar"

"Parece que tu alma esta tribulada, ¿podría ayudarte?"

"No, no pero muchas gracias"

"Si necesitas ayuda no dudes en llamarme"

"Gracias… Ortelume, tienes el poder de ver el futuro ¿cierto?" – dijo Clef medio en broma.

"No, no tengo ese poder. ¿Por qué lo dices?"

"A mí me parece que sí, tu intuición femenina es sorprendente. Dijiste que este año sería especial…"

"Y…?"

"Ya lo sabrás a su debido tiempo"

La cena terminó unos momentos despues y todo mundo se retiró a descansar. Mañana sería otro día. Y que día…

En la cámara real, ambos príncipes se preparaban para dormir.

"Hoy fue un gran día"

"Así es querido, me divertí mucho en el pueblo"

"¡Ah! Oye amor ¿qué fue de la chica extraña que encontraron tú e Inowe?"

"¡Ah? ¡Cierto! La olvidé por completo. Pues… no lo sé, pero el Gran Gurú sabrá, le preguntaré mañana"

"Si no lo olvidas de nuevo" – le dijo Paris con sonrisa juguetona.

"No lo haré… quizá no jajaja" – a veces podía ser un tanto olvidadiza.

Quiero agradecerles por su apoyo a todos mis lectores, de verdad lo aprecio mucho. Y muchas gracias a Nambelle, un saludote a Colombia, a TsukihimePrincess, Aoi Black, Mari-anais por seguir de cerca mis fics, y a todos los que leen mis historias, muchas gracias por el apoyo. Deseo que las sigan disfrutando mucho.