¡¡Hola a todos!! Volví, sigo viva, como verán. ¿Cuanto tiempo pasó? ¿Tres meses? Creo que sí, y justos. Tengo tantas cosas que decir gente!

Mis tardías actualizaciones no me permiten decirles que yo siempre chequeo los reviews, los leo y me alegro muchísimo de ellos, de que sigan esperándome y más lectores vayan descubriendo esta historia, que tantas satisfacciones me está dando. Quiero explicarles que Enero en Argentina son vacaciones y por eso se debe a que yo no actualicé ninguna historia. La verdad que para sentarme a escribir se necesita (como yo siempre les digo) TTI, TIEMPO, TRANQUILIDAD E INSPIRACIÓN, yo no contaba con la segunda ni la tercera, el tiempo sí lo tenía. En mi casa era imposible escribir, cuando suena el teléfono cada 5 minutos o hay gente que me habla. Eso me distrae mucho y estos capítulos necesitan concentración, o por lo menos yo la necesito para que salga algo bueno jaja. En definitiva, se me complicó para actualizar, sumado a que rendí mal dos veces la misma materia, imagínense que mi ánimo estaba por el piso. Por suerte ya meti la bendita materia y no la tengo que estudiar nunca más. jajaja! Otro problema fue el desencuentro con la inspiración, ya que cuando estoy libre y no tengo que estudiar, me desencuentro con ella y cuando tengo que estudiar estoy super inspirada pero no me puedo dedicar a escribir, por estar ocupada. ¡Es un sentimiento realmente horrible! Les pido disculpas, quizá fue una actitud irresponsable, pero creánme que yo sufrí como ustedes el hecho de no poder actualizar ya que no hay nada más lindo que eso para un escritor. ¡Encima tengo un montón de ideas para historias nuevas que no pude empezar! En fin, miles de problemas mentales míos que lamentablemente no pude detener.

Quiero decir Gracias, Gracias a todas las personas que encontraron la historia y la leyeron en este último tiempo, que se molestaron en dejar un review y darme ánimos para que actualice. Realmente eso ayudó a que empiece este capítulo a fines de enero y hoy lo pueda terminar.

Especialmente, a Carlitos, tu review me hizo derramar muchas lágrimas, muchas gracias por tantos halagos. Aún no puedo creer todas las cosas que dijiste sobre mi imaginación y mi forma de escribir, sinceramente me alegro de todo corazón que te haya gustado tanto y que lo disfrutes, ya que, como bien dijiste, es mi único fin. ¿Cobrar por lo que escribo? Me encantaría ser escritora y publicar mi propia historia, pero es una asignatura pendiente, aunque el fin es una satisfacción personal y el lucro es una circunstancia más, no lo haría para ganar plata, sino porque escribir es mi gran pasión, es algo que me libera y mi cable a tierra. Después de leer tu review, empecé este capítulo porque me diste tantas ganas, que no me pude controlar. Fue una inspiración repentina. ¡Muchas gracias por leerme y disculpá la tardanza!

Gracias a todos de verdad, porque hay otros reviews, también muy hermosos, que si los cito a todos, sería más largo esto del principio que el propio capítulo. Me encantaría contestarlos, pero prefiero emplear mi poco tiempo en escribir, creo que será más grato para ustedes y también para mí.

Quiero mandar saludos grandes a Jor y Ginevre, dos grandes amigas, la primera está igual que yo, muy loca con el tema de la universidad, por lo que les pido comprensión con la espera de sus capítulos, porque esa Hipogrifa se va a volver loca sino. ¡Me encantó la conversación teléfonica que tuvimos cuore! Ya sabés todo el cariño que te tengo, te quiero muchísimo, mucho mucho, mucho. Por favor no hagas ningún comentario inadecuado después de leer el capítulo, ya te vas a dar cuanta por que te lo digo hdp! jaja

En cuanto a Ginevre, está preparando algo muy importante en su vida, por lo que quizá tarde en comunicarme con ella, pero a través de reviews he tenido noticias suyas. Gracias por tu buena onda, por haber continuado Querido Diario de forma tan excepcional y por escribir tan bien. Sabés que sos una maestra amiga, ojalá todo lo tuyo salga bien y que nos encontremos pronto en el msn. ¡Te quiero!

Ahora, finalmente, pasando al capítulo, debo hacer una aclaración primordial. Primero, no es el último. Eso se debe a que se me hacía muy largo explicar todo el final y hubiera tenido más de 20 hojas. Preferí hacer un capítulo más. El que viene va a ser realmente el final de este fic y quizá le haga un epílogo, pero no prometo nada por ahora. Es probable que mi próxima actualización sea La Euforia, mi otro fic, pero tampoco se. Quizá termine este primero, depende cómo ande la señora Inspiración.

Ahora los dejo leer tranquilos, disculpen tanto palabrerío. ¡Aunque no es necesario que lo lean, claro está! jaja, yo lo dejo porque se lo merecen inmensamente.

Si no les gusta el capítulo, (que reconozco que no es gran cosa), digan lo que sea. Cualquier crítica será bienvenida. jaja!

Los quiero y gracias por todo

Joanne.


