Nombre del capítulo: No más monotonía.

Advertencias: Disclaimer TMNT versión humana; los personajes no me pertenecen créditos a Nickelodeon. OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas y poco románticas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.

Puntos a tener en cuenta: Narración. —Diálogo. «Pensamientos».

Total de palabras: 1635.

Notas: Aquí otro nuevo capítulo recién horneado (?. Disculpen si es que ven algún error de dedo, es que ando escribiendo desde celular :'v

Y también hay un momento especial para las fans del Leonarai.


Capítulo 22: No más monotonía.


—... a...

Oye un susurro a lo lejos. No, más bien parece ser cercano —pero eso en realidad le importa un pepino—.

—... iwa...

Esos murmullos le molestan. Quiere estar sola, en esa oscuridad. No quiere moverse de ese tranquilo y cómodo lugar.

—... iiiwaaa...

Y siguen. La llaman, lo siente y lo escucha. Pero está cansada y no quiere levantarse. No quiere abrir los ojos.

—¡Miwa, despierta!

Entonces sí abre los ojos de golpe. Observa los cuatro rostros que tiene enfrente los cuales reconoce al instante gracias al haberlos visto varias veces. Todos ellos mantienen sus ojos sobre ella pero no se siente incómoda o mucho menos avergonzada. Todos ellos son tan diferentes y sus ojos son excepcionales, le gustan, es agradable y cada uno demuestra una sensación diferente.

Pero entonces entra en cuenta de lo que está sucediendo. Sus cuatro hermanastros están casi encima de ella.

Sobre su cama.

En su habitación.

—Qué bueno que finalmente despiertes. —Alega alegre y algo aliviado su hermano de lentes.

—Tienes el sueño pesado, princesita. —Dice con burla el pelirrojo.

—¿Te encuentras bien, Miwa? —pregunta Leonardo casi preocupado, como siempre.

—¡Te traje el desayuno! —exclama Mikey levantando una bandeja con la comida que se esmeró en preparar para su hermana mayor.

La muchacha parpadea un par de veces, procesando lo que ocurre enfrente. Sigue medio dormida así que se talla los ojos unas veces y luego vuelve a mirar a los cuatro jóvenes sonrientes.

—Chicos —los llama con voz tranquila y ellos se acercan un poco más para escucharla—... ¡¿Qué demonios hacen en mi habitación?!

De golpe los cuatro chicos se apartan algo lejos de la cama. Le fémina se levanta cual zombi en busca de cerebros y su cabello despeinado a más no poder le cubre algo de la visión. Está más desarreglada que nunca. Entonces les dirige una mirada asesina a sus cuatro compañeros de hogar quienes tiemblan ligeramente.

—Corran antes de que los mate. —Amenaza con voz macabra.

Y en un segundo todos salen corriendo del lugar. La chica suspira ya calmada y entonces ve volver a entrar a Mikey y antes de decir algo el rubio deja la bandeja en una mesa y luego de sonreírle culposo sale corriendo otra vez.

Miwa se queda en silencio un momento y piensa. «¿Desde cuando mi vida se volvió tan desesperante?» se pregunta un tanto incómoda y exasperada. Rebusca en su memoria. Ya habían pasado tres semanas desde que sus hermanastros habían ido a vivir junto a ella, y desde entonces la monotonía de sus días había desaparecido por completo, se había esfumado como pluma que lleva el viento.

Ya no despertaba desesperada por la hora para darse baños de cinco minutos o irse al trabajo sin desayunar. Tampoco se la pasaba comiendo alguna que otra chuchería como almuerzo. Y ni qué decir a la hora de volver a casa con una inmensa pereza e ignorar totalmente la cena y la ropa sucia de a montones.

Todo había cambiado. Gracias a esos cuatro chicos despertaba más temprano de lo normal y siempre con ánimos (si es que así podría llamarse al hecho de que siempre tiene que sacar a patadas al insolente que entró a su habitación sin permiso —y piensa por un momento que esos chicos no conocen la privacidad—). Desayunaba un montón de comidas deliciosas que probablemente le engordarían (pero eso le importa tres rábanos) y almuerza comida hecha por Leonardo, quién amablemente siempre se la prepara para llevar, y también queda contenta con las cenas animadas en familia. Además de que su casa prácticamente parece un hotel cinco estrellas de lo limpia que está.

Pero no quiere hablar de la ropa sucia, ese es otro caso en el cual se involucra el mismo pelinegro cocinero que aún se pregunta porqué no lo ha asesinado ya.

Suspira pesadamente y se rasca un poco la cabeza. Observa su reloj, falta una hora para ir al trabajo. Chasquea la lengua con molestia pero no puede evitar curvar sus labios en una sonrisa alegre y llena de satisfacción.

Su vida de verdad ya dejó de ser la monótona que era antes. Y no se siente mal por ello.

Y cuando está a punto de bajar de su cómodo lecho oye la puerta abrirse y ve a Leo entrar y saludarle con naturalidad, para luego caminar tranquilamente hacia un lado y agarrar el cesto de ropa sucia. Después simplemente sale de allí con una sonrisa.

