El frío le ha resultado siempre la sensación más desagradable de todas. Sentado sobre un terreno arenoso, mira el fuego que se alza frente a él en forma de una fogata, algo que desde tiempos remotos le ayuda a meditar. Tal vez se deba a los recuerdos de su segunda reencarnación; su tribu solía reunirse alrededor de fogatas como esta para numerosas costumbres: reuniones entre los grandes jefes, rituales y fiestas; pero de un modo muy individual, él aprendió a encontrar tranquilidad dentro de la danza de las llamas; es un espejo a sus vidas pasadas, le recuerdan el motivo de todo esto.

Cierra sus ojos, agachando la cabeza, pegando su frente contra su rodilla alzada. Jamás ha mostrado debilidad ante nadie, pero en ese momento no le importa, de cualquier forma no hay nadie quien no pudiera verlo en ese estado, solo estaban él, los grandes espíritus que le miran desde el cielo, y Opacho.

— ¿Se siente mal Señor Hao?— pregunta preocupado el pequeño shaman.

Hao no responde, permanece en silencio. Opacho no insiste, jamás ha querido ser una molestia para el gran Señor, su único deseo es estar a su lado y serle útil, acompañarlo en su soledad. De entre todos los poderosos guerreros que siguen a su amo, a ninguno de ellos le muestra tanta confianza como a él, de hecho se considera afortunado el que el Señor Hao le permita permanecer a su lado, ser su hombre de confianza, su único amigo…

Escucha que su señor suspira de un modo profundo, para después levantar el rostro de nuevo, siendo el mismo semblante despreocupado el que adorna su cara.

— Está muy cerca el momento en que recupere mi otra esencia— comentó Hao sin dejar de mirar las llamas, escuchando los maderos crujir— Es momento de terminar con el Torneo de Shamanes y terminar con estos mil años de travesía.

Opacho asiente— Muy pronto será libre señor Hao.

— ¿Libre? Je, te equivocas— sonríe con amargura— Si todo sale como se ha planeado, habrá mucho que organizar, mucho que construir y temo que deberé ser yo quien encabece todo eso… Pero no importa si con ello puedo salvar este mundo… Todo sea para la salvación de este bello planeta— murmura, convencido de alcanzar su meta.

Opacho se muestra contento ante la idea de un mundo donde el Señor Hao sea el guía, el guardián y el protector; bajo su cuidado, el futuro resultará una utopía.

— Todo sea por el mandato de los grandes espíritu—susurra, sintiendo nostalgia ante aquellas palabras, rezo al que los apaches suelen encomendarse ante cada una de sus misiones— Opacho, si esto no termina como debe, hay algo que quisiera pedirte— dice de modo inesperado.

Opacho salta asustado al imaginarse el que su señor Hao fuera a fracasar— Pero Señor Hao, no diga eso, usted no perderá.

— Puede que el destino sea impuesto por los grandes espíritus, pero Opacho, en estos mil años he aprendido algo— recapacita, recodando viejas caras, antiguos conocidos— Pueden existir personas cuya voluntad sea tan fuerte como para cambiar ese destino… Y mi otra mitad ha demostrado ser una amenaza, el espíritu del fuego me lo dijo, y me recrimina por ello… Somos ahora como una moneda que se lanzó al aire y pronto esa moneda caerá, escogiendo solo a uno de nosotros…. Si algo me pasa Opacho….

— ¡Nada malo va a pasarle!— interrumpe con sus ojos a punto de quebrarse en lagrimas.

Hao vuelve su mirada hacia el pequeño y le sonríe— Mi fiel Opacho, eres el único quien en verdad me conoce, sé que puedo confiar en ti, ahora lo sé, pues eres el primero que muestra una autentica preocupación por mi vida… Ni siquiera mis padres me apreciaron por lo que era, se dejaron llevar por el temor, por mi poder … Y todos los que me siguen ahora, lo hacen por miedo, fingen ser mis amigos, pero si yo muriera, sé que ninguno de ellos derramaría lagrimas por mi.

— Opacho lo haría, Opacho lloraría mucho por el señor Hao— abundantes lagrimas resbalaban de sus grandes ojos.

Hao agradece en silencio el escuchar esas palabras, el darse cuenta que tenia un amigo pues Opacho no le teme, ni busca un beneficio para si mismo al acompañarlo— Tu eres el único en quien puedo confiar mi pequeño amigo y por ello quiero que me escuches con atención, si algo me pasara solo tu podrás cumplir mi deseo.

Opacho intenta contener el llanto, apretando sus labios para evitar cualquier sollozo. Hao le acaricia el esponjado cabello con su mano, sonriéndole de un modo bastante amistoso, casi fraternal.

— Tranquilo, tranquilo, es solo una precaución, nada más— en verdad se encuentra conmovido por los sentimientos del pequeño— Ademas, no me dejaría vencer tan fácil por alguien tan débil como Yoh. Pero eres el único que sabe la verdad, si yo muero, quiero que busques a Yoh y le reveles mi historia, lo que él desconoce de su vida pasada, de nuestra vida pasada, ya que si no soy yo, será sobre sus hombros en los que recaerá el destino de este planeta…

Capitulo 25

Encuentros y despedidas

Hiragizawa Sugita., y él…será uno de doce grandes— Kaho

Una fría gota cae sobre su frente, seguida de otra, y otra, hasta que sintió su rostro completamente húmedo, llegando algo de agua a sus resecos labios. Abrió la boca y su lengua saboreó cada gota que cayó después, levantándose del suelo rocoso, bastante sediento.

Dejó escapar un largo suspiro solo para que sus labios terminasen curveados en una apacible sonrisa.

Le dolía todo el cuerpo, pero se encontraba de una pieza. Al acceder a tomar el entrenamiento del Maestro Kerbasi, no imaginó que requeriría de su fortaleza física para salir adelante; en ese momento tenía que agradecer a Anna quien con riguroso entrenamiento le ha brindado un cuerpo lo suficiente resistente para continuar con todo esto.

Se puso de pie dentro de aquella ancha cueva, no tan oscura como en la que se entrenó hace años, en este lugar pequeñas luces verdes, como si se trataran de luciérnagas, iluminaban un poco, pero no en su totalidad. Ahora podía mover su cuerpo con más normalidad, pero aún resentía la presión de su interno.

Al entrenar en un lugar como este, obligaban a sus sentidos el agudizarse, afinarse de tal forma en la que estén listos para percatarse de la presencia de cualquier ser. Concentró sus sentidos, tratando de localizar a su compañero y a su maestro.

El haber quedado inconsciente solo lo retrazaría, pero así ha sido los últimos días, el maestro Kerbasi no le tomaba mucha importancia a la enseñanza teórica, solo se tomó unos minutos para explicarles la situación de este que sería su lugar de entrenamiento; hablar un poco sobre la energía que debían utilizar, dejar al lado lo que creen saber y aprender a controlar el poder que buscan a través del medio mas efectivo: el combate.

Y así ha sido, ambos jóvenes contra el viejo maestro; si uno caía y se entregaba a la inconciencia, el otro continuaba, el tiempo suficiente para permitirle descansar al caido. En ocasiones, ambos caían al mismo tiempo y dormían tiempo similar, al despertar, el maestro se las ingeniaba para brindarles algo de comer y beber, pero de tal forma en que el entrenamiento conservara la misma intensidad y rigidez.

Yoh lo sabía, si duele significa que está funcionando. Debía tener cuidado la próxima vez en que decidiera realizar un ataque explosivo, parte de aquellas grutas se vinieron abajo la ultima vez.

Tuvo que caminar muy poco para encontrar lo que buscaba; su maestro parecía dormir, era la primera vez, desde que iniciaron los combates, que lo veía reposar, ello revelaba que requiere más de si para poder enfrentarse a ambos alumnos; Yoh sonrió por eso, el darse cuenta de su avance. Decidió esperar, se dejó caer y aguardó en el suelo. Pese a todo, el lugar le agradaba, encerrado en aquella tranquilidad y esas pequeñas lucecillas que revoloteaban le parecían bastante simpáticas; pensó en Anna y el cómo le agradaría poder verla en este lugar, rodeada por estas pequeñas esferas.

— Percibo con agrado que estas mas armonizado con tus sentidos gracias a tus nuevos conocimientos— escuchó de su maestro.

