"Juro solemnemente que mis intenciones no fueron volverlos locos..."
Y ante sus ojos, aparece el largamente anhelado capítulo 25 de su viejo fic... ¡espero que les guste!
Capítulo 25
El secreto de Ginny
Harry no recordaba haber reído tanto y con tantas ganas como aquella tarde... si alguna vez lo hizo, debió haber sido un día muy lejano que escapaba de su memoria ya. Le pareció fantástico que a pesar de las terribles cosas que pasaban a su alrededor, todavía hubiera días dichosos como aquel, en los cuales podía permitirse ser feliz y mandar sus tristes remembranzas a dar un largo paseo mientras tanto.
Había tenido que abalanzarse sobre Ron para taparle la boca cuándo éste, convencido que se estaba volviendo loco y creyendo que alucinaba, se había puesto a dar de voces solicitando la ayuda de madame Pomfrey. Y así, mientras Harry contenía a su amigo para que no gritara, Hermione rápida y concisa como siempre, lo persuadía que ellos no eran visiones y le contaba a grandes rasgos cómo Harry le había revelado toda la verdad y ella le había creído; y que habían vuelto a ser novios desde la noche anterior.
En ese punto, Harry soltó a Ron al percatarse de que se quedaba boquiabierto y mudo de la sorpresa. Pasaba su mirada de ella hacia él, sonriendo por fin y levantando una ceja, en un gesto que le daba a entender a Harry que estaba seguro de conocer la manera en que había convencido a su amiga.
Harry carraspeó nervioso, deseando que Hermione no se hubiera percatado de la mirada cómplice que el pelirrojo le había dirigido a él. Pero por suerte ella no pareció hacerlo, estaba tan ocupada con su propia felicidad que no dejaba de sonreírle a Ron.
De repente y sin previo aviso, la chica se arrojó a los brazos del joven Weasley, quien se quedó estupefacto y miró a Harry como buscando ayuda. Pero Harry sólo ensanchó más su sonrisa.
-¡Oh, Ron!. ¡Te agradezco tanto lo que has hecho por nosotros! Harry me ha contado cómo tú y Luna se arriesgaron a ser expulsados con el sólo fin de conseguir más poción para aliviarme... –se separó de él y agregó: -Eres un amigo genial.
-Sí... Alguien ya me había dicho eso antes. –murmuró Ron cuando pudo hablar, aunque se preguntó a qué se refería ella al mencionar lo que Luna y él se habían arriesgado a hacer.
Volvió a dirigir una mirada interrogante hacia Harry, quien se imaginó que el chico se preguntaría si Hermione tenía idea que Ron sabía... lo que ellos habían hecho para provocar la segunda maldición. Por supuesto que Harry no le había confesado a Hermione que medio Colegio sabía su secreto, así que para aclarar puntos de una vez, le dijo al pelirrojo:
-Si, amigo... gracias a Luna y a ti, la poción que Hermione necesita ya está siendo elaborada por Snape... y así se librará de esa maldición que la ha aquejado desde que yo la volví a besar. ¿Recuerdas? –le preguntó recalcando mucho las últimas palabras y mirando insistentemente a Ron.
Ron se quedó un momento procesando aquello en su embotado cerebro... entonces miró a la muchacha y entendió lo que Harry le trataba de decir...Asintió levemente con su cabeza para que su amigo comprendiera que él se guardaría de revelarle a Hermione que estaba enterado de la verdad.
Pero algo que su mente no alcanzaba a captar era a lo que se refería Harry cuando decía "lo que habían hecho Luna y él"... si no recordaba ni un maldito demonio de nada que hubiera hecho con Luna nunca...
-Sí, sí... de eso sí me acuerdo –dijo Ron impaciente rascándose la roja melena. –Pero no entiendo de qué me hablas cuando dices que Luna y yo los ayudamos... no recuerdo ni siquiera cómo salí del Gran Comedor ayer... ¡no recuerdo cómo llegué aquí! –y mirando a su amigo con desconfianza, le reclamó: -¡Harry!. ¡Tú me hiciste algo!. ¡Exijo saber qué pasó!
