Disclaimer: los personajes son propiedad de la escritora J. K. Rowling y la historia le pertenece a Susan Elizabeth Phillips.

Capitulo final de la adaptación. Bueno en realidad, falta el epilogo.

Espero que hayan disfrutado mucho de esta adaptación y esperemos "leernos" pronto.

Este capitulo contiene escenas fuertes. El ultimo Lemmon de la historia.

Nos vemos.

Capitulo 25

Ron encontró a Hermione justo junto a la puerta del vestuario y después de asegurarse de que estaba ilesa, la condujo hacia la pequeña plataforma que se había colocado para las cámaras de televisión.

–He hablado con la policía. –Le dijo sobre el pandemónium que los rodeaba. –Hablaran contigo tan pronto como la ceremonia termine. Nunca he estado tan asustado en mi vida.

– ¿Está bien Pansy? –Los jugadores vaciaban botellas de champan, y Hermione evadió una ducha fría.

–Estaba muy preocupada, pero ahora está bien.

Cuando llegaron a la plataforma, Hermione vio a Oliver entrevistado por Ed Werder. Se había puesto una gorra de la SuperBowl sobre su mojado cabello y cuando Ron la ayudó a subir al lado de él, lo oyó evadir las preguntas de Ed sobre la segunda mitad diciendo que ofrecería una rueda de prensa tan pronto como el caos se haya calmado. No la miró, pero cuando se acercó, apoyó su mano suavemente sobre su cintura.

Ella evadió la ducha de champan sólo para empaparse en otra. Su pelo chorreaba sobre sus ojos y se lo apartaba de las mejillas con suavidad mientras el presidente de la NFL le entregaba el trofeo de campeones de la AFC. Estaba en medio de Oliver y Hermione y comenzó a hablar.

–En nombre de la…

–Discúlpeme un momento. –Hermione se dirigió a un lado del podio donde agarró la mano de Ron y lo arrastró al lado de Oliver y ella misma.

Oliver le dirigió una amplia sonrisa de aprobación, le arrebató una botella de espumoso champan a Neville Longbottom y la vacio sobre la cabeza de Ron. Mientras el presidente farfullaba, Hermione se rió y se volvió al oficial de NFL.

–Ahora puede continuar.

Él sonrió.

–En nombre de la NFL, es para mi un gran placer entregar el trofeo de campeones de la copa AFC a la propietaria del equipo Hermione Granger, al entrenador Oliver Wood y a todo el equipo de los Stars.

Los jugadores vitorearon como locos y soltaron otra rociada de champan. Hermione trató de hacer un corto discurso, pero sonaba tan ahogada que Ron tuvo que asumir el control. Ed, que seguía intentando obtener respuestas a sus preguntas sobre el extraño progreso del juego, empezó a entrevistar a Terry Boot, mientras Hermione pasaba el trofeo a Ron.

Oliver la agarró de la mano, la saco de la plataforma, y la condujo tras un grupo de jugadores para ocultarse de los medios de comunicación.

–Venga, ven. Sólo tenemos unos minutos.

La llevó cerca de las duchas, directo al fondo del vestuario, atravesaron una sala de entrenamiento y un vestíbulo. Lo siguiente que supo ella fue que la había metido en un pequeño almacén, sólo un poco más grande que un armario. Incluso antes de que cerrara la puerta tras ellos, la rodeó con un brazo y comenzó a besarla.

Se aferraron ferozmente el uno al otro; con los cuerpos húmedos y pegajosos de Gatorade y champan. Saboreando cada uno la boca del otro.

–No sabía si volveríamos a estar así otra vez. –murmuró él roncamente.

–Estaba tan asustada.

–Te amo tanto. Oh, Dios mío, te amo.

–Temía que no lo hicieras y no lo podía soportar. –Ella tembló en sus brazos. –Oh, Oliver, ha sido un día terrible.

–Y que lo digas.

–No sólo por el secuestro, sino... –Con un estremecimiento, le contó sobre su encuentro con Draco.

Ella podía sentir cómo sus músculos se ponían tensos mientras hablaban, y esperaba su explosión de furia. Cuando sólo le ofreció consuelo, todavía lo amó más por entender tan claramente lo que necesitaba de él.

–Lo siento –dijo, su voz estaba ronca por la emoción. –Lo siento tanto, nena.

Simplemente habérselo contado todo, hacia de cierta forma que fuera más tolerable. Ella profundizó sus caricias por el cuello mojado de su camisa.

–Desearía que pudiéramos quedarnos aquí dentro para siempre. –murmuró ella.

–Yo también. Todo lo que quiero hacer es llevarte a casa y hacer el amor contigo hasta que no nos podamos mover.

