Vigésimo Quinta Misión
Feliz Cumpleaños… Mi Amor
Era su cumpleaños…
Generalmente no lo disfrutaba demasiado, ni siquiera cuando sus padres aun vivían, porque simplemente no se dejaba llevar por las fiestas tradicionales que incluían recibir muchas felicitaciones o muchos regalos.
Prefería recibir aplausos arriba de un escenario a que le festejaran algo por hacer nada…
Pero ahí estaba, con su rubia preferida pasando de la manera más tranquila su cumpleaños.
Quinn se había empeñado en levantarla a las 8 a.m para ir a desayunar afuera en el mismo lugar donde habían comido Waffles la última vez. Quinn devoraba su segunda porción de Waffles mientras ella se tomaba un chocolate caliente, el mismo que Quinn le robaba de vez en cuando al haberse acabado el suyo, y un Cheescake.
-¿No me vas a decir donde vamos a ir? – Quinn la miró y le sonrió pícaramente para después negar con la cabeza.
-Es un secreto.
-¿Incluye comida? – preguntó ignorando lo último.
-No te lo diré Rae.
-Incluye… ¿muchas personas, o pocas personas?
-No lo sé, depende de… -se detuvo y miro con los ojos entrecerrados a su novia haciéndola reír – No te diré nada de nada Rachel.
-¿Hay que pagar una entrada? – seguía molestando a Quinn.
Quinn se le quedo mirando frunciendo la frente.
-No me mires así cariño, estoy bromeando – le dijo a su chica enviándole un besito por el aire.
-No se guardar secretos – le confesó Quinn resoplando – por eso no me tienes que insistir mucho, es importante que no sepas nada – Casi se derritió en su asiento cuando escucho esas palabras, ¿podía ser más tierna?
-Awww, lo siento cariño, no más preguntas – le prometió.
-¿Vas a terminarte el chocolate? – le levantó una ceja, ¿Qué si se lo iba a terminar? Había estado a punto de llevárselo a la boca cuando escuchó esa pregunta.
-¿Quieres tomar? – le ofreció extendiéndoselo.
-Sí.
La rubia recibió el tazón y se tragó todo el contenido que quedaba.
-Me lo acabé – confesó con un bigote de crema y soltando un hipo por tragar el liquido con tanta rapidez.
-Eso note – respondió Rachel cruzándose de brazos haciéndose la enojada.
-Pero… puedo comprar otro – dijo la rubia volteando rápidamente para llamar a alguna camarera – ¡Señorita, otro chocolate caliente por favor!
Rachel ya ni siquiera se sonrojó al sentir todas las miradas, era siempre lo mismo con Quinn, cada vez que quería algo buscaba a una camarera y pedía lo que quería aunque esta estuviera al otro lado de la habitación.
Hasta algo gracioso le parecía en ese momento.
-Para llevar – le dijo a Quinn, esta volteo a verla extrañada – llevamos una hora acá amor, podríamos ir a pasear – Quinn asintió y volteo nuevamente.
-¡Señorita! ¡El chocolate caliente para llevar, y me trae la cuenta por favor! – la camarera la miró como si estuviera loca y se fue rápidamente atrás del mesón a hacer su pedido antes de que siguiera gritando.
-Listo – dijo la rubia sonriendo.
Salieron de la cafetería con un vaso de chocolate caliente tamaño jumbo y las manos entrelazadas.
Era el escenario perfecto para ese invierno, la nieve hacia maravillas de las calles de Nueva York haciendo que todo pareciera más limpio, más suave y porqué no, mas inocente. Las personas se aglomeraban en la entrada de las tiendas para hacer compras adelantadas de navidad, los niños jugaban con la nieve de los parques, persiguiéndose y aventándose bolas de nieve, luces de colores iluminaban cada farol que había cada cuatro metros incluso durante el día, y lo mejor de todo, Quinn estaba a su lado.
