DISCLAIMER:Los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen. Son Propiedad de Kyoko Mizuki, Igarashi y Toei Animation. Yo solo los tomo prestaditos por diversión jejejeje =)
Amigaaaasss! ¿cómo están? volvíiii jejeje, mil disculpas por hacerlas esperar con esta historia, aquí les traigo un nuevo capi y mañana subo el siguiente en recompensa.
Antes que nada quiero agradecerles a todas las que leen esta historia, sus reviews, sus opiniones son muy importantes para mí. A Daniela Andley, Meiling55, JessMust7, Paola, Miss Brower, Vikiar, Lara Here, MjCastro, Karime, Flor, Mary, Verito, Gatita Andrew, Carla Cullen de Hale, MissyCooper1 son cheverísimas chicas, las quiero.
También a todas las lectoras que me siguen en "UNA CANCIÓN PARA ALBERT", sí se que las tengo en vilo desde Navidad pero les prometo publicar ese capítulo final lo más pronto posible, pero ya que hablamos de eso, me gustaría hacerles una pequeña encuesta amigas... ¿Cuál de estas dos canciones les gusta más: "When I look at you" de Miley Cyrus o "Lo digo de corazón" de Karina, se que son dos generos diferentes pero las dos me encantan y aun no se por cual decidirme por lo que me gustaría que compartieran conmigo en los reviews su opinión sobre la que le vendría mejor como una dedicación de Candy para Albert. Muchas gracias =)
Bueno, ahora sí, respecto a esta historia, en este capitulo nuestro guerito bello llevado por el dolor, impulsivo y sanguineo como es. se va a comportar un poquito mal pero les pido que no lo jusguen hasta entender bien el por que de su comportamiento.
Por otra parte sigo basandome en sucesos ocurridos en el anime, claro que no son igualitos, pero más o menos siguen en la misma línea imaginando como habría sido la historia en el colegio de estar el personaje de Anthony también incluído en esa etapa.
Bueno amigas, ya no las canso más con tanta labia. Ahora sí con ustedes dejo el capi 24
¡A leer!
Capítulo XXIV: Una venganza con consecuencias
Anthony corrió desaforado hacia el Departamento Médico, subiendo de tres en tres la escalinata principal al llegar y sin vacilaciones se apresuró a entrar.
Por un pasillo cercano caminaba meditativo un alto y castaño joven sin poder apartar su mente de una intrépida jovencita rubia ni de las razones que le estaban llevando a mantener en secreto una verdad que a él le resultaba imperdonable. Se preguntaba por qué Candy se empecinaba en no delatar a Neal Leagan cuando ese patán se merecía los peores castigos o por que no decirlo la expulsión del plantel.
Para Terry la excusa de ella de que no quería causar problemas en la familia no tenía fundamento cuando era su vida la que había sido puesta en riesgo…Candy no era así, no era una cobarde, él estaba seguro de ello porque ya venía observándola en secreto durante bastante tiempo, por lo que estaba seguro de que debía haber algo más, otra razón por la que se comportara de esa manera, pero no sabía cual era.
Pensaba en ello cuando las puertas del final del pasillo se abrieron bruscamente de par en par, dándole paso a Anthony Brower quien a simple vista lucía furioso y para variar tenía fija su vista en él.
-¡Tú!- le señaló yendo directamente contra él. Si Anthony en un principio había tenido sus dudas sobre lo que le contara el muchacho informante, había decidido ir allí por sí mismo a cerciorarse de que decía la verdad pero entonces al ver salir a Granchester le confirmaba sus temores-¡Infeliz dónde está ella, qué le hiciste!- le reclamó sujetándolo por el cuello pero Terry enseguida se lo quitó de encima derribándolo contra la pared de un empujón.
-¡No me vengas con alevosías Brower, imbécil, si no vivieras tan pendiente de tu vanidad y de buscar la perfección ante todos, cuidarías mejor de tu noviecita a la que hoy salvé de la que pudo ser la experiencia más traumática de su vida!-
-¡De qué diablos hablas ella es mi vida!- inquirió Anthony luchando contra sí mismo por contenerse mientras algunos de sus amigos que lo habían seguido optaban por sostenerlo
-¡Pues eso no es lo que parecía hoy en la mañana cuando tuvo que enfrentarse sola a Neal Leagan y su banda!-
Terry estaba tan enfadado para entonces teniendo que darle explicaciones y lo que era peor portándose tolerante, lo que no acostumbraba a hacer con su enemigo que no le importó la promesa que con anterioridad le hiciera a Candy en la Enfermería y reveló sin dudarlo ni un segundo el nombre del canalla que había sido el ideario de todo el problema – ¿Ese nombre acaso te suena? – añadió para molestarlo al notar las dudas e impresión surcar por el rostro de Anthony, pues él sí sabía que se trataba de un familiar suyo
-¿Qué estás diciendo?- Anthony no podía creerlo
-Si no me crees es tu maldito problema- dijo Terry terminante mientras se empezaba a alejar –yo ya no tengo nada que hacer aquí- sin embargo se detuvo para recordarle algo más – eso sí, yo de ti no descuidaría a Candy, ella no se merece que la relegues a segundo lugar en tu "ocupada" vida- le indicó con un toque de sarcasmo dejándolo al rubio joven dubitativo, confundido e incrédulo con todo lo que le había contado.
Sin esperarlo más Anthony caminó hacia el cuarto de la Enfermería donde debía estar Candy. Sus amistades lo acompañaron hasta allí nomás, entendiendo que era mejor dejarlo solo.
Anthony sentía el corazón latiéndole a rabiar dentro del pecho temiendo que algo muy malo le hubiese pasado. Dobló por el pasillo que llevaba hacia dicha habitación justo a tiempo de ver salir a la Hermana Margareth con una bandeja con compresas para disminuir la fiebre y se escondió, entendiendo que esa era su oportunidad para entrar. Si estaban solos sería mejor porque podrían conversar tranquilos, así que se acercó con cuidado a la puerta cuando ya no había moros en la costa para ojear lo que sucedía adentro y lo que allí vio le detuvo el corazón.
Candy descansaba indefensa cual bella durmiente en uno de los catres pero se notaba que algo le había ocurrido pues tenía el cabello revuelto y signos de haber llorado en su rostro por lo que de inmediato se decidió a entrar y fue hasta ella, comprobando que estaba profundamente dormida.
-¿Candy?- la llamó pero no le despertó, lucía muy cansada. Anthony entonces le acarició la mejilla con ternura. Era su amor y por nada del mundo podía permitir que algo malo le pasase. Notó con preocupación que tenía una fiebre elevada y solo entonces reparó en la chaqueta roja que llevaba puesta al retirar un poco la sábana con la que había sido arropada. Era de Terry, la reconoció de inmediato con algo de disgusto pero observándola con cuidado a ella notó que algo se asomaba en su tersa piel, justo en el nacimiento de sus senos y entonces con cuidado, abrió un poco la chaqueta para encontrarse con el horror de que tenía la blusa rasgada y una herida en el pecho. Una expresión de espanto se formó en su rostro entendiendo de golpe lo que había estado a punto de pasar. El fuego de la ira empezó al instante a arder con más intensidad dentro de sus venas, al tiempo que una lágrima de impotencia resbalaba por su mejilla al sentirse culpable por no haber estado allí para defenderla y recordaba como si fuera un eco dentro de su cabeza las palabras que le había contado Grandchester, su archienemigo.
"Fue Neal Leagan y su banda ¿Lo conoces?"
Aquello se le hacía tan difícil de creer. No comprendía como podía haber tanto odio dentro de su propia familia por lo que lleno de furia e indignación, sintiéndose como despertaba la fiera que llevaba dentro, se levantó respirando agitadamente y decidió ir a aclarar cuentas con su primo de una vez por todas.
Neal Leagan aunque adolorido después de la pelea reciente que había tenido con Terry en la que había salido como de costumbre mal parado, se vio obligado a asistir normalmente a sus horas de clase. Por temor de tener que rendirle cuentas a algún Supervisor por reportarse enfermo debido a sus heridas que se notaban con claridad que habían sido adquiridas durante una pelea. No era tonto, sabía que una cosa llevaría a la otra y que de nada le servía acusar a Grandchester como su agresor porque este no se callaría y terminaría cantando a los cuatro vientos su agresión para con Candy. La cual de seguro le valdría a él la suspensión o peor aún, la expulsión del colegio.
Por ello a pesar de tener que soportar las miradas de reojo sorprendidas de sus compañeros al verlo todo mallugado, sucio, despeinado y además cubrirse la mitad de la cara con un pañuelo para ocultar la herida que Terry le había hecho con la fusta, se obligó él mismo a permanecer indiferente allí, al menos hasta que terminaran las materias más relevantes y pudiera acudir a la Enfermería secretamente.
-¡Qué me miras!- le encaró al compañero que se sentaba delante de él, el cual en un momento volteó a ver que pasaba cuando le sintió quejarse ya que el estómago le dolía fuertemente al moverse. El chico solo esbozó una mueca de lástima por él y continuó atendiendo las clases.
