TWILIGHT Y SUS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER
GRACIAS A ISA POR CORREGIR ESTE CAPÍTULO
MÚSICA DE ESTE CAPÍTULO
THE UNFORGIVEN-METALLICA
AMBULANCES-LADY TRON
FASCINATION STREET-THE CURE
ADVERTENCIA:
ESTE ES UNO DE ESOS CAPÍTULOS FUERTES, DONDE DEBO ADVERTIR QUE LO QUE VAN A LEER NO ES PARA MENORES DE 18 Y BLA BLA BLA. PERO EN VERDAD, ES UN CAPÍTULO FUERTE, CON VARIAS ESCENAS LIGERAMENTE GRÁFICAS Y TEMAS DE ÍNDOLE SEXUAL QUE PUEDEN PROVOCAR PENSAMIENTOS NEGATIVOS. LES PIDO POR FAVOR, QUE SI NO LES GUSTA LEER ESCENAS DE VIOLACIÓN EVITEN LA PARTE EN ITÁLICAS, SI NO LA LEEN NO PASA NADA, VAN A PODER ENTENDER LA HISTORIA PERFECTAMENTE.
CAPÍTULO 25
AMPUTA MIEMBROS INEXISTENTES PARA SOBREVIVIR (PARTE I)
—No voy a matarte. Pensé hacerlo, créeme, pero una adicta patética como tú, sola por convicción, sin trabajo y además suicida, es lo único que de seguro ha de desear. —La voz del hombre es nítida, con cadencia grata y perfecta dicción. Le cuesta trabajo verlo por la luz, pero poco a poco una figura se va formando—. En vez de eso, voy a dejarte vivir sabiendo quién eres y sabiendo quién es Edward Masen. Voy a destruirte la vida con una simple confesión y, Bella, rogarás nunca haberla escuchado.
El hombre jala la silla y es así como Bella lo puede ver mucho mejor. Es rubio, atractivo, en sus treintas y sus movimientos son precisos; se ve que todo lo que hace requiere de su control. Sus ojos son azules y su sonrisa diabólica la hacen pensar que más que disfrutar esto, no solo porque lo haya humillado, es también algo que él había esperado hace tiempo. Puede ver también, que el logo en su camisa es de la pista de patinaje. Es el mismo hombre que vio salir hace... No tiene idea de cuánto tiempo; seguro unos minutos, porque todavía es de noche. Se da cuenta por la pequeña ventana que está dando a la calle.
—Te he visto antes —dice Bella frunciendo sus cejas—; trabajas en la pista. Eres gerente, es probable que tengas control absoluto de ese lugar. —Luego, Bella levanta su cara y lo mira directamente, ahora todo tiene sentido—. Es así como la víctima número 4 se hizo su golpe en la cabeza... —habla ella para sí misma— La herida era demasiado perfecta y lisa, como una navaja, pero hice pruebas con varias y ninguna concordaba. Los golpes no eran grandes o contundentes porque eran golpes de caídas en hielo, y el golpe en su cabeza fue con la navaja de un patín —dice absorta en su propia conclusión—. Después de todo trabajas ahí y sabías cuando nadie iba a estar presente, pero ella escapó de alguna manera. ¿Estabas distraído? ¿Estabas desesperado porque no había nevado? ¿Eso te llevó a ser descuidado con tu víctima? —pregunta Bella.
El hombre solo sonríe sin contestar, pero Bella sigue hilando pistas.
—La chica corrió por la pista, pero se seguía cayendo y lastimando en el hielo resbaladizo. Tú la perseguiste y cuando al fin la capturaste la golpeaste con lo primero que viste a la mano; un patín. He visto la pista de hielo; los patines están en una repisa saliendo de la pista. Pero esto es más que una simple serie de asesinatos. Hay cierto mensaje implícito en ellos, un mensaje a mí —dice Bella desafiante.
—Has resuelto un pequeño porcentaje del misterio, Bella, pero oh, te falta tanto —dice él en un tono falsamente amable—. No sé si sentir pena de ti o reírme —dice el hombre con una sonrisa condescendiente—. Empecemos por lo más básico. Mi nombre es Riley Biers y estoy 100% seguro que no sabes quién soy, pero yo sí sé quién eres, Bella.
»Hace tiempo, mucho tiempo, que sigo tus pasos, hace más tiempo aun que sé de tu existencia. Te sorprendería saber que yo soy la persona que mejor te conoce. Sé todos tus sucios secretos como si fueran míos. Sé por qué te convertiste en lo que eres, sé lo que eres..., y sé qué es lo más amas.
