Capitulo 24: ¡No te vayas!
Dulce melodía que se componía del suave sonido de las olas mecidas con el viento, la neblina que acaricia con ternura el agua, expandiéndose hasta el verde negruzco del césped, pasando por el espacio que se abría entre los fornidos troncos de los arboles, hacia el horizonte, en donde se unía el cielo y la tierra, un puente se vislumbraba a lo lejos, su apariencia pequeña por la lejanía, pero el acercamiento su gran tamaño se impone al agua.

Una tranquilidad armónica, se apreciaba en ese paisaje, una que cualquiera pensaría no podría ser rota por nada, pero… Un sonido fue capaz de hacerlo, que combinaba fuerza y velocidad en cada uno de sus movimientos, una sombra solitaria en medio de aquel puente, sus patadas intensas una tras otra, que al apoyarse en un solo pie daban un giro para girar su cuerpo hacia y continuar de la misma forma combinando también una serie de puñetazos.

Gotas cristalinas que de su cuerpo se desprendían, reflejo del trabajo duro, y esfuerzo que ponía en cada una de sus patadas, jadeos insistentes resultado del cansancio, sus cabellos rubios como el sol se mecían con fuerza por cada movimiento, aquellas jemas azules puestas en sus ojos, brillaban con gran intensidad por la luz de la luna, en medio de la oscuridad.

-*¿Habrá sido real…?* -se cuestionaba vagamente, sin dejar de moverse.

-¡Dime qué fue lo que le paso! –exigía en gritos un joven rubio de ojos azules, su voz no solo denotaba furia, si no que sus ojos mostraban cierto odio.

-¡Detente, Naruto! –decía un joven de cabello negro alborotado y ojos de igual color, con unos centímetros menos que el rubio, al igual que un joven de cabello azul y ojos castaños la ayudaba en un intento por hacerlo retroceder tomándolo del cuello, al ver que el joven tomaba por el plumaje azulado del cuello de un fénix y con el otro intentaba golpearlo.

La desesperación del rubio se hizo notar aún más al no recibir una respuesta por parte del ave, que giraba su cabeza hacia un lado tratando de evitar la mirada del rubio, pero sus ojos mostraban tristeza.

-Yo… -dijo al fin después de un gran silencio el fénix- Lo siento… -dijo en un hilo de voz cargado de tristeza.

-¡¿Crees que con eso es suficiente? –reclamo el rubio, sin siquiera intentar entender el pesar del ave.

-¡Ya basta! –Se escucho el grito de una mujer entre todas las personas, llamando la atención de todos, en especial del rubio- ¡Compórtense! –Regaño una mujer de cabello ondulado de ojos carmesí- ¡Amaru está haciendo todo lo que puede por curar las heridas de Hinata, lo mínimo que pueden hacer ahora es guardar un poco de silencio! –continuo en el mismo tono, observando fijamente al rubio, mientras que dentro de una casa en una pequeña habitación, una joven de cabello largo castaño en un tono rojizo, sujetado en una pequeña coleta, la cual cubría su boca, sus ojos azules resplandecían con un brillo verdoso que acariciaba la piel de sus mejillas- ¡Lo importante ahora es curar las heridas de Hinata! ¡Sea lo que haya pasado, ella nos lo contara después! –finalizo antes de darles la espalda y entrar en una puerta ubicada a unos metros de ellos.

La mirada del rubio cambiaba de odio a tristeza en un parpadeo, al escuchar las palabras de la mujer, lentamente su mano soltó las plumas el fénix, pero al hacerlo algo se dejo caer al suelo, llamando su atención, pequeñas chispas de luz resplandecían alrededor de un collar de plata con una placa en el centro, su mirada se abrió un poco al ver el grabado en ella, un abanico redondo con la parte superior en rojo y la inferior en blanco rodeada por un círculo, se inclino para recogerlo, en el momento en que sus manos tocaron la placa un brillo se desprendió de ella, pequeño e intenso que cubría sus ojos, opacándose poco a poco.

"La luz de unos pequeños faroles a mitad de la noche, era reflejada en un par de orbes negros como la noche, que se posaban en el cielo nocturno, unos cortos mechones de cabello azulado caían a cada lado de un rostro infantil, de piel tan blanca como la nieve, unas hermosas joyas ópalo sus ojos, una sonrisa pequeña y tímida, acompañada del suave tono carmesí en sus mejillas, pertenecientes a una niña de unos cuatro años, que se aferraba con fuerza al tronco de un árbol, vestida con un hermoso kimono de color negro, los bordes de tono purpura, al igual que el obi, una mano inocente que de una rama alta se extendía hacia ella, sus pupilas sorprendidas observaban a un pequeño niño de casi cinco años, ojos negros como la noche, dos mechones pequeños en su frente y otros al lado de su rostro un poco más largos de un tono azabache, piel blanca aunque no tanto como la de la joven, se encontraba sentado en la rama del árbol, vestía una camisa negra y unos pantalones cortos color crema, una sonrisa infantil se dibujaba en su rostro al ver que la niña tomaba con cierto miedo su mano, mientras de sus pequeños labios susurraba un "Gracias…" gentil y cariñoso, para sonreír de una manera un poco más abierta."

