Capítulo 21

Hogar

-¡HIPO!

El rugido de Chimuelo y el grito de Estoico se propago por todo el mar.

Todos los presentes miraban atónitos hacia el barco, o más bien, los restos de lo que alguna vez había sido un barco.

Algunos trozos de madera aun ardían en llamas, pero más que nada, era un humo que se levantaba hacia el cielo, al igual que un manto negro, cubría el sol y los pocos rayos de luz que podían darles calor al igual que un leve rastro de esperanza.

El frio viento comenzó a llegar, helando los cuerpos de todos. Algunos vikingos se frotaron los brazos esperando poder darse un poco de calor, pero, por más frio que recorriera entre ellos, eso no hacía que apartaran la vista de aquel trágico suceso, ahora oculto por una neblina espesa y humo negro que ocultaban todo a su alrededor.

A diferencia de los hombres, los dragones no se habían inmutado ni un poco ante la presencia del gélido clima. Al contrario. Miraban tensos el escenario que se levantaba ante ellos. Todos con los ojos al igual que rendijas. La ira, el odio y la rabia parecían brotar por debajo de sus escamas.

Algunas personas a su alrededor se alejaron de ellos mientras los miraban con cierto temor y suspicacia. Nadie quería tomar el riesgo de ser carbonizado vivo, pero Estoico…

Estoico era la excepción.

El permanecía de rodillas sobre la húmeda arena de la playa sin importarle que un furia nocturna con aspecto amenazador y sumamente aterrador estuviera a su lado. No.

Ya nada de eso le importaba.

No importaban los dragones, la isla, la gente a su alrededor, ni siquiera Alvin.

Lo único que cruzaba su mente era el hecho de que Hipo estaba muerto… y todo gracias a el.

Si tan solo lo hubiera escuchado… si tan solo… hubiera dejado ir los rencores del pasado… todo sería diferente.

La culpabilidad y la rabia hacia sí mismo inundaba su corazón llenándolo de un terrible dolor.

Su ceguera lo había llevado a entregar aquella persona que le había devuelto una chispa de esperanza y emoción a su vida, aquel muchacho al que le había ofrecido que lo llamara padre. Aquel muchacho que miraba con ilusión la oportunidad de una vida nueva en Berk, lejos de las sombras que lo amenazaban en sus sueños, lejos del monstruo con el que había convivido bajo el mismo techo durante 20 años.

El, sin más, había dejado que arrastraran a aquel muchacho y lo encerraran de vuelta a un infierno en donde no existía escapatoria alguna.

Las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos.

La primera vez que había estado al borde de dejar que tan solo UNA lágrima escapara de sus ojos, había sido la noche en que perdió a su único amor, Evellen. Pero jamás se lo había permitido.

Jamás se permitió mostrar signo de debilidad alguna ante su pueblo.

Él era fuerte, el más fuerte de todos los vikingos en Berk. Él era su líder, su pueblo lo necesitaba… e hipo… hipo lo había necesitado… pero lo había defraudado, y ahora… jamás regresaría a el.

Parecía que la historia se hubiera repetido solo para torturarlo, como si el destino se divirtiera jugando con la vida de sus seres amados, pero en el fondo de alma, en el rincón más obscuro de su alma, sabía que era su culpa. Todo el tiempo había sido su culpa…

Siempre gracias a él…

-hipo… -el viento se llevó con el aquel susurro lleno de sufrimiento y dolor.

Un furia nocturna el cual hacia honor a su nombre con su temible apariencia yacía de pie sobre la húmeda arena de aquella playa. Miraba hacia el horizonte con ojos humedecidos y expectantes.

El fuego ardía en su interior iluminando su cuerpo de una escalofriante llama azul.

Su corazón palpitaba tan fuerte que podría jurar que saldría de pecho en cualquier momento dejando atrás nada más que la cascara de un ser roto. Desalmado.

Podía sentir su cuerpo temblando ante el brusco movimiento de su exaltada respiración.

El humo ardiente escapaba de su nariz con cada respiración que daba.

Los gruñidos no tardaron en formarse en su garganta.

Sus dientes puntiagudos se cerraban con fuerza. Su instinto salvaje comenzaba a hacerse presente.

Podía sentir su anhelo de sangre crecer en el más obscuro rincón de su mente… pero no sangre cualquiera.

Anhelaba el, aunque repulsivo, sabor de la sangre de aquel maldito bastardo que había asesinado a su mejor amigo en toda la vida. Su niño. Su hipo.

Aquella persona por la que hace mucho había prometido morir si algo llegaba a ocurrirle, y sin embargo, su corazón palpitaba mientras que el alma de su compañero ahora se alzaba entre los cielos.

De que le servía hacer promesas si al final del día nada sería cierto.

Agacho la cabeza, pudiendo sentir como sus ojos se tornaban al igual que rendijas, dejando de lado todo control y permitiendo que su instinto depredador saliera a relucir.

Si.

Anhelaba más que nada poder bañarse en la sangre de aquel maldito que había asesinado a la persona más importante en su vida.

Alvin.

Alvin el traicinero.

Aunque… sabía que eso ya no era posible.

Sabía que el cuerpo de aquel hombre ya ardía en llamas y con el…

Y con el…

Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Se sentía incapaz de contenerlas.

Sentía el llanto quemando su garganta.

No… ¡NO!

-¡HIPOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

El rugido salió disparado hacia el cielo, propagándose en todos los alrededores.

Un grito lleno de desesperación, impotencia, culpabilidad, odio, y dolor había cortado el cielo que incluso los mismos dioses habrían estremecido con tan solo escuchar.

El rugido más fuerte que jamás se había escuchado sin duda.

Un rugido lastimero que podría dejar sordo a cualquiera.

Pero no importaba.

Ya nada importaba.