»Me gustaría que te concentraras en esta conversación y no la tomaras a la ligera. Creo que mientras vayas aprendiendo quien soy, vas a aprender muchas cosas de ti misma.
—¿Tengo opción? —ella pregunta sarcásticamente.
—No me interrumpas, linda, ¿okay? Solo escucha atentamente. —Riley aprieta bruscamente las mejillas de Bella con su mano. Bella sacude su cabeza molesta y le escupe. Riley se limpia la cara y la mira con curiosidad.
—La primera vez que escuché tu nombre, tenía 16 años. —Bella lo mira detenidamente; si Riley quería llamar la atención, está teniendo éxito. Pero Bella no puede distraerse, necesita pensar en algo pronto, así que mira a su alrededor tratando de inventariar el lugar y averiguar exactamente en dónde está y qué puede serle útil.
El lugar es un sótano, Bella ahora puede darse cuenta. Hay varias herramientas, cajas de electricidad y varias maquinarias para limpiar pistas de hielo, lo que la hace suponer que Riley la llevó al sótano de la pista de hielo, seguramente donde lleva a todas sus víctimas. Sus manos están cansadas de moverse, pero sigue tratando de zafarse; no es fácil.
—Tengo que confesar que antes no me eras nada interesante. Cuando oía tu nombre solo me reía o lo ignoraba, a veces tenía un poco de celos, tengo que admitirlo. Pero ahora eres como una peste, una infestación que requiere de un veneno fuerte. —Es la primera vez que Bella lo escucha sin esa despreocupación que tanto proyecta; Riley se ve y se oye molesto.
—¿Por qué no dejas de marearme con tanta explicación? ¿No me vas a matar? ¿Vas a violarme? ¿Mutilarme? ¿No? Entonces termina tu estúpida explicación o juro que me voy a morir, pero del puto aburrimiento —dice Bella y Riley ríe.
—Gracioso que enlistes todo eso. Pero no, no hay necesidad. ¿Por qué te haría todo eso cuando con unas simples palabras te puedo hacer más daño?
—No requiero de diálogo, créeme, además hace que pierda el respeto por ti. Pensé que eras violento, un bruto que solo actuaba como un animal, eso tolero más que un psicópata con verborrea —Bella dice mirándolo a los ojos. Él la ignora y se recarga en la silla.
—¿Crees en el destino, Bella? ¿Crees en Dios? —Bella se ríe como respuesta a su pregunta—. Deberías, porque toda tu vida se puede explicar si creyeras. Un simple acto que se conecta con otro y otro hasta que te jalan a una situación..., particular. Ésta es tu situación particular. Debes de entender lo que digo. ¿Acaso no conociste a Edward gracias a un choque? —Bella esta vez se mira molesta, pero lo trata de controlar; este cabrón no va a tener poder sobre ella.
—Bueno, estás en un problema si un psicópata empieza a hablar de Dios y aun más si entiendes lo que dice —ella contesta cínicamente.
Riley se le acerca a la cara y la examina detenidamente.
—Él tenía una especie de obsesión por ti también. ¿A que no sabías eso? —Riley dice en la cara de Bella—. Fuiste, después de todo, la primera..., niña. —Bella abre los ojos en sorpresa—. Pero yo fui su primero —él lo dice orgullosamente—. Abe siempre tuvo una predilección por la carne joven y tierna. Pero dijo que contigo... ¿Cuál fueron sus palabras? Oh sí, contigo "Tuvo el mejor coño joven de su vida". Tenías…, ¿once, doce? —Riley dice fingiendo no acordarse—. Doce. —dice finalmente, con una terrible sonrisa.
Bella siente un frío por su espina y su pecho pulsa como tambor en guerra. No puede respirar, no puede pensar.
—Él me contó con detalles lo que hizo contigo, obscenos detalles que un joven de 16 años no debería de escuchar. Pero Abe era todo para mí; era mi mentor, mi mejor amigo y mi guía en esta maldita vida. Hubiera hecho todo por él, todo, y lo hice. Debes saber de quién hablo, tienes que saberlo, lo has perseguido la mitad de tu vida. Créeme, él se sentía orgulloso que una de sus víctimas se obsesionara tanto con él, se sentía..., realizado. Teníamos recortes de ti pegados en casa y siempre estábamos contigo en los momentos triunfales una vez que fuiste una detective reconocida. Eras su orgullo y su obsesión porque enmarcabas la hermosa naturaleza obsesiva que él también poseía.