En esos momentos Neal agradecía que se encontraran recibiendo Química, materia que la daba un profesor anciano que más que incentivar al estudio hacía dormir en clase, pero de repente toda su relativa calma se fue al piso en cuanto vio entrar hecho un energúmeno, sin importarle interrumpir la clase, al ausente Anthony, quien tenía permiso de faltar por pertenecer al equipo de futbol al igual que el resto integrantes que iban en dicho curso. Asustado, Neal supo cuando el rubio clavó su mirada asesina en la suya que estaba allí por él, entendió que de alguna forma se había enterado de la verdad.
-Joven Brower que hace aquí, ¿no debería estar entrenando?- preguntó el profesor sorprendido, quien también amaba el deporte, pero Anthony no contestó porque ya tenía fijado su objetivo.
Neal Leagan cobarde como era, instintivamente optó por levantarse y esto fue una mala idea porque no hizo más que confirmarle a Anthony la culpabilidad que ocultaba. Enfurecido caminó decidido hasta él, asombrando a todo el mundo. A su alrededor los compañeros se abrieron intuyendo lo que iba a suceder.
-Anthony espera yo te puedo explicar-
Sin miramientos ni esperas aún a pesar de que Neal temblaba como una hoja tratando de cubrirse con los brazos, lo tomó del cuello para estrellarlo en la pared, reclamándole por su cobardía
-¡Qué me vas a explicar, el por qué quisiste violarla!-
Implacable y descargando toda su rabia le asestó un puñetazo que lo envió directo al suelo, donde después continuó golpeándolo fuera de sí. Neal intentó defenderse pero fue inútil, Anthony era más fuerte que él.
Hubo exclamaciones alrededor, ruido de bancas que se movían, el veterano profesor corrió a donde el Supervisor a pedir ayuda junto con el presidente del curso y no faltaron las barras dándole ánimos a Anthony para que acabara con él por parte de aquellos a los que les caía mal Neal y mas aun después de enterarse del meollo del asunto.
Pero Anthony no oía nada, lo único que quería era venganza
-¡Anthony basta, lo vas a matar!- le hizo ver Stear, mientras Archie que acababa de llegar de la cancha después de enterarse de los rumores de lo sucedido se encargaba de sujetarlo.
-Cálmate Anthony- le sugirió al tiempo que el aludido con la respiración agitada se daba cuenta del estado deplorable en el que había dejado a su primo.
Neal sangraba por la nariz y la boca, tenía el rostro casi desfigurado por el latigazo de Terry de un lado y los ojos morados e hinchados, además del cuerpo lleno de moretones por las dos golpizas.
-Ya no más por favor- clamó
-¡Maldito, debería matarte!- le lanzó Anthony
-No le hice nada- balbuceó Neal refiriéndose a Candy, con lo que su inflamada boca le permitía hablar –solo quería asustarla pero las cosas se me salieron de las manos-
Archie y Stear lo miraron con repugnancia, no podían entender como una escoria así podía ser miembro de su familia.
-¡Mientes, eres un canalla infeliz!- reclamó Anthony zamarreándolo del cuello de la camisa
-¡Es la verdad, no le hice nada!- replicó Neal -además no quería hacerlo, fue idea de Eliza, ella me lo pidió…- confesó
Anthony se quedó helado
-…es mi hermana, no podía negarme- lloriqueó Neal cual guiñapo en el piso
Anthony se pasó una mano amargado por el cabello, sentía que le dolía la cabeza con tanto problema y mientras se levantaba recordó las palabras que él le había alcanzado a oír después de su infortunada plática en el jardín en su último encuentro.
"Te arrepentirás Anthony Brower, te arrepentirás"
Tambaleándose, se abrió paso entre los presentes y decidió salir de allí, necesitaba aire fresco para despejar su mente, mas una vez que estuvo afuera caminando en el jardín, notando que el coraje no se le esfumaba, escuchó las risas lejanas de unas chicas y supo que debía ir a buscar a Eliza.
La campana sonó indicación de que una hora de clase terminaba y empezaba otra.
Un grupo de jovencitas esperaban sentadas en una pequeña glorieta cercana al Salón de Música que el resto de sus compañeras de curso terminaran de dar una prueba que tenían ese día en dicha materia, la presentación de flauta individual y salieran para dirigirse a su aula habitual.
-Pero que descarada que es esa Candy, faltar a clases las dos horas…- comentó Luisa indignada mientras se cruzaba de brazos– No le importó ni siquiera que hoy fuera la prueba…si hubiera sabido que iba a faltar yo también lo hubiera hecho, así podría acceder a la de Recuperación la próxima vez- lamentándose por la mala nota que había obtenido por no tener buena afinidad con aquel instrumento musical.
-No creas que todo es color de rosa, eso le restará varios puntos en la prueba de recuperación- opinó Audrey, ocupada en esos momentos de cepillar su largo y dorado cabello con un pequeño cepillo que siempre llevaba consigo en su bolsillo a todas partes.
Eliza por su parte, sonrió de forma malévola mientras seguía limándose la uñas, arrimada a uno de los pilares de la glorieta. La ausencia de Candy a la clase le daba la satisfacción y certeza de que todo había salido según lo planeado.
-Es natural que no haya asistido, debe estar escondida por allí con Brower dándose un montón de besitos- comentó Violeta a su vez, simulando de forma graciosa dicha acción, mientras sentada en uno de los banquitos que había en el lugar tocaba feliz el "Himno a la alegría", disfrutando de la rotunda A que había obtenido interpretándolo frente a toda la clase, además de una felicitación por tener un alma muy dulce. Pero en eso la silueta una sombra proyectada en el piso de la entrada del lugar le hizo guardar silencio.
-No lo creo…- dijo Audrey de forma algo temblorosa. Pues con sorpresa al igual que el resto de las chicas vieron llegar a Anthony enojado y visiblemente cansado por todo el esfuerzo físico del día. El sudor perlaba su cuerpo y tenía cara de muy pocos amigos, haciéndolas poner nerviosas a todas. Pero él tenía en la mira a una sola y no le importaba nadie más alrededor. Las chicas notaron aquello y se corrieron hacia un lado mientras él iba donde Eliza que al verlo palideció.
-A…Anthony- exclamó tratando de escapar, intuyendo que algo malo había sucedido, pero él fue rápido y se interpuso ante ella.
-Querías que te odiara verdad…eso es lo que buscabas- expresó en voz baja sumamente dolido, aún sin poder creer que fuera ella la mentora de algo tan espeluznante.
-¡Qué te han dicho, te han mentido!- trató de ocultar ella lloriqueando mientras intentaba nuevamente huir pero él la sostuvo firmemente del brazo hasta el punto de hacerle doler
-¡Ay!- se quejó
-Esto se acabó Eliza, ya no voy a caer en tus trampas, ¡necesitas alguien que te enseñe que las personas no son solo juguetes que puedes manejar a tu antojo, sin importarte causarles dolor!- Anthony estaba furioso y la llevó contra el pilar alzándole la voz y encerrándola con su brazos para que no pudiera escapar
Las chicas asombradas se dieron cuenta de que no tenían nada que hacer allí y fueron saliendo una a una para esperar afuera mientras ellos terminaran la discusión, aun ante las miradas asustadas y de súplica de cuando en cuando de Eliza porque la ayudaran, pues el Anthony que tenia frente a ella la asustaba, le daba miedo.
-Por favor…me lastimas- le suplicó. Eliza no había percibido la gravedad del asunto hasta que notó aquel odio en sus ojos indicando que algo inevitablemente se había perdido. Su ángel se había convertido en demonio.
-¡No pensaste en el dolor que le podías causar a Candy cuando ideaste que Neal y sus secuaces la atacarán!- le replicó exaltado
-¡No es cierto, son calumnias!- Ella también le gritó, para esas alturas ya estaba llorando
-¡Estás mintiendo…eres una persona vil. No vez lo que has hecho, has matado hasta el último sentimiento noble que tenía hacia ti!-
Eliza entonces se puso fuera de sí
-¡No lo entiendes, todo lo hice por ti, lo hice por ti, porque te amo y no te das cuenta, eres un grandísimo idiota!- le lanzó a la cara gritándole exaltada al tiempo que descargaba su rencor contenido golpeándole en el pecho. Algo que no hizo más que terminar de sacar a Anthony de sus casillas.
-¿Amor dices?, te enseñaré lo que es amor y lo que no- determinó, tomándola del brazo y llevándosela hasta el rincón más oscuro del lugar.
-¡Suéltame, que vas a hacer!- Eliza clamó indignada pero Anthony sin considerarla la arrimó a otro poste donde lleno de coraje y para asombro de ella misma empezó a manosearla a la fuerza, todo esto mientras sus amigas boquiabiertas entendían que ahora sí las cosas habían pasando a mayores.
-Iré a llamar a la Supervisora- decidió Audrey y salió corriendo del lugar
Eliza mientras tanto, enfurecida trató de liberarse empujándolo pero el situó sus labios en su cuello apretándola fuertemente entre su cuerpo y la pared, con las manos tan ceñidas en su cintura al punto que le dolía.
