Simulaciones

–No entiendo por que tengo que hacer esta prueba.

–Está en el curriculum de estudios.

–¡Pero soy médico!

–El reglamento lo exige.

–¿Y desde cuando el gran Jim Kirk sabe que pone el puto reglamento?

A sabiendas de que la discusión no le iba a llevar a ninguna parte Jim trató de poner calma en su amigo.

–Está bien, Bones. Eres un doctor, uno de los mejores, pero míralo así: si no pasas esta prueba no podrás acceder a ingeniería superior el año que viene.

–¡Pero es que no quiero, ni voy, a hacerlo!

–Pues entonces míralo de esta otra forma: si no apruebas no pasas de curso.

Bones gruñó.

–Lo sé, y lo peor de todo es que no hace mucho también vinimos aquí para practicar una prueba similar– dijo Bones entrando en el simulador en el que meses atrás Jim le había ayudado–. En fin: aquí estamos una vez más.

–Así es– Jim accionó las luces y la cabina se iluminó.

La sala era una recreación perfecta de un puente estándar, con todos los puestos y sus programaciones listas para ser ejecutadas.

–Bien, vamos a comenzar con un repaso– dijo Jim deteniéndose delante de tres paneles dispuestos en la parte posterior de la sala–. Estos son los informes visuales del estado de la nave. Los laterales te informarán del estado de los impulsores y el central de las cubiertas principales. Cómo ves hay varias luces. Si están en verde todo va bien. En amarillo significan peligro. En rojo situación crítica, y en negro zona perdida.

–¿Qué sucede si aparece una luz negra?

–Fácil, ¿qué haces cuando la infección comienza a causar gangrena?

–Amputo la zona dañada.

–Pues esto es igual– Jim se acercó al panel y tecleó un código. De inmediato una placa central se accionó revelando un nuevo panel–. Este es nuestro bisturí– Jim le indicó los dos botones que acababan de aparecer–. Con este activas el sellado y con este escindes el área.

–Pero…– Bones miraba confundido todas las pequeñas luces de control ahora apagadas–… si hiciese eso en una sección media podría destrozar la nave.

–Efectivamente, y por eso es tan importante que sepas cómo es una nave, cómo funciona y que partes son indispensables.

Con un gemido, Bones asintió y trató de prestar atención a cada palabra de Jim. Tras aprender el uso y control de los paneles Jim fue hacia el primer puesto, el de seguridad y comenzó a instruirle en cada función que allí podía realizar. Aunque el médico sabía lo básico de cada una de las partes del puente, Bones aprendió con cada explicación de Jim. Era extraño ver cómo Jim, uno de los máximos exponentes de la alocada juventud, dentro de un puente, o un simulador del mismo, se convertía en un auténtico libro abierto capaz de revelar hasta el más recóndito de los secretos de cada tornillo allí presente.

Al final de las explicaciones Bones permaneció taciturno, algo que no pasó desapercibido para el joven que se acercó a su amigo.

–¿Tienes dudas? ¿Necesitas que repita algo?

–No, no Jim. La verdad es que estaba pensando en que es imposible que sepas todo esto.

–¿Qué?

–Al principio creía que tus conocimientos en ingeniería y similares era por que estabas tomando las clases de segundo curso. Pero nadie en segundo tiene semejantes conocimientos. Tú ya sabías de naves antes de entrar aquí.

Bones no lo preguntó sino que lo afirmó mirando fijamente a Jim. El rubio le sostuvo la mirada sin perder la calma.

–¿Eso crees?

–Sí. Y es más: has tenido que estudiarlo de forma muy profunda, seguramente en una universidad– tanteó Bones mientras Jim, ahora, jugueteaba con algunos de los botones del panel del piloto–. Según mis cálculos tal vez en la facultad de ingeniería o en la de física.

–Eres bueno– Jim siguió con la mirada en los controles.

–¿He acertado?

–Sí. Fui a la facultad de física hasta el año pasado.

–¿Y por qué la dejaste para entrar aquí?