De un momento a otro pudo sentir el odio hacia su amigo corriendo por sus venas…

Un odio que le tenía por el simple hecho de haber muerto.

Gracioso ¿no?

Nada de eso había sido culpa de hipo… oh… tal vez sí.

Los pensamientos comenzaron a correr por su mente a toda velocidad, y cada vez que lo analizaba, sentía más coraje hacia su difunto amigo.

Si tan solo hipo le hubiera hecho caso a chimuelo de que debían marcharse de Berk, esto jamás habría sucedido.

Aunque si tan solo hipo no hubiera intentado escapar quizás todo estaría bien.

Pero si Alvin hubiera sido un buen padre, hipo no habría pensado en escapar en primer lugar.

Y si Evellen no lo hubiera tenido, no abrían razones para que hipo hubiera muerto este día ya que si él no hubiera nacido, obvio que no habría podido morir.

Pero si él no hubiera nacido, ahora chimuelo estaría solo como siempre lo había estado antes de conocerlo.

Esperen…

Tal vez la culpa era suya, pues sin él, hipo jamás habría podido salir de la isla, pero pensándolo bien, conociendo a hipo… con o sin él, se las habría ingeniado para salir de ese lugar de cualquier manera.

Pero entonces si su madre se hubiera quedado con Estoico y no con Alvin quizás todo hubiera sido mejor, aunque viendo la terquedad de los vikingos y su racismo hacia muchas cosas… seguramente hipo hubiera sufrido bullying la gran parte de su vida, aunque con suerte, el destino los hubiera unido en el momento oportuno para derrotar a la muerte roja y seguramente ambos se abrían transformado en héroes transformando toda la vida en berk... okey, tal vez ese pensamiento fue muy exagerado.

Sintió que podía comenzar a reír el cualquier momento, su mejor amigo acaba de morir y el solo se la pasaba viendo a quien echarle la culpa.

Para resumir las cosas, ¿Por qué no decir que todo el mundo tiene la culpa? Sería más fácil. Porque no simplemente culpar a los dioses, al destino, e incluso la vida en general.

Unas cuantas risas escaparon de él, y lentamente fueron convirtiéndose en carcajadas maniáticas.

Algunos hombres lo miraron de reojo como si el dragón estuviera perdiendo la cordura, pero quien no lo habría pensado.

Hasta el hombre más valiente habría estremecido al escuchar aquellos sonidos. Mirando con horror a un dragón con mirada psicópata.

Sus risotadas comenzaron a combinarse con terribles llantos hasta que no pudo más.

Su alma rota no pudo resistir más aquel impacto de emociones, y nuevamente, sus gruñidos volvieron a hacerse presente.

Se sentía caer al borde de la locura. Comenzó a creer que la perdida de hipo fuera a hacerle perder todo el control y su cordura.

Una horrible y detestable sensación vago por su mente, estremeciendo todo su cuerpo.

Talvez… hipo realmente era el culpable de todo.

Por su culpa, Alvin había enloquecido, volviéndose completamente loco…

Talvez eso es lo que le estuviera ocurriendo en este mismo instante… se haría un monstruo despiadado al igual que Alvin… y todo por culpa de ese muchacho. Hipo.

Si el jama subiera existido, todo estaría mejor.

¡NO! ¡NO! ¡NO!

Se obligó a desechar todos esos pensamientos e inmediatamente trato de recuperar su postura.

Estaba claro que comenzaba a comportarse como un lunático, pero no podía evitarlo. Simplemente no podía.

Toda esa situación lo estaba enloqueciendo.

Otros cuantos rugidos comenzaron a escapar de su interior mientras comenzaba a dar vueltas moviendo sus alas y cola de incontrolable manera mientras rugía con ira y comenzaba a maldecir a todo el mundo incluyéndose a sí mismo.

La arena salió volando con cada movimiento estremecedor. Varios hombres se apartaron aterrorizados.

-¡HIPOOOOOOOOOOOOO! ERES UN MALAGRADECIDO ¿PORQUE TENIAS QUE MORIRTE? ¿POR QUÉ TENIAS QUE… ABANDONARME… EN ENSTE MUNDO? ¿PORQUE TUVISTE QUE DEJARME SOLO? ERES UN… ERES UN… AHHHH MALDITO DESGRACIADO… TE ODIO… TE ODIO… ¡TE DETESTO! YO TENIA UNA VIDA MUUUUUY TRANQUILA… HASTA QUE APARCISTE Y LO ARRUINASTE TODO… ¡¿PORQUE LOS DIODES TENIAN QUE CONDENARME A HACERME AMIGO DE LA PERSONA MÁS TERCA E INGENUA DE TODO EL MUNDO?! ¡SI TAN SOLO NO HUBIERAS SIDO TAN ILUSO E INGENUO AL CREER QUE HABRIA UN MUNDO MEJOR APARTADO DEL DOLOR Y LA DESGRACIA, TODO HABRIA SIDO DIFERENTE! PERO… AH NO… "CHIMUELO, SE POSITIVO" "TEN FE" "CONFIA EN MI"… ¡¿DE QUE SIRVIO TODO ESO AL FINAL, EH?! ¡¿DE QUE?!

Su visión era borrosa. Sus lágrimas habían inundado sus ojos por completo. Sus ojos le picaban. Sentía el aire drenándose en sus pulmones.

Sollozos entrecortados escaparon de sus labios.

-hipo… ¿dime por qué?... ¿por qué?...–esto salió como un gemido lastimero. Un HORRIBLE gemido lastimero que era capaz de congelar el alma hasta el más cruel.

Otra lagrima rodo por su piel cayendo en la arena. Se sentía avergonzado. Él, el más fuere y poderoso dragón, un furia nocturna, haciendo un berrinche como si fuera un bebé en medio de todas aquellas personas, y luego de eso se había dejado caer en un mar de lágrimas.