–La policía está esperándome…

–Yo también tengo que hablar con ellos. Y con la prensa.

–…y necesito ver a Pansy.

Él ahuecó su cara con las manos y tiernamente acarició sus mejillas.

– ¿Estarás bien?

–Estaré bien. Sólo quiero acabar de una vez con todo esto. Podemos encontrarnos en la fiesta de la victoria de Ron esta noche.

–No pienses que vas a estar demasiado tiempo allí. –Él le dio un último beso; cuando se detuvo, salieron al vestíbulo.

Dentro del armario todo estaba silencioso, entonces hubo un susurro en la esquina más lejana y oscura.

– ¿Zacharias? –La voz de la mujer era suave y femenina, pero claramente afligida. – ¿Has oído lo que dijo? ¿Sobre el tal Draco Malfoy?

–Lo oí.

Susan Bones, que creía firmemente en el juego limpio, estaba indignada.

– ¡Es una rata! No debería poder escaparse de pagar por algo así.

–Oh, no lo hará, nena. Conozco al entrenador y te puedo prometer que Malfoy pagará por lo que hizo.

–Me alegro. –Detuvo la mano errante de Zach, que había comenzado a acariciar u pecho sobre su blusa blanca de manera deliciosa, aunque altamente impropia. –No puedes hacer eso. Aún no estamos casados.

–Pero lo estaremos y entonces te tocaré en lugares que ni te imaginas.

–No he dicho que me casaré contigo. –Las palabras sonaron ligeramente amortiguadas porque estaba besándolo mientras hablaba. Abrazar a un jugador de futbol que era el más grande de su equipo era muy parecido a intentar abrazar a un tanque blindado. Pero aún no estaba preparada para dejarlo marchar. Tampoco era que estuviese dispuesta a dejarle saber cómo había crecido su amor por él. Zacharias estaba demasiado seguro de sí mismo para hacerlo.

–Susan, cariño, acabo de salir del campo. No he pasado por la ducha, pero has entrado sin vacilar en este armario conmigo. Si eso no es señal de que estás lista para el matrimonio, no sé lo que es.

–A lo mejor sólo siento lastima por ti.

Él se rio y le metió la mano bajo la falda. Su caricia fue tan exquisita que, durante un largo momento, la Señorita Susan Bones olvido sus principios. Fue por eso que pasó la punta de su lengua sobre el diamante de su diente delantero y se dijo a sí misma que Zacharias Smith iba a ser un marido estupendo.

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Dieron las ocho antes de que Oliver hubiera acabado con la policía, el comisario de la NFL y la prensa. La rueda de prensa larga y dramática había sido especialmente difícil para Hermione, pero lo había manejado como un soldado de caballería y la estaban poniendo de heroína en las noticias de la noche. A él no le gustaba nada que la prensa lo tratara de convertir en un héroe, pero sabia que historias como ésta morían de muerte natural después de unas semanas. Después sus vidas volverían a la normalidad.

Marcus Flint había sufrido un ataque al corazón y estaba en el hospital bajo custodia policial. Mientras miraba alrededor en el vestuario de entrenadores dónde finalmente había podido darse una ducha y ponerse ropa limpia, supo que no lamentaría si Flint no se recuperaba.

Rodos los demás habían salido hacia mucho tiempo con destino a la fiesta de celebración. Mientras se ponía en silencio la campera, estaba rendido hasta los huesos y sólo podía pensar en estar con Hermione. Pero tenía que hacer algo primero.

Salió al pasillo y comenzó a dirigirse hacia la salida pero se paró en seco cuando vio a Terry, Zacharias, Roger y Fred apoyados contra una de las paredes. Todos llevaban ropas de calle.

Él los miró con ansiedad.

–Los creía en la fiesta a estas horas.

–Preferimos esperarte. –Dijo Terry.

–Tengo algo que hacer antes. Los encontraré allí.

Fred se apartó su larguirucho cuerpo de la pared.

–A nosotros también nos importa Hermione.

– ¿De que demonios están hablando?

Zacharias dio un paso adelante.

–Mi novia y yo estábamos dentro del armario en el que se metieron Hermione y tú después del partido. No teníamos intención de oír lo que te contó sobre Draco Malfoy, pero lo hicimos. Se lo dije a mis compañeros de equipo aquí presentes.

Pasaron unos segundos largos y tensos mientras Oliver los estudiaba.

–Puedo ocuparme de Draco yo solo.

–Lo sabemos. Sólo vamos para dar apoyo moral.

Oliver comenzó a discutir, pero se calló cuándo se dio cuenta de que, en sus mentes, Hermione había sido hoy su compañera de equipo.