–No la dejé: terminé mis estudios– ahora Jim miraba a Bones con una pequeña sonrisa–. Me licencié un mes y medio antes de ser reclutado. Por la forma en cómo me miras intuyo que estás echando cuentas.

–Así es, saliste demasiado joven de la facultad pero entraste de una forma aún más precoz– el rubio asintió y Bones enarcó una ceja mientras seguía sus cavilaciones–. En tu expediente no hay pruebas de aptitud académicas previas, ahora sé que se debe a tus estudios superiores, lo que no me cuadra con los resultados de tus pruebas de inteligencia. Estas sólo reflejan un coeficiente medio, algo imposible con una carrera universitaria tan temprana.

–Dos.

–¿Qué?

–Antes de entrar en física hice matemáticas– Jim se encogió de hombros viendo cómo Bones abría la boca y le miraba perplejo–. No es algo de lo que hable, no suele ser una conversación natural.

–Obviamente Jim, nadie puede preveer que un chico de tu edad tenga dos carreras, o que mienta en sus pruebas de inteligencia ¡por Cristo!

–¿Iba a reportarme algún beneficio hacer bien ese test?

–Podrías haberte ahorrado algunas clases– le sugirió Bones.

–Y eso hubiera acarreado un trato diferente y, seguramente, la pérdida de algún dato o información, interesante– Jim se rascó la barbilla–. Siempre he sido muy curioso, y supongo que por eso entré en la facultad tan pronto. Elegí matemáticas por su perfección: todos los teoremas pueden demostrarse con una sucesión exacta de álgebra, y eso me agrada ya que las matemáticas son lo que se ve. No hay más, salvo en la estadística por supuesto. Luego hice física por lo contrario, ya que es una ciencia que evoluciona más rápido de lo que se puede demostrar– miró al médico con duda–. ¿Estás enfadado?

–¿Yo? No Jim– se apresuró a asegurar el médico–. Me hubiera gustado que me lo hubieras dicho, pero era tu elección. Lo que no entiendo es por qué quieres mantenerlo en secreto.

–Normalmente la gente tiende a tratarte de forma diferente, la mayoría de las veces con un respeto infundado, nacido de la nada, sólo por un bagaje académico, y eso es algo que me disgusta.

–¿Por qué? Tú has logrado obtener mucho más que la casi totalidad de las personas que estudiamos en este campus.

–Académicamente– puntualizó Jim–. Y eso no me hace objeto de ningún mérito militar.

–Pero…

–Bones, si hubiera querido destacar sobre todos desde mi llegada al campus hubiera podido emplear la memoria de mi padre o la larga carrera militar de mi madre, y no he hecho ninguna de las dos cosas– le dedicó una nueva sonrisa–. Así que no veo razón para airear mis logros académicos.

–Quieres ganarte el respeto por ti mismo.

–Así es. Si no te ganas lo que tienes no sabes realmente lo que cuesta adquirirlo, y eso es algo que un hombre no se puede permitir.

Durante largos segundos Bones observó su amigo.

–Algunas veces hablas cómo un auténtica capitán de la flota estelar.

–Y otras cómo un granjero de Iowa– rió Jim palmeando el hombro de su amigo–. Venga, ya hemos descansado lo suficiente.

–¿Cómo dices?

Activando un botón, toda la sala inició una simulación lanzando infinidad de datos a cada puesto. La sonrisa de Jim se amplió.

–Ahora que sabes lo que sucede en cada estación es hora de que experimentes un auténtica ataque. Vamos, te dejo elegir puesto.

Con un lastimero gemido Bones fue hacia el puesto de comunicaciones y se dejó caer sin darse cuenta que el ejercicio de prácticas al que se iba a enfrentar había sido diseñado por el propio Jim mientras ambos habían estado conversando.


Nota: Sorry por la tardanza en actualizar, pero han sido unos días algo malos. Dentro de poco subiré el siguiente de Thy'la y uno nuevo para este fic. Gracias por seguir leyéndolo :)