Día de pesares.
Kayn solo podía mantenerse recostado en su cama, pesando en lo que se habría discutido durante la reunión, aún demasiado sedado por los medicamentos y algo de magia para para poder realmente moverse por completo. Solo sabía que las cosas habían salido bien, que tras los discursos de Irelia y la intromisión de un par de intrusos, la reunión había terminado con cada una de las facciones comentando lo que podrían ofrecer para la defensa de Jonia. Por una parte, sentía un orgullo inconmensurable para la Orden de las Sombras, y toda la nación se mostraba ahora capaz de defenderse en lugar de continuar con la filosofía del balance que no les había llevado a nada. Pero por otro lado, eso solo significaba que tras la guerra, habría más facciones rivales con las cuales lidiar como supuestos "aliados", dispuestos a traicionar a su orden y que podrían ser verdaderas molestias si no se cuidaban de ellos. E incluso quitando esa preocupación lejana, el joven Shieda aun sentía cierto sentimiento de abandono al haber sido dejado en la cama solamente con su hoz parlanchina, pues había faltado al concilio más importante de Jonia de los últimos años, todo por culpa de las heridas de Katharina; sabiendo que era por su propio bien, mostrar desobediencia solo habría hecho que las cosas se complicaran, y hasta el mismo Zed se habría molestado con su negligencia para consigo mismo.
—¡Hora de cambiar los vendajes!— escuchó cómo el silencio de sus pensamientos se rompía y redirigía su atención a la puerta. No era el médico el que entraba por esta, sino Zoe cargando un montón de vendas enrolladas.
—Zoe, ¿Qué es lo que haces? No eres médico— preguntó sabiendo exactamente lo que iba a hacer, pero tratando de incitar a un regaño mientras que ella solamente iba por algunas cuantas cosas que habían en una mesita de al lado de su camilla, algunos líquidos en botellas, una esponja, un tazón y otras telas limpias.
—Lo sé, pero me dijeron que ye haces el difícil al momento de curarte, que te resistes mucho y hasta golpeas a las enfermeras— le dijo mientras que hacía flotar todas las cosas a su alrededor.
—No habría necesidad de hacerlo si ellos entendieran que no necesito su ayuda, yo puedo hacerlo solo— trató de alcanzar las cosas en la mesita pero solo estirar el brazo lo hacía que le doliera.
¡Ya quisieras! No dejabas de llorar como un bebé la última vez, entre tres personas tuvieron que sujetarte para limpiar tu espalda.
Le recordó Rhaast ese penoso incidente mientras que Kayn solo se sentía delatado y traicionado por su propia arma. —Tal vez no necesitaría limpiar mi espalda si alguien fuera una verdadera arma de guerra y no una maldita herramienta de agricultura— replicó tajante en lo que Zoe comenzaba a hacerlo volar en el aire.
No te preocupes, cuando tenga tu cuerpo, ninguna herida requerirá limpiarse.
Se rió de él al verlo girar en lo que la chica comenzaba a retirar los vendajes con una par de tijeras, tirándolos al suelo, para luego proceder con el método de limpieza pobremente explicado por el médico de la Orden quien solo deseaba que Zoe dejara de molestarlo. Comenzó a limpiar sus heridas en lo que Kayn solo se movía, quitando cualquier cosa que pudiera verse desagradable y llena de pus. Eventualmente pasó al extraño líquido que la botella, una solución de distintas plantas mágicas de Jonia que levantaron humo de la piel del muchacho.
—Huele como a tocino— decía Zoe al frotar aquella sustancia contra Kayn, sin importarle que este se retorciera del dolor, solo manteniéndolo suspendido mientras usaba la esponja para retirar el exceso, y luego colocando las telas sobre las heridas, para luego girarlo para poder cubrirlo de los vendajes deseados, todo mientras dedicaba su más profunda atención en lo que lo atendía, casi como si se tratase de una obra de arte.
—¡Ya basta! ¡Bájame!— gritaba Kayn algunos cuantos insultos al lado de sus exigencias mientras que el Darkin solo reía sin parar, viendo curiosamente como su portador se convertía en un simple objeto a la merced de otro.