Yoh buscó la fuerte mirada del viejo monje, pero él se mantenía en la misma posición de descanso— Nos ha enseñado bien, además comienzo a entenderlo— se mostró interesado de continuar con aquella charla.

— Me alegra escuchar eso, Li Shaoran también ha mostrado un gran avance, pero para él resultará más complicado pues hay una gran diferencia entre las capacidades de un shaman guerrero y un hechicero guerrero.

— Pienso que a lo que a mi me falta, él lo tiene.

— Y viceversa— aclaró, bastante conciente de ello— Es por eso que se han complementado bien, espero en verdad que el joven Li aprenda algo de ti.

— Maestro Kerbasi, ¿usted y su alumno Baralai son los únicos guerreros que guardan estas enseñanzas, que protegen este templo?— se atrevió a preguntar.

— Hace años, muchos eran los monjes que habitábamos aqui. Sin embargo, en un tiempo, nuestro Gran Maestro pidió a todos ellos que se dispersaran, así es como solo yo y Baralai permanecimos aquí.

— ¿Por qué ordenaría tal cosa?— el shaman cuestionó intrigado.

— El Gran Maestro siempre fue alguien a quien no pude comprender en su totalidad, estaba fuera de mi alcance el hacerlo, pero, él dio esa orden y nosotros cumplimos pues somos devotos a lo que él representa en esta Tierra.

— ¿Y dónde se encuentra él ahora?

Kerbasi endureció la mirada— No es algo que necesites saber.

Yoh entendió que debía callar.

— Pero… él solía hablar de ti, joven Asakura.

Yoh se extrañó ante aquellas palabras.

— Y él mismo me pidió que si alguna vez llegabas aquí, cumpliera cualquiera que fuese tu petición. Además, lo mismo me hizo prometer tu padre.

— ¿Mi padre? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?— se apresuró a decir.

— Como cualquier padre se preocupa por el bienestar de su hijo, algo que comprendo perfectamente— dijo cabizbajo— Tu padre sabe tan bien como yo que si planean sobrevivir a la batalla que se cierne sobre nosotros, necesitan de las herramientas necesarias— se puso de pie, pidiéndole lo mismo a su alumno— Ante la petición de dos grandes hombres, no pude negarme a esto.

— ¿Mi padre es también poseedor de este conocimiento?

— No, pero durante sus múltiples visitas aprendió a hacer esto— de modo inesperado, Kerbasi golpeó con su puño la zona media del cuerpo del shaman.

Yoh se encogió de dolor y creyó que se desmayaría, pero en vez de eso sentía su cuerpo entumecido. Recordó que esto ya había pasado, su padre lo había golpeado en el pecho, en una forma similar, y ese golpe había bastado para dejarlo en el suelo, sin poder levantarse.

— Al fusionar las artes marciales con elementos de tu energía interna, puedes lograr combinaciones bastante útiles— explicó Kerbasi mientras Yoh cayó de rodillas— El golpe pudo mostrarse insignificante, pero el instante en que mi puño permaneció sobre tu cuerpo me permitió liberar mi energía sobre tu punto de presión; imagina ahora si el golpe hubiera sido con la verdadera intención de hacerte daño.

Asakura conocía sobre los puntos de presión, en las artes marciales, los luchadores buscan que sus golpes lleguen sobre esas zonas, pues así el daño resulta mucho mayor al traer consecuencias mas precisas sobre el oponente: desvanecimiento, incapacidad temporal, incluso la muerte.

— Un ligero golpe logró el mismo efecto como si te hubiera golpeado con todas mi fuerza física, pero al inyectar mi ki sobre tu punto de presión fue suficiente para provocarte ese mal; no importa si tus enemigos poseen un cuerpo resistente, con emplear tu ki sobre sus puntos de presión lograras que su fortaleza física no sea determinante en la batalla ¿has comprendido?

Yoh asintió, comenzando a reponerse— ¿Y si mi oponente porta alguna armadura?— preguntó.

— Siempre podrás encontrar formas, eso dependerá de tu ingenio en el combate, el cual temo decir, no es muy brillante, combates por reflejo, nunca por técnica.

— No puede culparme, ha funcionado bastante bien las ultimas veces— sonrió en broma.

— Como shaman, comprendo que hayas sido fortalecido solo en ciertos aspectos: cuerpo, mente y espíritu, son las bases para todo combatiente, pero la mitad de tu capacidad como guerrero depende del espíritu que te acompaña, en tu caso, ese samurai. Te obligaste a convertirte en un espadachín y temo decir que eso no bastará— Yoh se sintió herido por ese señalamiento— Pero por eso estas aquí, si vas a ser el líder en los tiempos que vienen, deberás esforzarte más.

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Spinel caminaba de un lado a otro dentro de la habitación, sintiendo la misma ansiedad de cualquier bestia en un espacio tan reducido. Su preocupación iba mas allá de no saber del paradero de su amo; dentro de la habitación continua, se suscitaba un evento en el que no podía ser útil, solo le quedaba esperar.

Al final fue capaz de echarse, cerca del fuego como tanto solía gustarle. Pensó en su amo y él como iba a lamentar el no haber podido estar presente, Su único consuelo será el que algo de él se encontraba al lado de su esposa, presenciando el nacimiento de su hijo.

Entendía que por un conjuro es que llegaron hasta ahí, pero por mas larga que fue su búsqueda, no logró ubicarse; Asia, Europa talvez, pero en ese momento es lo que menos importaba. Sólo esperaba escuchar ese llanto y podría regresar a sus otras preocupaciones.

Cuando la última línea de sol se perdió en el horizonte, y la noche reinó sobre aquel cielo, ocurrió. Se levantó ansioso ante el sonido esperado, agachando su cabeza, aliviado de la tensión e incertidumbre, siendo en voz baja en la que le dijo a su amo que todo se encontraba bien.

Nakuru sostuvo con fuerza la mano de Kaho Hiragizawa todo el tiempo. No aceptó el salir de la habitación, limitándose sólo a animar a la señora de su amo. Fue testigo de la profesionalidad de Fausto, asistido por su bella esposa; la dedicación de ambos logró que todo terminase bien. Aquello terminó una vez que Eliza le entregara el bebe a su madre.

Kaho lo tomó con mucho cuidado, envuelto en una gruesa manta. Ella esbozó una sonrisa, aún ante su semblante agotado, se aseguró de darle la mejor bienvenida a su pequeño— Hola— musitó, cautivada por el tenerlo al fin en sus brazos y aún ante su llanto y movimientos, lo besó en la frente, tomando una de sus manitas. Enorme era su dicha pero también su tristeza ya que el padre de su pequeño no se encontraba ahí. Levantó el rostro y sonrió a quienes ayudaron en aquel milagro— Muchas gracias— algunas lagrimas salieron de sus ojos, regresando toda su atención al niño.

Nakuru se mantuvo en silencio, raro en ella, pero ante aquella escena, solo podía prestar atención, grabarla en su mente en la forma más vívida para así poder mostrársela a Eriol. Sintió la congoja por su ausencia, él en verdad quería estar en el nacimiento de su primogénito, resultaba una lástima pero, si lo que él suele decir es verdad, mientras ella se encuentre ahí, parte de su corazón también…

Fausto miró complacido a madre e hijo por primera vez juntos, su rostro inexpresivo optó por mostrarse satisfecho por el resultado: era un bebe sano, y la madre no presenta ninguna complicación.

De un modo muy espontáneo, Nakuru dio un brinco de alegría que no pudo reprimir, aferrándose con fuerza sobre los hombros del doctor, agradeciéndole y felicitándole por su trabajo— ¡Gracias, gracias por estar aquí! ¡Eres un doctor estupendo, jamás volveré a dudar de ti, estaremos en deuda contigo siempre!— el cuello de Fausto soportó el peso de la chica, por lo que Nakuru pataleaba libremente en el aire.

— No me deben nada, en serio— dijo en un tono amable.

— ¡Nada de eso! Cuando menos una cena, comida, lo que quieras— lo soltó solo para levantarse de puntillas y jalarle las mejillas— Uuuuuuuy ahora me pareces adorable, y pensar que te catalogaba como un asesino en serie o un sicótico pervertido.

