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25. Primer Encuentro
Advertencia: El contenido de este capítulo es ranking M debido a contenido sexual.
25. Primer Encuentro
Minato despertó temprano. Era inicios de diciembre y después de casi un mes de vivir con Kushina, la noche anterior en particular le fue difícil dormir, ya que lo había hecho sin su pelirroja, la causa: su novia había acudido a una misión fuera de la aldea y pasaría tres días fuera de Konoha.
Tomó un baño, preparó su "desayuno" el cual consistía sólo en un poco de fruta y un vaso de leche. Al terminar la comida y sin más interés por permanecer en aquella casa tan vacía, se dirigió a la torre Hokage y mientras caminaba reflexionaba en lo "ridículo" que era el deprimirse cada vez que ella salía a una misión, pero después de pensarlo, no era el hecho de que se hubiera ido, sino el cómo se fue.
Los últimos días había observado el comportamiento de su novia, la cual despertaba ansiosa y al momento de ir a dormir, se mostraba nerviosa. – Quizá no se siente cómoda con mi presencia – Fue lo primero que pensó. Antes de que pudiera abordar el tema con ella, se enteró de aquella misión, por lo que decidió que hablaría con ella a su regreso. Si eso implicaba que volvieran a vivir separados, él lo aceptaría sin objeción alguna, después de todo, lo único que deseaba es que Kushina fuera feliz y en estuviera en completa tranquilidad.
Nuevamente aquel dolor de cabeza regresó y él sonrió, pues le trajo recuerdos de cuando ella se había fijado a su vida. En aquel entonces parecía que no había solución a su situación con la Uzumaki, sin embargo, había estado equivocado, pues con ciertas dificultades, todo había salido bien. Y con ese pensamiento se motivó, porque sabía que tarde o temprano volvería la paz entre ellos dos.
Con ese pensamiento se dispuso a iniciar su día, pero al llegar a su oficina se encontró con una sorpresa.
– ¡Jiraiya Sensei! – Exclamó al identificar a la persona que se encontraba esperándolo en su oficina – Que gusto verlo de nuevo.
– Espero que no hayas dejado trabajo acumulado porque tengo planes para ti el día de hoy – Le dijo con una sonrisa.
– El trabajo es el de todos los días, pero… – Comenzó a explicarse
– No hay peros que valgan, desde que fuiste nombrado Hokage no hemos tenido tiempo entre alumno y maestro – Y antes de que pudiera contestar algo, comenzó a arrastrarlo fuera de aquella oficina.
– ¡No puedo dejar la oficina sola todo el día! – Decía alarmado
– No te preocupes, sólo iremos a desayunar, una pequeña plática para que te relajes y después podemos regresar – Le decía a modo de tranquilizarlo.
– Pero debo asignar misiones, entregar reportes del día anterior, y…
– Calma Minato, Konoha no se caerá a pedazos sólo porque te tomes unas cuantas horas libres.
– … – El rubio suspiró con resignación, pues al parecer su Sensei estaba decidido a llevar a cabo su plan y él sabía que una vez que se le metía una idea a la cabeza, no había nada en el mundo que lo hiciera cambiar de opinión.
Antes de que se diera cuenta, ya se encontraban en el campo de entrenamiento donde solían entrenar cuando él era apenas un gennin. El peliblanco saco un pergamino con el cual invocó todo lo necesario para un almuerzo al aire libre.
– Puedes tomar lo que desees – Le indicó su maestro mientras comenzaba con una bola de arroz. Al ver todo lo que tenía planeado aquel hombre, no pudo evitar aceptar la oferta, además que su desayuno no había sido tan completo como estaba acostumbrado. – Y bien, ¿Cómo te va en tu nueva vida como Hokage? – Le preguntó con interés.
– Tenía razón Sensei – Respondió – Es más trabajo de oficina que de campo. Pero el saber que es por el bien de toda la aldea, me motiva a no darme por vencido – Comentó con una sonrisa sincera.
– Y entonces… Si te va tan bien, ¿Por qué luces tan desanimado? – Le preguntó.
– ¿Eso cree? – Respondió a la defensiva
– Minato, fuiste mi alumno durante mucho tiempo y te creo cuando dices que disfrutas de tu puesto – Comenzó a explicarle – Pero en tus ojos noto que hay algo que te tiene preocupado – Agregó. El ojiazul sonrió, pues aquel hombre una vez más le mostraba que era una persona que lo conocía casi como un padre conoce a un hijo. – ¿Tiene que ver con Kushina? – Su alumno asintió.
– El día de ayer partió a una misión fuera de la aldea y…
– ¡Oh Minato! No debes preocuparte cada vez que ella salga, después de todo, ambos son shinobi y estarán en estas situaciones constantemente.
– No me preocupa que haya salido… Bueno, sí lo hago, pero de la misma forma que me preocupo cuando lo hace usted o alguien cercano, y puedo lidiar con ello – Le explicó – Lo que me preocupa es que ha tenido problemas para dormir y quizá eso le complique las cosas en su misión.
Y mientras continuaban comiendo, Minato le explicaba la situación, desde lo ocurrido en la última misión de su novia, cuando él enfermó, su decisión de vivir juntos y los problemas que llegaron después de eso.
