La historia me pertenece pero los personajes que aquí se presentan son propiedad de Stephanie Meyer, yo sólo los adapto en mi historia.

Capítulo XXIII

Capítulo beteado por: Pichi LG

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Bella POV

¿Charlie... mi padre?

De todas las locuras que me podían pasar en la vida, esta era, sin duda, una de las más inesperadas. En lo absoluto me arrepentía de saber que una persona como Charlie era mi padre, el problema radicaba en el tiempo que desperdicié por las malas fuentes de Renée al pedirle el divorcio. Había conocido a Charlie por alrededor de… ¿cuatro años? Y en ese tiempo me había dado cuenta de la maravillosa persona que era.

Sonará repetitivo, pero las mujeres Swan estábamos destinadas a cometer errores garrafales. El error de Renée había provocado que perdiera la oportunidad de convivir con mi padre.

Todos los años de mi vida odié al hombre que había participado en mi procreación, lo odié por deshacer a mi familia, lo odié por no quererme, lo odié por abandonarme pero, sobre todo, lo odié por hacerme odiarme. Sí, me había odiado a mí misma porque yo siempre creí que él se había ido de casa por mi culpa, una verdad del pasado que hoy en día se volvía una mentira.

¡Demonios, Charlie ni siquiera sabía que yo existía! ¡Él sólo conocía a Emmett! La frustración me invadía. ¿Cómo se lo tomaría Charlie? ¿Qué diría o haría él? ¿Me abrazaría? ¿Permanecería distante? "Él ya te acogió una vez, no es como si le fueras completamente indiferente" escuché la voz de mi consciencia en los recovecos de mi cabeza. Mi voz interna tenía razón, Charlie me había adoptado como si, de manera inconsciente, supiera que estábamos unidos. La sangre llama a la sangre, aunque ser una persona que dudaba de todos los pasos que daba era parte de mi naturaleza.

Por otro lado, estaba el cariño que sólo podían dar un padre y una madre, y que estuvo ausente desde mi infancia. Esme y Carlisle me había acogido como uno más de sus hijos pero aún después de esto, el sentido de pertenencia no estaba saciado. Las veces en que mi mente divagaba corrían pensamientos como: "Eres una intrusa en esa familia", "Jamás sabrás lo que es el amor y cariño entre consanguíneos". Mi mente atacaba mi parte sensible, la falta de amor desde pequeña había sido mi talón de Aquiles.

La desconfianza que parecía brotar de mí, llevaba tanto tiempo atormentándome que sería impreciso decir cómo y cuándo inició. Siempre me había molestado conmigo misma porque no podía entregar mi corazón por completo. Las dudas que Renée había implantado en mi cabeza eran inamovibles. Quería ser como la enérgica Alice, ella podía amar sin fronteras, podía confiar en las personas y entregar todo de sí misma.

—Bella, imagino lo que debe estar pasando por tu mente —atrajo mi atención Renée—. No sabes cuánto lamento todo por lo que te hice pasar... Charlie y tú se perdieron largos años de sus vidas por mi culpa —agachó la cabeza arrepentida.

—Desearía poder decirte que no importa, pero la realidad es otra —dije sin ningún ápice de recriminación—. Él ni siquiera sabe que existo —susurré mi gran temor.

—Y no sabes cuánto me culpo por ello, pero sé que él te quiere, Bella —respondió Renée a mis palabras, levantando sus ojos azules—. Charlie luchó por Emmett, pero fue una batalla perdida para él, yo moví todos mis contactos, hice que no le permitieran ver a su hijo —habló con remordimiento.

—Nos arrebataste a un padre y tú te negaste a ser mi madre —la miré directo a los ojos.

—Es por ello que quiero recompensarte —sus labios se movieron en un intento de sonrisa.

—Jamás me importó tu dinero —resalté lo obvio.