Veinte minutos más tarde, se detuvieron delante del camino de acceso a la casa de dos plantas de Draco. Oliver se alegró al ver que las luces estaban encendidas. Draco estaba en casa, no tendría que posponer nada.

Después de salir del coche, se metió los guantes en el bolsillo y miró a los hombres que venían con él.

–Draco es mío. No quiero que lo toque nadie más.

Fred inclinó la cabeza.

–Asegúrate de que lo rematas bien.

Draco abrió la puerta él mismo. Cuando vio a Oliver, se quedó perplejo, y luego sus ojos se abrieron con alarma cuando observó la pandilla que había detrás de él. Inmediatamente trató de cerrar la puerta de golpe, pero no fue lo suficientemente rápido y Oliver empujó con el hombro, lanzándolo para atrás.

El hombre chocó violentamente contra la pared del vestíbulo. Draco reculó por el pasillo hasta la sala de estar. Oliver podía oler su miedo.

– ¿Qué quieren? ¡Fuera de aquí!

Oliver avanzó.

–Creo que sabes lo que quiero. Si crees en algo, te sugiero que comiences a rezar.

– ¡No sé de qué hablas! ¿Te mintió Hermione sobre mí? Seguro que te contó alguna mentira…

Oliver le dio un primer puñetazo, un golpe duro sobre la mandíbula y Draco voló contra el sofá. Aulló de dolor y se puso de pie, jadeando con recelo.

–Vete de aquí, Wood. Voy a llamar a la policía. Voy a…

Roger serenamente arrancó el teléfono de la pared.

–Lastima, Malfoy. El teléfono no funciona.

– ¡Si me tocas, hare que te arresten!

– ¿Y como pretendes conseguir eso? –Fred se puso un palillo de dientes en la esquina de su boca. –Ahora mismo el entrenador está tomando una copa con nosotros cuatro en mi departamento. Si alguien dice otra cosa está mintiendo. ¿No es cierto?

–Eso mismo, Fred. –Zacharias se limpió los zapatos en una de las adamascadas sillas blancas.

– ¡Ustedes están chiflados! Son unos jodidos psicópatas.

–No somos psicópatas. –Dijo Oliver. –Lo único que pasa es que creemos que un cabrón como tú, tiene que recibir algún tipo de castigo por una violación.

– ¿Es eso lo que te ha dicho? ¡NO la violé! Miente. Ella quería. Ella…

El siguiente golpe de Oliver rompió la nariz de Draco, que comenzó a gemir echándose para atrás e intentando contener la sangre que caía por su cara.

–No fue culpa mía. –sollozo. –Estaba borracho. No significó nada.

Oliver dejó caer su campera sobre el respaldo del sofá.

–Cuando termine contigo esta noche, vas a estar realmente mal.

Draco trató de escapar.

– ¡No! ¡Aléjate de mí! ¡No me hagas daño!

Oliver se acercó a él de modo amenazador.

–Estarás realmente mal, pero a menos que no calcule bien, estarás todavía vivo. Si quieres seguir viviendo, no volverás a acercarte a Hermione en tu vida. Si la amenazas de cualquier manera, será mejor que te prepares para pasar el resto de tu vida en una silla de ruedas.

– ¡No!

Fue la última palabra que Draco pronunció antes de que Oliver terminara con él.

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Hermione no llegó a la fiesta de la victoria hasta las nueve. Su dura experiencia, junto con la larga rueda de prensa, la había agotado. Cuando ella finalmente llegó a casa, Pansy la había cuidado como una gallina a sus pollitos y había insistido en que se echara adormir un rato. Había estado tan exhausta que inmediatamente se había quedado dormida.

Varias horas más tarde, cuando se despertó y se espabiló, estaba tan ansiosa por ver a Oliver. Se duchó y charlo con Pansy mientras se vestía. Su hermana estaba aún algo inquieta por los acontecimientos de la tarde, pero se le había pasado cuando Hermione sugirió una fiesta de pijamas a última hora. Peg acepto quedarse a cuidar a Pansy y a sus amigas, y cuando Hermione salía, comenzaba a llegar las chicas.

El restaurante que Ron había reservado para esa noche tenía un interior acogedor y rustico, su decoración era a base de paredes enladrilladas y lámparas que en realidad eran cazuelas de cobre colgando del techo. Cuando entró, su pelo todavía estaba un poco húmedo por la ducha y se rizaba sobre su cabeza. La temperatura había descendido firmemente durante toda la tarde, lo que había hecho que se pusiera un jersey holgado de color fucsia que hacia que juego con la falda de lana suave y fluida. Con excepción de la abertura de la falda que llegaba por la mitad del muslo, su atavío era conservador pero el efecto se rompía por los pendientes de plata que colgaban de sus orejas.

