¡Feliz Miércoles! ¿Cómo están? Les traigo la actualización del día =D Hoy estoy celebrando que el Fic ya va a la mitad! Wow ¡que emoción! Gracias por acompañarme en estos 25 capítulos, por sus follows y favoritos, por sus comentarios que son realmente maravillosos! Les traigo TRES capítulos hoy, es mi modo de agradecerles el gran apoyo 3

¡Falta cada vez MENOS para saber la verdad! En mi twitter (Gravs98) subí la imagen sobre el acontecimiento por si gustan verla. =)

Ok ok no los entretengo más, ENJOY!

BRING ME TO LIFE

CAPITULO 25

Kurt se despertó a causa de la pequeña alarma que sonaba a través de los pasillos, diciendo a los prisioneros que la comida estaba lista, en este caso era el desayuno que empezaba en cinco minutos, así que era mejor prepararse para salir de sus celdas.

Los ojos de Kurt parpadearon a causa de la brillante luz que entraba por la ventana. Al parecer la tormenta había terminado por completo.

Su cuerpo se sentía extraño, eso fue lo primero que notó después de la brillante luz del sol. Sus huesos se sentían como gelatina, sentía costillas por todo su cuerpo y estaba muy perturbado por el hecho de que quería sonreír sin ninguna maldita razón.

Lo atribuyó al hecho de que no había follado en años y que esto solo era la euforia que se tiene después del sexo.

Se levantó de la cama con una ligera mueca de dolor, estirando las piernas y doblando la espalda. Le dolía pero se sentía bien.

- Buenos días Kurt,- dijo Anne mientras miraba a Kurt caminar a través de los demás hacia el comedor. Le sonrió como siempre lo hacía cuando le veía, y apenas pudo disimular la sorpresa cuando él le regresó la sonrisa. No era brillante, pero, al fin y al cabo, era una sonrisa.

- Buenos días.-

Anne parpadeo cuando escuchó que su tono también era extrañamente brillante. No quería preguntarle cual era la razón para ese buen estado de ánimo, ya que, probablemente, le molestaría, así que se limitó a sonreír y dejarle continuar su camino en el comedor.

Anne no quería dejar de observarle, así que siguió su trayecto en el comedor hasta que se sentó en la mesa que estaba en una esquina, en el extremo opuesto de la habitación.

Nada de lo que sucedió durante el desayuno le pudo dar una idea de su cambio en el estado de ánimo, lo que hizo que estuviera a punto de atribuírselo a los medicamentos que desde hace un tiempo se le administraban, pero durante la cena se dio cuenta de lo que en realidad era.

Sebastián y Puck estaban encargados de mantener el orden en el comedor ya que ellos eran suficientes para la pequeña habitación, así que por eso estaba un poco sorprendida cuando Blaine entró por la puerta. Anne miraba con curiosidad mientras Blaine se abría camino hacia Kurt

– Hola,- pudo ver a Kurt decir y sonreír de nuevo. La sonrisa de Kurt se ilumino un poco cuando Blaine le respondió algo, pero Anne no pudo leerle los labios. Kurt le contestó con una mirada de satisfacción.

Unos minutos más tarde cuando los internos regresaban a sus celdas, Anne pudo ver en medio de todas la personas que abandonaban la habitación, a Kurt que, sutilmente, susurraba algo al oído de Blaine, quien se echó a reír y sacudió la cabeza antes de mandarle que saliera, sonriendo.

Anne pestañeó.

Estaba enojada. Muy pero muy enojada.

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Blaine no había sido capaz de mantenerse alejado. Había llegado a trabajar por la tarde y simplemente sintió la necesidad de verlo. Era como si el ya no fuera al trabajo a trabajar, iba para estar con él. Era como si le estuvieran pagando solo por verlo.

Así que fue por eso que se coló en el comedor justo después de haber llegado a la estación. Vio a Kurt sentado en su rincón habitual, y aunque podría haber lamentado lo que habían hecho (que después de todo había sido muy inapropiado) no fue suficiente para mantenerlo alejado.

