[Este cap contiene limón]

Lapis abrazaba con fuerza a Steven, lo tenía casi sometido en el pasto, ella arriba de el, mientras le daba un beso realmente intenso. El pequeño no se quejaba sin embargo, le quería seguir el paso en el beso. Tratando de mover su lengua de igual manera de lo que la rebelde lo hacía, pero terminaba invadido por el placer, inerte y anonadado. Y después de un largo beso subido de tono, todo acabó cuando Lapis retiró su lengua del pequeño, mirando su cara roja, sus ojos excitados, mientras todavía jadeaba. Sonreía al ver esto, se sentía feliz pero un poco culpable, Steven era inocencia pura cuando lo conoció y ahora se veía que ella lo pervertisaba cada vez más.

-Quieres seguir? -preguntó Lapis mientras lo miraba.

-Si... pero déjame descansar un poco -respondió Steven, mientras se levantaba y se calmaba.

Lapis tomó una botella que tenía a un lado suyo, bebió de esta mientras miraba a el pequeño atentamente. Steven se veía avergonzado, ocultaba algo en sus pantalones, o eso era lo que pretendía. Se trataba de una ereción, Lapis ya lo había notado desde antes y esto comenzaba a pasar más a menudo, pero ella no decía nada. No quería incomodarlo, ni apurarlo claro está.

-Quieres un poco? -preguntó la rebelde, le ofrecía de su botella.

-No gracias, eso sabe feo -respondió mientras miraba la botella con una mueca.

-Está bien, si quieres solo avísame -dijo mientras le daba un beso, para que después le regalara una sonrisa y le diera otro sorbo a su bebida.

Era la quinta vez que se encontraban en su lugar especial. Steven no podía faltar mucho a la escuela, pero aprovechaba los días en los que no había, o habían fiestas en ella. Decía que si habían clases y se encontraba con Lapis.

-Lapis.

-Si?.

-No tendrás agua?.

-Déjame ver.

La rebelde se levanto de donde estaba y fue por su mochila, para que después la revisará. Al no encontrar nada hablo.

-Lo siento Steven, no tengo. Solo tengo lo de mi botella.

El pequeño hecho un pequeño suspiro y se tumbó al pasto. Lapis vio esto y se acercó, acostándose a un lado suyo.

-Quieres beber de mi botella -dijo mientras lo abrazaba y le daba pequeño besos.

-Eso quita la sed?.

-No sabría decirte, tú no trajiste nada?.

-Si, pero... Es una bebida "especial" para Amatista.

-Es la pariente de Perla?.

-Si.

-Oh ya veo, tómatela y yo le compro otra -dijo mientras acariciaba su cabellera -Además ella ni está aquí mi amor.

El pequeño se sonrojó. Todavía no se acostumbraba a esos nombres.

-Es que, esa se la compré especialmente a ella.

-Entonces toma de mi botella -hablo Lapis.

-Pero sabe mala -dijo con tono de disgusto.

-Entonces toma de la bebida de tu mochila.

-Pero es de Amatista.

La rebelde suspiro, el pequeño a veces salía con una que otra cosa angustiante. Le preocupaban muchas cosas, y le daba importancia a cosas realmente simples y ciertamente sin sentido. Pero no le decía nada, lo amaba demasiado para que le dijiera algo. Lapis se quedo en silencio, para no darle tantas vueltas al asunto.

-Bueno le daré un trago a tu refresco extraño.

Hablo por fin el pequeño, a la par de que bebía un poco de la botella ya antes mencionada. Solo para que después se quejara del sabor amargo y extraño de esta, pero que al final de cuentas calmo de momentos su sed. La rebelde río un poco por las muecas que lanzó, y lo recibió con un abrazo. Acostándose de nuevo en el pasto abrazados.

-Seguimos con lo nuestro mi pequeño? -preguntó Lapis sonrojada en tono provocador.

-Si -respondió mientras le daba un beso en los labios.

Lapis asintió al beso de inmediato, y no dudó en meter su lengua en la boca del pequeño otra vez. El pequeño la abrazaba con fuerza, y en medio del extasis, tocó levemente el pecho de Lapis.

•••

-Parece que ya se está regularizando no?