Sintiendo que se enojaba de nuevo, Ron observó a Hermione aguantarse una sonrisa y a Harry pasarse una mano por la nuca, evidentemente nervioso...
-Pues... te lo diré, amigo, porque realmente mereces saber la verdad –dijo Harry y Ron lo miró expectante. –Pero no hoy. Quizá mañana cuando estés mejor.
-¿MEJOR? –estalló Ron -¿Mejor de QUÉ?. ¡Si yo me siento mejor que nunca! Claro, sin contar la impotencia que tengo porque sé que mis amigos saben por qué estoy encerrado en la maldita enfermería y no me lo quieren decir... –añadió poniendo cara de perrito regañado.
Harry y Hermione no pudieron contenerse más y ambos estallaron de nuevo en sonoras y genuinas carcajadas, provocando que el pelirrojo se enfureciera y se levantara de un salto de la cama, encaminándose hacia la puerta de salida.
-¡Ron, espera! –le gritó Harry, parando de reír y corriendo hacia él. Lo detuvo por un brazo para que no saliera del lugar. -¡No te puedes ir!
-¿Ah, no? –lo retó Ron. –...Me gustaría que me dieras una buena razón para ello.
-Pues... porque... – a Harry le estaba costando bastante esfuerzo aguantar sus ganas de sonreír mientras se preguntaba si sería mejor decirle a su amigo de una buena vez todo lo que había sucedido la noche anterior.
Pero para su buena suerte, Hermione habló primero:
-No te puedes ir aún, porque Luna quiere entrar a verte, Ron. Ella está esperando que yo salga para prestarle la capa y poder visitarte...
Hermione había dado en el clavo... Los ojos azules de Ron se abrieron casi tanto como los de Luna y presuroso, regresó a su cama y se recostó echándose su sábana encima.
-Pero. ¿le dirás a Luna que estoy muy grave y en posible peligro de muerte, Hermione?. ¿Por favor? –preguntó poniendo cara de compungido y alisándose un poco el cabello.
-Eso no es necesario, Ron –dijo ella sonriendo. –Tú le importas de todos modos, y de hecho sé que se alegrará mucho de verte sano.
-Bien, bien... –se animó Ron dando saltitos en su lecho. Miró a los chicos como si no entendiera que hacían todavía ahí y les dijo: -¿Ya se pueden ir, por favor? Digo, me da mucho gusto que sean novios otra vez y todo eso, pero...
Diciendo esto hizo un movimiento con ambas manos que claramente significaba "fuera de aquí".
Hermione, sin dejar de sonreír, se adelantó a Harry quien se había quedado junto a la puerta y le susurró al pasar junto a él:
-Aprovecha su euforia y dile la verdad, mientras yo salgo a buscar a Luna... es mejor que lo sepa hoy, sino, te odiará en la mañana.
Harry la miró irse y cerrarse la puerta tras ella, mientras suspiraba profundamente. Algo le decía que quizá la poción no fuera del todo necesaria... eso sería muy bueno, de verdad.
Volviendo a la realidad, dirigió su mirada a su pelirrojo amigo y caminó de nuevo hacia su cama. Ron, a leguas desencantado, lo vio venir.
-Harry... –empezó a decir, pero el aludido lo interrumpió:
-Espera, Ron. Tengo que decirte la verdad de lo que sucedió anoche… y sólo te pido que no me odies por ello. Te permitiré golpearme una vez si te hace sentir mejor, pero no dejaré que dejes de ser mi amigo. No después que me has ayudado como lo hiciste...
Ron lo miró interrogante y conforme Harry le fue explicando todo con grandes detalles fue abriendo más y más la boca. Así se enteró que su pérdida de memoria se debió a una pócima de amor que a traición Harry había hecho que Luna se la aplicara a él, y cuyos efectos todavía estaban vigentes en su mente y corazón. También supo lo que aconteció en la famosa reunión con Snape y McGonagall, así como su imperiosa y obligatoria estadía en la enfermería hasta que la pócima estuviera lista. Y para finalizar, Harry le dijo que gracias a que Hermione se había sentido celosa de Luna, se habían permitido una oportunidad de hablar y aclarar sus sentimientos...
-Así que pienso que probablemente Hermione no ocupe ya la poción... necesitaré hablar con Mc...