Antes de Morir

Capítulo 24

"Lo que nadie me dio en mi vida"

Ella caminaba con un aire impaciente entre las tumbas de ese cementerio lúgubre. Su aspecto era diferente. Ahora, portaba el cabello de un rubio natural y con rizos en los extremos. Los ojos los tenía celestes brillantes. Vestía un saco de paño color piel y estaba maquillada como no solía hacerlo en tiempos anteriores. Sus labios eran más gruesos y los adornaba un lunar color marrón, delicado, que afinaba sus facciones hasta hacerlas irresistibles. A simple vista cualquier hombre habría hecho una profecía arriesgándose a poner las manos en el fuego: la suavidad de su piel sería indiscutible al tacto. Con tanto cambio de por medio, pocas personas la hubieran reconocido. A su lado, caminaba una niña pelirroja y sonriente, tarareaba una canción conocida como Sueños Rotos. La alegría de la criatura contrastaba con aquellos sepulcros de mármol viejo y con la melancolía absoluta del atardecer que envolvía el cementerio.

Pensaba en todas las cosas que habían pasado en los últimos seis meses: la reaparición de Harry, la vergüenza política de su padre, la muerte de Lupin y Neville, las mentiras de Jean y Clément. El fin de su de sus secretos muertos por una luz que la había avergonzado hirientemente, hacían que la rubia asociara la situación con un vaso de agua turbia rebalsando de forma inevitable.

Cerró los ojos preguntándose dónde se encontrará aquel energúmeno vengativo, pero no por eso menos deseable. En el fondo el porte de Harry Potter seguía estremeciéndola como la primera vez. Sentía que sus pulmones carecían de aire con la simple aparición de su anatomía. Pero sus sentimientos eran confusos, ya que al mismo tiempo lo odiaba: no conseguía perdonar el daño causado por su errante venganza. Apretó la mano de su hija con ternura. Eso le daba fuerzas para soportar la inminente presencia de Harry. La niña caminaba a su lado; perdonó a su madre por haberle mentido, cuando supo que ella había estado al borde de la muerte a causa del incendio.

-Mami… - interrumpió Charlotte sus pensamientos.- ¿No vinimos aquí a buscar a papá?

-Exacto, cielo.- contestó su madre.- Pero por lo que veo, tu padre se quedó pensando en más venganzas… - el rencor se asomaba en cada sílaba pronunciada.

-¿Por qué no puedes arreglarte con papá?- dijo la niña con un tono de súplica.

-Charl, no debes preocuparte por eso. Es un asunto entre tu padre y yo.

-A mí me importa.- replicó Charl.- Mel está triste, ¡porque cuando nació su hermanito mis tíos estaban peleados! – Fue más una expresión indignada que un reclamo, lo que la hizo sonreír de forma encantadora- Aunque parece que se quieren besuquear todo el tiempo, ¿no?

Charlotte frunció los labios con asco y su madre largó la carcajada.

-Yo pienso que tú y Melanie miran demasiadas series muggles. – Opinó- Sería una buena decisión quitar el televisor de tu habitación…

-Papá no te dejará…

-Tu padre te apaña en todo. – Dijo Ginny a la defensiva.- Además…

Pero ella se interrumpió repentinamente. Habían llegado a lo que en teoría era su tumba y allí estaba Harry. Vestido a la par de las hojas de aquel otoño, miraba un sepulcro falso, con el rostro lleno de melancolía. Ginny se mordió el labio. El cabello desprolijo, ese tono casual de su atuendo hacían estremecerla el doble. Y era tan placentero estremecerse así, tener la capacidad de amarlo de tal manera. A veces sentía que estaba a punto de perdonarlo, pero luego el rencor y el orgullo no le dejaban dar ese pasó. Se sentía dolida. Los desprecios de Harry cuando decidió ser Pierce Samuelson no daban tregua alguna, no paraban de atormentarla.

-¡Papi!- Gritó la voz de Charlotte a espaldas de Harry.

Él se dio vuelta y al verlas hizo la sonrisa más seductora que pudo esbozar jamás. De esas que a las mujeres le afectan la estabilidad de las piernas. Miles de mariposas aletearon en el estómago de Ginny. Y por supuesto, también en el de Harry.

-Hola cielo.- habló Harry Potter, sosteniendo a su hija en los brazos.- ¿Cómo has estado?

-Esta mañana sostuve a mi primo Harry.- le contó Charl.- Y me parece feo que se llame igual que tú…

Harry rió. Ginny ni le hablaba.

-¿Por qué te parece feo? ¿No te gusta mi nombre?

-Me encanta tu nombre.- lo besó con cariño en el cachete; Ginny rodó los ojos. Harry no se le escapó ese detalle de desdén. La miró fijamente.

-Parece que la señorita Weasley tiene mal humor- apuntó.

-Mira Potter – Charlotte sonreía, ya se había acostumbrado a las absurdas peleas de sus padres.- intenta no llamarme – bajó la voz hasta convertirla en un susurro- Señorita Weasley, porque te recuerdo que tuve que fingir mi propia muerte por tu culpa.

-Eso no fue culpa mía.- replicó Harry. La discusión parecía divertirlo.