—Te conozco más de lo que piensas, Bella —Sus palabras me sorprendieron y sólo pude mantenerme callada—. Lo que quiero darte va más allá de cualquier cosa material —habló con lentitud—. Me enteré de tu enfermedad por medio de la información que consiguió el investigador privado, pero por desgracia, no pude hacer mucho. El dinero lo único que no puede comprar es la salud —Traté de entender el significado de sus palabras y, en el proceso, una idea se formó en mi mente.

—¿Conseguiste un donante? —No dejé que toda la esperanza y la fe se desbordaran en esa pregunta.

—Algo así —Sus ojos mostraron una batalla de sentimientos, la tristeza y la alegría revoloteaban en ellos. Sacudió la cabeza y suspiró antes de aclarar su respuesta—. Sabes que la probabilidad de caer en un coma permanente está latente, mi vida pende de un hilo. Es por ello que quiero que conserves mi corazón, como símbolo del amor y el arrepentimiento que siento —El aire salió con rapidez de mis pulmones, un jadeó resonó en la habitación como acto reflejo.

—No-o puedo aceptarlo —Negué repetidas veces.

—No seas terca, hija. Tu vida es más valiosa que la mía, hay personas que te necesitan, como esa pequeñita de cabellos de oro —Lágrimas caían por mis mejillas, la naturaleza humana era sensible; la mujer que tenía delante de mis ojos era la mujer que siempre había anhelado que fuera. No podía alegrarme por su muerte, sabía que me había hecho daño, pero el rencor se había esfumado, la lástima había ocupado su lugar. Esa mujer que yacía en la camilla era la mujer con la que había vivido por dieciséis años y, si bien no había sido la mejor madre del mundo, no podía odiarla.

¡Me sorprendía cómo había cambiado mi visión de las cosas! Las emociones negativas ya no estaban enterradas, ahora estaban fuera mi cuerpo, habían sido descarnadas. Aunque perdonarle sus errores no era tan fácil, podía darle un poco de paz a su alma escuchándola. Para perdonar, necesitaba tiempo.

Ella se estaba redimiendo de sus errores, pero darme su corazón no era la mejor forma de hacerlo. Sabía que muchas personas me necesitaban, pero algo me impedía aceptar su proposición.

—Isabella, sé que no tengo el derecho a pedir nada, pero acepta mi corazón, tú lo necesitas, Edward... Marie... Piensa en ellos, házlo por ellos, no por mí —Un nudo se formó en mi garganta. Renée me estaba dando la oportunidad de vivir, me estaba dando vida una vez más—. Piénsalo un poco, Bella, pero no demores mucho, el tiempo es lo que menos tenemos —terminó de decir.

Mi mente dejó de funcionar. No supe en qué momento llegué a la habitación, sólo salí de mi aturdimiento cuando sentí un pinchazo en mi brazo izquierdo. Sacudí la cabeza y puse mi atención en la aguja que traspasaba mi piel, observé a la enfermera que sacaba sangre de mi cuerpo, era una mujer joven de unos veintitantos, su cabello caía a cada lado de su rostro, estaba concentrada en su tarea, dejaba la sangre fluir a través del pequeño tubo de cristal.

—Sólo es necesaria una muestra, Srta. Lake. —Escuché la voz de Edward.

—Llámeme Amber, Dr. Cullen, somos de la misma edad —Su voz sonó nasal e hice un gesto de desagrado.

—No sería lo más conveniente —La voz de Edward no tenía ningún atisbo de desagrado, por el contrario, lucía amigable.

—Está bien, Dr. Cullen —Sonrió coquetamente—. Y... estaba pensando si... —dejó la frase inconclusa sin dejar de sonreír— usted... ¿Quisiera tomar un café? —¡Vaya, vaya! ¡Otra pretendiente! ¿Sería tan mala como Victoria? Fruncí los labios, esperaba que no fuera como ella, si no estaría de nuevo en problemas. ¿Qué había pasado con la enfermera que me había atendido antes? ¿Amber, como había dicho que se llamaba, sería mi nueva enfermera? Bufé.

El sonido de mi bufido atrajo la atención de Edward y de Amber que, al parecer no habían notado que había salido de mi estado de sopor.