Estuvieron caminando durante media hora y Quinn tuvo que a ir a un restaurant y pedir usar el baño para descargar todo el liquido que había tomado, siguieron caminando y llegaron al fin donde Quinn la iba a llevar desde un principio.
-"Museo interactivo de la ciencia entretenida" – leyó Rachel, miro a Quinn tratando de descifrar cual fue su intensión al llevarla hasta ese… "entretenido" lugar, pero esta parecía demasiado excitada y daba saltitos mirando feliz la puerta del museo.
Ok, no es que fuera una amargada, pero eso definitivamente no iba con su estilo.
-Es genial, ¿verdad? – le pregunto Quinn mordiéndose el labio inferior.
-Es… increíble bebe – mintió - ¿Cómo te enteraste de esto?
-Con Puck solíamos venir – Ahí estaba, el idiota de Puck arruinándola aun cuando no estaba presente – Siempre nos sacaban porque Puck terminaba rompiendo algo – reía Quinn.
No iba a herir a Quinn ahora que estaban ahí, solo quedaba tragarse su poco entusiasmo y hacer lo posible para aguantar las anécdotas de Quinn haciendo esto y esto otro con Puck.
Entraron sin problemas y tal como lo supuso, estaba lleno de niños corriendo por todo lados, lamentó su suerte durante cinco minutos, los mismos cinco minutos que tardo Quinn en explicarle cómo funcionaba todo, por donde comenzaba el recorrido y los sectores que dividían en habitaciones al museo, cada un sector representaba una rama de la ciencia; Biología, física, química, astronomía, geología y matemáticas. Y la segunda parte del museo, se dividía en Ciencias Sociales, en las cuales se enseñaba a los niños a través de juegos como funcionaba una sociedad y como lo había hecho a través de la historia.
-Entonces tenemos que empezar por la biología, porque es la rama más linda e importante – sonrió enternecida por la seriedad con la que hablaba Quinn, no podía enojarse con su amor – charles Darwin decía "El amor por todas las criaturas vivientes es el más noble atributo del hombre".
-Debe haber sido muy sabio.
-¡Lo sé! Algún día voy a viajar para hacer el mismo recorrido que él hizo por América –aseguró decidida – tú podrías ir conmigo, así mientras yo escribo tu me cantas, para inspirarme.
-¿Solo voy a estar cantando? – le preguntó Rachel sorprendida – no puedo estar cantando todo el día bebe, creo que puedo ser más útil que eso.
-¿Qué mas puedes hacer? – le pregunto sin mala intención.
Rachel la miro boquiabierta – ¡Quinn! Se hacer mucho más que cantar – rio incrédula – Cuando estaba en la escuela secundaria tenía el mejor promedio de todo el instituto – Quinn se detuvo en ese instante haciéndola detenerse también.
-¿Las mejores? – Preguntó frunciendo el ceño – ¿de todos todos?
Rachel rio divertida – si amor, tenía un par de trofeos por ganar en el Club de Debate y el de Ciencias Políticas – Quinn la miró contrariada, no sabía nada de eso, hasta donde ella sabía, Rachel era una excelente cantante y eso es lo que había hecho desde siempre, cantar, solo cantar y mas cantar.
-¿Creíste que solo era buena para cantar? – abrazó a la rubia por la cintura, sin importarle la cantidad de personas que había alrededor, de todos modos el mundo había cambiado lo suficiente para aceptar a dos mujeres abrazándose.
-Se que eres inteligente, pero no creí que podías hacer esas cosas – la rubia se encogió de hombros y miró al suelo perdida en sus pensamientos.
Algo le pasaba, algo había causado esa declaración en ella y no conseguía comprender del todo que había sido.
-Amor, ¿qué tienes? – le susurró buscando su mirada.
Quinn negó con la cabeza pero no la levantó para mirarla.