Se acababa de sacar el saco cuando oyó que un grupo entraba en el restaurante justo detrás de ella. Se giró para ver entrar a Oliver, delante de Terry, Zacharias, Roger y Fred. En cuanto lo vio, todo en ella, se volvió cálido y suave.

–Creía que era la última en llegar. –Su voz sonó jadeante.

La expresión de Oliver era tan tierna que ella sintió un vuelco en el corazón.

–No pudimos escaparnos antes. Se quedaron en medio de la entrada mirándose el uno al otro mientras el resto de los hombres comenzaban a buscar a sus esposas y novias.

Fred tosió.

–Deberían respirar o algo así, para que nadie cuelgue un abrigo encima de uno de ustedes.

Oliver no apartó los ojos de Hermione.

– ¿No tienes alguna jugada que repasar, Prewett?

–Seguro, entrenador. –Riéndose entre dientes, los dejó solos.

Hermione podría haberlo mirado para siempre, pero tenía cosas que hacer. Oliver la tomó del brazo y la acompañó a la puerta.

–Media hora. Luego eres toda mía.

Se encontraron con Ron justo al otro lado de la puerta. Para sorpresa de Hermione, lo acompañaba Luna Lovegood y los saludó a ambos con una sonrisa acogedora.

Oliver ni siquiera trato de disimular el evidente placer que sintió al ver a Luna, atrayéndola inmediatamente a sus brazos para darle un abrazo de oso.

–Hola, cariño. ¿Cómo te trata Ron? ¿Se ha declarado ya?

Hermione intentó sentir celos, pero su afecto por Luna era tan fraternal y honesto que era imposible. Se percató de que él trataba a Luna igual que a Pansy y se preguntó cómo diablos se podía haber imaginado él que podrían haber sido un matrimonio feliz. Oliver podía ser uno de los hombres más inteligentes que conocía, pero era definitivamente estúpido sobre algunas cosas.

Ella se apiadó de Luna, cuyo rubor se había extendido desde su pelo rubio a cada una de sus mejillas.

–No lo dejes meterse contigo, Luna. Su idea de buenos modales es mortificar a todas las personas que le gustan.

–No la estaba mortificando. –Protestó Oliver. –Este es mi primer intento de casamentero y quiero saber que tal se me da.

–Pues te quedas con las ganas. –Dijo Ron suavemente. – ¿Por qué no te ocupas de tu propia vida amorosa y le consigues a Hermione una bebida? –Luna y él se sonrieron tímidamente y se marcharon.

Hermione se rió tontamente mientras Oliver conseguía una cerveza para él y un vaso de vino para ella de un camarero que pasaba, pero su sonrisa se desvaneció cuando ella vio sus nudillos llenos de arañazos y magulladuras.

– ¿Qué te pasó en la mano?

–Bueno…, esto…, –Se timó un sorbo de cerveza. –Me alegro de que Ron consiguiera mantener en secreto el lugar de la fiesta ante la prensa.

– ¿Oliver? ¿Qué te sucedió en la mano?

Él vaciló, y por un momento ella pensó que no le iba a contestar, pero entonces apartó con suavidad un rizo de su mejilla.

–Fui a ver a Draco. Nosotros dos necesitábamos dejar claras unas cuantas cosas por lo que te hizo.

Sus ojos le recorrieron, pero aparte de las manos, no parecía tener ningún tipo de daño.

– ¿Qué hiciste?

–Digamos que practiqué un poco de justicia fronteriza. No te molestará otra vez, cariño.

Hermione quiso preguntarle, pero al mismo tiempo, la expresión reservada de su cara le dijo que no conseguiría nada más. Decidió que de todas maneras, no estaba tan ansiosa por saber los detalles.

Zacharias se acercó y les presentó a su nueva novia. A Hermione le gustó enseguida Susan Bones y los felicitó. Otros jugadores se acercaron con sus esposas y Oliver y ella se separaron. Se movió de un grupo a otro, saludando a todo el mundo y divisando ocasionalmente a Oliver mientras hacia lo mismo.

Ella conversaba con Fred y un par de espectaculares pelirrojas que colgaban de sus brazos cuando oyó que alguien gritaba.

– ¡Silencio, chicos! ¡Silencio!

Todos se quedaron sorprendidos al ver que la dominante voz provenía de Ron y se quedaron en silencio. Estaba de pie en un extremo de la habitación con un teléfono en la mano y con la otra mano tapando la boquilla.

– ¡Hermione! –Le tendió el teléfono. – ¡Hermione, es para ti!

Ella lo miró preguntando quien era sin palabras.

– ¡Es el presidente! –Dijo las palabras con un grito que se debía haber oído hasta el aparcamiento.

