Esposa Infiel.

Makoto se dio vuelta, acostándose boca abajo, mientras sentía como Andrew, con manos firmes pero lentamente empezaba a bajar el cierre de su vestido, besándole la espalda con delicadeza, lamiéndole en círculos la piel que iba quedando al descubierto, mientras ella cerraba los ojos y comenzaba a gemir extasiada de placer.

-Tienes una piel muy suave.- Susurro Andrew removiéndole el cabello para besar su cuello, mientras le bajaba el vestido hasta la cintura para acariciarle la espalda.

-¡Me aprieta el sostén!- Dijo Makoto jadeante y con voz seductora al sentir los besos de su amado recorriendo desde su cuello hasta su espalda.

-¿Sabes que me estas provocando?... ¿Lo haces a propósito mi amor?- Cuestiono el chico rubio mientras desabrochaba el sostén sin tirantes de la chica que tenia en la cama, bajo su cuerpo.- Te advierto que si me provocas no me detendré.

Makoto se giró sobre la cama, acostándose de espaldas, completamente desnuda de la parte de arriba de su cuerpo, con sus senos al aire, quedando ahora bocarriba, frente a su amado, sintiendo como Andrew le pasaba sus gruesas manos por sus frágiles brazos de mujer, excitándose ante la fricción de sus pezones con el torso desnudo de su amado.

-Precisamente no quiero que te detengas.- Susurro Makoto mientras le acariciaba las líneas que se formaban entre los músculos de su abdomen con la yema de su dedo índice para finalmente detenerse en el borde de su cicatriz, en el lado izquierdo de su pecho.

-Pues déjame advertirte que no pienso hacerlo.- Susurro Andrew en su oído mordisqueándole el lóbulo de la oreja, escuchando como la chica gemía al contacto de su lengua.

Andrew se separó un poco de ella para contemplarla una vez más, le gustaba ver la excitación y el deseo en la cara de su amada, llevo sus manos a la delgada cintura de la muchacha y se apodero de sus labios con un beso tierno y dulce, que pronto se fue tornando, fuerte, salvaje y lleno de deseo.

Makoto gemía, ahogaba sus gemidos en la boca de su amado, y entreabrió sus labios sintiendo como la lengua húmeda de él se deslizaba dentro de su boca, llevándola al éxtasis, a la locura, al más exquisito de los placeres.

-Mmm.- Gemía la chica al sentir a su amado mordiéndole los labios, acariciándole y succionando su legua, mientras sentía las manos de este acariciar su cintura. Ella por toda respuesta lo tomo del cabello, enredando sus dedos en el cabello rubio de el para sentir aquel beso más profundo, mientras alzaba sus caderas para sentir la dureza de su virilidad a través de su ropa. Aun conservaba puesto el vestido de novia de la cintura para abajo, y la fricción de la ropa solo aumentaba la excitación de ambos.

-Te amo Mako, te amo, eres mi mujer, solo mía.- Susurro Andrew jadeando, mirando los ojos verdes de ella, sus pupilas dilatadas, sintiendo el sudor recorrer por el cuerpo de ambos, la fricción de los pezones erectos de su amada contra su pecho lo hacían enloquecer.

Makoto sonrió de satisfacción y se irguió un poco para besarle el cuello a su amado, para mordisquearlo, quería hacerle sentir placer y no solo sentirlo ella, pero rápidamente el la volvió a recostar sobre la cama, le tomo ambas manos entre las suyas, acomodándoselas hacia arriba, entrelazando sus dedos para después comenzar a besarle el cuello y mordisqueárselo.

-¡Oh si, así!.- Gemía Makoto con los ojos cerrados, mordisqueándose el labio inferior de su boca, sintiendo como los labios de su amado dejaban un sendero de besos alrededor de su cuello y su clavícula.

Andrew ansioso por tocarla, por saborearla y recorrer cada rincón del cuerpo de su hermosa mujer, le soltó las manos sin dejar de besar y saborear su cuello, rápidamente comenzó a acariciándole la cintura, las caderas, para después acariciarle la suave piel de sus senos y retorcerle los pezones endurecidos entre sus dedos, sintiendo como ella se retorcía de placer debajo de su cuerpo.

-¿Te gusta así?.- Cuestionaba Andrew jadeando mientras le besaba el cuello y le retocia los pezones con fuerza.

-¡Si, si!.- Gemía Makoto aferrándose a la espalda de el con fuerza.