—¡Bella! —gritó Edward—. Fue imposible sacarte de ese letargo —comentó mi chico de cabellos cobrizos. "¡Alguien está muy posesiva!" escuché mi propia voz en mi cabeza.

—¿Dr. Cullen? —llamó Amber, y sonreí con malicia cuando vi que Edward ya no le prestaba ni una pizca de su atención.

—¿Qué pasa? —Edward verificaba mis signos vitales.

—¿Qué dice? —preguntó indecisa Amber.

—¿Sobre qué? —Mi sonrisa se ensanchó y miré a Amber, quien ya tenía su mirada inundada de rabia posada en mí.

—¿Sobre ir a tomar un café? —Su respuesta no sonó tan segura, por lo que no pudo evitar que saliera como una pregunta.

—No sería lo más conveniente —repitió la misma frase que había recitado momentos atrás, sin dejar de evaluarme con su estetoscopio. Una carcajada salió de mi garganta, pero tuve que disfrazarla con una tos escandalosa ante los ojos furiosos de Amber.

—¿Te sucede algo, cariño? —cuestionó Edward preocupado. Amber gruñó antes de salir pitando de la habitación, y no pude retener la risa que brotó de mi garganta antes de su dramática salida.

—Pobre chica —susurré.

—¿Amber? —indagó Edward confundido.

—¿Quién más, torpe? —Rodé los ojos.

—¿A qué se debe tu lástima hacia ella? —cuestionó él con el ceño fruncido.

—"No sería lo más conveniente" —repetí su frase con una pobre imitación de su voz—. ¿Crees que eso es lo que una chica quiere escuchar cuando invita a un chico guapo a tomar un café? —le pregunté.

—Dejaré pasar tu comentario sobre invitar a un "chico guapo" —Me sonrojé por las palabras que había soltado mi subconsciente—. Yo creí que estarías feliz —habló Edward aturdido.

—¿Por qué estaría feliz? —Esta vez fue mi turno de mostrar desconcierto.

—Porque me negué a su cita —habló con sinceridad.

—No soy tu novia, Edward... puedes salir con quien quieras —Sentí una opresión en mi pecho, esas palabras dolían.

—Lo sé, pero eso es porque tú no quieres. —Su voz fue baja y su mirada denotó tristeza.

—No puedo ofrecerte nada —Agaché mi cabeza, pasé saliva ruidosamente, y sentí el agua salada emanar de mis lagrimales.

—No, no, no llores, Bella. —Edward me tomó por los hombros con delicadeza mientras hablaba—. No te lo estaba recriminando —Su voz fue lastimera—. Lo siento —susurró acercando su rostro al mío.

—Yo soy la que debería disculparse —Levanté mis ojos para ver los suyos—. Perdóname, Eddie, por todo el daño que te hice y por el que te haré —Mi voz se quebró, me acerqué más a él y recargué mi frente en la suya.

—Creí... —Se aclaró la garganta— Creí que aceptarías la propuesta de Renée —se alejó de mi rostro sin romper en contacto de sus manos en mis hombros.

—¿Tú ya lo sabías? —En ese instante todo encajó— ¿Por eso insistieron tanto para que hablara con ella? —indagué mirando sus orbes verdes.

—Sí, Emmet me lo contó y es por ello que te pedimos hablar con ella —La honestidad inundó sus palabras.

—¿Sabes que es cruel? —le reproché.

—¿A qué te refieres? —preguntó sin entender.

—Quitarle el corazón a Renée para dármelo a mí —Mi frase rebosó de ironía.

—No se lo quitaremos, Bella —El entendimiento llegó a Edward.

—¿Entonces qué haremos? —cuestioné mordaz.

—¡Para! —Edward se levantó de la cama rompiendo el contacto—. Nosotros no le mencionamos nada a Renée, ni siquiera sé cómo se enteró de tu enfermedad... —Dejó la frase inacabada, miró al suelo, y adiviné lo que estaba pasando por su mente… cómo es que Renée sabía que mi corazón tenía una falla.