Ella había hablado con el presidente de la NFL algunas horas antes y no entendía por qué Ron estaba tan agitado.

–Creía que ya nos habíamos dicho todo.

– ¡El Presidente! ¡De los Estados Unidos! Llama para felicitarte.

Ella tragó saliva. Pasó la mano por el cuello de su jersey. Los jugadores se rieron y se callaron cuando se acercó para coger el teléfono.

La voz de una mujer dijo: –Señorita Granger, ahora se pone el presidente.

Justo entonces alguien golpeó ligeramente su hombro. Vio a Oliver de pie a su lado, una sonrisa del tamaño de una cancha de futbol extendiéndose por toda su cara.

Ahora, Hermione.

Ella lo miró sin entender.

– ¿Qué?

Ahora.

El significado penetró lentamente en su cerebro y clavó los ojos en él con incredulidad. ¡Acababa de decir ahora! Puso la mano sobre el receptor.

– ¡Oliver, es el Presidente! No puedo…

Él cruzó los brazos sobre su pecho con una expresión insoportablemente arrogante. Ella se dio cuenta de que él había estado esperando un momento así. ¡Que rata! La había hecho caer en la trampa, y ahora se iba a pasar el resto de sus vidas metiéndose en ella despiadadamente porque no se había atrevido a aceptar el desafío. ¡Deportista arrogante e irritante! definitivamente, alguien tenía que pararle los pies.

La voz del Presidente surgió del teléfono.

– ¡Felicidades, Señorita Granger! Fue un partido asombroso…

–Perdone un momento, señor –tragó saliva –tengo a la Señorita Granger aquí mismo. –Le dio el teléfono a una asombrada Luna Lovegood.

Oliver no aguantó la carcajada. Ella lo agarró y lo arrastró entre la gente. En cuanto llegaron a la puerta le dijo:

–Será mejor que valga la pena, semental.

Al fondo, Luna Lovegood, después de la sorpresa inicial, se había puesto rápidamente a la altura de las circunstancias. Para asombro de Ron, ella decía: –Ahora estoy muy bien, Sr. Presidente. Sí, realmente emocionante. De paso, señor, le diré que los Stars comparten su preocupación sobre la financiación adecuada para las guarderías…

– ¿Semental? –Oliver cogió una curva de la autopista. – ¡Me has llamado semental!

Hermione todavía trataba de normalizar su respiración.

–Este juego lo podemos jugar los dos, entrenador. No te sorprendas si te pierdes los minutos finales de la SuperBowl.

–No podrías…

–Podría.

Él la miró y sonrió.

–Hablando de la SuperBowl. ¿Te casarás conmigo en cuanto puedas?

– ¿En San Valentín?

–Falta demasiado.

– ¿El día de la Marmota (1)?

–De acuerdo. –El Ferrari cogió el scalextrix encima de Tollway. –Sabes que necesitamos hablar sobre algunas cosas antes de casarnos.

–No me voy a deshacer de Croock.

–Ves, ya quieres discutir. El matrimonio significa llegar a acuerdos.

–No he dicho que no llegaría a un acuerdo. Te prometo quitarle los lazos si la sacas tú.

–Eres todo corazón.

La sonrisa de Hermione se esfumó.

–También quiero tener niños. Siempre quise. Sólo necesitaba saber que me amabas.

–Espero que lo tengas claro a estas alturas. Nunca amé a nadie en mi vida de la forma que te amo a ti. Quiero tener niños, pero no tanto como te quiero a ti.

–Me alegro. –Se cogió el labio entre los dientes y enseguida lo soltó. –No quiero que Pansy se vaya a ningún sitio. Quiero que se quede con nosotros.

Él la miró.

–Por supuesto que va a quedarse con nosotros. ¿Dónde iría si no?

–Pensé que a lo mejor querrías tener privacidad.

–Una vez que cerremos la puerta del dormitorio, tendremos un montón de privacidad. Realmente, cuando mencioné que había cosas que necesitábamos hablar me refería a los Stars.

–Sé que no te casarás conmigo por los Stars. Nunca debería haberlo dicho. Estaba muy enfadada.

–Me alegro de que te dieras cuenta. Pero a pesar de todo, todavía tenemos un problema. Históricamente siempre han sido las mujeres las que se han casado con el jefe. En cuanto tenían el anillo en el dedo, dejaron sus trabajos y se quedaron en casa. Ninguno de nosotros quiere que tú hagas eso, pero tengo que decirte que no estoy demasiado cómodo con la idea de pasarme el resto de mi vida durmiendo con alguien que me pueda despedir si no echo a lavar la ropa interior.

Ella reprimió una sonrisa.