Miwa tira una almohada contra la puerta.

—Ese maldito idiota.

Pero sus palabras no contrastan con sus mejillas rojas y su sonrisa de pena.

Síp. Su monotonía se fue a la mierda, especialmente gracias a ese chico.

. . .

—Miwa, espera —la detiene de pronto Leo justo cuando ella ya abrió la puerta para salir. Los ojos de la chica lo ven acercarse—. Tienes algo aquí. —Declara quitándole un hilo del cabello y luego arreglarle un poco el flequillo.

—Gracias —dice un tanto seca y el ojiazul le sonríe cálidamente. Da vuelta y sale de la casa cerrando la puerta detrás. Se apoya en ésta y se cubre la boca en tanto un gran rubor adorna su cara—. Mierda...

De verdad necesita hacer algo con ese raro sentimiento que brota de la nada cuando está cerca de Leonardo. No puede darse el lujo de sentir algo así por alguien de su familia.

Niega con la cabeza dejando cualquier pensamiento de lado y se va.

Por otro lado, Leo se mantiene enfrente de la puerta totalmente paralizado. Mikey pasa cerca silbando despreocupado y se detiene a mirar al pelinegro, y después se acerca con curiosidad a examinarle.

—Leo, ¿pasa al-? —pero detiene su pregunta apenas al ver el rostro totalmente rojo y avergonzado que está haciendo el mayor. Queda sin palabras.

—Mikey, ¿q-qué debería hacer? —Pregunta el de ojos azules y se cubre la boca y retrocede con la mirada casi espantada hacia la puerta. El rubio sólo lo observa sin decir nada—. Ella... hace expresiones muy lindas.

Cri.

Cri.

Cri.

Miguel Ángel queda totalmente confundido. Ladea la cabeza y es como si de él brotará un signo de interrogación. Sabe que su hermano se refiere a Miwa, pero no sabe de qué habla.

Ella no hace expresiones lindas. O es él el que nunca las ve.

Pero de algo su está seguro y le pone contento: pronto su plan daría sus frutos y todo sería feliz.

Así que sonríe alegre y feliz lo cual descoloca y confunde al mayor.

Rafael quien está recostado en la pared de un pasillo ha escuchado todo y también sabe a lo que se refiere Leonardo, pero a diferencia de su hermano rubio no muestra felicidad y sus ojos verdes se llenan de frialdad.

«Y pensar que terminaría así».

. . .

—Miwa —la voz de Abril la despierta de su trance y enseguida quita la vista de la pantalla del monitor. Observa a su compañera quien le extiende una caja pequeña envuelta en papel rojo con un moño adornándolo—. Feliz cumpleaños.

La castaña queda un momento en blanco y luego algo insegura agarra el regalo.

—¿Lo recordaste? —Inquiere un tanto impactada y la pelirroja asiente con una gran sonrisa—. Ni yo misma me había acordado. Gracias, Abril.

—No hay de qué —alega sincera y dulce—. Ah, y también quiero avisarte que Casey y yo iremos hoy a tu casa.

Cri.

Cri.

Cri.

Miwa la mira, totalmente estupefacta.

—Pero-

—No, no hay manera de negarte —declara autoritaria la muchacha de ojos azules—. Y no nos importa que no hayas planeado nada. Nosotros llevaremos un poco de comida y también algunas películas. Y probablemente Casey también lleve su consola de videojuegos así que sería bueno prepararnos para reírnos cada que pierda ante nosotras.

—Abril-

—Ya te dije que no puedes negarte —la interrumpe una vez más y le sonríe con diversión—. Entonces nos vemos a las nueve, ¿de acuerdo?

—Yo-

—Chau.

Y la ve caminar alejándose. Queda de piedra otra vez.

. . .

—Así que la terca de Abril irá a tu casa a celebrar tu cumpleaños —repite con falso interés la fémina de lacio cabello negro. Su amiga simplemente asiente en tanto se lleva otro bocado de su almuerzo preparado a la boca—. Pero qué insolente, hacer eso sin dar opción de negarse.

«Me recuerda a alguien» piensa con ironía la de ojos mieles mirando de manera un tanto acusadora a su compañera.

—Pero ya que ellos irán, yo también. —Declara Shini con naturalidad haciendo atragantar a su amiga.

Y una vez Miwa termina por beber agua y parar de toser como si tuviera tuberculosis, observa a su amiga seriamente.

—Estoy noventa y cinco por ciento segura de que no irás por mi cumpleaños sino por Miguel Ángel —comenta la castaña y su amiga sonríe demostrando su culpabilidad—. Y esa expresión aplasta ese cinco por ciento que creía que irías por mí.

—No puedo evitarlo, quiero profanar a tu hermanito.

—... Pediré una orden de alejamiento si sigues así.

Sí, una vez más. Gracias esos chicos sus días monótonos se habían ido lejos.

Muy lejos.


Continuará.