No podía existir espectáculo más patético que aquel que acababa de llevar a cabo.

Miro de reojo y pudo sentir todas las miradas apenadas dirigiéndose hacia él, llenas de lastima.

Lo miraban como si él fuera un cachorro que necesitara de su protección, PERO EL NO LO ERA.

No necesitaba su lastima. Eran tontos al creer que un corazón roto podía sanar ofreciendo su lastima, pero se equivocaban. Un corazón roto era incapaz de sanar, y el suyo, ya estaba quebrado.

Lentamente y con paso amenazante se acercó hacia la gente de Berk y los dragones que le dirigían miradas de pena.

Entre toda esa multitud, su atención se dirigió hacia un pequeño dragón cojeando y manchado de sangre, pero no era suya. Era de hipo. ESA SANGRE ERA DE HIPO. SU AMIGO. SU JINETE. SU NIÑO.

-¡TU! -gruño amenazadoramente.

Fogón miro hacia el dragón negro que se alzaba frente a él. Sabía que era su fin.

Aquella furia nocturna se encargaría de terminar el trabajo de aquel anciano. Pero él no lo estrangularía. Eso lo sabía claramente. NO.

Él se encargaría de hacerlo sufrir hasta matarlo. Su mirada hablaba lo que sus labios no hacían. Lo desgarraría hasta desángralo. Podía ver su destino trazado en aquellos ojos toxico. Su cuerpo terminaría siendo nada más que simples trozos de carne. Desechos.

Pero no tenía miedo. Solo dolor y llanto amargo.

Sabía que lo merecía.

Había fallado en su misión. No pudo proteger a hipo. No pudo llevarlo de vuelta a casa, y ahora… ya no estaba. Hipo… se había ido. Todo gracias a el.

Recordó las últimas palabras que había murmurado antes de que todo se desvaneciera.

-"perdóname hipo"

Y también recordó como hipo rogo su nombre hasta el final, con tal de saber que él seguía vivo.

Era una desgracia. Una completa y rotunda lagartija, deplorable.

-te eh fallado hipo, y ahora debo pagar.

"por favor perdóname"

Con eso, el terrible terror agacho la cabeza, aceptando su final sin más.

Merecía el sufrimiento por no haber podido cumplir con su deber. Por no haber podido salvar a aquel muchacho que le había entregado todo cuanto había añorado. Amistad. y su muerte era algo con lo que lidiaría después de la muerte, hasta la eternidad.

Chimuelo miro al pequeño dragón agachar la cabeza.

-Levanta la cabeza y mírame. Quiero ver a tu alma escapar de tu cuerpo y el brillo abandonar tus ojos. Tu muerte apenas si llenara un vacío insignificante en mí interior. No vales ni el esfuerzo de matarte, pero lo hare para darte al menos un poco de crédito por haber llegado con vida hasta aquí

Fogón levanto la cabeza obligándose a no llorar.

Las palabras del dragón solo hacían de su futura muerte más insoportable y dolorosa. Al igual que dagas apuñalando su cuerpo.

"No llores" se dijo, pero nada calmo su dolor.

Listo para dar inicio a su final, levanto la mirada, enseñando los dientes, y lentamente fue preparando una explosión de plasma en su boca, pero un pensamiento lo detuvo al instante, no solo fueron los rostros terror de la gente y los dragones que iba a herir, ni Estoico que había salido de su trance y había comenzado a ponerse de pie sujetando un hacha con fuerza, preparándose para detenerlo.

Era el recuerdo de hipo quien lo detenía.

¿Realmente iba a dañar a esas personas que solo lo miraban con lastima al no saber cómo consolar al dragón por su terrible perdida? ¿Cuál sería la expresión de su niño, al verlo atacar a toda esa gente inocente que había tenido la esperanza de poder rescatar al muchacho, pero sin embargo habían fracasado? ¿Acaso… acaso lo compararía con su padre? ¿Con Alvin? No, esa simple idea se le hacía insoportable, le oprimía el corazón hasta dejarlo sin aliento.

No, no podía hacerlo.

Él no era un monstruo. Él sabía que no lo era… hipo lo sabía…

Escucho un grito a unos cuantos pasos, pero no pudo distinguir las palabras correctamente, así que solo lo ignoro.

Lentamente extinguió el fuego que emanaba de su interior, y pudo sentir como las miradas de pánico y terror frente a él fueron perdiendo su expresión, solo para transformarse en otras miradas llenas de susto e incredulidad.

Pálidas al igual que cadáveres.

Miraban al igual que si estuvieran viendo a un fantasma, pero eso no sería del todo una mentira. Chimuelo los miro lleno de confusión, y al dar la vuelta sus ojos se agrandaron más grande que nunca y las lágrimas rodaron a través de ellos sin ninguna restricción. Sus labios se agitaron e instintivamente sus dientes se ocultaron.

Los ojos le brillaron al igual que estrellas fugaces.

-…chimuelo…

-¡QUIERES ALEJARTE DE MI LADO AL IGUAL QUE TU MADRE! ¡QUIERES DEJARME SOLO! ¡TU MADRE ME ABANDONO… Y AHORA… TU HACES LO MISMO! ¡NO LO ACEPTARE!

….

–¡SI VOY A MORIR… ENTONCES TU VENDRAS CONMIGO!

– ¡NO MORIRE SOLO! TODOS ME TRAICIONARON! ¡ME ABANDONARON!

–nadie te abandona. Tú eres quien aleja a la gente que te rodea

–alguna vez soñé con amarte… pero… no puedo.

-¡cómo se puede amar a alguien que no sabe cómo amar! Podría morir aquí contigo, pero eso no cambiaría el hecho de que en tu corazón y en el de varios más… morirás solo.