Andrew sonrió, sintiendo como su miembro cada vez más excitado, estaba ansioso por estar dentro de ella, pero primero quería verla ansiosa, llena de placer, al borde de la locura, quería saborearla, besarla, hacerla vibrar. Poso sus ojos sobre los redondos senos de la chica e instintivamente llevo sus labios a uno de los rosados pezones de la chica, saboreándolos, lamiéndolos, succionándolos con fuerza, mientras le estrujaba el otro seno con una de sus manos, escuchando los gritos y gemidos que la chica dejaba salir de su boca.

-¡Oh Andrew, mmm!.-Gemía la chica encajando sus uñas en la espalda de él, sintió entonces algo caliente sobre sus dedos, algo más que el sudor y miro que al encajarle las uñas lo había hecho sangrar. El joven no se quejaba por los rasguños, parecía que el dolor lo excitara más, pues succiono el pezón de la chica con más fuerza y llevo sus manos hacia las caderas de la chica bajándole el vestido, para después meterle los dedos entre la tela de sus panties hasta sentir la humedad de su monte de venus y comenzar a acariciarle los pliegues de su femineidad que ya se encontraba húmeda y caliente.

-¡Tócame así, así!.- Gritaba la chica jadeando, sintiendo los dedos de Andrew entre sus pliegues, deseando que profundizara.

Andrew levanto el rostro, miro sus ojos verdes entreabiertos, y su cuerpo húmedo, mientras la chica miraba la frente de su amado bañada en sudor. Después de contemplarla por unos segundos, Andrew le termino de sacar el vestido y entonces Makoto sintió las piernas de su amado enredadas con las suyas. Bajo las sabanas no se había dado cuenta que el ya estuviera sin el pantalón, hasta que sintió la piel de sus piernas contra las de él.

-¡Oh, tienes un cuerpo hermoso!.- Susurro Andrew contemplándola mientras le besaba el vientre, sin dejar de acariciarle el clítoris con su dedo pulgar.

-Solo soy una simple mortal.- Respondió jadeante Makoto ante el comentario que su amado hizo sobre su cuerpo.

-¡Oh no, ni lo digas, eres hermosa, divina como una diosa!.- Jadeante Andrew mientras le quitaba las panties para introducir uno de sus dedos en la intimidad de su amada, haciéndola gritar.

-¡Me estas torturando!...¡Quiero sentirte dentro de mí, tómame soy tuya!.- Gemía Makoto.

El hombre rubio sonrió, sabía que su amada estaba lista para él, pero también le gustaba sentir el cuerpo de su amada vibrar por dentro al contacto de sus dedos, le parecía glorioso, maravilloso, aquello era poder sentir el placer que él le estaba provocando a su amada y eso le hacía desearla más.

-¡Quiero besarte aquí!.- Le dijo Andrew.

Makoto se quedó sin respiración, cuando sintió el aliento de Andrew sobre su femineidad, pero al momento en que sintió la punta de la lengua de su amado acariciándole los pliegues de su sexo comenzó a gemir incontrolablemente, retorciéndose, mientras Andrew sentía como los muslos de la chica se mojaban cada vez más.

-¡Oh Andrew eres maravilloso!.- Gritaba ella sintiendo como su interior estallaba de placer.

El joven rubio sabía que su amada ya estaba lista, así que se incorporó para quitarse la última prenda que le cubría de la cintura para abajo, y fue entonces cuando sintió como su novia lo tiro en la cama de espaldas, mientras con sus suaves manos le apretaba su miembro, acariciándoselo, tallándoselo de arriba hacia abajo.

-¿Acaso yo no puedo tener el control nunca?- Cuestiono ella con voz seductora.-¡Déjame hacerte sentir placer amor mío!...¡Yo también quiero saborearte!.

Andrew se éxito al solo imaginarse los labios de su amada sobre su miembro y aquellos cabellos castaños acariciándole la piel, así que la tomo por la cintura y la hizo sentarse encima de él, de manera que pudiera contemplar la blanca y suave piel de su espalda., removiéndole su largo cabello castaño ondulado para poder contemplarla mejor.

Makoto se inclinó y tomo el miembro de su amado entre sus manos introduciéndolo lentamente en su boca, saboreando la humedad de la virilidad de su hombre, sintiéndose satisfecha al escuchar los roncos gemidos que salían de la garganta de Andrew, pesar de que no lo podía ver, pues estaba de espaldas. Sintió entonces como Andrew acariciaba sus muslos mientras ella le daba placer, y llevo su lengua a su femineidad, saboreándola, acariciándole los pliegues de su sexo con la punta de su lengua.

Sentir a Andrew acariciándole con la lengua su húmeda intimidad de mujer, dándole placer, mientras ella se lo retribuida, acariciando su virilidad con su lengua, la hizo sentir como si una sensación abrumadora inundara todo su ser, llevándola al borde del orgasmo. De pronto Mako sintió algo caliente en su boca, y Andrew rápidamente la tumbo de espaldas sobre la cama.