—Ella me investigó —musité, evitando que siguiera quebrándose la cabeza por algo que él desconocía.

—¿Te investigó? —preguntó sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo él habló— ¡No, espera! Déjame terminar… A lo que me refiero es a que ella tomó su decisión sobre donarte su corazón, ella es realista, sabe muy bien que el golpe que recibió su cerebro provocó un coágulo en él y evidentemente, el coma regresará, pero cuando lo haga será un estado vegetativo irreparable, ella no podrá salir de él. Lamento si eso suena cruel, pero es la realidad, ella sabe que su batalla en esta vida está perdida, sólo quiere eximirse de sus errores, aunque ella no buscó que la perdones y olvides todo, sólo... Bella, ella te está dando su corazón, acéptalo, no seas obstinada —Terminó su pequeño discurso.

—Pero, Eddie... —las lágrimas que se habían detenido minutos atrás volvieron a brotar. Edward trataba de hacerme ver las cosas desde otra perspectiva.

—Bella, cariño, sé que sientes que no es lo correcto, pero no somos ni tú ni yo, los que elegimos donarte el corazón, Renée tomó su decisión —explicó Edward acercándose de nuevo a mí—. La última palabra está en ti, piensa mucho en lo que te dije, tómate este día para aclarar tus ideas —sugirió, puso su mano en mi espalda subiéndola y bajándola sin presión, sólo reconfortándome—. Si estás de acuerdo, hablaré con todos y les pediré que no vengan hoy —asentí. Era una buena idea, me daría tiempo a solas, para despejar mi mente. Edward besó mi frente antes de salir de la habitación.

Con el permiso del Dr. Clayton pude permanecer en el jardín del Hospital. Edward me llevó justo a un lado de un gran roble y me acomodó en una banca solitaria para poder meditar, para poder pensar en todo.

Los escasos rayos del sol eran absorbidos por mi pálida piel, no me había dado cuenta que en estos días había perdido un poco de masa corporal, mis brazos lucían escuálidos y mi piel blanca ahora estaba escasa de vitalidad. Suspiré.

Desearía tener la clave de la felicidad, desearía no tener problemas pero, sobre todo, desearía no tener esta enfermedad.

Si tan sólo fuera sencillo aceptar el corazón de Renée… ¿Estaba siendo testaruda? Lo que sentía en este momento era algo difícil de explicar, deseaba mucho tener ese corazón, pero era el corazón de Renée, no le quitaría su órgano vital. Sería como si la asesinara. "¡Ella está muriendo!" Gritó la voz más recóndita de mi mente. Sacudí mi cabeza, levanté mis piernas con lentitud y cuidado, y las abracé, puse mi mentón sobre la cima de mis rodillas y cerré los ojos. El viento sopló con delicadeza, mis cabellos se sacudieron un poco, el silencio que había permanecido desde mi llegada se rompió con mis sollozos.

—No puedo —gimoteé.

Una mano se posó en mi hombro por detrás, no fue necesario abrir los ojos para saber quién era, mi cuerpo reconoció el contacto y lo demostró con un ligero temblor.

No abrí los ojos, me mantuve quieta, sólo escuchando como Edward caminaba aplastando las hojas secas, hasta darle la vuelta a la banca y sentarse a mi lado, me atrajo hacia él.

—Aquí estoy —susurró con su voz de terciopelo.

Esas fueron las únicas palabras que pronunció Edward durante el tiempo que estuvimos ahí, sólo necesité de su presencia para sentirme confortada.

Mis pensamientos volvieron a la mujer que me había dado la vida, la mujer que ahora pedía mi perdón y me entregaba su corazón.

¿Qué debía hacer? Una idea surgió de pronto.

—Edward —le llamé abriendo los ojos en el proceso, lo primero que vi fue el verde pasto.

—¿Qué pasa, Bells? —Sentí su mirada sobre mí, mi vista subió hacia el horizonte.

—¿Qué pasará si acepto la propuesta de Renée? —Mi voz salió ronca, así que carraspeé.

—No te entiendo, es claro que si aceptas, haremos el trasplante —habló dudoso, pero yo negué.