-¡Espera un momento, Harry! –lo atajó Ron, a quien evidentemente no le importaba lo que Hermione ocupara o no. –A ver, déjame aclarar un punto contigo... Entonces. ¿lo que siento en este momento por Luna… no es real?
Parecía que le hubiera dolido formular esa pregunta. Harry dudó un momento... se sintió ruin y cruel, pero supo que no tenía caso engañar.
-Lo siento mucho, Ron... –y con un terrible sentimiento de culpa, agregó: -pero me temo que no.
Harry esperaba (y realmente se creía merecedor de ello) que Ron saltaría de la cama y se lo tomaría a porrazos contra él... pero no fue así. Su amigo sólo desvió la mirada hacia la puerta, con un semblante tan deprimido que Harry deseó que mejor lo hubiese golpeado.
-Ron... perdóname... no sé que más decir. La verdad, ayer fue uno de los peores días de mi vida... estaba desesperado y actué impulsivamente... Lo siento, fui muy egoísta. Sólo pensaba en mi beneficio...
Ron meneó con lentitud la cabeza y susurró despacio:
-Está bien Harry... en parte, me alegro que lo hubieras hecho así. Ahora recuerdo que yo estaba aterrado por tener que fingir que estaba loco por Luna... seguramente nunca lo hubiera logrado y Snape me habría descubierto más rápido que lo que tarda en espantarse una mosca de su apestoso cabello.
Pero a Harry lo alarmó el hecho que su amigo no lo miró a los ojos al decirle esto... ni tampoco sonrió. ¿Por qué diantres Ron parecía tan triste?
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Si no hubiera sido por el hecho de saber que Ron estaba deprimido y solitario en la enfermería, esa noche en el Gran Comedor hubiera sido la mejor que Harry había disfrutado en mucho tiempo.
Después de haber dejado a Luna (bajo el resguardo de su capa de invisibilidad) conversando con Ron, Harry y Hermione se alejaron tomados de la mano... el muchacho se sentía feliz de ver a Hermione sonreír y saber que toda duda había sido eliminada de su relación... era estupendo no tener secretos con ella y poseer la certeza que, de nuevo, volvían a ser los amigos de siempre y la chica le tenía fe en absolutamente todo lo que le contara.
Por la tarde, antes de ir con Ron, habían estado hablando sobre la poción de amor y la carta falsa, pues Hermione se lo cuestionó... y aunque ella parecía haber creído y quedado satisfecha con las respuestas de Harry, él quiso demostrarle que no mentía, usando a su pelirrojo amigo como prueba viviente de la primera situación y testigo de la segunda.
Ahora sí, renovada la confianza, nada parecía interponerse entre los dos... claro, sin contar ese pequeño detalle del "efecto secundario" que torturaba a Harry desde hacía rato y lo hacía dudar sobre la decisión de administrarle a Hermione la poción o no. Tendría que pensarlo bien, pero eso lo haría más tarde...
En la sala común se separaron rumbo a sus respectivas habitaciones para darse un baño y arreglarse con el propósito de bajar a cenar. Al reencontrarse más tarde frente a la chimenea, Harry la tomó por el cuello y le dio un breve pero profundo beso... acción que no escapó de la atención de los Gryffindors que en ese momento salían de sus habitaciones. Algunos se rieron burlescos, pero a ellos no les importó.
-¡Harry! –exclamó Neville al verlos, evidente contento pero sonrojado. –Hola... qué bien que estén juntos. Me alegro por ustedes.
Harry le sonrió ampliamente y le dio un pequeño golpe en el brazo, en un mudo gesto de agradecimiento. Tomó a su chica de la mano, y los tres bajaron al Gran Comedor charlando animadamente.
Fue bastante divertido y memorable ir viendo las diferentes expresiones en las caras de los habitantes de Hogwarts conforme atravesaron el Gran Salón sin soltarse la mano, evidentemente enamorados y felices. Se sentaron juntos en su mesa mientras Harry notaba sorpresa en la mayoría de los rostros, alegría en unos pocos y un enorme disgusto en muchos.