-Lo siento mi amor.- Se disculpó.

-No te disculpes, me agrada tu sabor.- Respondió Makoto tragándose aquel líquido blancuzco que termino sobre su boca y lamiéndose los labios, haciendo que el hombre rubio se excitara mas ante aquella imagen de su mujer.

No conforme con aquello, ambos amantes querían más, Andrew le abrió las piernas a la chica enredándoselas alrededor de su cintura, mientras con su miembro hacia fricción contra la intimidad húmeda de ella.

-Te amo Mako, te amo.- Le susurró al oído besándole el lóbulo de la oreja.- Esto será más que sexo.

-Lo sé. Yo también te amo.- Respondió ella.

El la abrazo y la beso apasionadamente, mientras iba entrando lentamente en la intimidad de su amada, con la desesperación y ansiedad contenida de seis años. Cierto que no había pasado mucho tiempo desde que le hizo el amor en la oficina, pero esta vez era diferente, esta vez ambos estaban seguros del amor inquebrantable que sentían el uno por el otro, que ni los malos entendidos, ni la distancia, ni el tiempo pudieron matar.

-¡Dime que eres mía, dime que eres solo mía!.- Susurro Andrew al oído de ella entre jadeos mientras comenzaba a envestirla.

-¡Soy tuya, soy tu mujer y tu mi único hombre!.- Le respondió ella entre gemidos, sintiendo como su hombre entraba y salía dentro de ella con fuerza, llevándola a la locura.

Andrew le levanto las piernas a la chica colocándolas sobre sus hombros para sentir más profunda la penetración, moviéndose dentro de ella cada vez con más fuerza, mientras la besaba apasionadamente, acariciándole la piel de los senos, retorciéndole los pezones.

-¡Oh Drew...Oh amor mío!.- Gemía la chica bañada en sudor.

Makoto sintió entonces como su interior se estremecía y los músculos de su vientre se contraían, nublándole los sentidos, haciendo que un placer abrasador recorriera cada centímetro de su cuerpo mientras su amado se derramaba dentro de ella.

Dentro de la habitación, se pudieron escuchar los gemidos y gritos de ambos al alcanzar el ansiado clímax con que culmino aquel acto de amor.

-Oh, mi dulce Mako, te amo tanto.-Susurro Andrew algunos minutos después de salir del cuerpo de ella, derramando aquel liquido blancuzco en las entrepiernas de la chica, tumbándose encima de su pecho, sintiendo el sudor de su piel contra la suya.

-Y yo a ti, más que nunca.- Respondió Makoto acariciándole el cabello.

Andrew se inclinó para besarla en los labios, y se tumbó de espaldas en la cama, atrayéndola hacia sí, haciendo que ella recostara su cabeza encima de su pecho.

-Mako, quiero estar contigo siempre, quiero que seas mi mujer, ahora y para siempre.- Le susurro mientras le tomaba el rostro entre sus manos y atraía el rostro de ella para besarla una vez más.

-Siempre he sido tuya, tuya y de nadie más.- Respondió ella.- Mi corazón y mis pensamientos solo han sido para ti.

Andrew sonrío para sí mismo. No sabía ni le interesaba saber cuántos hombres habían estado con su amada Makoto después de que él se fuera. Pero si de algo estaba seguro era de que el corazón y el amor de la hermosa joven siempre fueron de él y de nadie más.

Así, se quedaron por largas horas, desnudos debajo de la sabana, amándose, disfrutando de sus besos y el calor de sus cuerpos que por tanto tiempo habían reprimido y deseado ansiosamente…

Templo Hikawa.

La hermosa sacerdotisa de largo cabello negro, se encontraba encerrada en el cuarto de meditación, sentada frente al fuego, con los ojos cerrados y una mano sobre la otra.

-Grandes problemas se avecinan, puedo sentirlo…¡Gran Kami protégenos a todos, protege a mis amigas, a Makoto, a mi hermana!.- Pedía la sacerdotisa en sus plegarias.

De pronto se sobresaltó pues aun con los ojos cerrados pudo sentir una presencia, y escucho una voz conocida, como si fuera un susurro que el viento le llevara.

-Rei, grandes problemas se avecinan. Por ahora aprovecha la felicidad que tienes en tus manos. Sabes a qué me refiero.

La sacerdotisa abrió rápidamente los ojos al escuchar aquella voz tan familiar, y logro mirar la imagen de Serena con un kimono blanco abrochado al revés sonriéndole, mientras a cada lado de ella había dos pequeñas flamas verdes.

