One Piece y sus personajes no me pertenecen, sino a Eiichiro Oda


—¡Darita, abajo!

Selys empujó a Darita para obligarla a agachar la cabeza, justo a tiempo para evitar que dos sables volantes le cortaran la cabeza. Ambos sables tenían alas pequeñas a los lados de su empuñadura. Selys apretó los puños con fuerza. Un hombre con aspecto de pájaro estaba sobre el altar, observándoles de brazos cruzados.

El príncipe tomó uno de aquellas sables por el mango y cubrió tanto su brazo como el arma con haki, haciendo que el ala que tenía desapareciera.

—Yo me ocuparé de él —dijo mientras caminaba hacia el usuario de aquella extraña fruta, apuntándole con el sable—. Vosotros proteged a Darita y al pequeño Sei.

—No nos des órdenes —ladró Selima a la vez que acababa con tres hombres de un patada—. No hemos venido hasta aquí por ti.

—Nana, ¿puedes, por favor, sostenerlo un momento? —Darita le pasó el bebé a la anciana, quien había saltado de la espalda de Bum y acababa de golpear la rodilla de un hombre con su bastón de madera.

—Por supuesto, querida —respondió la anciana tomando al bebé en brazos.

—Shinjitsu Shinjitsu —pronunció Darita mientras formaba un cuadrado con sus dedos—¡Painful Truth!

Una burbuja rodeó a cada uno de los hombres que les perseguían y, cuando estalló, estos cayeros sobre sus rodillas y comenzaron a gimotear.

—¡Estoy avengazado! ¡He matado a mucha gente inocente!

—Le quité un caramelo a un niño una vez. ¡No puedo llamarme hombre a mí mismo!

—Oh, ¿has visto lo bien que lo ha hecho tu mamá? —Nana dio un pellizquito cariñoso en la nariz al pequeño Sei, quien emitió una carcajada.

—¿Te ha gustado eso, Sei? —pregunto Selys. El usuario de la Uingu Uingu revoloteaba a su alrededor mientras intentaba atacarle con unas cucillas que tenía en sus botas. El príncipe podía esquivar fácilmente los ataques con el sable gracias, también, a su haki de observación. Selys se agacho y dio un saltito para apuntar a su rival en el pecho—. ¡Pues mira esto, hijo!

Selys volvió a darse impulso de un salto. Su rival intentó defenderse, pero ya era demasiado tarde. Selys había visto que había dejado un lado de su cuerpo desprotegido. El príncipe se inclinó sobre él y, con un brazo, se apoyó en el hombro de su oponenete mientras que con el otro le atravesaba con el sable el cuerpo. El hombre soltó un gruñido mientras un chorro de sangre caía al suelo.

—¡Selys! —gritó Darita.

—No te preocupes —replicó el muchacho mientras limpiaba la hoja de sangre—. He evitado atravesar sus órganos principales. Ha caído, pero no morirá. Si lo hace, las alas que tiene este barco desaparecerán y todos caeremos— Selys pisó el cuerpo del hombre y presionó con su bota sobre la herida, haciendo que éste gritara por el dolor—. Pero no pienses que no te mataré si intentas cualquier cosa —le advirtió.

El hombre parecía haber aceptado su derrota y asintió. Selys giró sobre sus talones, pero antes de que pudiera dar un paso, el tipo le agarró del tobillo.

—Espera —gimió el hombre—. Hay algo que deberías saber… El rey… El rey… Está aquí.

—¿¡Qué!? ¿¡El rey Koga está aquí!? ¿¡Dónde!?

—Arriba… En la habitación del Maestro… Ha estado torturándole… Y nos amenazó con hacernos lo mismo si no le obedecíamos.

—Ya veo… —Selys hizo una mueca—. Aún así, eso no significa que no vaya hacerte nada si intentas algo.

—Lo sé —el hombre asintió.

Selys suspiró.

—Pero si te comportas, tendrás un juicio justo en la Isla Faye.

—Gracias… Gracias, señor —el hombre gimió de nuevo y soltó el tobillo de Selys.

Darita se acercó corriendo hasta él. La chica pasó sus brazos alrededor del cuello del príncipe y le besó.