—No, no me refiero a eso. Si yo acepto, ¿qué haremos? ¿Esperar a que Renée entre en coma? O peor aún, ¿a que muera? —pregunté de manera directa, con palabras saturadas de cinismo.

—Sé que si lo pones de esa manera suena como algo inhumano, pero es exacto lo que haremos. Bella, tú más que nadie sabe que los médicos no se deben dejar guiar por las emociones. Cuando Renée entre en coma, será como si estuviera muerta clínicamente, en ese momento haremos el trasplante, nuestro deber es procurar la salud de las personas —Su voz estaba ausente de alguna emoción.

—¡Será como si la matara! —grité desesperada, mientras el llanto me visitaba.

—Tranquila, cariño, no puedes alterarte —pidió Edward temeroso—. Ya te lo he dicho, ella tomó su decisión, el trasplante puede hacerse en esas condiciones, su salud es grave, aunque no lo haya aparentado mientras habló contigo. Cuando recién despertó, ella decía palabras sin sentido, su cuerpo ya no puede sentir el dolor, sus movimientos son limitados, ha perdido algunos actos reflejos —explicó.

—Pero… le arrebataré su vida, no sabemos qué pueda suceder si no se realiza el trasplante… Es probable que ella se recupere y pueda seguir su vida —argumenté con voz llorosa.

—Bella, ya te he dado el diagnóstico, comprende que sus probabilidades son nulas, el accidente que sufrió es irreparable… Comprende, Bells, no podemos esperar demasiado tiempo, no podemos esperar semanas o meses después de que el coma regrese —trató de razonar Edward.

—Pero podemos esperar por tener otro donante. —Edward negó.

—Ese es otro problema, tu tiempo es corto, cariño. No puedo sentarme a esperar y ver como el tiempo se agota, no puedo perderte —Deshizo el abrazo y acunó mi rostro con sus manos—. No podemos aguardar por un donante, la lista de espera es larga; en este mismo momento hay personas que están aún más graves que tú y, por tanto, si en esta semana encuentran algún donante no te lo darán —Sus ojos mostraron vulnerabilidad, mis ojos, que aún continuaban derramando lágrimas, se cerraron.

—No puedes dejarme —susurró Edward. Sentí su aliento en mis labios e, instintivamente, moví mi rostro hacia adelante buscando el suyo. Cuando nuestros labios se encontraron, se movieron lentamente, sentí la suavidad de su boca sobre la mía, el sabor de sus labios se impregnaba en los míos, me acomodé mejor, pero no encontraba una posición cómoda, y Edward captó mi conflicto, así que alejó sus manos de mi rostro y las llevó a mi cintura, me levantó en vilo y me sentó en su piernas. Nos separamos un segundo antes de volver a iniciar ese hermoso baile de los labios de dos amantes, el beso que había empezado delicado fue llenándose de desesperación.

Era esa desesperación que sientes cuando sabes que puedes perder lo que tienes en cualquier momento, era desespero combinado con impotencia. El único pensamiento que me invadió y que llenó cada rincón de mi cabeza fue:

No puedo perderlo.

La claridad llegó a mi cabeza, un sollozo me hizo romper el contacto con Edward. El beso fue como si fusionara nuestras mentes, él sabía que había tenido mi revelación, así que sólo me sostuvo.

Cuando el llanto me agotó y el día fue cayendo, Edward me devolvió a la silla de ruedas y me llevó a mi habitación; una vez ahí, me acomodó de nueva cuenta en la cama del hospital, besó mi frente y me tapó con la delgada sábana blanca y la manta azul que Esme me había traído en su última visita.

Edward dejó que me acurrucara antes de tomar mis manos entre las suyas. Lo último que vi antes de caer en un profundo sueño fueron sus hermosos ojos verdes rebosantes de esperanza y cansancio.