La piel de Fausto se mostró tan flexible como la goma. Nakuru miró de nuevo hacia Kaho y el bebe, acercándose y mirándolo con curiosidad— Es tan bonito, sé que es temprano para decirlo pero, se parece mucho a su papi— se atrevió a pasar su mano por la cabeza del pequeño, cubierta por un ligero rastro de cabello— Y mira nada más, el lindo cabello de su mami, es completamente adorable, cuando crezca va a ser un niño muy guapo— sonrió a Kaho, quien sólo contemplaba a su pequeño y lo mecía en sus brazos.

Kaho no era capaz de apartar su mirada de la criatura que sostenía ahora, después de una larga espera, llena de incertidumbre, todo había terminado. Él dormía ahora, aún ante la emoción de Nakuru. Agradeció el que no hubiera nada malo en él; ningún rastro de energía maligna a su alrededor, era un ser tan limpio y puro como cualquier otro que acaba de llegar al mundo.

Spinel Sun permaneció sobre sus cuartos traseros, en espera de que la puerta se abriera y Nakuru le diera las buenas nuevas. No debió esperar mucho para haber escuchado su escandalosa reacción en el interior de la habitación continua. Con mucha claridad escuchó cada una de sus incoherencias.

Akisuki salió a su encuentro, arrojándosele de un modo inesperado, ahogándolo tras un efusivo abrazo— ¡Ya nació, ya nació, y es hermoso, tienes que venir a verlo, vamos, anda no seas tímido!

— Nakuru ¿quieres tranquilizarte?— la reprendió con una severa mirada— Tus escándalos solo importunaran al recién nacido, que poco considerada eres.

— Eso dices ahora, pero si Eriol estuviera aquí en este momento querría hacer fiesta, así que cierra la boca y ven acá— le jaló de la oreja, obligándolo a entrar.

No entendía como podía aguantarle esas humillaciones, pero si él no lo hacía, ¿quién entonces?

Solo entonces lo vio, al hijo del amo. Él, a diferencia de Nakuru, estaba al tanto de lo que se le regaló a ese niño; su amo le compartió el secreto pues confiaba en su buen juicio. Miró a la madre, mostrando preocupación por ella, el esfuerzo por el que pasó era claro en su aspecto, pero de algún modo pudo mantener un semblante amoroso para con su hijo.

— ¿Y su nombre será…?— pidió Nakuru el saber.

— Sugita— les recordó, mirándolos a ambos— Hiragizawa Sugita., y él… será uno de doce grandes.

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La luz los había cegado y consumido en un instante. No hubo dolor, se esfumó la desesperación y en forma de grandes alas, la esperanza los envolvió y acogió, siendo estas las que los llevaron a un lugar donde se encontrarían a salvo, lejos del mal.

Yue pudo volver a ver, poco a poco sus ojos distinguieron el nuevo panorama en el que se encontraban. Un basto estanque de agua cristalina se veía rodeado por suelo rocoso y una amplia zona boscosa, pudo divisar montañas a lo lejos pero lo que más le impresionó era el alto remolino invertido que divisó a lo lejos. A su alrededor había otras personas, a las que jamás ha visto en su vida, pero que parecían tener en común la misma interrogante. Personas de todas las edades y géneros, alrededor de treinta de ellas.

Buscó entre todos ellos alguna cara conocida, preocupándose en verdad por todos los que estaban con él.

— Ey estas herido ¿Te sientes bien?— le preguntó un niño que notó su ropaje ensangrentado. Yue se palpó el pecho por mero reflejo, no encontrando ninguna de sus heridas, observando el cascabel y preguntándose si lo ocurrido tenia algo que ver con el. No respondió al jovencito ya que escuchó la voz de Rei que lo llamaba. Se abrió paso entre la gente que aun se encontraba confundida.

Los ojos de Rei se abrieron con el sobresalto del color carmesí en las ropas del guardián.

Yue anticipó su reacción— Estoy bien, descuida—la sujetó por los hombros.

— ¿Qué es lo que paso?… — preguntó desorientada— Recuerdo que me quede dormida y de pronto…— volvió su cabeza hacia ambos flancos— Despertamos aquí ¿qué es este lugar?

Yue miró de nuevo a su alrededor, no podía mentir— No tengo idea pero, cuando menos parece que estamos a salvo y… entre amigos— dijo seguro de ello, ya que la mayoría de las personas ahí presentes se veía acompañada por la sombra de un espíritu, eran shamanes.

Anna abrió los ojos como si hubiera despertado de una pesadilla. Examinó su entorno y con rapidez supo dónde se encontraban— La aldea apache… pero ¿cómo?— Reconoció a todos los demás que se encontraban ahí como shamanes, y algunos hechiceros.

Garou, su espíritu de lobo, llamó su atención con un sonido lastimero. La sacerdotisa lo buscó, encontrándolo, señalando a un hombre caído— Eriol— se apresuró a alcanzarlo, antes de que los curiosos se acercaran a él. Lucía tan pálido y debilitado, pero algo había cambiado en él: sus heridas habían desaparecido, el único rastro de ellas quedaban en su ropa. Aquello resultó entre un milagro y un alivio, pero ello no desaparecía el mal que el daño que todas aquellas heridas causaron en él. Anna buscó qué hacer, una cara conocida, quien le pudiese ayudar.

— Escuchen bien, calma por favor, les pido su atención— de entre todas las voces ahí, una se hizo oír sobre las demás. Por inercia todos voltearon hacia el mismo punto donde un hombre, junto a otros dos, en túnica larga y adornos de plumas, se hallaban.

Algunos shamanes distinguían la jerarquía de aquellos guerreros, pero para los que era su primera vez en territorio sagrado, no sabían que aquellos hombres pertenecían a la tribu de los Apaches, aquellos shamanes que servían de modo directo a los Grandes Espíritus.

— Se que muchos tienen las mismas preguntas— habló con fuerza el apache de piel rojiza— Y esperamos poder responderlas todas a su debido tiempo, por el momento les aseguro que están a salvo, entre amigos, en suelo sagrado. Muchos como ustedes han llegado, y otros más llegaran después, por lo que pido su cooperación para trasladarlos a un lugar donde se les instalará hasta que sea posible explicarles la situación.

De modo extraordinario, no se escuchaba ningún cuchicheo, todas las miradas se clavaban en los Apaches, siendo Anna quien reconoció a uno de ellos.

— No hay nada que temer. Por favor acompáñennos.

El resto de los presentes se miraban entre si, unos en plena confianza siguieron aquellas instrucciones, otros parecían conocer ya el camino, por lo que no hubo problemas ya que todos ellos sentían que las palabras de ese hombre resultaban ciertas, un sentimiento inexplicable no les permitía el desconfiar.

— Kalim— gritó Anna, esperando que la notase entre la multitud. El apache no fue el único, Yue logró ubicar a la sacerdotisa de igual forma.

Kalim se acercó a la mujer, agradeciendo que al fin veía a alguno de ellos, por un momento creyó que todos pudieron haber sido victimas de los crueles asesinos— Señorita Anna, cuanto me alegra verla— dijo de modo sincero, agachándose ante la situación del hombre tendido en el suelo.

— Necesita atención— pidió Anna con un semblante tranquilo.

— Parece que pasaron por momentos difíciles antes de llegar aquí— comentó al cárgalo sobre su hombro.

Yue sintió la congoja al ver a Hiragizawa en ese estado, en verdad que no era capaz de dejar de verlo como Clow, y al mirarlo tan débil y vulnerable, le enfurecía en verdad.

— ¡Kalim, es Nichrom!— el apache buscó con sus ojos a su camarada, encontrando a este con el susodicho a sus pies.

Kalim estuvo presente cuando la gran Goldva le pidió a Nichrom el no volver a suelo sagrado, se encontraba indeciso de qué hacer con él.

Como si supiera el dilema del apache, Anna intercedió por el joven— Él peleó valientemente contra uno de ellos. Si estuviera consiente te diría que no está aquí por su gusto, pero ninguno de nosotros tuvo elección ¿o si?— inquirió.

El apache asintió ante sus palabras— Jamal, llévalo con los demás— ordenó, provocando el alivio a su compañero, ya que él no juzgaba a Nichrom; fue muy amigo de Chrom, su hermano, por lo que pensando en él es que no hubiera podido abandonarlo en ese estado.

— Señorita Anna, ¿se encuentra usted bien?— preguntó la joven Tachibana.