-¡Déjame que estás haciendo, me lastimas imbécil!- protestó mientras le golpeaba los hombros con las palmas de las manos pero entonces él le agarró el rostro con una mano para obligarla a mirarlo y de una manera nada sutil se apropió de su boca para callarla o hacerla hablar con más ganas después de eso. No fue en ningún momento delicado como Eliza hubiese querido, su beso fue brusco casi al punto de cortarle la respiración, libidinoso porque no era amor, era solo lujuria y venganza, al punto de hacerla sentir sucia. Anthony en esos momentos no pensaba con claridad, estaba fuera de sí, dominado por la ira, lo único en que se enfocaba era en que ella sintiera lo mismo que le había hecho sufrir a Candy. Humillación.
La sintió temblar entre sus brazos, retorcerse, luchar como una paloma atrapada como presa en las fauces de un felino. Sus lágrimas avergonzadas corrían entre sus dedos mientras él se encargaba con su lengua de explorar dentro de su boca y con su entrepierna de ceñirse más a ella para que pudiera sentirlo en todos lados.
Eliza por primera vez pudo constatar la magnitud de la fuerza de Anthony, la fogosidad de su pasión, aquello le nubló la vista y aún sin quererlo le hizo ver estrellas detrás de sus ojos provocando que de forma irremediable dejara de forcejear y terminara abandonándose en sus brazos. Era su primer beso después de todo.
Anthony sintió aquel cambio en ella y se dijo entonces que era suficiente, no quería empeorar las cosas, así que la dejó.
-Tú no sabes lo que es el amor- determinó al soltarla.
Eliza se abrazó a sí misma, dejándose caer hasta el suelo llorando desconsoladamente, se sentía humillada, abusada, pero lo que más dolía era que había sido él quien le hiciera sentir así. Anthony se dio cuenta entonces de la magnitud de lo que había hecho y empezó a retroceder, entendiendo que era tiempo de irse de allí.
Luisa y Violeta se acercaron rápidamente a tratar de consolar a su amiga pero fue inútil
-¡Eres un bruto Brower!- le sentenció Luisa mirándolo con odio, pero lo único que Anthony hizo fue mirarlas con lástima y se fue sin despedirse, tan hostil como había llegado, dejándola sumida a Eliza en una profunda desolación, quien no podía creer que se hubiera comportado de esa manera con ella y además con dolor entendía que a partir de allí su sueño se rompía en mil pedazos porque ahora sí lo había perdido y no habría vuelta atrás.
-Eliza…- profirió Violeta con cuidado, intentando tomarla del brazo para ayudar a levantar pero ella se lo retiró bruscamente
-¡Déjenme!- gritó deprimida, sentía que había caído a un hoyo profundo donde nadie la podía ayudar.
Anthony por su parte corrió con todas sus fuerzas para alejarse de allí. De repente cayó en cuenta de lo que había hecho y se asustó de su propio comportamiento, parecía desconocerse mientras en su cabeza no dejaba de reprocharse una y otra vez que se la había pasado la mano con Eliza. Pero también estaba aquel sentimiento de venganza que había sido más poderoso en él, aquel rencor ahora saciado que le había llevado a cometer todas esas atrocidades.
Desaforado, tratando de escapar de sí mismo corrió hasta un oscuro pasadizo que conectaba los jardines del área femenina con el área central, y se arrimó a una de las paredes del túnel respirando agitado. Su alma era un lio de confusiones en esos momentos, tan densas como la misma oscuridad que se cernía ante él. Una vez más se había dejado vencer por su carácter apasionado haciéndole cometer una locura, en la cual había para bien o mal traicionado a la persona que más quería.
Y se sentía culpable porque a pesar de haberlo empezado todo como una venganza, reconocía que irremediablemente llegado un punto él también había caído preso en el encanto de Eliza, que con su comportamiento final también le había atrapado.
No podía apartar de su mente, esa forma de vencerse en sus brazos dulce que le había hecho recordar por un fugaz segundo a Candy, haciéndole dudar y sentir inseguro. Aquello le hizo suavizar su acción perdiéndose por un momento de verdad en esos voluptuosos labios que se ofrecían a él como su conquistador, entregándole su alma, trayéndole a la mente recuerdos difusos de una pasión pasada que creía extinguida pero que solo entonces entendía lo mucho que ella en cambio la guardaba en su corazón. Y aquel sentimiento fue tan poderoso que debió obligarse con toda su fuerza de voluntad a alejarse de ella. Era la pura verdad sobre lo que había pasado, no hacía falta engañarse, había intentado herir a Eliza pero ella había ganado.
Se reconoció entonces culpable y miserable por haber sido capaz de traicionar de esa forma vil a la persona por la que su vida tenía sentido…decidiendo que debía ir a verla para confesarle su pecado, pasara lo que pasara, pues su conciencia no se iba a quedar tranquila ocultándole una verdad así. Candy merecía saberlo.
Anthony miró hacia la claridad al final del túnel, la cual conducía a los otros jardines que le llevarían a la Enfermería, una luz que le recordaba a su Candy, su salvación de aquella oscuridad. Solo ella con su perdón lo podía salvar.
La tarde estaba transcurriendo y Candy una vez despierta se sentía aburrida de estar sola en el cuarto de la Enfermería, donde la Hermana Margareth le había recomendado guardar reposo. No recordaba ya cual era el número de la siesta de la que acababa de despertar porque ya habían sido muchas durante ese día.
Ya se sentía mejor, la fiebre ya le había bajado y el dolor de cabeza poco a poco estaba disminuyendo por lo que ella mismo confiaba que para el anochecer estaría completamente repuesta.
Se incorporó en la cama cubriéndose bien con la chaqueta de Terry que le era de mucha utilidad, tomándose un minuto para recapacitar con seriedad en lo que había pasado al tiempo que su mente se despejaba del sueño, pero fue entonces que vio que la puerta del dispensario se abría y a Anthony ingresar.
Vio para su sorpresa que estaba todo exaltado y transpirado, como si aparte de estar entrenando hubiese hacia poco estado librando una gran pelea, sin embargo eso no le importó. Su masculinidad, su vigorosidad la atraía al punto de no poder pensar con claridad cuando lo tenía en frente. Esa atracción nata era el más puro y verdadero amor.
Él se mostró aliviado de encontrarla despierta, mientras ella en cambio emocionada no pudo contenerse las ganas de echarse en sus brazos.
-¡Anthony!- exclamó contenta extendiéndole los brazos, él por su parte no se dio a esperar y fue corriendo a su llamado. Respirando reconfortado al tenerla resguardada en su abrazo. Había tenido tanto miedo de que la hubiesen lastimado.
-¿Estás bien preciosa?, ya no vas a estar más sola, te lo prometo - le susurró mientras la sentía llorar desahogándose junto a su pecho – lo siento, lo siento mucho por no haber llegado antes- Anthony tomó entonces el rostro de ella entre sus manos mirándola a los ojos para que viera la preocupación que compartía en ellos –Candy eres lo más importante para mí, no soportaría si alguien te llegara a hacer daño-
Candy se preguntó que tanto sabía acerca de lo que había ocurrido pero no quería arruinar aquel momento con penosos recuerdos, por lo que se dejó llevar, solo quería sentirlo a él, estar con él. En eso, a través de sus ojos llorosos fue testigo de cómo gruesas lágrimas empezaban a resbalar también de la mirada de Anthony, asombrándola y a la vez enterneciéndola. Entonces él se derrumbó, inesperadamente se dejó caer arrodillado hasta colocar su cabeza en su falda acongojado, impresionándola.
Era tan inusitado tenerlo así debruzado ante ella, mostrándose vulnerable ante su persona, como si ella fuese lo más importante en su mundo, que hizo que los colores se le subieran al rostro. Le había visto llorar muy pocas veces y era una de las sensaciones más cautivantes del mundo, sentir sus dulces lágrimas entre sus manos.
-Estoy bien…todo ya pasó y gracias a Dios no ocurrió nada grave- le recalcó con voz temblorosa conmovida por su tristeza y también preocupada por él – amor, ¿que sucede?- quiso saber, acariciándole el dorado cabello con ternura. El silencio se hizo un momento entre ellos, estaban tan compenetrados que el uno sentía en la propia carne la tristeza del otro.
-Te fallé Candy…en todos los sentidos, no pude salvarte, no pude estar allí cuando me necesitabas- confesó por fin él
-No importa ya, estoy bien- repuso ella con tranquilidad pero Anthony movió la cabeza con aflicción, tenía algo más que confesarle y era el momento.