—¡Listo!— Y con esto Zoe lo tiró en la camilla, haciéndolo rebotar y provocando que el dolor invadiera todo su cuerpo de nuevo, soltando solo una débil risa de disculpa luego de eso.
—¿Por qué no me dormiste mientras lo hacías? Podrías haberme ahorrado todo el dolor— dijo sin comprender el porqué de su repentino interés en su salud, al menos a ese nivel.
—Porque habría dado igual, te habrías despertado después de que te tocara, tontito— rió nuevamente Zoe en lo que lo recostaba con cuidado ahora, colocándole una manta encima —Ahora vamos a alimentarte y a darte tus medicinas— así comenzó la nueva pelea, entre ella tratando de servir la medicina y Kayn negándose rotundamente a consumirla.
Fue casi una hora entera de discusión entre ambos, con Zoe haciendo lo imposible para poder hacer que las consumiera, mientras que el chico solo se limitaba a tragar cuanto jarabe natural hecho de hierbas le había recetado el médico, todo aquello originario de Jonia, compuesto de elementos naturales que estaban hechos para reparar las brutales heridas internas que habían en todo su cuerpo. Tan pronto como finalizaron, la chica de Targón sirvió una pequeña sopa que habían preparado para Kayn y que ella especialmente había mantenido caliente con su magia, dándosela a cucharadas de manera tranquila y pacífica.
—Sigo sin entender por qué haces todo esto— se quejaba él de la amabilidad, aunque admitía que la sopa no estaba mal, solo que deseaba complementarla con algunas otras cosas que no tenía a su alcance.
—Porque te dije que eres la persona más importante que he conocido en este mundo— lo decía de una forma un tanto literal al nombrar Runaterra en específico —Si no he podido cuidarte en el campo de batalla, tan siquiera quiero tratar de cuidarte fuera de este— acariciaba su frente para detectar algún cambio en la enrojecida cara del chico, pero solamente lo veía haciéndose hacia atrás en su propia camilla.
—Pero te he dicho que no lo necesito, si algo sangra lo puedo limpiar yo mismo, y si tengo que comer puedo alimentarme yo solo— trataba de evitar que ella volviera a meter la cuchara en su boca, pero siempre usaba algún truco para que su mano esquivara la del chico y pudiera darle una pequeña ración.
—Aun así me tendrás aquí cuidándote todo lo que sea necesario hasta que te recuperes— contestó volviendo a darle de comer una vez más, tratando de que se calmara, hasta que finalmente logró terminar de darle de comer, agregando algo de líquido de color verde a un vaso para poder dárselo de beber, permitiendo que saliera un eructo que lo hizo caer en la cama como si hubiera corrido veinte leguas —Eso es lo que pasa cuando le importas a alguien— Kayn solamente la miró respirando mientras que trataba de acomodarse mejor, aquella medicina era bastante fuerte, hasta el punto en el que no era recomendable tomarla mientras se estaba en misión, por lo que solamente se recostó en la cama con cansancio, dejando que su espalda se relajara.
—Muchas gracias… Zoe— dijo con sinceridad, tragando saliva y mirando al lado algo apenado. Jamás le había importado de esa forma a nadie, ni siquiera a Zed, que lo designaba a otros acólitos del templo cuando se enfermaba, ni a ninguno de sus otros vagos amigos que recordaba de la orden, por más cercanos que estos podrían haber sido. Y de alguna forma, le gustaba esa clase de atención, pero no iba a admitirlo, no frente a Rhaast al menos.
Ugh, si tuviera tripas las habría vomitado por todo ese cariño…
Se quejó el Darkin, extrañando los tiempos en los que aquello se trataba de asesinar, considerando a Kayn cada día más inútil. Quizá era tiempo de un verdadero cambio para él.
—De acuerdo, me iré un rato y te dejaré dormir, hay al menos unas doscientas personas en el Templo, no creo que vayas a estar en peligro— sonrió ella mientras que le daba un pequeño abrazo de despedida al somnoliento adolecente.
—Está bien, sé cuidarme solo— y dicho esto, comenzó a quedar dormido con una mano estirada para sujetar a Rhaast, sin darle la oportunidad de demostrar lo listo que estaría en caso de alguna clase de invasor entrante por la puerta.