Bella trata de racionalizar, tal vez solo está jugando con ella, tal vez, tal vez...
—Sé lo que estás pensando, pero ¿quién más sabe ese sucio secretito tuyo, eh Bella? Si no me crees puedo darte detalles que el mismo Abe me contó. Fue en una de tus escapadas rebeldes de casa, en un parque, ¿recuerdas? Un parque verde, boscoso y a metros de tu casa. Me dijo cómo te sostuvo contra el piso y desvirgó tu dulce e inmaculado coño. Cuando Abe me lo contaba siempre tenía una erección, era su memoria favorita.
Bella está nauseabunda tratando de controlarse, pero no puede hacerlo. Empieza a hiperventilar, era algo que estaba lejos, lejos, olvidado y profundamente guardado en su siempre hermética mente.
—No, no, no, no es verdad —ella dice negando la cabeza.
—Lo fue, lo sabes. Si no, ¿por qué lo habrías perseguido hasta..., las últimas consecuencias? —dice él con ira, mientras con su mano aplasta la pierna amputada de Bella.
—No, no, no, no no no —ella repite sacudiendo la cabeza.
—¿Lo recuerdas? —él pregunta maliciosamente.
Bella lo recuerda, nunca lo ha olvidado, es lo que la ha convertido en lo que es ahora y lo que la destruyó a tan temprana edad.
Era un viernes, era temprano y hacía un hermoso día en Chicago; los días hermosos eran tan raros en invierno. La nieve era apenas visible, pero a Bella le gustaba tocarla entre los arbustos del parque al que solía ir. Todavía era horario de clases, pero no pudo resistir y sucumbió ante una temprana visita a su lugar preferido de juegos. Su padre le había advertido que si volvía a escaparse de la escuela nuevamente, su castigo sería severo. Pero Bella no podía estar ahí, la escuela la asfixiaba tanto con sus métricas y reglas que difícilmente podía ponerle atención a algo. Recuerda acostarse en la nieve, con su abrigo púrpura y sus guantes blancos. Por unos instantes, Bella pudo disfrutar del sol en su cara y el frío en su espalda. Sus pequeñas manos apretaban la nieve, escuchando el rechinido natural que hacía y la humedad que permeaba por la tela de sus guantes. No sabe cuánto tiempo estuvo ahí, hasta que de pronto, el sol ya no estaba. Al abrir los ojos, una sombra cubría el cielo, una sombra que poco a poco tenía forma de una persona.
—¿No deberías estar en la escuela? —el hombre dice en una calmada voz. La figura invertida que veía Bella no era suficiente para detallar su cara.
Bella se levanta asustada y sacude la cabeza. Su padre le ha dicho que jamás debe hablar con desconocidos.
El hombre se agacha hasta la altura de Bella y sonríe. Sus ojos son marrones, igual de viejo que su padre y porta una sonrisa agradable. Trae un abrigo que se ve cómodo y unos guantes negros de piel.
—¿Cómo te llamas? —él pregunta.
—No debo de hablar con extraños —Bella contesta molesta.
—Soy Abe, ya me conoces ahora. —Bella no dice nada, solo levanta sus piernas y las abraza hacia su pecho.
—Eres una chica lista. Vamos, es mejor que vayas a tu casa, no querrás que tus padres se enteren que te has escapado —Abe dice extendiendo su mano.
Bella se muerde el labio insegura, no sabe si aceptar su ayuda, pero en realidad ahora más que nunca desea irse a su casa y estar a salvo en los brazos de sus padres. Toma la mano de Abe y éste la aprieta ligeramente y le sonríe.
Cuando se levanta, Abe la toma de los hombros y le dice en el oído.
—Me gusta cuando corren, siempre es más divertido. —Bella voltea asustada y lo mira. Se ve diferente a esta distancia, es más alto de lo que pensó. Su voz es cruel y áspera; ha perdido toda calidez, pero más que nada, puede sentir un miedo que la cubre. No sabe cómo explicarlo, tal vez fueron sus palabras o su instinto de sobrevivencia, pero algo la impulsa a huir de él; y eso hace.
Bella empieza a correr, dejando a Abe detrás de ella. Mientras lo hace, solo piensa en llegar a casa, no está lejos, solo unas cuadras más. Después de unos metros, voltea para ver si lo ha perdido, pero no lo ve por ningún lado. Asustada, voltea a sus costados pero sin dejar de correr; tiene tanto miedo que no puede evitar llorar. Empieza a rogar, a hacer promesas consigo misma; "si no me atrapa no vuelvo a escapar, lo juro", "lo siento papá, lo siento por no hacerte caso". Corre lo que parece un laberinto de árboles, hasta que siente dos terribles manos tomarla de los hombros; sabe que es él. Bella grita, pero él tapa su boca haciendo que le sea difícil respirar.
