...Niña de mi Alma...
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...CAP.25: Brusco despertar
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POV Bella
Me toqué los labios por milésima vez, incapaz de no sentir satisfacción al sentirlos desnudos, no vírgenes. Aunque por otro lado me moría de culpa, miedo y vergüenza.
Ya había pasado una semana de aquel perfecto beso y las cosas entre Edward y yo parecían ir de mal en peor. Ya no venía por las noches, me hablaba muy poco y el ambiente se notaba incómodo cuando estábamos solos, lo cual solo ocurría cuando él me dejaba en el instituto y luego me iba a buscar.
A diferencia de mis días normales antes de aquel beso, Edward me invitaba a ver una película con él, insistía en que tocase algo con mi guitarra o me ayudaba en mis tareas de la escuela pero ahora... nada. Desde hacía una semana se iba a correr o a cazar en cuanto yo ponía un pie fuera de mi habitación.
Era doloroso ver cómo me ignoraba y por el momento no tenía el coraje suficiente para encararlo: ¿qué podía decirle después de lo que habíamos hecho? Mi madre y mi padre estaban preocupados por mí, me veían diferente y distante aunque hacía todo mi esfuerzo por parecer normal.
Mi madre había abandonado completamente las clases de cocina y se dedicaba de lleno al C.A.I., que habían recibido el traslado de algunos niños de un orfanato que había quebrado en las afueras de Portland. El C.A.I. no era un orfanato pero estaba en viento en popa por transformarse en uno.
Querían hacer algo grande. Necesitaban unos permisos especiales para mantener permanentemente a los niños, pero querían lograrlo, además de tener su comedor abierto de puertas a cualquier persona, ya sea niño, adolescente o adulto, que no tuviese los recursos necesarios para comer. Llevaría tiempo, pero tenían esperanzas.
Mi padre estaba sumergido hasta el cuello en papeles para el hospital. Todos eran casos importantes de cirugía que debían llevarse a cabo urgentemente, además que se había comprometido a revisar a todos los niños del C.A.I. Debían de tener un historial médico preparado si tenían pensado llevar a cabo transformar todo en un orfanato.
Mi madre me contó que cuando adoptaron a Melanie tuvieron que investigar de dónde venían ella y su hermano mayor. Resultó que el chico tenía diecisiete años, que vivían solos y que él se hacía cargo de su hermanita después de que sus padres los abandonaran. Se encargaron del chico y Melanie fue a parar a la comisaría a hacer los papeles de adopción, para luego por fin marcharse con su nueva familia, aunque una secretaria de Asuntos Familiares debía de ir a ver cómo iba la situación y si la pequeña se estaba adaptando bien.
A pesar de todo eso mis padres notaban que algo andaba mal comigo, que algo había cambiado. Me hubiese gustado contárselo, pero ¿qué iba a decirles? ¿"Besé a mi hermano Edward"? Además, ¿qué diferencia habría? ¿Qué podían decirme ellos que cambiasen las cosas? Estaba más claro que el agua que Edward se arrepentía de lo que habíamos hecho. Y me sentía terriblemente estúpida, ya que no me arrepentía en lo absoluto.
Temía en el alma que nuestra relación tan especial y reconfortante se viera contaminada y arruinada por una estupidez. Por haberme sumergido en mis instintos naturales.
Algo peor de imaginar que se había arrepentido era imaginar que aquel beso no le había gustado. Aunque sus jadeos y sus gemidos competían con los míos en ese maravilloso momento, no podía evitar sentirme insegura.
No sabía qué hacer, tal vez sería correcto pedirle ayuda a alguien de mi familia.
¿Emmet? Por supuesto que no. ¿Rosalie? ¿Qué me diría ella? ¿Estaría decepcionada? ¿Jasper? Es muy comprensivo… Tal vez debería hablar con él. ¿Alice? Bueno… Tengo la sospecha que lo sabe, una gran sospecha.
Estaba con un humor de perros, tirando ropa de aquí para allá, vaciando el centro comercial con furia todos los días durante diez horas seguidas. Luego regresaba y se ponía a probarse todo, guardarlo en su ropero, solo para que al día siguiente lo volviese a poner todo para donar y de vuelta a las compras. Estaba maniática. Si ella había visto lo que había pasado, ¿por qué no me decía nada? ¿Estaba esperando que yo lo hiciera?
Y después solo quedaban mis padres, pero se tachaban rápidamente de la lista al imaginármelos decepcionados.