-No, claro que no, Potter, no fue tu culpa, pero fue tu idea.- Harry bajó Charlotte de sus brazos y ella comenzó a mirar los sepulcros, ofuscada con sus padres.- ¿Crees que me gusta llamarme Cindy Hoffman? ¡Quiero volver a mi apariencia, a mi estilo! ¡No puedo vivir así!

-Mira, Cindy Hoffman,- dijo Harry quién comenzaba a alterarse- tu padre y yo decidimos que era lo mejor. Con Jean Paul vivo, correrías serios peligros de ser asesinada…

-¡Te recuerdo que me salvó la vida! – Dijo Ginny ofuscada.- ¡Charl, no te alejes demasiado!

-No, no… - contestó ella, pero su vocecita fue aplastada por la de Harry al instante.

-¿Acaso lo defiendes? – Mirando de reojo a Charlotte, bajó la voz para decir:- ¡Ese tipo ha abusado de ti, te ha faltado el respeto toda tu vida y tú…!- negó con la cabeza, como asqueado de lo que estaba viendo.

-Disculpa que te lo recuerde, pero tú también me has faltado el respeto. Durante, antes y después de nuestra relación.- repuso Ginny, apuntándolo con el dedo índice. Harry le tomó la muñeca ejerciendo una fuerza mínima y acercándose a ella.

-Primero Cindy, - le dijo.- yo te he faltado el respeto porque llegué y estabas casada con Lebon. ¡Y para colmo de males le entregaste mi hija! Si eso no es traición no se a que le llamas…

-¡Hace mucho que vienes con el mismo cuento! ¿No entiendes que creí que estabas muerto? ¡Nunca supe lo que Clément había hecho contigo, ni siquiera podía imaginarlo!- Exclamó Ginny bufando.- ¡Además no sé de qué te quejas, tú me engañabas con Romilda Vane!- le acercó su boca provocándolo de forma peligrosa, pero Harry la soltó riéndose como un loco.

-Estás loca Cindy.- comenzó a alejarse pero Ginny puso el grito en el cielo.

-¡No he terminado contigo! ¡Vuelve aquí Potter! – dijo desesperada.

El se dio vuelta con una sonrisa de triunfo en el rostro.

-¿Qué necesitas, Cindy?

-¡Deja de llamarme Cindy, idiota! – Harry rió.

-No entiendo porqué no te gusta. – Musitó - Es un nombre bastante original.

-¡Lo elegiste tú y con eso basta para que me de repugnancia! – Dijo Ginny.- Y no me cambies de tema… ¡Admite que me engañaste con esa zorra!

-¿Estás celosa?- inquirió Harry provocándola.

-¡De ninguna manera! Simplemente, te recuerdo que siempre fuiste un mujeriego desagradable. ¡Y que quiero mi identidad nuevamente!-Ginny zapateó el piso frunciendo los labios. Él la tomó por los hombros y la zarandeó un poco para que se calmara.

-Primero Cindy, intenta no gritar aquí que careces de identidad. Los secuaces de tu ex marido pueden estar vigilando, ¿o acaso no entiendes el peligro que corren tú y Charlotte?- dijo Harry, harto. – Eres una cínica, me echas en cara un verso sobre Romilda Vane, cuando nunca le toqué un pelo y tú te has acostado con el que era mi mejor amigo…

Ginny se soltó y le pegó una cachetada que casi le llega a tatuar los cinco dedos en el cachete.

-¡Bastardo!- A Ginny se le habían aguado los ojos celestes. Harry sonrió, la tomó de la cara y la beso con fuerza. Ella no opuso resistencia.

-Siempre terminan igual.- dijo Charlotte sonriente, apareciendo detrás de la falsa tumba de su madre.

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Un grupo de personas vestidas de negro caminaban sigilosamente por ese cementerio. El cielo estaba despejado y las tumbas de Mortis Corpus plagadas de la nieve de un diciembre para el olvido. Amy sentía que el efecto congelante del clima le afectaba hasta la más ínfima parte de sus sentidos. Las lágrimas heladas rodaban sin cesar por sus cachetes pálidos y sus ojos ojerosos. Se detuvieron en un lugar donde había una lápida para su esposo muerto. Entre Harry, Arthur y los gemelos, mediante unas sogas fueron bajando el cajón de Remus Lupin. Amy observaba a todos los presentes. No podía creer que había perdido al amor de su vida. Al único ser que había amado, que la había ayudado, que la escuchaba. La pérdida era tan desgarrante que apenas tenía fuerzas para caminar. De repente su mente entró en una laguna y se preguntó cómo las cosas podían haber terminado en semejante tragedia. Jamás creyó que se quedaría sin el hombre que amaba. Y toda la culpa la tenía ella. "Porque él me salvó, el hechizo era para mí, yo tendría que estar ahí, no él…" le dijo su conciencia de la forma más cruda e hiriente que un corazón puede soportar.

Amy se arrodilló de repente.

-Remus, Remus… Remus, no, ¿por qué? ¡No puede ser…!

-¡Amy, Amy!- la llamaba la voz de Ernestina.- ¿Qué haces durmiendo?

Amy abrió los ojos.