—Ese es el hombre al que amo —dijo orgullosa—. Mi héroe.

—Ya, ya —el príncipe se sonrojó, haciendo que Darita riera.

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capítulo veinticinco
Real

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—Eh… Smoker —susurró Coby.

—Lo sé —gruñó el comodoro—. No le vamos a mencionar esto a nadie, ¿entendido?

—Sí, señor.

Resultó que el espacio que había tras la vieja pintura al óleo que habían atravesado en el gran salón les llevaba hasta una escalera que ascendía. A lo largo de la escalera, colgando de las paredes, había unas pinturas que resultaban incómodas a la vista. Se iban alternando retratos de mujeres desnudas en posiciones muy comprometidas con escenas de tortura. Smoker y Coby subieron las escaleras corriendo, intentando no mirar a las paredes. Sin embargo, resultó ser una tarea complicada al tratarse de una escalera de caracol que permitía que las pinturas fueran vistas desde cualquier ángulo.

—Este tipo está enfermo —comentó el peli rosa.

—Creo haberte dicho que no íbamos a discutir sobre esto nunca.

—Sí. Lo siento.

Ambos suspiraron aliviados cuando alcanzaron lo alto de la escalera y se toparon con una puerta abierta. No obstante, su alivio duró poco cuando la atravesaron y se encontraron en la segunda planta del navío, esa misma planta en la que Coby se había negado a entrar cuando había ido asomándose puerta a puerta.

—No toques nada —le dijo Smoker.

—¡No pretendía hacerlo! —replicó Coby, sintiendo cómo sus mejillas cambiaban de color. El chico fue caminando con cuidado tras el marine, intentando no tocar los látigos y las correas que caían desde el techo— Oye, ¿crees qué-?

—Para.

—Vale, vale —suspiró Coby mientras pasaba al lado de una especie de tabla de madera con correas para atar a alguien a ella.

De repente, Coby se detuvo en sus pasos y recordó las palabras que el guardia había mencionado.

Siento pena por la novia. Tendrá que tratar con… Las aficiones especiales del Maestro.

Cuando Smoker atravesó la puerta, se percató de que el peli rosa no le seguía. Al mirar por encima de su hombro, vio al muchacho parado en el centro de la habitación.

—Oye, ¿qué-?

Coby soltó un grito, interrumpiendo la pregunta de Smoker, y desenvainó su espada, comenzando a cortar todo lo que había su paso. El chico empezó a tirar los objetos que había sobre las mesas a patadas mientras que con la espada los iba cortando hasta hacerlas añicos. Smoker le observó en silencio, dando una larga calada a sus puros y cruzándose de brazos. Cuando el peli rosa terminó, había pilas de materiales rotos por toda la habitación y el chico daba bocanadas de aire al lado del comodoro, agotado.

—Smoker-san, cuando trates con ese tipo, déjame al menos hacerle un corte.

Smoker miró a Coby con el rostro serio hasta que sonrió de medio lado y asintió. No era muy dado a ceder en ese tipo de asuntos, pero, desde que le habían encomendado vigilar a Seida en aquella misión, no habían dejado de pasarle un montón de cosas, la mayoría de ellas ridículas. Por lo tanto, había llegado un punto en el que dejaría que Coby se desahogara con aquel tipo si así lo deseaba.

Ambas se pararon frente a puertas diferentes, una al lado de la otra y separadas por un par de metros. Sin decirse nada, los dos las abrieron, aunque de maneras diferentes. Mientras que Coby giró el pomo, Smoker propinó una patada a la suya, arrancándola de cuajo. Smoker dejó escapar el humo de sus puros cuando, al echar un vistazo al interior de aquella sala dedicada exclusivamente a botellas de alcohol confirmó que no estaba Seida. Coby, por su parte, obtuvo los mismos resultados con aquella habitación.

Ambos, entonces, se giraron y se situaron frente a la única puerta que quedaba sin abrir. Coby, que ya había ido antes abriendo las puertas una a una, sabía qué había en el interior de aquella. El muchacho sintió que su corazón se detenía, un sudor frío comenzó a derramarse a pequeñas gotitas por su frente.

—Smoker-san… Esa habitación —el peli rosa tragó saliva mientras desenvainaba su espada— es la habitación de tortura de ese tipo.