–Candy perdóname por favor, yo me volví loco cuando me enteré de todo esto, me excedí y no pensé bien en lo que hacía, actué sin premeditar al punto que ni yo mismo me reconozco…no soy el hombre que tú te mereces-
-Pero que dices- respondió Candy extrañada, levantándole con cuidado la cara – esa opinión la decidiré yo de ser el caso, pero no veo el por qué de eso, hasta ahora sigues siendo mi principito azul, la persona que me hace más feliz, a quien más quiero, no tengo nada de que reclamarte- recalcó acariciándole las mejillas con dulzura. Él besó fervientemente su mano agradeciéndole que fuera tan comprensiva pero aún así el remordimiento que llevaba dentro no lo dejaba en paz y no lo haría hasta que confesara toda la verdad. Con algo de desazón le abrochó los botones de la roja chaqueta de Terry para que no tuviera frío, afectándole por dentro en secreto el que fuera su enemigo y no él quien hubiera estado junto a ella en los duros momentos para salvarla.
-No es lo que crees- apresuró a decir Candy para evitar cualquier malentendido acerca de la chaqueta
-No te preocupes, lo sé todo y no puedo más que agradecerle a él por haber cuidado de ti- contestó Anthony refiriéndose a Terry –siempre estaré en deuda con él por esto-
Candy se sintió un poco incómoda por tocar ese punto pero no dijo nada solo le volvió a acariciar la mejilla
-¿Que es lo que me tienes que contar amor?, sea lo que sea yo te escucharé- indagó con su dulce voz para cambiar de asunto
-He actuado de una forma terrible, de una forma que no te mereces- confesó Anthony haciéndosele difícil sostenerle la mirada.
-Pero Anthony de que estás hablando…lo que sea puedes decírmelo, recuerdas que acordamos confiar plenamente el uno en el otro- le recordó ella con paciencia, haciendo gala de su inmensa bondad.
Él se incorporó un poco entonces, reteniéndola de los brazos, buscando las palabras adecuadas para contarle lo que acababa de hacer pero en eso se escucharon ruidos en el pasillo indicándoles que alguien se acercaba, todo era cuestión de que quien fuera volteara la esquina y entrara en el dispensario para encontrarse con la singular escena de ellos dos juntos y llorosos, lo cual sin lugar a dudas daría de que hablar y caldeadas las cosas como Anthony sabía que se pondrían en cualquier momento, era mejor no provocar.
Candy le vio ponerse nervioso, un poco más de lo que ya estaba y entendió que era mejor despedirse por lo pronto.
-Alguien viene, es mejor que nos separemos- sugirió como leyéndole el pensamiento. Anthony se sintió decepcionado por la interrupción pero no podía hacer nada más que esperar.
-Hablaremos después, si todo sale bien te buscaré en la noche- le dijo levantándose y besándole la frente
-Está bien- acordó Candy aún sin saber por qué, ya que se había propuesto no volver a tener ese tipo de visitas secretas con él después de lo acontecida la última vez. Eran adolescentes y la carne era débil por lo que no debían intentar tentar al destino.
Candy le vio preocupado como estaba, acercarse rápidamente hacia la puerta, pero antes de salir voltearse un instante a verla
–Ante todo Candy, pase lo que pase…recuerda que te amo- fueron sus palabras antes de que se perdiera de vista.
Ella se quedó sumamente intrigada e intranquila, ¿qué era aquello de lo que tanto tenían que hablar, qué era lo que Anthony le iba a contar, qué le hacia sentir tan culpable?...fuera lo que fuera en medio de una su preocupación una intuición aciaga dentro de sí le decía que lo sabría pronto de una u otra forma.
-Pero Candy, qué haces levantada pequeña, debes recostarte, hasta hace poco te dolía la cabeza y la fiebre recién bajó- le llamó la atención la Hermana Margareth al entrar en la habitación y encontrarla sentada hundida en sus pensamientos. Traía comida y ropa limpia en un canasto para que ella se cambiara.
-Oh, lo siento Hermana– respondió Candy levantándose de un brinco y yéndola a ayudar -verá, ya estoy mejor- confesó y era la verdad, mientras tomaba las cosas y las ponía a buen recaudo. Sin embargo la joven monja la escrutó cruzándose de brazos
-Candy hablé de tu problema con la Hermana Grey, tuve que decir una mentira piadosa para evitar que en tu estado te castigase, le dije que estabas atrasada a tu clase de Música e intentaste tomar un atajo para llegar lo más rápido posible al salón pero te caíste en el acto, por lo está de acuerdo con darte un día de permiso más en tu habitación para que puedas descansar, pero eso sí… decidió restarte unos cuantos puntos en Conducta después de reparar sobre la forma en que te habías lastimado, porque para ella no es usual en el comportamiento de una señorita de buenos modales- comentó con seriedad la joven monja – Ten en cuenta esto, no sea cosa que nos equivoquemos después- le advirtió en contra de una metedura de pata, advirtiéndole en caso de ser interrogadas
Candy esbozó una fingida mueca de aflicción por toda respuesta, que hizo sonreír a la Hermana Margareth con suspicacia, luego se sentó frente a ella mientras la veía poco a poco empezar a comer. La monja era una mujer intuitiva y tenía más años que Candy por lo que podía darse cuenta con claridad que en el fondo la chica ocultaba algo que no quería decir.
-Sabes Candy, por un lado te admiro – confesó –eres una muchacha valiente, decidida y tienes un noble corazón, como el otro día cuando no delataste a Eliza Leagan en el Rectorado a pesar de que fue ella quien divulgó el secreto de Annie Britter por todo el colegio…pero por otra parte me preocupa que esa bondad tuya te pueda ocasionar problemas-
Candy entendió que ella no se creía su versión de la historia por lo que no se atrevió a decir nada. Ella no era una cobarde, es más quería delatar a Neal a los cuatro vientos de que era un vil canalla miserable pero intuía que de saberse el hecho acarrearía grandes problemas familiares y el Clan Ardley se merecía respeto, sobre todo por haberla acogido en su seno.
-Candy- le llamó la Hermana Margareth al verla dubitativa -¿Hay acaso algo adicional que desees contar?
Candy recordó entonces otra vez el misterioso asunto de Anthony y decidió que ante todo él era lo que más importaba, y no podía poner en riesgo la dicha de estar allí en ese colegio junto a él, así que resuelta negó la pregunta con la cabeza.
Fue dada de alta esa misma tarde al oscurecer cuando estaban terminando las clases. La Hermana Margareth fue la encargada de dirigirla por el pasillo hacia su habitación. Candy iba detrás de ella observando la frondosa vegetación del jardín por el costado del pasillo, pensando en que la vida era una aventura al final de cuentas, así algunas veces le pasaran peripecias pero ella debía seguir siendo más fuerte, no debía dejarse vencer. Ahora tenía una familia, un gran amor, debía estar agradecida por ello y conformarse, era mejor que no poseer nada por lo que decidió callar las cosas.
No se sintió muy diferente una vez que se quedó sola en su cuarto. En el silencio sus pensamientos aumentaban sin que los pudiera controlar, se tomó un rato para meditar en todo lo que estaba pasando, en todo lo ocurrido ese día. Tuvo que sentarse en la silla de su escritorio mientras apoyaba los codos en el y su frente en sus manos. Aún sentía pequeñas punzadas en la cabeza cuando mucho se movía, y estaba un poco nerviosa y débil. Sentía que en esos momentos sus movimientos eran torpes, algo temblorosos, efectos que le habían quedado debido a que se le bajara la presión, según lo dicho por la Hermana Margareth. De cualquier forma esperaba descansar bien esa noche para estar completamente repuesta al día siguiente, el cual era una fecha especial para ella. Su cumpleaños. El día que le había regalado su Anthony.
Sintiendo que las lágrimas acudían a sus ojos debido a todos los dulces recuerdos que se agolpaban en su cabeza gracias a él, se recostó sobre sus brazos encima del escritorio para comenzar a llorar, expulsando de sí todo el miedo que había acallado durante ese día. Toda la frustración, la humillación, el coraje que sentía hacia el canalla de Neal y su grupo, además del agobio por una preocupación que quería hacer presa de ella ya que Anthony se había enterado de lo sucedido y temía que hubiese hecho alguna locura.
Las palabras de él le retumbaban como un profundo vacío dentro de su ser al decir que se le había pasado la mano. También temía que pudiera degenerarse un problema más grande puesto que ella se había encargado de negarlo todo. Oró en su interior para que no empeorara toda la situación y poder conocer pronto que era lo que Anthony le tenía que decir… y en medio de todo eso estaba Terry, quien se había portado caballeroso y valiente al defenderla, tal como ella intuía que él era en realidad y no se había equivocado. No podía negar lo segura que se había sentido entre sus fuertes brazos mientras la llevaba cargada hasta la Enfermería y la calidez que le brindaba su mirada, se estaba confundiendo y lo reconocía. ¿Qué era lo que empezaba a sentir por él, que era esa emoción que crecía desde su interior?
Aquel mismo sentimiento la asustaba y le hacía sentir culpable porque no quería hacerle daño a Anthony, no quería lastimarlo, él siempre lo daba todo por ella y no se merecía que estuviese dudando así.