-¡ESO NO ES CIERTO

-…perdón…

No. NO. NO.

No puede... Esto… esto no… no puede terminar así.

No ahora. NO después de… todo lo que ha pasado.

No puedo rendirme ahora. No lo hare. NO. Por ti chimuelo.

No puedo hacerte esto. No después de todo por lo que has tenido que pasar por mi culpa.

No te abandonare. ¡NO AHORA!

"chimuelo… eres mi mejor amigo"

" Y… si hay algo que puede hacer para compensarte todo lo que has sacrificado por mi… prefiero permanecer en una sola pieza para pagarte todo cuanto has hecho"

NO. ¡NO MORIRE ASI! ¡HOY NO!

Aquellos pensamientos cruzaron por su mente que, al igual de rápido como llegaron, desaparecieron, dejando en claro un único propósito y pensamiento.

"Escapar de ese infierno"

Hipo se arrastró hasta la orilla del barco, esforzándose por mantener una respiración constante, pero solo podía sentir como su cuerpo se obligaba a tomar bocanadas de aire con desesperación, y cada vez que el aire llenaba sus pulmones, estos los sentía arder provocando que tosiera y entrara cada vez peor en un ataque de pánico. Pero tenía que permanecer controlado si es que quería salir de ahí.

Apretó los puños con fuerza y se obligó a arrastrar sus piernas por la madera del barco. Sus ojos se cerraron con fuerza al sentir cenizas entrar en sus ojos y convertir su visión borrosa.

El aire comenzaba a escapar de sus pulmones frenéticamente. El humo y el calor eran sofocantes.

Mas rugidos se escucharon a la distancia.

Se estremeció al escuchar los gritos que comenzaban a emerger de su padre. Trozos de madera ardiendo comenzaron a caer sobre sus hombros.

Su padre trato de sacudirse con desesperación el fuego que comenzaba a quemar sus brazos.

Hipo volteo a mirarlo con el dolor más profundo de su alma, pero sabía que no podía salvarlo.

No existía cura para la enfermedad que consumía a su padre.

Podía escuchar el sonido de un reloj resonando en su mente.

Tick-tock tick-tock tick-tock.

El tiempo corría rápido. Debía marcharse o si no el fuego abrasaría su cuerpo hasta las cenizas.

Obligo a su cuerpo a seguir en marcha, pero…

Sabía que se arrepentiría por su decisión, pero no pudo echar un último vistazo a aquel hombre que luchaba contra las llamas ardientes.

-perdóname… En verdad lo siento… -susurro, y con esto salto del barco, sintiendo detrás de él las llamas crecer y tragar todo por completo. Escuchando por último los horribles gritos de Alvin el traicionero antes de que con el paso de los minutos estos se acallaran, dejando a la deriva los ecos de su antigua presencia.

Su pierna dolía como un infierno. Dio gracias que podía flotar, de otra manera, estaba completamente seguro de que ya se hubiera hundido hasta el fondo.

Trato de nadar lo más rápido que pudo hasta la playa. Su respiración era entrecortada, la falta de sangre lo hacía lucir peor que un fantasma, pero eso era la menor de sus preocupaciones. En ese momento, lo único en lo que podía pensar era en su amigo.

Chimuelo.

Aunque claro, uno pequeña vocecilla que siempre le hablaba desde el fondo de su mente le advertía que debería preocuparse más por su pierna que por su amigo, pero hipo, como siempre, la ignoro.

Aferrándose a la idea de que su amigo estaba bien, continuo su camino utilizando todas sus fuerzas, hasta que sintió la blanca arena correr por sus dedos y adherirse a su ropa.

Con cuidado se puso de pie y trato de mantener una postura firme, pero esta fallo al sentir un dolor punzante en su costado. Se sujetó con fuerza y tuvo que apoyarse en una roca para no caer al suelo.

No faltaba ser un experto para saber que debía tener unos cuantos huesos rotos, varias cortadas, golpes y contusiones en todo su cuerpo. Incluyendo quemadoras y el pequeño detalle de su pierna desangrándose.

Estaba en claro que estaba hecho un desastre.

Por un momento deseo poder quedarse ahí por la eternidad y descansar pasa siempre, pero su corazón aun latía. No podía permitirse quedarse atrás.

Debía seguir adelante.

Miro hacia todas direcciones, enfocando su visión a un único objetivo. Una furia nocturna.

Ahí estaba. Una figura negra se observaba a lo lejos.

Hipo trato de correr a toda velocidad, pero su pierna malherida le impedía hacerlo. Tuvo que conformarse con trotar a pesar de la terrible cojera.

Los minutos transcurrieron, cada vez más cercas de su amigo. Toda la gente y dragones de Berk permanecían de pie en la orilla.

Su cuerpo comenzó a rogar que se detuviera, pero él no quería parar. No podía.

Una sonrisa se extendió por su rostro al ver a chimuelo, estaba a solo unos pasos de él…

Pero un terrible sentimiento lo detuvo de golpe.

Miro al frente, viendo a su amigo de pie amenazadoramente. Sus escamas se iluminaban de un color azul eléctrico, y los gruñidos que razonaban desde su garganta eran amenazadores, fríos y aterradores.

Lo escucho murmurar unas palabras que desgarraron su alma. Palabras que jamás lograría olvidar. La expresión en el rostro de su amigo sería un recuerdo de una pesadilla que jamás lograría olvidar y que hubiera deseado jamás haber escuchado.

"-Levanta la cabeza y mírame. Quiero ver a tu alma escapar de tu cuerpo y el brillo abandonar tus ojos. Tu muerte apenas si llenara un vacío insignificante en mí interior. No vales ni el esfuerzo de matarte, pero lo hare para darte al menos un poco de crédito por haber llegado con vida hasta aquí"

Miro con horror como chimuelo estaba a punto de lanzar una bola de plasma hacia Fogón, los vikingos y el resto de los dragones

No podía permitirle que les hiciera daño.