–Entiendo tu problema, pero no pienso dejar el equipo sólo para que tú puedas ser un dejado.

–La verdad es que no esperaba que lo hicieras.

–Es un nuevo orden mundial. Y los hombres van a tener que aprender a manejarlo.

–Estás disfrutando, ¿verdad?

–Estoy ligeramente divertida.

A pesar de su guasa, ella ya había estado pensando como podría compaginar las enormes demandas de ser la propietaria de los Stars con el matrimonio y los niños que esperaba tener.

–De hecho, ya tengo algunas ideas sobre este tema. No lo tengo completamente pensado, pero cuando lo tenga, serás el primero con el que hablaré sobre ello.

–Entonces será mejor que sepas que no planeo entrenar a los Stars el resto de mi vida.

– ¡Oliver, no puedes entrenar otro equipo! Seria una situación imposible.

–Y no lo voy a hacer. Pero ya sabes como es esta vida durante la temporada. Quiero estar cerca de ti y de nuestros hijos, y llevo mucho tiempo acariciando esta idea. Decidí hace mucho que el día que me despierte y no sepa donde está mi esposa y lo que les gusta a mis hijos, será el día deje de entrenar a un equipo profesional. Buscaré una universidad de tercera división cerca de aquí y será donde desarrolle el resto de mi carrera como entrenador.

– ¿Tercera división? No sé lo que es eso.

–Son universidades pequeñas. No ofrecen becas deportivas, y los equipos profesionales nunca se fijan en ellas. Los chicos no son los mejores, ni los más rápidos, ni hay ningún tipo de comisión en la mesa. Sólo juegan al futbol por una razón, porque les gusta jugar. Así que mientras tú sigues viajando y tratando con todos los equipos profesionales, yo voy a encontrar un trabajo en un pequeño campus universitario y a recordar por qué empecé a jugar.

–Suena genial.

Él cambió de marcha.

–Esa bufanda que llevas al cuello bajo el abrigo. ¿Podrías vendarte los ojos con ella?

– ¿Qué?

Ahora.

–Oh, por el amor de Dios. –Sacó la bufanda por el cuello del abrigo, y la ató alrededor de sus ojos. – ¡Esto es ridículo! No planearás algo raro, ¿no?

Hubo un largo silencio.

– ¿Oliver?

–Bueno, supongo que todo depende de lo conservadora que sea tu manera de verlo.

–Dijiste que pasabas de todo eso. Que querías una maravillosa y corriente vida sexual.

–Ajá.

–No suenas demasiado convencido.

–Mira, es así. Después de ver como ha sido mi vida, probablemente sería más conveniente que vaya dejando gradualmente. Así no será un impacto demasiado grande. Y lo que vamos a hacer, es algo en lo que llevo pensando mucho tiempo.

–Me estás poniendo nerviosa.

–Va a ser genial, cariño. Realmente genial. –Luego comenzó la más sucia y dulce conversación que había oído en su vida hasta que estuvo tan caliente que tuvo que desabotonarse el abrigo. Pero él aún no le había dicho dónde la llevaba.

Cuando finalmente detuvo el coche, se dio cuenta de que su monologo la había distraído tanto que se olvido de fijarse por donde habían ido. ¿Crujían las ruedas sobre la grava? Escuchó con atención, pero aunque no se oían ruidos de tráfico, no estaba segura de si había conducido hacia su casa.

–Vas a tener que esperar aquí durante un par de minutos mientras preparo algunas cosas. Vengo enseguida, así que no te pongas nerviosa. –Sus labios rozaron los de ella. –Prométeme que no lo estropearas echando un vistazo a escondidas. Eso seria una señal de que no confías en mí. ¿Te imaginas que tipo de matrimonio tendríamos entonces?

–Te estás pasando un montón. Lo sabes, ¿no?

–Lo sé, querida. –Le mordió el labio inferior. –Mientras esperas, por qué no recuerdas todas esas cosas que te dije que te iba a hacer. Así no te aburrirás. –Su risa ahogada fue definitivamente diabólica cuando metió la mano bajo el vestido y le apretó el muslo; luego abrió la puerta.

Fue una autentica faena que se lo dijera, porque una vez que le había insinuado la idea, no podía pensar en nada más. Cuando él regresó al coche, ella se estremecía de anticipación sexual.

Ella sintió una corriente de aire frío cuando él abrió la puerta.

–Ya está todo listo. Ahora, te voy a llevar. –Metió la mano bajo sus rodillas para inmediatamente detenerse. –Hermione, cariño, todavía llevas puesta la ropa interior. Recuerdo claramente que te dije que quería que estuvieras cuando regresase.

–No lo hiciste.