– Kushina es una persona que antepone las necesidades de otros antes de considerar las propias –Le decía – Y creo que con su mudanza, ella cree que yo espero algo más de ella. Pero no es así, yo sólo espero que se encuentre feliz, sólo eso – Culminó de explicarse.
– Ya veo… – Exclamó el sannin en cuanto el Namikaze terminó su relato – Veras Minato… no creo que tu novia esté dudando de vivir contigo y tampoco creo que le preocupe que tú exijas algo por ese nuevo cambio – Le explicaba
– ¿Qué quiere decir?
– Por lo poco que conozco de ella, concuerdo en el hecho de que siempre busca lo que es mejor para ti, incluso aunque esto represente un sacrificio personal para ella – Comentaba – Por lo que, si ella supusiera que tú esperas que su relación avanzara a otro nivel más… físico, ella ya habría tomado cartas en el asunto.
– … – El ojiazul lo miró con cierta duda.
– Lo explicaré más simple pero sólo si prometes no molestarte por la forma en que lo haga – Le advirtió. Y en cuanto su alumno aceptó el trato, continuó – Me refiero a que tu supones que Kushina piensa que ahora que viven juntos, tú esperas tener relaciones con ella – Y él asintió – Pues si eso fuera cierto, estoy seguro de que ella podría en bandeja de plata tal cual dios la trajo al mundo y dispuesta a complacerte en todos los sentidos – Ante este último comentario, el rubio casi se atraganta con lo que estaba comiendo.
– Entonces ¿Qué cree que suceda? – Preguntó esperando que el tema se aligerara un poco.
– Realmente dudo que tenga problemas de sueño – Aclaró – Si fuera cuestión de estrés que no la deja dormir, tardaría en conciliar el sueño y se levantaría varias veces durante la noche – Le explicó – ¿Has notado esos comportamientos en ella? – El ojiazul negó – Entonces no hablamos de problemas para dormir. Creo que son problemas con su realidad
– ¿Con su realidad?
– Sí. Dices que cuando despierta se muestra nerviosa e incluso ansiosa y si esa actitud se repite cuando se van a dormir… – Y el sannin sonrió con malicia – Parece que es ella quien espera algo de ti – Lo codeaba mientras le decía y con esa explicación, el Namikaze no pudo evitar un ligero sonrojo.
– Lo siento Sensei, pero Kushina no tiene la misma forma de pensar que usted – Se explicaba.
– Minato, tal vez ustedes no comparten mi estilo de vida, pero la experiencia me permite asegurar que toda pareja llega a esta etapa tarde o temprano sin importar su forma de ver las relaciones – Le explicaba – Y me atrevería a decir que para ser mi estudiante, has retrasado mucho el asunto –
– Yo no… –
– ¿Vas a negar que deseas a Kushina como mujer?
– ¡No! Pero…
– ¿Y qué te hace pensar que ella no piensa de la misma forma respecto a ti?
– Tampoco lo dudo, pero prefiero dejarle en claro que no necesita forzar las cosas.
– Quieres decir…
– Le propondré que volvamos a vivir separados
– No creo que sea una buena idea – Lo miró con una expresión de claro desacuerdo
– ¿Por qué lo cree así?
– Porque suena como si la estuvieras rechazando – Dijo alarmado – Eso es algo que ninguna mujer aceptaría – Le aclaró.
– Pero no se trata de eso – Respondió – Hablaré con ella claramente para…
– Minato, años de experiencia me dicen que nada de lo que digas hará que ella lo tome de buena forma – Le advirtió – Y en el caso específico de Kushina… Temo por tu bienestar físico.
– Creo que está exagerando Sensei
– Bueno, si quieres continuar con tu idea, hazlo – Contestó con resignación – Pero primero cerciórate de que mi teoría es incorrecta – Aunque no se arrodilló, el tono sonaba como una súplica.
– … – El Namikaze suspiró – Lo intentaré – Aceptó sin estar del todo convencido.
– Bueno, tal vez me equivoco y aún no llegan a esa etapa – Dijo sólo para tranquilizar a su alumno, pero seguía manteniendo su opinión – Pero tarde o temprano lo harán, así que sólo te daré este consejo – Y su mirada se volvió más seria – Por una vez en tu vida, actúa y no pienses de más, mientras ambos sientan que está bien en ese momento, lo demás no importa.
– Está bien Sensei – Dijo con más tranquilidad – Prometo tomar en cuenta todos sus consejos – Le aseguró – Gracias por este tiempo, creo que no me había dado cuenta que me hacía falta hablar con alguien
– Sabes que siempre estaré dispuesto a ayudarte en todo momento – Le aseguró – Ahora, será mejor que regreses a tu oficina, antes de que me acusen por secuestrar al Hokage y no podría adjudicarme ese título cuando alguien más ya lo ha hecho – El ojiazul negó con una sonrisa en el rostro. – Mientras tú trabajas, iré en busca de inspiración para mi siguiente obra*.
– Por favor no se meta en problemas Sensei – Le advirtió – Seguramente a estas alturas Tsunade-sama ya se ha enterado de su regreso y lo estará vigilando.
– No te preocupes Minato, planeo incursionar en un nuevo género que no me traerá tantos problemas con Tsunade – Le aseguró.
– Espero leer esa obra cuando esté terminada – Dijo sinceramente.