-¿Qué hora es? – Preguntó perdida.- Estoy muerta de sueño…

-Ni se te ocurra que vas a seguir durmiendo… Me tienes que aconsejar para continuar mi novela.

-Me aburrió tu novela.- espetó Amy, cansada.- Déjame dormir, no tengo ganas de hacer nada.

-¡No tomes esa postura!- saltó la periodista, impacientándose.- ¡Recuerda que esta noche tenemos una fiesta!

-¿Eh? ¿De que rayos hablas?

-Lautaro nos invitó a su fiesta en el bar.- recordó Ernestina- Y tendremos que cambiarnos urgente, o llegaremos tarde.

-No tengo ganas de ir.- dijo rotundamente Amy.

-Voy a hacer de cuenta que lo que acabé de oír no lo dijiste. – Musitó Ernestina con una sonrisa- Ponte el vestido azul que te regaló Hermione para tu cumpleaños, te queda pintado.

-¿Por qué insistes tanto en que vaya? -se ofuscó Amy, sentándose en la cama y restregándose los ojos.- Podrías ir sola…

-Estoy aburrida y tengo ganas de insistir con alguna estupidez.- dijo Ernestina con ironía. Se puso revolver el placard de Amy, sacando todo tipo de prendas de vestir.- ¡Éste es el vestido que me gusta! ¡Te queda hermoso! No me pongas esa cara… ¿Te tengo que recordar que estás viva? – Amy se mordió el labio, pensativa.- Vamos, necesitas despejarte… y divertirte.- Ernestina guiñó un ojo.

-No creas que estoy para andar con hombres- le advirtió Amy con una mueca peligrosa.- Si tuvieras algo de respeto no pretenderás que…

-¡Yo no dije eso!- se atajó Ernestina, alisando el vestido en la cama grande de Amy- ¿Que nombre me aconsejas para el cuarto capítulo de mi novela?

-No me cambies de tema. No quiero que…

-Simplemente te pedí un consejo sobre mi novela. Pero dado que no tienes ganas de hacerme ninguna recomendación para el cuarto capítulo, mejor voy a preparar mi vestido. Espero que me entre. – rió.

-¡No te quejes que tienes un cuerpo escultural! – dijo Amy, quién escuchó las risas de Ernestina en el pasillo de la casa.

Las dos muchachas llegaron al bar de Lautaro bastante temprano. Al entrar, él las saludo efusivamente desde detrás de la barra. Ernestina sonrió, en cambio Amy bufó sin disimular.

-Odio que sea tan exagerado para saludar...- le susurró a su amiga, mientras él se iba a acercando.

El decorativo para el evento era sencillo. Unos cuántos globos en cada rincón, que brillaban tenuemente. Guirnaldas doradas y rojas y un gran cartel que rezaba: Feliz Cumpeaños Octavio. Amy frunció las cejas. ¿Quién rayos era Octavio?

-Mira, mejor te callas porque él tiene el mejor regalo que… ¡Hola Lautaro! – es susodicho ya estaba allí.- ¡Feliz cumpleaños!

-Hola, muchas gracias Ernestina. Hola Amy… ¿Cómo te encuentras? – dijo todo es muy rápidamente.

-Bien.- contestó ella apagada.- ¿Qué hay para beber?

En bar todavía estaba vacío. Era todo bastante lujoso, los muebles de algarrobo y la decoración en tonos de marrón que le otorgaban un ambiente agradable y cálido.

-Pasen y sírvanse lo que quieran…

Amy se tomó a pecho la hospitalidad de Lautaro y se sirvió Wisky de fuego, tomándoselo de un tirón.

-¿Desde cuando te gusta darle al pico libre? – inquirió Ernestina entre sorprendida y disgustada.

-Desde que soy viuda.- musitó Amy con morbosidad, pero luego sonrió para calmar el ambiente de incomodidad y la cara de espantado de Lautaro.

-Siéntense.- se sentaron los tres en una mesa.- En un ratito llegará mi hermano.- contó Lautaro con alegría.- Él es un mago, un gran mago. Trabaja en Gringgots, su asunto fueron los negocios. – Parecía orgulloso de él.

-Tu hermano es de esos hombres que a cualquier mujer le gustaría encontrar en una playa vacía, y sin nada por hacer. –Opinó Ernestina sonriente. - Ni hace falta agregar que solamente con el traje de baño… o directamente… - Guiñó un ojo.

-¡Pervertida! – la regañó Amy.

-Tú porque no lo viste. Es realmente un salvaje. ¡Y hace grandes hechizos sin varita!- rió descaradamente.

Lautaro sonrió; Amy dedujo que ya estaría acostumbrado a ese tipo de comentarios sobre su hermano.

-¡Ernestina!- la retó Amy disgustada.- ¿Qué cosas estás diciendo? ¡Pareces una adolescente!

-Tu porque no lo viste. –Repitió la periodista.- Tiene un fogoso efecto a la vista… - se relamió sin pudor. Lautaro negó con la cabeza.

-¿Pero qué? ¿Tan lindo es? – a Amy le llamaba la atención tanta pomposidad.

-Mi hermano ha ganado a todas las mujeres antes que yo.- contestó Lautaro con cierta desazón.