La sacerdotisa miraba en todas direcciones, como si buscara a alguien, y al no encontrarlo es que respondió— No tienes que preocuparte por mi, estoy mejor que como están Eriol y Nichrom.

Cuando el grupo de personas comenzó a moverse a la misma dirección, se alzó otra voz que reveló a otro herido.

Al saber que podría tratarse de alguno de los suyos, la sacerdotisa se acercó, identificando al monje, en un estado mucho mas serio que el de los otros dos.

— De prisa, hay que llevarlos rápido a la aldea— sugirió Kalim a los otros dos oficiales quienes se encargaron de los heridos.

Anna, Rei y Yue se mantuvieron en su sitio, esperanzados en encontrar a los faltantes. Anna pudo sentirse tranquila, pensando en que Yoh se encontraba fuera del alcance de sus depredadores, por lo que al no verlo ahí, presintió que se encontraba a salvo y, cuando se volviesen a ver, de seguro habrá logrado su objetivo. Yue por su parte, se sintió intranquilo al no ver a Sakura por ninguna parte, sabiendo que ella debía estar aquí— ¡Sakura!— exclamó, esperando recibir una respuesta, pero no lo consiguió; también intentó buscarla por medio de sus sentidos, pero tampoco funcionó. Una terrible congoja estaba por apoderarse de él, ¡Que patético guardián ha resultado ser!

Llevó su mano sobre su cabeza, tratando de pensar qué es lo que iba a hacer, y antes de que entrara en conflicto, la sacerdotisa lo detuvo— No servirá de nada que caigas en la desesperación— le dijo de un modo severo, casi como una advertencia— Ella no es la única que no está aquí, piensa que tal vez este al lado de Yoh, Li y Horo Horo, y tarde o temprano ellos vendrán aquí, ya lo veras— le dio la espalda, dispuesta a abandonar el lugar y seguir a los demás— Por el momento, preocúpate por sanar que ahora pareces el custodio de esa reliquia— le recordó.

Yue bajó la cabeza, viendo el cascabel, recordando entonces la sensación que tuvo en el templo, con la aparición de aquellas gigantescas aves de luz. No iba a creer que tenía que abandonar sus otras obligaciones por esto… ¡No iba a hacerlo! Sakura la necesitaba, lo sabia, que más quisiera que salir corriendo en su búsqueda, pero, no tenía ni idea de donde se encontraba él, ahora saber dónde se encontraba ella… Se sintió muy mal por ello, no pudo evitar el haber caído de rodillas, tanto por su debilidad física, como por su conflicto interior.

Rei se mantuvo a su lado, pero no pronunció palabra, no se consideraba capacitada para poder hacerlo, por lo que solo aguardó, sujetándolo por el brazo, hasta que pudiera recobrar su confianza y decidiera su siguiente paso.

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Al momento en que tomó el control de la nave, toda la frustración que reprimió le bombeó el corazón con fuerza. En verdad que sentía rabia al haber perdido la oportunidad de terminar con esta locura…

Se preguntaba si era el único arriba de la nave que se sentía de ese modo. En Vidar es imposible de saber, pero Unna mantenía un gesto pasivo aún ante el fracaso de la misión.

Hidesato apartó la mascara que le cubre el rostro, permaneciendo con la mirada al frente, observando la luna que ilumina el cielo aquella noche.

Recordó entonces el cambio que sufrió Vidar durante la pelea, intentaba encontrar una explicación, ¿será una habilidad que le pertenece sólo a él o también al resto del equipo? No le gustaría pensar en que podría tomar una existencia tan inhumana… Aunque sabía que fuera lo que fuera que Unna les hizo, los alejó del ser humano promedio y no había marcha atrás.

En verdad que había mucho que preguntar, y consideraba trabajar lo suficiente para merecer algunas respuestas; si había vendido su alma, cuando menos quería saber a que clase de personas se la ha entregado.

Dentro de la cabina, una luz sobre el panel de control se encendió, Hidesato presionó, aceptando la transmisión pese a que fuera algo inusual.

— Aquí SIVA02— habló con cierto desgano, tratando de imaginar de quien sería la voz que escucharía.

Transmitiendo desde los cuarteles, Hidesato ¿me escuchas?— el piloto lo reconoció al instante.

— Sobek…— tenía entendido que se encontraba en recuperación— ¿Qué es lo que ocurre? Sabes que evitamos las transmisiones para nuestra mayor seguridad— le recordó.

Creeme que eso no importa ya, de cualquier forma se han ingeniado en encontrar el cuartel.

— ¿Qué dices?— preguntó alarmado— ¿Cómo? ¿Cuándo?

Hace unos minutos. Me di cuenta de ello, tres intrusos en total. Mantengo cautivo a uno de ellos, pero el resto escapó.

— Al que mantienes prisionero, ¿lo has interrogado?— preguntó, sujetando con mayor fuerza los controles de vuelo.

Lo haré, pero ese no es todo el problema. Mientras nosotros nos quedamos con uno de ellos, Alanog fue secuestrado.

— … Esos infelices…—musitó furioso, debiendo contener su emoción al percatarse de que su energía iba a dañar los circuitos de la nave— ¡¿Cómo es eso?¡ ¡¿cómo no los detuviste?!— recriminó exasperado.

Sobek era un soldado, por lo que no iba a protegerse de su líder por medio de excusas absurdas. Pero claro, no podían culparlo del todo, en verdad quisiera ver a alguno de sus otros camaradas en la misma situación: despertando con agua en sus pulmones, con enemigos frente a él, en un trance donde no era él mismo.

Los encontraremos, te lo aseguro. Ahora bien, tras este ataque hay algo que quisiera discutir contigo— el líder de la elite se mostró interesado— Hidesato, creo que tenemos un traidor entre nosotros.

— … ¿Cómo puede ser eso? No digas tonterías— no parecía estar dispuesto a creer tal cosa, conocía en algo a sus hombres, y de todos ellos, el más propenso a una traición resultaría él mismo.

Piénsalo bien, ¿cómo sabían dónde encontrarnos?, ¿cuando atacar?, pues como me hicieron entender, creían que ninguno de nosotros se encontraba aquí para defenderlo. Buscaban a Alanog por una razón, sabían quien era él y todo lo que sabe.

De modo inconsciente, Hidesato aumentó la velocidad con la que iba el transporte aéreo— Podremos discutirlo cuando lleguemos allá, informa a Neit, Temis y a Anath que regresen inmediatamente— ordenó— Unna y Vidar vienen conmigo, hablaremos allá— precipitado, cerró el canal de comunicación— A partir de este momento, todo empeorará…

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Ahogó un grito de dolor ante su abrupto despertar. Se tapó los ojos al sentirlos heridos, como si aquella luz resplandeciente le hubiera quemado las retinas. Sobre el altar de roca, la mujer de cabello gris se estremecía, su cuerpo se veía apoderado por los escalofríos.

— Amo, ¿qué ocurre?— preguntó el monje, visiblemente preocupado.

La mujer, ungida por colores oscuros, levantó su espalda de la superficie de piedra, manteniendo su rostro escondido bajos sus dedos— ¡¿Qué acaso no lo sentiste?!— exclamó furiosa y adolorida— Esa luz rompió mi enlace, la tierra esta conspirando en mi contra…— alejó sus manos, notando la presencia de una sustancia oscura manchando sus palmas— Y no solo eso… el último de mis hermano ha vuelto a este mundo…— por debajo de sus ojos corrió el mismo líquido negro, como si se trataran de lágrimas. Su mirada se iluminó por el odio que crecía en su ser— Pero no importa, no detendrán lo que esta por llegar a su fin, ¡no pueden!— se convencía a si misma— Por mucho que lo intenten surgiré de nuevo— se levantó por los aires, mirando las dos columnas de fuego que se mantenían aun de pie— El camino de la destrucción es inevitable, pues el puente que une al cielo con la tierra se encuentra contaminado por la desesperanza y la desolación, el elegido por los grandes espíritus no podrá cruzar a través de él, seré yo quien lo haga… — sus ojos se clavaron en la imagen de la mujer que mostraban las llamas— Y la presencia de mi hermano no será un obstáculo— sentenció— Su debilidad lo ha llevado a volver a una existencia muy inferior, si alguna vez representó mi mayor amenaza, se condenó al fracaso al volver en la forma que más detesto… en la mas débil de todas… es una lastima pues aun ante todos sus esfuerzos pronto te reunirás con toda la familia… Su debilidad resultará mi fortaleza y me dará el mejor de los beneficios…

— Mi señor, ¿Cuáles son sus ordenes ahora?— preguntó el monje, siempre en meditación— Usted ya ha fortalecido su enlace con este mundo, puede actuar en él, no esperemos más y comencemos el inicio del cambio.