-No lo creo, lo seguiré llevando en todos modos. Por cierto quién es la rubia con la que habla?.

-Te refieres a Peridot?.

-Así es Greg. No se que tendrá mi Steven con las mujeres mayores. No lo entiendo la verdad.

-De que hablas Perla?.

-No te has dado cuenta?.

-De que?.

La mujer suspiro. Se levanto de donde estaba sentada y agarro unos platos de la mesa, que ocupó unos segundos antes.

-De que Perla? -preguntó de nuevo.

-Solo olvídalo Greg -puso los trastes en el fregadero y volvió a hablar -Iré yendo por Steven.

-Está bien. Yo volveré al trabajo, le dices que haga la tarea y... -no pudo terminar, por qué la mujer delgada lo interrumpió.

-Si lo sé. Siempre se lo digo.

Perla salió de la cocina y pronto de la casa. Ya estando afuera de la casa, respiro y exhaló, observó a los alrededores y se quedó mirando a una persona, que se encontraba al otro lado de la calle. Una mujer alta y grande. Miraba la casa de Steven, y al sentir la mirada de Perla. Ella la miro seria. Perla sostuvo la mirada por largo rato, podía ver cierto aire incomodador en esa mujer alta de cabello largo. Además de que el tiempo en el que se miraron. Se sintió tensión en el aíre. No la conocía pero fue lo que se vio, y entre más se prolongaba el tiempo de la mirada. Se sentía más la sensación antes ya mencionada. La mirada de Perla era fría, analizaba a la mujer rápidamente.

Pero pronto, la mujer grande rompió tal sensación de tensión, cuando simplemente dejo de mirar a Perla y se comenzó a irse tranquilamente. Perla espero a que se largara por completo de su vista, y ya que se había ido. Subió a su carro para ir por Steven a su escuela. Pudo ser una coincidencia incomoda, o realmente esa mujer veía la casa de su pequeño y tal vez planeaba algo, sabrá dios las intenciones que tenía. Pero de algo se estaba seguro. Si Perla la vuelve a ver, tendrá que comenzar averiguar quién será.

Estuvo un rato al volante, por lo que tuvo tiempo de pensar, de lo que ahora tenía que pasar por Steven. Le enojaba el hecho de la rebelde, le enojaba la ignorancia de Greg y le enojaba que el pequeño no le contara nada acerca de lo qué pasó y que estuviera enojado con ella. Le echaba la culpa a Lapis de esto último. Lo más seguro es que había manipulado a Steven, para que el cayera enamorado de ella. Todavía dudaba de que realmente, el pequeño sintiera amor. Tal vez solo era, alguna especie de empatía o era condescendiente. No lo sabía, pero estaba harta. Últimamente ya ni quería dirigirle la palabra a ella por lo de Lapis, últimamente ni quería siquiera mirarla. "Maldita seas Lapis", pensó en tristeza y enojó. "Que mierda le hiciste a mi Steven. Oh más bien, que mierda no le has hecho maldita zorra".

Que no le ha hecho La Rebelde a su Pequeño.

Aquella Prohibición de no verse. Solo extendió y amplió, el amor de la mujer de 17 años y el chico de 13 años. No se conformaban con solo un lugar especial, tenían hasta varios. Ese "Voy a ir a la tienda, ahora regreso", era realmente un "Voy a ir con Lapis, ahora regreso". El inocente pequeño, honesto y responsable. Se transformó en un pequeño mentiroso, irresponsable y maleable. Todavía tenía su clara bondad y sus valores al máximo. Pero ciertamente, comenzaba a dejar de un lado, uno que otro. Comenzaba a dejar su tarea a lo ultimo, y lo sorprendente de todo. Es que en las noches de viernes y sábados con la ayuda de Lapis, se escapaba e iba con ella a sus lugares secretos. Verdaderamente, todo esto lo hacía porque ahora el estaba enamorado, y mucho.

Lo gracioso de esto, es que la rebelde se veía más reducida en cuanto actitud y sus valores aumentaron todavía más. Ya no hacía tanto pleito y sus miradas de odio ya eran casi inexistentes. Incluso para sus propios padres bajaron.