—Bien —respondió Smoker. El comodoro se acercó a la puerta con tranquilidad.

Cuando Smoker abrió la puerta, tanto él como Coby vieron cómo Seida atravesaba con su espada el pecho de un hombre que solo poseía un brazo y una pierna, mientras Yaro observaba desde atrás, con una expresión de felicidad en el rostro. El hombre gritó en agonía mientras Seida permanecía con el rostro inexpresivo.

—Descansa en paz —Yaro elevó la voz, completamente excitado—, padre.

Seida retorció su espada en el cuerpo del rey. Sus gritos se mezclaron con la risa maníaca de Yaro. El rey Koga yacía sobre una mesa de acero que pronto se tiñó con su sangre. Sus gritos finalmente cesaron y sus manos cayeron inertes sobre la superficie.

—¡Seida! —Coby estaba horrorizado. Esa no era Seida. La Seida de verdad no haría una cosa así. El muchacho dio un paso al frente, pero Smoker situó su jitte frente a él, impidiéndole el paso.

—Espera —le ordenó.

Seida sacó su espada del cuerpo del rey Koga. La sangre saltó en todas direcciones, manchando su blanco vestido de novia e, incluso, sus mejillas. Smoker, sin embargo, no apartó sus ojos de la herida del monarca.

—Bien hecho, amor mío —Yaro aplaudió. El hombre tomó el rostro de Seida con ambas manos. Yaro posó sus ojos sobre Coby antes de darle a la chica un beso en la mejilla, recreándose en el odio que empezaba a crecer en Coby.

—¡Basta ya! ¡Déjala en paz! —Coby dio un paso más, pero, de nuevo, Smoker le detuvo.

—Muchacho, voy a necesitar que mantengas a Seida ocuada en la habitación de al lado.

—¿Qué estás planeando?

Smoker transformó parte de su cuerpo el humo y, sin media palabra, cogió a Coby y, después, a Seida, dejando a Yaro con la boca a abierta. El comodoro los dejó en la otra habiatción y cerró la puerta, dejándolos encerrados mientras él regresaba para enfrentarse a Yaro, tal y cómo habían acordado.

Coby dio un paso al lado justo a tiempo para esquivar que el látigo de Seida le diera en la cara, por lo que éste, en su lugar, rompió dos botellas de sake. El peli rosa soltó un gemido y, cuando Seida volvió a lanzar su látigo contra él, Coby cerró los ojos y, en un acto reflejo, agarró el extremo del látigo. El chico abrió los ojos y miró a ambos lados, sorprendido por lo que acababa de hacer y tiró de Seida para apartarla de las botellas y evitar que hubiera más trozos de vidrio por el suelo.

Cuando logró situarse en el centro de la habitación, Coby soltó el látigo y Seida dio unos pasos hacia atrás por la inercia.

—Pareces una bola de algodón de azúcar —comentó Coby. De haber estado en otra situación, desde luego que se habría reído.

Seida intentó a ir a por Coby. La chica dio un par de zancadas, pero en el proceso tropezó con su pomposo vestido y cayó al suelo de cara. El peli rosa se llevó las manos a la boca para, esta vez sí, contener una sonora carcajada. Seida, en cambio, se puso en pie y, con fuerza, tiró de la tela del vestido, rasgándolo y desvelando bajo toda aquella cantidad de capas un vestido ajustado y tremendamente corto que hizo que el rostro de Coby se sonrojara inmediatamente.

—¡O-Oye! —tartamudeó el chico, intentando no mirar— ¿Q-Quién te ha vestido así? ¡Espero que no fuera ese pervertido!

¡Clang!

Un cuchillo se clavó en la pared, justo a un lado del rostro de Coby. El muchacho se llevó la mano a su mejilla, por donde le había rozado el arma, y notó un fino corte en su piel. Seida desenvainó su espada y saltó hacia el peli rosa.

¡Clan! ¡Clang!

Coby logró bloquear el ataque de la muchacha con su espada.

—¿¡Desde cuándo sabes usar cuchillos como arma!?

De repente, los ojos rosas de Seida mostraron un flash de color azul y Coby sintió un pinchazo en su estómago. Esa era la verdadera Seida.