-¡Serena!.- Apenas pronuncio el nombre de su difunta amiga, aquel fantasma se empezó a difuminar lentamente hasta desaparecer.- Esas flamas verdes solo pueden significar…que debemos estar alerta.

-Pero también recuerda la otra parte del mensaje.- Escucho Rei la voz de su hermana a sus espaldas.- "Aprovecha la felicidad que tienes en tus manos". Eso quiere decir que ella quiere que seas feliz hermana, acéptalo, tú también lo amas, ella ya no está aquí físicamente y quiere que tú y Darien se den una oportunidad.

Hotaru deja a su hermana sola en aquella habitación, donde había una flama encendida, y que era el lugar donde ambas oraban o meditaban. Rei se dio media vuelta, observo el fuego y después cada rincón de aquel cuarto.

-Gracias Serena, te prometo que cuidare de Usagi.- Con una sonrisa en el rostro.- Gracias por no estar molesta conmigo.

Departamento de Andrew.

Makoto trataba de responder a las preguntas de su tía a través del teléfono celular de Andrew, evitando no gemir o gritas por la manera en que Andrew le acariciaba la cintura, besándola en el cuello debajo de las sabanas.

-Si tía, estoy bien, no te preocupes.- Contiene la chica un gemido mordiéndose el labio inferior.- Te quiero Tía adiós.

Makoto cuelga el teléfono dejándolo a un lado, para llevar sus brazos alrededor del cuello de su amante.

-¿No te puedes contener amor?...¿Acaso quieres que mi tía sospeche que estoy haciendo?.

-No, sabes que no puedo contenerme, lo siento preciosa.- Le respondió mientras le besaba las mejillas.

-Te amo Drew.- Respondió ella buscando su boca besándolo con pasión mientras el llevaba sus manos a la cintura de ella acariciándole su vientre plano, cuando ambos se separaron por la falta de aire el la miro a los ojos y sonrió.

-¿De qué te ríes Drew?.-

-Dirás que estoy loco…pero, cuando éramos adolescentes, cada que te hacia el amor me daba un poco de miedo embarazarte. Pero cuando pensaba en tener un hijo tuyo, mejor una niña claro, así con tu color de ojos, tan hermosa como tú me ilusionaba tanto.- Sonrió el.- Si sé que suena tonto, éramos demasiado jóvenes, así que debo pensar que tuvimos suerte de no cuidarnos en varias ocasiones y que no quedaras embarazada.

De pronto, al escuchar Makoto aquellas palabras, Andrew noto como el semblante de la chica cambio, su rostro que antes lucia lleno de felicidad y se encontraba radiante había cambiado por un rostro que reflejaba tristeza.

Makoto se sentó en el borde de la cama y tomo una de las blancas sabanas para cubrir su desnudez.

-¿Qué sucede amor?...¿No te gustaría que tuviéramos muchos hijos?.- Cuestiono Andrew pasándole los brazos por la cintura, mientras le hacia el cabello a un lado para besarle el cuello.

-Sí, claro que si.- Respondió Makoto.

-Claro, yo preferiría una linda niña con cabello castaño y ojos verdes.- Seguía hablando Andrew sin saber cómo aquellas palabras afectaban a Makoto.

La chica de ojos verdes, que escuchaba aquellas palabras, de pronto se le vino a la mente aquel hijo que nunca logro nacer, aquel que al saber que llevaba en su vientre al principio miro como un "gran problema", no solo por ser una adolescente, sino tambien por ser producto del amor que ella sentía por el que creía un patán. Sabía que no era la culpable de aquel aborto, que ella no lo había provocado, pero sentía como si haberlo deseado si quiera hubiera sido suficiente para perderlo. Las lágrimas empezaron a salir de sus ojos en silencio, sin poder evitarlo, lo cual no paso desapercibido por Andrew.

-¿Qué tienes mi amor?...¿Dije algo que te hiciera sentir mal?- Cuestiono Andrew haciendo que ella volteara, quedando sentada frente a él, abrazándola con fuerza mientras le acariciaba el cabello.

-No es nada, creo que estoy un poco sentimental.- Mintió Makoto, lo miraba tan feliz que no quería decirle sobre el aborto que tuvo, al menos no en ese momento, ya tendrían mucho tiempo para hablar de aquel tema.- No debí casarme con Neflyte, y menos por despecho.

-¡Oh mi amor, mi dulce Mako, te adoro!.- Se tranquilizó Andrew pensando que solo sería eso.- Para mi tu eres mi mujer, mi esposa, desde hoy y para siempre Makoto Hansford.

La joven de cabello castaño, se levantó de la cama y tomo del piso su ropa interior para ponérsela, giro su rostro hacia donde se encontraba Andrew y lo beso rápidamente en los labios.