Parecería loco, pero a Peridot no le cayó nada bien esto. Ella iba sin falta a la casa del pequeño, lo invitaba a jugar y este no aceptaba, por qué tenía tarea o algo por el estilo. La ponía triste, y ahora que veía este cambio repentino de sus dos amigos. Se comenzaba a preguntar si la rebelde y el pequeño se veían de nuevo. Ella no dudaría en averiguarlo y una vez que lo sepa no dudaría en hacer algo.

Después de recoger al pequeño de la escuela, como de costumbre. Perla y Steven, se enfrentaron a un recorrido silencioso e incómodo. La delgada no se animaba a hablar por temor de que Steven se sintiera o se enojara. Por lo que durante todo el viaje de regreso fue así.

Solo cuando llegaron a casa se animó a hablarle.

-Steven, que quieres de comer -preguntó la delgada con tono suave.

El pequeño no respondió, ni siquiera la miro y subió su cuarto. Perla solo suspiro y puso una cara triste.

-Sigue enojado contigo eh? -se escucho una voz en tono burlón.

La delgada volteo y su expresión de tristeza cambio a una de cierto enojo.

-Tu deberías de ayudarme Amatista.

-Tal vez deberías dejar que vea a su amiga. A la tal Lap... -no termino, por qué fue interrumpida.

-No lo digas!. No menciones a esa maldita -hablo en voz alta, a la vez de que colocaba su mano en su frente.

Lo dijo con voz fuerte e intimidante. Tanto que se le pusieron los pelos de punta a Amatista y mejor ni hablo de nuevo. Perla no hablo de nuevo y se dirigió al baño.

La delgada difícilmente preparo la comida y con ayuda de Amatista, pudo hacer que el pequeño comiera en la mesa. Lo único que no hacía incómodo toda la comida, eran los comentarios de de Amatista. Que le provocaron una que otra sonrisa a Steven, y algo de felicidad a Perla. Hacía tiempo que no lo veía reír a su pequeño. Bueno el ya no era su pequeño a decir verdad. Era el pequeño de Lapis.

Daba la casualidad de que hoy era Viernes, y que dentro de poco comenzaría a caer, la inevitable fría y silenciosa noche, y para cuando eso sucediera. Perla ya estuviera camino a casa con Amatista. Y en la casa, solo quedarían el padre descuidado y el pequeño que miraba por la ventana, atento y esperando a algo o, a alguien.

Cuando vio a una mujer de cabello azul. Se sonrojo y con extremo cuidado y silencio salió de la casa. Solo para encontrarse con ella. Dándose un beso y abrazándose.

-Estaba dormido tu padre?.

-Si -el pequeño tomo una pausa y añadió -Si quieres vamos a mi cuarto, no creo que se despierte Lapis.

-Tenemos que tener cuidado. Estás seguro? -preguntó dulcemente la rebelde mientras un notable rubor se le dejaba ver.

-Claro. No Importa.

Y así pasó, no les importó. El padre yacía profundamente dormido en el sillón de la sala. Con televisión prendida y todo. Solo se escucharon unos ronquidos y el sonido de la televisión. Por lo que pasaron con facilidad, pero con cierta precaución aquellos dos. Está vez Lapis sería lista.

Los dos terminaron por llegar al cuarto de Steven. El pequeño cerró la puerta y la rebelde se sentó en la cama. Al terminar de cerrarla, Steven fue a la cama con Lapis, se acostaron los dos abrazados, y se miraron fijamente. El pequeño estaba rojo como tomate, y en sus ojos se veía brillo intenso y parecia que suplicaba algo. Lapis lo entendió con la pura mirada, y esto le provocó que sonriera. Ya sabía lo que quería. Después de unos segundos de silencio, la rebelde hablo.

-Quítate los pantalones.

El pequeño se sonrojó y asintió. Se los quito torpemente, sin dejar de ver el rostro de Lapis. La cuál sonreía levemente y estaba roja como un tomate.

-También los bóxers -agregó.

No hizo ningún gesto está vez, solo lo hizo.

-Te da vergüenza? -murmuró Lapis mientras se acercaba al cuello de Steven y lo besaba dulcemente.

-Algo -contestó con timidez.

Lapis lo beso con dulzura. Para que después le preguntará.

-Enserio quieres hacerlo?.

-Tu quieres? -respondió con voz apenada.