-Quinn, cielo, no puedo saber qué pasa si no me lo dices, ¿dije algo malo? – acarició el cabello de la rubia y la vio cerrar los ojos.
-Es… - se acercó un poco para escucharla mejor – yo también era la mejor – dijo al fin levantando la cabeza – pero nunca me dieron un trofeo – soltó algo enfadada.
Rachel tuvo que morderse el labio para reprimir la risa, estaba lidiando con una niña pequeña – ¿Ni uno solito? –le preguntó divertida sonriendo a más no poder, Quinn la miro unos segundos seriamente pero al fin soltó una sonrisa casi tan grande como la de Rachel.
Negó con la cabeza alocando su cabello
-Vamos a tener que arreglar eso, un día de estos voy a probar tus conocimientos sobre Charles Darwin y vas a tener una agradable recompensa – le guiño un ojo a la rubia y esta la miró con entusiasmo.
-¿Un trofeo? – preguntó inocentemente.
-Algo mucho mejor – le dijo coquetamente, se acercó a Quinn y movió su cabello para susurrarle algo al oído, con cada palabra Quinn se iba sonrojando cada vez más, ese iba a ser el mejor premio del mundo, e iba a tener que estudiar mucho.
Rachel se alejo unos centímetros y observo su obra maestra, Quinn estaba de todas las tonalidades de rojos posibles, miro alrededor y se alegro de que todos estuvieran demasiado ocupados jugando como para notar lo que ahí pasaba. Miro hacia abajo para ver si había conseguido algún efecto no deseado y sonrió conforme cuando no vio nada que destacar, solo entonces se separó de Quinn, quien aun se mantenía en shock. Se dirigió caminando tranquilamente a Biología. Quizás no había sido tan mala idea ir a ese Museo después de todo, cosas buenas podía sacar de cada una de las ciencias.
Había sido alucinante, nunca creyó que un lugar lleno de niños y adolescentes pudiera volver a ser tan divertido
Al principio había estado un poco reticente a participar en cualquier actividad, pero cuando vio a los padres comportarse como sus propios hijos tuvo que soltarse un poco. Quinn la llevaba a rastras a cualquier cosa que tuviera muchos colores, y siempre esas terminaban siendo las mejores atracciones, aunque sus preferidas fueron las burbujas que te cubrían el cuerpo por completo, la habitación a oscuras en las que recibió más de algún susto haciéndola gritar provocando que todos rieran, un robot que avanzaba solo si alguien movía los cables correctos de su funcionamiento, el clásico cuarto de mil espejos, y cosas que Quinn nunca había visto por qué eran nuevas atracciones, como un laser con el que podrías escribir tu nombre en la pared, hologramas de animales prehistóricos que se movían alrededor de ti, un cuarto en el que las paredes eran toda la vía láctea moviéndose alrededor, incluso a veces lluvias de asteroides se paseaban causando un gran ruido.
Fue increíble.
Sin darse cuenta habían pasado cuatro horas allí dentro hasta que por fin se aburrieron y salieron con iguales sonrisas en sus rostros.
-Ahora vamos a comer algo, y después nos vamos a casa – dijo Quinn como si estuviera recordando los pasos que había planeado para ese día.
-Creí que íbamos a estar todo el día fuera – comentó Rachel mirando a otro lado, por supuesto ella sabía lo que la esperaba en casa.
-S-sí, pero… me llamo Santana – mintió – me pidió que fuéramos ya.
-Quinn, tú no tienes celular, como te pudo haber llamado… - se divirtió un rato mas viendo palidecer a su tierna rubia – olvídalo amor, te creo, vamos a comer algo y después nos vamos, de todos modos ya me duelen los pies de tanto caminar – abrazó a Quinn por la cintura y sintió el suspiro de alivio que soltó la rubia, era muy fácil hacerla caer en sus bromas.