– Por el momento te recomiendo leer mis anteriores publicaciones, seguramente te serán de ayuda muy pronto – Le dijo.
– Sabe que ya las he leído – Le aclaró.
– Sí, pero ahora debes hacerlo como si fueras a tener un examen sobre el tema – Después de decir eso, se despidió con una risa.
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Dos días habían pasado desde que Kushina saliera de Konoha. Si todo marchaba bien, estaría de vuelta en la tarde del siguiente día, por lo que después de un largo día en la torre Hokage, Minato decidió que lo mejor era regresar a casa.
Al entrar y encontrar el edificio vacío se burló de sí mismo al darse cuenta que Kushina se había vuelto parte fundamental para que ese lugar se sintiera acogedor. Durante años vivió solo sin problema alguno y ahora que ella había entrado en su vida, nada parecía estar bien sin su presencia.
Pero ya lo había dicho su maestro, ella era una shinobi así que por su bien, le convenía aprender a vivir con esas pequeñas ausencias. En comparación a sus primeros meses de relación, ya se podían apreciar algunos resultados; ahora podía realizar sus labores como Hokage sin tanta ansiedad, era más fácil concentrarse y contener su impulso de ir detrás de ella. No obstante, ya se había acostumbrado a tenerla a su lado al momento de ir a dormir, añoraba esas pláticas en las que a veces iniciaban con un simple recuento de su día y terminaba en conversaciones profundas donde ambos podían conocer un poco más del otro.
Se dirigió a su habitación con la intención de tomar un baño e irse a dormir, sonriendo mientras imaginaba a la pelirroja reprendiendolo por irse a la cama sin haber cenado antes. Caminó por el pasillo que conducía a la recamara, y al estar en el umbral de la puerta, se sintió acechado por un momento. Prendió las luces y al ver que el lugar se encontraba vacío y tal cual lo había dejado, le restó importancia.
Fue directo al armario dispuesto a colgar su capa, pero antes de hacerlo y sin previo aviso dio media vuelta mientras lanzaba un kunai, el cual se clavó en la pared contraria. Esperó sin hacer un solo movimiento, aguardando a que algo cambiara en el entorno, pero al no ocurrir nada volvió a retomar su actividad. En un segundo tenía sus manos en los bordes de la capa y en el siguiente, alrededor de una cintura.
– ¿Planeas cortarme el cuello?
– Tú intentaste atravesar mi frente con ese Kunai
– Se supone que regresabas hasta mañana, obviamente no te esperaba
– Entonces mi plan de sorprenderte funcionó
Minato tenía en sus brazos a Kushina, evitando la caída que él mismo había ocasionado al intentar inmovilizarla, mientras ella se defendía con un kunai cerca del cuello del Namikaze. Sólo bastó una mirada para que ella dejara caer el arma y él acortara la distancia entre ambos.
La Uzumaki se irguió para tener una posición más cómoda y disfrutar de esos labios que eran su delirio. Quería dejarle claros sus sentimientos; tranquilizarlo y decirle que todo había salido bien, que lo había extrañado, que esperaba que él lo hubiera hecho igual, que lo amaba más que el día anterior y que provocaba en ella emociones que no sabía describir del todo, pero sí demostrar.
Como si se tratase de una conversación, el Namikaze recibió cada uno de los mensajes no verbales de la pelirroja y no demoró en responder; le demostró la alegría de que estuviera ahí, lo orgulloso que estaba de ella, pues tratándose de misiones, siempre confiaba en que lo haría muy bien, dejarle claro que también le había hecho falta, que la amaba igual que ella lo hacía y que no importaba si no sabía reconocer lo que sentía, pues él tampoco lo lograba del todo.
– Te amo – Las palabras habían salido de su boca incluso antes de que fuera consciente de que se habían separado.
– No tanto como yo te amo a ti – Respondió ella de manera retadora
– ¿Estás segura?
– Completamente
– Tendré que demostrarte lo contrario – Y con esa declaración de guerra volvió a besarla, esta vez dejando un poco el lado tierno para hacer de ese beso una muestra completa de pasión.
Poco a poco la empujó contra la pared en la que aún se encontraba aquel kunai que había empezado el "encuentro". Y definitivamente la pelirroja estaba dispuesta a no dejarse derrotar, pues a pesar de que Minato había recurrido a acariciar su cabello para que su voluntad se doblegara, esta vez no funcionó. Con eso, consiguió que su ánimo creciera, pues una vez más ella lo estaba retando y en ese momento reconoció que era adicto a esos retos.
Kushina lo sujetó por la capa que él no se había quitado y cuando ella intentó retirar aquella prenda, él la detuvo mientras sonreía contra sus labios dándole a entender que era él quien marcaba el ritmo. Como respuesta, ella levantó su mano al aire para tomar aquel kunai que por suerte se encontraba a una distancia que ella podía alcanzar. Una vez que tuvo el objeto entre sus manos, se separó de él para amenazarlo tal cual lo había hecho hace unos instantes.