—¡Seida! —la llamó Coby mientras sus espadas chocaron de nuevo— ¡Seida, sé que puedes oírme! ¡Soy Coby!

Seida comenzó a lanzar ataques sin parar contra Coby. Si no eran con su espada, eran con su látigo y Coby solo podía defenderse o intentar que le hicieran el menor daño posible.

Seida tomó a Coby por sorpresa cuando la muchacha giró sobre sí misma y le propinó una patada en la cara. La espada del mucho salió despedida de su mano y cayó a un par de metros de él. El peli rosa dio un salto y recuperó su arma. Frunció el ceño. Tenía que pelear contra ella. Si no, nunca le ganaría y no conseguiría liberar a Seida de la fruta de aquel tipo.

Coby aferró su espada con ambas manos y la elevó en el aire. Sin embargo, Seida se agachó y le aferró de los tobillos. La chica tiró de ellos, haciendo que Coby perdiera el equilibrio y cayera sobre su espalda. Seida fue a poner su pie sobre su pecho, pero Coby lo bloqueó con sus brazos y empujó para apartar a Seida de él. Finalmente, el muchacho logró ponerse en pie.

—No me voy a disculpar por lo que voy a hacer a continuación —articuló Coby—. Sé que si fueras plenamente consciente de lo que haces, me entenderías y querrías que peleara en serio.

Coby se lanzó contra ella. Sus espadas chocaron y, por primera vez, Coby logró que Seida tuviera que retroceder. La chica perdió ligeramente el equilibro, pero Coby logró tomarla de la muñeca para que no se cayera. No obstante, los dedos de Seida se apretaron alrededor de su brazo y, antes de que Coby pudiera reaccionar, Seida ya le había tomado de la muñeca. La muchacha tiró con fuerza y levantó a Coby del suelo en una especie de suplex. Coby cayó de espaldas con fuerza, sintiendo cómo le faltaba el aire en los pulmones.

Coby tuvo que girar rápidamente sobre sí mismo para esquivar el cuchillo que Seida le había lanzado de nuevo. Se puso en pie y aferró con fuerza su espada de nuevo, esta vez con una mano, recordando lo que Seida siempre le decía.

Sus espadas chocaron con furia una y otra vez. Coby apretó sus puños con fuerza, intentando buscar una apertura en la defensa de Seida, pero siempre le había resultado inútil durante los entrenamientos.

De la nada, Coby vio por fin una apertura. Estaba claro que Seida no era ella misma porque, normalmente, la chica no habría sido tan evidente. Coby pasó corriendo a su lado, haciéndole un corte. Seida soltó sus armas. Coby se giró para ver cómo la propia sangre de la chica había manchado la hoja de su espada. Una mueca se dibujó en el rostro del peli rosa, disgustado por sus propios actos.

—Oye, Seida, yo…

¡Clang!

Coby soltó un gritito a la vez que se defendía de nuevo del ataque de Seida. Ambos se empujaron y se desplazaron por la habitación, dando una vuelta de 180º. De repente, Seida se detuvo de nuevo en sus movimientos y Coby la golpeó con el dorso de su espada en la espalda.

—¿¡Es que te has vuelto loca!? —preguntó Coby, incrédulo.

Seida levantó un momento la vista y sus mejillas se sonrojaron. El peli rosa enarcó una ceja. Pensaba que la apertura de antes en la defensa de Seida había sido una casualidad, pero ¿una segunda vez? Seida no se descuidaba de aquella manera. ¿Qué estaba pasando?

Coby escrutó a la muchacha con la mirada hasta que se percató de que Seida no le había estado mirando a él y que no estaba evitando que sus miradas se encontrasen. De hecho, Seida había mirado más allá de él antes de detenerse. Coby se giró para mirar que había a su espalda y sus ojos se abrieron de par en par. Durante su pelea, se había desprendido la sábana que cubría uno de los cuadros de aquella habitación. Se trataba del dibujo de un hombre desnudo sobre una mujer, igualmente desnuda. Nada más verlo, Coby comenzó a sudar y sintió que tanto sus mejillas como sus orejas ardían por la incomodidad y la vergüenza que el retrato le producía. El chico se giró para mirar a Seida de nuevo, pero, esta vez, Seida corrió hacía él portando dos cuchillos. En el último instante, Coby soltó su espada y agarró a Seida por las muñecas, pero Seida hizo acopio de una fuerza mayor que la suya y sus cuerpos chocaron. Coby estuvo a punto de perder el equilibrio, así que, para evitar caer, aferró a Seida por la cintura con fuerza y la atrajo hacia él, chocando las frentes de ambos en el proceso.

