Hola a todos hoy es día Lunes y aquí esta el esperado capítulo sobre la visita a los suegros disfruten porque es solo parte uno.
Gracias a mi editora Fanfiker_Fanfinal por seguirme ayudando y espero que se cure pronto, le mandare a Harry y Draco para que la cuiden.
¡Disfruten!
Capítulo 25: Programación neurolingüística (cuanto más te repites algo más te convences de ello).
La figura de porte elegante de Lucius Malfoy los observaba con un lenguaje corporal que claramente denotaba estrés.
—Draco… Potter –No estaban del todo seguros de cómo proceder ahora que finalmente estaban allí.
—Padre, gracias por recibirnos –Draco se acercó y ambos compartieron un abrazo momentáneo, Harry se aproximó y alzó su mano para saludarlo.
—Señor Malfoy, gracias por recibirnos –Lucius asintió tomando la mano de Harry brevemente, con algo de incomodidad terminaron el contacto.
—¡Draco! –La emoción en la voz femenina reveló que quien se acercaba a ellos era Narcissa, que con aparente calma brindó un saludo más cálido a su hijo, abrazándolo.
—Madre, ¿cómo estás? –Parecían una familia como cualquier otra.
—Excelente ahora que llegaron –Se apartó de su hijo para observar a Harry, quien de pronto sintió el escrutinio de la bruja.
—Hola, señora Malfoy –Sonrió nerviosamente y extendió su mano como Draco le había enseñado que debía hacer cuando saludara a su madre.
Narcissa depositó su mano en la del chico que vivió y este dio un beso ligero y fugaz en ella.
—Veo que lo has instruido bien –Sonaba orgullosa, Harry se sintió como un perro de concurso.
Draco volteó a ver a su novio sonriendo, esa era una buena señal por parte de su madre.
—¿Por qué no vamos todos a la sala? –Sugirió Narcissa, el ambiente estaba algo tenso, nadie parecía decidido a sacar un tema de conversación.
Después de aproximadamente casi veinte minutos de incómodo y sepulcral silencio, que solo se vio interrumpido por los elfos que dejaron una bandeja con té y algunas galletas, abandonando después la sala dejándolos en la misma situación aunque con el alivio de distraerse con la comida.
Finalmente, Harry no pudo soportar más aquella tortura consistente en el sonido de cucharas golpeando con suavidad la porcelana de las tazas y los platos, así que respirando profundamente comenzó a hablar.
—Señor y Señora Malfoy –La voz de Potter deshizo por un momento la atmósfera que los rodeaba.
Draco se aterró en su mullido asiento, ¿qué planeaba Harry?
Ambos Malfoy concentraron su total atención en él.
—¿Sí? –Narcissa parecía divertida con la situación, lo cual no era el caso de Lucius, que parecía ansioso.
—Sé que en el pasado tuvimos ciertas… diferencias–Por no decir grandes desavenencias—, por nuestras opiniones de ciertos ideales –Draco se preguntó cuándo su novio se había vuelto tan diplomático y tan bueno con las palabras—. Pero quiero que sepan que eso, al menos por mi parte, ya ha quedado atrás. Quiero tener una relación basada en la cordialidad por el bien suyo y de su hijo –El rostro de Harry mostraba seriedad y sinceridad.
Narcissa sonrió brevemente y asintió.
—Concuerdo contigo, me cuesta admitirlo, pero tomamos decisiones equivocadas en el pasado, las cuales casi nos cuestan a nuestro único hijo –Observó a Draco, quien estaba un poco sorprendido del rumbo que había tomado la plática—. Siendo el novio de Draco estamos dispuestos a aceptarte en nuestra casa.
—Gracias, señora Malfoy –Se sentía más tranquilo ahora que al menos la madre de Draco estaba en cierto modo, de su parte.
Lucius se levantó de su asiento, lo cual provocó cierto nerviosismo en Harry; no pensaba que fuera a hechizarlo, pero no descartaba la opción.
—Te aceptaremos en nuestra familia.