Junté las cosas que estaban sobre mi mesa a la hora de salida. Mis amigas me acompañaron parloteando hasta la puerta ignorando todavía mi tristeza desde hacía una semana. Estaban todas, excepto Leah.
Había hablado con ella al día siguiente de todo el problema con Jacob, al día siguiente de aquel beso… Me desahogué con ella con todo lo respecto a esa palea con Jake, contándole obviamente solo lo que necesitaba saber. Pero desde allí no volvimos a hablar. Se había enfermado con un fuerte virus, según lo que nos había dicho su madre. Estaba en cama, sin poder hablar, y sin poder recibir visitas a causa de que era algo muy contagioso.
—¡Nos vemos, cariño! —me saludó Ángela y yo le respondí con un susurro.
Allí, frente a mí, estaba el tan conocido Volvo plateado. Subí a él con la vista baja y murmurando un "hola" sin emociones, respondiéndome de la misma forma.
El viaje, como desde hacía una semana, se me hizo eterno. Él tenía las manos apretadas sobre el volante y no me miraba. Las lágrimas querían salir disparadas en cualquier momento: la persona que más amaba en el mundo, la que era como un puerto seguro en las aguas de las cuales me estaba ahogando, ahora no hacía más que ignorarme y odiarme.
O al menos eso sentía.
Siguiendo nuestra nueva y extraña rutina recién estrenada, yo fui por mi lado y Edward por el suyo. Mamá no estaba y Carlisle tampoco, solo mis hermanos, incluyendo a una maniática Alice que aporreaba las teclas de su ordenador con violencia.
Otra de las cosas extrañas que ocurría con Alice era que parecía estar terriblemente enojada con Edward. No lo entendía, ya estaba bastante convencida de que ella ya estaba enterada, entonces… Ella sabía lo del beso, ella sabía que lo sabía y… ¿estaba esperando a que le pidiese consejo, a que le hablase de aquello? Y además estaba enojada con Edward: ¿por qué? Conmigo no parecía enojada, siempre que hablábamos en algún momento sacaba "la pregunta del millón": "¿Algo que quieras contarme, Bella?"
Yo, por mi parte, había disfrutado aquel encuentro, y de qué manera. Soñaba con ese beso toda las noches, despertándome con los labios ardiendo de tanto mordérmelos mientras estaba inconsciente y… más confundida de lo que había estado nunca en mi vida.
POV Edward
Me sentía mal. Terriblemente mal. Ni siquiera las carreras que llevaba a diario hasta Canadá podían calmar un poco el dolor que sentía ante toda la situación. Era desesperante. Tenerla tan cerca y al mismo tiempo tan inalcanzable.
Ese beso no tendría que haber ocurrido, estaba mal. Aunque hubiese sido la mejor experiencia de mi existencia, seguía estando mal, a pesar de haberlo disfrutado más de lo que debería, ella aún no estaba lista para eso. ¡Por Dios, tenía solo quince años!
Le había arrebatado la posibilidad de su primer beso. Yo no lo merecía. Y tal vez ella se arrepentía de haber sido yo quien la besara.
Estaba loca y terriblemente enamorado de Bella. Quería haber hecho las cosas bien, consultar a mis padres, a mis hermanos, invitar a Bella a salir cuando sea un poco más mayor, dejarla disfrutar de experiencias humanas sin ser contaminada con mi naturaleza y después de todo eso, arrodillarme ante ella y revelarle todo el amor que sentía y, con mucha suerte que ella sintiese al menos una mínima parte de lo que yo sentía, con su consentimiento, robarle un beso, un inocente beso.
Pero no, había tirado todo el plan por la borda, la había seducido de la manera más horrible, obligándola a caer ante mis encantos vampiricos para arrebatarle su primer beso de una forma salvaje y pasional. Y ella era solo una adolescente de quince años.
Qué mal había estado. Ni siquiera podía decírselo a nadie para buscar ayuda y pedir consejo. Lo único que se me ocurría de primera mano era tratar de alejarme de ella, por su bien, ignorarla lo más posible primero, para que ella no se hiciera ideas en la cabeza. No quería que pensara que era un maldito depravado que quería tomar todo de ella. La alejaría de mí hasta que ella se olvidara de lo que había pasado aquella noche y pudiese volver a la normalidad. Y segundo, tal vez lo más importante, para no sucumbir ante mis instintos más primitivos y volver a caer rendido ante los encantos de su cuerpo.
Aunque Alice me dijera todo lo contrario.