Una niña caminaba descalza por un parque vagamente conocido, la pequeña con vestido blanco avanzaba hacia los columpios. Yo la seguí. Caminamos un pequeño tramo antes de que una mujer de cabello castaño apareciera en el escenario, lucía idéntica a la niña, sus pies libres de cualquier calzado. La mujer ayudó a la niña de rulos cafés a subirse a uno de los columpios, y yo era la espectadora en esa escena. La pequeña se divertía, como cualquier otro niño de cuatro años.

La niña decidió que había pasado suficiente tiempo en el columpio así que de un salto bajó de él y corriendo se encaminó a otro juego cercano, pero su cometido se truncó cuando tropezó con sus pies y cayó de rodillas al suelo, la mujer que la seguía de cerca corrió a auxiliarla, y yo hice lo mismo.

Debes tener más cuidado, bebé —dijo con voz maternal la mujer, su voz era tan parecida a… Renée. Cerré los ojos, sacudí la cabeza y los abrí de nueva cuenta, pero ya no estaba en el mismo lugar, era como si me hubiera transportado, ahora era yo la que estaba tirada en el suelo, la mujer tomaba mis manos, subí la vista y me encontré con unos ojos azules, y un rostro que me sonreía.

¿Mamá? —esa palabra sonaba extraña saliendo de mis labios, no recordaba haberla usado nunca.

Perdóname por todo —Esa mujer en el cuerpo de Renée desplegaba un aura tranquila, en armonía y paz—. Te quiero, Bella —Besó mi mejilla, se levantó con destreza, y empezó a caminar.

¡Mamá! —empecé a llamarla, pero mis gritos fueron perdiendo fuerza, todo empezó a disolverse, era como un hermoso cuadro cuya pintura se escurría, el escenario desapareció dejando detrás de él, un lugar oscuro. El miedo envolvió mi cuerpo y cerré mis ojos con fuerza.

Abrí mis ojos pero, de nuevo, todo había cambiado, me encontraba en la habitación del hospital. Giré mi cabeza y observé a Edward dormido en el sillón largo que estaba pegado a la pared. Dejé que continuara durmiendo y, para distraerme, llevé mis ojos al paisaje que se extendía detrás de mi ventana. El sol empezaba a asomar, los árboles se mantenían quietos, como si aún estuvieran dormidos, y el cántico de los pájaros era el único sonido que llenaba la habitación.

Pasados unos segundos, tomé una decisión. Comencé a levantarme sin hacer ruido y moví las telas que me cubrían, no sabía que tanta fuerza tenía en las piernas pero decidí probarlo y bajé de la cama apoyándome en ellas, sólo que no creí que la fortaleza fuera tan poca por lo que no pude prevenir que estas se doblaran. Pero la caída jamás se presentó porque los brazos varoniles de Edward me habían atrapado a tiempo. Subí mi cara avergonzada.

—¿A dónde se dirigía, señorita? —dijo Edward juguetón. Solté una de mis manos que había tomado el brazo de Edward como apoyo e hice un puño de ella, en seguida golpeé su pecho con poca fuerza.

—Suéltame —Lo miré mal, lo que sólo provocó la risa de Edward.

—No creo que desees eso —Se agachó y presionó sus labios con los míos un instante antes de separarse—. Buenos días, gruñona —saludó.

—Suéltame, patán —resoplé, y él volvió a reír. Me tomó de la cintura y, sin hacer ningún esfuerzo, me levantó sentándome en la cama.

—¿Me dirás a dónde ibas? —preguntó cambiando su rostro de diversión a uno más serio.

—Yo iba… —hice una pausa, relajándome—. Yo iba con Renée —terminé, y él asintió. Se separó de mí y caminó a un extremo de la habitación. ¿Qué había dicho para que actuara así? No fue hasta que lo vi tomar la silla de ruedas que comprendí sus acciones. Sin decir nada, me sentó ahí y empujándola fuera de la habitación me guío por los pasillos hacia el lugar donde se encontraba Renée.

No quería pensar en lo que iba a decir, no quería pensar en nada, así que mantuve mi mente en blanco hasta que estuvimos fuera de la puerta del cuarto de Renée.

