Hola, aquí está de nuevo Sombras de la Noche, con un nuevo capitulo. Esto ya va llegando a su final y las cosas ya se van a ir solucionando. Hoy no me entretengo mucho que me quiero poner con el siguiente capitulo, jajaja, que ya viene lo facil porque tengo esa parte pensada y requetepensada, jajaja. Solo agradeceros por leer este fic, a todos tanto si dejaís reviews como sino, domo arigato. En cuanto a los reviews, decir que ya acabé los examenes, por eso he vuelto a escribir y que si he tardado es porque tambien he estado con la web de las Mamochas (q no se hace sola). Serenity,KIRA MOON, Saly-Luna, Pinkymex, Isabel, Jaz021, Kaoru himura t. Alice Pastén, lorena, Usako Suyi (Suyi yo no pego a nadie, mayor mente porque soy poca cosa y me aplatan como una pequeña hormiguita, jajaja), Angie Bloom, Ydiel, Acron y Sere Chiba, domo arigató por vuestras palabras, me alegra que os haya gustado el capitulo y espero que este también. Bueno a todos en verdad, tambien queiero desearos suerte a los que habeís estado y estaís de examenes, que no suspendáis ninguna. Y ahora a leer, me despido¡¡Mata ne!!!

Tan pronto como salió del dormitorio de la princesa Serena, Diamante comenzó con los preparativos de la boda. Las prisas por conservar el trono, así como de poseer a Serena, eran enormes. No es de extrañar que de ese modo en menos de dos días todo estuviera preparado para el "feliz" acontecimiento. El mismísimo Diamante había sido el encargado de anunciarle a Serena que la boda tendría lugar tan pronto la caída de la noche llegara al día siguiente. La Princesa se asustó por el tono que había utilizado a decirle esas palabras. Los nervios impidieron que Serena conciliara el sueño, durante toda la mañana (que para nosotros sería la noche) no paraba de pensar en lo que acontecería cuando el sol se ocultara y diera paso a la luna, su vida se convertiría oficialmente en un infierno, pues estaría casada con el mismísimo demonio. En el palacio solo se podía escuchar el silenció, el mismo silencio que precede a toda gran catástrofe, y el mantener a Diamante como Rey ya era en si una catástrofe. Ningún miembro del Clan se atrevía hablar por temor a decir algo impropio, no estaban dispuestos a recibir ningún castigo, porque de todos era bien conocidos los castigos que Diamante ordenaba.

Una vez entrada la tarde una decena de criadas, acudió a la alcoba de la novia. Algunas abrieron las cortinas de la habitación permitiendo así paso a los últimos rayos de sol, mientras que otras marcharon a prepararle el baño. Otras prepararon el ajuar para la ceremonia, entre las cosas que conformaban el ajuar se encontraba el vestido de su madre, un devolución "amable" de su futuro esposo, aunque Serena fue incapaz de sentir felicidad por tenerlo de nuevo entre sus manos, quizás alivio, pero no felicidad, pues ese mismo vestido sería el que iba a lucir en el peor día de su vida, o por lo menos por el momento. Como venía siendo habitual, rechazó el alimento que una de las doncellas, algo entrada en años y en carnes, le había ofrecido. Como una autómata pasó directamente al baño, donde las sirvientas nada más verla la desprendieron de su camisón y casi ellas mismas la meten en el agua, y digo casi porque se metió ella sola, aunque no muy consciente de ello. Su mente estaba en otro plano astral, dimensional o en cualquier lugar que no fuera su cabeza, de lo cual se valieron las otras mujeres para lavarla, el cabello, las uñas, los oídos…. Todo tenía que estar reluciente para la ceremonia, tanto a pecho se tomaron su tarea que por casi sacan brillo a la pobre princesa. Cuando salió del agua la piel de Serena estaba tan arrugada como un garbanzo, casi parecía a una de esas ancianitas humanas que vio en la aldea próxima de su castillo en España. Todavía se preguntaba porque diantres tuvo que haber salido aquel día, su primo le había contado que el mismísimo General de la guardia Malfoy había sido quien la había visto y delatado a Diamante. Quizás si ella no hubiera salido ese día su paradero aun sería un misterio, no estaría apunto de casarse con Diamante, estaría con los suyos, bueno aunque en teoría también estaba con los suyos pero ella no lo sentía así. Y Endimión no habría resultado herido de gravedad, ella esperaba y rogaba por que él se recuperara por completo, tenía que hacerlo para combatir contra la ira y el odio que Diamante tenía contra él. Ni siquiera se inmutó de su aspecto demacrado cuando se sentó frente al espejo, sus ojos veían pero no miraban, podía ver como una criada secaba su larga cabellera, mientras que por detrás veía a otras hacer la cama, pero su mente no procesaba la información¿Pero como iba a hacerlo si esta se había idote viaje? Media hora después estaba completamente lista, su pelo seco y recogido en un extraño moño, su cansado rostro se oculto gracias a maquillajes, mientras que su delgado cuerpo estaba recubierto por el precioso vestido de su madre, pero aun así no salió del trance. Tuvo que ser su propio primo quien la sacara de él. Sammy fue el encargado de ir a recoger a Serena para llevarla a la ceremonia, todas las mujeres al verlo, se marcharon de la habitación dispuestas a buscar algún rinconcito desde el cual no perder ningún detalle de la boda. El joven vampiro se quedó pensativo mirando a su prima, viéndola ahí parada, con el rostro que reflejaba la más pura angustia, pensaba en todas las enseñanzas de su madre, esas que como por ejemplo no existen las coincidencias solo lo inevitable, todo tiene un significado en esta vida, o lo que tenga que pasar, pasará; ¿Pero que es lo que tenía que pasar? Se sentía un desgraciado por no haberla protegido mejor, por no haber visto venir la maldad de su soberano, por haber pensado que de verdad Diamante le daría el trono a Serena tan a la ligera. Nuevos momentos se acercan, dijo su madre, y era cierto la nueva tiranía se aproximaba con paso muy firme.