-No entiendo cómo se puede admirar a un hombre solamente porque sea lindo. ¡Es un análisis tan superficial!- se disgustó Amy. Era un comentario parecido a los que hubiese hecho Hermione.

-No es solamente por eso. Es un gran hombre, tiene pocos defectos.- Musitó Ernestina, esta vez hablando más seriamente.

-¿Cuáles son los defectos?- quiso saber Amy

-No escuches a Ernestina, quiere agrandarlo cada vez más… - Dijo Lautaro. – Mi hermano es un ser que no sabe enamorarse, va a llegar a los cuarenta y no se que es de su vida… ¡Ha pasado por todas las polleras de Inglaterra! – Ernestina rió.

-¡Te escuché! – dijo una voz masculina a sus espaldas. Lautaro se volteó.

-¡Octavio! Yo solamente te estaba halagando… - replicó su hermano haciéndose el inocente.

-Me imagino qué clases de halagos eran esos… - miró a Amy y a Ernestina.- ¿No me vas a presentar a tus amigas? – preguntó, de forma simpatiquísima.

Amy lo miró. Ernestina no estaba errada en sus calificaciones ante el tal… ¿Octavio?, qué importa cómo se llamaba. Era extremadamente buen mozo. Parecía estar tallado a mano. Su tez era blanca y lisa como cielo despejado, portaba una expresión despreocupada y el pelo desordenado. Cualquier mujer lo imaginaría como todo un caballero. Ojos marrones penetrantes, sonrisa de fábula y parecía tener un sentido de la ubicación realmente envidiable. Una cara clásica, pero adictiva. Tengo que admitir que es realmente hermoso…, le dijo una vocecita a Amy en la cabeza. Al final, Ernestina tenía razón, era un fuego que ardía a la vista. Tenía muecas exageradas, y al mismo tiempo justas para cada momento de la conversación. ¿Un hombre así estaba solo? Era imposible. Ni siquiera aparentaba tener cuarenta años.

-¡Amy!- la llamó Ernestina, tentada por el efecto que Octavio produjo en su amiga.- ¿Estás ahí?

-¿Eh? Sí, perdón, me distraje. – se puso roja, pero por suerte la ténue luz del bar sustrajo importancia a ese bochornoso detalle. Ernestina, quién lo había captado, negó con la cabeza, nada sorprendida.

-Yo te avisé. – sonrió la periodista.

-¿Avisar de qué? –quiso saber Octavio, que parecía no entender nada.

-De nada.- dijo Amy lanzándole una mirada furibunda.- Mejor me voy a buscar un trago, hasta luego.

Se fue.

-Permiso… - habló Octavio.- tengo que ir al baño…

-Gracias por el favor. – dijo Ernestina en cuanto Octavio se perdió de vista- Tu hermano y Amy terminan juntos.- predijo Ernestina.

Lautaro sonrió.

*

Los muebles de la mansión de Ron y Hermione, relucían destilando una pureza absoluta. Los elfos se habían encargado de dejarla en óptimas condiciones para el nuevo integrante de la familia. Esa noche, Hermione invitó a Ginny y a Charl a cenar, para poder contarse las novedades. En realidad como bien les recordaban Charl y Mel a sus mamás, las novedades sólo significaban hablar de Harry y Ron y no de otra cosa.

-Fue lío terrible la vuelta a casa- decía Hermione mientras cenaban- Imagínate que los periodistas persiguen a Ron por sus últimas jugadas, por lo de Arthur, etc. ¡Estaban insoportables! Mel, come más despacio cielo…, te vas a ensuciar la ropa.

-Es que tengo hambre… - pudo balbucear su hija.

-Te comprendo. – terció Ginny, mirando a su cuñada- Yo me encontré con Potter en el cementerio. Quiso ver a Charlotte en la tarde y tuve que ir hasta allí.

-¿Discutieron? – inquirió Hermione sabiendo la respuesta.

-Sí –fue Charlotte quién contestó.- Pero después se besaron.

-No te metas en las conversaciones entre tu tía y yo.- la reprendió Ginny, quién se había puesto bordó.

-Es la verdad mami, papá te besó porque tú estabas celosa, o algo así.- informó Charl descaradamente. Hermione rió.

-¡Entonces van a ser maridos de nuevo!- musitó Melanie entusiasmada.- Mami, tienes que decirle a papá que vuelva. Mi hermanito lo extrañará…

-¿Por qué no se van a jugar a la habitación? – dijo Ginny molesta.- Son bastante entrometidas las dos…

-Mel, mi mamá se llama Cindy ahora, ¿Te dije? - Mel negó. Ginny se dirigió a Hermione

-Ese asunto me tiene bastante harta. Solamente aquí puedo adoptar mi forma física. ¿Te parece justo eso?

-Me parece seguro – opinó Hermione. – Jean Paul está vivo y con eso uno debe dormir con el ojo abierto…

-Jean no se va a tragar que estoy muerta. Lo sabrá de alguna manera.- dijo Ginny ofuscada.

-Pero no estábamos hablando de eso… ¿cuándo piensan Harry y tú, dejar de jugar al gato y al ratón y comenzar a estar juntos?

-¿Me lo dices tú? ¡Con mi hermano haces lo mismo! Él se muere por volver, pero es tan cobarde que no te dice nada; tú adoptas la misma actitud.