Comentarios de todo tipo llegaban a oídos de ambos... era evidente que todos estaban de una forma u otra fascinados con el noviazgo de Harry Potter y Hermione Granger... "siempre supe que sería así...", "pero ella es tan lista. ¿qué le ve a él?...", "¡qué patéticos...!", "se ven tan lindos juntos. ¿a qué sí?..."
Él no pudo ni quiso reprimir su deseo de voltear hacia atrás a mirar la cara de Malfoy... esperaba verlo sorprendido o molesto, pero evidentemente no aterrado. Harry se sobresaltó... ¿qué significaba aquello?. ¿Qué podía resultar tan aterrorizante para Draco en su relación con Hermione que lo hacía poner esa cara?
Restándole importancia y decidido a que eso no empañaría su felicidad, desvió la mirada a la mesa de profesores... Dumbledore y McGonagall le sonreían, uno con amplitud y bondad, la otra con alegre recato. Hagrid estaba a todas luces anonadado pero feliz. Y Snape... Harry casi arroja el trago de jugo de calabaza por la nariz de la risa que le produjo la mirada de Snape... estaba seguro que ver la reencarnación de Sirius y su padre no le hubiera causado ese gesto de enorme repugnancia mezclado con furia... indudablemente, su molestia se debería a que estaría desarmada su teoría de que la poción que en ese momento elaboraba en su despacho, era para Hermione y no para Ron.
Las miradas de Harry y Hermione se encontraron entonces... ambos sonrieron y Harry pensó que si alguien le hubiera dicho en la cena de la noche anterior sobre todo lo que pasaría en tan sólo un día, hubiese creído que estaba demente y que era peor adivino que Trelawney.
Pero repentinamente, Harry sintió que el alma se le caía a los pies cuando notó un manchón rojo sentarse a toda prisa junto a Hermione... miró rápidamente hacia ahí y con enorme disgusto percibió a Ginny acercar su rostro al oído de la chica castaña, acto que disimuló haciendo como que se estiraba para alcanzar el platón de las piernas de pollo.
-De verdad que eres estúpida, Hermione... –le murmuró con amargura la pelirroja. -¿Te conformas con ser plato de segunda mesa?... después de lo que Harry vivió conmigo tú le parecerás poca cosa.
Harry sintió arder su cuerpo completo de furia y de una imperiosa necesidad de hechizar a la Weasley ahí mismo y delante de todos. Se puso de pie impulsivamente, atrayendo la mirada curiosa de varios en la mesa...
Pero Hermione estaba impasible... tranquilamente, tomó a Harry del brazo y lo obligó a sentarse en el banco de nuevo, al tiempo que le acercaba a Ginny el plato de comida que fingía querer alcanzar. Miró a Harry a los ojos y él vio encantado que ella no creía las crueles palabras de la chica... esto lo calmó casi de inmediato.
Hermione volteó de nuevo hacia la recién llegada y le dijo con voz firme y fingidamente afectada:
-Cielos, Ginny... de verdad lamento tanto que tengas esas visiones y sueños. ¿Has pensado en sacar una cita en San Mungo? O tal vez prefieras que te recomiende un buen siquiatra muggle... esos son especialistas en gente como tú, loca de remate.
Harry se quedó gratamente sorprendido de la agudeza de Hermione, pero sobre todo de que su confianza en él prevaleciera a tal grado de no creer semejante mentira... y su alegría de aquella noche se vio completada al ver a la pelirroja levantarse indignada de la mesa y alejarse sin haber cenado siquiera.
-Por favor... ¡No olvides darle cariños al profesor Lockhart de nuestra parte! –le alcanzó a decir Hermione a Ginny antes de que se fuera.
-¡Hermione! –exclamó Harry entre asombrado y divertido.
Ella lo miró con un gesto de falsa inocencia... y le sonrió de nuevo.
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Al día siguiente Harry y Hermione estuvieron alternándose entre los dos para visitar a Ron en la enfermería y evitar que estuviera solo, sintiéndose verdaderamente responsables de que el pelirrojo permaneciera encerrado ahí. Ya pasado el efecto de la poción de amor, Ron había dejado de actuar obsesionado por ver a Luna, y en cambio parecía estar taciturno y callado.