Siguieron caminando por las calles de Queens hasta encontrar cierto lugar para comer que se acomodara al vegetarianismo de Rachel y al estomago sin fondo de Quinn, y lo encontraron en un lugar llamado BRANDY.
Tardaron una hora más en comer, una ensalada para Rachel y una hamburguesa con papas fritas para Quinn, y tuvo que sacar a rastras a Quinn de ese lugar para que no siguiera comiendo, parecía que el menú completo de BRANDY había enamorado a la rubia, incitándola a pedir por lo menos tres platos más para llevar.
Cuando dieron las cinco ellas ya estaban de regreso en su hogar, parecía haber estado todo muy bien calculado para que estuvieran ahí a esa hora tan exacta, y Rachel intuía que había sido así.
-Oh-oh, parece que las luces no encienden – Rachel casi se parte de risa al escuchar la voz de Quinn.
Definitivamente alguien le había dicho todo lo que tenía que hacer, y su obediente rubia seguía todo al pie de la letra pero era muy mala actuando, parecía un robot.
-Tendremos que buscar otro interruptor – siguió relatando Quinn sacándose el sudor de la frente mientras caminaban, parecía estar haciendo todo un esfuerzo para que todo saliera bien – Aquí hay otro – le mostró el siguiente interruptor como si ella no conociera el almacén – Oh no, este… tampoco enciende – Rachel se mordió el labio inferior con una sonrisa y asintió pacientemente.
-Busquemos otro bebe, seguro en el salón principal…
-No, es que… aquí hay otro – Quinn intentó con el siguiente pero nada sucedió - tendremos que ir al salón principal – Rachel rodó los ojos y la siguió abrazándola por la espalda.
-Ahí hay otro – le dijo Rachel a Quinn, escuchaba algunos susurros a lo lejos, todos parecían estarse divirtiendo por lo que estaba a punto de suceder. Quinn movió el interruptor y casi se cae cuando las luces se encendieron y todos saltaron de sus diferentes escondites para gritar "¡SORPRESA!".
Parecía más sorprendida que la misma cumpleañera, quien sonreía complacida por lo que habían preparado todos sus amigos.
Estos se acercaron uno a uno; Blaine, Kurt, Finn, Sam, Santana, Mercedes, Britt, Artie, Tina, Mike y hasta la mismísima Sugar. Recibió las felicitaciones de todos por primera vez, ya que no habían tenido tiempo de saludarla en la mañana por lo temprano que había salido con Quinn.
-Chicos, no sé qué decir, esto es… - por primera vez notaba en su totalidad la decoración que habían hecho en la sala principal, había adornos y globos de colores por todos lados, y en el centro una gran mesa, la misma que pertenecía al taller y que había sido llevada hasta ahí para acomodar un coctel que tenía una pinta deliciosa, colores exóticos y un olor que le hacía volver a tener un poco de hambre – Es increíble – terminó de decir con la voz cargada en emoción.
A pesar de no haberse sorprendido, la felicidad de tener a su alrededor tantas personas que se preocuparan por ella la hacía sentir una opresión en el pecho solo de felicidad, como si su corazón no tuviera más espacio para albergar todo el sentimiento – Gracias chicos, esto es demasiado para una sola persona – rió tímidamente.
-No eres solo una persona, creo que te lo mereces Rach, eres nuestra amiga. – le dijo Blaine con sinceridad, todos asintieron igual de emocionados.
-¿Dónde está Puck? – interrumpió Quinn mirando alrededor, todos la miraron tan mal que tuvo que retroceder un paso de la incomodidad que sintió.
Rachel se apresuro a arreglar el momento – tal vez está en la cocina amor – Quinn asintió y se apresuró a correr a la cocina – No sean duros con ella, es muy sensible – pidió Rachel al resto cuando Quinn se alejó lo suficiente.
