Lamento mucho la metedura de pata al subir el capítulo 24, ya esta corregido y resubido así que ya podéis leerlo cuando gustéis ^^.
CAPÍTULO 25
A PEOR
Tai recibió el bofetón de su madre su moverse, porque sabía que se lo merecía. Le daba igual si quería volver a pegarle, se lo merecía.
- ¡¿Por qué la has sacado de casa? ¡¿No has visto como estaba está mañana? – Quería saber, histérica.
- ¡Mamá, ya basta! – Intervino Kenji poniendo a Tai tras su espalda – Kari se había puesto buena de pronto por eso la he dejado sola. Le había bajado la fiebre y lo único que tenía es tos, nada más.
- ¡No le defiendas, Kenji! ¡Aunque se hubiese puesto mejor no tenía que sacarla a la calle! ¡¿O es qué aún no sabes lo débil que es tu hermana, Tai?
- ¡Mamá, ya basta por favor!
Los dos empezaron a discutir, una echándole en cara a Tai lo que había pasado y el otro defendiendo a su hermano. Sin poder resistirlo más, y llorando por la culpa, Tai se marchó corriendo.
- ¡Tai, espera! – Pero no se detuvo, se marchó en dirección a la escalera de incendios.
Quizás debería haberlo seguido pero seguramente querría estar solo. Ya hablaría con él más tarde, ahora lo importante era calmar a su madre. No le había dicho nada del ladrón que había entrado en casa, era ya lo que le faltaba para que le diera un ataque de histeria.
Es normal que estuviera preocupada y asustada, todos los estaban, pero no era para pagarlo con Tai. Su madre, abatida, se dejó caer sobre la silla y empezó a llorar. Su marido se sentó a su lado e intentó calmarla, sin mucho éxito.
- Kenji por favor, ve con Tai – le pidió su padre.
Ambos se miraron fijamente y su progenitor asintió. Su padre no culpaba a Tai de lo ocurrido, era un hecho, por eso quería que estuviese con él. Sin más fue en su busca y no le costó mucho encontrarlo, solo tuvo que seguir el sonido de su balbuceo. Estaba en el piso de arriba, con la cabeza escondida entre las piernas.
- Ey – le puso la mano en el hombro con ternura – Cálmate, no se lo tengas en cuenta. Está muy afecta.
- ¡Pero es qué es verdad! ¡¿Por qué se me ocurrió sacarla de casa maldita sea?
- Kari ya estaba mejor, cálmate. Igual solo le dio una baja de tensión y por eso se desmayó, nada más.
- Ugh… yo… yo… ¡maldita sea lo he vuelto a hacer! ¡Cómo esa estúpida vez que hice igual! ¡Lo he vuelto a hacer, joder! – Golpeó la barra de metal con el puño, haciéndose mucho daño, pero no le importó. Era más el odio que se tenía así mismo en ese momento que el dolor que le había producido el golpe.
- No digas tonterías anda – se sentó a su lado – Además, ¿no fue ella quién te lo pidió? No te habría dicho de salir al parque si se hubiese encontrado mal, ¿no?
- No me intentes convencer de lo contrario, te lo suplico por favor – cuando le miró tenía los ojos llenos de lágrimas, y en vez de decir nada más sacó su pañuelo y se los limpio, por lo que Tai se quedó mirándolo fijamente.
No entendía a su hermano, ¿por qué en lugar de estar cabreado con él por la estupidez que había cometido, como había hecho su madre, intentaba animarle y convencerle de que no era culpa suya?
- Tai, yo no creo que sea culpa tuya, ¿vale? Cuando me fui a comprar los medicamentos la fiebre le había bajado de golpe y ya estaba bien. Igual solo le volvió a subir, nada más. No hice ningún sobre esfuerzo, ¿verdad?
- B-Bueno… ella… ella quería… darte una sorpresa para cuando volvieras.
- ¿Una sorpresa? – Parpadeó perplejo, sin entender.
Tai se sacó del bolsillo la cámara de fotos digital que Kenji le había regalado para su cumpleaños. No sabía muy bien como funcionaba, así que se la dio a su hermano.
- Quería grabar unos videos para mostrártelos cuando volvieses… para que vieras que aprende a como se usa…
- Vaya… esa tonta… - se guarda la cámara en el bolsillo – Mira, Tai, quiero que tengas clara una cosa: no ha sido culpa tuya, ¿vale? – Le dijo sujetándole la cara para que lo mirase a los ojos – Nadie te culpa, tampoco mamá. Solo está histérica, nada más.
- Yo…
- No es culpa tuya, ¿vale?