-¡Te amo, me gusta que me llames así Makoto Hansford, como tu mujer que soy!.

Después de separarse de él, se acercó a las maletas de Andrew que se encontraban en el piso y las abrió sacando de estas una camisa de manga larga en color negro cubriendo su cuerpo, dejando los botones de arriba entre abiertos.

Sonrió a Andrew de manera sexy.

-Voy a la cocina amor, te preparare algo rico de comer… y después nos bañamos, necesito ir a casa, para ver a mis tíos.- Dijo Makoto.

Andrew se levantó rápidamente de la cama vistiéndose con su pantalón que se encontraba tirando en el suelo, camino hacia donde se encontraba ella y le rodeo la cintura con sus brazos.

-Cierto, vamos a cocinar.- Le dijo mientras le besaba las mejillas.- Después vamos a tu casa para que recojas tu ropa.

Solo escuchar aquellas palabras, Makoto se quedó mirando a los ojos a su amado, mientras este le acariciaba las palmas de las manos.

-¿Recoger mi ropa?...¿Estas sugiriendo que venga a vivir contigo?

-Así es, te quiero conmigo todos los días de mi vida, dormir cada noche abrazándote y que seas lo primero que vea cuando despierte cada mañana.- Respondió el.

-¿Sugieres que vivamos en unión libre, en amasiato?- Seria la chica de ojos verdes.

-Bueno mi amor… no te ofendas, yo te amo…sabes que me gustaría casarme contigo pero primero tienes que divorciarte y…¿Qué le ves de malo a vivir juntos?.- Preocupado Andrew.- No creí que te importara tanto un papel.

-¡Por supuesto que quiero Drew, te amo, si, por supuesto que quiero vivir contigo ahora y siempre, sin necesidad de papeles ni contratos de por medio, nada importa solo tú y yo!.- Respondió Makoto abrazándolo con fuerza.

Departamento de Neflyte.

Neflyte se encontraba molesto discutiendo por teléfono, mientras con él se encontraban Malachite, Zoycite, Rubeus, uno de sus nuevos "empleados" y Zafiro, el mejor de sus secuaces.

-¡Estúpida, cállate lo echaste a perder todo!...¡Por supuesto que estoy molesto, ahora Mako no querrá nada conmigo y no habrá fortuna Kino ni para ti ni para mí!

El joven de larga cabellera colgó el teléfono molesto sin despedirse.

-Era la imbécil de Naru.- Dijo mientras se levantaba de su cómodo sofá.- Tratare de recuperar a la estúpida de mi esposa. Si no acepta, optare por el plan b.

-¿Cuál es el plan b?.- Cuestiono Zoycite.

-Aniquilarla.- Sonrió malicioso el hombre de larga cabellera.- Solo matándola me quedare con su fortuna. Si muere yo por ser el marido seré el dueño de la fortuna Kino y despojare de todo a los Osaka.

Templo Hikawa.

Darien estaciono su automóvil frente al templo donde habitaba la hermosa sacerdotisa, aquella mujer cuyo encanto le había robado el corazón, aquella que le había brindado una segunda oportunidad de amar.

-¿No iremos con tío Andrew?.- Cuestiono Usagi.- Yo me quiero despedir antes que se vaya a Estados Unidos.

Darien sonrío y acaricia el cabello de su hija.

-Tu tío me hablo y dijo que no se ira, se quedara por más tiempo en Japón pequeña.- Cariñoso Darien.

El hombre pelinegro bajo del auto con su hija en brazos, si su pequeña aceptaba de buena gana a Rei, entonces no habría más pretextos que la bella sacerdotisa pusiera.

Rei se encontraba barriendo la entrada del templo, cuando sintió un aura conocida que la hizo estremecerse, cuando volteo, se encontró con la mirada de Darien que llevaba en brazos a Usagi.

-¡Hola Rei!.- Grito la pequeña que al ser bajada de los brazos de su padre corrió al lado de Rei, la cual la recibió dándole un beso en la mejilla.

-¡Hola Usagi de mi corazón, ya quería verte!.- Respondió Rei cariñosamente estrechando a la niña en sus brazos.

-Rei, vengo a pedirte que seas la novia de mi papá.- Pido la niña con inocencia en su voz.- Sabes que no quiero una madrastra mala que me pegue, tu eres buena, eres mi amiga…Por favor di que sí.- Suplica la niña.- Solo tú puedes salvarme de una madrastra.

Rei se ruborizo ante el comentario de la pequeña y le sonrío acariciándole el rubio cabello para después posar sus ojos en Darien que le sonreía.

-Usagi yo…- Sorprendida Rei que jamás espero ver esa reacción de la niña.