Con una mano sujetaba el Kunai y con la otra le quitó la capa, el ojiazul se mostró escéptico, pero no opuso resistencia y por eso, ella aprovechó a quitarle también el chaleco del uniforme shinobi. Y después de que hizo eso, retomó el beso mientras sujetaba las muñecas de la Uzumaki sobre su cabeza, impidiéndole que utilizara su arma. Pero esa posición no iba a impedir que Kushina impusiera su voluntad, por eso, sin previo aviso atrapó al rubio al envolver sus piernas alrededor de su cadera, confiando en sus reflejos para soportar su peso.
Minato estaba a gusto en ese momento y se lo hizo saber a través de ese beso, que por un momento abandonó los dulces labios de Kushina para susurrar en su oído.
– ¿Aún no cambias de opinión? – Los sentidos de Kushina eran tan sensibles que ese simple gesto la hizo estremecer.
– … – Pero no pudo contestar, en parte por el deleite de su tono de voz y en parte porque no recordaba de dónde salió el tema.
Y aunque no recibió respuesta, él procedió a depositar besos a lo largo de su cuello, lenta y tortuosamente, dejándola indefensa a tal grado de que no se dio cuenta en qué momento Minato la había liberado, pero sabía que tenía sus brazos alrededor del cuello de su amante y cuando escuchó el sonido de tela desgarrándose fue consciente de que tampoco tenía en su poder el kunai, pues el ojiazul lo había empleado para cortar con delicadeza las prendas de la pelirroja, dejándola sólo en sujetador.
– … – Suspiró al encontrar la similitud con uno de sus sueños. Aunque el Minato de su imaginación se había deshecho de sus prendas sólo con sus manos, esta nueva técnica tenía el mismo efecto en ella.
Kushina volvió a pararse en el suelo para facilitar el camino de besos de su novio, quien ya había abandonado la zona de su cuello y ahora se encontraba en su clavícula. Ella aprovechó el tiempo para acariciar su espalda, bajando poco a poco y cuando llegó a su cadera, sólo dejó una mano ahí, pues la otra la empleó para tomar el rostro de Minato para que volviera a besarla. Él respondió sin discutir y ambos se acercaron aún más, como si quisiera fundirse en uno solo.
La pelirroja no quería que sólo él fuera quien jugara al atrevido, por eso, retomó su camino desde lo alto de su espalda, pasando lentamente por lo largo de su columna, deteniéndose un poco en sus caderas para finalmente pasar a una de sus partes favoritas, pues como buen shinobi, toda su anatomía estaba bien trabajada. Y no es que fuera una pervertida que disfrutara de observar a cada hombre que pasaba frente a ella, pero desde que inició a vivir con él, había comprobado que otra de las cualidades de su novio era el poseer uno de los cuerpos mejor dotados en todos los sentidos.
Cuando la pelirroja lo sujetó por el trasero, mordió ligeramente el labio de la pelirroja para dejarle claro que la acción era bien recibida y a cambio, él la aferró por la cintura con una mano y con la otra subió desde la cintura, pasando casi imperceptiblemente entre sus pechos hasta llegar a su cuello y ocultar su mano en su nuca. Así permanecieron otro tiempo, dejando únicamente que sus labios fueran los que se comunicaran entre ellos.
– Kushina… Esta vez… No hay nadie que interrumpa – Le dijo repentinamente con un tono de preocupación.
– Lo sé – Se limitó a responder mientras sin pudor adentraba sus manos a la parte trasera del pantalón de su novio.
– ¿Estás consciente de lo que estamos haciendo? – Le dijo separándose de ella
– Por supuesto – Y volvió a retomar el beso
– ¿Y estás segura de que quieres llegar hasta el final? – Le preguntó con seriedad.
– Si no lo planeara, me habría detenido antes – Esta vez le dedicó una mirada molesta antes de volver a su tarea.
– Pero…
– ¿A estas alturas estás preguntando? – La Uzumaki se separó con una clara expresión de disgusto.
– ¿Qué quieres decir?
– Quiero decir que debiste considerarlo antes de destrozar mi ropa – Lo miró con fingido reproche.
– Lo siento – Le respondió desviando la mirada.
– No te preocupes, sé cómo resolverlo – Y volvió a sonreír.
Sin pedirle consentimiento, tomó la parte baja de su playera para quitársela mientras le regalaba una media sonrisa y acariciaba ese abdomen bien trabajado, lo miraba de una forma que él podría jurar nunca haber experimentado antes. En esos ojos que creía conocer bien, había seguridad, mezclada con sensualidad, felicidad y misterio.
Y tal cual se lo aconsejaron días atrás, sólo con esa mirada bastó para que no pensara de más y simplemente se dejase llevar por esos ojos azules que a él le gustaba pensar que se acercaban más al violeta.
Se acercó para retomar el beso que él mismo había interrumpido, pero Kushina lo detuvo al sujetarlo por los hombros y empujarlo para cambiar de posiciones y aprisionarlo contra la pared. Minato sonrió con satisfacción y la miró fijamente preguntándole de manera no verbal cuál sería su siguiente movimiento. Ella lo miró con determinación, como si estuviera armando todo un plan de ataque y cuando encontró la manera de proceder simplemente se limitó a morder su labio inferior antes de ponerse de puntas para lograr alcanzar la yugular del Namikaze, dejó su rostro cerca de su piel, disfrutando de la esencia del rubio y al mismo tiempo dejando que su aliento escapara levemente para que él pudiera sentirlo y en lugar de recibir un beso como él lo esperaba, ella decidió encajar sus dientes en su cuello, no de una forma que dejara marca pero lo suficientemente fuerte como para que él lo sintiera.