-Pffff, El idiota de Puck comenzó a reventar los globos como si ese fuera el propósito de inflarlos todos, casi golpea a Sam porque le pisó el pie de casualidad y a Mercedes se le quedo la mano pegada a la mesa porque el estúpido dejó pegamento en ella – relató Santana con desagrado en su tono de voz– tuvimos que dejarlo en la cocina con un helado, ¿te imaginas? Como a un niño de cinco años – Finn parecía colérico desde atrás mirando hacia cualquier lugar y Mercedes le mostró la mano que aun tenía algo de pegamento en ella – Queríamos tirarlo a la calle pero Sugar insiste en que es inhumano – Rachel miró a Sugar y esta negaba con la cabeza.
-No vamos a tirar a nadie a la calle Santana, mucho menos con este clima – intervino Sugar.
Rachel suspiro con cansancio - ¿Saben qué? – Dijo al fin antes de que todos comenzaran a discutir – vamos a olvidarnos de Puck por hoy, no podemos dejar que arruine todo esto – señaló con sus manos los preparativos - ¿Es eso un karaoke? – preguntó deslumbrada, mirando hacia un rincón donde estaba la tv con la Xbox de Sam y unos micrófonos conectados a ella.
Todos comenzaron a sonreír y olvidarse del asunto de Puck, tal como había propuesto Rachel.
Tina y Mercedes arrastraron a Rachel al juego y Sam dejo todo listo para ellas, parecían unas niñas en su navidad, al igual que los chicos, quienes con el mismo entusiasmo comenzaron a comer y beber tequila como si fuera el fin del mundo.
Llevaban alrededor de tres horas festejando.
Rachel hace media hora sentía que su cuerpo no iba a poder resistir mucho más alcohol pero con su vaso casi lleno se debatía entre seguir o no seguir bebiendo.
Necesitaba a Quinn para mantener el control o iba a terminar teniendo quinientos bebes literalmente.
Miró alrededor a ver si había una chica rubia con el cabello revoltoso e irresistibles ojos verdes pero nada, no había señal de Quinn, y ahora que lo pensaba no la había visto desde que se fue a buscar a Puck.
Finn había caído hace diez minutos en uno de los Puffs y no despertaba con nada así que Mike y Sam se dedicaban a pintar cosas con un marcador de pizarra en su rostro mientras reían divertidos, Santana le cantaba una serenata a Britt pero esta no le hacía mucho caso y prefería bailarle a Tina y Mercedes, que dejaban papelitos en su pantalón como si fueran billetes mientras reían a más no poder, Artie tenía en sus piernas a Sugar y esta usaba sus gafas mientras se besaban, mas allá Kurt y Blaine estaban sentados tranquilamente hablando algo que ella no alcanzaba a oír, y no es que fuera de su incumbencia.
Ellos parecían lo suficientemente sobrios como para recordar haber visto a su novia.
Se acerco a ellos.
-Hey chicos, ¿han visto a Quinn? - les preguntó con una enorme sonrisa.
Ambos negaron mirando a todos lados – Creo que no ha vuelto de estar con Puck – respondió Kurt, que hizo un gesto confuso para ella antes de beber de su bebida y Blaine la miro con algo de ¿tristeza?
-Ahh, está bien – dijo regalándoles una sonrisa que no convenció a nadie – si la ven le dicen que la estoy buscando ¿sí? – de nuevo como si fueran clones asintieron los dos al mismo tiempo.
Se alejó hasta llegar a la mesa del coctel y bebió un poco más de su vaso, no tenía idea de que era lo que bebía, pero sabia a alcohol y eso era suficiente para ella en ese momento.
Vio mas allá como Santana le hacia un baile sensual a Britt mientras esta le cantaba, se habían invertido los papeles pero parecía que las dos lo disfrutaban.
Ella también quería eso con su chica.