—Gracias, señor Malfoy –Pronunció aliviado. Con esto pudieron llevar una conversación más trivial y sin presiones, Harry se aseguró de elogiar el buen gusto que tenía Narcissa en cuanto a la decoración y lo impresionado que estaba con la magnificencia de la mansión.
"Ojalá esto fuera tan fácil como cuando casi me ahogo en el lago del calamar gigante". Harry no esperaba comenzar con ese discurso, pero se dio cuenta de lo difícil que hubiera sido conversar sin aclarar ese tema primero.
Después de un rato Draco anunció que era hora de llevar a Harry a su habitación.
—Los elfos han subido ya tu equipaje –Decidieron descansar allí hasta la hora de la cena.
Subieron las escaleras hasta el tercer piso, Harry realmente se admiraba de todas las cosas que adornaban el hogar de Draco, era notable el gran contraste entre su casa y la de los Weasley, la cual era muy acogedora, mientras que Malfoy Manor era suntuosa, llena de detalles elegantes.
—Tu casa es realmente impresionante –Harry volteaba a todos lados, mientras los elfos domésticos, con discreción, se encargaban de poner todo en orden.
—Lo sé, muchas cosas son regalos de otros magos importantes con los que padre hace negocios –Le costaba admitir que su amado tenía razón cuando presumía en el colegio acerca de las riquezas de su familia, claro que no le iba a decir que siempre había encontrado sus alardeos inapropiados.
—Aquí está –La puerta ante la cual se detuvieron era de roble, la abrieron y se encontraron con una habitación espaciosa, que tenía su propia salita y un baño antes de la puerta que conducía a donde se encontraba la cama.
—Es muy grande –Potter se sentía como si hubiera entrado a un departamento, la única sala que faltaba era la cocina.
—Es adecuado, te permite privacidad propia y a los anfitriones estar cerca sin interferir en la intimidad del otro –Explicó Draco como si tal cosa.
—Pero me voy a sentir abandonado –Harry sonrió y se acercó a besar al rubio, quien contestó con mucho ánimo, estaba deseando felicitar al Gryffindor por su excelente discurso hacia sus padres.
—Eso tiene fácil arreglo –Draco dirigió a su novio a la zona del dormitorio, abrieron otra puerta y se quedaron parados, sobre el suelo alfombrado.
—Las sábanas son muy sobrias –murmuró Harry entre algunos besos, pero Draco no le dio importancia y se dedicó a tocar lentamente lo que tenía a su alcance.
—Sí, las trajeron de Egipto, son muy frescas –comentó el Slytherin tratando de desvestir a Harry, pero apenas le había desabrochado los primeros botones cuando alguien carraspeó desde la entrada.
—Si no les molesta, cúbranse –La inconfundible voz de Lucius llenó el lugar y ambos se levantaron rápidamente acomodándose la ropa.
—¡Padre! ¡¿Por qué no tocaste primero? –Su voz sonaba furiosa.
—Lo hice, no me respondieron –Parecía disfrutar de la incomodidad de ambos.
—Lo lamento, señor Malfoy –balbuceó Harry sonrojado en un intento por disculparse y acomodarse la ropa, él realmente lamentaba la escena que el padre de Draco había contemplado.
—¿Qué necesitas, padre? –El tono del chico rubio revelaba frustración.
— Precisaba advertirles antes de nada que aunque sé que no hay peligro de embarazo en esta relación, se abstengan de ir por ahí magreándose mientras estén en esta casa — Su actitud severa dejaba muy claro que no bromeaba.
—Como digas, padre –Draco entrecerró los ojos deseando que su amado progenitor saliera ya del cuarto.
—Fuera de eso, no tengo más reglas para ustedes mientras estén de visita –Se encaminó hacia la puerta y estando en el umbral pareció recordar algo, lo cual lo hizo detenerse para advertir—. La cena ya casi esta lista, prepárense –Entonces cerró la puerta y Draco lanzó un cojín de terciopelo beige del sillón contra el suelo.
—¡Draco, contrólate! –Abrazó al rubio y lo sentó en la cama.