Caminó hacia él, tratando de no atraer demasiado la atención, pero él sabía que todos lo miraban por el rabillo del ojo.

Kurt levanto la cabeza cuando estaba a unos pasos de él. – Hola,- dijo con una sonrisa que atravesaba su rostro.

- Buenos días,- dijo Blaine con una sonrisa mucho mas grande. - ¿Cómo estás?-

Kurt sonrío de una manera que hizo que una sensación de calor atravesara todo el cuerpo de Blaine. – Bien,- ronroneó y en sus ojos se hizo evidente lo que estaba pensando. Blaine casi se ruborizó pero mantuvo el rostro serio al ver que tenían público.

- ¿Te sientas?- pregunto Kurt, asintiendo con la cabeza hacia la silla que estaba enfrente de él, y Blaine negó con la cabeza.

- No puedo. Subiré más tarde, en unas pocas horas.-

Kurt asintió con los ojos brillantes y metió el tenedor en su boca. – Trato hecho.

En ese momento, Sebastián que estaba en el otro extremo de la habitación, aplaudió.

- Dos minutos, chicos. Acabar.-

Kurt llevó la última pieza de comida a su boca antes de que empujara su bandeja y se recostara en la silla. – ¡Oh! tan serio,- murmuro a Blaine, quien soltó un resoplido mientras miraba a Sebastián que tenía una expresión muy seria. Blaine imitó su expresión y Kurt también soltó un resoplido, agachando la cabeza, en su pecho saltaba una risa contenida.

Medio minuto después todos los residentes estaban de pie, Kurt incluido, y todo el mundo se congregó alrededor de la salida.

Kurt se acercó a Blaine, inclinándose tan cerca que prácticamente le respiraba en la boca.

Blaine exhaló profundamente aguantándose las ganas de apoderarse de él y empujarlo contra la pared más cercana y…

- ¿Quieres repetir lo de esta mañana?- Kurt respiró en su cara.

Blaine le dirigió una tensa sonrisa y un ahogado – Ya veremos,- Kurt se alejó con una sonrisa en su rostro y Blaine se sintió muy caliente, casi quemándose.

No se movió de ese lugar, estaba en una especie de trance, hasta que se dio cuenta que el comedor estaba vacío. Parpadeó varias veces y sacudió la cabeza. Estaba un poco preocupado ya que cualquiera podría haberse dado cuenta de ese último momento, solo esperaba que nadie lo hubiera hecho, Kurt había estado demasiado cerca para ser una conversación normal.

Cuando Blaine entró en la oficina, inmediatamente tuvo la sensación de que Puck y Sebastián estaban hablando de él, porque se quedaron callados después de que Blaine entrara. Sus pasos resonaron por toda la habitación mientras se dirigía a su escritorio y fácilmente podía sentir todos los ojos sobre él. Se sentó sintiéndose cohibido.

Puck se aclaró la garganta, y eso sonó como un redoble de tambores en medio del silencio.

- Adelante, dilo,- dijo Blaine con un suspiro y se volvió hacia sus dos colegas. - Vamos, di lo que quieres decir.-

- Bien.- Puck se inclinó hacia delante. – Creo que es jodidamente raro.-

Eso no había sido exactamente lo que Blaine esperaba. - ¿Qué?

- Tú y ocho… Kurt,- se corrigió. – Eso fue jodidamente extraño.-

- ¿Por qué fue extraño?-

Sebastián todavía no había dicho nada, pero cuando lo hizo su voz estaba llena de asombro. – O a intensificado su tiempo de juego demasiado o en realidad…- se detuvo sacudiendo la cabeza como diciéndose a sí mismo que se había equivocado. – No. No. Blaine, esto…- tomó un profundo respiro para calmarse. – No puedes hacer esto. Por favor no lo hagas.-

- Oh, sí, eso es cierto,- dijo Puck lentamente, a medida que se volteó hacia Sebastián.