Los parpados del rubio se abrían y cerraban varias veces para que sus ojos asimilaran su vista y percatarse de que todos los presentes lo veían extrañados.

-*Si fue real…* -se decía el rubio con una expresión pensante-*Significa que…* -decía con una voz dudosa- *¡No, no!* -negaba con más fuerza, frenándose en seco y deteniéndose a mitad del puente, sus piernas temblaban por el cansancio, hasta que finalmente sus rodillas flaquearon por el cansancio haciéndole perder el equilibrio y caer sobre ellas, sus brazos se apoyaban en el suelo.

Con un estruendo nocturno, sus pasos retumbaban por las paredes de las casas, las calles de una aldea oscura, en donde el silencio reinaba un sonido que corto aquella serenidad llamo su atención, al horizonte podía vislumbrar a una persona pateando el aire como si quisiese cortar el viento, al acercarse pudo notar que el joven se detenía y caía de rodillas al suelo, sin embargo continuo su camino y se acerco a él.

Aquellas pupilas azuladas como el zafiro, denotaban un brillo confuso y triste, que intentaba borrar con valor, pero le resultaba imposible, sus parpados se cerraban con fuerza, un sonido apresurado fue detenido con fuerza frente a él, su rostro se levantaba al ver la suela de una sandalia frente a él, una nueve atravesaba la luz de la luna, haciendo que la silueta de un rostro quedara completamente oscura.

-¡Hay problemas! –se escucho decir a una voz agitada, rayos de luz iluminaban por fin su rostro… acariciando con suavidad varios mechones de cabello castaño rojizo, una piel tostada, pupilas azules como las de él.

Pasos apresurados y firmes resonaban en el vacio de las calles, un joven rubio de ojos azules y una joven de cabello castaño rojizo de ojos igualmente azules, corrían tan rápido como sus piernas les permitían, jadeos insistentes salían de sus labios, pero la mirada perturbada del rubio sobresalía más que de la castaña.

-¡¿Cómo fue que paso? –interrogaba el rubio a la joven con una mezcla de furia y preocupación.

-No lo sé… -dijo avergonzada y triste- Estaba inconsciente a sí que salí por unos vendajes y cuando regrese… Ya no estaba –explicaba angustiada mientras corría.

-*Hinata… ¿A dónde fuiste?* -se cuestionaba frustrado mientras regresaba la mirada al camino- *¿Acaso piensas irte de nuevo?* -Su mirada tenía cierto brillo angustioso.

El viento soplaba con fuerza, las hojas de los árboles, débiles y frágiles caían a su merced, pero acariciaban con cierta melancolía varios mechones de cabello azulino como la noche, un destello de ira mezclado con frustración irradiaba en un par de jemas perladas, el blanquecino color que parecía iluminar una parte del rostro de una joven de largo cabello azulado de ojos perlados, sus pupilas bajaban lentamente a su mano, aquella mirada de ira y frustración era reemplazada por una más triste.

-¿Por qué…? –Susurraba con dolor en su voz, podía sentir como un fuerte nudo se formaba en su garganta, como si las lágrimas buscasen salida, pero no la ayeasen- ¿Por qué lo hiciste? –Se volvía a cuestionar, apretando cada vez más fuerte la pluma, su mano bajaba hasta su brazo derecho, cubierto por varios vendajes- *Debo hacerme más fuerte* -se decía apretando su mano izquierda con la pluma contra su brazo- *Aquí solo estoy perdiendo mi tiempo* -Se dijo por última vez antes de dar un paso hacia atrás.

-¡No puedo permitir que lo hagas! –gritaba al aire, sus cabellos rubios se revolvían con el viento, sus pasos fuertes y rápidos hacían eco entre los arboles del bosque- ¡No puedo dejar que pase lo mismo otra vez! –Decía un poco más desesperado- ¡No puedo dejar que te vayas de nuevo! –Continuaba- ¡Hinata! –gritaba con todas sus fuerzas, mientras daba un gran salto.

El crujir de los truenos, eco resonante entre grisáceas nueves de lamento, el viento soplando, varias hojas de papel danzaban en el aire, al horizonte se vislumbraba dos siluetas una enfrente de la otra.

-¿Y qué harás a partir de ahora? –cuestionaba una voz masculina perteneciente a un joven de unos dieciséis años de edad, cabello rubio como el sol de hermosos orbes azulados como el zafiro.

-Dejare la organización –respondía tranquilamente una voz femenina, su cabello de color azul violáceo sujetado en forma de espiral junto a una flor blanca hecha de papel, que vestía una capa negra con estampados de nubes rojas, de ojos cafés dorado, sus parpados maquillados del mismo tono de azul que su cabello y debajo de su labio inferior relucía el brillo de una esfera pequeña.

-Yahiko y Nagato eran lo más importante para mí, sin ellos no tiene caso seguir en Akatsuki –explicaba girando su mirada levemente, en el aire eran acariciados con suavidad por las hojas de papel dos bultos de gran tamaño en medio del aire, al igual que también eran observados por el rubio.

-Entiendo… -dijo secamente, bajando su mirada.