—No tiene derecho a interrumpirnos así —¿Su padre en verdad pensaba que podía molestarlos? Inconcebible —. Lo hizo totalmente adrede.
—Pues aun si fue adrede, esta es la casa de tus padres y tiene razón, debemos comportarnos –En realidad y ya que era el héroe del mundo mágico desde hace mucho, siempre se encontraba con que su vida íntima era comentada por la gente, nunca se había puesto a pensar que pudiera incomodar a alguien con sus acciones de pareja.
"Esta va ser una larga noche". Harry deseó poder saltarse la cena e irse ya a dormir, pero la primera prueba acababa de comenzar.
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—¿Ya se ha instalado? –Lucius iba bajando las escaleras cuando vio a su esposa, parada junto a la barandilla, tomándolo desprevenido con la pregunta. Gruñó al recordar la bizarra imagen.
—Sí, parecen estar muy cómodos –Narcissa lo escudriñó con la mirada.
—¿Qué les dijiste? –Lo último que necesitaban era que Potter se fuera por no sentirse integrado, lo más importante era la felicidad de Draco, necesitaban que ese enlace se llevara a cabo.
—Solo pedí discreción, no quiero toparme con ellos en actitud indecorosa en cualquier sitio de la casa –Los elfos habían terminado de poner la mesa y uno se acercó haciendo una reverencia.
—Pueden pasar, amos, todo está terminado –Lucius asintió y el elfo se retiró.
—Fue un hermoso gesto por parte de Potter enviar a Kreacher para ayudar con la fiesta –Narcissa pensaba que aun con todos los elfos que tenían era difícil organizar un evento así, cuanta más ayuda mejor.
—Sí, lo fue, aunque ese elfo está loco –Se sentaron y esperaron.
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Se escuchó un golpe en la puerta, Draco estaba sentado en una de las elegantes sillas mientras Harry terminaba de arreglarse la túnica en su habitación.
—Adelante –Kreacher abrió e hizo una reverencia antes de hablar.
—Los señores Malfoy ya están en el comedor esperándolos –Parecía bastante feliz de estar trabajando en la mansión.
—Bien, ahora bajamos —Una vez escuchado esto el elfo hizo otra reverencia asintiendo y se marchó.
Harry salió del cuarto sintiéndose mal del estómago.
—Tal vez no debería bajar a cenar –Harry se sentó junto a su novio y se pasó la mano por el cabello.
—No seas cobarde, nos están esperando –Aunque Draco estaba nervioso también—. Además, me tienes a tu lado.
—En eso tienes razón –Sus palabras plasmaban un tono sarcástico pero risueño.
—Todo va a salir bien –repitió Draco.
—Sigue diciéndolo y tal vez se haga verdad.
Salieron sintiendo incertidumbre.
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Frente a él se encontraba una alineación de cubiertos como jamás había visto. Todos resplandecían por la plata e incluso tenían incrustadas pequeñas joyas en la punta.
Inclinó su cuerpo hacia Draco, que estaba junto a él en la mesa para poder susurrarle al oído.
—Esto es un poco exagerado, ¿no crees? –Las copas destellaban como diamantes y la mantelería, de un color blanco hueso, tenía una textura suave.
—Claro que no, su único hijo esta de regreso en casa y trajo a su novio con quien está próximo a enlazarse –Su barbilla estaba elevada ligeramente mostrando lo orgulloso que se sentía—. Es normal que lo consideren tan importante.
El chico que vivió se llenó de ternura ante el comportamiento de Draco y esbozó una sonrisa.
—De acuerdo –Deslizó su mano para tomar la de él y la apretó recordando todas sus enseñanzas.
Narcissa observó con gusto la manera en que su hijo y Potter se relacionaban; ella había tenido mucha suerte de casarse con Lucius, pues en realidad lo amaba. Le molestaba que no fuera sangre pura, pero si la herencia veela consideraba que era un mago digno de su hijo, bien, la magia siempre escoge de forma conveniente.
—¿Cómo esta tu habitación Potter? ¿La encuentras agradable? –Su comentario hizo que el mencionado diera un respingo antes de contestar.