Aquella noche, después de besar por última vez sus labios tiernamente y salir disparado de su habitación para no cometer ninguna imprudencia, a pesar de que le había prometido que "dormiría" junto a ella, mi hermana me había arrastrado prácticamente de las orejas porque tenía que hablar muy seriamente conmigo.
Me había preguntado que había sido todo eso. Ella, al igual que yo, pensaba que me había adelantado demasiado a los hechos a pesar de que Bella ya parecía tener dieciocho años, pero que en el fondo se sentía muy feliz por los dos.
¿Por los dos? ¿Cómo estaba tan segura que Bella me correspondería?
Alice veía que Bella estaba sumamente confundida y por el momento no había decidido nada al igual que yo, pero que tenía el presentimiento de que las cosas irían muy bien.
Horas después la siguiente charla no había sido tan encantadora.
Después de decidir que ignoraría a mi ángel por el bien de ella, Alice se había puesto loca de los nervios. Me dijo que era un idiota, un irresponsable, un sabelotodo que se creía Dios. Ella tenía miedo que aquella decisión mía le hiciese daño a Bella.
Ella fue la sabelotodo que se creía un dios en ese momento. Yo jamás, jamás le haría daño a Bella, de ninguna forma. Ni física, mental, emocional o psicológicamente. La había querido proteger desde la primera vez que la había visto robando en el supermercado, a pesar de que había fallado miserablemente unas veces. Últimamente eso no había pasado, ni pasaría nunca.
Aunque doliese ver la decepción en sus ojos, aunque me doliese (un poco extraño entre las piernas) oírla gimiendo entre sueños y aunque me estuviese hundiendo hacia un profundo abismo cada vez más…
…las cosas entre Bella y yo quedarían como estaban.
POV Bella
Viernes.
Al fin un respiro de las clases y de la muchedumbre que parecía asfixiarme mientras estaba dentro.
Dos semanas desde aquel beso.
En la escuela me iba bien, aunque me costara concentrarme. En el C.A.I., según el informe de mamá, las cosas iban tomando rumbo. Alice (por suerte) estaba más tranquila, aunque seguía ignorando a Edward, tanto como él a mí.
Y yo… bueno, ya no era yo. No me gustaba escuchar música, no me apetecía ir a ningún lado, no me tranquilizaba tocar mi guitarra, no quería leer con Jasper en el tronco que estaba detrás del jardín, no quería jugar a las luchas con Emmet o que siguiera intentando enseñarme a jugar al baseball.
Mis amigas estaban preocupadas, aunque me respetaban. Estaban más ocupadas con "la chica nueva".
Su nombre era Molly, cabello rubio teñido hace tiempo, por lo tanto se notaban sus raíces negras. Tenía piercing por toda la cara y se vestía completamente de negro, lo cual contradecía completamente a su personalidad. Era divertida, entrometida, competitiva y extraña. Tenía un cuerpo de infarto, delgado y con buenos atributos.
Había llegado hacía diez días. Jessica había sido la primera en hablarle en el aparcamiento el primer día que llego, habían entablado rápidamente una amistad un poco provechosa por parte de ambas: Molly recibía todos los cuchicheos de última noticia y Jessica recibía atención por estar con la nueva.
Molly era pequeña, me hacía recordar la fisionomia de Alice. Tenía dieciséis años, había repetido de curso una vez cuando huyó con su novio del internado donde estaban por robar un supermercado a los catorce años a mano armada.
Una vez cumplido su "sentencia" luego de regresarlos de su escapada y hacerlos recruzar el año, esta vez separados por completo, se mudó con su prima mayor de Chicago a Seattle y de allí a Forks.
Extrañamente me caía bien. Era agradable pero atraía demasiado la atención con su humor entrometido. La juzgué mal al principio, pero era increíblemente amable y paciente con nosotras, se daba cuenta cuando estábamos incómodas con la presencia de muchachos que ella atraía y los mandaba a volar, y lentamente nos incluía en sus otras amistades, haciendo que nosotras hiciéramos lazos también. Aunque yo estuviese más muerta que viva.
Otro día de semana, nuevamente, caminaba sola hacia mi siguiente clase… Bueno, en realidad me sentía realmente mal como para asistir, pensaba retrasarme y encerrarme en el baño hasta la hora de salida. Recordar dolía.
Caminando con la cabeza baja por un pasillo que me dirigiría hacia el baño escuché una voz que me llamó y que nunca esperaba volver a oír.
—¿Bella? —dijo una voz entre sorprendida y aterrorizada. Levanté la vista.
—¿Leah? —pregunté observándola parada frente a mí.