"Serena, ha llegado la hora" anunció Sammy.

Ella no contestó, sino por el contrarío desvió la mirada hacía el otro lado de la habitación, y cabeceó su cabeza en señal afirmativa.

"Me gustaría hacer algo para poder cambiar esto, pero no puedo"

"Lo sé primo, no tienes que reprocharte nada. Si aquí hay un culpable de esto soy yo. Dejé que mi orgullo venciera a mi razón, y ahora me arrepiento de ello, y no solo por mi"

Serena se llevó las manos al vientre, como intentando proteger a su retoño.

"¿Cómo piensas hacer que no se entere que es hijo de Endimión?"

"Tendré que rogar para que me crea, puede que para cuando pudiera darse cuenta de la verdad, esté viuda"

"Ojala" apoyó el varón.

Guardaron silencio durante un buen rato, cada cual pensaba en lo suyo. Al cabo de unos minutos Sammy le ofreció su brazo a la Princesa, el cual aceptó, y muy despacio descendieron hasta las catacumbas donde se celebraría el enlace.

Por su parte Diamante estaba ansioso, pronto muy pronto Serena sería suya y el clan también. Todo estaba yendo mejor de lo esperado, salvo el intento de violación que solo fue un intento y no pudo llevarlo a cabo, lo que hubiera dado el por adentrarse en el interior de esa mocosa. Ella era su victoria, él había conseguido arrebatársela a Endimión como décadas atrás Endimión se la arrebató a él, que dulce era la victoria, y un lo sería más cuando la tuviera en su cama. La sonrisa cínica y poderosa se pintó en el rostro del Monarca, desapareciendo las muestras de enfado por la ausencia del mejor de sus hombres, lo quería vigilando, pero él se había ido a hacer no se que viaje de inspección, había comentado uno de sus subordinados. Tuvo que conformarse con sus guardias mediocres para tal cometido, además aun estaba su hermano, Zafiro era bastante bueno, no tanto como él… pero era mucho más que decente, la guardia se encontraba en la planta superior y alrededores, mientras que su hermano estaría en la celebración. Zafiro no solo actuaría de guardia, sino que también había sido el elegido para oficiar la unión, pues era un miembro del consejo, y estos junto a los lideres de los clanes eran los únicos permitidos para celebrar la uniones. Los dos hermano vestidos con su mejores galas (Como si fuera un uniforme de gala), se encontraban frente él altar de piedra negra, sobre el una bandeja de oro con todos los útiles del ritual de la unión, una daga de oro adornada con los más perfectos Rubíes, al lado un cáliz ceremonial confeccionado con los mismos materiales que la daga. También se podía encontrar una pequeña bolsa de terciopelo, que no contenía otra cosa que los colgantes de unión, unas cadenas de plata de la cual colgaban unos diminutos frasquitos de cristal. Los miembros más revelantes y de mayor prestigio del clan se encontraban sentados en unas sillas que habían sido colocadas para ellos, el resto se tenían que conformar con ver el acto de pie, pero aun pese a esta distinción de trato, todos se volvieron al sentir la energía de Serena. Ella había llegado del brazo de Sammy, y al verla la sonrisa de Diamante aumentó aun más si cabe. Llena de dignidad y no dispuesta a mostrar debilidad ante el que en breve se convertiría su marido, la Princesa avanzó a paso firme y decidido. Enseguida llegó al lado de su futuro esposo, pero prefirió ignorarlo y centrar su atención en Zafiro, el cual tuvo que morderse el labio para contener su sonrisa, es por eso que decidió comenzar con el rito de unión.