Era su jodida fiesta de cumpleaños y Quinn prefería estar con su amigo, le rompía el corazón. Quizás que estuviera un poco bebida aumentaba su frenesí por querer detener este tipo de situaciones, quizás era que estaba realmente hastiada de aguantar una, y otra, y otra vez al estúpido de Puck, o quizás era momento de ponerle un freno a Quinn, porque Puck podía querer manipular a su novia todo lo que quisiera, pero era Quinn la que siempre accedía, y Quinn no era estúpida, todo lo contrario, tenía una inteligencia envidiable para algunas cosas, pero para otras, como estas, se notaba que podía ser completamente manipulable, y eso aparte de idiotez, era cobardía, por no ponerse los pantalones y no tener bolas para ser ella la que tomara determinación en su propia vida.
Estaba siendo algo grosera, pero joder, como estaba de enardecida en rabia en ese momento…
No supo cuanto tiempo estuvo bebiendo en ese rincón cuando se estremeció al sentir a alguien a su lado.
-Hola – Sam la saludo con un movimiento de mano cuando llego a la mesa para servirse algo de comer – Creí que Quinn estaba contigo, la estaba buscando para jugar en la Xbox, le estoy enseñando a usarla – le comentó haciendo un gesto como si tuviera un joystick en las manos, era un buen chico, algo Geek, pero buen chico al fin y al cabo - ¿sabes donde esta?
-Con Puck… creo – respondió sin entusiasmo mirando hacia la cocina.
-Ou – Sam parecía incomodo – Si quieres… puedo ir a buscarla – sugirió
Rachel lo miro un momento, era eso o perder a Quinn por ese día, así que sí, esa era una buena opción – ¿Harías eso Sam?
-Claro Rach, somos amigos… además "Poan lehrrap lu" – dijo con obviedad.
Rachel frunció el ceño, ¿eso era latín? – Yo…
-Es Na'vi – interrumpió Sam – significa "él es muy peligroso". No me agrada que Quinn pase mucho tiempo con alguien como él, aunque sea su amigo, creo que él la manipula demasiado, y Quinn es muy inocente como para notarlo – Rachel asintió lentamente. No tenía idea de que era existiera un idioma así y, probablemente, el chico lo había inventado, pero tenía mucha razón al pensar en el peligro que suponía estar cerca de alguien como Puck.
-Eres un buen amigo Sam – fue lo último que le dijo antes de que este volteara para ir por Quinn.
-Solo soy un amigo Rach – le respondió Sam sonriendo.
Sam se fue camino a la cocina y ella se quedo allí, esperando, durante diez minutos, quince minutos, veinte minutos que consiguieron aumentar su ansiedad y un poco mas su ebriedad, hasta que se cumplió media hora que le puso los nervios de punta.
POV RACHEL
Me dispuse a ir yo misma a buscarlo, no podía estar lejos, por dios santo, era solo un almacén y no me debería tardar más de diez minutos en encontrarlo, o encontrarlos.
Busque por la cocina y no me extraño cuando no encontré a nadie allí, Quinn no podía permanecer tanto tiempo en la cocina porque no detenía su ansia por comer cuando la comida estaba tan a la mano, lo bueno es que podía controlarse lo suficiente como para salir antes de devorarlo todos.
Salí de allí y me dirigí al taller, la sala de reuniones, las habitaciones, ¿la lavandería? No estaba en ni uno de esos lugares, volví al salón principal y aunque todas las chicas me trataron de convencer para que hiciéramos otra ronda de karaoke yo me negué, aunque moría por cantar un poco más, pero mi Quinn estaba primero, la necesitaba con urgencia.
Mire hacia arriba y vi a Sam en la cima de una torre de cajas metálicas, estaba buscando como yo algún rastro desde lo alto, pero con tan malos resultados como los míos.
Tuve la tentación de llamarlo pero no iba a servir de nada, así que simplemente voltee y seguí buscando, en todos lados, en todos los rincones, me llegue a sentir una idiota por pensar que estaba olvidando algún lugar, y cuando estaba por rendirme y volver con mis chicas recordé al fin, el lugar menos probable donde pudiera estar Quinn, o el más probable si considero lo extraña que puede resultar mi rubia.