Mi amiga me miraba con una mueca extraña en sus fracciones. Se veía bien, para nada enferma, su mirada era más dura que de costumbre y estaba más bronceada.
—¡Leah! Qué alegría verte. ¿Qué haces aquí? —me acerqué para abrazarla pero ella retrocedió rápidamente, como si tuviese un cuchillo en la mano. Entre eso, me pareció ver que sus manos temblaban…
—¿No deberías estar en clase? —preguntó molesta. Yo también retrocedí, ahora sus brazos temblaban.
—Sí, pero… no me sentía bien… Leah, ¿qué te sucede? —Le pregunté—. ¿Por qué no me llamaste? Creí que estabas enferma —ahora yo también estaba molesta.
—Bella —me cortó—, no podemos hablar más —me dijo con su ceño fruncido. Me miraba fijamente, intentando trasmitir un mensaje a través de ellos e increíblemente me estaba dando cuenta de lo que ocurría.
Me estaba hablando como Jacob lo había hecho.
Jadeé de espanto. Leah no estaba enferma…
—¿Leah tú… tú ya te…? —¿Cómo preguntarle algo así?.
—Sí… —admitió bajando la cabeza. Rendida. Dejó de temblar a una velocidad increíble y se le escapó una lágrima. Se me oprimió el corazón.
—Oh, Leah, amiga… —me acerqué a ella lentamente, dejando de lado el peligro que tal vez ello contenía.
La rodeé con mis brazos y ella se quedó estática pero se dejó estar mientras sollozaba. Mierda, ¿qué debía decirle? ¿Qué pasaría ahora en más? ¿Se iría de la escuela, por mi culpa?
—¿Qué debo hacer? —pregunté, me sentía muy inútil en ese momento.
—Es mi destino Bella… —murmuró contra mi hombro—... ya no puedo hacer nada, debo irme, regresar a la Push. Lo siento… —hipó.
—Oh, Leah… —cerré los ojos y lloré con ella. Me sentía tan culpable… ella se había transformado por ir a mi casa y estar en presencia de vampiros: era su instinto. A pesar de todo y a pesar de cómo me había tratado Jacob y de yo misma esperar lo peor, ella como la buena amiga que siempre fue, se despedía de mí de la mejor forma posible.
Yo sabía que era una despedida sin que se dijera abiertamente. ¿Cómo haríamos para vernos y continuar siendo amigas si yo no podía ir a la Push y ella debía quedarse allí? ¿Hablarnos por teléfono? ¿Acaso no haría eso que nos extrañáramos más?
—Debo irme —susurró apartándose de mí y secándose las lágrimas. Yo hice lo mismo con las mías.
—Pero Leah… —intenté detenerla de alguna forma, pero no se me ocurría nada.
—Bella, entiéndelo, sabes que tu familia es… bueno, eres una Cullen. Mo podemos vernos, además si me lo permitieran tampoco tendría tiempo, entre los estudios, ayudar a papá y patrullar…
La interrumpí.
—¿Patrullar? —pregunté confundida.
—No importa… Cosas de lobos. El tema es que, lo siento, sabes que no te culpo, pero cuando fui a tu casa a tu cumpleaños y me picaba la nariz… jamás creía que eso desatara tantas cosas —apartó la mirada.
—Lo siento, Leah, en serio —me disculpé.
—Te dije que no era nada, Bells. Sabes que eres la mejor amiga que he tenido —dijo tomando mis manos, éstas temblaban levemente.
—Tú también, te voy a extrañar —esta vez fue mi turno ser abrazada. Justo ahora, cuando más la necesitaba… me estaba quedando sin nada. Lentamente las personas a mi alrededor desaparecían… o me ignoraban.
—¿Vas a estar bien? —le pregunté en cuanto me soltó.
—No te preocupes por mí, Jared me cuidará, hasta ahora lo está haciendo estupendamente –dijo tomándome por sorpresa.
—¿Jared? —pregunté. Me parecía haber escuchado antes aquel nombre.
Leah sonrío, mientras bajaba la mirada, y se sonrojó. ¡Vaya! Un hombre para Leah, no me lo esperaba.
—Debe ser estupendo —le felicité.
Ella asintió. Vi que en sus brazos tenía las cosas de su casillero, estaba lista para salir.
—Adiós, Bella —susurró mirándome por última vez.
—Pero… —murmuré en un intento de detenerla.
—Adiós —volvió a decir, pero más firmemente, dejándome en mi sitio.
—Adiós… —dije mientras las lágrimas volvían a llenar mis ojos.