—Sí, señora Malfoy, es muy agradable, gracias –Pensando un poco siguió—. Puede llamarme Harry si lo desea –Narcissa parpadeó desconcertada y asintió. Draco se puso nervioso al escucharlo.
—Harry, entonces. A mí puedes llamarme Narcissa –Suspiró tranquilo ante la reacción de su madre.
—Gracias, lo mismo para usted, Señor Malfoy –Lucius sonrió forzadamente.
—Lo aprecio, puedes llamarme Señor Malfoy –Narcissa volteó a ver a su esposo con una mirada molesta, él solo pretendió no darse cuenta.
—Claro, señor Malfoy –No esperaba que las cosas fueran ser tan fáciles con la madre de Draco, lo cual era un alivio considerando que Lucius se resistía a cooperar.
Así comenzó la cena, primero sirvieron una sopa Bourride, que Harry no conocía, la encontró deliciosa a pesar de llevar huevo, algo que él no estaba acostumbrado a comer en una sopa.
Luego vino una ensalada de espinacas, de momento todo iba bien, no había cometido ningún error en el uso de los cubiertos, dejando así sorprendido al matrimonio Malfoy.
"Al menos Draco entrenó a ese salvaje". Pues cualquier persona que no supiera las reglas básicas de etiqueta para Lucius era un sucio animal.
"Creo que lo juzgué demasiado pronto, tiene un buen repertorio de modales". Siguieron comiendo tranquilamente, aunque imperaba el silencio, este ya no era incómodo, la atmósfera parecía bastante relajada y Harry disfrutó enormemente de la comida.
Finalmente llegaron al postre, que consistía en Mille Feuille, un postre francés elaborado primorosamente con relleno de frambuesas.
—Es la primera vez que pruebo algo tan delicioso –Draco parecía satisfecho con la forma en la que se desarrollaban los acontecimientos, su madre estaba encantada de que Harry disfrutara tanto, pues aquel era su postre favorito.
—Qué bien, podremos hacerlo más a menudo –Narcissa terminó su porción con ademanes impecables.
—Si nos disculpan, mi esposa y yo nos retiramos, ha sido un largo día –así pues, se retiraron de la mesa tras dar buena cuenta de los platos.
—Madre, mañana Harry y yo iremos de compras –Narcissa asintió—. Regresaremos a la hora de la comida.
—Descansen –murmuró antes de seguir a su esposo, dejando solos a ambos.
—¿No lo hice mal, o sí? –Harry fue atacado por unos labios temblorosos y un par de manos ansiosas que le estrujaron la ropa.
"Entiendo que lo hice bien". Se concentró entonces en seguir besando a Draco y pasar la lengua por los labios de este para luego dar pequeñas succiones a su labio inferior.
—Si los amos han terminado, me gustaría comenzar a limpiar –La voz de Kreacher los sacó de ese momento romántico. Draco resopló y se apartó de mala gana cuando el chico que vivió lo hizo alejarse con un leve empujón.
"Vaya forma de cortarnos la inspiración". Razonó Harry levantándose de la mesa mientras el elfo comenzaba a limpiar.
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—Draco… —El mencionado no se dignó a mirarlo–. Draco, te estoy hablando –Sus pies le dolían de tanto caminar, llevaban toda la mañana buscando una túnica para Harry, quien argumentaba que ya tenía una, pero para su novio no era suficiente. Lo único que agradecía era que habían podido desayunar solos, algo le decía que no era conveniente toparse con Lucius sin que este hubiera tomado lo que sea que fuera su versión de un té matutino—. ¡Draco, ya compramos seis túnicas! –Se detuvo en seco y como pudo se apartó del camino de los demás transeúntes, quienes no podían reconocerlos porque se habían cambiado el color del cabello, Harry ahora era pelirrojo y Draco tenía el cabello castaño.
Finalmente Malfoy se volvió.
—Solo dos tiendas más, aún necesitas zapatos –Sonrió al decirlo con una mirada que mostraba obsesión por las compras, lo cual le provocó a Harry un escalofrío.