Eastor— dijo su nombre sin mirarlo—… Aunque comparto tu ansiedad, no olvides a quien sirves— le lanzó una mirada sobre su hombro— Mucho antes que tú, existieron otros hombres que estuvieron bajo tu misma estrella, que nacieron para servirme en el momento de mi regreso. El destino te condenó como mi sirviente desde antes de tu nacimiento, y a tu hermano como el lacayo de la fuerza que debe combatirme. Entiéndelo, esto es algo que se ha trazado por fuerzas fuera de tu compresión, ¡tu pequeño cerebro de primate jamás lo comprenderá por lo que jamás creas estar por encima de los demás mortales!

Eastor no demostró ninguna clase de miedo por aquella reprimenda, aunque la presencia que aquella mujer desprendía era intimidante, sabía que no podía hacerle daño, aún dependía de él.

No se quejaba de su destino, cualquier cosa resultaba mejor que encontrarse sumergido en la oscuridad y desesperación a la que lo condenaron… Su deseo de revancha y destruir todo lo que era importante para quienes alguna vez fue su familia, resultaba su única motivación. Pero, el estar involucrado con este, su señor, le había traído beneficios, descubrió que sus incapacidades le cedieron una gran fortaleza, y ello, unido con su conocimiento, le brindó la mejor de las habilidades, y sobre todo, poder.

— Discúlpeme— respondió solmene ante su falta— No fue mi intención ofenderle…

En la cara de la mujer se cruzó un gesto de desprecio por aquel hombre. Se giró de nuevo hacia el altar y apoyó sus brazos ahí— Por lo pronto, dile a Unna que ya no es seguro que mantenga a nuestros niños en ese lugar, es momento de que vengan a casa.

— Como usted ordene.

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Len sujetó con fuerza a Tomoyo ante el sonido del águila de luz que lo ensordeció, antes de cegarlo con su resplandor.

Y ahora caminaba por un sendero que no creyó volvería a ver en su vida: la aldea apache. A donde quiera que mirase veía a otros como él, rostros conocidos, otros desconocidos. Los veía con indiferencia y solo esperaba encontrar a alguien en quien verdad pudiera confiar para hacer la pregunta que en la cara de todos ahí parecían tener: ¿qué hacemos aquí?

Cargando a la chica Daidouji, seguía a los apaches que le guiaban a una de las instalaciones donde pudiera descansar, pero él no sentía malestar, su única preocupación en ese momento es pagar su deuda con está joven.

— Len Tao, esperaba encontrarte aquí.

Len se detuvo y miró sobre su hombro, encontrando a un antiguo aliado, Kalim. El oficial no pudo ocultar el gusto de que un guerrero tan poderoso como Len se encontrase aun con vida— Veo que también pasaste por dificultades.

Tao miró aburrido al apache— Kalim, guárdate tus palabras y explícame qué significa todo esto.

— Que carácter— pensó ante la frialdad del shaman— Sígueme por favor, te llevare a donde tus viejos conocidos están— le pidió.

— ¿Yoh esta aquí?— preguntó.

— Temo que no, pero la señorita Anna junto a un grupo de guerreros llegaron aquí antes. Imagino que estarás mas en confianza con ellos— informó para animarlo a acompañarle.

Len asintió, seguido por su fiel espíritu, ambos caminaron tras Kalim.

— Dime algo, esos seres de luz son los que nos trajeron hasta aquí ¿no es así? ¿Qué son exactamente? Me recuerdan a la forma en la que los Grandes espíritus se manifestaron aquella vez en el territorio sagrado— inquirió el joven Tao, recordando vividamente esa experiencia.

— Joven Len, solo alguien que vivió en carne propia el conflicto final del pasado Torneo puede notar esa peculiaridad, pero le aseguró que es algo más, podemos llamarlo un mecanismo del planeta que a nuestro pueblo se le permita usar— explicó sin detenerse, siendo discreto con aquella información.

— Entonces es ese mecanismo lo que les permitió traernos hasta aquí, a todos.

— Precisamente. Concientes de la situación en extremo peligrosa, la señora Goldva ordenó el que se abrieran los portales. Claro que como pudiste ver, esos postales son poco ortodoxos, ¿no lo crees?

— Ahora comprendo— musitó Len, aunque aún había algo que le perturbaba ya que la presencia que sintió provenir de aquella criatura, le resultó familiar.

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Se mantuvo inmóvil, contemplando todo frente a si, pero a la vez nada. El extenso panorama desértico en el que despertó debía preocuparle, pero no fue así. Su mente se encontraba difusa, perdida en aquel mar de arena. El viento alzaba polvo y movía dunas de un lado a otro.

No había nadie más con ella. Pensó en su madre, ¿dónde estaba? Quería estar con ella, deseaba que le dijera que todo iba a estar bien. Se abrazó a si misma, luchando por encontrar un pensamiento lucido entre todo su caos interior.

Se levantó, apenas y se mantuvo en pie. El viento empujo su cuerpo hacia delante, solo así es que se animó a dar el primer paso y avanzar, guiándose solo por la dirección en la que aquel desierto la conducía.

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— No puedo creer que nosotros, sus guardianes, no hayamos podido protegerla como debíamos…— cabizbajo, el guardián Kerberos se encontraba tenso ante la situación— Es inaudito, imperdonable que no sepamos dónde esta. Yue, ¡estaba contigo!— recriminó a su contraparte.

Yue se mantuvo en silencio, cruzado de brazos, pensativo. Ambos seres, en la azotea del pequeño edificio, discutían desde que volvieron a verse— Ambos le hemos fallado Kerberos… Y lo siento…

El león, avergonzando, no objetó sus palabras, en verdad que habían resultado inútiles sus esfuerzos por proteger a la elegida de Clow.

A decir verdad, debía sentirse agradecido de seguir con vida, con la persona quien lo encontró y lo atendió hasta haber sido traídos a este lugar desde China; Li Bruce Long era el nombre del hombre con el que esta en deuda.

— ¿Qué es lo que vamos a hacer ahora?— preguntó Kerberos sin apartar sus ojos del horizonte.

— …Me gustaría decirte qué hacer Kerberos pero… no lo sé, no lo sé…— masculló frustrado— Me siento tan perdido como tú, tal vez más pues yo… no debería permitirme el que haya una persona mas importante que ella… y ello me enfurece y a la vez me confunde…

— Yue…— entendía lo que intentaba decir— Escucha, Sakura, desde el comienzo, ha sido franca con nosotros, y ¿recuerdas sus palabras cuando terminó el juicio?

"Yo no quiero ser su dueña, sino su amiga"

— Siempre ha sido clara sobre eso, jamás ha optado una posición de ama y señora, sino como una amiga de verdad. Y tanto ella como Clow siempre han buscado una sola cosa para ti Yue— sonrió un poco al recordar a su antiguo amo— que seas feliz.

El guardián abrió sus ojos y contempló a su compañero, sorprendido por sus palabras.

— Clow no podía darte esa felicidad, esperó que Sakura lo hiciera, pero ella también se dio cuenta que tu felicidad no dependía de ella, estoy seguro que está conciente de tus sentimientos y no creo que ella quisiera que te alejaras de esa persona.

Yue recordó las palabras de Sakura, aquella vez en que le habló sobre Rei— "- ¿Rei es muy importante para ti, Yue? Si es así, entonces tu deber es protegerla sobre todas las cosas..."

— Sakura es una persona importante para mí, como lo fue Clow. Los amigos son los que se juegan todo por ti sin importar las consecuencias… Por eso yo no dudaría ni un segundo en arriesgar mi vida por Sakura, Tomoyo, incluso hasta por ti.