-¡CHIMUELO, PARA! –dudo que éste lo hubiera escuchado, pero el alivio atravesó por su mente al ver que s amigo relajo sus músculos y apago el fuego en su interior.

La gente ya había notado su presencia, todos mirándolo impactados. Pudo notar como chimuelo se percató de sus miradas ya que inmediatamente volteo para verificar lo que los demás a su espalda estaban mirando.

-…chimuelo… -su nombre escapo de sus labios como un susurro.

Los ojos de chimuelo resplandecían de la incredulidad. Lentamente fue acercándose hacia hipo, con paso dubitativo.

Hipo entrecerró los ojos, un tanto confuso ante la actitud del dragón. Chimuelo lo miraba como si el no fuera más que un producto de su imaginación. Una terrible broma que su mente le estaba jugando. Temía que si acercaba demasiado, todo fuera a desaparecer e hipo no haya sido más que una simple ilusión.

Lentamente extendió su brazo en el aire y lo mantuvo firme al igual que la primera vez que conoció a chimuelo. Claro que habían estado en un panorama totalmente distinto, pero el sentimiento era el mismo. La intención era la misma. Ambos eran los mismos de hace 5 años.

Aun lo recordaba como si hubiera sido ayer.

Hipo, desde que había encontrado a chimuelo en la cala tratando con desesperación de salir volando de ahí, había ido a visitarlo con enormes cestos llenos de pescado fresco.

El cielo se pintaba de hermosas tonalidades de rosas y naranjas.

Chimuelo ya se había tragado todos los pescados, así que, conforme con su servicio realizado, se sentó sobre el verde pastizal.

-"No había mucho que hacer ahí, pero era preferible que estar en casa solo, en una aldea llena de gente sádica con deseos asesinos. Al menos en la cala estaba en compañía de un grande, terrible y poderoso dragón"

Hipo volteo a mirar hacia atrás, solo para encontrarse con aquel "grande, terrible y poderoso dragón" sobre un árbol, inerte en el mundo de los sueños.

Hipo miro al suelo decepcionado.

"a pesar de que este dormido…"

Tomo una pequeña y delgada rama que estaba tirada en el suelo y comenzó a trazar líneas disparejas por el suelo.

No tenía idea de que hacer, hasta que se le vino una idea a la mente. Removió la tierra con su pie para deshacer las líneas que había trazado anteriormente. Hecho un vistazo de reojo hacia el dragón e inmediatamente comenzó a dibujar.

Era un retrato idéntico del furia nocturna.

"Nada mal" pensó para sí mismo "creo que después de todo tengo talento para el dibujo. Aunque claro… nunca le ha importado a nadie" su rostro entristeció ante ese pensamiento.

"vaya vida que le habían dado los dioses"

Sus pensamientos fueron rápidamente interrumpidos al sentir una presencia detrás de él y la respiración de aquel ser en su cuello. Su cuerpo se estremeció ante aquella sensación, pero miro con gran sorpresa que el dragón permanecía atento ante la realización de su retrato.

Hipo, aunque un tanto tenso, se dispuso a finalizar el dibujo, dejando por último los ojos de chimuelo.

Miro con gran gusto su retrato en la tierra. El muchacho tenía talento, eso debía admitirlo. Estaba seguro que sobre un papel y su retrato sobre manos de aquel joven, el dibujo quedaría excelente.

Hipo, aunque no lo mostro por el exterior, sonrió para sus adentros al ver a la criatura asentir, contenta con su trabajo.

Hipo cerró los ojos y volvió a ver con confusión. Tan rápido como había llegado el dragón a su lado, así de rápido había conseguido un enorme tronco y se había dispuesto a dibujar sobre la tierra al igual que hipo.

Chimuelo lo volteo a mirar y finalizo su dibujo con un último punto.

Hipo miro hacia el suelo, admirando el… él no sé qué… supuesto dibujo que había realizado chimuelo. La verdad no tenía idea de lo que el dibujo era, pero chimuelo si, ya que asentía positivamente ante su creación.

Miro hacia el cielo y noto como ya comenzaba a anochecer. Sin perder más tiempo se dirigió hacia la salida de la cala, pero un gruñido amenazante lo detuvo.

Hipo se detuvo al instante. Agacho la mirada para ver la razón por la cual chimuelo gruñía. Su pie estaba pisando una línea del dibujo del dragón. Levanto la pierna esperando la reacción de su compañero. Este se tranquilizó y volvió a hacer ojos de gato.

"oh, así que…"

Hipo volvió a bajar la pierna. Gruñidos.

Subió la pierna. Cara de gato.

Bajo la pierna. Gruñidos

Subió la pierna. Cara de gato.

Bajo la pierna. Gruñidos

Lo hizo unas cuantas veces, divirtiéndose por la reacción del furia nocturna, pero se detuvo al ver que sus acciones comenzaban a exasperar a chimuelo.

Eta vez, en lugar de colocar la pierna sobre la línea, lo hizo en un lado en el que no afectara el dibujo y no tocara ninguna línea trazada. Chimuelo parecía conforme con eso. No gruño en ningún momento, así que hipo tomo eso como si estuviera bien.

Cada paso que dio, procuro no pisar ninguna raya. Poco después, sin darse cuenta, parecía como si estuviera bailando algún tipo de danza, dando giros y vueltas.

Una enorme sonrisa ilumino su rostro. Estaba bailando como un tonto, pero por alguna extraña manera… se sentía libre.

Su pequeño baile se prolongó hasta que por fin atravesó por todos aquellos trazos, y nuevamente, sintió aquel escalofrió recorrerle la espalda debido a aquella respiración en su cuello.