Zoe sonrió un poco y lo dejó solo, viendo que ya era la media noche, alegre de poder haber ayudado a su amigo de esa forma, pensaba que quizá podría pasar bastante tiempo al lado de Kayn, ahora aprendiendo a apreciarlo más, al menos unos ochenta años, o quizá más, si es que sobrevivía más que los humanos normales.
Miró entonces la luna llena, y pensó por unos instantes en que pronto amanecería del otro lado del mundo. Comenzó a considerar si es que sería apropiado hacer lo siguiente, pues tenía que cerciorarse de un pequeño asunto culposo, aunque sabía que lo que vería quizá la haría sentir mucho peor de lo que los recuerdos la hacían sentir. Abrió un pequeño portal solo para ella, estaría fuera solo un par de horas.
Era solamente casualidad que ese día hubiera estado tan lluvioso. Las nubes dispersas del día anterior se debían de haber movido por los fuertes vientos hasta llegar a esa lejana al otro lado de Demacia. Era curioso pensar que el primer instinto de Zoe habría sido ir a Lago Plateado, encontrando solamente la ciudad en luto, pero ninguna procesión luctuosa llevándose a cabo por sus angostas calles, solamente el silencio de la tristeza de un pueblo entero, al haber perdido a su más significativo guerrero. Decidió transportarse al otro punto probable, la Gran Ciudad de Demacia en donde con facilidad, al observarla desde una altura considerable, encontró lo que estaba buscando. Una aglomeración de unas mil personas, formadas en forma de un círculo en vista a una hondonada en donde se podía ver un mausoleo de gran tamaño, reservado solamente a los más grandes guerreros que habían servido al país. Solamente podía verlo desde lejos, pero incluso desde aquella distancia se notaba su magnificencia, en la forma en la que dos grandes estatuas presentaban sus respetos en forma de reverencia a la entrada del panteón. Dos montículos habían sido elevados, y lentamente un orador dedicaba palabras a ambos mientras que la Vanguardia Intrépida, el antiguo grupo de Garen, despedía en desconsuelo a su compañero, siendo Taric el único quien brillaba por su ausencia; esperaba a que el Aspecto protector hubiera tenido su oportunidad de dar una última despedida a su apreciable amigo, antes de que las fuerzas del deber de Demacia le impidieran verlo en aquella ceremonia final.
Habría deseado acercarse un poco más, pero desconocía que tanto podrían alterarse los ciudadanos al ver a un ser mágico rondando un funeral, al igual que como desconocía lo que harían con los cuerpos, de si es que serían quemados en las mismas piras en las que estaban o si serían embalsamados y llevados a su ciudad natal. Solamente se mantuvo en el aire, absorta en sus pensamientos hasta que en la lejanía de un árbol solitario y quemado vio a cierto chico rubio sentado, sintiendo su corazón achicarse con fuerza al distinguirlo, a la vez que la urgente obligación de ir a su lado al verlo lamentándose con la cabeza baja. Voló con suavidad y en menos de un segundo ya estaba a su lado.
—Hola, Ezreal— saludó sin pensarlo demasiado, no demostrando ninguna clase de alegría, solo portándose tan seria y solemne como podía. Pero el joven rubio no se inmutó por el saludo, solo siguió con la mirada baja. —Lo lamento… Sé que ella significaba mucho para ti— trató de agregar más palabras, pero nada más salió ¿Con qué otra cosa habría podido tratar de consolarlo que no le hubiera sido ya dicho? O que no hubiera pensado ya. ¿Decirle que no la había visto sufrir demasiado? ¿O uno de esos consuelos como los que se daban los guerreros en donde pretendían hacer sentir mejor a las personas diciendo que al menos el difunto había perecido en su deber? Cualquiera de esos posibles discursos escapaban de los vocablos de la chica de Targón, al ver al muchacho que tanto había admirado sin expresión, con una frialdad tal que no le permitía derramar lágrimas; y era esa frialdad quizá lo peor que hubiera experimentado de él, o eso pensó, hasta que este comenzó a hablar.