Volví sobre mis pasos y me dirigí a la entrada, y voilá.
Me reí como una tonta, definitivamente mi rubia era extraña.
Estaba en el habitáculo que habían construido para Puck, pero no había señales del chico, solo podía ver desde donde yo estaba a Quinn, en la "entrada", la cual parecía mas grande que la de la vez anterior.
-¡Quinn! – la llamé sin pensar casi corriendo para llegar a ella.
Quinn volteo a verme con un dedo en su boca, preguntándose quizás quien la llamaba, y sonrió cuando me vio, entonces palideció, entonces con un rápido movimiento cubrió la entrada de su escondite con una manta vieja.
-¿Qué haces? – le pregunté llegando a ella, quise mover la manta pero me lo impidió.
-No, no puedes entrar ahí.
-Pero amor – le hice un puchero para ver si se ablandaba.
-No, no – negó con la cabeza moviendo su cabello como siempre.
Me acerqué a ella y la abracé por los hombros y recibí el mismo gesto en mi cintura.
-¿Que estas escondiendo ahí, es algo para mí? – le pregunte con picardía.
-Mmm – la vi sufrir un rato, me mordí el labio para no reír, se veía como cuando me dijo que Santana la había llamado.
-Si me lo dices te daré tu premio pronto – susurre consiguiendo que su cuerpo se tensara, se sonrojó inmediatamente -¿No quieres tu premio bebe?
-T-tt- No podía decir nada coherente, y yo me sentía muy valiente en ese momento, así que baje mi mano y pasándola por todo su abdomen, suave y terso a través de la tela, llegue a su miembro y le di un apretón, entonces abrió los ojos sorprendida y me miro, casi eyaculó ahí mismo, lo sabía por la convulsión que aprecie por todo su cuerpo, miró a todos lados y se detuvo en algo justo detrás de mí, demasiado tiempo como para no sentir curiosidad y girar también.
Se me fue toda la borrachera cuando vi a Puck mirando en nuestra dirección con un gesto sombrío, sus duras facciones parecían querer estrangularme, lentamente.
Volví a mirar a Quinn avergonzada y me di cuenta de que aun tenía una mano en sus partes íntimas, lo que me hizo sacarla tan rápido que si Puck no lo había notado aun, lo notó con ese poco sutil movimiento.
-Quinn, ¿por qué no me dijiste que tu amigo estaba aquí? – yo seguía sujeta a mi rubia, quien no dejaba de mirar a su amigo.
-N-no sabía que ibas a hacer eso – soltó con dificultad.
Ni una de las dos sabia cual era el siguiente paso, Quinn nunca lo sabía y yo simplemente estaba inmóvil en mi lugar. No fue hasta que Puck dejo caer algo al suelo haciendo un gran ruido que supe que tenía que reaccionar.
Tome la mano de Quinn dispuesta a sacarla de allí, a eso había venido y eso es lo que iba a hacer, pero Puck al parecer noto mis intenciones.
-Quinn no puede irse, estamos ocupados – Ni siquiera nos miro, siguió acomodando algunas cosas en el suelo.
Yo miré a Quinn y esta seguía sin gesto alguno mirando a su amigo.
-Creo que Quinn puede decidir por sí misma, además es mi cumpleaños, y va a pasarlo conmigo – se lo dije todo sin temblar, al contrario de lo que sentía cada vez que me dirigía a Puck.
El chico se levanto y caminó hacia nosotras, me sentí mareada.
-Estamos en medio de algo, creo que tu día de princesa puede esperar un rato más.
-¿Día de princesa? – lo miré con desprecio, que me tratara así era una humillación directa – Es mi cumpleaños, Puck, quiero que Quinn este conmigo.