Harry le había dejado prestada su capa a Luna para que visitase a su amigo cuando quisiera, y según supo por Ron, lo hacía cada hora libre que tenía. Quizá fuera que ella también se sintiera culpable, pero Harry descartó esa idea de inmediato, pues él nunca le dijo a la chica rubia que Ron había bebido una pócima de amor que lo tuvo loquito por ella por veinticuatro horas de su vida.
A la hora de la cena, Harry bajaba solo al Gran Comedor, pues la profesora McGonagall había mandado llamar a Hermione a su despacho desde un rato antes. El ojiverde sentía un nudo en su estómago al recordar la única razón que no lo dejaba ser completamente feliz ese día... seguramente la profesora le hablaría a la castaña sobre la administración de la poción y del posible efecto secundario que tendría sobre ella.
Harry tenía verdaderas ganas de colarse en la oficina para opinar que él creía que Hermione no ocupaba la poción ya más, pues había vuelto a escuchar sus sentimientos reales y de nuevo confiaba en Harry, pero creyó que sería muy atrevido de su parte, después de todo lo que habían pasado para convencer a Snape de elaborarla.
Resignándose y suspirando fuertemente, Harry se sacó el Mapa del Merodeador del bolsillo de la túnica mientras caminaba solitario por el pasillo del séptimo piso y murmuró tocándolo con su varita:
-"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"...
Con un poco de desgana, buscó a Malfoy en el mismo, sabiendo que si no aparecía sería porque en ese momento se encontraría detrás del muro que ocultaba el Salón de los Menesteres. Si fuera así, pensó en quedarse plantado esperando a que saliera para ir a cenar y descubrir de una vez por todas que demonios hacía el rubio en ese lugar...
Pero la realidad era que Malfoy sí aparecía en el mapa... estaba en el baño de un piso más abajo, y acompañado por...
No, no era posible. Algo tenía que estar mal. Harry plegó el mapa a toda prisa y se echó a correr bajando por las escaleras hasta la puerta del cuarto de aseo, dónde se detuvo en seco y entreabrió un poco la puerta para escuchar a las personas que estaban dentro... un par de personas que Harry jamás se imaginó tuvieran algo que ver la una con la otra.
-Entiende... ¡entiéndeme! –la voz de Draco, que sonaba a impotencia furiosa, se escuchó por la pequeña abertura. –Necesito lograrlo... se me va la vida en ello. ¿es que no te importa?
-No seas injusto conmigo, Draco... –dijo ella, en un tono que no era una súplica sino una orden. –Claro que me importa... Y he hecho todo lo que está a mi alcance por lograrlo, tú lo sabes muy bien. Todavía anoche en el comedor intenté hacerle creer cosas a ella... ¡pero ni siquiera me tomó en serio! No entiendo que le pasa… ¿Qué no me habías dicho que la maldición la volvería odiosa con Harry...?
-¡Pues eso fue lo que me dijo Snape!... El muy imbécil, no le tengo confianza, pero por lo menos ese día que elaboraba la primera poción me soltó la sopa de lo que le pasaba a Potter y las consecuencias si él y ella tenían ese tipo de relaciones... le causaba mucha gracia, decía que era obvio que Potter, igual de perdedor a su padre, terminaría también con una sangre sucia... claro, pues no tiene ni idea de la misión que me fue asignada... No tiene ni idea.
-Debiste habérselo dicho –comentó Ginny de manera cortante. –Por lo menos así podía haber hecho mal la poción o algo, para evitar aliviar a Harry... eso te hubiera ayudado. ¿no?
-¿No te digo que no confío en él, tonta? Mi tía Bella me dijo que tuviera cuidado, que no era de fiar. No sabemos realmente de qué lado esta su fidelidad. Por eso te pedí ayuda a ti... pero me has fallado completamente.
-¿Qué más quieres que haga Draco? –gritó ella perdiendo la paciencia. -¡Si casi me le meto en la cama a Harry y aún así no parece reaccionar conmigo!
-¡CÁLLATE! No quiero saber ese tipo de detalles... no tolero ni siquiera el hecho de imaginar que tú y ese maldito cara rajada...