—Tú estabas allí, ¿Verdad? Estabas allí cuando mataron a Lux— comenzó a hablar Ezreal de manera lenta, levantando la mirada, dejando ver finalmente sus enrojecidos ojos y sus marchitados párpados a causa de las lágrimas —Otros iluminadores te vieron allí, cuando Galio estaba atacando, te vieron al lado de ese… Asesino— su voz estaba bastante alterada, al igual que sus piernas temblando cuando se levantó.
—Si… yo estuve allí— trató de ordenar sus palabras, pues incluso en su mente, debía de tener parte de la culpa en lo ocurrido —No… no pude hacer mucho, mis poderes se debilitaban, y solo traté de… enviarla a un lugar seguro— se detuvo al darse cuenta de lo poco que sonaba eso, comparado con todo lo que había sido capaz de hacer.
—¿En serio?— reaccionó ofendido el muchacho rubio, frunciendo el ceño claramente enfurecido —¡¿Y por qué no fueron capaces de encontrar su cuerpo?!— gritó conociendo ya de primera mano que el a montículo en donde debieron de haber puesto su cadáver estaba vacío, solo estaba allí como representación para que acompañara al de su hermano Garen.
—Yo… no estoy segura, pensaba que lo había mandado al campamento…— se puso nerviosa al remembrar como sus poderes estaban débiles y no funcionaban correctamente, lo que quería decir que sus portales podrían haberse abierto en cualquier lugar, y que su paradero por lo tanto sería desconocido.
—¡Oh claro! Ahora resulta que te has preocupado por alguien más que no sea tu misma— reclamó sintiendo repulsión por ella en cada una de sus palabras, hiriendo a Zoe de una forma más interna de lo que podía imaginar.
—¡Si me he llegado a preocupar por la gente!— reclamó por la fuerte acusación que recibía, comenzando a alterarse también, pues ahora sus ojos comenzaban a humedecerse lentamente y su garganta se irritaba; deseaba entonces decirle que Kayn era importante para ella, y otras cuanta cosas que le habrían evidenciado aún más, pero Ezreal se le adelantó, pisando fuertemente hacia su dirección.
—¡Por supuesto que no! Tu misma me has dicho lo poco que te importan las vidas que hay en este mundo— reclamó como si nunca hubiera hecho una retrospectiva en sí mismo y en sus propias actitudes egoístas.
—¡Nunca dije eso!— trató ella de defenderse, pero entre todas sus palabras no podía recordar exactamente que no hubiera estado una expresión como esa, pues así era como se sentía inicialmente, no con una actitud nihilista como la de alguna adolecente tonta, sino como una indiferencia en general por los mundos que visitaba.
—No me sorprendería que tú misma hubieras sido la causante de su muerte— para Zoe no había forma en que alguien creyera que ella había sido capaz de un horror como ese —Después de todo, no somos más que simples insectos ante tu inconmensurable poder e importancia, ¿Verdad?— seguía hablando cada vez más con resentimiento que se había acumulado por meses, poniendo una clara ironía que la degradaba más y más, causando que ella juntara sus manos frente a su pecho de forma defensiva —¿Qué soy para ti sino un simple juguete que puedes desechar cuando te aburras de él?— seguía acercándose a ella sin detener sus acusaciones, dejando salir toda la ira que había acumulado hasta ese entonces.
—Ezreal, de verdad… yo no deseaba que eso le pasara a Lux ¡No pude hacer nada, lo juro!— pensaba en Garen, en los amigos de Kayn, en todas las personas que pudieron haber sido salvadas cuando el peligro estaba cerca y ella no hizo nada.
—Podrías haber desviado la cuchilla, podrías haberla convertido en burbujas o en líquido, o podrías haberla enviado a otro punto en el espacio tiempo— sugirió frustrado, deseando que tal vez diciéndolo ella encontraría una forma de retornar en el tiempo y cambiar las cosas a como habían ocurrido —Pero no lo hiciste, quizá porque estabas ocupada disfrutando la forma en la que la mataba— quizá esa última parte no la creía él mismo, y no obstante, no disminuía su odio por la chica.
—No, realmente no pude…— musitaba bajo en respuesta, lloriqueando débilmente, sumamente lastimada, deseando que sus palabras valieran más para él, pero parecía que nada lo tranquilizaría.