No midió con exactitud cuanto tiempo pasó así en esa posición, hasta que pudo calmar en algo su congoja y cuando se levantó en medio de la oscuridad porque aún no se atrevía a encender la luz, tomó la chaqueta que Terry le prestara después del incidente, que había dejado junto con la bolsa de los remedios y de su uniforme malogrado a un lado del escritorio.
Aquella prenda que no había podido evitar oler porque contenía el aroma de él, un sensual toque a madera y cítricos que la seducía y la cual también se había preocupado de doblar cuidadosamente para entregársela al día siguiente. La colocó con delicadeza encima de su cama para quedarse observándola con atención. Como si con ello fuera capaz de descubrir algo más de su dueño, de ese ser misterioso que la atraía o de los sentimientos complicados que despertaba en ella… y fue cuando como una ironía del destino, escuchó el galopar de un caballo por los alrededores en esa noche fría cuando los truenos en el cielo anunciaban que en cualquier momento iba a llover.
Al principio sintió un malestar al recordar el accidente de Anthony por lo que se acercó de inmediato a la ventana para averiguar quien era la persona irreflexiva que se atrevía a cabalgar con ese temporal pero su corazón de inmediato tuvo también un presentimiento, quien más podía ser… tenía que ser él.
Y allí afuera gracias a la iluminación que proporcionaban los relámpagos lo vio, cabalgaba por los alrededores imponente, hasta que fue acercándose a esa parte del jardín la que estaba cerca de su dormitorio. Llevaba su cabello al viento y lucía salvaje e indomable como dueño de la misma oscuridad.
Su corazón que comenzara a latir apresurado unos minutos antes al notar su presencia se disparó desbocado cuando el fijó su mirada hacia su ventana, descubriéndola.
El encuentro de sus miradas fue como un choque eléctrico, profundo, tan poderoso como un rayo que para entonces cayó en la lejanía. Candy entendió que Terry estaba allí para verla y con timidez de forma inconsciente dejó caer la blanca cortina que sostenía con una mano, arrimándose a la pared avergonzada, emocionada y temerosa. Esa noche comprendió que estaba frente a una encrucijada.
Escuchó el relinchar del caballo como a la espera de que ella se asomara de nuevo pero entonces también se escucharon unos inoportunos golpes en su puerta. Haciéndole inmediatamente abrir los ojos, justo a tiempo para apartarse de la tentación.
-¡Candy, Candy estás allí!-
-¿Cómo estás? ¡Abre por favor!-
Eran Annie y Patty, que estaban preocupadas por ella. Sacudiendo la cabeza Candy se apresuró hacia la puerta para abrir, pero antes de eso miró un segundo hacia la ventana pero solo escuchó al caballo resoplar y una vez más emprender su camino porque Terry probablemente había entendido que ella no iba se iba a asomar más. Sintiendo un vació en su interior pero decidió olvidar el asunto y encender la luz para después refugiarse en sus amigas.
-¡Chicas!- expresó cuando las vio, intentando ser fuerte aunque todo en su rostro indicaba cuanto había estado llorando, ellas lo percibieron al instante y como buenas amigas la recibieron en sus brazos cuando toda su fuerza se quebró.
-Chicas por favor no le cuenten de esto a nadie, tuve que decirle todas esas mentiras a la Hermana Margareth pero lo hice por la razón de la que les hablé. No es momento de causarle más problemas a los Ardley…las cosas se enturbiarían y nos perjudicarían a Anthony y a mí… sé que si fuera por los Leagan harían de todo para separarme de él y no podría soportarlo- Candy fijó su mirada en el vacío en medio de su confesión. No le había resultado muy fácil después de todo sincerarse con sus amigas sobre la verdad de lo sucedido pero confiaba plenamente en ellas y además necesitaba alguien con quien desahogarse, porque todo ese problema guardado en su interior no hacía más que agobiarla.
Las dos amigas por un momento se miraron con algo de temor, sabían algo que Candy no, pero no creían que era el momento adecuado para decírselo
-Jamás creímos en eso de que te habías caído como nos informaron por ahí- comentó Annie con la mirada cabizbaja –nadie mejor que yo sabe lo experta que eres jugando en las colinas-
A Candy le pareció muy tierno de su parte y le sonrió, Annie le correspondió con otra sonrisa
-Ese Neal es un canalla pero no te preocupes, todas las personas malas caen por su propio peso y lo importante es que estás bien amiga- le dijo Annie cogiéndole la mano y Candy agradeció sus palabras de aliento.
-Cuando él se acercó y después no regresabas temimos lo peor, pero no podíamos excusarnos con el profesor de Música que es tan pedante o hubiera creído que evitábamos de alguna forma dar la lección de flauta- expresó Patty
-Es cierto, la suerte es que debido a tu indisposición de salud, te darán una segunda oportunidad la próxima semana- le contó Annie -Tendrás más tiempo para ensayar la canción que vayas a interpretar en la flauta-
-¡Me esforzaré!- convino Canndy con optimismo y entonces se le ocurrió preguntar -…¿y dijeron algo en el curso sobre mi ausencia?-
-Bueno, en realidad cuando comenzó la clase se notaba más pero ya casi para terminar cuando ocurrió lo de Eliza nadie tuvo cabeza para nadie más- contó Patty con inocencia, haciendo que Annie la mirara con ganas de matarla
-Patty…-
-¿Lo de Eliza?- preguntó Candy con interés y luego miró a Annie que no sabía que hacer
-Ehm…chicas, amigas quiero expresarles hoy lo mucho que significan para mí- se levantó de pronto Patricia diciendo lo primero que se le vino a la mente para cambiar de conversación, entendiendo que había metido la pata. Candy la observó sin entender pero aún le interesaba el otro asunto, así que volvió a mirar a Annie pero Patty continuó
-…Yo…yo nunca tuve amigas como ustedes, siempre fui una niña muy solitaria y encontrarlas a las dos aquí en este colegio que en un principio consideraba uno de los peores castigos para mí…ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado…- lo dijo con el corazón haciendo que de verdad las dos en un momento le prestaran la debida atención -…y por eso he decido mostrarles a mi mayor tesoro…- la jovencita de anteojos continuó, su mirada lucía un poco brillosa por la confesión pero sabía que al compartirles ese pequeño secreto que ella cuidaba con todo su corazón lograría distraerles de verdad de todo -ya vuelvo- indicó emocionada y salió de la habitación feliz, creyendo que de verdad había conseguido capturar todo el interés.
Más cuando estuvieron solas Candy volvió a centrarse en Annie
-Hay algo que me están escondiendo- declaró, observando como la pelinegra se ponía nerviosa -¿De qué se trata?...-inquirió y algo en su interior asoció las pistas que le había proporcionado el mismo Anthony en la tarde -…¿Tiene que ver con él, verdad?-
Al bajar la mirada, Annie le confirmó sus sospechas
-Candy…en realidad, no sé si lo que dicen sea cierto, todavía nadie lo ha confirmado pero…-
No pudo completar su frase porque entonces una fuerte llamada de atención por parte de la Hermana Grey se escuchó en el pasillo, asustándolas
-¡Patricia O'Brien!- le escucharon tronar, haciéndolas levantar al instante. Ambas amigas se precipitaron a la puerta a ver lo que pasaba.
Encontraron entonces a Patty llorando en pleno pasillo agachada mientras se ocupaba de recoger algo en una cajita de zapatos que al parecer se había caído de sus manos, y para asombro vieron que era una pequeña tortuga.
-¡Usted sabe perfectamente que está terminantemente prohibido poseer animales de cualquier tipo dentro de la Institución! ¡Está yendo contra las reglas del colegio y me asombra, usted una señorita de comportamiento intachable hasta ahora!-
Patty no podía más con el dolor y la vergüenza, mientras una docena de cabezas curiosas se agolpaban a las salidas de sus habitaciones a presenciar la singular escena.
A Candy no le importó nada y corrió hacia su amiga para ayudarla, abrazándola en el acto.