– Él también te lo hizo a ti.-

Sebastián lo ignoró pero apretó ligeramente la mandíbula. – Blaine, él solo te manipula, te hechiza, te atrae, pero eso no quiere decir nada. Está jugando, te está llevando a lo más profundo. Y cuando estés tan profundo que no puedas salir, aprieta el gatillo y disfrutara verte caer.-

- Porque eso te pasó a ti.-

- Yo…-

- Dime algo Sebastián,- dijo Blaine cruzando los brazos. – Cuando eras tú, cuando tú eras yo, ¿alguna vez se sentaron solo para hablar? ¿Alguna vez se rió?-

Sebastián vaciló un segundo. – Nunca. No puede…-

- Bueno, lo hace conmigo. – Insistió Blaine – Porque soy más para él de lo que tú fuiste alguna vez. – Se sintió un poco petulante y orgulloso.

Los ojos de Sebastián se redujeron. Puck estaba en un segundo plano. Observando simplemente, con una expresión tan alegre como cuando estás viendo una buena película. – Estás delirando. – Dijo Sebastián sacudiendo la cabeza, pero había una pequeña muestra de incertidumbre en su voz, que le dijo a Blaine que había visto lo que había pasado durante la cena. Blaine no estaba delirando. – Te tiene demasiado atrapado.-

- ¿Por qué ninguno de ustedes puede, simplemente, aceptar que está mejorando?-

Puck abrió la boca para hablar, antes de que Sebastián tuviera la oportunidad de replicar. - ¿Y qué si lo está? ¿Qué vas a hacer? ¿Qué más puede pasar, Blaine? Es necesario que enfrentes la realidad, y la realidad es que está en la cárcel ¿de acuerdo?

Y tú trabajas en dicha cárcel, no puede haber nada entre ustedes dos, incluso si estuviera cuerdo.-

Al igual que Blaine, Puck nunca había pensado en eso, y ahora se estaba repitiendo para sí mismo lo que había dicho hace un momento.

Blaine se lo había repetido desde hace mucho tiempo, pero en realidad nunca le había pesado tanto.

Sebastián tenía razón en lo que había dicho, Kurt lo tenía demasiado atrapado.

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-Soñé contigo el otro día.-

Kurt levantó una ceja y la comisura de su boca se curvó hacia arriba. - ¿Fue bueno?- Ahora levantó ambas cejas.

Blaine se esperaba eso, así que se apresuro a decir. – Tenías sangre saliendo de tus ojos.- Se estremeció al pensar en su sueño, como lo miraba Kurt, con sangre de color rojo obscuro escurriendo de su cabello, su ropa, sus manos. Recordó sus ojos demasiado negros, su risa maniática, sin olvidar las otras versiones de él.

Kurt alzó las cejas con una expresión divertida. – Sexy- dijo sarcástico.

- La cosa es,- Blaine continuó- que me hizo pensar en algo, y me lo he estado preguntando desde hace un tiempo. ¿Te puedo preguntar algo?-

Kurt apoyó los codos sobre la mesa y su mentón sobre su puño cerrado. – Mmh,- confirmó con una leve inclinación de cabeza.

Blaine exhaló profundamente, no muy seguro de cómo preguntar esto. – No tienes que responder,- dijo rápidamente, mirándole, sintiendo que tenía que aclararlo antes de preguntar, ya que era muy personal. – Bueno, ya sabes. Cuando tú…cambias,- dijo a falta de una mejor palabra. – ¿Es eso algún, quiero decir, eso es algún otro tipo de personalidad, cómo una doble personalidad?-

Kurt le sostuvo la mirada por un momento, en silencio, antes de que se enderezara y apoyara sus manos sobre el borde de la mesa. – No en realidad,- dijo. Blaine estaba sorprendido, en verdad nunca se esperó una respuesta honesta. – No oficialmente, de todos modos – agregó Kurt pensativo. – Creo que te puedes referir a eso, pero no realmente ¿ya sabes?-

- ¿Tiene un nombre?-

- Un nombre,- Kurt hizo eco en tono divertido. – Vamos Blaine, no estoy tan loco.