Coby parpadeó varias veces. El rostro de Seida estaba muy cerca. Demasiado. Miró a la chica a los ojos y sintió cómo su corazón se aceleraba de lo grandes y redondos que eran en realidad sus ojos. Instintivamente, llevó su mano derecha al rostro de Seida y rozó con la yema de sus dedos la mejilla de la chica.

—Ace…

¿¡Ace!?, pensó Coby al escuchar a Seida susurrar aquel nombre. Seida se inclinó hacia él para besarle, pero Coby se echó ligeramente hacia atrás. Seida debía de seguir en aquel sueño y no podía permitir que ella le besara, no cuando ella creía que él era otra persona.

Con ternura, Coby aferró el rostro de Seida y sonrió.

—Seida, soy yo. Soy Coby.

El color rosa en los ojos de la muchacha se comenzó a desvanecer. Seida parpadeó mientras sus ojos volvían a su color original. Parecía confundida y más al darse cuenta de que los cuerpos de Coby y ella estaban pegados el uno al otro, casi podía rozar la punta de la nariz del chico con la suya.

—Estoy… ¿Estoy soñando todavía?

—No.

—Pero tú estás vivo.

—Sí. Lo estoy.

—¿Así que esto es real? —preguntó de nuevo. La voz de Seida sonaba llena de dudas, muy diferente a lo segura de sí misma que parecía siempre. Por primera vez, Coby la vio vulnerable y se dio cuenta también de que detestaba verla así.

—Así es. Si te digo que esto es real, entonces es real, Seida. Yaro estaba equivocado. Creía que había muerto, pero no es cierto. Dilo en voz alta, así parecerá más cierto todavía.

—No estoy soñando. Esto es real. Y tú estás vivo —los ojos de Seida se llenaron de lágrimas que comenzaron a caer por sus mejillas—. Estás vivo —susurró, sin apartar sus ojos de los de Coby—. Estás vivo.

Coby contuvo la respiración cuando las manos de Seida se colocaron en su mentón y ascendieron por su rostro, acariciándole con delicadeza la nariz y, después, las mejillas. Seida terminó por enterrar su rostro en el pecho de Coby, mientras entrelazó sus brazos alrededor del cuello del chico y comenzó a llorar. Lentamente, Coby volvió en sí y sintió un pinchazo en el pecho al notar sus leves sollozos. El peli rosa pasó sus brazos alrededor de su cintura y la abrazó con fuerza, apoyando su barbilla en el hombro de la chica.

—Cómo me alegro que estés de vuelta —susurró Coby.

Seida entonces se revolvió en sus brazos y levantó la vista. Tenía los ojos rojos e hinchados, pero eso no hacía más que resaltar las distintas tonalidades de sus grandes ojos azules.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó Coby, a lo que ella asintió— Bien, porque ¿puedes explicarme tú al menos qué demonios está pasando?

—Kairaku Kairaku —Bayard lo intentó por tercera vez— Pleasure Dome.

Smoker se transformó en humo, logrando escapar de la cúpula de luz que Yaro pretendía crear a su alrededor para atraparle. Rápidamente, Yaro se recompuso. Fulminó a Smoker con la mirada y le señaló con su dedo índice.

—Kairaku Kairaku ¡Pleasure beam!

Un rayo de luz salió de la punta del dedo de Yaro, pero Smoker logró evitarlo sin problemas al saltar hacia un lado. Yaro aprovechó aquel momento para intentar huir, pero el comodoro lanzó humo en espiral que revolvió varios objetos de la habitación, colocándolos frente a la puerta para que así Yaro no lograra escapar. Yaro, palideciendo, se giró con temor.