Miro con un poco de temor hacia atrás donde se encontraba aquel dragón de escamas negras y ojos vedes. Su mirada era tranquila y pacífica.

Una nueva idea le atravesó la mente.

Agacho la cabeza con un poco de temor y extendió el brazo, rogando por qué chimuelo no se lo comiera.

Afortunadamente, nada de eso ocurrió. Al contrario, el dragón acerco su cabeza a la palma de la mano de hipo.

No solo fue un roce. Significo mucho más que eso. Aquel tacto fue el símbolo que marco aquella hermandad que los regia hasta el día de hoy.

Aquello fue muestra de una confianza inquebrantable.

SU confianza.

Chimuelo lo miro con sorpresa. Sabía que aquel acto simbolizaba que podía confiar en aquel muchacho.

Se acercó lentamente hacia la palma de su mano y coloco su cabeza en ella. Se sentía firme y cálido.

Era real. Hipo era real. HIPO ESTABA VIVO.

Sus pupilas se agrandaron a no más poder. En ese momento, hipo supo que chimuelo tenía en claro que estaba vivo. Que por fin todo había acabado.

Que todo estaría bien.

-oh, chimuelo… -No pudo soportarlo por más tiempo. Se abalanzo sobre su amigo escamoso, rodeándole el cuello con sus brazos en un cálido abrazo.

Las lágrimas ya brotaban de ambos amigos. Chimuelo tenía los ojos fuertemente cerrados y sollozaba con fuerza.

Hipo acaricio su cabeza de manera confortante.

-yo… yo… creí que habías muerto –murmuro, sintiendo como parte su alma iba siendo lentamente restaurada con la simple presencia de su niño.

-Lo se… y lo siento. Por favor perdóname, chimuelo. Jamás debí ignorarte… perdóname –con mano frágil comenzó a trazar círculos en la espalda de su amigo para calmar su dolor.

-no. Yo soy quien lo siente. –hipo se separó un poco de él para mirarlo a los ojos. Creía saber de lo que su amigo hablaba, y no era algo en lo que quería pensar. No ahora. Sin embargo chimuelo saco el tema a flote. No quería discutir con su amigo acerca de eso. –hipo… yo… -más lágrimas y lamentos de dolor llenaron su alma –yo… estuve a punto de asesinar a toda esa gente. Si tú no hubieras llegado, yo… no sé qué hubiera sido de mí... Lo siento… lo siento ¡LO SIENTO! Te defraude. Soy un monstruo… soy un monstruo al igual que…

-¡CHIMUELO, BASTA! –grito hipo con lo que le quedaba se voz -… solo basta…-Y con eso volvió a abrazar a su amigo más fuerte que nunca.

"ahora todo estará bien" se dijo mientras alzaba la vista al cielo.

Después de lo que pareció una eternidad, por fin, ambos amigos se separaron, sonriéndose mutuamente al volver a estar reunidos.

-¡HIPO! –un grito entusiasmado sacudió sus oídos. Levanto la mirada y vio a Astrid correr hacia él, seguida de Patán, Patapez y los gemelos Brutacio y Brutilda.

Casi perdió el equilibrio al sentir a todos sus amigos abalanzarse sobre él en un cálido y confortante abrazo. Bocón también se hizo camino hacia el abrazo. Todos se tambalearon durante unos momentos. Algunas otras personas se acercaron hacia él para darle palmadas en los hombros en señal de que estaban agradecidos de que él estuviera vivo, porque en cuanto a Bien físicamente, no lo estaba.

Los dragones se frotaron contra hipo en gestos amables y cariñosos. Fogón estaba, como siempre, restregándose en su pierna al igual que un gato, con algunas lágrimas en los ojos debido a la emoción de tenerlo ahí con ellos.

Incluso se sorprendió al ver a Dientepua acercarse hacia él y empujarlo en un gesto afectuoso, aunque el dragón no contuvo muy bien su fuerza, lo que mando a todos los jóvenes hacia el suelo sobre la arena.

Pronto ya estaban los 7 tirados en el suelo, riendo alegremente. Astrid le dedico una sonrisa que expreso muchas cosas, sobre todo, lo feliz que estaba de tenerlo a su lado. Hipo solo rio nervioso y dirigió su mirada sonrojada hacia otro lado.

Sus ojos cayeron sobre Estoico. Todos se percataron de esto y guardaron silencio mientras ayudaban a hipo a ponerse de pie.

Ambos ya estaban de pie, uno frente al otro.

Estoico se aclaró la garganta tratando de no hacer ruido, aunque fallo miserablemente.

-Hipo, yo… ammm… yo… tu… este… -las palabras no salían de su boca. "Odín, esto me está haciendo quedar en ridículo" –lo que quiero decir es que… bueno… yo… -Chimuelo se acercó hacia él jefe de Berk y le dio un golpe en la pierna con su ala para que se animara a hablar. Estoico miro nervioso al dragón, pero asintió, recuperando su postura. –yo… perdóname…

Hipo lo miro con una gran sonrisa y con ojos resplandecientes.

No podía guardarle rencor alguno. A pesar de todo lo que había pasado, todos habían ido a su rescate, y eso era algo por lo que les estaría agradecido por la eternidad.

-no hay nada que perdonar –Estoico lo miro confundido –ya lo hice –con eso, hipo corrió hacia Estoico dándole un fuerte abrazo.

Estoico dudo al principio, pero pronto recibió al joven en sus brazos. Se aferró a él temiendo soltarlo, pero tenía que hacerlo en un momento u otro.

Todos los presentes miraban alegres.

Por fin Hipo y Estoico se separaron, mirándose contentos, pero toda la felicidad fue interrumpida por un grito de pánico y dolor.