- ¿Cómo lo llamarías si tuvieras que darle un nombre?- Blaine estaba preguntando eso porque en realidad se sentía muy curioso e interesado. Aunque se sentía triste de que Kurt tuviera que vivir con eso, era muy intrigante.

Kurt frunció el ceño y parecía pensar en ello. - ¿Matthew?- sugirió con una sonrisa, bromeando, Blaine rió y rodó los ojos.

- Idiota.-

- ¿Cómo lo llamarías entonces?- Kurt sonrió y Blaine estaba feliz de que pudiera bromear con ello. - ¿Jim? ¿Stuart?-

Blaine soltó un bufido. - ¿No puedes ser serio con nada?- eso era demasiado malo. Blaine estaba muy interesado en que nombre podría escoger Kurt para su segunda "personalidad" incluso aunque, en realidad, no fuera eso.

En su sueño, Kurt se había dividido en tres, y cuanto más pensaba en ello, más entendía. Las tres personalidades estaban dentro de Kurt y todas luchaban por llamar su atención, tratando de tirar de él hacia alguna dirección. No estaba seguro de si Kurt era consciente de ello, parecía que Kurt nunca antes había pensado en su otra personalidad.

Kurt cruzó sus piernas bajo la mesa y se quedó en silencio durante un largo minuto. Finalmente, su boca se abrió, vacilando-. – Yang- suspiró.

Por alguna razón ese nombre le puso a Blaine la piel de gallina. – Suena bien,- dijo Blaine.

El tema de Yang parecía haber decaído a Kurt, Blaine había aprendido a reconocer los cambios en su estado de ánimo. Empujó la silla fuera de la mesa y se palmeó los muslos con una mirada interrogante.

Los ojos de Kurt se ensombrecieron y una sonrisa apareció en su rostro. Rápidamente se movió alrededor de la mesa y se sentó sobre los muslos de Blaine.

- Me gusta esta nueva confianza entre nosotros - ronroneó cuando Blaine acomodó sus dedos en su espalda baja, feliz de que hubiera salvado el momento antes de que empeorara.

- No quise matar tu buen estado de ánimo - dijo Blaine tratando de ignorar la mirada arrogante de Kurt. – Lo siento.-

- Estoy seguro de que te puedes conformar solo conmigo.-

Las palabras de Puck y Sebastián se estaban sacudiendo en el interior de su cerebro, pero no eran más que susurros en la parte posterior de su cabeza a comparación con la voz de Kurt en sus oídos. – Puede ser- dijo Blaine en voz baja, sus labios apenas se rozaban, pero Kurt se apresuró a capturar el labio inferior de Blaine entre los suyos, aspirándolo entre sus dientes.

Se besaron profundamente, como adolescentes ansiosos. Sus labios se encontraron y se separaron el tiempo suficiente para tomar un respiro y volver a unirse.

Sin embargo tenían que detenerse antes de que cualquiera de los dos se excitara demasiado, no estaban solos, no podían hacer nada más, no ahora.

Blaine, que había tenido sus manos en la misma posición todo el tiempo, las deslizo a las caderas de Kurt y lo empujó para separar sus labios.

- ¿Te tienes que ir?- preguntó Kurt con voz ronca.

- Pronto.-

Kurt asintió, enterrando sus dedos entre el pelo gelificado de Blaine. - ¿Puede ser ahora mi turno para hacerte una pregunta?-

- Creo que la acabas de hacer.-

- Oh, inteligente.- Kurt resopló. - ¿Realmente eres gay?-

Blaine parpadeó sorprendido. No esperaba eso.

- Ahora es cuando dices "no" y mi ego se dispara.-

Blaine rió ante tal declaración. – No en realidad,- haciendo eco en las propias palabras de Kurt – un poco.-

- ¿Un poco quiere decir bisexual o pansexual?