-No debes sentirte triste –hablo nuevamente la mujer- Hiciste lo mejor para ellos, tú los salvaste, deberías sentirte feliz… -comento mientras varias hojas de papel se reunían en sus manos y se empezaban a doblar- ¡Ten! –dijo amablemente llamando la atención del rubio.

Su mirada se abrió de par en par al ver un hermoso ramo de flores hechas de papel, las cuales eran sostenidas por la mujer.

-Es muestra de mi agradecimiento por haberlos sacado de la oscuridad –comento con amabilidad antes de girarse- ahora regresa a tu aldea, no tienes de que preocuparte –continuo al dar unos pasos y varias hojas más se reunían en su espalda- Nagato revivió a todos los que murieron con su técnica especial –los parpados del rubio se abrieron nuevamente hasta más no poder, quizá consciente o no una sonrisa tambaleante se formaba en sus labios- ¡Hasta pronto! –se despidió antes de que se escuchara el agitar de unas alas como de ángel abatirse al cielo y llevarse con ellas a la mujer y a los dos cuerpos a su lado.

Fuertes y apresurados eran los trotes de aquel rubio que en su camino se abría paso, una gota cristalina de agua caía sobre su rostro, seguida de otra y otra hasta que finalmente la lluvia se dejo sentir, mojando rápidamente su ropa, rostro y cabello, pero eso no le detenía, una mirada ansiosa relucía en sus ojos.

-."Si lo que dijo es cierto… Entonces… Kakashi, Shizune, Pa, y todos los de la aldea que habían muerto a manos de Nagato…"-.

Se decía con gran alegría, incrementada al ver el final de aquel basto bosque, en donde las ruinas de lo que alguna vez fue Konoha se mostraban, sus pasos se detuvieron lentamente hasta quedar de pie frente al primer edificio en ruinas antes de entrar en la aldea, su mirada sorprendida era ahora una mezcla de alegría y extrañeza al ver a varias personas anteriormente inertes en el suelo levantarse y salir de entre los escombros, dio un paso hacia adelante para continuar su camino y cada paso que daba hacia adelante eran varias personas más levantadas, corrió nuevamente hasta lo que creía era el centro de la aldea, aún más grande su alegría fue al ver a varias personas reunidas, conversando.

Pero entre ellas destacaba ante su mirada un hombre alto de cabellera grisácea, que cubría la mayor parte de su rostro con una máscara, una joven de cabellos rosas de ojos esmeralda, un joven alto de cabello negro al igual que sus ojos y piel blanca, una mujer de cabello corto negro que sostenía entre sus brazos a una cerdita, un sapo verde algo viejo de cejas algo pobladas y sobresalientes acompañado de una rana violeta, una mujer de cabellos rubios claros, de ojos color miel, un hombre de cabellos castaños de ojos negros.

Quienes al verlo no pudieron evitar esbozar una ligera sonrisa y acercarse rápidamente a verlo, pero la primera en llegar fue la joven de cabellos rosas, quien en un principio lo miro con enfado, levanto el brazo y golpeo su cabeza, pero antes de que el rubio cayese al suelo tomo su rostro, rodeándolo con sus brazos y susurrarle al oído un "Gracias" antes de separarse de él.

Aún atónito por la escena que acababa de vivir miro confundido a la joven, para luego esbozar una sonrisa apenada y rascarse la nuca con el brazo detrás de la cabeza y reír tontamente, para luego voltear a ver al resto de sus amigos, que sonreían agradecidos con él y el sonreía victorioso, pero parpadeo dos veces al ver a todas las personas que le rodeaban.

-¿Oigan y Hinata? –pregunto inocentemente viendo para todos lados- Quiero darle las gracias por lo que hizo, de seguro está contenta porque su padre ya despertó ¿no? –comento viendo para todos lados, buscando a la nombrada- Tampoco veo a Neji –dijo al verlos de frente y notar como la expresión de todos cambiaba drásticamente de una de felicidad a una más triste y cabizbajo- ¿Qué ocurre? –Pregunto extrañado y algo temeroso, pero ninguno hablaba- ¡Vamos díganme lo que ocurre! –exigió un poco más molesto.

Pero pese a su exigencia nadie hablaba y lo único que se escuchaba era el sonido de la lluvia caer fuertemente, la mirada del rubio se tornaba temerosa y llena de dudas, lentamente el grupo abrió un pequeño espacio para dejar pasar al rubio e indicarle con la mirada a donde ir… Sus pasos más que lentos eran asustados, no sabía porque pero tenía miedo de lo que iba a encontrar, los restos de una pared cubrían su vista, pero sentía opresión en su pecho al escuchar los desolados sollozos de una joven, varios pasos más y empezó a vislumbrar una cabellera azulada como la noche la cual temblaba con gran fuerza, enfrente asomaba la figura de un joven de cabellos castaños de orbes perlados, el rostro del rubio palideció al ver finalmente la figura de una joven de cabellos largos azulados sostener en sus piernas el cuerpo inerte de un hombre de cabellos largos castaños, del cual varios riachuelos de sangre salían, el rostro de la joven se hundía en el pecho del hombre sollozando sin control.