-Si... Si quiero, pero lo importante es si tú quieres.

-Si Lapis... Si quiero.

Ella sonrió y lo beso de nuevo.

•••

Se escuchaban las respiraciones agitadas de los dos, gemidos silenciosos y el sonido de besos cariñosos. La rebelde se quedaba quieta, mientras besaba a el pequeño, dejando que el se moviera a su gusto. Entraba y salía de su intimidad, mientras Lapis lo miraba, sonrojada a más no poder, como el pequeño se esforzaba y como su mirada se llenaba de Amor. También tenía esa expresión ella. Esa expresión de estar anonadada o anonadado de amor, donde uno no es consciente de su alrededor, donde las preocupaciones se esfuman y donde solo importas tu y tu pareja. En donde sin la necesidad de hablar se comunican por miradas y expresiones. Parecieran que estuvieran conectados, que a decir verdad lo están.

El pequeño sin dudas era el que jadeaba más, y más lo gozaba. Intentaba aguantar pero a cada metida que daba, su fuerza se le iba. La rebelde gemía una que otra vez y ayudaba a el pequeño con la labor que estaba haciendo, se movía con el de vez en cuando o lo agarraba normalmente a este y lo jalaba suavemente hacia ella. A veces se detenía por completo y miraba a Lapis. La rebelde lo miraba al igual y lo besaba. No le vieron el problema a lo que hacían, a pesar de la diferencia de personalidades y edad. Y a pesar de las demás adversidades que los amezaban con separarlos. En un año más, eso que hacían, sería oficialmente ilegal para Lapis y probablemente iría derechito a la carcel por eso. Pero en ese momento no lo era y estaban solos y juntos.

Llego el momento de la expresión de intensidad absoluta, de los últimos gemidos del pequeño y de la última vez que entraba a la rebelde. Vertió todo en ella. Y ella respondió con un beso cariñoso en la frente, para después abrazarlo.

Steven la miro y la beso de nuevo. Lapis se sorprendió, puesto a que él intentaba hacer más apasionado aquel beso. Movía su lengua con torpeza, pero mejor que las últimas veces. Provocando que la rebelde se excitara más. Al despegarse el pequeño, pudo ver la cara de su querida rebelde. Una cara sonrojada, vulnerable y linda. Uno empezaba a dudar, si esa era la temible Lapis, que todos respetaban.

-Luces hermosa.

Lapis escucho esto y se sonrojó de más. Le encantaba cuando Steven decía eso. No era a menudo por su timidez constante, pero cuando lo hacía. Provocaba que la piel se le pusiera chinita, su corazón latiera abruptamente y se quedará extasiada de felicidad. Ella reaccionó besando al pequeño con pasión. Era increíble lo que un chico de 13 años, le provocaba a una mujer joven de 17 años. Por tanto beso eufórico, lo termino tumbando a la cama, quedando ella arriba de el. Él respondió bien, no se sentía incomodado por eso, incluso se sentía bien y hasta feliz. Lapis inconscientemente tomó la iniciativa ahora. Besando intensamente los labios de Steven, su cara, su cuello y parte del cuerpo. El pequeño ya se encontraba eréctil de nuevo y la rebelde lo noto en seguida.

En esa misma habitación, habían hecho lo mismo, pero de una manera diferente y mala. Pero en momento de ahora, no lo era en lo absoluto. Simplemente expresaban sus deseos en sus cuerpos. Hasta el pequeño "inocente", besaba el cuerpo de la rebelde por momentos. Besaba lo pechos de ella y sus delicados hombros. Besaría su cuello fino y hermoso, pero a penas si lo lograba por la estatura.

Lapis introdujo el miembro del chico en su intimidad. Ella arriba de él se movió con rapidez, lo hacía casi con desesperación, hambrienta por el pequeño. Steven sentía fuertemente el placer, incluso llego a gemir un poco alto, por lo que la rebelde lo tuvo que silenciar con un beso. Si los encontrarán haciendo eso, ahora sí sería el final definitivo para aquellos dos tórtolos.

-Mírame Steven, déjame ver tu rostro -hablo jadeando, con rostro completamente rojo y con mirada casi perdida en placer.