-Por favor… ¿Quieres que una madrastra me pegue?...Tu no tienes novio y mi papá es muy guapo…por favor di que sí.- Suplicaba la niña.

Rei iba a responder algo, cuando apareció Hotaru y se dirigió hacia la niña saludándola con un beso en la mejilla.

-¡Hola Usagi hermosa!...¿Quieres ir a comer helado de chocolate adentro de mi cuarto?- Hablo Hotaru.

-¡Sí!.- Feliz la pequeña niña rubia.- Pero antes quiero saber si papá y Rei serán novios…por favor Hotaru, dile que acepte.

-Claro que lo serán Usagi. Pero los adultos hablan solos esas cosas y ellos necesitan hablar.- Dijo Hotaru que al parecer convenció a la niña y camino con ella hacia el interior del templo.

Después de que Darien y Rei se quedaron a solas, ambos se miraron a los ojos, Rei esta vez lo miraba diferente, si antes trataba de rehuirle, ahora le sonreía, lo cual a el le dejo muy claro que esa noche Rei Hino aceptaría su amor.

Decidido y con paso seguro, Darien se acercó a la sacerdotisa y le tomo las manos entre las suyas llenándoselas de besos.

-¿Cuál es tu respuesta Rei Hino?.- Cuestiono el hombre de cabello negro y ojos azules.

-¿Podrías preguntármelo?.- Contesto Rei con otra pregunta.- Te contestare lo que te imaginas.

Darien sonrió y se acercó a ella más, la tomo con una mano por la cintura y con la otra la tomo de la nuca, enredando sus dedos bajo el cabello negro de la joven sacerdotisa, acerco su rostro al de ella y atrapo sus labios con un beso tierno y apasionado.

-¿Esa es tu manera de preguntármelo?- Cuestiono la sacerdotisa jadeando cuando se separaron por la falta de aire.

-¿Esa es tu manera de darme el sí?- Respondió Darien intentando besarla de nuevo, pero la chica lo hizo detenerse poniéndole un dedo sobre los labios.

-Quiero escucharlo, dímelo de nuevo y te contestare.- Dijo Rei.- Antes no podrás volver a besarme.

-Si así lo quieres.- Dijo Darien.- Señorita Rei Hino…¿quisiera usted ser mi novia y en un futuro mi esposa?

Rei sonrió y en vez de contestarle lo abrazo rodeándole el cuello con sus brazos y lo beso en los labios, sintiendo como él le respondía aquel beso tomándola por la cintura.

-Sí, sí quiero.- Respondió Rei cuando se separaron.- Yo Rei Hino, tuya para siempre.

-Y yo Darien Chiba prometo amarte toda mi vida.- Le respondió Darien.

Ambos estaban tan sumidos en sus pensamientos, besándose, abrazándose, dedicándose palabras de amor, que no se dieron cuenta de que alguien había llegado hasta que escucharon un carraspeo y unas risitas. Rei se quedó asustada y paralizada al ver ahí a dos de sus amigas.

-Amy, Mina.- Balbuceo ella asustada de que sus amigas no tomaran de bueno modo su nueva relación con Darien, en especial la rubia quien era no solo amiga de la difunta Serena, sino también su prima.

-¡Felicidades Rei, que escondido te lo tenías!.- Sonrió Amy.- Ya era hora de que tuvieras novio.

Rei sonrió a su amiga, y volteo a ver los ojos azules de MInako, temerosa de que esta se molestara y le reclamara por irrespetar la memoria de Serena.

-Mina…yo…bueno sé que Serena era tu prima…- La chica de cabello negro no sabía que decir, pero de pronto fue interrumpida por la chica rubia que se acercó a ella.

-No te preocupes Rei.- Respondió la rubia abrazándola.- Me da gusto que seas feliz, ya sabía que tú y Darien sentían algo el uno por el otro, lo descubrí el día que fuimos a buscar el vestido de novia de Mako, los vi besándose. No dije nada, quería que fueras tu quien lo dijera.

-Amiga, gracias.- Respondió la sacerdotisa.- ¡Jamás pensé que me hubieras visto!

-No eres la única que tiene su instinto bien elevado.- Alardeo Mina sobre si misma.-Sé que Serena donde quiera que este se encuentra feliz por ti.

-Gracias por entenderlo Minako.- Respondió Darien mientras abrazaba a su ahora novia.

-Disculpen que interrumpa el momento romántico.- Hablo Amy.- Pero si venimos aquí es porque no ha aparecido Mako, hace algunas horas hablamos con su tía y no han sabido de ella…¿Has sabido algo Rei?.