-Yo digo lo mismo, pero más fácil. – aportó Mel, sirviéndose más papas.

-Tu, termina de comer y no hables con la boca llena.- la reprendió su madre.

-¿Y si vamos a tu cuarto? – Propuso Charl a Mel.- ¡Deja ya la comida Melanie! – Se ofuscó de repente.- Tengo algo para contarte…

-Oh, está bien. Es que estaba rico… - tomó un sorbo de jugo. - Vamos.

Se fueron y Ginny continuó hablando, como si no hubiese pasado nada.

-Ronald es más fácil de llevar. Con Potter es todo más complicado, Hermione.- afirmó rotundamente- Es un descarado. Me reclama siempre las mismas cosas, pero ¿sabes qué? Yo no voy a perdonarlo. Tampoco es que sienta ganas de hacerlo, no me malinterpretes; Potter es un ser irracional. Se vuelve loco y lleva todo hacia un extremo, ya ves lo que hizo con su venganza… Además, nunca funcionaríamos como pareja…

-Pero te encanta, y lo amas.- dijo Hermione riéndose.

-¡No me salgas con eso!- la frenó Ginny.- ¡Deja de reírte! Te estoy hablando de que no tiene dos dedos de frente… ¿Sabes lo que hizo? Me negó lo de Romilda Vane. Y yo se de buena fuente que estuvo con esa perra. ¡¿Por qué insiste en mentirme?!

-Ginny, yo creo que tu estás asustada. Deja atrás la venganza, deja atrás todo. ¿No crees que ya pasaron bastante Harry y tú, como para que ahora decidan no estar juntos?

-No puedo perdonarlo, Hermione. Me ha lastimado mucho, me hizo daño. – dijo Ginny con la voz tomada. – Tengo miedo que me vuelva a lastimar, tal vez quiere estar conmigo para vengarse nuevamente.

-No es así, Ginny. Yo he visto a Harry mientras estuviste inconciente por lo del incendio. Estaba desesperado. Una persona que quiere vengarse no puede actuar tanto. Nosotras conocemos a Harry…

-Yo no lo conozco Hermione, no sé si es la misma persona de la cual me enamoré…- derramó un par de lágrimas.- Tenerlo cerca me confunde demasiado.

-Tu estás asustada, no confundida.- habló Hermione con seguridad. – Su presencia te hace dudar de la postura que estás tomando.

-El nunca me pidió volver conmigo.- se defendió Ginny.

-Porque sabe que le vas a decir que no, si vives peleando con él por cualquier estupidez que se te viene a la cabeza. ¿Por qué no admites que te mueres de ganas de estar con él, que lo sigues amando como siempre?

-No te pongas pesada, Hermione.- musitó Ginny.- Lo nuestro está podrido, nunca volverá a ser lo mismo que antes. Creo que mejor me voy, necesito estar sola… Iré a buscar a Charl.

Hermione alzó las cejas.

-No puedes irte sola. Harry vendrá a buscarte…

-¡No me hables de Ha… de Potter!- explotó Ginny- Demasiado que tengo que soportar disfrazarme nuevamente. Me apareceré en la Estancia y nada podrá pasarme.

-Haz lo que quieras, pero deja a Charl acá. Seguramente ya se quedaron dormidas jugando…- movió la varita y los platos comenzaron a lavarse solos.- Por otra parte ya sabes que estás cometiendo una locura yéndote sola. Harry se enfadará.

-Nos vemos mañana.- saludó Ginny con indiferencia. Con un crac desapareció.

Hermione, sin sorprenderse, suspiró en el silencio.

*

Al llegar, Ginny se sintió terriblemente triste y sola. Pensó que tal vez, hubiera sido mejor quedarse con Hermione.

En la sala principal se miró al espejo. Su pelo rubio y sus ojos celestes, rasgos falsificados para una seguridad que ella creía inútil, la hicieron adoptar un expresión de hostilidad. Se arrancó el disfraz con furia, con un movimiento sutil de varita.

Subió las escaleras con premura, decidida a relajarse y no pensar en nada. Entró al lujoso baño de su habitación. Se desnudó, y encendió la bañera, que se llenó de espuma y aromatizantes que relajaban el ambiente. Las cicatrices que tenía en el cuerpo se estaban apagando lentamente. El incendio había afectado mucho la sensibilidad de su piel, por lo que los sanadores le aconsejaron que semanalmente vaya a San Mungo a hacerse un control. Solamente una cicatriz parecía no borrarse, situada a la derecha del ombligo. Curiosamente, tenía forma de rayo y Ginny lamentaba esa coincidencia, que no parecía del todo casual. Rogó que Harry nunca la descubriera.

Tras un suspiro puso un pie en ella, la relajación que le produjo su pie en contacto con el agua, la hizo sonreír de placer.

Insertó su cuerpo lentamente y se acostó. Antes de cerrar los ojos, un hueco sin final de su memoria, le dijo que en esa Estancia fue cuando estuvo con Jean Paul a la fuerza, bajo amenazas de quitarle o lastimar a Charl. Dos lágrimas cayeron y se entremezclaron la espuma. El contraste de la amargura de su corazón, con las sensaciones de su olfato era una contradicción difícil de creer. Olía todo a rosas, pero la realidad era muy diferente.