Y tras decir eso le dio dos golpecitos de hombro y volvió con sus padres, para ver si había novedades. Estaban con el médico, así que se quedó escondido en la esquina y escuchó, seguramente no diría todo si estuviese delante. De todas formas lo conocía, era el que lo trataba cuando estaba ingresado en este mismo hospital, así que podría sonsacarle lo que quisiera más tarde. De todas formas afinó el oído.
- Parece ser que lo que le ha pasado a su hija ha sido un paro cardíaco, por eso se ha desmayado de golpe. Ha sido un periodo de tiempo muy corto, pero…
- ¿Un paro cardíaco? ¡¿A su edad?
- Nos tememos que su enfermedad pueda estar agravándose… no encontramos otra explicación. No sabemos como pueda evolucionar ni tampoco si le volverá a pasar. De momento está estable, mañana podrá salir de aquí.
Kenji ya no siguió escuchando el resto de la conversación, sus pensamientos solo estaban centrados en lo que acababa de oír: paro cardíaco. Claro, era tan obvio, ¿cómo no había podido darse cuenta? Un maldito y estúpido paro cardíaco. Conocía demasiado bien los síntomas como para no darse cuenta, era un auténtico idiota.
Eso quería decir que no tenían mucho tiempo, Kari ya tenía nueve años, la misma edad con la que Kenji comenzó con los problemas del corazón. La medicina que le estaba dando debería controlar por lo menos el proceso, o agravarlo, pero ya no estaba seguro de nada. En esos momentos solo estaba abatido.
Toda su vida pensando que era el único que tenía esa enfermedad y ahora resultaba que su hermana también la tenía. Hacía un par de meses que se enteró pero jamás imaginó que llegase a evolucionar tan rápido, esperaba que al menos tuvieran más tiempo de encontrar una cura.
Sacó de su bolsillo la cámara y la encendió, se fue a la carpeta donde se almacenaban los videos. Había uno grabado que ocupaba toda la memoria de la cámara. Pulsó "reproducir" y lo miro, aunque pareciese que tuviera la mirada perdida estaba muy atento al video.
En él salía su hermana, jugando en los columpios, correteando de un lado a otro, usando las barras cayéndose al suelo y quejándose del dolor, pero riéndose. En todo momento con una sonrisa en la cara. Tai no paraba de decirle que volviesen a casa pero ella decía que quería seguir grabando. Lo que si escuchó fue la conversación que mantuvieron los dos hermanos mientras Kari se subía en un columpio que parecía una moto.
- Kari, ¿pero para que grabas esto?
- Es que quiero tener muchos recuerdos de mi niñez… para enseñárselos a Kenji.
- ¿Ah Kenji?
- Hay momentos en los que no estoy con él… y no los vive… no es lo mismo que te cuenten algo que vivirlo o verlo… se ha perdido cinco años de nuestra niñez Tai… que se nos caigan los dientes, nuestros cumpleaños, el primer día de colegio… se lo ha perdido todo, no lo veo justo.
- Bueno ya… pero…
- Y también quiero conservarlos y hacer muchos recuerdos con él, para verlos juntos en el futuro… y también contigo, ¿eh? No te vas a quedar excluido – sonrió.
Antes de que nadie lo viese se metió en el baño y cerró la puerta con pestillo. Se tiró agua en la cara para refrescarse y para cuando se miró en el espejo varias gotas se resbalaban por sus mejillas, al mismo tiempo que las lágrimas.
"Y tú decías que te sería fácil separarte de ellos", le dijo la voz de Diablomon que apareció en el espejo.
- Metete en tus asuntos…
"Reconócelo, no quieres separarte de ellos"
- Vete al infierno – le dio la espalda.
"Pensabas que las cosas serías distintas y no ha sido así, acéptalo Kenji ¿Por qué no admites de una vez que deseas vivir?"
- Para mi ya no hay esperanza lo sabes… pero al menos para ella aún puede quedar algo…
Un año, era lo que le quedaba de vida como máximo, y había pasado ya un mes desde que le dieron la noticia así que solo le quedaban once meses en teoría, y eso siempre y cuando la exactitud fuera correcta, solo le dio una estimación así que podía ser un poco más de un año como medio año.
Pero Kari, era solo una niña, no podía empezar con estos problemas todavía, tenía mucha vida por delante y cosas que hacer, gente que conocer, salir con chicos, ir a conciertos, acudir a fiestas, tenía tantas cosas que hacer…
Decidido fue al encuentro de sus padres. Estaban en el mismo sitio, así que no tuvo que buscar mucho. Su madre parecía que ya estaba más calmada, quizás le habían dado un tranquilizante, no lo sabía ni tampoco es que le importase mucho.
- Hijo… tu hermana está fuera de peligro, puedes entrar a verla si quieres… ¿dónde está Tai?
- Le está dando el aire. Mama, papa, tengo algo que deciros.
- ¿El qué hijo? – Le preguntó su padre.
- Me llevo a Kari a América.
