Disclaimer: Los personajes de esta historia, pertenecen a mi queridísima Stephanie Meyer—a excepción de unos cuantos personajillos que salieron de mi cabecita—pero los uso para satisfacer mis necesidades de escritura macabra. Eso sí, la trama es totalmente mía y les pido de favor que no la utilicen como propia.
"Destinada a Nunca Morir"
a fanfic by:
Ale-Alejandra
CAPITULO 17
Pequeños Milagros
Nahuel me recordó a Jacob por su largo cabello recogido en una coleta baja. Tenía ese dejo de inocencia en el rostro que lo hacía parecer como si tuviera catorce años. No supe en ese momento si él era como Edward o su familia porque no era tan perfecto a la vista como ellos, sin embargo tenía el mismo toque de misterio de los Cullen.
El muchacho sólo se limitó a asentir mientras me veía extraño. Luego de las presentaciones, Nahuel comenzó a hablar:
—Mis hermanas y yo somos de los pocos híbridos que existen—comenzó con miedo y luego, se quedó callado.
—Él tiene mucho tiempo buscando a personas como tú, Bella…está aquí para contarte su historia—
Me senté a escuchar lo que Nahuel iba a decirme. En realidad, lo veía como una gran fuente de sabiduría en aquel momento. Edward se hizo a un lado, sentándose más lejos de donde estábamos nosotros. Creo que quiso que lo hiciera sola.
—Nací hace más de ciento cincuenta años. Mi madre murió al darme a luz siendo mi tía Huilen la persona que me cuidó desde recién nacido. Ella no sabía mi verdadero origen, así que no supo qué hacer cuando un día se vio invadida en dolor después de que yo inocentemente le había mordido el dedo. Estuvimos vagando los dos durante algún tiempo, hasta que mi padre me encontró—
—¿Él era un vampiro?—
—Más que eso, era un científico según sus propias palabras—su gesto se volvió un poco más duro al hablar de él—Joham cree que está formando una nueva raza, más poderosa que los vampiros comunes, así que un tiempo, viajó por el mundo embarazando humanas para propósitos "científicos". Al parecer la mayoría de sus intentos fallaron, a excepción de mí y mis dos hermanas: Mariane y Giselle. Ambas de distintas partes del mundo—
Me alarmé un momento, ¿cabía la posibilidad de que Reneé y yo fuéramos parte del macabro experimento?
—Lo pensé en un principio, por eso vine. Creí que tu nacimiento tenía que ver con las ocurrencias de mi padre, pero no reconocí su esencia en la tuya. No hay una gota del veneno de mi padre dentro de ti…—
Sentí un gran alivio. No estaba preparada para ser una hermana menor, mucho menor. También me indigno el hecho de que ese vampiro autoproclamado "científico" utilizara a las pobres mujeres de esa manera.
—No entiendo: si tu padre se dedica a eso, ¿porque sólo existen ustedes tres de esa actividad?, ¿no se supone que debería haber más de ustedes…de nosotros?—
Nuevamente su expresión se volvía rígida, tanto que no cuadraba con su rostro de niño.
—Tenemos suerte de haber sobrevivido Bella. La mayoría de las madres e hijos en esta situación, mueren antes o después del nacimiento. Su cuerpo no asimila bien el veneno, así que mueren irremediablemente. El logro de niño hibrido es casi un milagro—
En ese momento pensé en mi sueño, en mi madre moribunda pasando por aquel dolor parecido al que yo había sufrido. Sin duda ella y yo teníamos la misma estrella de la mala suerte.
—Por eso mi mamá murió, ¿no? Siempre lo supe: todo fue mi culpa—
—Difiero en eso—trató de mejorar mi ánimo—En este caso todos tuvieron la culpa, excepto tú—
Para distraerme un poco Nahuel nos contó la historia de Arthur y Helena, un caso aislado al de su padre Joham.
Edward de repente pareció interesarse más al escuchar aquellos nombres:
—¿Qué pasó con ellos?—le preguntó.