"Como ya sabéis, hoy es un día muy especial para nosotros los Malfoy, nuestra Princesa heredera ha elegido a nuestro monarca como esposo. Es un día muy importante porque con esta unión, nuestra familia Real vuelve a estar con nosotros." Habló el joven miembro del consejo. "Comencemos"

Dicho esto cogió la daga de oro entre sus manos, y se dirigió a su hermano.

"Diamante tu muñeca"

El hombre le entregó la muñeca a Zafiro. Este la descubrió un poco e hizo una incisión sobre la piel, provocando que la sangre manara inmediatamente. Sin tiempo a desaprovechar nada, Zafiro dejó la daga y tomó el cáliz poniéndolo justo debajo de la muñeca sangrante, recogiendo la mayor cantidad de sangre posible. Cuando ya tenía suficiente soltó el brazo de su hermano, así como la copa de oro y rubíes y tomó de nuevo la daga.

"Serena es tu turno"

La joven vampiresa, no respondió tan súbitamente, por el contrario se tomó su tiempo, su mente funcionaba como los ordenadores, que cuanto más cosas almacenan más lentas van. Entre los asistentes empezaron los cuchicheos, todos preguntándose como es que la Princesa no seguí con el ritual, tachándola de vulgar…. Pero ella acabó levantando su brazo y aproximárselo a su primo para que siguiera con su labor. Zafiro tomó su pequeña muñeca entre sus manos, colocó la daga sobre la blanquecina piel de la muñeca y antes de proceder con el corte observó a su prima. Por primera vez se dio cuenta del aspecto que tenía, muy a pesar del maquillaje que llevaba. Porque aunque maquilles tu rostro nunca puedes maquillar tus ojos, y los ojos de Serena reflejaban tristeza, agonía y temor. Zafiro sintió compasión por ella, pero tenía que ser leal a su hermano, procedían de la misma sangre y los hermanos siempre se apoyan, eso le había enseñado su padre.

"Zafiro, continua" exigió el monarca.

Diamante se estaba empezando a impacientar con tanta pausa, tenía ganas de acabar cuanto antes y llevarse a su esposa a su habitación. Una idea que no había agradado a Esmeralda, de hecho nada de lo que estaba ocurriendo era de su agrado. Pues estaba viendo como su sueño de casarse con Diamante y gobernar se iba al garete por culpa de una princesita oportunista. Se negaba quedar relegada a la amante, ya no sería tratada como señora, algo que había sido habitual hasta el anuncio del compromiso de Serena con Diamante. La odiaba y tenía la sensación que acabaría odiándola mucho más.

"Claro" respondió el oficiante.

Apretó un poco más la muñeca de su prima y se dispuso a herirla para extraer su sangre.

"Yo que tú no lo haría"

Se trataba de Endimión, que junto con la mitad sus hombres habían llegado a tiempo para salvar a Serena de las garras de Diamante. Todos tenías las armas preparadas, arcos o espada daba igual, después de todo todas tenían el mismo cometido.

"¿Endimión?"

Serena no podía creer que hubieran ido a salvarla y que además hubieran entrado en el castillo como si nada. Y lo que más le sorprendía es ver a Endimión aparentemente sano.

"¿Cómo demonios habéis llegado hasta aquí?" preguntó muy enfadado el dueño de la fortaleza.

Endimión no pudo evitar sonreír antes de contestar de manera un tanto chulesca

"Tengo mi propios métodos"

Diamante estaba que no cabía en sí de rabia, casi se podía ver como le salía el humo por las orejas. El resto de los Malfoy no sabían muy bien que hacer, si asustarse de tener el enemigo en casa o por el contrario alegarse.

"Marchaos"

La voz era la de Zafiro, pero en vez de dirigirse a los intrusos como era de esperar, se dirigió a los suyos, algo que sorprendió a todos.