–Estoy seguro que lo hice. Supongo que tendré que hacerlo yo mismo. –Deslizando sus manos bajo el vestido, le sacó las pantis y las bragas.

–Me voy a congelar. Ni siquiera estamos a cero grados.

–No creo que tengas que preocuparte demasiado sobre congelarte. ¿De donde has sacado estas bragas?

–Las compré.

–Si no son más que dos tiras y un trozo de tela. ¿Has dejado esa ropa interior tan espantosa sólo por mí?

–Sólo por ti.

–Eres tan dulce, cariño, no sabes como me gusta. Ahora desliza otra vez los pies en los zapatos. Me encantan tus piernas con tacones. –En cuanto hizo lo que le dijo, la cogió bajo las rodillas y la sacó del auto. Su falda se levantó y el aire frío rozó su trasero desnudo, que estaba al descubierto par que todo el mundo lo viera.

–Por favor, dime que no hay nadie por ahí.

–Sólo una docena de personas, amorcito. Pero están demasiado ocupadas ajustando los carburadores de sus motocicletas para mirarte.

Ella enterró la cara en su cuello y se rió. Él era escandaloso e imposible, y estaba pasándolo como nunca en su vida. ¿Pero dónde la estaba llevando?

Él cambió su peso en los brazos y abrió algún tipo de puerta. Ella sintió que el aire era más caliente en su trasero cuando entraron.

– ¿Tienes la venda de los ojos bien apretada?

–Ajá.

–Bien. No prestes atención si oyes ruidos extraños.

– ¿Qué tipos de ruidos?

–Risas de borrachos. Vasos rompiendo. Altavoces. Ese tipo de cosas.

–Ni siquiera les dedicaré un pensamiento.

–Y si alguien llamado Bubba te pregunta que haces aquí, le dices que estás conmigo.

–Eso haré.

Él empezó a besarla, y cuando dejó de caminar, ella se percato que él otra vez la había distraído hasta tal punto que no tenía la menor idea de lo que habían hecho. ¿Habían recorrido una distancia larga o corta? Él no tenía la respiración alterada, pero estaba en buena forma física, así que no significaba nada. No podía estar segura de si habían subido escaleras o si estaban al mismo nivel.

–Ahora voy a ponerte de pie. No quiero que estés cerca de la barra. Por si acaso comienza una pelea…

– ¿No puedo quitarme la venda de los ojos aún?

–Me temo que no, cariño. Todavía tienes la ropa puesta.

– ¿Tengo que quitarme la ropa?

–Lo siento, querida. Pensaba que te imaginarias lo que iba a pasar. –Él le quitó el abrigo. –Sin embargo, no te preocupes. Te ayudaré. –Que caballeroso eres.

Él le quitó los pendientes, le pasó el jersey por la cabeza y lo dejó caer.

–Hermione, cariño, no quiero que te avergüences pero, ¿sabes que puedo ver todo de esta tela?

– ¿Puedes?

–Me temo que sí. Eso significa que vas a tener que estar así quieta un momento.

A través de la delgada seda del encaje de su sujetador, ella sintió su boca sobre el pezón. La succión húmeda y caliente envió riadas de excitación que recorrieron su cuerpo. Su sensual tortura continuó cuando movió su boca al otro pecho, mientras el pezón que él había abandonado se endureció como un guijarro bajo el lugar húmedo y moderadamente frío que él había dejado en la seda. Sus rodillas se debilitaron y lo deseó con tal ansia dentro de ella que tuvo que aferrase a sus hombros.

–Por favor… Me estás volviendo loca.

–Shhh. Acabamos de empezar, y, francamente, esperaba un poco más de resistencia de tu parte. Tal vez podrías recitar algunos promedios de bateos o algo…

Ella rió y luego se quedó sin aliento cuando él suavemente la pellizco con los dientes. Un momento más tarde, le quitó el sujetador y ella se quedó desnuda de la cintura para arriba.

–Eres una mujer muy hermosa, cariño. ¿No es cierto, chicos?

Él definitivamente necesitaba que lo pusieran en su lugar. Ella comenzó a levantar sus brazos para quitarse la venda de sus ojos, pero él atrapó sus muñecas y las mantuvo a los lados.

–Todavía no, cariño. Estoy realmente hambriento…

Soltándola, ahuecó sus pechos en las palmas de sus manos. Otra vez, él comenzó a deleitarse en sus pezones, pero esta vez, ni siquiera la fina barrera de seda la protegía. Él succionó hasta que ella emitió suaves y entrecortados gemidos.

Ella extendió la mano, desesperada por tocarlo. En algún momento él se había sacado su propio abrigo, y ella metió sus manos bajo su suéter, deslizándolas a través del vello de su pecho para acariciar sus tetillas.