—Entonces si no sirves para nada, no quiero volver a verte en mi vida…— contestó él, comenzando a dar la vuelta regresando a la conglomeración de Demacia, quienes seguían en vela frente al cuerpo Garen —No has sido más que una gran molestia desde que te conocí, y ahora sé que no traes más que desgracia, es una lástima que los hermanos Guardia de la Corona no lo hubieran sabido antes— comenzó a caminar a pasos agigantados, queriendo alejarse lo más que pudiera.
—¡Espera!— trató de detenerlo, sin poder explicarse que es lo que estaba buscando al hacer eso, pero él solo comenzando a caminar más y más rápido. Quizá por una expresión de cariño pasado, o probablemente para no arruinar una de sus pocas y extintas amistades, trató de tomarlo del brazo, pero este solo la removió sacudiéndose con fuerza, empujándola y finalmente golpeándola con el reverso de la palma de su guantelete. Jamás le había puesto una mano encima y ni siquiera pensó que fuera posible, pero lo había sido.
—Largo de aquí, o me aseguraré de encontrar una forma de cómo exterminar a un Aspecto— y dicho esto usó su guante para transportarse a las lejanías, más cerca del centro de la procesión funeraria, en donde recibirían con los brazos abiertos a Jarro Lightfeather.
Zoe dio unos pasos hacia atrás, para luego poner sus pies en el aire y dispararse al cielo volando, pronto cruzando la atmósfera y encontrándose en el vacío del espacio mientras que a su alrededor comenzaban a surgir los brillos de las estrellas por doquier. Seguía llorando y sintiendo como la gravedad dejaba de afectar su cuerpo, las lágrimas se adherían a sus mejillas mientras gimoteaba incesantemente en su camino hacia las distantes estrellas. Estaba demasiado enojada con Ezreal por no haberle permitido defenderse, a la vez que se llenaba de odio en contra de Noxus por tanto dolor y sufrimiento que habían provocado hasta ese entonces, y quizá algo más de odio contra sí misma, un sentimiento que simplemente iba en aumento sin poder detenerlo, llegando hasta un ponto alrededor de una constelación en donde simplemente se detuvo y comenzó a llorar con sus manos contra su cara, colocándose en posición fetal en mitad de la nada iluminada por las distantes estrellas indiferentes.
Nunca antes se había sentido de esa forma, con una pulsante culpa por la pérdida de la vida humana. Le había temido a ese sentimiento desde que era pequeña, desde que se había percatado de que no tenía padres y había sido abandonada en un mero orfanato en el cual los monjes Lunari cuidaban a todos, había aprendido de forma inocente a evadir el temor a la soledad y la culpa. No se dio cuenta del momento en el que se había relacionado con la gente Runaterra hasta un nivel en el que le doliera lo que los demás pensaran; creyendo que simplemente podría evadir responsabilidades, había disfrutado tanto viajar por mundos distintos durante un milenio entero siendo el aspecto del Crepúsculo, que no le importó intentar de nuevo hacer amigos como los que jamás había tenido. Bueno, ese era el resultado, el dolor de ver a Kayn herido y lastimado, el pesar de ver a Taric sufrir por la muerte de Garen, y Lux abandonada a morir quien sabe dónde por culpa de sus poderes. La chica solo se contrajo más en su propio cuerpo, abrazando sus propias piernas mientas lloraba.
—Alguien te busca— escuchó de pronto decir a su perrito espacial, aun sin mirarlo, reconocía en ominoso tono de voz que podía ser la única cosa que se escuchara en el vacío del espacio. Abrió sus ojos y lo miró rondando frente a ella con su descomunal tamaño.
—¿Quién?— preguntó débilmente, como deseando que él ofreciera un consuelo rápido para ella, pero nada más cruzó frente a ella y comenzó a perderse en su camino nuevamente.
—El sujeto del escudo y la lanza, cosas de humanos, no me preguntes— y la abandonó rápidamente mientas que se dirigía a un destino incierto. Zoe miró Runaterra, percibió el brillo del Monte Targón, desde la lejanía, un brillo blanco y azulado que quizá solo ella podría percibir, siendo el brillo de al lado, el de Shurima, el que tintineaba de manera curiosa, como si le hiciera un llamado. La chica comenzó a descender en dirección a aquel brillo.