Al parecer, Arthur era un vampiro que se había enamorado de una humana. Su historia no había pasado hacía mucho, ambos se habían enamorado cuando los hippies estaban en pleno auge, por lo tanto un amor puro y libre creció entre ellos. Según Nahuel, Arthur pudo hacer suya a Helena sin hacerle daño. Entonces así, entre la sorpresa, trajeron al mundo a un hibrido como nosotros pero al ser Helena una humana, Arthur tuvo que convertirla en vampiro, para poder vivir su vida con su amor y su hijo.
No entendí todo el asunto de la conversión, pero me sentí aliviada al saber que un amor así podría triunfar ante las circunstancias.
—No todo fue color de rosa para ellos. Hace unos años, los Vulturi se enteraron de lo que Arthur había hecho con Helena, además de se habían atrevido a tener a una aberración a este mundo...—
—¿Aberración?—pregunté indignada—Además, ¿qué son los Vulturi?—
—Aberraciones, es como nos llaman ellos: Los Vulturi, ellos son algo así como la realeza de los nuestros —
En este punto, Edward decidió intervenir:
—Ellos son los encargados de mantener en secreto la existencia de los vampiros. Viven en Volterra, Italia y cuando existen problemas de este tipo, ellos abren un juicio en el cual los tres votan para saber cuál será la decisión final…—apuntó Nahuel.
—Exactamente eso fue lo que pasó con la familia de Arthur, los capturaron e hicieron un juicio contra él. Hasta la fecha, nadie sabe lo que pasó con ellos—
Tragué saliva, aquello sonaba muy mal. Incluso comencé a sudar frio, es decir, acaba de descubrir lo que era, y ya tenía alguien tratando de juzgarme.
—Entonces, ¿ellos son solo tres?—
—Así es—contestó Edward—Aro, Cayo y Marco, son los llamados Mecenas Nocturnos de las Artes—
— Ellos son la razón por la cual hemos tenido que vivir escondiéndonos. Hace siglos, nuestra especie fue decisiva para que ellos tomaran el trono de Volterra, por lo tanto ahora, nos ven como una amenaza que es capaz de destruir a los vampiros. Están muy equivocados, nosotros solo queremos vivir en paz—contestó Nahuel.
Si, seguramente que si le perseguían a él, probablemente también me quisieran a mí.
—Existe entonces la posibilidad de que también me busquen a mí —
Edward se acercó a mí, tratando de tranquilizarme.
—Nadie más sabe de tu origen.. Además, si eso llegara a ocurrir, aquí estoy yo para protegerte de quien sea—
Sus palabras me tranquilizaron, aunque pude notar miedo en él.
—Supongo que no podría ser tan malo—contesté aliviada, pero Nahuel comenzó a negar con la cabeza.
Sonreía irónicamente, no me dio buena espina. Según sus palabras, los Vulturi eran implacables y debíamos ser muy cautelosos con mi nueva forma de vida. Aunque Edward insistió que si hacíamos las cosas con cuidado, ellos nunca sabrían nada de mi
Al ver que el tema me ponía nerviosa, Nahuel cambió de tema:
—Mi padre siempre ha estado maravillado por los híbridos ya que no era posible que alguien tan indefenso como un feto humano, soportara el veneno de un vampiro. La prueba es que casi todos morían así que por eso nos llamaba "pequeños milagros"—
Ahora veía porqué Nahuel nos veía como milagros, no sabía el alcance del veneno vampírico pero al parecer había sido una gran hazaña venir a este mundo. Creo que un pequeño bebé no hubiera soportado lo que yo viví aquella noche de mi "despertar".
Nahuel me tomó desprevenida con otra pregunta.
—¿Eres venenosa?—
—Bueno, a veces critico a las personas, pero...—
Edward me interrumpió:
—Se refiere a que si eres venenosa, pero no en ese sentido que piensas—
Yo no tenía ni la más remota idea de si era venenosa o no, es decir, apenas si comenzaba a escuchar la palabra bajo en concepto vampírico. Edward se acercó a mí mientras se arremangaba su suéter, estirando su antebrazo frente a mí luego.
No supe que hacer hasta que él me lo indicó:
—Muerde—me pidió.