Repitiendo una y otra vez las mismas palabras ahogadas en llanto "¡Padre!" gritaba en una voz resquebrajada, impotencia era lo que experimentaba el rubio al no sentirse capaz de dar un paso más, el no saber qué hacer, el no entender lo que ocurría.

-Hiashi-sama… -susurro el joven de ojos perlados sacando al rubio de su trance, su boca se abría en busca de aliento, al ver como por vez primera, aquella expresión seria del castaño se rompía en fragmentos y de sus ojos una lagrima escapaba, seguidas de muchas más que intentaba detener al morder sus labios, seguidos de sollozos y un grito desgarrador departe de él y de la joven, luego silencio por parte del castaño, la única que continuaba llorando era la joven.

Quiso dar un paso hacia adelante, pero una mano se poso sobre su hombro, llamando su atención, su rostro se giraba dudoso pero el ver al hombre de cabellos grisáceos lo tranquilo un poco, pero el hombre entendió su duda al verlo bajar la mirada con tristeza.

-Sígueme… -le susurró al acercarse a su oído, ambos se dieron la vuelta y regresaron.

-¿Qué le ocurrió? –Cuestiono con la cabeza hacia el suelo- ¿Se suponía que Nagato había revivido a todos los que murieron en la aldea…? –Continuaba con más angustia- ¿Por qué no despertó el también? –su cuerpo comenzaba a temblar- ¡¿Por qué? –pregunto casi en grito, levantando su rostro hacia el hombre, con una expresión de tristeza, frustración e ira.

-¡Cálmate Naruto! –se apresuro a decir la joven de cabellos rosas que se había unido a ellos.

-Nosotros tampoco lo sabemos –intervino la mujer de cabellos rubios y ojos miel.

-Pero al parecer él fue el único que… no revivió… -finalizo el de cabellos grises virando la mirada hacia otro lado.

-Esto es difícil para ambos, en especial para ella –hablo de nuevo la mujer girando su cabeza y viendo desde el horizonte como el joven de ojos perlados secaba sus lagrimas, pero la joven continuaba aferrada al cuerpo de su padre gritando y sollozando- Después de todo ella vio la muerte de él con sus propios ojos –finalizo cerrando los ojos.

-Hinata… -susurro el rubio, encaminándose de nuevo con la joven de cabello azulado, su mirada triste se mantenía fija en su espalda hasta quedar atrás de ella- Discúlpame… -susurro al hincarse a su altura y depositar su mano sobre el hombro de la joven, pero ella parecía no haberlo escuchado ya que continuaba llorando sobre el pecho de su padre.

-Hinata-sama… onegai… -suplicaba el joven de orbes perlados.

-Vamos Hinata –decía el rubio tratando de llamar la atención de la aludida- Debes ir a las tiendas de enfermería a que te atiendan las heridas y descanses –continuo tratando de separarla del cuerpo de su padre, pero ella no hacía caso- ¡Hinata, onegai! –dijo un poco más frustrado, le dolía verla así, la tomo por los hombros con cierta fuerza separándola de su padre, pero a los pocos centímetros ella forcejeo con el rubio empujándolo hacia atrás con sus codos y regresando al cuerpo de su padre.

El rubio estaba paralizado ante la actitud de la joven, no la culpaba, después de todo sabia que el dolor que sentía era muy grande, pero no quería verla así, quizá porque eso lo hacía sentir más culpable de no haber salvado a su padre. Pero su trance termino al ver como el castaño se arrodillo ante la joven de orbes perlados y tomo con delicadeza el rostro de la joven por la barbilla obligándola a verlo.

-Hinata-sama… Gomenazai… -susurro antes de hacerla retroceder en un movimiento, las pupilas perladas empañadas en lagrimas se contrajeron con una expresión de dolor al sonido de un golpe, para luego cerrarse y caer inconsciente hacia atrás, siendo atrapada por los brazos del rubio.

-Neji… ¿Tú? –balbuceo el rubio.

-Es lo mejor… ya que así podremos hacernos cargo del cuerpo de Hiashi-sama, sería más duro para ella si estuviera presente –comento Neji mientras zafaba la mano de Hinata de la de Hiashi, aun inconsciente ella derramaba lagrimas amargas y entre susurros sollozaba a su padre…

Sollozos de dolor y tristeza resonaban en el cielo, la lluvia continuaba azotando la tierra, varios pasos se distinguían entre la lluvia, grumos de tierra era golpeados contra el suelo, acarreados por un par de palas, al cielo arrimaba un marco hecho con postes delgados pintados en rojo formando la entrada a un cementerio, una pequeña niña de doce años lloraba a mares su dolor, buscando consuelo con la persona que tenía a su par, un joven de cabellos castaños como ella y ojos perlados igualmente, el que la abrazaba tratando de brindarle las energías que necesitaba.

La mirada azulada de cierto rubio se posaba en ambos jóvenes para luego dirigirse a lo que ahora era una lapida, en la cual estaban grabados el símbolo de su aldea en rojo, arriba de este varios grabados para un solo nombre; "Hyuga Hiashi". Las personas comenzaba a marcharse una a una, al final los únicos que quedaban eran el rubio y ambos jóvenes castaños, los sollozos de la castaña poco a poco fueron cesando hasta que finalmente el sueño le venció, por lo que el de ojos perlados la cargo en brazos.