Estoico miro hacia su hijo con los ojos abiertos al igual que platos. El joven se aferraba a su pierna con profundo dolor. Inmediatamente se culpó por no haberse percatado de la herida en la pierna anteriormente.

-¿hipo?... ¡HIPO! –grito con desesperación mientras se arrodillaba al lado del joven que ahora yacía en la arena, sujetando su pierna en pánico y con lágrimas en los ojos. Estoico miraba frenético al igual que chimuelo.

-¡HAY QUE VOLVER A BERK, AHORA! –grito con desesperación.

no perdieron más tiempo. Todos montaron sus dragones y comenzaron a volar.

Estoico levanto a hipo del suelo quien gimió de dolor y enterró su rostro en el pecho del hombre

-¡AGHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡DUELE! ¡AHHHHHHHHHHHH! –por desgracia, el dolor en su costado había vuelto. Sentía todo su cuerpo arder en llamas –creo que… tengo… ¡ahhhhhhhh! … un… hueso ro… roto…

-RESISTE HIPO, PRONTO ESTAREMOS DE VUELTA EN BERK. SOLO RESISTE – "Por favor, no se lo lleven. No puedo perderlo. No otra vez" Con eso monto sobre chimuelo y salieron volando al aire junto con los demás que ahora miraban con pánico a la pierna del muchacho y el resto de sus contusiones.

Todo el viaje fue una tortura. Los gritos de hipo podían escucharse por todo el mar.

Al llegar de vuelta a berk, hipo temblaba incontrolablemente y su piel era pálida, incluso podían notarse algunas venas a través de su blanca piel.

Inmediatamente al bajar de chimuelo, llevaron a hipo a casa de Estoico donde lo recostaron sobre la cama y momentos después llego Gothi y Bocón con todo lo necesario para sanar a hipo.

Lo despojaron de su armadura, y lo que vieron… era una imagen que jamás se borraría de sus mentes.

Su cuerpo pálido estaba lleno de moretones y contusiones.

Estaba bañado en sangre completamente.

Tenía una herida no muy grande en la cabeza, pero aun así, era algo por lo cual preocuparse.

Diversos rasguños y quemaduras de segundo y tercer grado

Heridas y cortadas de diversos tamaños a través de todo su cuerpo

Tenía varios huesos rotos, entre ellos dos o tres costillas y su brazo derecho.

Su muñeca izquierda dislocad.

Pero lo peor de todo… era su pierna.

Gothi miro a Estoico negando con la cabeza. Estoico comprendió al instante a lo que eso se refería.

La pierna de hipo no tenía salvación.

Las cortadas a través de su piel eran demasiado profundas. Había dañado el ligamento completamente, estaba desgarrado. No había posibilidad de hacer algo por él.

Además tenía también terribles quemaduras de tercer grado en la parte del pie. Desafortunadamente, cuando hipo había saltado del barco, no fue lo suficientemente rápido como para evitar que el fuego llegara a su pierna.

No había opción. Debían amputar la pierna de inmediato o la infección se recorrería.

Cortaron debajo de la rodilla.

Las horas que transcurrieron fue una tortura para todos. Todo el pueblo podía escuchar los gritos de hipo provenientes de la caza del jefe.

Gritos desgarradores. Tormentosos.

Sus gritos habían sido tanto que incluso su garganta comenzaba a sangrar un poco. Su voz ya no salía de su garganta, pero a pesar de eso, el seguía tratando, no podía contener el dolor.

Era simplemente insoportable.

Para cuando termino el día, las siguientes horas eran críticas. Todo dependía de si hipo era lo suficientemente fuerte para superar lo peor.

Nadie durmió esa noche, a excepción de hipo quien había quedado exhausto de tanto gritar y por la falta de sangre.

Hipo yacía en la cama dormido, acurrucado en las mantas. Su cuerpo estaba lleno de vendajes.

Era algo insoportable de aguantar. Ver tanto sufrimiento en un joven que ni siquiera lo merecía.

Chimuelo lo miro con profundo dolor desde un lado de la chimenea. Estoico igual estaba ahí. Unas horas antes, Bocón había estado, pero Estoico había insistido en que se marchara a casa. Otras personas también habían tocado a la puerta para conocer el estado de hipo.

En el fondo, Estoico aprecio que la gente se preocupara demasiado por ese muchacho.

Los primeros días transcurrieron llenando con alivio a la gente de Berk, sabiendo que hipo había superado lo peor. Ahora solo necesitaba recuperarse del resto de sus heridas.

Transcurrieron unas cuantas semanas, incluso un mes en el que hipo vagaba de la consciencia a la inconsciencia, hasta que un buen día despertó del todo.

La habitación estaba vacía a excepción de él y una masa negra que se trepaba sobre la cama y el techo.

-mmm… ¿chimuelo?... –llamo apenas en un susurro, su garganta aún no se recuperaba del todo.

Vagas imágenes llegaron a su mente, pero era incapaz de reconocer lo que había sido real y lo que solo había sido un sueño.

Chimuelo llego a su lado mostrando sus ojos enormes. Hipo sonrió para sus adentros ante la presencia de su amigo, aunque esa sensación de comodidad de desvaneció rápidamente.

Sentía que algo andaba mal. Algo faltaba.

Recordaba solo vagas imágenes de su recuperación, Alvin, y todo eso, pero había algo que no lo dejaba tranquilo.

Se levantó con fuerza de la cama solo para caer sobre la espalda de su amigo quien se había puesto ahí para sujetarlo.

La habitación daba vueltas. Hipo cerró los ojos con fuerza para que el mareo pasara, y así fue.

Trato de ponerse de pie, pero ahí andaba lo que hacía falta. Hipo exhalo con fuerza y chimuelo solo pudo darle una mirada de lastima.