Me quedé mirando asustada su piel blanca como la nieve, casi dura como el mármol. Edward pretendía que yo mordiera su brazo. Negué con la cabeza con expresión rara.
—¿Cómo sé que no me destrozaré los dientes?—
—Sólo hazlo—dijo Nahuel un poco impaciente.
Presionada por el par de ojos expectantes, tomé el brazo de Edward. Tragué saliva para no llenarlo de baba innecesaria mientras lo "mordía". Lentamente, presioné con mis dientes la piel de Edward que ahora no parecía tan dura al morder, me sorprendí ante aquello.
—Más fuerte Bella—
Entonces presioné más fuerte cómo él me había pedido, prácticamente con todas mis fuerzas. Un sabor extraño comenzó a saborearse en mi garganta y en mi boca, ahora si tenía que parar, era horrible. Groseramente escupí aquel líquido amargo que salía de mi boca. Pude ver que el brazo de Edward tenía marcado un juego de dientes muy conocido, no había sangre, pero si tenía pequeñas hendiduras en su piel.
Claramente le había hecho daño.
Edward observaba su brazo con expectación.
—Ella no eres venenosa, no siento nada— dijo esbozando una sonrisa mientras se desdoblaba nuevamente el suéter.
—Y, ¿qué era todo eso que probé?—
—Es la reminiscencia del veneno en tu sangre. En realidad es veneno pero sin ponzoña; te pasa igual que mi hermana Giselle, ella y tú han tenido comportamientos muy parecidos en cuanto a su forma de desarrollarse—
—Háblame en humano, no entiendo nada—
—Lo que quiero decir es que ella, a diferencia de Mariane y yo, se desarrolló normalmente, como cualquier humano, año tras año, hasta el día que despertó. Recuerdo que la llevamos con nosotros a cazar y cuando vio a Mariane comiendo de un pequeño simio, estalló en euforia por la sangre—
Bueno, al menos Giselle, la hermana de Nahuel, tenía algo que contar: se había bebido a un simio. En cambio yo, me había devorado una deliciosa bolsa de plástico con sangre coagulada. Hasta en eso era patética.
—Mariane y yo, desarrollamos ponzoña. Nuestro cuerpo sufrió cambios desde los pocos días de nacidos: cuando yo tenía un mes, ya contaba con la apariencia y mente de un niño de tres años. Además desde un principio, ya teníamos la necesidad de la sangre, aunque fácilmente podemos vivir de las dos maneras: sangre o comida humana—
Me asombré por todo lo que pude aprender en un día con Edward y Nahuel. Después de un rato, comenzamos a charlar sobre sus hermanas y me pude dar cuenta que básicamente eran personas normales: ellas estaban cazadas con "hombres" como Edward y como compartían el estilo de vida vegetariano, podían vivir entre humanos al igual que los Cullen.
—Es genial que vivan una vida normal, que trabajen, que tengan una familia...— dije emocionada, pero...
—Sólo hay un detalle—Nahuel me interrumpió—No pueden no pueden tener hijos y eso ha sido frustrante para ellas—
Entonces así iba a ser. No tendría hijos jamás y eso me molestó más de lo que imaginé. No deseaba cargar con treinta niños en mi regazo, pero era mi sueño que algún día muy lejano, yo pudiera ser madre. Traté de componer mi expresión pero no pude, incluso Edward lo notó.
Mi nueva vida no sería nada fácil: inmortalidad, esterilidad, persecuciones por fuerzas supremas, posible necesidad de sangre, etc. En fin, era demasiado para un solo día así que para no abrumarme aún más, Edward decidió llevarme a mi casa ya que seguramente Charlie estaría muy preocupado por mí.
Me despedí por ese día de Nahuel, la verdad estaba sumamente agradecida por todo lo que había aprendido de él. Lo más penoso del caso es que esa noche partiría con su tía Huilen, a la que por cierto, yo no había conocido.
—Haberte conocido hizo que mi vida tuviera más sentido que nunca, por eso jamás terminaré de agradecerte y espero que algún día puedas vivir libremente, sin ser perseguido— le dije poniéndome cursi y dándole un abrazo el cual respondió.