—¿Zapatos? Vamos Draco, tengo ya todo lo necesario, no exageres –Le pasó una mano por la mejilla con suavidad tratando de borrar esa idea de su mente.
—No te funcionará, Potter –Pero su tono revelaba cansancio.
—Sabes que tengo razón, ¿por qué no regresas ya a la mansión? Seguro que tu madre está deseando hablar contigo y enterarse de lo que no le hayas contado por carta –Esperaba que esa treta funcionara.
—Bien, ¿tú que piensas hacer?
—Tengo que comprar algunos regalos para mis amigos, nada importante, anda ve a descansar, te has pasado toda la noche murmurando en sueños algo acerca de mi terrible gusto –Draco hizo una mueca al escucharlo.
—Soñé que usabas una túnica color tierra y que derramabas tu bebida en la túnica de mi padre –El chico que vivió sintió pánico de imaginarlo.
—No me digas eso, me estoy esforzando mucho –Fingiendo indignación dio la espalda a Draco.
—Lo sé, pero tú ganas, regreso primero a Malfoy Manor –Se sacó un anillo de plata del bolsillo y se lo entregó a Harry—. Cuando quieras regresar colócalo en tu dedo anular izquierdo.
—Pensé que me propondrías matrimonio –Los dos rieron y finalmente Draco se desapareció con las compras dejándolo en medio de la calle.
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—¿A qué te refieres con que Harry no pasará la Navidad con nosotros? –Molly Weasley se encontraba interrogando a su hijo Ronald, la escena era bastante cómica pues la matriarca tenía puesto su delantal y el cabello cubierto por una pañoleta: estaba limpiando.
—Te lo he dicho ya mamá, Harry no cenará con nosotros –No le apetecía explicar más.
—Pero, ¿por qué no viene? ¿acaso piensa que no lo recibiremos porque ya no sale con Ginny? –No dio tiempo a Ron de contestar pues inmediatamente siguió —. Porque eso es ridículo, pensaba que esa situación estaba clara –Añadió malhumorada.
—Harry cenará con sus suegros, mamá –Ginny entraba a la cocina cuando escuchó la conversación.
—Oh vaya, debe ser serio, ¿con quién está saliendo? –Ambos hermanos se miraron uno al otro un momento antes de contestar.
—Si te lo dijéramos te escandalizarías –Ginny parecía divertida con la situación.
—¿Escandalizarme? No sean ridículos.
—Bien, pero luego no digas que no te lo advertimos –Así que le relataron la historia de manera un tanto censurada, omitiendo detalles que pudieran causarle un disgusto mayor.
En efecto, Molly Weasley se desmayó sobre su silla al escuchar aquello.
—No puede decir que la historia no es interesante –Ginny salió de la cocina mientras su hermano buscaba la manera de hacer reaccionar a su madre.
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Harry Potter caminaba por las calles del Callejón Diagon totalmente solo, había logrado deshacerse de su novio por un rato para hacer sus compras de Navidad en paz. Lo cual agradecía, pues podía mirar con calma cosas específicas, pues Draco parecía tener un afinado sexto sentido para escoger rápidamente.
Faltaban dos días para la fiesta y estaba hospedado en casa de Draco para cenar, eso implicaba entregar regalos. Regalos que mostraran que agradecía la invitación y su hospitalidad.
Pero, ¿qué se supone que le debería regalar a una familia con una fortuna como la que poseían? Recorrió tienda tras tienda sin mucho éxito. No quería un regalo que pareciera fuera de lugar, no tenía idea de lo que les gustaba a los miembros de la familia Malfoy.
Hubiera querido ir con Ron y Hermione, pero Ron se habría negado a ir a comprar algo para "La familia de hurones", y Hermione estaba de vacaciones con sus padres, se había ido ni bien acabaron las clases.
"Me cuidó muy bien cuando estuve enfermo ese fin de semana". Recordó con cariño las escenas tan diferentes a lo que estaba acostumbrado en casa de sus tíos.
Siguió caminando determinado a encontrar un buen regalo.
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Jojojo hasta aquí el capítulo, la visita con los suegros no es tan escabrosa ¿verdad?.