-A decir verdad no, nada sobre Mako, pero estoy tranquila, sé que por ahorita se encuentra bien.- Respondió Rei.- Reconozco su aura así como las de ustedes y puedo sentir cuando están en peligro. Son las 6:00 de la tarde, aún faltan algunas horas para que se acabe el día.

Mina mira asustada su reloj de manos y pega un grito.

-¡Oh Cielos, el vuelo de Andrew salía a las 5:00 y no estuve ahí para despedirme, que mala prima soy!- Alterada la rubia.

-No te preocupes por tu primo Mina.- Respondió el chico pelinegro.- Hace casi dos horas recibí una llamada de él. Siempre no se fue a Estados Unidos. Así que ya podrás imaginarte donde se encuentra tu amiga.

La rubia sonrío maliciosamente haciendo cara de perversión.

-¡Si claro, maldita Makoto, con razón ni se ha acordado de nosotras, debe estar recuperando las noches de pasión perdidas en tantos años y mi primo nada lento. Mientras las pobres de sus amigas estamos aquí al borde del suicidio por su causa!.- Exclamo con exageración la rubia ante el sonrojo de sus amigas y Darien.

Mansión Kino.

Habían pasado ya algunas horas, eran las 9:30 p.m. de la noche, el automóvil negro de Andrew se estaciono a las afueras de la mansión Kino observando la lujosa casa de su novia.

-¡Entremos a la mansión en el auto!.- Dijo ella, que vestía aun la camisa negra de mangas largas de Andrew y sus zapatillas blancas que había usado en la boda, llevando su cabello suelto. En la casa de Andrew no había ninguna prenda de mujer que pudiera ponerse o algo con lo que pudiera sujetarse el cabello, así que había decidido acudir así, además la camisa le cubría muy bien las marcas en el cuello que Andrew le había dejado después de aquel encuentro acalorado donde se demostraron su amor. El por su parte, vestía un pantalón oscuro y una camisa azul que Makoto le había elegido, una que le cubriera perfectamente las macas de su amor y aquellos arañazos.

-Pero, tus tíos seguro no querrán verme y…-

-Mi amor, lo se Tío Hiroki y Tía Mika te odian, ya habrá tiempo para hablar de eso, por ahora quiero que vean que estoy bien y más feliz que nunca.- Dijo Makoto.

El joven rubio sonrió y le acaricio la mejilla con el dorso de su mano.

-Te amo tanto Mako, que por si soy capaz de soportarlo todo, y si tu Tío Hiroki quiere romperme la cara y matarme por lo que te hice en el pasado, bien merecido lo tengo.- Respondió el.

-No digas eso amor, los dos sufrimos mucho, los dos fuimos víctimas del destino, el pasado quedo atrás, ahora solo pensemos en nuestro futuro.-

Andrew puso de nuevo en marcha el auto, mientras Makoto bajaba el vidrio para dar la orden de que lo dejaran entrar. Todos en la mansión habían estado preocupados por Makoto, desde los tíos de ella, hasta los empleados, así que sonrieron al verla en buenas condiciones.

Después de apagar el motor del auto, la pareja de enamorados bajo de este y tomados de la mano subieron las escalinatas hasta llegar a la puerta principal, la cual tras tocar una sola vez fue abierta por la señora Mika, que al ver a su sobrina la recibió con los brazos abiertos y los ojos bañados en lágrimas.

-¡Mako, mi pequeña Mako, me tuviste tan preocupada!.- Abrazo la señora a su sobrina en cuanto la vio parada en la entrada de la puerta.

-Tía, estoy bien, hace unas horas te hable, tía estoy bien no llores.- Trataba de tranquilizarla Makoto.

-¡Hiroki, Hiroki ven aquí, Makoto ha vuelto!.- Grito la señora.

Rápidamente, aquel hombre, Hiroki Osaka, tío de Makoto por ser el esposo de su tía, bajo en unos segundos las escaleras hasta llegar a su sobrina.

-Mako, nos tenías tan preocupados…¿Estas bien pequeña?.-

-Si tío, si estoy bien.- Respondió Makoto.

Andrew se encontraba parado detrás de su novia, había sido tan emotivo para los tíos de ella ver que su sobrina estaba bien, que lo habían pasado por alto, hasta que sintió la mirada llena de odio de Hiroki Osaka sobre él.

-¡Que hace este hombre aquí contigo Makoto!.- Molesto el señor Osaka.

-¡Tío, por favor!.- Hablo Makoto como suplicando.- Andrew y yo hemos vuelto, me iré a vivir con el…-

-¡Pero que estás diciendo Mako, después de que te dejo como el patán que es!.- Molesto el señor Hiroki.- ¡Ganas me quedaron de partirle la cara por jugar contigo pero ahora no se salva!...

Templo Hikawa.