Yue reprimió una sonrisa, en verdad que no se imaginaba a Kerberos interponiéndose para salvar su vida— En verdad que desearía que las cosas fueran como antes, nunca imagine que viviríamos en una época tan violenta como esta… Pero tienes razón Kerberos, Sakura también es importante para mi, ambas lo son pese a que haya diferentes sentimientos, y pienso protegerlas a las dos…

— Así es como debe hablarse— se sintió satisfecho, con fuerzas renovados al recordar sus prioridades— De las muchas cosas que aprendí con el cabeza hueca es que no se debe perder el animo, mientras permanezca el espíritu en alto será la motivación que nos ayude a salir a delante— calló. Yue asintió al estar de acuerdo con sus palabras— Sakura esta bien, no es la niña frágil que hemos creído, volveremos a verla, y cuando eso ocurra estaremos a su lado y no volveremos a cometer los mismos errores. Ella vendrá aquí, de eso estoy seguro.

Yue agradeció el optimismo de su compañero, pero aunque tuviese razón, él se mantenía preocupado por la joven Kinomoto. Desearía poder hacer más pero, por el momento era algo imposible.

En el ir y vaivén de las personas, desde su posición, Kerberos pudo distinguir a alguien conocido. Sin alertar al otro Guardián, el león saltó desde su lugar hasta al suelo

Len lo reconoció y anticipó todas sus preguntas.

— Tomoyo— se acercó, esperando que ella pudiera responderle— ¿Esta bien? ¿Qué fue lo que paso?— cuestionó a los shamanes.

— Puedes tranquilizarte, solo esta dormida— Len explicó con indiferencia.

Por el semblante de la chica, el guardián no se encontraba tan seguro de ello.

— Llevémosla adentro, todos necesitan descansar— pidió Kalim al abrir la puerta de la pequeña vivienda que les cedió al resto del grupo.

Las construcciones resultaban sencillas. Levantadas en piedra y madera. Una habitación cuadrada donde unas cuantas camas llenaba el espacio. Algunas ventanas. Una sola entrada y salida. Las que les fue cedida a ellos tenia un segundo piso

Al entrar, Len fue el blanco de la mayoría de las miradas de los presentes. Len miró a los ojos a cada uno de ellos. Li Bruce Long estaba ahí, Anna también, ambos eran los únicos a quienes conocía mejor, el resto se reducía a solo conocidos, y otros caras que jamás había visto antes. Divisó una de las camas vacías, yendo hasta ella y depositando a la joven en la blanda superficie. Ante su movimiento, una mujer de la aldea se apresuró a revisarla, seguramente ella había atendido al resto. Len se apartó sin decir nada, pero se acercó un poco a donde Anna parecía tener un especial cuidado por un hombre que yacía en cama, justo como Nichrom y un hombre al cual desconocía, pero de todos resultaba el mas lastimado.

— Parece que todos tuvimos nuestros contratiempos ¿no es así, Doña Anna?— preguntó a la sacerdotisa— ¿Solo ustedes están aquí? ¿Dónde esta Yoh?

— Haciéndose más fuerte— respondió con palabras precisas— No hay necesidad de preocuparse por él— le aseguró— Deberías preocuparte por ti, si le permites, Satty te atenderá— se refirió a la shaman de la aldea.

— Estoy bien— respondió, percatándose entonces que ya no le aquejaba la herida del escorpión— Extrañamente… lo estoy.

Ante la duda del shaman, Yue explicó— Todo indica que los seres que nos trajeron aquí, no solo nos sacaron del peligro, sino que también aminoraron las consecuencias de las batallas.

— Es lo más probable— agregó Kalim, adentrándose al lugar— Debo confesar que no conozco todo lo relativo a los portales. Sé que son seres que tienen un vinculo con el flujo vital de nuestra madre tierra, quien a su vez esta conectado con cada ser viviente en el planeta; por ello es que fueron capaces de localizarlos y trasportarlos hasta aquí, sanos y salvos. También es claro que si lo que me dijeron es cierto, sus amigos se encontraban gravemente heridos por las batallas que sostuvieron, sin embargo ahora se encuentran sin ningún rasguño, quedando solo el cansancio por sus esfuerzos. Agradezcamos entonces las bendiciones de los grandes espíritus.

Len se abstuvo de comentar sobre todo eso que consideraba basura, sentándose sobre los peldaños de la escalera que llevan al segundo piso, dejando ver su cansancio— Cuando menos aquí estaremos a salvo… solo por un tiempo.

— ¿Podría decirnos, por qué es que estamos aquí?— se atrevió preguntar la joven Rei.

Kalim sabía que es contra las ordenes dar detalles aún pero, se trataban de ellos, quienes se encontraron involucrados en la cruel batalla contra Hao Asakura. Merecían el saberlo por encima de los demás— Escuchen— con un ademán pidió que cerraran la puerta de la habitación—Espero que esto quede entre nosotros— se preparó para hablar— Todo esto se llevo a cabo por la inevitable situación, lo mas conveniente es reorganizar a nuestro pueblo, a nuestra gente y hermanos en este lugar donde se garantiza estaremos a salvo— explicó, aunque en su interior sabía que sólo sería por poco tiempo— Prepararnos para tomar decisiones importantes. Además, necesitan aclararse algunos problemas que fuimos registrando dentro del transcurso de los tres días después de la extraña transmisión— Todos se mostraron interesados— Como deben de imaginar, hay diferentes puntos de vista en este asunto, hay quienes creen que evitar el conflicto es lo mejor, pero desgraciadamente, hay entre nosotros personas que esperan tomar esto como un pretexto que de inicio a una contienda que creen inminente.

— El miedo no es exactamente lo que sentimos quienes nos encontramos aquí, imagino que es el mismo sentimiento para todos los que están en la aldea— Len miró con su ojo descubierto al apache— Y eso es odio, venganza, hacerles pagar la humillación de la que hemos sido objetos.

— Sí, me temo que sí— concordó Kalim— Esos pensamientos son los que están gobernando el juicio de los guerreros que se encuentran en la aldea, y por ellos es que muchas de sus acciones cometidas están lejos de ser honorables o justas…— musitó avergonzado, pero se atrevió a continuar— Se registraron ataques en villas y poblados pequeños tanto en este continente como en Europa, disturbios que cobraron algunas vidas de inocentes, provocaron luchas entre shamanes renegados y shamanes que intentaron defender a los humanos.

El pensamiento sobre ello fue el mismo en cada uno de las que estaban ahí.

— Shamanes, hechiceros también. Fue como si Hao Asakura estuviera guiándolos de nuevo, pues la ferocidad con la que eso comenzó resultó brutal y despiadada— agregó, convenciéndose que eso era imposible— Afortunadamente, pudimos desplazar algunas fuerzas y detener tales alborotos, pero el daño estaba hecho…

— Ante la presión, la gente muestra su verdadera naturaleza— comentó Anna con la vista perdida hacia las ventana— Los estúpidos actuaran como estúpidos— la frialdad siempre presente en sus palabras— Pero, para la fortuna de todos, los valientes jamás dejaran de actuar como valientes…

— ¿Qué es lo que hicieron con ellos? Con los que comenzaron los disturbios— inquirió Yue.

— Fueron traídos aquí, claro está. Aquí hay líderes importantes y estamos en suelo donde los grandes espíritus rigen, no se atreverían a intentar algo de lo que se arrepentirían después. además, hay alguien que logró aplacar por el momento esos impulsos.

Las brazas anaranjadas chocaron contra el suelo, desapareciendo en un remolino de cenizas, descubriendo tres siluetas.

Lilly se aferraba con fuerza del alto hombre que la mantenía abrazada con su brazo izquierdo. Abrió los ojos, buscando el rostro de ese hombre.

— Terminó. Volvimos a casa— musitó el hombre de cabello rubio. Dedicándole una sonrisa mientras peinaba los cabellos azules de la chica, despeinados por el viaje.

Lilly bajó la cabeza— Pero Matilda…— pensó en ella y se entristeció.

— Su sacrificio no será en vano, te lo prometo— añadió, soltando a la joven; prestando atención al humano causante de la perdida de un buen elemento— Ahora, vayamos con Goldva, hay mucho que debe hacerse.

— Sí, señor Geharo.

— ¿Geharo Sai? ¿Y ese quien es?— preguntó Len, escéptico de que un solo hombre sea capaz de generar tanto temor como para logra que una multitud desista de una idea.