Era ya de medio día, Pantheon no había hablado desde que lo había encontrado más que para indicarle a la chica que le siguiera, dando saltos por toda la tierra desolada de Shurima, levantaban monumentales nubes de arena al momento de tocar el suelo, solo para impulsarse en grandes saltos nuevamente. Se había visto cerca del disco solar, vestigio de una ciudad capital de la que ahora solo restaba la arena erosionada de sus muros de roca, ahora volviendo a elevarse en el cielo.
—Me alegra ver que se ha levantado la ciudad— trató Zoe de comentar en lo que seguían viajando, cualquier cosa que la distrajera de su reciente dolor, pero Pantheon seguía sin decir una sola palabra, en su imponente figura de misterio y estoicismo, solo podía respetar a la chica por su sangre de Targoniana, de otra forma, no se habría prestado como encargado de esa tarea.
Eventualmente alcanzaron una zona montañosa al sur, entre varios acantilados que derivaban en ningún lado, una torre misteriosa se elevaba, de roca sólida de cantera, pero dañada por el tiempo tanto como su habitante; no era un lugar desconocido para Zoe, pero podía imaginarse para que era para lo que la habían solicitado. Caminaron por la orilla saliente de la montaña, ahora con la facilidad que sus pies les daban, acercándose a la gran puerta de roca sellada por una clase de cráneo de roca sólida, Pantheon lo presionó contra el hueco sobre el que estaba, escuchando como la puerta comenzaba a moverse por sí misma y se abría de par en par. Entraron en la torre y finalmente el guerrero de Targón se dignó a hablar, como si hubiera sido obligado a mantener el silencio, justo cuando comenzaron a subir una escalera circular.
—Es raro que él pueda llamar a un Aspecto, normalmente deberían de ser los ascendidos los que nos exigieran a nosotros que les concediéramos nuestra atención— parecía ser que hablaba con pena contra ella, algo que no dejaba de intrigar a la chica, lo que la hizo quedarse sin palabras reales para contestar. Fue entonces cuando llegaron hasta la cima de la torre tras el recorrido de la escalera de caracol que daba la sensación de no tener ni inicio ni un final. Allí con su cabeza de chacal, Nasus, el legendario Ascendido de Shurima leía por enésima vez la historia de una de las múltiples civilizaciones que se había enfrentado al imperio de las arenas y que había sucumbido, dejando tras de sí solo ese registro viejo e inexistente para el resto de la vida en Runaterra.
—¡Nasus, hola!— saludó Zoe a ese enorme ser mientras que este solo cerraba su libro con sosiego, poniéndose de pie. Aquello era nada más que una gran biblioteca, única sala que le servía de verdadera función al aludido, con un círculo de sillas de roca en el centro alrededor de un bloque que actuaba como mesa. Todo lo demás en esa sala eran libreros en arreglo octagonal alrededor otras mesas.
—Aspecto del crepúsculo, me honra tu presencia, han sido centurias desde la última vez que intercambiamos palabras— dijo apoyando su gran peso en su hacha ceremonial, su arma sagrada que lo había acompañado desde su ascenso, haciendo una reverencia frene a ambos, volviendo silencioso su saludo a Pantheon.
—Ya lo creo, realmente no puedo recordar de que hablamos la última vez, pero me alegra volver a verte— expresaba con sinceridad, siendo la visión de ese viejo conocido algo que le traía recuerdos de tiempos más simples, cuando sentía que podía hacer bromas acerca de su apariencia canina sin ningún temor. Es decir, aun podía hacerlas sin problemas, pero no se sentía de humor.
—Por desgracia será una visita rápida, no tengo intención en demorar demasiado dando explicaciones, pero espero que mi motivo no resulte grosero o impertinente para su entendimiento— se sentaba en una vieja silla de roca frente a la entrada, invitando a Zoe a que se sentara, y esta a su vez esperando a que Pantheon se sentara en la otras silla, pero este solo se mantuvo parado cerca de la entrada como si estuviera aburrido de una vez.