"¿Qué diantre crees que estás haciendo?" pidió su hermano, mientras que veía como su hermano se marchaba.

"Esto es una lucha entre Endimión y tú, no metas a más inocentes en el medio. Resuélvetelas tu solito, HERMANO" le respondió mostrando un carácter desconocido, y que en los últimos pares de día había comenzado a aflorar.

Viendo que Zafiro se disponía a marcharse, el resto del clan, lo imitó. El pequeño de los hermanos tomó a su prima del brazo y se la llevó. Justo cuando pasaron por al lado de los Romanus Serena se quedó parada viendo a Compañero, a su autentico Compañero. No quería marcharse de allí, quería estar con él ver lo que pasaba, pero su primo no pensaba lo mismo, y la jalaba para marcharse de ese lugar, Sammy también estaba allí para apoyarlo. Ella protestaba, pero fue callada por el mismísimo Endimión.

"Vosotros también marchaos, esto es algo que tenemos que resolver entre nosotros dos"

"Pero Endimión tu sigues herido" le recordó Zocite, pues no quería dejarlo solo ante tal situación.

"He dicho que os marchéis"

Todos obedecieron muy desganados, ninguno pensaba que el dejar a su Rey a solas con Diamante podía traer algo bueno.

"Y vigilarla" fue lo ultimo que dijo a sus hombres y a los primos de Serena, sin ni siquiera volver. Tenía la mirada fija en su adversario.

"Parece que esta va a ser nuestro ultimo enfrentamiento. Es una pena, porque era divertido ganarte, tendré que buscarme a otro" Comentó Diamante con aires de superioridad una vez que ya se encontraban a solas.

Endimión se sumó al juego de su adversario y dijo con sátira "Veo que tienes mucha confianza de que vas a derrotarme"

"¿No lo hago siempre?" el tono de Diamante cada vez era más burlón. Su ego inflado pesaba demasiado como para estarse cayado.

"No siempre"

El líder del los Malfoy sacó la espada de su funda y atacó a Endimión, con todas sus ganas, lo odiaba y estaba dispuesto a acabar con él. Pero Endi no estaba dispuesto a dejarse vencer así como así, estaba dispuesto a pelear hasta el final y acabar con su adversario. Justo cuando Diamante estaba dispuesto a clavar en el su arma, el líder de los Romanus alzó su brazo bloqueando así la hoja de plata (en realidad es de acero pero bañada en plata para que sea efectiva contra los vampiros). Forcejearon durante unos momentos hasta que al final, gracias a un fuerte impulso de los brazos de Endimión se separaron.

Mientras que estos dos luchaban, Serena era llevada lejos del lugar escoltada por sus dos primos. Nada más subir las escaleras que llevaban a la planta principal, comprobó que había un gran gentío, la planta entera estaba repleta algo que era muy extraño pero aun lo era más ver que esas personas eran tanto del Clan Malfoy como Romanus. La princesa siguió dejándose llevar por Zafiro, el cual la llevo a su pequeño estudio y la dejó a cargo de Sammy, mientras que solucionaba unos asuntos.

Tras asegurarse que su prima no se iba a escapar, Zafiro fue en busca de Malaquita, no se extrañó al encontrarle en compañía de Marius y Kent Romanus, así como los tres Generales que había acompañado a Endimión.

"Primo, por lo que veo no tardasteis demasiado en entrar en contacto con lo Romanus" comentó el hermano pequeño de Diamante

"Aunque yo no hubiera salido en su busca, ellos habrían llegado igualmente pues venían a por la Princesa" informó el general.

"Sí pero habríamos tardado más sin duda. ¿Pero decirme donde se encuentra mi hija?" habló Marius deseoso de estrechar a su pequeña entre sus brazos.

"Se encuentra descansando, se encuentra sana, salva y soltera." Lo tranquilizó Zafiro.

"¿Por qué hacéis esto?" preguntó Kent con curiosidad "Nos odiáis"

"No hago esto por vuestra gente, sino por la mía. Serena es tanto princesa vuestra como nuestra y es por ella por lo que hacemos esto"

"¿Aun a sabiendas que eso signifique la muerte de su hermano?" esta vez el que preguntó fue Andrew.

Malaquite por su parte estudiaba a su primo, el sabía el fuerte respeto que este procesaba a su hermano mayor. Y también conocía que esta situación no le era nada fácil para él, el deber de sacrificar a su hermano para el beneficio de todos los suyos.