-Neji… -dijo el rubio al tener al aludido a su par- Gomenazai… -susurro con dolor.

-No tienes de que disculparte –hablo secamente el castaño- Hiciste lo que pudiste por proteger a la aldea –continuo al dar un paso adelante- Y te lo agradecemos –finalizo sin más con la pequeña en brazos.

Solo… Una vez más caminaba solo por aquellas calles desoladas por la lluvia, en donde varias casas ya estaba casi reconstruidas con la ayuda de Yamato y el esfuerzo de cada aldeano, había pasado una semana y media desde el ataque y la aldea se recuperaba rápidamente, pero los pensamientos del rubio estaban en otra parte, desde ese día, Hinata no había despertado y casi siempre a pesar de estar inconsciente lloraba y gritaba; "¡Padre!" lo sabía perfectamente ya que al sentirse culpable de su muerte había ido a cuidarla un par de veces y siempre era despertado por los gritos de la joven, aunque las heridas de ella aún eran graves y no mostraban mejoría le preocupaba más el hecho de sus gritos entre sueños.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar el grito de una joven de cabello rosa de ojos esmeralda que lo llamaba, desconcertado se acerco a ella, su semblante era algo preocupante, pero no quiso decir nada, espero a que ella hablara primero.

-Naruto… Hinata… -vacilo por un momento, pero el rubio al escuchar aquel nombre reacciono de inmediato- ¡Hinata se fue! –dijo al fin, esperando la reacción del rubio, este parecía ido, distante, ante sus palabras, la desesperación que recorría su cuerpo lo llevo a empujar a la de cabello rosa aunque no fue mucha la fuerza con la que lo hizo ya que solo la hizo retroceder un paso.

Corrió desesperado a lo que parecía ser un pequeño hospital, entro sin aviso alguno, varias enfermeras le gritaron pero él les resto importancia, y abrió con fuerza una de las puertas, sus ojos se contrajeron al ver una cama desarreglada y vacía, no dudo ni un segundo y salió corriendo del hospital, hizo un sello con las manos al decir; "¡Kage bunshin no jutsu!" y crear varias copias de sí mismo y dispersarlas por toda el área buscando a Hinata.

Las horas pasaba y otros shinobis más se habían sumado a la búsqueda, pero no hallaron nada, un par de días le siguieron varios se rindieron y dieron la búsqueda por terminada, pero el rubio no cedía, había decidido salir de la aldea para encontrarla, su búsqueda lo había llevado a las cercanías del valle del fin, en donde el recuerdo de un joven de cabellos azabaches de ojos negros como la noche asedió su mente.

Dudoso de acercarse a ese lugar intento retroceder, no sabía porque pero ese lugar le daba un mal presentimiento, si bien aún recordaba la fuerte batalla que tuvo en ese lugar con su mejor amigo, ahora por alguna razón temía revivir ese dolor de perderlo, dio un paso hacia atrás, pero al hacerlo pudo sentir algo debajo de su pie, giro su rostro para verlo, sus ojos azules tintinearon de sorpresa y susto al mirar hacia abajo.

-No… -dijo casi aterrado, se trataba de una chaqueta de tela de cierre con algunas partes en color lila y otras en blanco, pero en la espalda se veía el símbolo del ying yang, pero sin duda lo que más preocupo al rubio fue el ver que la prenda estaba muy desgastada, tenía varios cortes y restos de sangre, giro rápidamente su rostro buscando indicios de la joven, pero nada tomo rápidamente la prenda y salió corriendo, en dirección al valle del fin, al llegar su decepción fue mayor al no encontrar nada, estuvo buscando por horas en cada rincón pero nada.

Solo una pequeña cosa que le entristeció más, varios mechones de cabello azulado como la noche, su rostro empañado con culpa se reflejaba en pequeños charcos de agua, que sin duda habrían borrado todo rastro de ella, una lagrima rodaba por su mejilla.

-¡Hinata! –grito con todas su fuerzas, antes de caer de rodillas al suelo, el eco de su grito aún se escuchaba por los alrededores, pero más aún ese nombre golpeaba con fuerza su cabeza, el recuerdo de aquella joven de largos cabellos azulados como la noche, de ojos perlados como la luna, sonriéndole tímidamente como siempre lo hacía intentando disimular el sonrojo que en sus mejillas aparecía al verlo, comparado con aquella escena de su rostro empañado en lagrimas y sangre, una lagrima fue seguida de otra y otra, hasta leves sollozos se convirtieron en gritos sonoros de culpa y tristeza.

Un sonido parecido al trinar de mil aves en el cielo, se escuchaba en medio de la noche, seguido del chocante derrumbe de varias piedras en lo alto de un pilar, un potente rayo descendía y chocaba contra el derrumbando varias rocas, en la superficie de este se vislumbraba una silueta, sus ondeantes cabellos azulados como la noche se mecían con el viento, el fulgor en sus ojos perlados competía con la luz del rayo que desaparecía lentamente.