-Y yo te dije que se queda aquí – intentó tomar la otra mano de Quinn para tirar de ella pero rápidamente me interpuse entre su cuerpo y el de Quinn.
-¿Quieres venir conmigo Quinn? – le pregunte rápidamente.
Puck se paso una mano por la cabeza con frustración.
-N-no lo sé – la mire con tanto dolor que debió haberlo sentido ya que me miro rápidamente y cambio su respuesta – Es que, estaba haciendo algo importante, pero también quiero estar contigo – explicó – supongo que podemos dejarlo para más tarde Puck.
Lo vi asentir y tensar la mandíbula.
Victoria para Rachel.
Tomé la mano de Quinn y tire de ella, no tuve que hacer ningún show aparte, ya que mi rubia me siguió enseguida, seguro sabía que estaba haciendo las cosas mal.
No alcancé a dar dos pasos cuando escuche un leve susurro a mis espaldas, un susurro cobarde, lanzado al viento para ser recibido de manera tenue por mí.
-¿Que dijiste? – Pregunté volteando a ver a Puck nuevamente.
Puck detuvo su movimiento y volteando lentamente me miró de una manera perversa.
-Dije, Enana. De. Mierda – Puck no tuvo tiempo ni de reír cuando yo ya estaba acercándome velozmente a él y volteando su cara con la más fuerte bofetada que había recibido en su vida.
Cuando pasaron algunos segundos, Puck seguía con el rostro volteado y lo mire por primera vez con temor, tenía mi mano marcada en su mejilla, y podía sentir a Quinn mas allá en estado de shock mirándome, ella se esperaba ese movimiento tanto como yo.
Baje lentamente la mirada para fijarme en mi mano culpable.
Yo no era así, yo no respondía a los demás con golpes, por muy enojada o furiosa que estuviera con Puck, por mucho que el chico me haya estado tocando los nervios desde hace un buen tiempo, ni él ni nadie se merecía un golpe como respuesta. Debía ser el alcohol en mi sangre, la adrenalina o las emociones acumuladas, pero nunca mi voluntad.
-Yo… - No alcancé a disculparme cuando un golpe en seco llegó a mi rostro tan rápido como la bofetada que le propiné.
Un segundo, ese fue el tiempo en que vi un gran puño dirigirse a mi rostro, vi el rostro de Puck mirándome como un perro rabioso y escuché el grito de Sam tratando de evitar lo inevitable. Entonces todo estaba negro, solo había oscuridad en mi mente, quizás el nombre de Quinn paso varias veces en ese mundo de oscuridad, y aun cuando deje de sentir y escuchar, la intranquilidad seguía me siguió en forma de imágenes.
Lo peor fue recibir otro golpe, y otro a continuación de ese, hasta que abrí los ojos y me encontré en el suelo, sin poder moverme pero comprendiendo inmediatamente donde estaba.
Si un segundo había pasado cuando sentí el primer golpe, solo cinco segundos pasaron cuando recibí los demás, y cuando vi sus ojos verdes me pregunte, ¿habría alcanzado a hacer algo para detener a su amigo en seis segundos? ¿Habría podido reaccionar como lo hizo Sam, estando el chico aun más lejos de Puck que ella?
Solo pude ver cómo me observaba sin moverse, sin ayudarme aun cuando el dolor se apoderaba de todo mi cuerpo y mi ser.
Y caí, en un mundo más oscuro y más profundo que el anterior.
N/A
Hola.
Creí que más personas atinarían a descubrir que iba a pasar.
Es decir. Puck tiene problemas de agresividad, y nunca lo utilizo contra Quinn, pero ¿y si lo hiciera contra lo que más quiere Quinn?
Entonces BUM! Desde ahora comienza una cuenta regresiva para acabar con esta parte del Fic.
Prometo actualizar mucho más seguido desde ahora.
:D
Gracias, gracias, gracias por los Rws los Follows y los Favs.
Saludos mis queridas Visitors.