Esta vez fue él quien tomó su rostro para obligarla a besarlo y ella fingía oponerse a lo que él respondía con mayor fuerza para hacer que se "rindiera". Permanecieron así por varios minutos, abrazándose uno al otro, disfrutando del contacto de su piel y continuando con esa batalla que ambos estaban interpretando muy bien.
– Tienes razón – Interrumpió la Uzumaki sorpresivamente – No es el momento – Agregó mientras se separaba de él y le daba la espalda.
– … – Giró el rostro para mirar la reacción del Namikaze y sonrió mientras se sentaba en la cama – Lo ves, no es divertido que alguien corte repentinamente la diversión – Y con ese mensaje el rubio reaccionó
– Siempre desafiando el peligro Kushina Uzumaki – Y el tono que empleó el rubio le hizo contener la respiración – Te arriesgaste al viajar de noche – Ella lo miró extrañada, pues no entendía por qué sacaba el tema tan repentinamente.
– Sabes que tenía una escolta – Tampoco entendía por qué surgió en ella la necesidad de defenderse.
– Te presentas como un intruso y por poco te lastimo – Continuó ignorando su anterior comentario y acercándose a ella
– Sobrestimas tus habilidades – Respondió intentando sonar seria – Pude esquivarlos fácilmente ttebane!
– Bien, veamos si puedes eludir esto – Le advirtió. Pero antes de que ella tuviera tiempo de procesar sus palabras, Minato ya se encontraba sobre ella sonriendo de una forma que la hizo estremecerse.
Comenzó a recorrer su anatomía lentamente con la mirada y aunque no había contacto físico, Kushina podía sentir claramente el camino que él seguía, comenzando por sus ojos, en los que estuvo absorto hasta que ella le diera una clara aprobación para continuar, cuando se detuvo en sus labios ladeó un poco el rostro, como si estuviera buscando el mejor ángulo para asaltarlos, pero para tristeza de la Uzumaki, no lo hizo.
Para observar su cuello se acercó un poco más, causando que el pulso de la pelirroja se acelerara ligeramente, pasó por sus hombros rápidamente y cuando llegó a su clavícula decidió volver a separarse un poco para tener una mejor vista de su siguiente punto.
Sin pudor alguno sonrió al ver su pecho. Era la primera vez que él la miraba de esa forma y después de que su aliento escapara de manera involuntaria, sonrió sin molestarse en intentar entender la razón, pues podía imaginarla. Posteriormente observó su abdomen y hasta ese momento recordó que era una parte de ella que no le gustaba del todo, ya que estaba marcada por aquel sello que siempre sería un recuerdo de una condena que ella había asumido.
Pensó que en ese momento su mirada intentaría ignorar ese aspecto, pero lo que ella vio la sorprendió, ya que esos ojos azules no mostraban otra cosa que no fuera ternura. Volvió a acercar su rostro dejando que el único contacto con la piel de Kushina fuera su aliento al que ella se estremeció y podría jurar que era una sensación más intensa de la que hubieran tenido sus manos o sus labios, pues es lo que ella estaba esperando.
Respiraba profundamente, intentando mantener la calma y tan concentrada estaba en su tarea que cuando abrió sus ojos se sorprendió un poco de encontrarse con la intensidad de esos mares que la transportaron al momento de su primer encuentro.
– Te amo – Esta vez fueron los pensamientos de Kushina los que escaparon de manera involuntaria.
– … – Él le sonrió con satisfacción antes de besarla.
Sus labios se acariciaban mutuamente, rítmicamente, sin prisa, pues en ese momento para Minato sólo existía Kushina y para Kushina sólo estaba Minato, no necesitaban preocuparse de nada más, pues la razón de su existencia estaba en sus manos.
Nadie sabe en qué momento sus lenguas también se hicieron presentes en aquella danza, pero contrario a tornar esa caricia en un gesto erótico, sirvieron para profundizar el contacto, como si fuera la primera vez que se encontraran y necesitaran de ese reconocimiento, aferrándose uno al otro como si quisieran recuperar todos esos besos que no pudieron tener en esa y otras vidas.
Cuando se separaron ambos vieron en los ojos del otro, el mismo deseo y resolución que sentían y al ser conscientes de que por fin habían logrado conectarse en mente y espíritu a tal grado de desaparecer cualquier duda, sonrieron.
Sorpresivamente Kushina cambió de posiciones con Minato y por un momento estuvo tentada a imitar las acciones del Namikaze y enfocarse sólo a observar y dejar que su esencia se filtrara con su aliento, pero ella quería más, quería apreciarlo con todos sus sentidos.
Con sus manos sujetó su rostro mientras lo miraba fijamente, rosó sus labios con los de él antes de comenzar a descender por ese abdomen. Recordó aquella mañana en la que había tenido la oportunidad de verlo saliendo de la ducha y la imagen de esas gotas recorriendo su anatomía vinieron a su mente, por eso, con su imaginación se apoderó de sus acciones y comenzó a saborear con su lengua la piel del Hokage como si estuviera capturando el rocío que en esa ocasión cubría su cuerpo.