No recuerda los detalles, no puede, cree que los ha bloqueado, pero sabe perfectamente lo que le hizo. Días pasarían donde no podría pensar en otra cosa, su cuerpo portaría marcas donde no podría olvidarlo aunque quisiera.
Años pasarían en que solamente pudiera ver su cara una y otra vez arriba de ella, la misma cara que jamás olvidaría. Su pequeño y frágil cuerpo siendo abusado hasta que el hombre la dejara ahí tirada dándole un beso en la frente diciéndole "Adiós dulce Bella". Ella se quedaría quieta en la nieve por horas, hasta que el frío la hiciera levantarse y caminar a su casa en lentos pasos que indicaban un gran dolor.
Sus ropas estaban un poco rotas, pero nada que llamara la atención. No fue difícil ocultarle lo que sucedió a sus padres, después de todo, tenía tendencias a escaparse de la escuela y buscar problemas por ahí. Al llegar a casa, su madre la nota desarreglada y Bella se excusa al baño, quitándose las bragas llenas de sangre y escondiéndolas. Eventualmente, cuando su madre insistente la confronta, Bella admite haberse escapado de la escuela, ido al parque y caerse de un árbol; algo muy común en ella.
Su padre la castigó por una semana, lo cual ella agradeció secretamente. Indicaba no salir de su habitación lo cual era más bien una bendición en su actual estado. Los días pasaron, y mientras, Bella, en su destruida inocencia, no podía dejar de pensar que si tan solo le hubiera hecho caso a su padre, esto no le hubiera sucedido. Se siente culpable, se siente estúpida, pero más que nada, tiene miedo de hablar.
No es fácil para un ser humano traspasar el umbral de niñez a adultez sin ningún tipo de transición suave; Bella lo sabe ahora. A sus treinta, sabe que debió haber hablado, pero a sus doce, no era una opción simplemente porque no estaba lista para afrontar lo que le había sucedido.
Desgraciadamente, su inteligencia también la hacía demasiado buena para mentir, incluso de niña, y ese evento solo la forzó a mentir mejor mientras crecía.
Bella vivió toda su adolescencia creyendo que era su culpa, que pudo haberlo evitado; eso la hizo áspera y dura. Sus padres apenas podían controlar su rebeldía, pero de alguna manera Bella estaba bien influida por su padre, el cual la controló debidamente y la supo llevar por el camino correcto. Sabe que si no fuera por él, ella jamás hubiera sobrevivido su adolescencia o adultez.
No es hasta que entró a la academia que encontró su verdadera respuesta y vocación. También entendió que ella era una víctima y no tenía la culpa, pero era demasiado tarde, porque jamás dejaría de perseguirlo, nunca. Esa misma cara era la que perseguía por las noches, la que imaginaba en sus prácticas de tiro, la que veía en el espejo.
Si ella tenía una misión en la vida, era encontrarlo y matarlo; sabía que lo haría tarde o temprano. No fue sino cuando, una vez detective y ya había tomado fama, él volvió a resurgir. Había muchos casos de niños desaparecidos o víctimas de violación que describían a un hombre como Abe. Era un caso menor para una detective como ella, pero no fue difícil que se lo asignaran. Casi 15 años y el muy cabrón regresaba; la diferencia es que ella no lo dejaría escapar esta vez. No fue fácil encontrarlo, pero lo hizo, y cuando lo encontró no tuvo control de sí misma. Es por eso que no tomó precauciones, es por eso que cuando lo vio cara a cara después de tanto tiempo, Bella dejó de ser detective para ser una víctima vengativa. Aun ahora, puede saborear la cuasi victoria de haberlo encontrado y aún puede sentir la derrota de haberlo perdido en esa persecución que ocurrió ese fatídico día de enero hace tres años y causó la desgracia que la ha seguido hasta ahora; desgracia que tocó a Edward.
—Oh sí que lo recuerdas, tu cara me lo dice todo. Pero estamos lejos de terminar —dice Riley.
Bella sale de sus recuerdos, lo mira al fin y no sabe qué pensar. ¿Por qué Riley sabe algo tan personal de ella? La única conclusión es que Abe mismo se lo haya dicho; quiere decir que sigue vivo. La sola idea es suficiente para recobrar la cordura que sentía que se le iba de las manos hace unos momentos.