Se mordió el labio, vacilante, pero luego volteó y salió corriendo hacia la salida. Solo ahí me di cuenta que un muchacho musculoso y de piel olivácea, con el cabello rojizo y ojos ocres la esperaba en la puerta. Rodeó la cintura de ella con un brazo y se perdieron en la niebla espesa que abundaba el día.
Tal como había prometido me quedé encerrada en el baño hasta la hora de salida. No tenía ni un ápice de ganas de enfrentarme otra vez a un Edward que me ignoraba por completo, no podría soportarlo, no aquel día. Ya había perdido otro amigo, no quería nada más que estar en los brazos de mi héroe, pero seguramente su mirada me detendría, esa mirada cargada de odio y de reproche. No podría soportarlo, me derrumbaría delante de él.
Por suerte, en vez de un Volvo plateado esperándome en la guardilla, se encontraba un reluciente Porsche amarillo canario. Alice estaba dentro.
Murmuré un "Hola" cuando entré y fui correspondida de la misma manera aunque no tan tajante como en los días anteriores. Alice seguía enfadada.
No pregunté que hacía ella aquí en vez de Edward porque en realidad así lo prefería. Tal vez, con la partida definitiva de Leah, ella estaba comenzando a verme de nuevo. Entonces, ¿me había visto llorar destrozada en el baño? Sí, seguro que lo había hecho.
Ella suspiró cansadamente y redujo la velocidad considerablemente.
—Escúchame, Bella, ambas sabemos lo que pasó entre Edward y tú —Oh, no, genial...
Me quedé callada, mirando por la ventana.
—Mamá está muy preocupada, no le he dicho nada. Estoy esperando que tú misma lo hagas, pero siempre le evades el tema —Oh, mamá…
Se me cayó una lágrima por la mejilla. Me había equivocado: en ese momento sí quería enfrentarme al enojo e ignorancia de Edward en vez de con Alice.
—Les dije que yo hablaría contigo. Ya sabes: Rosalie está hecha una fiera, quiere saber desesperadamente que es lo que te ocurre, así que puedes hablar conmigo o enfrentarte a Rose. Y te advierto que te encerrará en su habitación y te interrogara sin piedad hasta que se lo digas —me advirtió.
Dios mío: ¿tantos problemas? ¿No se daban cuenta además de que estaba mal que también me moría de agonía por el rechazo de Edward? ¿No habían notado nada extraño en él tampoco? ¿Por qué no lo interrogaban a él? No quería hablar, no quería meter a toda la familia en este problema que teníamos él y yo. Además, ¿qué pensarían ellos?
—Yo hablé con Edward. Los demás están enfadados, piensan que lo que te pasa a ti tiene que ver con él y tú sabes que yo lo sé —¡Bingo! Reunión familiar en la noche para discutir sobre incesto. Bueno tal vez exageraba… no éramos hermanos de sangre.
—Es un reverendo idiota, en vez de plantearse las cosas y solucionarlas, él te ignora y tú te acobardas. ¡Bella, debes ser más valiente, agárralo del cuello, sacúdelo y que te escuche, a que eso lo toma por sorpresa y se le aclaran las ideas musgosas que tiene del tiempo! —respondió Alice entre dientes.
Me quedé callada.
—¿Me vas a dejar hablando sola como una loca? —preguntó con una leve sonrisa, la primera en bastante tiempo y yo se la respondí.
—Dime, ¿qué sentiste? —me preguntó, sabía a lo que se refería y me puse colorada.
—Fue… maravilloso —respondí con la voz ahogada y al recordar ese momento las lágrimas volvieron.
—¿Y a ti quién te entiende pequeña? ¿Si fue maravilloso por qué lloras? —me preguntó acariciándome la pierna con su mano.
¿Cómo explicarle todo el dolor que sentía? ¿Cómo decirle lo que las actitudes de él me provocaban? ¿Sería capaz de explicar con palabras la duda que tenía de que si aquel beso habría sido un error o no?
—Él me ignora Alice… —dije sorbiéndome la nariz, las lágrimas se me resbalaban ya por la garganta.
—Lo sé, es un estúpido —dijo para sí misma—. Pero lo que debes hacer es hablar con él, Bells, ¡ahora que tienes el valor, ve y hazlo! —la miré sin creerme sus palabras.
Ella parecía haber recuperado su energía y esplendor de siempre.
—No —respondí firmemente y la sonrisa se le borró.
