Al día siguiente por la mañana, el Príncipe Chicle vio que Marshall estaba inquieto, al parecer estaba en plena forma de nuevo y necesitaba gastar toda la energía que llevaba acumulando durante sus días de descanso.

-¡Vayamos a hacer algo! –Exclamó el vampiro entusiasmado.

-Es muy pronto, me acabo de despertar, tengo mucho sueño –Respondió el príncipe adormilado.

-Eso no es excusa, llevo muchos días en la cama y tengo muchas ganas de salir.

-Tengo una duda –Dijo el príncipe.

-¿Qué ocurre? –Le preguntó Marshall extrañado.

-Desde que te transformaste en mortal has estado casi sin moverte y por supuesto sin usar tus poderes, ¿Sigues teniendo esos poderes? Es algo que me gustaría saber, es decir, me gusta el hecho de que puedas volar.

-No lo he podido probar, para hacerlo tendría que saltar por la ventana.

-¡No lo hagas! –Gritó Chicle preocupado. -¿Qué pasaría si no tienes tus poderes y te caes?

-Seguramente me moriría, ¿No? –Dijo el vampiro riéndose. -¿Qué es lo que sientes cuando te mueres? ¿Duele? ¿Es rápido?

-No lo sé –Le respondió. –Nunca me he muerto…

Marshall se dirigió hacia la ventana y la abrió, dio un pequeño salto y se sentó en el marco, con los pies colgando.

-Supongo que esto podría ser un adiós –Dijo.

-¡No! ¡Espera! No hagas tonterías –El príncipe se levantó de la cama y cogió al vampiro y lo metió otra vez dentro de la habitación. -¿Por qué no pruebas a saltar desde una silla o desde la cama? Creo que podría servir igualmente.

Le obedeció, se subió en la cama y dio un salto. Marshall no parecía haber intentado levitar o planear y cayó en el suelo.

-¿Qué pasó? –Preguntó el príncipe. -¿Notaste algo? ¿Acaso lo intentaste?

-No lo entiendo –Respondió el vampiro desde el suelo. –He hecho lo que siempre hago y no he tenido ni el más mínimo resultado. ¿Crees que habré perdido mis poderes?

-Podría ser, pero es extraño, en teoría deberías conservarlos.

Marshall estaba triste pero no quería demostrarlo y simplemente trató de fingir que no le importaba aquello.


Después de aquellos intentos por volar los dos chicos salieron del castillo y dieron una vuelta por la ciudad de Chuchelandia que rodea el castillo. Todos los chuches miraban mal al vampiro, muchos de ellos sabían que desde hacía tiempo Marshall era un conocido de Fionna y del príncipe pero no sabían exactamente cuál era su relación. Ninguno de ellos podía imaginarse por todo lo que habían pasado juntos y lo que sentían el uno por el otro.

-No parece que les caiga muy bien –Dijo el vampiro.

-Eso es porque les intimidas, parece que tus colmillos les asustan. Ya sabes, tus cosas de vampiro.

-Pero si poco me queda ya de vampiro –Respondió. –Puedo morir en cualquier momento, no puedo volar, dudo que pueda transformarme en murciélago… En cualquier momento mi piel se volverá de color rosa y empezaré a comer fruta. A comer. Yo nunca he comido fruta, yo solo absorbo cosas.

-Quizá te transformes en un humano, como Fionna –Dijo Chicle bromeando. –Te estás preocupando demasiado, sigues siendo un vampiro, lo que pasa es que has perdido la práctica con tus poderes y ya está.


Después de pasear un rato por la pequeña ciudad volvieron al castillo, Marshall se sentía un poco cansado, llevaba demasiados días sin hacer nada. Volvieron a la habitación del Príncipe Chicle y se acomodaron en un sofá.

-Nunca me aceptarán –Dijo el vampiro. –Hazte a la idea. Tendré que esconderme siempre aquí dentro.

-No, ellos acabarán por aceptarte, estoy seguro. Si me quieren y me respetan te aceptarán… Si supieran lo feliz que soy a tu lado te aceptarían en seguida –Le dijo Chicle convencido. –Antes de conocerte no tenía a nadie, me esperaba un futuro seguramente triste y solitario. Quizá me casaría con alguna princesa en un matrimonio arreglado al que no me opondría, pues no sabría que hay algo más por lo que luchar. Simplemente aceptaría cualquier cosa que pasara conmigo. Sé lo que quiero, quiero pasar mi vida con alguien exactamente como tú: alto, guapo, interesante, misterioso, guapo, atento, extrañamente cariñoso, guapo y sobre todo que sea mi mejor amigo.