-*No dejare que pase lo mismo de nuevo…* -se decía una joven de ojos perlados y cabello azul noche, gotas de sangre resbalaban de su brazo empañando varios vendajes el cual se apoyaba firmemente en la funda de una katana enterrada en el suelo- *¡Una vez más!* -se alentaba antes de tomar con más firmeza su katana y sacarla del suelo.

Incesantes jadeos se desprendían de los labios de un joven rubio de pupilas azules, sus rodillas temblaban pero el continuaba corriendo, ya habían pasado varias horas desde que buscaba a la joven de cabello azul noche, hacia solo una hora que el resto de sus compañeros y amigos decidieron regresar a descansar y continuar el día siguiente, extrañamente Sora fue el único que no decidió buscar a Hinata, cosa que al rubio le molesto, pero no tenía tiempo para pelear así que él continuo con la búsqueda.

Había recorrido toda la aldea y sus al redores solo le faltaba un lugar, el cual esperaba que se encontrar, el eco de los rayos al caer llego al oído del rubio, exaltado se dirigió al lugar, sus ojos se abrieron ante la sorpresa y el miedo, al ver varias rocas en pleno derrumbe, una silueta caía rápidamente entre ellas, en un rápido movimiento salto hacia ella atrapándola antes de caer bruscamente contra el suelo y ser atravesada por una katana blanca, la cual se incrusto en el suelo.

El brillo de luz que acariciaba el arma reflejaba en la hoja la silueta de un joven de cabello rubio, aquellas jemas azules que eran sus ojos dilataban de tristeza al verse en ellos el reflejo de una joven de larga cabellera azulada como la noche, piel de un tono nívea, sus parpados cerrados mostraban una expresión triste y solitaria pero en calma, cubierta con varios raspones, su cuerpo que ahora era sostenido por el rubio mostraba varias heridas, pero sin duda lo que en cierta forma le hacía oprimir más su corazón era el hecho de ver su ropa…

Tan fugaz como un rayo de luz, el recuerdo de una joven de cabellera azulada como la noche de piel nívea, con el rostro empañado en sangre y lagrimas que brotaban de sus parpados aún estando inconsciente, su ropa empañada en sangre sumamente desgastada por cortes y raspones, entre sueños musitaba con dolor una palabra… "Padre…" una y otra vez.

La ropa de la joven no era más que un pantalón medio largo ya que llegaba un poco debajo de sus rodillas de color azul oscuro, una blusa negra y por encima de esta albo desgastada y abierta del cierre, una chaqueta con partes en lila y blanco, con un pequeño gorrito que caía debajo de su cabello.

-Hinata… -musito débilmente antes de avanzar un par de pasos hacia adelante con la joven en brazos, detrás de él se oía como el acero se resquebrajaba hasta formar una grieta que atravesaba el filo de la katana, el rubio avanzo un par de pasos más.

-¿No se te olvida algo? –cuestiono una voz un poco más delante de él, llamando su atención, subió la vista para encontrarse con un joven de cabello azul de ojos café, el rubio levanto una ceja ante su pregunta- Te lo pondré de esta forma, si piensas llevar a Hinata a la casa de esas personas, no te olvides de llevar su katana –dijo señalando el arma incrustada un par de metros atrás de él- Créeme que se enfadaría si despierta y no la tiene cerca –dijo avanzando unos pasos para tomar el arma.

-¿Cómo sabes eso, Sora? –Cuestiono el rubio con cierta molestia- Además… ¿Acaso tu sabias donde estaba Hinata, por qué no nos lo dijiste? –cuestiono encarándolo con una ceja arriba, un suspiro escapo de los labios del mencionado.

-Aún sigues siendo muy lento ¿no? –comento con desaire haciendo enfadar más al rubio, el cual hacia lo posible por contenerse debido a que Hinata aún reposaba en sus brazos- Como te habrás dado cuenta ya o no, después de que Hinata dejo Konoha por razones obvias para ti y las cuales nos conto, formo un equipo llamado: "Fenikkusu" (Fénix), poco después decidió que cambiarse el nombre a "Tsuki", razón por la cual te percataste, Tetsumaru la llama así, ya que si ella era descubierta en algún momento no convendría que supieran su verdadero nombre, sin mencionar que el que escogió ese nombre fue Sasuke –una exclamación apareció en los ojos del rubio ante la última frase, para luego convertirse en una mezcla de furia y tristeza.

-Eso no explica el porqué sabias que Hinata estaba aquí –dijo cortantemente, justo cuando el joven estaba a su par con la katana dentro de su funda blanca.

-Tienes razón yo si sabía que estaba aquí y fue por eso que no quise unirme a su búsqueda –respondió tranquilamente inquietando al rubio- Esta no es la primera vez que estamos en el país de las olas –respondió sorprendiendo al rubio- Si quieres que te siga explicando, lo hare mientras caminamos –dijo antes de avanzar unos paso delante del rubio, el cual rápidamente alcanzo- Verás nuestro equipo y el de Sasuke había decidido expandirse un poco para entrenar, por lo que empezamos a viajar buscando lugares en los cuales pudiéramos crear pequeñas fortalezas ocultas a cualquier persona o shinobis, entre ellas estaba el país de la ola uno de los primeros lugares que visitamos, sin embargo al entrar aquí no lo hicimos por el puente, es por eso que me sorprendió que este tuviera tu nombre –comento observándolo de reojo con una sonrisa- Al infiltrarnos en este lugar nunca tocamos el pueblo, de hecho nuestra pequeña fortaleza no se encuentra muy lejos de donde Hinata entrenaba, pero bueno esa es otra historia que solo Hinata te podría contar cuando lo decida-.