— Jamás había escuchado algo referente a él, pero la Señora Goldva le tiene una alta estima. Y cierta fama parece respaldarlo ya que algunos de los recién llegados conocen su nombre. Según sé, es un shaman con un poderoso espíritu, y no solo eso, parece que también posee otras facultades, domina otra clase de artes.

— Geharo Sai… Me gustaría conocerlo— agregó Anna, pensativa.

— Tendrán la oportunidad— Kalim recibió de Satty una señal en la que aclaraba que había terminado con los heridos— Ahora si nos disculpan, aun hay mucho que debemos hacer, estamos recibiendo aún a otros viajeros. Les pido que sean discretos y pacientes. Les informare sobre cualquier evento importante, y me asegurare de enviar a sus amigos aquí si llegan dentro de las próximas horas. Por el momento descansen, después traeremos algo que podrán merendar

Satty salió primero que el oficial, dejando el lugar sumergido en un incomodo silencio.

— Cuando menos, ya no estaremos solos…— susurró Kerberos antes de extender sus alas y volver a su diminuta forma, deseaba reservar todas la energía que pudiese para cualquier situación que se presente en el futuro. Voló hasta el marco de la ventana y ahí descansó, al lado de Li Bruce Long quien, como los demás, su cuerpo fue privado de toda herida, pero el peso que llevaba con él resultaba como una puñalada en el corazón.

Len no dijo palabra cuando subió al segundo piso, posiblemente a descansar o buscando un momento a solas.

Bruce aún tenia sus dudas, recordaba las palabras de Yelan Li y de Ran Tao, ambas estaban concientes de la importancia de las vidas de la líder de la Dinastía Li, y la hija primogénita de los Tao, ¿tan determinante era el que vivieran o murieran para que una haya tenido que sacrificarse, y la otra haya tenido la mejor de las protecciones durante su vida? Si tan solo pudiera entender, podría sentirse en paz… Talvez Wei lo sepa; su antiguo compañero, amigo, quien se delató como un traidor, el mismo asesino que le privó de la vida…

Yue se acercó a donde Hiragizawa dormía, a simple vista se veía tan cansado. Miró a la sacerdotisa que no apartaba sus ojos del joven hechicero— Debería descansar— le sugirió a ella— Yo estaré al pendiente por si algo ocurre.

Anna entrecerró los ojos, y habló— No puedo hacer eso— respondió ante la extrañeza del guardián.

— Ya que, deseo ser la primera en felicitarlo— comentó, agrandando la interrogante de Yue. Anna mantenía en mente lo que el hechicero dijo antes de haber caído inconsciente, tal vez en un último pensamiento feliz, pese al dolor, en medio de la batalla, no pudo evitar el expresar su orgullo ante un evento que ocurrió muy lejos de él, Sí fue un niño, fue su balbuceo. Anna no podía olvidar su valentía en la batalla, le debía la vida y estaba dispuesta a pagar su generosidad.

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Se encontraba tan satisfecha por el resultado. El primer guerrero, merecedor de los secretos de su pueblo, se encontraba listo.

Horo Horo, inmutado, contemplaba las palmas de sus manos, como si pudiera ver sus venas a través de la piel y en ellas se encontrara circulando un poder que antes no poseía. Su espíritu acompañante, Kororo, se mantenía quieto sobre su hombro.

— Esto… ¿de verdad soy yo?...— preguntó— ¿Esto es real? ¿es mío?— en verdad se encontraba abrumado al sentir la diferencia.

Inet no respondió, le permitió al joven el encontrar la respuestas por si mismo.

El shaman buscó su reflejo en el agua del pequeño arroyo cercano. Su aspecto no era el mejor aseado, reflejo de lo duro que había sido asimilar sus nuevas habilidades. Su cabello caía sobre su frente al haber perdido su bandana, pero le resultó extraño una marca que se encontraba impresa en su mejilla, en el pómulo derecho, como una vieja quemadura.

Cuando él pasó su mano sobre aquella marca, Inet habló— Es una bendición que mis ancestros han puesto en ti, no temas— le explicó— Un símbolo que te traerá bendiciones y protección.

— ¿Qué significa?— cuestionó, no del todo molesto por el tatuaje que posiblemente será de por vida.

— Simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte, lo llamamos Ankh— explicó la quemadura en forma de cruz con un asa en la parte superior.

— Interesante… pero ¿por qué tu no la tienes?— cuestionó con recelo.

Inet sonrió, bastante divertida. Llevó sus manos a desabotonar la parte superior de sus ropas. Horo Horo, completamente colorado, con señas la frenó antes de mostrarle— ¡Esta bien, esta bien, ya entendí que está en un lugar en el que ningún hombre decente debe ver!— cerró los ojos para evitar cualquier accidente.

— Veo que en verdad quieres mucho a esa chica— comentó la mujer.

— Oiga, no soy ningún aprovechado— dijo manteniendo los ojos apretados— además que si Miyuki se entera, sería capaz de matarme— se atrevió a abrir un solo ojo y comprobar que no había peligro ya.

— Estoy muy orgullosa Horo Horo, en verdad fuiste apto. Recuerda que para lograr lo que tu pudiste no solo se requiere de poder y fuerza, sino también espíritu y corazón, los sentimientos son importantes.

— Lo entiendo, ¿pero sabe? Aunque considero un poco raro que… usted sabe, para ser apto yo…. Pues no tenía que ser tan virtuoso como un monje— se rascó la mejilla, ligeramente avergonzado por lo que intentaba decir.

Inet reprimió una carcajada, en verdad que le simpatizaba este joven— Existe la creencia de que solo llegamos a ser completos cuando encontramos y nos entregamos a la persona que nació para ser tu otra parte. Se dice que solo la unión de hombre y mujer permite en entrar en comunión con los dioses, y ese vínculo es lo que permite obtener lo que te he dado.

— Aún así, es bastante vergonzoso— dijo de modo quisquilloso— Agradezco en verdad lo que has hecho por mi— le dijo completamente sincero— Y no pienso defraudarte por depositar tu confianza en alguien como yo.

— Eres un gran guerrero Horo Horo, simplemente has perdido la visión de tu camino. Te has dejado llevar por la idea de que, hagas lo que hagas, siempre estarás atrás de shamanes como Yoh Sakura o Len Tao, pero ahora sé bien que eres tan capaz como todos ellos.

— Me siento más capaz que antes. Incluso Kororo es mas fuerte— acarició al pequeñín que dio saltitos de gusto.

— Eso es solo gracias a la fortaleza de tu propio espíritu, recuerda que ahora todo dependerá de eso.

— Lo tendré en mente— aclaró bastante confiado— Ahora bien ¿cómo es que llegamos aquí?...— se mostró desorientado. Hasta ese momento se mostró preocupado por ese detalle.

— Se pasaron momentos difíciles, por ello tuvimos que separarnos de los demás, pero no te preocupes, tus amigos están a salvo y pronto nos reuniremos con ellos.

El shaman se recriminó el no haber estado ahí, de nuevo, para ayudar a sus camaradas. Pero se juró que la próxima vez será diferente, no importa que él tenga que pelear solo, no volvería a fallar.

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Sin quererlo, Nakuru se había quedado dormida, sentada sobre una derruida silla. Spinel suspiró resignado al darse cuenta de ello. Ahora él cuidaba el sueño de la esposa e hijo del amo, sin embargo, Kaho no se atrevía a dormir, continuaba admirando al bebe quien después de haber comido, dormía como un angelito. La noche ya se encontraba avanzada— Debería descansar— comentó Spinel con su gruesa voz.

— No… no puedo… En verdad quiero disfrutar estos momentos— explicó en voz baja.

— No tiene que preocuparse, yo la protegeré.

Kaho cerró los ojos y suspiró. La pantera se percató de la preocupación de la señora Hiragizawa.

— Spinel… ¿podrías llamar a Fausto? Por favor— pidió.

— ¿Se siente mal? ¿Hay algún problema?— preguntó alarmado.

Kaho negó con la cabeza— Hay algo que deseo pedirle.

Spinel, aun con sus dudas, obedeció. Fausto, junto con Eliza, se colocó a su lado. Por todo el movimiento, Nakuru despertó somnolienta— ¿Qué ocurre?— preguntó a Spinel quien le pidió callar.