—¿Dónde está él? —ella pregunta seriamente.
—No hay que adelantarnos, Bella, deja que termine mi historia. Aunque creo que no empecé en orden cronológico.
»Verás, para que entiendas todo mucho mejor, tengo que contarte la mía. Yo, como tú, también conocí a Abe a temprana edad, mucho más temprana; tenía cerca de 6. La diferencia es que yo le fui lo suficientemente interesante como para me llevara con él.
—Él te secuestró... Él abusó de ti —dice Bella incrédula.
—No al principio, no a la fuerza. Abe me crió como un hijo los primeros años. Dijo que siempre quiso un hijo. Era bueno conmigo, siempre fue bueno conmigo, pero sabía lo que hacía a otros. De alguna manera me sentía afortunado por haber sido elegido de entre tantos que pudo haber tomado. Tiempo después él me dijo que fui el primero. Con el tiempo aprendí a amarlo, como un padre primero y luego como algo más...
—Estás enfermo, eres un puto enfermo, Abe es un pedófilo, ¿no lo entiendes? ¡Eres una víctima! —Bella dice entre dientes.
Riley la golpea en respuesta.
—No hables de él así. Fue incomprendido, solo quería afecto, un afecto que una adulto obtuso y superficial no podía darle. —Bella quiere vomitar, puede sentir su estómago revolverse solo de escuchar a este hombre—. Pero todo cambió cuando cumplí nueve. Porque Abe al fin tenía lo que siempre quiso: un hijo de su propia sangre y no un patético impostor como yo. Él estaba feliz, orgulloso al fin, pero tenía miedo, miedo de hacerle lo mismo que a mí. Miedo de arruinar su vida como la hizo conmigo. Y ahí estaba yo, como un repuesto barato del hijo que amaba de lejos, tomando el papel de hijo, amigo..., y eventualmente de amante. Pero siempre lo resentí, siempre fui segundo en su vida.—Riley hace una pausa para reponerse. Cuando al fin se recobra es el mismo Riley frío y no el pobre niño desplazado
—¿Sabes qué hacía Abe cuando lo perseguías por medio Chicago hace tres años? No creo, pero te lo voy a decir. Abe estaba observando a su hijo. —Bella lo mira confundido—. Desde lejos, siempre desde lejos, porque Abe sabía que jamás sería un buen padre y siempre limitó su contacto. No quería que su hijo supiera de su existencia. La madre del chico, Lizzy, le suplicó reconocerlo, pero Abe se negó tajantemente. Tal vez porque dentro, muy dentro de él, Abe sabría que no podría controlarse.
»Él quería a Lizzy, pero también era un hombre solitario que deseaba cosas diferentes... Cosas como tú... O como yo. Pero a veces, cuando su lado paternal salía, le compraba algo al pequeño, algún regalo que pudiera darle sin saber que era de él. Abe aprendió por Lizzy que al pequeño le fascinaban los caramelos frutales, así que eso le regaló en su cumpleaños número cinco.
»¿Ya sabes a dónde va esto? ¿Has visto las pistas que te he dejado? Qué decepción que no te hayas dado cuenta antes, pero entiendo, de alguna forma, que el amor te hace estúpida y desorganizada —dice riéndose. Bella está mirando al piso, tratando de procesar, tratando de respirar. No quiere y no puede aceptarlo, simplemente no puede—. Eres una chica lista, Bella, muy lista. ¿Ya lo dedujiste verdad? Tu amado Edward es hijo del hombre que te violó cuando eras niña. Marcus Abernathy o Abe, como yo le digo.
»Ahora dime, ¿no crees en el destino?
NOTA DE AUTOR SERIA:
Desde aquí puedo oír sus gritos de confusión, el siguiente capítulo tiene MÁS revelaciones importantes, pero esta sin duda es la que ustedes estaban esperando. Sé que todos tenían sus sospechosos o sospechosas y obvio, nadie supo quien era porque Riley jamás apareció en la historia. Como autora, jamás pensé que esta parte de la historia fuera a llamar tanta atención como lo hizo, pero les aseguro que la historia está compuesta de esta manera por una razón.
Sé que tienen más preguntas, muchas más que este capítulo no abarca, pero los siguientes, espero, se las resolverán a su debido tiempo.
Saludos, Eve
P.D. Ajá! actualicé antes! y el siguiente ya está listo y beteado así que no hay excusas, el domingo temprano subo el 26 n.n