-¡Candy!- lloró Patty en su hombro – yo solo quería presentarles a Julie, mi pequeño tesoro-
-¡Oh Patty!-
-¡Candice White Ardley, qué cree que está haciendo, le aconsejo que no se entrometa en esto o de lo contrario consideraré en suspenderle el permiso por salud que tenía por el día de mañana!- indicó la Rectora, pero Candy se llenó de valor para enfrentarla
-Hermana Grey por favor tenga corazón, es solo una pequeña mascota-
-¡Mascota, como puede llamarse macota a una sucia tortuga, mañana mismo se desharán de ella o no responderé sobre los castigos!- vociferó terminante la monja e iba a empezar a sentenciar el castigo de Patty pero una vez más Candy le interrumpió y ésta vez la rabia también asomaba en sus ojos
-¡Hermana Grey usted no lo entiende, esa sucia tortuga como usted la llama es una de las cosas más valiosas que tiene Patty en la vida, como puede ser tan cruel para pedirle que se deshaga así de ella, como se puede servir a Dios si no se piensa en el daño que se puede causar a otros…-
-¡Candice White Ardley!- la rectora enfureció y fue muy clara al pronunciar su nombra -¡¿está usted cuestionando mi profesión y métodos de enseñanza?!-
Candy sintió que la cabeza le volvía a dar vueltas, ya había tenido suficientes emociones fuertes por ese día. Pero aún a pesar de que se sentía débil tuvo el suficiente valor para elevar la cabeza y dar una respuesta decidida
-Sí-
La Hermana Grey estaba indignada, la Hermana Margareth que acudió al lugar al enterarse de todo el embrollo, trató de abanicarla para que no se sobresaltase con unas tareas de las estudiantes que tenía en las manos. Pero la monja enrojecida la observaba a Candy con ojos saltones. Cuando en eso llegó apresurada también la Hermana Sofía
-¡Hermana Grey, Hermana Grey, la necesitamos urgente!- requirió visiblemente preocupada
-¡Qué sucede Hermana Sofía, no me interrumpa en esos momentos!-
-Necesitamos de su presencia en el Rectorado, el Padre Sebastián ha reportado una calamidad ocurrida en el sector de los varones-
-¡Qué pasa Hermana, hable, hable!-
-Es el joven Brower, dicen que ha golpeado hasta casi matar a un alumno-
Todas las espectadoras incluyendo Candy enmudecieron ante la confesión de la religiosa. Si la noticia era dada por el Padre Sebastián quien era el Director de la sección masculina no había lugar a dudas de lo ocurrido.
-¡Santo Dios!- expresó la Hermana Grey elevando la vista al cielo y persignándose –Vamos al Rectorado ahora mismo y quiero a los implicados presentes- dictaminó volteándose solo un segundo ante las anteriores acusadas – Este problema lo solucionaremos después, Hermana Margareth encárguese de la tortuga-
-Sí, Hermana Grey- asintió la monjita un poco nerviosa, tomando la cajita con el quelonio de manos de una llorosa Patty quien se la entregó con cuidado
-No deje que muera por favor- le suplicó
-No, no dejaremos que muera no te preocupes- indicó la monjita pero entonces repararon en la palidez inusitada de Candy
-¿Candy?- preguntó Annie acercándose a ellas preocupada y oír su nombre fue para la aludida como un estremecimiento para hacerla reaccionar después de lo escuchado de labios de la Hermana Sofía, porque sin mirar a nadie y haciendo caso omiso del montón de cuchicheos que giraban alrededor, algunos teniéndola de tema principal a ella, salió corriendo por el pasillo hacia el Rectorado.
-¡Oh Dios Candy espera!- fue la indicación de la Hermana Margareth pero ella no la escuchó.
El camino se le hizo larguísimo. Estaba preocupada por Anthony, no sabia a quien había golpeado pero intuía que no era a Terry porque lo había visto hacia poco muy campante, pero aparte de esto con dolor entendía que esto le generaría un buen castigo del que no se podría salvar.
Se sorprendió de ver a sus primos a la salida del Rectorado que lucían igual de consternados que ella. Miradas de angustia cruzaron por sus rostros al verla. Pero antes de que pudieran responder a lo que los ojos de Candy preguntaban le escucharon vociferar a la Rectora desde adentro.
-¡Quiero a todos el Clan Ardley aquí ahora!-
Poco después sobrecogidos, le vieron salir a la Hermana Sofía, quien no tuvo que buscar mucho porque les vio a los tres parados allí
-¡Qué bien, los tres! – reparó- Entren ahora y permanezcan en silencio- les recomendó –iré por Eliza Leagan-
Los tres chicos extrañados pasaron y los ojos de Candy se humedecieron al ver a Anthony adentro, lucía igual de demacrado que como lo viera en la tarde aún a pesar de que se había cambiado pero entonces se le veían con más claridad los rasguños desesperados y moretones que le había causado su contrincante al tratar de defenderse. Él también le dedicó una mirada de tristeza cuando la vio
-¡Otra vez los Ardley, se dan cuenta que ya es la segunda vez en menos de un mes que causan problemas! Eso sin contar los rumores que se escuchan en los pasillos- comenzó la Hermana Grey escrutando a todos y cada uno –y en esta ocasión para sorpresa mía y de todo el colegio el Sr. Brower a quien considerábamos un ejemplo de virtud se ha comportado como un salvaje al atacar sin piedad a su propio primo al punto de dejarlo casi inconsciente…- todos escucharon bajando la cabeza, nadie dijo nada mientras la rectora continuaba - no tiene idea acaso de la infracción que ha cometido joven Brower. Espero que nos de una buena explicación respecto a su comportamiento-
Sus primos le miraron de reojo al acusado, quien con el rostro altivo aún a pesar de ser culpable no daba muestras de intimidación alguna, solo le habían visto flaquear unos instantes al entrar, en cuanto él había fijado su mirada en Candy.
Archie y Stear estaban preocupados, sabían que Anthony estaba en un gran aprieto y que en esos momentos todo estaba en juego incluyendo su propio título de Capitán del equipo o su expulsión del plantel.
-Sería mejor que se le preguntara a él mismo lo que trató de hacer- respondió Anthony en tono frío
-Téngalo por seguro que se le llamaría al joven Leagan a esta audiencia, si no estuviera postrado en una cama en el estado que usted le dejó- recalcó la temperamental Hermana Grey empezando a pasearse por el salón, escrutándolo como un investigador a punto de desentrañar un nuevo caso –Además Joven Brower tenemos indicios de otra grave fechoría realizada hoy por usted que es algo intolerable y si llegamos a corroborar que es cierta procederemos con todo el rigor demandado en las leyes del colegio. Lo sentimos mucho pero en esta institución nadie tiene corona y créame lamentamos mucho que el que nos haya decepcionado haya sido precisamente usted, quien por lo general es una persona auto controlada, además el ejemplo a seguir de la mayorías de jóvenes en esta institución–
Candy escuchaba todo estupefacta, comprendiendo que los problemas en que se había metido Anthony eran realmente graves y un presentimiento innegable en su corazón le decía que esa audiencia no iba a terminar nada bien. Se lo quedó mirando con atención y notó al punto el nerviosismo casi imperceptible que había en él que luchaba por todos los medios de no dejar mostrar, sin embargo ella lo conocía y se dio cuenta de que aquella última mención era lo que más le había afectado. ¿Que era la otra cosa que había hecho?, se preguntó
En eso la puerta se volvió a abrir dando paso de nuevo a la Hermana Sofía, quien esta vez venía acompañada de Eliza que lucía cabizbaja y deprimida y se notaba claramente que había estado llorando mucho durante toda la tarde.
-Muy bien, parece que ya estamos todos- procedió entonces la Hermana Grey indicándoles con una mano a todos lo chicos para que se parasen uno al lado del otro frente a ella – Me gustaría que me expliquen porque hay tanta discordia dentro de una misma familia, desde que llegaron no han hecho otra cosa más que sacarnos canas verdes. "El Grupo Ardley" ¡ya temo de escuchar ese apellido!-
Nadie se atrevía a decir nada, todos permanecían en silencio
-Cuál es la falla, no lo entiendo, son adinerados, poderosos, vienen de una estirpe de alcurnia que ha durado siglos y tienen todo lo que quisieran, pero aún así no pueden llevarse bien entre ustedes a pesar de ser familia. Eso no solo va contra la moralidad del colegio sino contra las leyes de Dios- les sermoneó indignada la anciana monja -No lo comprendo y repito ¿Cuál es la falla?-
Eliza creía saber en esos momentos quien era la responsable de todo y no dudó en fijar su mirada malévola en Candy, haciéndola sentir incómoda y dando pie a levantar sospechas delante de la Hermana Grey quien también la quedó observando
-No quiero ni pensar que el accidente de la señorita White tiene algo que ver en esto, menos aun después de que pusiera una excusa totalmente opuesta al asunto- expresó la monja acercándose a la aludida para investigarla – porque la mentira es otro de los delitos de gravedad en este colegio- le recordó. Candy sentía cierto recelo y temor pero gracias a su confianza interior pudo mantenerle la mirada en alto –¿tiene algo de que retractarse o compartirnos Srta. White?- indagó, pero Candy solo negó con la cabeza, no sabía que hacer, miró unos segundos a Anthony quien a su vez lucia un poco decepcionado por su silencio
-Yo...- empezó a balbucear nerviosa ante la mirada escrutante de la Rectora y de lo que Anthony pudiera pensar, más él entendió que a lo mejor ella había dado su excusa antes de que él se metiera en problemas por lo que en esos momentos no podía retroceder. Así que tomó la palabra para evitar que la monja la siguiera molestando.
