Siempre es de noche
25. Guts
Aang miraba la hermosa taza de porcelana en el aparador en una situación incómodamente similar. En una mano, cuatro piezas de plata y tres de cobre que habría recibido por el vestido y los zapatos vendidos –todo un robo, admitido-; la otra mano pegada al vitral junto a su frustrada cara, admirando el precio de siete piezas de plata por la taza.
"¡Es sólo una /maldita/ taza blanca!" había gritado la ciega al momento de escuchar el precio "¿Porqué demonios está tan cara? Ahora tenemos que regresar al palacio por más vestidos y…"
"No" la determinación de Aang la contuvo de inmediato, aunado al fuerte agarre de su brazo cortesía del monje "No vendemos nada más que necesites, y yo no regreso sin esa taza"
Toph tenía que admitirlo, su pupilo había ganado agallas en los últimos años: no sólo ya la había vencido en un duelo de Tierra Control, si no que ahora la sujetaba bravamente prácticamente imponiéndole una orden.
Y lo peor es que parecía agradarle la nueva actitud del monje. Más de lo que debiera.