Ginny encendió el mini componente y Volver a Nacer sonó en sus oídos, como si volviera a tener dieciocho años.

-Como lo amo…- se dijo a Ginny a sí misma.- Con toda mi alma. Tanto, tanto, tanto…

Se relajó tanto, que fue cerrando los ojos.

Una fracción de segundo más tarde, sintió un ruido abajo, en las escaleras. Ginny abrió los ojos y frunció el entrecejo. "Seguramente me habrá parecido."

Es volver a nacer,

Cuando tú y yo, estamos juntos…

La puerta del baño se abrió. Ginny vislumbró la silueta de alguien detrás de la cortina semitransparente.

-¡Ahhh!- gritó Ginny aterrorizada.

El ser corrió la cortina.

-¡Cálmate, soy yo, soy yo!- exclamó Harry.

-¡POTTER!- Gritó Ginny enojada. Harry la miraba de arriba abajo.- ¿Qué rayos estás haciendo? ¿Pretendes matarme de un infarto?

-¡Claro que no, señora Lebon!- dijo él. Parecía muy enfadado.- Solamente me preguntaba porqué demonios no me esperaste en la casa de Hermione.

Ginny lo miró con asco.

-Vete de aquí Potter, ¿no ves que me estoy bañando?

-Me importa un bledo. Eres una inconciente. Me alegro que hayas tenido el raciocinio de no traer a Charl contigo, porque si le hubiera pasado te las ibas a tener que ver conmigo.- replicó Harry, apuntándola con el dedo índice.

Ginny frunció los labios.

-¡Eres un imbécil! ¿Quién te parece que la cuidó todos estos años, mientras tú planeabas arruinarme la vida? -Se incorporó en la bañera, tapándose los pechos con las manos.- Y, por sino te diste cuenta, que seas El Elegido no te da derecho a mandonearme…

-Tu marido se encargó de que yo no pueda estar con Charlotte.- repuso Harry, pero su tono era mucho más blando ya. Incluso a Ginny le resultó seductor el tono de voz utilizado. Harry se agachó sonriendo, para estar a su altura. Tal vez el estado de Ginny en ese momento, lo hizo olvidar parcialmente la discusión.

-Aléjate.- empezó Ginny, comenzando a temblar.

-¿Sabes qué? El otro día estuve hablando con Charlotte.- la rebajó con la mirada y vio teñirse de rojo los cachetes que Ginny, quién se puso muy nerviosa.

-No me mires así.- Susurró Ginny encandilada.

-Ya sé como eres, te conozco de memoria.- contestó Harry con un poco de arrogancia.- Y por otra parte, podría decirte… - se acercó un poco más convirtiendo su voz en un cálido provocativo susurro.- que estoy de acuerdo con que ser El Elegido no me da derecho a mandarte…

-Vete, Harry.- dijo Ginny poco convencida.

-Lo que me confiere ese derecho es ser el hombre que amas…- a Ginny se le inundaron los ojos, Harry sonrió.

-Basta, Ha…rry… -un espasmo cortó su frase- ¿Quieres vengarte otra vez? ¿Acaso es eso? Yo no tengo más fuerza para soportar que me lastimes de nuevo… yo…

-No digas estupideces.- la cortó Harry poniendo una mano en su cachete.- Deberíamos olvidar aquella venganza, ¿no te parece?

-¡Qué fácil es para ti! – Dijo Ginny con sarcasmo.- ¿Acaso tengo que enumerarte todas las que me hiciste? –Empezó a hablar sin que Harry le dijera que sí- Primero, te hiciste pasar por Pierce Samuelson, me has basureado en mi propia empresa, ¡no quisiste escucharme cuando intenté explicarte aquella noche que Charlotte era nuestra hija! –Harry atinó a hablar, pero ella se anticipó- ¡No, no me interrumpas! -Unas lágrimas se entremezclaron con la espuma de baño.- Cuando estuvimos juntos y descubrí que realmente estabas vivo, creí que estaba soñando. ¿No te diste cuenta lo que yo esperé durante seis años ese momento! Y luego tú…

-Ginny…, escúchame…- Harry estaba apenado.

-Lo que me hiciste cuando pasamos esa noche no lo podré olvidar jamás, Harry, jamás, ¡fuiste un hijo de puta! Me trataste como una cualquiera. –Sollozó Ginny- ¿Cómo no pudiste ser tan cruel sin siquiera escucharme?

Harry se sacó de repente, poniéndose de pie con las manos en alza.

-¡¿NO HABRÁ SIDO PORQUE ESTABAS FELIZMENTE CASADA CON LEBON?! ¡CON EL HOMBRE QUE ME HABÍA TRAICIONADO!? – Gritó con toda la angustia acumulada en su garganta.

-¡No tienes justificación! ¡Fuiste un terrible ignorante! ¡No te preocupaste en sacar cuentas, en pensar que antes de la misión yo debía decirte algo y eso era, por supuesto que estaba embarazada! – Harry se quedó sin argumentos ante ese reclamo. - ¿Nunca te pusiste a pensar lo que yo tuve que soportar todos estos años? Tú no tienes ni la menor idea…

-Yo… si sé qué…- pero Ginny no lo dejó terminar.