-Asumo las consecuencias de mis actos sé que me excedí y falté a las reglas del colegio sin medir las consecuencias, traicionando la confianza que las autoridades estudiantiles habían puesto en mí…- expresó mirando a los directivos presentes que lo atendían interesados, aún asombrados de que fuera él el causante de todo el embrollo –…pero aún así no me arrepiento de nada, porque lo hice en defensa de alguien que amo- continuó dejándolos boquiabiertos
-¡Qué está diciendo jovencito, ¿se está refiriendo al Amor?!, le recuerdo que las relaciones amorosas de todo tipo están terminantemente prohibidas en este colegio- se ocupó de recordarle de forma muy poco grata la Hermana Grey pero Anthony hizo caso omiso de esto y continuó sin disminuir su altivez, se le vino a la mente entonces un mañana en Lakewood ya hacia meses cuando había tenido que enfrentarse a la frialdad y severidad de su tía abuela
–Es normal que no entiendan el por qué de mi pérdida de los estribos, quizá porque no saben lo doloroso que es que lastimen a alguien que aman con todo su corazón, la impotencia por no poder hacer nada por ello, la desesperación. Ni haber llegado a ese punto entre la locura y la razón cuando ya no se puede pensar con claridad, sino solamente en encontrar la manera de que los autores paguen por el daño hecho, por querer hacer desesperadamente justicia con las propias manos como esos desgraciados se merecen…no estoy arrepentido de mis actos como les dije, si se volviera a dar el caso, lo haría de nuevo-
Todos guardaron silencio en la sala, haciendo notar que las palabras de Anthony les habían dado que pensar. El supervisor de los varones carraspeó y la Hermana Grey le dedicó una mirada de desconfianza, pero no podían negar que una vez más el joven Brower les había impresionado con la fuerza de su espíritu y el apasionado ímpetu de su adolescencia.
Entonces la Rectora decidió indagar por otra parte para resolver con mayor prontitud el problema.
-Srta. Leagan tiene usted algo que argumentar al respecto, porque según los rumores que corren por el colegio y que han llegado a mis oídos usted también se ha visto afectada de alguna forma por el comportamiento del Sr. Brower. ¿Es eso cierto o no?-
Eliza que por un momento se había quedado contemplando a Anthony sin poder esconder el dolor del desamor que sentía por dentro en su mirada, se vio sorprendida con la pregunta, sin embargo sintió en esos momentos que no tenía fuerza para ninguna confrontación más
-No, no sé de que hablan, yo no tengo nada que argumentar- expresó con melancolía para asombro de todos. La Hermana Grey siguió paseándose frente a ellos analizando esa respuesta.
-Bien, puede retirarse- le indicó después de una corta pausa, y en el semblante de Eliza quien lucía demasiado cabizbaja y triste se reflejó una expresión de alivio. Podía verse a leguas de distancia que estaba totalmente incomoda con toda la situación y que lo único que quería era salir corriendo.
Candy que estaba sumamente intrigada por el problema del que se hablaba que estaba relacionándole a ella con Anthony, se dio cuenta de aquello y sobre todo de las miradas esquivas que compartía con él. No le fue desapercibido tampoco el brillo de tristeza en los húmedos ojos de ella al momento de retirarse ni de la fría y escondida preocupación en los de él. Afectada se dio cuenta de que algo estaba pasando.
-Señorita White- fue aludida por última vez sacándola un momento de aquellos pensamientos, era el supervisor, el Padre Sebastián quien le preguntaba –Necesitamos saber la verdad, ¿fue atacada por el joven Leagan de alguna manera? Téngalo por seguro que de demostrarse un comportamiento ofensivo e indebido por parte de él para con usted, una dama, se procederá a separar a dicho alumno inmediatamente de la institución-
Los Cornwell se rascaron la cabeza, impresionados de la magnitud de las cosas. Candy por su parte estaba convencida de que si lo confesaba estallaría un gran problema familiar
-Fue una broma que se tornó muy seria, intentó asustarme…yo huí de él y me caí- mintió bajando la mirada, sintiéndose la persona más falsa del mundo y que no podía volver a levantar la cabeza por temor a lo que Anthony estuviera pensando de ella
Los directivos entonces se juntaron para deliberar, mirando de cuando en cuando a los acusados hasta que llegaron a una conclusión
-Hemos llegado a un consenso- indicó el Padre –en vista de que no podemos tener contemplaciones de ningún tipo con los alumnos de este institución y sobre todo porque las acciones efectuadas hoy por ambas partes son indeseables bajo cualquier circunstancia, hemos decidido que ambos merecen un castigo. Neal Leagan permanecerá una semana completa encerrado en el cuarto de castigo ni bien pueda levantarse, y usted Sr. Brower será confinado también al mismo lugar a partir de ahora y durante cinco días, no podrá asistir por lo tanto a las festividades del colegio…-
Hubo exclamaciones de desacuerdo sobre todo por parte de los chicos quienes temían por la fecha del primer encuentro deportivo previo al inicio del Campeonato intercolegial
-Pero Padre no puede hacer eso, lo necesitamos el partido es pasado mañana- reclamó Archie
-Sr. Cornwell quien le dio permiso para que hable, aun no he terminado- repuso enseguida el Padre Sebastián con severidad y prosiguió refiriéndose a Anthony – se le dará permiso únicamente por el día del encuentro, pero terminado éste deberá volver inmediatamente a cumplir su castigo-
La impresión de todos los presentes fue general. Candy sintió un golpe de impotencia en el pecho. Todos sus inocentes sueños de felicidad para vivir juntos ese esperado día se le desvanecieron en un instante. Sin embargo la preocupación por él era más fuerte que su decepción. No podían castigarlo a él y por su culpa, porque haberse metido en problemas por defenderla a ella.
Anthony resignado aceptó su castigo y se preparó para seguir a las monjas hasta el cuarto de confinamiento. Mientras los chicos intentaban disuadir de su decisión al anciano sacerdote sin éxito
-Agradezcan que no se le separó del título de Capitán, y háganse a la idea de que no voy a cambiar de opinión así insistan, es la decisión final-
En cuanto la puerta del rectorado se abrió una multitud de jóvenes curiosos y asombrados se apartó haciéndose los disimulados pero habían escuchado todo. Candy lo único que optó fue por seguirlos a él y a las monjas, necesitaba hablar con él aunque fuera una vez.
-Candy que haces- objetó la Hermana Margareth, quien era la que iba al último dándose cuenta de su intención –no puedes ir para la sección de castigos sin autorización de los Directivos-
-Por favor Hermana Margareth, permítamelo solo por esta vez. Necesito hablar con él, por favor- le suplicó con lágrimas en los ojos sufriendo por su amor.
Mientras tanto muy cerca de allí, un galante joven castaño con mirada triste y decepcionada observaba aquella escena semioculto detrás de uno de los pilares del recibidor. Ya estaba al tanto de todo. Pero aún así sintió un profundo desconsuelo al ver la desesperación de ella por ese que él tanto detestaba. Decidió entonces que era mejor alejarse para no hacerse más daño él mismo porque a pesar de que su razón sabía que ella le pertenecía a ese otro, no podía evitar que todavía existiese una esperanza dentro de su corazón.
Ya era casi la medianoche cuando Candy bajo la custodia de la Hermana Margareth cruzó el pasillo oscuro, únicamente alumbradas por la tenue luz de un cirio con dirección al cuarto de castigos.
-Que quede claro Candy que permito esto solo porque de buena voluntad te ofreciste a solucionar el problema de la tortuga de la Srta. O'brien- musitó en voz baja pero bien clara la joven monja más para tratarse de convencer por enésima vez más a sí misma del supuesto motivo por el que se lo permitía, aunque en realidad lo único que buscaba era ver bien a esa tierna parejita, porque les tenía aprecio y no les parecía justo los problemas que por otros tenían que pasar -…además porque me dijiste la verdad, pero que estas peticiones de permiso no se vuelvan costumbre- añadió. Había accedido también a las tristes súplicas de Candy con la única condición de que le contara la verdad sobre lo ocurrido.
Candy bajo la mirada un poco avergonzada por haber tenido que retractarse ante ella de su mentira como un mérito para que le permitiera ver a Anthony. Sabía que a ella le tocaba guardia nocturna durante esa semana y era algo que había que aprovechar.
-Por favor Hermana Margareth no le diga a nadie lo que le conté- le pidió cabizbaja
-No hace falta que me lo repitas Candy, ya me explicaste las razones, además sé guardar secretos- reiteró la religiosa
-Respecto a la tortuguita, no se preocupe no la voy a defraudar, mañana mismo me encargaré de poner a Julie a buen recaudo, conozco lugares del jardín donde puede vivir apaciblemente-
-Si tienes alguna complicación con ello, indícaselo al señor portero, él te ayudará- le recordó la religiosa. Candy solo asintió de forma humilde
La monjita la miró con censura y prosiguió su camino, mientras ella le seguía. Pronto llegaron hasta un estrecho corredor que conducía hasta la habitación que buscaban y a medida que se acercaban al final, los latidos del corazón de Candy se iban acelerando, hasta que la Hermana confirmó en cuanto se pararon frente a la puerta de una habitación que no conocía
-Hemos llegado-
La puerta tenía una rendija en la parte superior con pequeños barrotes, lo suficiente útiles para que el estudiante castigado pudiese conversar o recibir alguna cosa de sus carceleros.