Él gimió. Ella sintió su roce en la cintura, y luego la caricia suave de la lana cuando su falda cayó. Él habló con voz ronca.

–No quiero asustarte, cielo, así que mejor te voy a explicar lo que vamos a hacer.

Ella no estaba ni remotamente asustada y él lo sabia, pero decidió que sería maleducada si lo interrumpía.

–He hecho una cama para nosotros con nuestros abrigos, y voy a acostarte en ella. Así. Ahora inclínate. Bien; realmente bien. Querida, no recuerdo haberte dicho que podías cerrar las piernas. Ajá, ahora sube esa rodilla para que pueda disfrutar de la vista. –Sus dedos encontraron la piel sensible del interior de su muslo.

– ¿No puedo quitarme la venda de los ojos aún?

–Oh, creo que no. No tendría ningún sentido que te enfadases antes de que hubiese acabado contigo.

Ella iba definitivamente a hacer que pagara por eso. Pero no hasta que hubiera gozado cada segundo de esa seducción exquisita y excitante.

Ella oyó el susurro de las ropas de Oliver mientras se las sacaba, y su corazón se inflo de amor. Seis mese atrás, no hubiera podido imaginar que confiaría en cualquier hombre lo suficiente como para dejar que le hiciera esto y mucho menos uno con la fuerza física de Oliver. Pero ahora estaba allí, desnuda y accesible para él. Aunque no tenia ni idea de a donde la había llevado, nunca se había sentido más segura y se dio cuenta de que, junto con su amor, él había dado la posibilidad de vivir sin temor.

Él se bajo al lado de ella en la cama de abrigos y la atrajo entre sus brazos.

–Voy a volver a besarte. Si te aburres, le puedo pedir a la banda musical que toque algo…

–Definitivamente, no me estoy aburriendo.

Ella aspiró su perfume limpio y tocó su hombro con la punta de la lengua. Se le tensaron los músculos y ella sintió su deseo pulsando duramente contra su muslo. Su boca se cerró sobre la de ella. Sus lenguas se unieron y todo lo demás abandonó su mente hasta que sólo percibió las sensaciones. El sonido de sus gemidos, la humedad de su piel mientras se apretaba contra él para darle placer. Su boca viajó desde sus pechos hasta su cintura. Él besó el interior de sus muslos, luego la abrió para saborearla profundamente.

Ella no tenía ni idea de cuándo perdió la venda de los ojos. No sabía si se había soltado o la había quitado uno de los dos. Oyó el rugido de su sangre, el éxtasis que la unía a este hombre que tanto amaba, la pasión de sus palabras de amor cuando entró profundamente en su cuerpo.

–Toda mi vida…

–Lo sé, cariño…

–Para siempre…

–Oh, sí. Para siempre.

Se juraron su amor con palabras y cuerpos, luego lloraron juntos cuando su amor fluyó caliente y exquisito de un corazón a otro.

Cuando había terminado, la sostuvo contra él como si nunca pudiera dejarla ir. Su voz era ronca de la emoción.

–Eres el sol y la luna para mí. Te quiero tanto. He estado sólo sin ti durante toda mi vida.

Las lágrimas se escaparon por las esquinas de sus ojos.

–Eres el hombre más maravilloso del mundo entero.

Ella lo sentía sonreír contra su frente.

– ¿No estás enfadada?

–Quise que olvidaras los malos recuerdos, cielo. Quise que tuvieras uno realmente bueno.

No tenía ni idea de qué estaba hablando, y estaba demasiado somnolienta para preguntarle. Suspirando con satisfacción, presionó la mejilla contra su cuello y abrió los ojos. Sintió el lento latido de su corazón, las estrellas brillaban intermitentemente en el cielo encima de ella, el enrejado de acero flotaba en las alturas.

Levantó la cabeza rápidamente.

– ¿Pasa algo, amor?

– ¡Oh, Dios mío!

Estaban totalmente desnudos sobre la línea de cincuenta yardas en el mismísimo centro del MIdwest Sports Dome.

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Nota: (1): Día de la Marmota: Grounhog. Dos de febrero.

Bueno este es el final del libro. En realidad todavía falta el epilogo de la historia.

Como podrán ver Draco pago sus culpas y Oliver y Hermione están juntos (por fin, en serio. Ya era hora) Luna termino con Ron y Zach con Susan.

Gracias a todas por dedicar un momento a leer esta adaptación, que me gusto tanto hacer.

Espero que lo disfruten y espero que nos leamos de nuevo

PD: Felices Fiestas para todos. Espero que hayan pasado muy bien Navidad y que disfruten de estos últimos días del 2011. Nos espera un nuevo año.

Besos.