-Aún no llegamos a la parte que me interesa –exigió nuevamente- Si sabias donde estaba Hinata, ¿Por qué no me dijiste o al menos viniste por ellas antes? –cuestiono de nuevo sin dejar su tono serio poco común en él.

-Bien, bien –dijo serio Sora- La razón es que; antes de encontrarme contigo y tu equipo pude sentir una gran cantidad de chakra cerca de las montañas, de hecho este en si pertenecía a dos personas, con las cuales ya habíamos tenido el "gusto" de enfrentarnos antes, en ese entonces Hinata los había derrotado pero le había costado muchísimo y aún así los miserables lograron escapar, después de haberme encontrado con ustedes y que Amaru me comentara que al parecer Hinata había decidido regresar a su aldea, pero que ahora se había separado de su equipo a la mitad de la misión, supuse que también se había percatado de su presencia por lo que había decidido enfrentarlos –esta vez su expresión se torno más seria y fría- Pero al ver el estado de ella… -comento secamente al ver a la joven en brazos del rubio- Puedo ver que esos sujetos se han vuelto más fuetes que antes –una expresión seria y furiosa se mostraba en los ojos del rubio al ver el estado en que la joven se encontraba.

-Entonces vino a entrenar para poder vencerlos –comento secamente el rubio interrumpiendo a Sora causando cierta sorpresa para luego asentir levemente- No entiendo… -balbuceo llamando la atención de Sora- No entiendo porque Hinata sigue haciendo las cosas por si sola… -tristeza era un deje de lo que en sus ojos se veía.

-Desde que se fue de su aldea, ella dejo de confiar en las personas, incluso con nosotros es muy difícil que se habrá con toda sinceridad, el dolor en su corazón ha sido su único refugio un dolor que según ella… Solo Sasuke es capaz de entender… -.

-¡¿Sasuke? –cuestiono sorpresivamente con una mezcla de ira e indignación.

-¿he? –Exclamo intrigado- ¿Por qué te molestas? –Cuestiono ingenuo- Creí que a ti te gustaba Sakura -haciendo que el rubio volteara rápidamente el rostro a un lado, desde hacia un buen rato ambos continuaban saltando de árbol en árbol a gran velocidad cuidando de no agrandar las heridas de Hinata- bueno ese lugar para mí era obvio, también lo hubiese sido para Amaru, pero la muy despistada se le olvido –comento con desdén en su voz.

-ya veo –comento con cierta diversión al ver frente a ellos la puerta principal de la pequeña casa, antes de abrirla con gran prisa.

-¡Amaru! –llamo Sora con seriedad, haciendo que todas las personas salieran rápidamente a su encuentro.

-¡Naruto, Sora! –Dijo un joven de cabellos castaños alborotados con una marca en forma de triángulo invertido en cada mejilla de ojos gatunos- ¡¿Cómo es que…?-.

-¡Deja eso para después, Kiba! –Interrumpió el rubio para luego voltear a ver a una joven de cabello castaño rojizo de ojos azules- ¡Amaru, atiende sus heridas, por favor! –suplico con la mirada antes de que la joven afirmara con la cabeza.

-¡Por acá! –dijo una mujer de cabello azul oscuro y ojos negros, al ver como otra mujer de cabello negro ondulado de ojos rojos cargaba en sus brazos a Hinata seguida de Amaru.

-¿Qué fue lo que paso? –cuestiono una voz masculina llamando la atención del rubio encontrándose con la expresión seria e intrigante de un hombre mayor de cabellos grisáceos por la edad que también teñían sus cejas, bigote y barba que se unían en uno solo, sobre sus ojos unos lentes sencillos.

-Tazuna… -susurro el rubio al ver al mencionado- Lo que paso es que la encontramos entrenando cerca de las montañas –respondió tranquilamente para luego ver la puerta por la que habían entrado las tres mujeres con Hinata.

-¿Entrenando? –dijo esta vez, un joven de cabellos castaños algo revueltos de ojos negros un poco más pequeño que el rubio.

-No me sorprende –dijo al fin Shino, llamando la atención de los presentes- Ella siempre se a exigido demasiado –dijo recargándose contra la pared, un suspiro seco escapo de los labios del mayor.

-Que problema son ustedes los de Konoha –comento Tazuna- Siempre entrenando y exigiéndose demasiado –continuo llamando la atención de unos cuantos- bueno la verdad eso lo hubiera esperado más de ti… Naruto –dijo, al momento de que el mencionado levanto una ceja en señal de disgusto- o de Sasuke… -esta vez el rubio bajo la mirada girando su vista aún lado.