Smoker no lo admitiría nunca en voz alta, pero estaba disfrutando de aquella lucha. Podía haber detenido a Yaro hacía tiempo, pero el comodoro se sentía frustrado por todo lo acontecido no solo por Yaro, sino por la situación en general, así que necesitaba pagarlo con alguien un poco.

—¡White launcher!

Smoker se transformó completamente en humo y se lanzó contra Yaro. Le rodeó con su humo para finalmente solidificarlo e inmovilizarle con su jitte.

—P-p-p-p-por favor —suplicó Yaro—. Déjame marchar. Te daré-

—No tienes nada que yo pueda querer —le cortó Smoker, dando una calada a sus puros y soltando el humo con furia. Smoker le golpeó el rostro y pateó el cuerpo inmovilizado de Yaro hasta que dio contra la pared. Yaro escupió sangre y se incorporó como pudo para quedar sentado. Smoker se puso de cuclillas frente a él y le tomó del pelo y le obligó a mirar el cuerpo del hombre al que antes Seida estaba atacando—. Resulta que tu poder tiene sus limitaciones. Las suficientes como para que Seida tuviera el suficiente control sobre ella misma como para evitar matarle en el acto… No soy médico, pero sé que falló al atravesarle el corazón por muy poco.

—¡No le toques! —le gritó Yaro.

—¿No tocar a quien?

Coby se situó tras Smoker y se cruzó de brazos, Seida a su lado. La chica se agarraba a su brazo para mantenerse en pie. Llevaba la capa del uniforme de seguridad de los hombres de Yaro por encima de sus hombros y estaba cerrada por delante. Su pelo lucía completamente alborotado y algunos mechones se habían escapado de su moño, cayendo hasta su espalda.

—¿Es el rey Koga? —preguntó Seida— ¿Qué está haciendo aquí? ¿Qué le ha pasado?

—Una larga historia, mocosa —articuló Smoker—. Quizás alguien en la Marina pueda salvarle si no ha perdido mucha sangre. No creo que tarden en llegar.

—¿Qué? —preguntaron Coby y Seida a la vez.

Smoker rebuscó en su falda de hojas y sacó un pequeño Den Den Mushi que les mostró.

—¿Crees que Segoku nos dejaría venir aquí así como así? —gruñó Smoker— Me dio esto para que le llamara cuando hubiera una emergencia. Llegarán aquí en seguida gracias a una vivrecard que les di. Les avisé antes de que esto empezara a ponerse más feo.

Seida señaló al suelo, donde estaban las extremidades que le faltaban al rey Koga.

—¿Yaro?

—Eso parece —Smoker lanzó a Coby una mirada significativa para que no dijera nada—. ¿Podéis esperar fuera? Me encargaré de atar bien a este idiota.

—¿Por qué?

—Porque tu amiguito el príncipe y la princesa no tardarán en llegar y no creo que sea buena idea que vean todo esto.

—Tienes razón —Seida asintió— Pero antes…

Seida pisó con fuerza las partes de Yaro. Smoker y Coby dibujaron muecas de disgusto y Seida sonrió de medio lado, moviendo su bota con fuerza. Yaro gritó de dolor.

—Se apoderó de mi mente —se excusó la chica antes de girar sobre sus talones y tomar a Coby del brazo para salir de la habitación, tal y cómo les había pedido Smoker.


¡Hola a todos!
Capítulo con mucha acción y un poquito más corto de lo normal, pero el siguiente será más largo, para compensar. Espero que haya quedado todo más o menos claro. No se me da especialmente escribir escenas de acción y tampoco quería alargarlo mucho más de un capítulo.

ZyeBlackrose: El título del pasado capítulo no es una referencia a nada en especial jaja Aunque creo que hay una película que se llama así, ¿no?

LADI JUPITER: Todavía queda un poquito para que vuelva a salir Ace (porque sí, volverá a salir), pero, como ves, ya han liberado a Seida de la fruta del diablo. Ahora habrá que preguntarse cómo toda esta experiencia le ha afectado, sobre todo en lo que se refiere a sus sentimientos por Ace.

Ken1997: ¡Vaya, cuánto tiempo! Me alegro que estés de vuelta por aquí y espero que ya todo vaya mucho mejor :) Gracias por tus mensajes de apoyo, me animan mucho.

~ ¡Nos leemos!