Ella rió de un modo tan duro que a Harry se le enchinaron los pelos de la nuca al oírla... estaba realmente atónito, pero escuchando aquello, muchas cosas cobraban sentido para él ahora...
-Claro... muy cómodo de tu parte no querer saber "detalles"... me pides que vaya y haga lo posible por separarlos, incluido eso... y ahora te molesta... –soltó una risita y preguntó: -¿Acaso estarás celoso?
Hubo una larga pausa... Harry agudizó el oído, sin poder creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo era posible aquello?. ¿En qué momento ocurrió?.¿Cómo Ginny era capaz de eso...?
-Te quiero sólo para mí... –dijo Malfoy por fin en un ronco susurro. – No soporto ni siquiera pensar en que él te toque.
-Pues no lo ha hecho. Así que puedes estar tranquilo.
-¡Por supuesto...! –exclamó él, irónico. –Tan tranquilo como alguien que sabe que morirá por no haber logrado su cometido. ¿Te crees que mi Señor Oscuro me perdonará esto?
Silencio de nuevo. Harry casi podía percibir el pesado ambiente reinante dentro del baño... De repente, Draco afirmó en un murmullo:
-De cualquier forma… tú y yo nunca podremos… Quiero decir, prefiero morir que saber que Potter te ha siquiera tocado –pasaron unos segundos y finalizó: -Me alegra mucho que no lo hiciera, no me importa lo que pase...
-¡No digas eso! –le exigió ella. Sonaba desesperada. –No te des por vencido, debemos pensar en algo... Hermione aún está bajo la maldición, lo sé... Luna Lovegood me ha contado que Snape se encuentra elaborando otra poción justo ahora... quizá si la saboteamos o algo...
-¿De que serviría? –ahora era Draco el que reía. –Parece que esa estúpida sangre sucia ha podido luchar contra su maldición... tampoco se tragó las mentiras que yo le dije. Resultó más fuerte de lo que creí. Es probable que ni siquiera necesite tomarla ya.
-¡Pero tenemos que hacer algo!. ¡No puedes morir, Draco!... no puedes –su voz se fue haciendo más pausada, como si luchara contra el llanto. –No lo soportaría...
-Ven conmigo –le suplicó él de pronto. –Cumpliré mi otra misión, estoy seguro de ello, y sé que el Señor Oscuro estará tan contento que tal vez me perdone esta... podremos estar juntos entonces.
Harry se espantó totalmente. ¿Ginny una mortífaga?. ¿Enamorada de Malfoy? Tenía que negarse a eso, tenía que pensar en su familia. Y como si ella escuchara los pensamientos de Harry, le respondió a Draco:
-No. Desde el principio te advertí que nunca me pidieras eso. Una cosa es lo que siento por ti y otra es que traicione a mi familia completa yéndome a las filas de tu gente... mi madre se moriría de sólo saberlo.
-¿Y qué es lo que sientes por mí, dulce Ginny? –musitó Draco provocativamente, causando que Harry sintiera náuseas.
Ginny no respondió. Harry pegó la oreja a la puerta, deseando saber más de las misiones de las que Malfoy hablaba... pero ninguno de los dos volvió a decir palabra. Pasaron los segundos y al ver que ni Malfoy ni Ginny parecían dispuestos a revelar más información, Harry se atrevió a asomar un poco la cabeza por la puerta entreabierta. Lo que vio lo dejó completamente pasmado y pegado al suelo de la impresión.
Draco tenía a la pelirroja totalmente prisionera entre su propio cuerpo y un lavamanos... la besaba con una furia tal, que parecía estar sufriendo con aquello más que gozándolo. Sintiéndose terrible por observar esa escena que le revelaba la traición de Ginny a los Weasley, Harry se quedó boquiabierto mientras notaba las manos de Malfoy acariciar con desespero las piernas de ella y deslizarse por debajo de su falda.
Ginny gimió al sentir esa caricia y abrió los ojos... dándose cuenta horrorizada, de la presencia de Harry, quien permanecía estático y aturdido en el umbral.
"Actualzación realizada..."
Julieta cierra el pergamino amarillento y sólo puede prometer:
"¡Nos veremos pronto! Ok?"