- Probablemente, no me importa el género.-

- Probablemente.- resopló Kurt. – Pero entonces soy una especie de excepción. Eso me gusta.-

- ¿Y tú?- Blaine siempre había asumido que Kurt era gay, pero en realidad nunca le había preguntado si lo era. No se dio cuenta de que había dicho algo malo hasta que vio que Kurt miraba hacia abajo, en silencio e inmóvil. Estaba temblando en su lugar.

- Oye, ¿qué pasa?-

Kurt casi no podía respirar. No podía ver. Se había preparado para cuando le lanzara esta pregunta, tenía pensado contestar con honestidad, pero no había esperado esta reacción y no podía controlarlo. Había imágenes atravesando su mente, recuerdos que parecían que se trataban de otra vida, de un sueño.

FLASH BACK

La pluma volaba a través de su palma, cosquilleando y rascando, dejando rastros de tinta azul a su paso. Su mano estaba sosteniendo la de Kurt mientras dibujaba garabatos sobre su piel.

Kurt estaba casi dormido, sus ojos se cerraron y su cabeza se recostó en el respaldo del sofá.

Sonrió suavemente mientras sentía sus dedos deslizarse sobre la palma de su mano, era relajante. Ella siguió el trayendo de su línea de la vida y de todas la otras que Kurt nunca recordaba, a pesar de todas las veces que se las repetía. – Rachel, ¿podré mirar mi mano después de que hayas terminado?-

Podía oír su sonrisa. – Si,- fue todo lo que dijo y tapó su pluma. – Ya he terminado, no hay espacio para más.

Kurt abrió los ojos para mirar el desorden azul que había en su mano derecha. Había dibujado caritas sonrientes por toda su piel y posiblemente un centenar de estrellas en diferentes formas y tamaños.- Esta es buena,- señalo con su dedo una bastante grande, una estrella doble de cinco picos. - ¿Puedo tatuármela?-

Los ojos de Rachel se abrieron. - ¿En serio?-

Kurt asintió. – He estado buscando otro y esté es el bueno.-

- ¿Ya se ha curado el primero?- preguntó poniendo caras. – El mío todavía pica.- Puso su mano en su espalda baja haciendo una mueca. - ¡Pero por supuesto que puedes!- sus ojos brillaban de felicidad, como si se sintiera honrada de que se quisiera tatuar algo que ella había dibujado. – Pero no lo tatúes allí.-

Kurt soltó un bufido. – Por supuesto que no. ¿Dónde piensas que sería mejor?-

Ella lo pensó un rato, luego una sonrisa maliciosa cruzo sus labios y se inclino hacia delante para susurrarle a Kurt al oído la ubicación.

Kurt rió. - ¿En serio?- arrastró las palabras. – Ok. Está bien.-

- ¿Lo harías?- pregunto sorprendida.

- Sí, ¿por qué no?-

Sacudió la cabeza, riendo. – No lo sé. Eso es realmente bajo, en realidad nadie lo vería, a menos que…-

- A menos que estuviera desnudo,- concluyó Kurt con una sonrisa torcida. – Ya lo sé. ¿Quién no quisiera ver eso?-

- Kurt, tu ego, te juro por Dios…

Kurt le sonrió y de repente la estaba besando, pero no duró mucho tiempo. Ella se retiró con un pequeño suspiro.

- Kurt, yo…-

Kurt la interrumpió besándola de nuevo y pronto pareció renunciar a cualquier objeción que había querido decir. Se relajó en el beso y dejó que la empujara hacia abajo, sobre su espalda.

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- No creo que deberíamos haber hecho esto,- dijo Rachel en voz baja mientras terminaba de abotonarse la camisa.- Porque…quiero decir…- parecía frustrada.

- Pensé que eras…-

Con una punzada aguda de dolor, Kurt se dio cuenta de que pensaba que era gay. ¿Desde cuándo pensaba eso? ¿Siempre había pensado eso? – No lo soy,- susurro y arrebato su camisa del piso. – Por Dios Rachel-

- Lo siento,- exclamó, horrorizada. – Yo solo…tú nunca has…- no sabía que decir. - Nunca tuviste una…-

Porque solo estabas tú, Kurt quería gritarle. Y los hombres son unos cerdos. Son repugnantes y poco fiables y solo el pensamiento de un hombre hacia que Kurt se sintiera enfermo.