—No hay problema, me agrada visitar viejos amigos— sonrió ella tratando de no mirar hacia los lados y distraeré, pues le daba una gran curiosidad por ver si es que había algo más raro y misterioso entre esos pasillos de biblioteca.
—Ha pasado ya mucho tiempo desde que se te encomendó la misión importante de encontrar a los últimos Darkin remanentes que restaron de las acciones de tus antecesores— comenzó a hablar de manera clara, tratando de no atorar sus palabras con algo que ella no recordara.
—¿Creía que mi misión era algo más importante acerca de dar un mensaje?— interrumpió ella de pronto, acomodándose en su lugar de asiento y acostándose con las piernas estiradas, casi de cabeza.
—No, ese es tu cometido de existencia, el motivo por el cual eres un aspecto— respondió a sus espaldas Pantheon, finalmente moviéndose y reaccionando, pero aun cruzando sus brazos —La misión que se te asignó es algo completamente distinto a ese cometido—
—Los Darkin fueron un error terrible del cual Targón decidió hacerse cargo para expiar sus culpas, eso fue algo que tu predecesora entendió muy bien— Zoe entendía a cuál predecesora se refería, y continuaba sonriendo con todo eso.
—Lo entiendo, y sí, creo que mi misión fue un éxito, encontré a un Darkin, no es un mal sujeto, aunque es muy gritón, pero solo le hace falta un amigo— presentaba algo de duda en sus palabras, realmente no recordaba la misión con exactitud, pero recordaba que Rhaast mencionó algo de ser un ser maligno, lo cual era lo único que explicaba su mala actitud contra ella.
—Lo sabemos, te has hecho notar en estas últimas semanas— contestó Pantheon como si tratara de reprimir sus explicaciones.
—El Darkin que encontraste escapó de su destino hace milenios por el mero azar, y cobardemente se dedicó a azotar con su ira y su poder a los humanos inocentes de otros reinos, hasta que fue sellado por un poderoso príncipe astuto— explicó lo poco que reconocía de la historia del demonio que habría logrado escuchar tras siglos de haber ocurrido, investigando en las cercanías de las costas del norte de Shurima.
—No se preocupen, no hace nada malo más que insultar gente, pero Kayn lo tiene controlado— comentó divertida la chica, realmente pudiendo recordar más de un buen momento con el Shieda que fue complementado por la presencia de Rhaast, aunque preferiría tenerlo solo para ella, tampoco era una atroz interrupción.
—¡¿Controlado?!— exclamó Nasus con su risa sarcástica, un tono que lo hacía parecer desafiando o burlándose de lo que decía la chica, mostrando sus dientes filosos y largos como si se tratase de un verdadero animal —Él jamás podría controlar a un Darkin por más que lo intentara, solamente se ha colocado en la posición para ser utilizado por él, mientras que el demonio se beneficiará obteniendo el poder de la magia que él usa— se siguió burlando de él, pero para Zoe no quedaba claro el insulto, simplemente no cuadrada en su idea de ese par.
—Pero ellos dos son amigos…— intercedió ella con clara disonancia ante lo que escuchaba, convencida de sus propias ideas, pero lentamente dejándolas de lado.
—La mente de un Darkin es tan superior a la de un humano común como lo son sus poderes, Rhaast solamente ha estado jugando con él, seguramente para comprender los secretos de su orden, aunque esta sea de un poder minúsculo, algo debe de haber en su disciplina para que sea considerado digno de ser usado— demostraba saber mucho más de lo que pensaba, pues poseía cierta capacidad de clarividencia a partir de la lectura de las estrellas, sin mencionar que Pantheon no había retirado sus ojos de ella, en vigía de que no hiciera nada que pudiera afectar a Targón en el futuro, descubriendo más de lo que esperaba.
—Entonces Kayn no puede seguir confiando en Rhaast, ¡Terminará muerto si no hace algo!— se levantó Zoe con sus dos manos en puño, enojada ahora al darse cuenta de que en parte también había caído engañada fruto de la seguridad del Shieda.
—Ya no hay nada que se pueda hacer— contestó ahora Nasus perdiendo la gracia de lo que decía —Una vez que el Darkin decidió no matarlo al momento en el que él le tomó en sus manos, su cuerpo se ligó al destino del arma y ahora le pertenece— miró como la chica cambiaba su estado de ánimo, comenzando a entristecerse.