-Ella… -intervino el más joven- Es muy distinta a Sakura-chan… -comentó colocando una mano en su mentón- Cuando nos conocimos, Sakura-chan no se exigía demasiado ya que supero su entrenamiento con gran facilidad, pero aún así no se esforzaba demasiado-.

-Sin embargo ella cambio después –defendió el rubio- Ella ahora es distinta, se esfuerza y da todo de sí en sus entrenamientos para hacerse más fuerte –dijo con algo de molestia al ver al menor.

-Eso lo sé, Naruto –dijo el joven- Sakura-chan aparte de ser fuerte se ha vuelto muy bella así que no tienes por qué molestarte –comentó con una sonrisa, tranquilizando un poco al rubio- Pero lo que digo es que ella pareciera no saber cuándo detenerse –dijo con preocupación, al ver como la mujer de cabellos azules salía del cuarto con un recipiente en mano.

-Con esta conversación no llegaremos a ningún lado –intervino Sora- Ahora lo mejor será regresar a descansar y recuperar energías –dijo observando a los presentes para luego centrar su atención a Tazuna y su nieto- ¡Arigato Gozaimasu, por su hospitalidad! –Dijo haciendo una reverencia- ¡Gome ne por las molestias! –finalizo sin dejar la reverencia.

-¡He! –exclamo el rubio- Parece que al fin has aprendido algo de modales –comento con ironía.

-¡Ha! –Exclamo esta vez Sora- Muchos más que tú –se defendió, causando una pequeña risa en Tazuna.

-Parece que ustedes aún tienen fuerzas –comento divertido- pero el chico tiene razón, dejen su pelea para después y regresen a descansar, ya que mañana los llevare al refugio de los shinobis heridos –continuo al darles la espalda y avanzar un par de pasos- ¡Inari! –llamo al menor.

-¡Hai! –Respondió- ¡Nos vemos mañana! –se despidió de todos antes de seguir a su abuelo.

-Lo mejor será hacer lo mismo –comento Kiba antes de salir seguido de Shino.

-Mejor descansa, ellas se harán cargo de las heridas de Hinata, no tienes de que preocuparte –dijo antes de avanzar unos pasos para salir.

-Me quedare un rato más, no te preocupes –respondió aún dándole la espalda… Pasaron las horas y finalmente la madre de Inari, Kurenai y Amaru salieron del cuarto, diciéndole que ya estaba mejor y solo necesitaba descansar- ¿Puedo entrar a verla? –cuestiono.

-Si –afirmo Amaru.

-Pero deberías descansar –dijo Kurenai con amabilidad.

-No te preocupes Kurenai-sensei –dijo con una sonrisa- Estaré bien, recuerda que algún día yo me convertiré en Hokage –argumento con gran orgullo levantando el pulgar, cerrando un ojo y una gran sonrisa en su rostro.

-Hasta mañana –se despidió la mujer de cabellos azules seguida de Kurenai y hasta de último Amaru.
La pequeña llama de una vela era todo lo que iluminaba en la habitación, en donde una joven de cabellos azulados como la noche reposaba en una cama, el brillo dorado de la vela se reflejaba opacamente en las orbes azules de cierto rubio sentado a su par, afuera, el sol empezaba a asomar por el horizonte entre las montañas, aquellos brillos dorados y coloridos como el arcoíris se filtraban entre las hojas de los arboles hasta llegar a una pequeña ventana y acariciar el rostro de una joven de cabellos azulados, sus parpados se abrían con pesadez por la luz, parpadeo un par de veces para enfocar el techo de la casa y luego girar su rostro con dificultad, su rostro no mostraba ninguna expresión al ver tan cerca de ella el rostro de un joven rubio con tres marcas en forma de bigote en forma de bigotes, el cual reposaba su rostro sobre sus brazos a un lado de ella, la tranquilidad en su rostro reflejaba el profundo sueño que sobre él se posaba, finalmente giro su rostro hacia arriba una vez más, guardo silencio por un largo rato, quizá unos quince minutos antes de que el rubio empezara a levantar su rostro y estirar los brazos, liberando un gran bostezo, el cual callo en seco al ver a la joven observándolo de reojo con indiferencia.

-¿He? –Exclamo, parpadeando un par de veces- ¡Hinata, despertase! –Dijo con gran ánimo- ¿Hace cuanto despertaste? –cuestiono con curiosidad recobrando la compostura.

-Hace quince minutos –respondió tranquilamente regresando la vista al techo- ¿En dónde estamos? –cuestiono rápidamente.

-Esta es la casa de Tazuna, un amigo que conocí en una misión hace varios años junto con Kakashi-sensei, Sakura-chan y Sasuke –respondió notando como los parpados de Hinata temblaban ligeramente al escuchar el nombre de su compañero- No teníamos donde quedarnos así que ellos nos brindaron hospedaje –continuo ignorando eso último, sorprendiéndose un poco al ver como la joven empezaba a levantarse de la cama- ¡Espera tienes que descansar! –dijo rápidamente intentando ayudarla.

-Ya me siento mejor –dijo al sentarse finalmente y ponerse en pie con algo de dificultad- Llama a todos, aún tenemos una misión que cumplir –dijo avanzando unos pasos ignorando la ayuda del rubio.