Kaho quiso hablar, pero sus labios temblaron. Volvió a mirar a su hijo, envolviéndolo mejor con la manta, besándolo una vez más— Tu mamá siempre va a amarte— murmuró sonriente cuando alzó al bebe, queriendo que Fausto lo tomase.

El doctor no fue de rápidos reflejos, pero finalmente lo sujetó con el mismo cuidado que la primera vez.

— Por favor, llévalo a salvo hasta donde se encuentra su padre— pudo soltarlo, aunque el dolor que le provocó fue claro en sus ojos.

— Kaho, ¿qué dices?— Nakuru pidió una explicación— No entiendo el por qué dices esas cosas si tu podrás mostrárselo a Eriol cuando lo veamos— se hincó a su lado.

— Eso quisiera Nakuru, pero mi camino con ustedes terminó aquí… Deben irse— explicó ante la sorpresa de todos.

— No puedes hablar en serio… ¿Estas pidiendo que te dejemos aquí?— inquirió la joven con cierta indignación.

— No es algo que puedan decidir, yo decido por ustedes— respondió Kaho, hablando con firmeza.

— Lo lamento, pero no pienso obedecer tal cosa— bramó Spinel.

— Temo estar de acuerdo con ellos, señora Hiragizawa— Fausto intentó devolverle al niño, pero Kaho se rehusó— No es correcto que una hijo se separe de su madre, mucho menos ahora.

— Por favor, no hagan esto más difícil…— pidió. En ese momento todos sintieron una poderosa energía a sus pies, que poco a poco iluminó por completo la habitación— Fausto, por favor, cuídalo…— comenzaron a notar que sus cuerpos, excepto el de Kaho, se desvanecían— Nakuru, Spinel, yo… díganle a Eriol que…

— ¡Kaho, no, no puedes hacerle esto a Eriol!— espetó Nakuru quien, al igual que Spinel, comprendían el significado real de sus palabras— Ven con nosotros, sea lo que sea, Eriol lo solucionará, tienes que confiar en él— estiró su mano hacia la mujer con la intención de sujetarla, pero todo su cuerpo se volvió intangible, como el de cualquier fantasma. Ante los gritos de la joven Akisuki, el bebe comenzó a llorar con fuerza.

Kaho cerró los ojos, sufriendo al escuchar el llanto de su hijo y no poder consolarlo— … En verdad lo siento…— musitó cabizbaja, gruesas lágrimas surcaron por su cara, sujetando con fuerza las mantas que le cubrían.

El lugar se iluminó completamente, aquella era su ultima oportunidad, aún podía ir con ellos, pedirle a ese glorioso espíritu el que la llevase con ellos, decirle que se había retractado de su petición; fue débil y dudó un instante pero al ver imágenes de su hijo contuvo su miedo; su imagen de como es ahora, como será de niño, como será de adolescente, como será de joven si sólo ella se queda en ese lugar.

— Eriol… hay un futuro después de todo— dijo en voz alta, como si imaginara que él pudiese escucharla donde quiera que esté— Un futuro donde nuestro hijo crecerá maravillosamente…—mantuvo sus ojos cerrados pues solo así era capaz de contemplar el futuro que, en un acto de bondad, los grandes espíritus le permitieron ver. Con el propósito de guiar sus pasos, ellos le regresaron su habilidad premonitoria— Y si para que ese mundo llegue debo sacrificar mi vida, entonces que así sea …

Toda luz se disipó, llevándose con ella a la mayoría de los presentes. El graznido de un águila se perdió en la lejanía. La pelirroja permaneció con la mirada perdida en las mantas de la cama. Quiso ser fuerte, en verdad que si, pero esto es lo más difícil que ha hecho en su vida. Se abrazó a si misma, añorando lo que trajo al mundo y que por tan poco tiempo pudo tener entre sus manos.

— No llore…— escuchó de la pequeña fantasma, Mariana, quien apareció a su lado. Pese a que no tenia la menor idea de lo que en verdad ocurría, al ver a aquella mujer llorar le hizo recordar a su madre— Sigo aquí… Sé lo que es encontrarse de repente feliz y después verse completamente sola— posó su mano sobre la de Kaho. La alguna vez sacerdotisa contempló con ojos llenos de compasión al espíritu de aquella niña— Pero no se preocupe, las dos podemos aguardar a aquí hasta que regresen por nosotros— pese a ser un fantasma, continuaba siendo inocente— No tema, ya vera que así será.

Los labios de Kaho se curvearon solo un poco, un sentimiento en el corazón le obligó a hacerlo pues le cautivó la forma de hablar de la pequeña. Kaho le pidió que subiera a la cama y le acompañara. Mariana aceptó y brincó hasta sentarse frente a ella— ¿En verdad te quedaras conmigo hasta que vengan por mi?— inquirió Kaho con palabras dulces. El espíritu asintió. Por sus habilidades, fue capaz de abrazarla.

Mariana se estremeció ante la nostalgia que ese gesto desató, recordó muchos de los momentos felices que aún la acompañaban, recordó lo que era el calor de otro ser humano.

— Muy pronto prometo acompañarte a buscar a tu papá y a tu mamá— le prometió la pelirroja, acariciando la espalda de la fantasma quien comenzó a sollozar, como si de pronto comenzara a entender que debía emprender su camino hacia otro lugar.

Una mujer de larga cabellera contemplaba la pequeña cabaña a lo lejos— Por fin, te encontré— habló para si sin apartar sus ojos del lugar donde su presa le aguardaba como un animal que ya no tenia escapatoria.

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Caminó por largo tiempo. El cielo comenzaba a cambiar de color. Calló de rodillas sobre la arena una vez más. En aquel tiempo, en que caminó como espectro por aquel desierto, su razonamiento más lucido fue el llegar hasta la luz que distinguió a lo lejos. Al principió comenzó como una punta de alguna montaña nevada; pero conforme avanzó fue clara la visión de un remolino invertido, lo mas delgado desaparecía en el azul intenso del cielo.

— Te encontré— alguien dijo con una voz llena de alegría.

Sakura apenas y lo escuchó, el feroz sonido del viento le dificultó el hacerlo. Cubriendo su cara es que giró hacia un costado.

Increíble que parezca o no, ella divisó una oveja. Una oveja de lana esponjosa y amarillenta, con pequeños cuernos, y está se encaminó hasta ella. Sin embargo era claro que su rostro distaba de ser la de tal animal ya que era una cara humana la que ocupaba su lugar.

Sakura no retrocedió, ni siquiera sorprendida por la oveja parlanchina— Sí, te encontré después de mucho tiempo— la lana de aquella criatura comenzó a encogerse y desaparecer en una misma dirección, descubriendo un cuerpo humano que vestía atuendos primitivos, posiblemente de alguna tribu del continente africano— Eres tú, no puedo equivocarme, la luz que buscó el señor Hao por mucho tiempo— dijo entusiasmado.

Se trataba de un niño, no mayor de diez años de edad; no era muy alto; su piel era oscura, como su cabello esponjado de color azabache; sus ojos eran grandes y saltones, y muy expresivos. Lucía una túnica que caía sus hombros, llegando a cubrirlo hasta la mitad de las pantorrillas. Unos aros de oro se encontraban alrededor de su cuello, muñecas y tobillos.

Parte de Kinomoto aún se mostraba ausente de la realidad, por lo que no le dedicó la atención suficiente cuando insistió en proseguir su camino, sus ojos se afianzaron al delgado remolino de luz que veía a lo lejos y parecía haberla encantado con algún maleficio.

Todo se centró en llegar hasta allá, no iba a detenerse por nada, ni por nadie. Pero en ese momento, detrás de ella, unos brazos la rodearon por los hombros. Alguien la había abrazado contra su pecho y le habló sutilmente— Sakura, detente— le suplicó.

Los ojos de Sakura se desorbitaron ya que una parte de su conciencia reconoció esa voz tan dulce y amable. Lagrimas resbalaron con rapidez por sus mejillas ya que la tristeza y la alegría la invadieron al mismo tiempo.

Sakura se vio obligada a girar y encarar a quien le suplicaba volver a tomar conciencia— Yukito...

Fin del Capitulo 25

*Opacho: Personaje Oficial de la serie de Shaman King. Un curioso shaman que, pese a no saberse muchas habilidades, era la mano derecha del poderoso Hao Asakura. Fue el que se mantuvo con él, 'casi,' hasta el final.