– … –
Escucharlo suspirar fue un deleite para ella, pues si bien Minato era un experto en demostrarle amor, eran escasas las ocasiones en las que lo hacía de manera tan abierta. Cuando llegó al borde de su pantalón volvió a mirarlo, y mientras desabrochaba la prenda sonrió al ver cierta incredulidad en esos ojos azules.
Poco a poco se deshizo de la prenda de su amante y pensó que después de haberlo visto completamente desnudo, no se sorprendería de nada, pero la forma en que el bóxer del rubio se marcaba en esa "zona peligrosa" la hizo congelarse sin saber realmente qué hacer.
Él comprendió inmediatamente el dilema, por eso como buen "caballero" acudió al rescate e hizo que ella quedara nuevamente debajo de él. Se aseguró de no apartar su vista de sus ojos y a pesar de aquella duda, aún podía ver en ellos esa determinación.
Apartó parte del cabello que cubría su cara, depositó un pequeño beso en su frente antes de acariciar su mejilla con cierta ternura y sonrió al ver el cambio de expresión de la Uzumaki, pues al parecer en ese momento ella no quería al "Minato tierno", y ya que no podía negarle nada a su amada, deslizó su mano por lo largo de su mentón y comenzó a rozar su piel con la punta de sus dedos con toda la intensión de hacer que el contacto fuera más sensible.
Su mano pasó a un ritmo satisfactoriamente lento a un lado de su cuello, el centro de su pecho, a lo largo de su abdomen. Cuando llegó al borde de su pantalón ni siquiera tuvo tiempo de dudar, pues ella ya estaba levantándose levemente para ayudarle con su tarea, así que una vez más el actuó de acuerdo a sus deseos.
Si Kushina quería a un Hokage pervertido, se aprovecharía de esa petición para no frenarse y seguir lo que sus instintos le indicaban, y en ese momento esos instintos le decían que necesitaba sentir la piel de la pelirroja, por eso, mientras le quitaba el pantalón, acarició con sus manos toda la extensión de aquellas piernas; pero al parecer el trayecto había terminado antes de que el Namikaze quedara conforme, así que una vez que se deshizo del pantalón de su novia y esta quedara al igual que él en ropa interior, sorpresivamente la hizo girar sobre aquella cama para que quedara recostada boca abajo.
Kushina levantó el rostro, mirando sobre su hombro con una clara sorpresa, pues francamente no se esperaba ese movimiento por parte de su novio y la incertidumbre de su siguiente jugada hacía que su pulso se acelerara poco a poco.
– Esa misión debió ser muy agotadora – Le dijo con una sonrisa de lado – Así que relájate y deja que me haga cargo de alejar toda esa tensión
– … – Lo miró con una clara duda ante sus acciones pero él le respondió con una mirada traviesa que no era del todo tranquilizadora.
Tomó sus tobillos y los separó lo suficiente para que él pudiera sentarse sobre sus talones en el espacio libre. Y cuando hizo eso, ella podría jurar que escuchó perfectamente el momento en el que su corazón se detuvo por la sorpresa y retomara su actividad cuando él comenzó a masajear suavemente sus tobillos.
Al entender las intenciones del rubio se tranquilizó un poco y recostó su cabeza de lado y se dejó llevar por las atenciones de aquel hombre. Poco a poco iba subiendo y mientras lo hacía ella se preguntaba dónde habría aprendido tal labor, pues no la hacía nada mal. Cuando llegó a sus muslos, ejerció un poco más de presión pues se trataba de una zona con mayor músculo y ella lo agradeció pues no sabía si sólo era su imaginación o la tensión realmente se iba alejando.
Cuando lo sintió en la parte alta de sus piernas, volvió a levantar el rostro, pues tenía curiosidad de descubrir su siguiente movimiento, pero él no actuó inmediatamente y aunque no la veía directamente a los ojos, ella pudo percibir cierta burla en su rostro, como si estuviera alargando el momento con toda la intención de despertar su ansiedad, y francamente lo estaba haciendo.
Pero al final él tampoco pudo resistirse por mucho tiempo así que después de aquel juego la miró a los ojos como si estuviera pidiendo un permiso que ella le otorgó con una ceja levantada. Con esa acción, llevó sus manos a la parte de atrás de sus rodillas y esta vez acarició firmemente por lo largo de sus piernas y al llegar a su trasero no se detuvo, sino que presionó con un poco más de fuerza, al mismo tiempo que empujaba levemente hacia arriba.
– Oh – Aunque en cierta medida esperaba el contacto, no pudo evitar que su aliento escapara sonoramente.
Continuó con el masaje en la parte baja de su espalda. Cuando terminó con la primera sección depositó un beso en su columna, como si se tratase de una marca o recompensa propia por su trabajo.
– Uuummm – Intentaba contener sus gemidos cada vez que él depositaba un beso, pero era difícil, ya que sentía como este viajaba por todo su cuerpo haciendo que ella cerrara sus ojos y arqueara su espalda en señal de bienvenida.
Una vez que llegó a sus hombros y terminó de depositar los respectivos besos, se recostó sobre ella sólo lo necesario para que ella pudiera sentir la presión de sus cuerpos de una forma que no fuera incómoda o sofocante.
– ¿Qué tal te sientes ahora?