—¿No? —preguntó, como para ver si había oído mal, como si eso fuese posible…— ¡¿Cómo que no? ¿La charla no sirvió de nada? ¡Ay, Dios! No sé quién de los dos es peor… —se quedó rechinando los dientes y volvió a refunfuñar algo a velocidad vampírica; ella nunca se rendía por nada pero debió de tener alguna visión sobre mi decisión.
Pues que se aguante, yo no hablaría con él. Si Edward tenía algo que decirme pues tendría que venir él.
Sí, me comportaba como una niña pequeña y caprichosa, pero era Alice la que no me entendía.
¿Para que preguntarle lo que ya me decía con acciones? No podría soportarlo, humillarme y hacerme trizas diciéndome que él no me quería, que aquel beso había sido horrible y que jamás debía de haber ocurrido, no lo aguantaría. No era tan fuerte…
Llegamos a casa, entré en silencio, raro en mí. Siempre entraba haciendo ruido a saltarle encima a Jasper o a cualquiera que estuviese en el sofá de la sala principal, a saludar a mi madre con un cariñoso abrazo, mojar el pan en la salsa si estaba haciendo o quemarme la lengua y los dedos sacando algo del horno que estuviese cocinando, beber el jugo del pico mismo de la botella recién salida de la heladera, ganándome un regaño de mamá, subir las escaleras a todo trapo hasta mi habitación, encender la música a todo lo que daba, la computadora, cambiarme rápidamente, tirar la mochila por el medio de las escaleras, deslizarme por el barandal de ésta cuando mi madre gritaba "Ya está la comida" y sentarme a comer junto a Edward. Hacer los deberes junto a alguien, quejarme de los tratamientos de belleza de Rosalie, huir despavorida gritando: ¡socorro, socorro! cuando Alice tomaba su tarjeta de crédito y las llaves de su coche.
Jugar con Emmet y Jasper como si fuésemos unos críos, agarrar mi patineta y ponerme a andar en medio de los pasillos.
Ahora nada, nada había quedado de aquella rutina tan característica en mí. Ya no más tintura en el champú de Rosalie para desteñirle el cabello, ya no más papel picado rellenando el maletín de papá y ya no más jabón en polvo cuando mamá preparaba café a sus amigas para que explotase cuando hirviera, ya no más nada.
Me recosté en mi cama temprano en la tarde, saltándome la cena y me quedé profundamente dormida.
La luz del día me despertó y me parecía que era demasiado tarde para ir a la escuela. Miré mi despertador, eran las 10:47 de la mañana. ¡No había ido al instituto! Pero… tampoco nadie me había despertado. ¿Qué habría ocurrido?
Me senté en la cama y solo allí fui consiente del mareo que sentía dentro de mi cabeza, de que mis ojos me picaban y de que mi almohada estaba empapada, en sudor y en lagrimas posiblemente.
Oh no, pensé, genial, otra pesadilla más. Me preguntaba que tanto había preocupado a mi familia esta vez.
Mamá entró por la puerta con una bandeja llena de comida en las manos. Me miró con expresión perturbada, como si hubiese visto como alguien moría lentamente. Sabía que estaba así por mi, no recordaba nada de la noche anterior pero me di cuenta que no tenia el mismo pijama que me había puesto antes de dormir y que mi brazo derecho tenía un algodón agarrado a una cinta. Dolía.
—Casi me matas anoche —susurró cansadamente mientras apoyaba el desayuno en un costado de la cama y se acomodaba la bata para sentarse a mi lado.
—Lo siento —susurré intentando no llorar.
—No te preocupes, no te pongas mal, papá dijo que no te estresaras, que siguieras el día como si no hubiese ocurrido nada. Hoy, como ya te habrás dado cuenta, no irás a clase. Un día no hará daño —me acarició la mejilla y me besó la cabeza.
—¿Qué ocurrió realmente? —pregunté intentando todavía recordar algo.
Mamá suspiró antes de empezar.
—A mitad de la noche comenzaste a gritar y a llorar. Vine hacia aquí directamente a ver lo que te ocurría. Tenías una pesadilla pero… no podía despertarte. Fue desesperante y le grité a Carlisle que viniera. Él te inyectó algo y te calmaste un poco. Me quedé a tu lado la siguiente hora hasta que comenzaste de nuevo. Ya no te calmó nada, y Alice y Rose me ayudaron a meterte en la bañera, pensábamos que el agua te despertaría, pero no, seguías gritando. Te dimos el baño más largo que pudimos y luego te volvimos a poner en la cama, te agarró fiebre casi al instante —hizo una pausa para un jadeo.