- Así,- comenzó. – Así que no…- Gimió y hundió la cabeza entre sus manos.

Oh, esto es genial. Fantástico. Perfecto. ¿Qué diablos había hecho?

- Eres todo para mí,- susurró Rachel. – Eres mi mejor amigo, eres como mi hermano…-

Apenas había alcanzado a terminar la palabra "hermano" antes de que la mano de Kurt se levantara y abofeteara su cara. – ¡Hermano!- exclamó. – Entonces duermes con tus hermanos, ¿verdad?-

La cabeza de Rachel de inclinó hacia un lado por el impacto, y la conmoción la dejo paralizada por unos instantes. Cuando se movió, fue solo la cabeza. Lo miró a través de su flequillo castaño y en su mirada se observaba la decepción. Ni ira, ni miedo, ni sorpresa, solo pura decepción.

Estuvo cegado por la ira durante unos momentos más. Hermano. ¡Hermano! Estaba respirando con fuerza y ella se mantuvo mirándolo decepcionada. Pocos minutos después la ira se esfumó y la realidad de lo que había hecho lo derrumbó. – Lo siento- susurró y extendió su mano para tocarla, pero ella lo detuvo, deteniéndolo de la muñeca.

Estaba sacudiendo la cabeza y Kurt nunca antes se había sentido tan inferior y pequeño.

- Creo que deberías irte,- fue todo lo que dijo, sus ojos nunca se apartaron de él, dejándolo con la sangre helada. Había hecho lo que se había prometido a si mismo que nunca haría, había puesto sus manos sobre ella y ahora no quería saber nada de él. Era totalmente comprensible, el tampoco quisiera saber nada de sí mismo.

- Lo siento,- dijo de nuevo y cogió su chaqueta para ponérsela.

Rachel asintió, con los ojos bajos. – Se que lo sientes,- dijo. – Se que lo sientes.-

FIN FLASH BACK

Kurt saltó del regazo de Blaine, haciendo que el respaldo chocara contra los barrotes de la ventana. Tenía los ojos empañados, la cabeza le latía por las imágenes y recuerdos que pasaban por su cabeza.

Arrancó el vendaje de su mano y la miró, estaba temblando, como si pudiera ver los dibujos de Rachel en ella.

Blaine caminó hacia él y lo apretó contra la pared, colocando su mano sana sobre su pecho. – No me toques.-

- ¿Qué pasó? ¿Qué dije?-

- Tú eres…tú eres…- en algún lugar en el fondo, sabía que estaba actuando irracional, pero en ese momento su mente no podía hacerle frente, se negaba a parar, se negaba a dejar que se calmara y darse cuenta de que Blaine era diferente.

- Está bien, solo me voy a sentar aquí,- dijo Blaine, manteniendo los ojos fijos en él, y se sentó en el borde de la cama.

Blaine permaneció allí sentado, completamente inmóvil. Kurt luchó por controlar su pánico innecesario, luchó por calmarse.

Tomó diez minutos que sus músculos se relajaran. Bajó la cabeza con los ojos cerrados. – Lo siento,- murmuró. Blaine no debería haber visto eso, querría una explicación y Kurt no estaba seguro de tener una. – Para responder a tu pregunta,- dijo lentamente, su voz temblaba un poco. Evitó mirar a Blaine ya que de momento no podía. – No, no lo soy.-

- ¿Tú no eres…?-

- No.-

- Entonces…-

- Mira, no sé, ¿de acuerdo? No lo sé. No tengo ninguna otra respuesta para ti más que esta.

Miró su mano derecha, hacia sus heridas curadas e hizo una mueca. Las tocó cuidadosamente, arrastrando sus dedos sobre ellas.