– Increíble – Fue lo primero que pudo pensar – ¿Dónde aprendiste a hacerlo?
– Sólo improvisé – Le dijo mientras la besaba detrás de su oreja
– Parecías tener experiencia – Le refutó.
– Bueno, quizá leí un par de libros sobre el tema, pero es la primera vez que lo pongo en práctica
– Y espero que no sea la última – Le dijo volteando su rostro lo más que pudo para encararlo y aunque quería besarlo, en su posición actual sólo podía aspirar a un beso en la mejilla. Y justamente su posición le recordó otro detalle – Por cierto… No me molestaría preparar el ambiente toda la noche pero ¿Cuánto tiempo planeas que duren los juegos previos? –
– Parece que estás impaciente – Le dijo con tono divertido
– ¿Yo? – Le dijo con exagerada indignación – Creo que es alguien más quien ya no quiere esperar – Respondió mientras levantaba un poco su trasero para encontrarse con esa parte de la anatomía de Minato que lo delataba.
Sólo bastó un pequeño movimiento para que él se levantara lo suficiente para permitirle llevar a cabo su plan. Volvió a cambiar de posiciones con él, dejando que él se recostara en la cama y ella sobre él.
– Entonces… ¿Dices que realmente no eres tú el que está ansioso? – Le preguntó mientras recargaba su barbilla en sus antebrazos.
– No, yo creo que eres tú la impaciente – Respondió con una sonrisa.
– Muy bien, entonces, le propongo un reto – Ella sonrió igual.
– Suena interesante – Reconoció – ¿De qué se trata?
– Es simple, se trata de un juego de mímica, el primero que vaya más allá, pierde
– ¿…?
– Tomaremos turnos, todo lo que Kushina haga, el Hokage deberá copiarlo y viceversa – Le dijo con una sonrisa – Por ejemplo, si yo hago esto – Le dijo mientras se acercaba un poco para poder acariciar su frente – ¿Qué deberá hacer usted? – El respondió con el mismo gesto obteniendo una sonrisa por parte de la Uzumaki –Bien, parece que ha entendido el juego – Declaró mientras se sentaba sobre él, con sus piernas a los lados – Así que ahora es tu turno.
Lo primero que él hizo fue colocar sus manos alrededor de su cuello deslizándose lentamente por los costados de la Uzumaki disfrutando dibujar su silueta hasta llegar a sus caderas y ella lo hizo de la misma forma. Ella continuó con una caricia en su abdomen que él también estaba imitando pero antes de que él pudiera leer el siguiente movimiento ella apartó sus manos.
– Espera… ¿No te parece que es un poco injusto que yo tenga todo el camino libre – rápidamente recorrió toda la extensión desde el borde de la cadera donde ella estaba sentada hasta sus hombros – Mientras que tú tienes un obstáculo aquí – Esta vez fue ella quien se acarició a sí misma siguiendo el mismo camino que había trazado con él y deteniéndose un poco en su pecho que estaba cubierto por el sujetador.
– Totalmente injusto – Declaró el rubio – Me alegra que lo reconociera inmediatamente señorita Uzumaki
– No me gustaría ganar teniendo una ventaja a mi favor
– Bueno, eso es algo que podemos resolver en poco tiempo – Le dijo empleando la misma frase que ella había pronunciado hace unos minutos, y ella entendiendo el mensaje se acercó un poco mientras apoyaba sus manos en el colchón para que su novio alcanzara su objetivo.
Diestramente se deshizo de aquella prenda a pesar de que pensó que sería más difícil, a tal grado que ya se había planteado la posibilidad de tener que romperla al igual que con la otra ropa; sin embargo sonrió con mayor orgullo cuando se dio cuenta de que lo había hecho bien.
Ella se enderezó para quedar sentada correctamente y poder desprenderse de la prenda y al realizar esa acción fue consciente de su desnudez. Cerró sus ojos y respiró profundamente, pues no quería reflejar ningún indicio de duda que hiciera que el rubio detuviera todo. Ella era Kushina Uzumaki y se demostraría a sí misma que no era una cobarde.
En cuanto recuperó su compostura volvió a abrir los ojos y al dirigirlos hacia Minato todo temor o pudor se esfumó. Esos ojos en los que constantemente se perdía como quien se sumerge en las profundidades del océano, en ese momento eran cristalinos, permitiéndole ver todas las emociones y pensamientos de su poseedor. El corazón de la pelirroja se contrajo dulcemente pues aunque no era una persona de baja autoestima, jamás se había sentido tan querida como en ese momento.
Todo en él transmitía un deseo que hacía que el ego de Kushina se elevara como nunca antes: esa mirada de anhelo como quien contempla una meta después de un largo camino recorrido y la sonrisa de alguien que ha recibido el mejor regalo de su vida. A todo eso, era lógico que ella respondiera con la total confianza, después de todo, ella ya había tenido la oportunidad de deleitarse con la vista del Namikaze, así que era justo retribuirle el "favor".
Kushina volvió a colocar sus manos en la cadera del ojiazul y él sin dejar de mirarla a los ojos hizo lo mismo y así retomaron aquel juego en el punto donde lo habían dejado. Cuando Minato finalmente alcanzó sus pechos, inevitablemente su espalda se arqueó en un intento de intensificar el contacto y aunque ella se limitaba a colocar sus manos en el pecho del Namikaze como forma de apoyo, el estrujaba y masajeaba sin que ella se opusiera o lo declarara perdedor por no seguir las reglas del juego.