"El no hubiera dudado en hacerlo para conseguir sus objetivos ¿Por qué debería yo hacer lo contrario? Diamante es…. Todo será mejor sin él"

Nadie pudo decir nada más porque tan pronto como Zafiro acabara de hablar, un miembro de la guardia llegó corriendo en su busca.

"Señor la Princesa ha bajado de nuevo a la Cripta"

"¿La has dejado sola?" preguntó sorprendido ante tal noticia el general de los Malfoy.

"Nooooo, dejé a Sammy con ella, estaba cansada no pensé que sería necesario más hombres" se defendió Zafiro.

"Con mi hija siempre son necesarios más hombres"

Tras decir esto Zafiro, Malaquite, Marius, Kent, Andrew, Jedite y Zosite fueron corriendo es su busca.

Serena había prometido quedarse en el estudio tranquila hasta que Zafiro regresará. Y lo hubiera hecho de buena gana sino fuera porque Endimión estaba en peligro. Desde que él y sus hombres habían llegado al castillo, Endimión había ocultado su energía, primero para no delatar su presencia y luego para no preocupar a Serena. Durante todo ese rato ella había permanecido ingenua a lo que estaría ocurriendo allí abajo, pero algo había pasado que había hecho que Endimión descuidara ese cerrojo a su energía, y ahora Serena podía sentir cual débil se sentía. Y es que la herida que Diamante le había causado en su anterior rencuentro había tenido una considerable gravedad, pues la plata a la vez que actuaba como anticicatrizante, también era una especie de venenos para su sangre, y había estado más muerto que vivo cuando sus amigos lo llevaron a casa. Tardaría meses en que su cuerpo eliminara por completo las toxinas de la plata, aun así Endimión había decidido combatir y ahora lo estaba pagando. Cuando Serena alcanzó el lugar donde los dos hombres se encontraban, se topó con que Endimión se encontraba tumbado en el suelo. Con el bazo que blandía la espada un poco más levantada para interceptar el ataque de su oponente que se encontraba medio tendido sobre él. La Princesa sentía el impulso de abalanzarse sobre Diamante para liberar a su amado, pero no podía hacer eso, era una idea estúpida, al igual que las muchas otras que se le estaban pasando por la cabeza. Fue entonces cuando Sammy consiguió alcanzarla que algo cogió su ojo, algo brillante, plateado…. Una daga, una que perteneciá a Endimión y que en un momento dado había sacado para utilizar pero no le debió servir de mucho porque estaba olvidada. Sin dar ocasión a que su primo la detuviera, Serena corrió a por ella, ninguno de los dos combatientes se percataron de su presencia hasta que Serena había clavado el puñal a Diamante por la espalda, tanto empeño puso en ello que llegó a clavarle parte de la empuñadura. La herida fue certera y mortal, la plata de la hoja entró en contacto con el corazón de Diamante provocando su muerte inmediata. Endimión se encontraba sorprendido de que se encontrara allí, pero también enfurecido y agradecido, algo que no era para menos teniendo en cuenta la posición en la que se encontraba. Estaba completamente exhausto, su cuerpo entero le dolía, aun así reaccionó cuando vio que la Princesa se caía al suelo desvanecida. Se quitó al muerto de encima, y de rodillas en el suelo cogió a Serena entre sus brazos, amortiguando la caída. Con delicadeza la colocó bien entre sus brazos y se puso en pie de nuevo, utilizando las pocas fuerzas que aun le quedaban, con ella entre sus brazos se dispuso a buscar ayuda tanto para ella como para él.

Los siete hombres que corrieron en busca de Serena llegaron justo a tiempo. Marius tomó a su hija de los brazos de Endi, mientras este era socorrido por sus amigos. Zafiro les mostró que habitaciones podían ocupar, sin embargo antes de hacerlo no pudo evitar echar un vistazo sobre el cadáver de su hermano. Cuando vio a Endimión con Serena entre sus brazos, pudo sentir el dolor en su pecho, pero aun así una fuerte sensación de alivio invadía todo su ser.

"No te preocupes, yo me encargo de él" comentó Malaquite, colocando una mano sobre el hombro de su primo.

"Gracias. Yo voy a mostrarles sus habitaciones"

Y tras eso Malaquite fue a preparar todo lo necesario para dar sepultura a su primo mayor. Y en cuanto al resto, se encargaron de atender al superviviente de la batalla y a la doncella desvanecida.