-¿Te diste cuenta de que dijiste guapo más de una vez? –Preguntó Marshall.

-Sí, y aunque lo dijera mil veces no podría describir lo guapo que eres, eres increíblemente atractivo y… -El Príncipe Chicle se había dejado llevar por el momento y no se estaba dando cuenta de lo que decía, estaba siendo demasiado sincero y entonces, en ese justo instante recapacitó y al darse cuenta de lo que estaba diciendo se puso intensamente rojo y dejó de hablar.

-Y… -Dijo Marshall con una sonrisa pícara al percatarse de que Chicle se había puesto nervioso. –Vamos, sigue diciendo todas esas cosas.

-Cállate –Respondió el príncipe.

-No, ahora lo dices –El vampiro se le acercó y le hizo cosquillas para conseguir que cediera y dijera lo que estuvo a punto de decir. –Vamos, vamos.

-¡Vale! –Exclamó. –Lo diré. Simplemente quería decir que eres perfecto para mí y que no hay nada más bello en el mundo.

Marshall le besó mientras le sujetaba los hombros y luego pasó a abrazarle.

-¿Por qué eres tan idiota? Siempre me dejas sin saber que decir –Respondió Marshall.


Los días pasaron y las noticias de Fionna eran inexistentes hasta que una mañana irrumpió en la habitación del príncipe mientras él y Marshall estaban en la cama.

-¿Interrumpo algo? –Dijo al entrar.

-¡Fionna! –Exclamó Chicle cuando la vio. Acto seguido se levantó de un salto y fue rápidamente a abrazarla. –Te he echado tantísimo de menos, no sé en qué sitios te has metido ni que has estado haciendo, pero solo quería verte.

-Yo también quería veros, os eché de menos a los dos. ¿Puedo sentarme en algún sitio? Es que acabo de regresar y estoy un poco cansada –Dijo mientras examinaba la habitación en busca de algún sillón confortable.

-Ven aquí, a la cama, que es más íntimo –Dijo Marshall.

Fionna y Chicle fueron a la cama y se sentaron con Marshall.

-Tienes muchísimo que contarnos –Dijo Chicle ilusionado con una gran sonrisa. –Empieza. ¿Dónde te metiste?

-Bueno, vale, voy a resumirlo un poco. Dejé a Marshall aquí, me fui al bosque a pensar, descubrí que odiaba mi vida, empezó a llover, busqué refugio, encontré al chico más fogoso del universo, me fui a su casa, me caí en un río de lava, me salvó, descubrí que mi vida mola, nos besamos y me volví. Eso de fogoso va con doble sentido porque me refiero al Príncipe Llama.

-¿Qué? ¿Qué tu hiciste el qué? –El Príncipe Chicle estaba sobresaltado, sorprendido y a la vez emocionado. –Quiero saber más detalles.

-Sí, el Príncipe Llama, me fui a su casa, al Reino de Fuego, demasiado calor para mí –Dijo ella con naturalidad.

-¿Tuviste un rollo con el Príncipe Llama? –Preguntó Marshall.

-Bueno, lo nuestro duró muy poco y realmente… No sé, es todo muy confuso. Nos despedimos y las cosas quedaron como que no nos volveríamos a ver.

-Pero hubo algo a lo que puedas llamar "vuestro", así que algo hubo –Dijo Chicle con una gran lógica.

-Bueno, vale, digamos que lo nuestro fue cálido e intenso.

-Me preguntó cómo acabará… -Dijo el príncipe.

-No hace falta que te lo preguntes, ya acabó, ya es todo pasado. Simplemente déjalo correr –Respondió ella poniendo punto final al tema.

-Chicle, tienes que decirle eso –Dijo Marshall. –Lo de nuestro plan.

-¡Es cierto! Casi se me olvida. Fionna, necesitamos tu ayuda.

-Vale, ¿De qué se trata?

-Si ya lo sabes, es aquello que te comenté sobre hacer que los chuches quieran a Marshall –Dijo el príncipe.

-Pongámonos manos a la obra entonces –Concluyó Fionna.