Yo me sentía tan culpable… ni siquiera recordaba lo que había soñado.
—Comenzaste a temblar y no sabíamos qué hacer… Te pusimos paños mojados en la frente y en el cuello porque estabas hirviendo, hasta tuvimos que bañarte otra vez. Seguías inconsciente aunque un poco más tranquila. Papá, Alice, Rose y yo nos quedamos aquí contigo y los demás estaban en la puerta, tan preocupaos como nosotros.
Me pregunté si ese "los demás" incluía a Edward.
—Lamento haberlos preocupado —susurré arrastrándome a su regazo. Cómo podía, ya estaba bastante grande para ese tipo de cosas.
—No te atormentes por eso cariño. ¿Recuerdas lo que soñaste al menos? —preguntó acariciándome el cabello.
Negué con la cabeza.
—Nada de nada –contesté.
—Está bien —dijo apartándome—. Hora del desayuno, si aun tienes sueño puedes volver a dormirte —se levantó enseguida y me besó la frente—. Yo debo acomodar las habitaciones de huéspedes —dijo dirigiéndose a la puerta.
¿Habitaciones de huéspedes? ¿Por qué? ¿Quién venia?
—¿Quién viene, mamá? —pregunté curiosa mientras atacaba prácticamente el huevo revuelto de mi plato.
—Oh, olvidé decírtelo. Van a venir nuestros parientes de Alaska, los Denali —ella sonrió, como siempre.
Me sentí mejor al verla sonreír de nuevo, no quería dolores de cabeza para mi familia por estupideces mías.
—¿Los Denali? ¿En serio? —pregunté incrédula.
Edward me había hablado de ellos los días siguientes que me había quedado en la mansión Cullen, después del incidente con el neófito. Todavía, por motivos personales de ellos, no los había conocido.
Desayuné tranquilamente oyendo a mis hermanas ir de un lado a otro. Al parecer estaban emocionadas, por lo general ellas eran sigilosas como un fantasma a la hora de moverse.
Me fui directo a la ducha luego de comer. A pesar de que mi madre me había dicho que ya me había bañado dos veces, en menos de cinco horas, me sentía sudada.
Me puse la ropa que ya estaba lista encima de la cama en cuanto salí del baño (cortesía de Alice, por supuesto). Me la puse sin rechistar, además de que estaba cansada para discutir con ella quería tener las mejores pintas para los invitados que vendrían.
Bajé las escaleras de dos en dos, con la mirada baja, no queriéndome topar con ojos que no quería ver. Ayudé a mi madre e hice mi comida para más tarde, ya que acababa de desayunar. Mis hermanos estaban haciendo lugar en la cochera para los coches de los Denali. Bueno… En realidad, estaban discutiendo qué auto se quedaría fuera durante los días que ellos estarían aquí. Claro que ni Emmet ni Edward querían que su preciado coche quedara a merced del bosque y de las tormentas de Forks.
Luego de eso me quedé hasta la tarde con mi padre. Estaba un poco mimosa, así que comí mi almuerzo tardío con él en su despacho. Cuando fui a lavar lo que había utilizado sonó el timbre, claro que Alice ya estaba allí, frente a mí, abriendo la puerta.
—¡Bienvenidos! —gritó con emoción mientras se enredaba en un abrazo con otras tres… ¿vampiresas? Alice se apartó y las dejó entrar.
Yo estaba lista, con mi vestido azul, peinada lo mejor posible y levemente maquillada. Parecía una princesa y me sentí así hasta que "ellas" entraron.
El ego se me fue hasta los pies.
Eran tres hermosas mujeres, de piel blanca como la nieve y unos ojos dorados que resplandecían como fuego. Altas, esbeltas y hasta podían hacer competencia con la belleza de Rosalie, sus melenas hasta la cintura en distintos tonos de rubios, hermosas bocas rosadas, una sonrisa seductora y unos dientes relucientes… Perfectas en toda su totalidad.
Detrás de ellas entraron un hombre alto y con cabello marrón, y una mujer hermosa con cabello color caoba y una sonrisa radiante.
—Oh, tú debes ser la pequeña Bella —dijo la más joven de las tres diosas rubias—. Yo soy Tanya —dijo acercándose a mí y besando ruidosamente mi mejilla como si fuese una niña pequeña.
—Oh, pero mira, si es una dulzura —dijo la mujer del cabello caoba—. Cariño, un placer, yo soy Carmen, él es mi esposo Eleazar, mis sobrinas: Tanya, que ya se presentó e Irina y Kate —me comentó la mujer acariciándome tiernamente el brazo.