Pero antes de que cualquiera de los dos pudiera pronunciar alguna palabra, escuchamos unos pasos presurosos, giré mí vista hacia el lugar de donde provenía el sonido, y cuando lo hice observé la carrera que emprendía un doctor y un par de enfermeras. Todos ellos corrían en nuestra dirección, fruncí el entrecejo… ¿Qué estaba sucediendo?

Edward, que había reaccionado, movió la silla de tal modo que no resultara un estorbo para esas personas. Esperamos a que pasaran a un lado de nosotros, pero eso jamás sucedió, el doctor y las enfermeras ingresaron por la puerta que teníamos frente a nosotros. Levanté la vista y miré el número de la habitación para rectificar que fuera la de Renée, sí lo era… el pánico me hizo respirar con dificultad.

Sin aviso previo, me adelanté con la silla y la abrí, la escena que me recibió resultó escalofriante. El médico estaba reanimando a Renée, su cuerpo se impulsaba hacia arriba a causa de la corriente eléctrica que recibía. Emmett estaba en un rincón de la habitación con una de sus manos en su pecho, su rostro pálido expresaba el miedo que debía estar sintiendo; una enfermera trataba de sacarlo pero Emmett no lo permitía.

Edward, que no me había detenido hasta ese momento, me sacó de ahí y sin demorarse un minuto más, se acercó a Emmett para hacer lo mismo. Mi corazón empezó a golpear mi pecho, me sentía indefensa porque aún, después de todo, estaba dispuesta a perdonar a Renée y ahora no podría hacerlo.

Las palabras "Te perdono" se quedarían estancadas en mi garganta.


Hola chicas, aquí les traigo un capítulo más, ya estamos a SOLO UN CAPÍTULO DEL FINAL.

Espero puedan dejarme su opinión del capi, ¿Les gusto? ¿Siguen odiando a Renée? ¿Creen que Bella está siendo obstinada?

Agradecimientos para todas ustedes, mis lectoras, y para mi querida beta, Pichi, por todo su apoyo.

¿Algún review?

Ale Cullen Diggory, Aliena Cullen, Angie Cullen Lutz, Coleccionista de historias, Danny Fer D' Rathbone, Estteffani Cullen-Swan, FaNyGE, ISACOBO, Judith Cullen, Karina Masen, KaryBella13, Lizzy Marez, Mrs. Cullen-Grey, Naye15, Nicolepattzsalvatorebieber, Sylvi Pattinson, Tata XOXO, Vbarby, carmen cullen93, covaric, go4RK, jovipattinson, kathe masen, marian24, mirylion, nadia0290, oliviaswan, saffuran, syuuki06, tamara1986, AnaMa9507, AzuMar, Haunted Winston, Marcela Preisser, Nadeshiko Amamiya Masen, Rokris, Saarai Cullen, VimCullen, gleri, katyms13, keibi, nini18, sinemeg, yasmin-cullen, soemidemanuelacero, yolabertay, Eli Val, alevisacullen, doryycullen, itzamara, Eidy swan, Pili Cullen, anitatita, stewpattz, Alexz Darcy Black, Pandicornio, Vanerk II, KarCha2114, yessieth cantu, ela fordyce, lauraxgonzalo, manu bebes, maribel hernandez cullen, nadiarc22, stewpattzz, CkampaNaCullen, YessBarrios, SteFi-Art, Lillian Ortega, JCullen Swan, marilu11, tay la chica lobo, Elizabethmasencullen16, natzin ortegaarmas, cariz10, VHICA, caro508, tifany, grisii2410, lupita-jely-C, Ratoncilla, RkStellaCubas TwilighterLove, Rommyev, alinee beree, bbluelilas, bethi galindo, karly98, Lyzz Cullen, Heart on winter, thequeenredforever, Tita Moon, Robmy, bella-maru, Suu Cullen, AliceSanzCullen, indii93, tafranzavi, Herms Marlfoy Granger, MoreVal, roxana garciarivera 5, nathy montes 1, semivampiro, tinker vane, bbluelilas

Nos leemos.

G.