—Pe… pero…— trató de interponer alguna queja o alguna idea —Aun podemos destruir el arma… me comentó que su maestro le pidió que hiciera eso antes de que la tomara y se diera cuenta de lo fuerte que era— en medio de la urgencia comenzaba a recuperar los recuerdos de esas conversaciones de entre las primeras que tuvieron, aunque fueron algo diferentes, pues su amigo se expresó con presunción y superioridad en todo momento.
—No podría ser destruida sin que la vida del portador también lo fuera— declaró de manera simple, volviendo a desanimar a la chica —Solo es cuestión de tiempo de que su mente también sea posesión del Darkin—
—¿Y si la mente de Kayn prevalece? Él conoce mucha magia sombría que podría ayudarlo a resistir el dominio— insistió ella, sin dejar ninguna posibilidad fuera de su alcance.
—Podría darle cierta resiliencia, pero nada lo detendrá, y entonces Kayn dejará de existir como tal, será solamente la marioneta de Rhaast— declaró de forma casi fúnebre con su voz que se escuchaba como proveniente de un mundo inferior —Es por eso que he pedido que vinieras, las estrellas me lo han dicho, el tiempo del despertar se acerca y dentro de poco veremos al Darkin caminar de nuevo entre nosotros— extendió sus manos reconociendo aquello como un verdadero peligro —Cuando lo haga se reencontrará con sus hermanos, y juntos tratarán de crear una nueva era de caos, muerte y sombras que reinarán eternamente— recitó conociendo bien a lo que se enfrentaría, viendo en antaño las guerras creadas por su gente en las que actuaban como caudillos sedientos de poder, pero ahora enfocados en un mismo objetivo, alimentados por la sed de venganza.
—Ninguno de ellos se acercará al monte Targón— intervino Pantheon con su escudo en forma desafiante contra cualquier posible amenaza.
—No lo harán, y sé que tu mantendrás tu guardia como es debido, pero la eliminación de este Darkin en particular es una tarea que le concierne al aspecto del Crepúsculo ¿Has entendido?— señaló a Zoe, quien solamente mantuvo su cara sin poder hacer más expresión que un profundo desconsuelo. Demasiadas cosas pasaban por su mente en ese instante, toda una nueva visión de la realidad expresada frente a sí misma, y sobre todo, la inevitable muerte de Kayn que llenaba de congoja su corazón.
—Si… lo entiendo— musitó ella antes de que empezara con el recurrente llanto de ese mismo día.
Fin del capítulo 22.
Notas finales: Aquí está :D perdón si pensaron que no les traería capítulo en la semana, iba a publicar esto el domingo, pero me desvelé viendo la el eclipse lunar en lugar de escribir esto. No me culpen, es como ver Yuri de Leona y Diana. Aparte de eso, me costó algo de trabajo escribir esto, estoy en clases de manejo en las mañanas y me han puesto mucho estrés por hacer bien las cosas.
Realmente no sé si habría llegado hasta este punto de la historia de no haber leído del lore, pero se supone que fue Nasus el que mandó a Myisha a matar a los Darkin que seguían con vida, así que no me suena descabellado que pudiera tener contacto con Zoe para que ella matara a los otros que quedaron. No sé, es mi headcannon, y si no les gustara no estarían aquí. Así que ya tenemos todo dado para la confrontación final, aunque siento ganas de escribir otro Omake antes de eso, no sé ¿Qué opinan Ustedes de eso? ¿Sigo la trama o hago un Omake?
En fin, no ha habido muchas cosas nuevas, últimamente he jugado solo con Bots, y creo que el juego estará mejor equilibrado con Sylas, y no, no es sarcasmo, quiero robar ultimates. Espero que ustedes sigan disfrutando el juego, porque yo ya casi no xD.
Aun hay muchas dudas del lore, pero espero que si les surge alguna me la puedan compartir.
No hay mucho que decir hoy.
Nos vemos la siguiente semana.
Me despido.
—
—
—
Bye_.—
P.D.: ¿Aun les cae bien Ezreal? Hablo de la historia, claro, no esperaría a que a nadie le cayera bien en primer lugar.