-¡Tú fuiste un maldito ruin, Potter! ¡Comenzaste inmiscuyéndote en mi empresa para robarme dinero, denigrarme y someterme a los encantos de un hombre extremadamente parecido al amor de mi vida! – Eso dejó de sin aire en los pulmones a Harry- ¡Volviste para arruinarme lo mejor que tenía y lo lograste! – escupió sin miramentos.

-¿Lo mejor que tenías?- dijo Harry, sin dar crédito a sus oídos. -¿Tu empresa, tu dinero?- Rió sarcásticamente como destilando veneno de basilisco por el ambiente. Era evidente que Harry no comprendía el sentido que Ginny le había dado a la frase.

-¡Por supuesto que no era el dinero, imbécil! ¿Sabes que fue lo que me ha mantenido con vida durante los años que pasé sin ti? Después de Charlotte, ha sido tu recuerdo y lo que habíamos sido juntos antes de tu muerte. Pero ya tú te encargaste de manchar esos recuerdos. – Comenzó a llorar.- ¡Eres un bastardo, Potter y te destesto!

-Eras multimillonaria, no parecías muy acongojada por mi muerte. ¿Por qué no te pones en mi lugar? ¡Tú hubieras hecho lo mismo, estoy seguro! – increpó Harry. Su argumento yacía un tanto vacío.

-¡No me salgas con eso! – Lo señaló con el dedo acusadoramente y tomó la toalla para taparse, la cual se mojó toda ya que seguía dentro la bañera.- Mientras tú planeabas tu venganza, yo protegía a nuestra hija, ¿lo sabías? – Ginny quería hacerlo sentir mal, muy mal.- Y fue así que tuve que someterme a acostarme con Jean para que ella siguiera a mi lado.

Se hizo un silencio arrollador de unos minutos. Ginny volvió a interrumpirlo.

-Vete.

-¡No voy a irme!-dijo Harry. Su voz estaba quebrada. Bajó la cabeza.- Yo sé lo que Jean te hizo y… no estaba a tu lado, no pude protegerlas y… - derramó varias lágrimas. Era la primera vez que rompía su orgullo delante de ella. Volvió a levantar la cabeza y se miraron a los ojos. Tanto los de Ginny, como los verdes de Harry yacían empapados en un mar de desilusión.- Entiendo que ya… que he arruinado todo lo que sentías pero yo...

-No sirve de nada que te arrepientas. Vete por favor, quiero cambiarme. Y déjame sola, no necesito que me custodies las 24 horas.

Harry hizo caso omiso.

-Quiero hablarte de Charlotte. – En realidad sólo era una excusa para quedarse.- Ella quiere un hermanito, y su padre está dispuesto a complacer a la princesa

Harry consiguió lo que quería: Ginny se olvidó de echarlo.

-¿De que hablas Potter? – Se sorprendió ella, asustada de repente.- ¿Tú estás con alguien…? ¿Vas a tener un hijo con…?

-No, yo pensaba que para cumplirle el deseo a nuestra princesa…esperaba tu colaboración. No me mires así, tampoco se está pidiendo algo que no quieras.- Sonrió con suficiencia.

-¡Ya sabía yo que te estabas haciendo el vivo!

Ginny se enojó y sin darse cuenta, destapó sus pechos y para pegarle el cachetazo. Harry le retuvo la mano hábilmente.

-Sabía que harías eso, preciosa.- dijo con tanta seducción que Ginny se estremeció.

-¡Eres un chantajista!- lo increpó. El la besó y ella no opuso resistencia.- ¡Te odio!

-Yo, en cambio, te amo.- le dijo él.

La besó nuevamente, Ginny quiso intentar detenerlo, pero nada pudo evitar que Harry cayera en la bañera con ella. Comenzaron a besarse desaforadamente, la sed de uno se fundía en la sed del otro, el rincón donde por fin ambos dejarían de sufrir empezaba a ser construido, ambos soñaban con aquel momento en que sus pieles volvieran a fundirse. Ginny olvidó sus miedos, la piel de Harry la enloquecía como hacía 7 años atrás, ella solamente sentía que el tiempo no había pasado, era como si lo fuera perdonando en medio de cada una de sus caricias, como si se fuera borrando su muerte ficticia definitivamente. Comenzó a desnudarlo, el agua de la bañera empapó el mármol brillante de los azulejos del baño, volver a nacer se reprodujo nuevamente como por arte de magia, sin que nadie ayudara a ello.

Ese fue el día en que Harry y Ginny, por fin olvidaron sus rencores.

Al fin y al cabo, ambos se hacían sentir y se daban, lo que nadie les había dado en la vida.

*

La imagen de ambos haciendo el amor, se diluyó en una bola de cristal. Unas manos masculinas apretaron el vidrio, dejando marcadas las huellas digitales. El movimiento era brusco y la acariciaba conforme a un odio descomunal. La tiró contra un árbol y la bola de cristal se hizo añicos.

Las estrellas del bosque se reflejaron en los trozos de vidrio esparcidos por el pasto.