Toco su pierna. O más bien, donde debería estar su pierna. En lugar de ello, había un aparato hecho de madera el cual le permitiría caminar, pero antes debía aprender a usarlo.

La imagen de Mildew cortando su pierna choco contra su mente. Él era la razón por la cual hipo había perdido su pierna… él era el único culpable.

Afortunadamente Mildew ya no causaría más problemas. Había sido expulsado de berk, aunque claro, eso no era lo que se merecía un traidor como él.

Merecía sufrir el mismo dolor por el que cruzo hipo.

Chimuelo seguía mirando a su amigo sin saber qué hacer.

-hipo… yo… -pero fue interrumpido por hipo quien coloco un dedo en su boca para señalarle que guardara silencio.

-chimuelo no. Por favor. Solo… no –chimuelo comprendió que aquello era algo que debían reservar para otro momento, así que no insistió más –vamos amigo. Ayúdame a levantarme.

Con paso lento, ambos se dirigieron hacia la puerta para encontrarse con toda la gente de berk reunida fuera de la casa de Estoico.

-¡MIREN! ¡ES HIPO! ¡DESPERTÓ!

-¡SI, ES HIPO!

-¡VAMOS!

-¡HIPO!

-¡ESTA BIEN!

-¡ESTA DESPIERTO!

Todos se amontonaron a su alrededor de inmediato, todos preguntando por su salud, que era lo último que recordaba y cosas así.

Las preguntas comenzaban a abrumarlo, hasta que sintió un fuerte golpe en su brazo

-¡AUCH! ¿POR QUÉ FUE ESO? –se quejó mientras se volteaba a un lado solo para encontrarse el rostro de Astrid frente a él.

-ESO FUE POR ASUSTARNOS A TODOS –dijo, mientras se cruzaba de brazos y fingía hacer una expresión molesta.

Se miraron mutuamente durante unos segundos y pronto ambos comenzaron a reír, hasta que escucharon una voz reconocible de todas las demás

-¿Y TU QUE CREES QUE HACES AFUERA, MUCHACHO? ¿EH? –Estoico miraba molesto hacia él -TU DEBERIAS ESTAR EN CAMA REPOSANDO EN ESTE MISMO MOMENTO. ASI QUE ADELANTE –señalo hacia la puerta –VE A LA CAMA

Hipo estaba a punto de protestar hasta que llego Bocón al rescate.

-Vamos Estoico, tranquilízate. Ya han transcurrido unos meses. Hipo ya tiene la suficiente fuerza para pasearse por ahí con su dragón –camino hacia hipo con expresión alegre -¿qué tal te parece la prótesis? ¿Te servirá? –pregunto mientras señalaba a la nueva pierna de hipo.

Este la miro haciendo algunas expresiones

-ehhh, creo que servirá. Tendré que hacerle unos cuantos ajustes después –algunos comenzaron a reír ante su comentario.

-¡OYE HIPO! ¿QUÉ TAL UNA CARRERA? –grito Patán desde el aire, ya montado sobre Dientepua. El dragón le lanzo una mirada retadora a chimuelo quien ruño mostrándole los dientes -¿O ACASO ERES GALLINA?

-DE ESO NADA –le grito hipo -¡VAMOS AMIGO! TENEMOS UNA CARRERA QUE GANAR –dijo con determinación mientras se montaba sobre chimuelo y se preparaban para despegar.

Estoico abrió los ojos en pánico.

-AH NO. ESO SI QUE NO MUCHACHO. NI TE ATREVAS A SALIR VOLANDO EN ESTE INSTANTE –dijo con firmeza mientras sujetaba a hipo por el brazo. Este lo miro desilusionado.

-vamos, es solo una carrera –lo tranquilizo, pero Estoico aun lo miraba dubitativo.

-Deja que se marche, Estoico. De todos modos ira con o sin tu permiso –advirtió Bocón. Tenía que admitir que su amigo tenía razón.

-BIEN, BIEN –dijo rendido. El muchacho lo miro con felicidad, pero antes de que saliera volando, Estoico le retuvo un poco más.

-se me olvidaba. Antes de que te vayas… -hipo lo miro sin comprender -…bienvenido a casa… hijo… -dijo con una sonrisa sincera, hipo le devolvió la sonrisa.

-gracias… papá –con esto salió volando junto a chimuelo, seguido de Astrid, Patán, Patapez y los gemelos.

Por fin todo estaría bien.

Por fin tenía un hogar.

"Puede que Berk no sea el lugar más fácil en el cual vivir. Después de todo, los inviernos aquí son lo peor. Y no mencionemos la terrible terquedad de los vikingos, o los problemas con los que tienen que lidiar ahora que los dragones viven bajo su mismo techo. Ya se imaginan, no falta uno que otro incendio por ahí, pero así es Berk. Todo ello le da encanto a nuestro hogar y una chispa de aventura a nuestras vidas.

Vivir en Berk es increíble.

Tengo todo lo que necesito. Una familia, amigos, ah, y un furia nocturna. ¿Creen que no es suficiente? Pues piénselo dos veces"


¡POR FIN TERMINE EL ULTIMO CAPITULO! UFFF un capitulo largo para compensar por todo lo que me tarde.

La verdad no se si lo hice bien o no. Son las 6:30 de la madrugada y mis ojos exigen sueño.

Por favor chicos, comenten, díganme lo que piensan. No hagan comentarios ofensivos.

Ah y quiero agradecerles a TODOS por sus comentarios. Ustedes siempre me dan ánimos para continuar escribiendo, y así como ustedes me dan ánimos, igual espero que ustedes sigan escribiendo cuanto deseen o den inicio a un proyecto que tengan en mente.

Estoy segura de que todos tienen un talento increíble.

Nos vemos hasta la próxima ;)