- No te voy a mentir, me tienes jodidamente confundido. - Pobre de ti,- replicó, mirándolo. – ¡Tengo que vivir así!-

- Bueno, si tú en realidad trataras de hablar con Anne, podría ayudarte a resolver…

- ¿Quién te crees que eres?- Kurt preguntó enfadado. – Por, probablemente, enésima vez, tú no eres mi psiquiatra, ¿de acuerdo? No me digas que hacer o que decir.-

Blaine abrió la boca para responder.

- No, ¡vete a la mierda!- escupió Kurt. – ¡Solo cállate!

Blaine cerró la boca y se miraron el uno al otro.

Se quedaron en silencio, un silencio que duró cinco minutos enteros, luego, al mismo tiempo los dos abrieron la boca para hablar. – Tú primero,- dijo Kurt.

Ahora Blaine sonreía un poco. – Solo iba a decir que creo que tuvimos nuestra primera pelea.-

- ¿Llamas a esto una pelea?-

- Tal vez.-

Kurt bufó, cruzándose de brazos.

- ¿Qué ibas a decir?-

Había algo parecido a una sonrisa en los labios de Kurt – Que te ves bien cuando estás enojado.- resopló, mirando a otro lado.

Blaine se rió y luego dijo en un tono mucho más sombrío. - ¿En realidad estás seguro, cuando dices que no eres…?-

Kurt suspiró y se pasó una mano temblorosa por el cabello. Poco a poco se dirigió hacia la mesa y se sentó.

- ¿Tal vez eso es algo que deberías averiguar?- sugirió Blaine, tratando de ser sutil, pero al mismo tiempo no molestar.

Kurt solo se encogió de hombros, mirando debajo de la mesa. Sabía que probablemente debería mencionar este tema con Anne, era algo que le había molestado desde que se dio cuenta de que Blaine era diferente, que Blaine no era como todos los hombres, pero lo había suprimido en su mayor parte, hasta ahora.

Blaine lo dejó a solas con sus pensamientos, le dijo que probablemente necesitaba pensar y Kurt quiso gritarle que no quería pensar más. No te vayas. Se estaba cansando, no quería pensar más. No te vayas. Pero las palabras estaban atoradas en su garganta, y miró a Blaine salir con un nudo en el estomago.

Creo que no quiero estar solo nunca más…

Dejó caer su frente sobre la mesa.

Despreciaba a los hombres, realmente lo hacía. Despreciaba tocarlos, despreciaba que le tocaran, y sin embargo lo hizo, aun seguía haciéndolo, seguía convenciéndose a sí mismo que le gustaba. Como una obsesión, una adicción que sabía que merecía, incluso era necesaria. Lo anhelaba. Seducir hombres, hacer que lo tocaran, eso era algo que hacía a su mente gritar en protesta.

No le gustaba, y sin embargo lo amaba.

Era absurdo, era estúpido, no tenía sentido. Ninguno de sus psiquiatras sabía de su obsesión, su necesidad de torturarse psicológicamente. No sabría que decirles de todos modos, ni él mismo se entendía, y estaba cansado de que la gente tratara de analizarlo.

Ahora era Blaine. Blaine había comenzado como cualquier otro hombre, solo un trozo de basura que merecía ser castigado por ser así. Kurt lo sedujo por diversión, pero también lo hizo por que merecía ser dañado. Claro que Kurt había seducido a varias mujeres durante su estancia en la cárcel, pero eran diferentes, no podía lastimar a las mujeres. Pensó intencionalmente mientras cerraba los ojos.

Sin embargo, Blaine rápidamente demostró ser diferente, se había dado cuenta de eso demasiado pronto. Había algo en él que hacía sentir incomodo a Kurt, pero al mismo tiempo se sentía mejor cuando estaba con él. Era desesperante, porque había sentido algo parecido cuando estaba con ella.

Kurt no sabía que pensar, como reaccionar, pero hacía tiempo que había optado por dejar de preocuparse, dejar de pensar demasiado en ello.

De todos modos, ya no tenía sentido.