—Encantada —murmuré sintiéndome realmente insignificante al lado de la mirada calculadora de las chicas rubias.
—¡Oh, Esme, querida! —Carmen se alejó y abrazó a mi madre.
A velocidad vampirica el resto de mi familia regresó y se saludaron unos a otros, dejándome a mí en el centro de abrazos, risas y comentarios que no comprendía hasta que la chillante voz de Tanya me sacó de mi ensoñación con su grito:
—¡Edward! —gritó y se fue directo hacia su cuello para abrazarlo con fuerza. Él le murmuró algo entre dientes y ella rió, contestándole en el mismo tono bajo.
El abrazo en sí duro muchísimo más de lo que se considera de buena educación. Ella se apartó por fin y besó a Edward cerca de los labios, dejándole todo su asqueroso labial allí.
Con mucha rabia me di cuenta de que a mí también me había besado así y me restregué la mejilla con furia, tal como predije sentía la zona pegajosa.
La tortura a la que Tanya me estaba sometiendo no terminó allí, sino que rodeó la cintura de Edward con ambos brazos y él dejó su mano en su hombro.
Casi al borde de las lagrimas me di cuenta que tan bien encajaban juntos, sus pieles eran idénticas o casi, marmóreas y fuertes a la vista. Su cabello, en distintos tonos de rojo pero que combinaban entre sí y sus perfectos ojos dorados. Él y Tanya se veían ideales juntos, una verdadera pareja y tal vez lo más importante… de la misma especie.
El pecho lo tenía oprimido por la pena y agonía que sentía en aquel momento, en pensar que él tal vez estaba enamorado de esa Tanya o de que hiciesen una pareja en el futuro, que se casasen… Mierda, dolía horrores, quería llorar tan mal… Encerrarme en mi cuarto y dejarme ahogar por mis propias emociones, pero seguramente ellos me oirían.
Me negué a seguir sintiéndome inferior, por encima de todo el dolor que sentía, comencé a sentir una nueva emoción, algo lo que tal vez ya estaba acostumbrada porque lo había experimentado en casi toda mi infancia: odio.
Odio por esa estupida rubia barata que se creía tal de robarle besos y abrazos a Edward como si ella fuese la diosa del Olimpo, aunque se viese así, ella no lo era. Era a mí a quien Edward había besado, era a mí a quien le había dicho: "te amo", era mi cama la que ocupaba por las noches (o bueno hacia unas semanas así era).
Si Alice había dicho que la solución al problema que estábamos teniendo era hablando pues así seria.
No iba a permitir que una cualquiera como ella se interpusiera entre lo que Edward y yo habíamos logrado. Él y yo estábamos experimentando emociones que sin ninguna duda nos estaban llevando a algo mucho mejor.
Me di cuenta, además de todo eso, de que cada hora que pasaba tenía un poco más claro lo que me ocurría con Edward.
Él me gustaba. No… lo quería. Sí, eso era, yo lo quería… y de qué manera.
Ella podía ser fuerte como un tanque de guerra pero no podía hacer nada contra la fuerza que me ataba a Edward, más que nada en ese momento.
No me sentía débil, no me sentía humana, me sentía mas segura y poderosa de lo nunca había estado en mi vida, y lo más tonto y estúpido de eso era que había tenido que esperar a una rubia pegajosa para darme cuenta de lo que quería, de lo que deseaba, de lo que eran capases mis sentimientos y de lo valiente que podía ser.
Si era necesario una grúa para despegarla de Edward, pues así iba a ser.
Chicas, después de tantas vueltas que les he dado por fin les traigo el capi, de nuevo, y para las que no llegaron a leer el mensaje que publique, lamento muchísimo el retraso. Mi Beta y yo hemos tenido problemas con nuestras maquinas y luego ella tuvo que salir de viaje por asuntos personales, asi que aun mas se nos complico el tema.
Sepan que ambas lamentamos haberlas hecho esperar y como siempre espero sus reviews y que les haya gustado el capi. ¡No me maten porfa! XD
Aquí mi Beta les deja también sus disculpas:
''Siento muchísimo el retraso de Flopii, en serio. En parte es por culpa mía, que he sufrido muchos percances que me han dificultado la tarea de corregir los capítulos de Flopii. He hecho lo mejor posible, pero dentro de poco, Flopii ni siquiera me va a necesitar. Hasta entonces, disculpad los retrasos que nunca antes se habían presentado con esta maravillosa autora.
Atentamente,
Lady Evelyne''