—El día que yo sea libre, tu también lo serás. Espero que no tengas problemas con nada y si así fuera, yo sé que Edward estará para apoyarte en todo, aunque eso signifique ir a lugares recónditos a buscarme— dijo esbozando una sonrisa.
Por su despedida, pude intuir que esta nueva etapa de mi vida, no sería fácil. Tendría que ser muy cuidadosa, no solo conmigo sino con las demás personas a mí alrededor. Debo admitir que me dio un poco de miedo.
Salimos del bosque para recoger el Volvo de Edward y en cinco minutos ya estábamos dentro del coche rumbo a mi casa.
Mientras manejaba, Edward me lanzaba miradas fulminantes con aquella sonrisa torcida, comenzó a tatarear una canción.
—¿Qué pasa?— dije riendo.
—Nada, es sólo que…jamás sentí tanta paz—
—Dímelo a mí, pensé que mi vida sería aburrida siempre, que no habría una chispa de emoción jamás pero llega Edward Cullen, el chico raro de la escuela y la cambia toda por completo—
Aunque había algunas cosas que no me gustaban de esa nueva vida. La primera: la inmortalidad; eso significaba que vería morir a todo el mundo: a mi papá, a Maddie, a mis amigos. Era abrumador si me ponía a pensarlo. La segunda era aquella necesidad de sangre; me aterraba pensar en volver a beberla. Y la tercera, pero no la menos importante: la nula posibilidad de tener hijos.
—Bella, ¿estás bien?—Edward me sacó de mis pensamientos pesimistas.
Pude ver que ya estábamos estacionados fuera de mi casa. Él se bajo primero para abrirme la puerta, era sin duda un caballero chapado a la antigua. Me tendió la mano y me ayudó a salir del Volvo. De pronto, vi en la ventana de mi casa una sombra asomándose por la ventana: Charlie se estaba pasando de listo, pero al menos agradecía que no saliera echando tiros.
—Se pregunta qué hago otra vez aquí, así que, ¿qué le vas a decir?—
—La verdad: que la tarea tardó más de lo que yo hubiera deseado y que amablemente te ofreciste a traerme a casa—estaba nerviosa.
—Ahora piensa que ya tardaste mucho en entrar—dijo acercándose a mi mientras arreglaba un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
Básicamente sentí una corriente inmensa de electricidad en todo mi cuerpo con ese roce. Deseaba abrazarlo para llenarme de su delicioso perfume y recordar aquel día toda la noche pero mi padre me observaba por la ventana. Me despedí de él toscamente, estirándole la mano para despedirme. Edward la sostuvo con una sonrisa y luego puso la otra encima, acariciando mi mano de la manera más dulce, dándonos después la vuelta para alejarnos. Aquella sensación de sentirlo lejos fue horrible, pero sabía que al otro día estaría nuevamente con él.
Entré a la casa y vi que Charlie se hacia el disimulado en la sala viendo un partido al lado de una lata de cerveza. Por suerte, él no preguntó nada así que le di las buenas noches y subí a mi cuarto.
En cuanto cerré la puerta, un suspiro enorme llenó mi pecho recordando todo lo que había pasado el con Edward. Me tiré en la cama con una enorme sonrisa, cubriéndome la cara con la almohada, reteniendo el grito de emoción que me inundaba.
Miles de pensamientos rondaban mi cabeza, además de aquello pero decidí que si pensaba en las cosas malas, nunca viviría en paz. Así que repasé cada segundo que estuve en los labios de Edward para dormir tranquila. El recordar su aroma, hacia que mi corazón se desatara en sólo un segundo.
No estuve consiente de todo hasta ese momento.
Edward Cullen, el hombre/vampiro más perfecto en la tierra me había confesado que me quería, me había besado hermosamente y además, se había ofrecido a defenderme de cualquiera.
Todo era demasiado perfecto, alguna falla debía de tener.
¿Y si al día siguiente se arrepentía?
Estaba aterrada ante aquel hecho, incluso si se arrepentía al día siguiente, rompería mi corazón en mil pedazos pero prefería aquello ahora que después. Dormí con aquella decisión: hablaría con Edward para que tuviera tiempo de rectificar las cosas al día siguiente.