A las afueras del templo Hikawa, esa noche cubierta de estrellas iluminada por la luz de la hermosa luna llena, se puede ver a una pareja de enamorados, un joven alto de cabello negro y una hermosa chica de largo cabello negro, ataviada con la ChIhaya típica de las miko.

-Te amo Darien, desde el primer momento en que te vi.- Susurro la sacerdotisa sintiendo las manos del joven sobre sus brazos, reflejándose en el azul de su mirada.

-Y yo a ti Rei Hino, gracias por aceptarme, por hacerme feliz, por descubrir contigo que puedo amar de nuevo.- Respondió el médico.

-Me da gusto que Usagi este feliz, temía que me rechazara, no podría soportar que se enojara conmigo, también por eso temía aceptarte.

Darien sonrió y le beso las manos nuevamente.

-Usagi te adora, ella te quiere mucho y lo tomo con madurez.- Respondió Darien.- Ella siempre tendrá a su madre, eso no va a cambiar nunca, y por tanto quiero que siga conviviendo con los Hansford y…tengo algunas fotografías aun de Serena…pensé en devolvérselas a Andrew… pero me gustaría conservarlas por mi hija… creo que ella tiene derecho a tener recuerdos de su madre…Espero no te molestes.- Titubeo Darien.

Rei sonrió y beso a su ahora novio.

-No me molesta, sé que amaste mucho a Serena y me da gusto que ella haya sido feliz.- Respondió la sacerdotisa.- Sé que siempre será un lindo recuerdo y no tiene nada de malo. Cuidare de Usagi y de los hijos que tengamos a futuro, pero jamás tratare de imponerme como madre a Usagi, ella tiene una, que aunque no está presente de forma física la ama y cuida de ella, y yo quiero que me vea como una amiga, como alguien en quien puede confiar.

-Por eso te amo Rei, eres única.- Le susurro el hombre al oído y después se acercó a ella besándola cariñosa y apasionadamente.

Hotaru iba saliendo del interior del templo con Usagi de la mano, cuando miraron a Darien y Rei besándose, ambas sonrieron.

-¡Papá y Rei son novios sí!.- Grito Usagi llena de felicidad, haciendo que la pareja de enamorados se separaran.

-Ven aquí mi princesita, ya es tarde, es hora de que vallamos a casa, mañana tienes que ir al colegio.- Dijo Darien mientras se encaminaba para tomar a su hija de la mano.

¡Si, mañana les contare a mis amiguitas que Rei es la novia de mi papi!.- Feliz la pequeña.

Solo escuchar aquel comentario de la pequeña rubia, Rei y Darien se sobresaltaron.

-Sería mejor que no lo dijeras pequeña. No por ahora.

-¿Por qué papá?- Se quejó la niña

-Pequeña.- Se acercó Rei de manera cariñosa.- Quizá a la directora no le parezca bien, son cosas de adultos.

Después de mirarse por unos segundos, Darien y Usagi se despidieron de Rei y Hotaru. La hermosa sacerdotisa de cabello largo beso en la mejilla a Usagi y a su novio, aun le daba un poco de pena besar a aquel hombre delante de la pequeña hija de él.

Tras ver el auto de su amado partir, la hermosa sacerdotisa suspira observando todo a su alrededor, aquella noche silenciosa, Hotaru ya había entrado en el interior del templo, camino unos cuantos pasos, cuando frente a ella observo el mismo fantasma que había visto en la Mansión Kino, aquella mujer de largo cabello castaño, ataviada con un kimono abrochado al revés.

-Sabía que tarde o temprano te presentarías ante mi.- Dijo Rei después de sobresaltarse al ver de nuevo a aquel Yurei…

Hahahaha, espero no se me haya pasado la mano con el lemon, hahaha, pido disculpas si se les hizo un poco grotesco, pero no lo voy a cambiar mil disculpas.

Gracias a todos por su apoyo, a ti mi querida Nickypedia por soportar saber los adelantos de la historia y hasta los posibles finales y aun así leer. Mil gracias Nycky por tu lindo review, en verdad Andrew y Mako ya merecían estar juntos.

Gracias a ti también Leonor de Eboli por tu valiosa asesoría sobre los Yurei, si no me lo hubieras dicho seguro no me hubiera quedo así. Ahora, casi se me vienen los rituales shinto que tendrá que hacer Rei, espero dar el ancho, también me diste información de eso, pero claro que narrarlo si me parecerá un poco más complejo. Sobre el final, tienes razón, este cada vez está más cerca, más ahora que Mako y Andrew ya se reconciliaron.

Nicky y Eboli, espero que estén sastisfechas porque al fin Rei y Darien ya son novios.

Atte:

Mademoiselle Rousseau.