El pequeño obedeció, igual con la misma expresión, pero con ojos cristalizados por el extremo placer que sentía. Al solo ver, el rostro de Steven, casi sufriendo por el placer. Provocó que Lapis se excitara todavía más. Pronto ella acabaría y el pequeño de igual manera. Lapis se movió con mucha más rapidez, y en su último movimiento. Beso a Steven intensamente. Acabando y silenciando los gemidos altos que lanzaron, para no despertar al padre del pequeño.

Lapis se quedó arriba de el abrazándolo, y Steven permaneció inerte por lo experimentado, a la vez de que la respiración de los dos bajaba a una normal y calmada. El pequeño todavía seguía adentro de la rebelde, y así se quedaron un rato más.

-Te amo -murmuró Lapis, mientras besaba el cachete del pequeño y acariciaba su cabellera.

-Yo también te amo -dijo Steven exhausto, mientras se limpiaba los ojos. Había lagrimeado un poco por la intensidad.

-Si, pero no más que yo -protestó la rebelde, a la vez de que lo besaba en los labios, y al separarse, regalaba un sonrisa cálida.

El pequeño respondió a la sonrisa e igual la beso. Era cierto, Lapis estaba loca por aquel niño, puede sonar extraño, pero era la verdad. Después de todo, así es el amor. No importa la edad, ni las distancias, simplemente importa el amor. Pero siempre seguirá la duda y el misterio, de la veracidad de eso. La única respuesta de esto, será el tiempo mismo y aquellos dos, que se encuentran abrazados amorosamente, acostados en esa cama y estando perdidamente enamorados.

Los dos hablaron toda la noche, se besaron y abrazaron. Lapis se quedó a dormir en la casa de Steven, y antes de que se levantara el padre de este. Los dos salieron arreglados de la casa.

-En que lugar nos encontraremos luego? -preguntó Lapis, mientras abrazaba a el pequeño e inclinaba su cabeza para verlo. Ella seguía siendo más alta que el, después de todo.

-Donde sea. No quisieras salir algún lugar, como al cine? -hablo Steven sonrojado.

-Por qué al cine. No estuviéramos muy expuestos ahí?.

-Si pero... Me gustaría hacer algo, como en las parejas de las películas -dijo mientras se adentraba más al abrazo y se sonrojaba más, por lo que mencionó.

Lapis río un poco. Habían hecho muchas cosas de adultos los dos, pero seguía con esa actitud inocente aún. Parecía un niño inexperimentado e ingenuo. Lo cual lo era, cabe aclarar que todavía, habiéndolo pervertisado un poco. Seguía a veces con su inocencia, la cuál le fascinaba a la rebelde.

-Entonces si. Somos novios después de todo no? -dijo mientras se sonrojaba.

El pequeño se puso rojo como tomate. Nunca se habían nombrado así hasta este momento, el pequeño se ponía nervioso, en solo pensar en ello, todavía después de todo lo que habían hecho, pensar que tenía novia era todavía más vergonzoso y especial para el.

-Somos novios? -preguntó apenado.

-Tu que crees? -al decir esto lo beso tiernamente, tubo que inclinar más la cabeza para lograrlo. Y al terminar de besarlo hablo -claro que somos novios. Unos novios bastante peculiares, pero novios al fin y al cabo.

-Eso me hace muy feliz -dijo esbozando una sonrisa.

Los dos se abrazaron por un rato más largo. El pequeño se paro casi de puntillas para besar a su rebelde, y la rebelde bajo la cabeza para besar a su pequeño. Era extraño ver a una rebelde como Lapis, tan cariñosa, y era extraño el ver a un pequeño como Steven, ser tan animado para besar y demostrar cariño.

Todo terminó con un beso y un "Nos vemos luego". Su despedida duró mucho más de lo que pensaron, ninguno se quería despedir del otro. Pero al final de cuentas lo hicieron.

Steven espero a que Lapis se fuera por completo, saliendo de la vista de este. Una vez ya solo, se preparó para entrar. Pero una voz lo detuvo.

-Steven...

Miro a la dirección de quién le hablo, y se quedó inerte al verla. "¿Vio lo de hace un rato?!. ¿Vio cuando Lapis y Yo nos despedimos y besamos?!"pensó con terror, mientras su corazón latía intensamente y un escalofrío recorría su cuerpo.