Candy se inquietó y se acercó enseguida a la puerta, tratando de ver adentro pero apenas podía divisar una pequeña sección del cuarto gracias a los rayos de luna que se filtraban por una ventana como claraboya que había sido colocada en el bajo tejado, el resto era obscuridad, acompañada a sazón con el ruido de los grillos y del continuo caer de gotas de agua en algún grifo mal cerrado
"Que lugar tan frío y lúgubre" se dijo impresionada, preocupándose aún más por el estado de Anthony por lo que inclinándose de puntillas para poder espiar mejor no vaciló en llamarlo.
-Anthony…-
El joven rubio estaba en esos momentos sentado en el estrecho catre que servía de cama, con la espalda apoyada en la pared y los brazos sobre sus rodillas recogidas mientras triste y pensativo reparaba en la magnitud de su comportamiento aquel día, lo que le había valido su primer castigo severo en esa institución o porque no decirlo de toda su vida estudiantil. Pero a pesar de todo no se sentía culpable, es más aún sentía un profundo coraje dentro de sus venas hacia Neal, sin importarle que éste fuera su primo, se juró que si volvía a ponerle una mano encima a Candy acabaría con él… y en segundo lugar estaba ella, reinando en sus pensamientos, en su ímpetu no había reparado en lo que podía suceder después y ahora estaba condenado a no estar junto a ella al día siguiente que era su cumpleaños, una fecha tan especial y además a perderse el baile de Mayo que estaba a la vuelta de la esquina. El día que tanto habían soñado para estar juntos y tranquilos así como para divertirse junto a sus primos y las amigas de estos, pero ahora todos los planes hechos se rompían en mil pedazos y debían irse por el caño.
Anthony desesperanzado apoyó la cabeza entre sus manos. Le daba vueltas por tantas emociones fuertes vividas en un solo día, pero no le prestaba mucha importancia a ello porque lo que más le dolía era tener que estar separado de Candy durante tantos días y perderse el poder contemplarla en el festival como "Espíritu de la Flor". Sabía que luciría arrebatadoramente hermosa y él no podría estar allí a su lado, aquello le mortificaba, por lo que empezó a devanarse los sesos ideando un plan para escaparse del aposento aunque fuera únicamente por unas cuantas horas ese día con tal de estar un ratito con ella a escondidas… Reparaba en esto cuando escuchó su vocecita devolviéndole completamente a la realidad y disparándole el corazón en picada-
-¡Candy!- exclamó sorprendido y desesperado, apresurándose de inmediato hacia la puerta para encontrarse con la carita tierna y pecosa de ella preocupada buscando saber que él estaba bien. En esos instantes Anthony deseó tener una fuerza extraordinaria para romper esa puerta y poder estrecharla en un profundo abrazo.
-Amor- dijo ella con ternura extendiéndole los brazos a través de los barrotes con los ojos llenándosele de lágrimas. El se dejó encerrar en ellos mientras los cubría de besos
-Amor mío que haces aquí a estas horas, es muy arriesgado y peligroso, te podrían descubrir- él también se preocupaba de sobremanera por ella, le acarició el cabello y el rostro mientras esperaba por una respuesta
-Estoy bien, tengo el permiso de la Hermana Margareth pero es secreto, debo irme pronto, pero necesitaba saber que estás bien, te traje sábanas limpias- Candy procedió a sacar del bolso que había llevado consigo una sábana y una manta bien dobladitas que se las pasó en medio de los rejas que gracias al cielo no eran muy estrechas y también sacó dos manzanas y una pera que luego le entregó – también te traje esto de comer, no quiero que pases hambre-
-Candy…- Anthony se sorprendió de sus consideraciones aceptando las cosas y fue entonces él quien tuvo ganas de llorar –mi princesa no sé como agradecértelo-
-No hace falta, lo hago porque te amo y quiero que siempre lo tengas presente, los días pasaran pronto y volveremos a estar juntos. Ya verás-
-Can- Anthony tuvo que arrimarse más a la puerta para intentar abrazarla aunque sabia que era imposible, pero solo quería sentirla cerca –te adoro más que a mi vida, por favor perdóname- le suplicó.
La Hermana Margareth les observaba de lejos pero al ver que comenzaban a intimar entre ellos optó por voltear a mirar hacia otro lado para dejarles más privacidad, de todas formas no podía alejarse mucho ya que el cirio lo tenía ella.
Anthony estaba acongojado, en esos momentos frente a ella sí se sintió culpable de sus actos en lo respectivo a Eliza. Sentía que le había faltado en honra a la lealtad de Candy, y no podía seguir guardándoselo dentro, debía decirle la verdad
-Yo me propasé con Eliza así como lo hice con Neal. Siento que te he fallado Candy pero estaba ciego, loco de ira y muy preocupado de que pudieran haberte hecho daño-
Candy le escuchó tranquilamente sin embargo sintió un escozor de celos al escucharlo hablar de ello. Quería saber que era lo que había sucedido con Eliza y porque había ese halo de incomodidad y complicidad brillando entre ambos. No conocía todavía los pormenores pero lo intuía así como lo mal que se sentiría después de enterarse, por lo que decidió cambiar de tema en esa ocasión, posponiéndolo para más adelante cuando él ya hubiese salido de allí.
-Esta bien ya no te preocupes por eso, lo único que vale la pena es saber que estás bien, yo intentaré venir a verte, me las ingeniaré, no importa si tengo que desafiar a todo- aquellas palabras de valentía desarmaron a Anthony llegándole al corazón, haciendo que la admirara aún más –sé que todo lo hiciste por mí y terminaste metiéndote en problemas, yo también debo disculparme contigo. No soporto que tengas que pasar estos malos momentos por mi causa-
-Mi Candy- repitió Anthony acariciándole las mejillas tiernamente – no podré acompañarte en el baile pero quiero que sin importar eso, vayas y te diviertas-
-No me interesa ese baile si no vas a estar tú ahí, ya vendrán muchos más- respondió ella con tranquilidad encogiéndose de hombros, aparentando que le daba igual pero él sabia que no era cierto
-Sé que estabas muy ilusionada por asistir, por favor no dejes de hacerlo por mi causa- le rogó él -Los chicos me contaron que fuiste elegida para ser Espíritu de las Flor y que vas a desfilar en una carroza, de seguro serás la más hermosa de todas…-
Candy bajó la mirada apenada, aunque esos sueños le parecían vanales no podía deja de dolerle un poquito el haberlos perdido demasiado pronto.
-No debes estar triste, mañana es tu cumpleaños mi princesa, debes estar feliz, radiante, alumbrando todo a tu alrededor como lo haces siempre. Es un día muy especial. Un año desde que me di cuenta que estaba completamente enamorado de ti-
Candy entonces comenzó a llorar al escucharlo
-No, no llores mi princesa, sonríe como acostumbras para que con tu risa me des fuerzas para soportar todo esto…- Él fue bajando la voz a medida que terminaba la frase y también se le quebró, las lágrimas de ella le habían vencido. Candy sollozó –Prométeme que estarás bien mañana mi amor, yo estaré contigo en cada cosa que hagas acompañándote con mis pensamientos, y prométeme también que asistirás al baile el viernes-
Candy cerró los ojos un momento reuniendo toda la fuerza de su interior y asintió, mientras él sintió alivio de tener esa repuesta, solo quería felicidad para ella.
-Ellos querrán verme deprimida o que no vaya al festival pero no les voy a dar ese gusto- Candy le dijo sonriendo, alejando las lágrimas y él sonrió también sin soltarle el rostro y juntó su cabeza contra los barrotes, quería traspasarlos, quería estar con ella, Candy hizo lo mismo mientras sus manos se entrelazaban -Esto es solo un obstáculo más, estaremos bien- le susurró recordándole a su vez otra promesa que juntos se habían hecho hacia mucho tiempo, haciéndole latir con mayor fuerza el corazón –somos fuertes-
Automáticamente sus almas entusiasmadas quisieron encontrarse, estaban desesperadas, querían sentirse fundida la una en la otra. Con pasión y como pudieron compartieron un beso a través de los barrotes, no querían separarse, estaban enamorados, por dentro eran la mitad de un todo, estaban conectados, sentían profundamente como si fuera suya la tristeza del otro.
-Candy ya es hora- llamó entonces la Hermana Margareth quien sin querer al voltearse fue testigo de la singular escena poniéndose roja como un tomate y teniendo que santiguarse.
-Debo irme- dijo Candy entonces a su amado, conmoviéndose hasta la médula con la mirada de pena que él le brindó. La necesitaba tanto y ella podía sentirlo.
-Gracias mi amor- le contestó él mientras en el brillo de sus bellos ojos podía notarse la intensidad de su emoción
-Volveré- le reiteró ella poniendo su mejor esfuerzo para poder alejarse de allí– Adiós-
-Adiós- le respondió él
Les costó mucho soltar sus manos y hasta el final cuando ella ya se iba, Candy le pudo ver con el brazo estirado, ansiándola, como esperando a que regresara, con una mirada que la acosaría después en sueños durante toda esa noche y que se le quedaría grabada a fuego en el alma por el resto de su vida.
Continuará...