– Hmn – El sonido de su deseo hacía que Minato se sintiera más motivado para obtener más de ellos y Kushina dejó de reprimirlos con el fin de hacerle saber a su novio cómo tenía que hacerlo.
El volvió a bajar a su abdomen pues también quería disfrutar de ella, por eso, subía y bajaba lentamente mientras la pelirroja imitaba sus movimientos haciéndolo suspirar cuando cambió el contacto de las caricias que en lugar de ser firmes, se convirtieron en un ligero camino trazado con la punta de sus dedos y después más sensibles con roces de sus uñas.
– … – El suspiro del rubio fue apenas audible y eso simplemente funcionó para provocar el perfil competitivo de Kushina, pues ella deseaba algo más que eso.
Nuevamente subió por su pecho y Minato sonrió pues una vez más podía poseer esa parte de Kushina tan sensible para ella y tan exquisita hacia el tacto para él. Volvió a arquear su espalda ante la buena atención de su novio pero esta vez remarcó más el movimiento extendiéndolo hacia sus caderas ocasionando un frote entre sus intimidades.
– Umm – Ella sonrió ante el sonido de una pequeña victoria.
Por parte del rubio fue un incentivo para hacer mejor su tarea pues sabía que eso motivaría a su novia y el reto era aún mayor al estar limitado a las órdenes de ella con ese juego. Continuó con sus caricias cambiando de movimientos firmes que incluso podían parecer que buscaban infringir dolor a caricias suaves y apenas perceptibles al tacto para que ella fuera en busca de su propio placer.
– Agh – Esta vez los dos pronunciaron algo más cercano a un gruñido pues se habían movido al mismo tiempo para volver a rozar sus caderas.
Los dos se quedaron un momento inmóviles, con los ojos cerrados y abrazados de esas nuevas sensaciones que se originaban en lugares que nunca imaginaron y que lograban llegar hasta el centro de su propio ser. Una vez más se movieron al mismo tiempo como si fuera una coreografía previamente ensayada y después de que disfrutaron de ese mismo vibrar de sus cuerpos, se decidieron a verse a los ojos sólo para comprobar que el mismo deseo que sentían se reflejaba en los ojos del otro.
Olvidándose por completo de aquel reto en el que debían buscar un ganador, corrieron al encuentro de sus labios. De manera un tanto brusca cambiaron de posiciones para que Kushina volviera a quedar debajo de él y por primera vez se besaron completamente intoxicados de deseo. Sus labios se presionaban contra los del otro como si no quisieran eliminar el más mínimo espacio entre ellos, sus lenguas saboreaban y se movían como si la vida se les fuera en ello. Definitivamente, si sus "yo" del pasado o incluso del futuro se vieran en ese momento, seguramente se sentirían avergonzados.
Junto a ese beso, sus caderas se arquearon buscando intensificar el contacto, era una danza sin pausas y arrítmica que sólo ellos podían seguir, pues en ese momento sus pensamientos eran el de uno solo. Las manos de Minato se aferraban a las de Kushina con la misma intensidad que requería el momento.
Se separaron con la respiración completamente agitada, la sangre acumulada levemente en su rostro y las primeras gotas de sudor comenzaban a querer aparecer por la anatomía de ambos. Y como si juntos hubieran hecho una plegaria, cada uno se deshizo de la última prenda que los separaba para que su contacto fuera totalmente íntimo.
El rubio apoyó su frente contra la de ella, los dos con los ojos cerrados escuchaban sus respiraciones, las cuales no parecían querer regresar a su normalidad, pero no les importó pues podían gozar del aliento del otro, hasta que él decidió ser el primero en moverse.
– ¡Ah! – Aunque se trató sólo de un ligero roce entre sus miembros, la intensidad del contacto tomó por sorpresa a Kushina, quien no pudo reprimir un gemido con una voz que ni siquiera ella pudo reconocer como propia.
– Hazlo otra vez – Suplicó él y los ojos que normalmente le recordaban a un mar durante un día de verano, ahora se asemejaban a una noche iluminada por la luna, con cierto aire de misticismo.
– ¿…? – No respondió principalmente porque había sido hipnotizada por esa mirada. Minato repitió el movimiento para que la punta de su pene acariciara su entrada.
– ¡Ah! – Aunque fue una segunda vez, el gesto se sintió con la misma intensidad.
– Oh Kushina – Si bien aquel roce era suficientemente placentero para él, al ser combinado con la voz de su novia completamente impregnada de deseo, hacía que la experiencia fuera más cercana a un éxtasis.
– Ssss – Un tercer roce y la pelirroja esta vez arqueo un poco más la cadera, haciendo que él se adentrara un poco más traduciendo el placer de Minato en un siseo.
– Minato… Por favor… – Suplicó mientras sus instintos provocaban que abriera más sus piernas
– Dime… –
– Por favor… – Y lo decía como una plegaria que hacía que para él fuera difícil negarse.
– ¿Quieres más? – Le preguntó mientras volvía a acariciar su vagina con su miembro.
– Sí… Sí… – Logró decir con la respiración un poco más alterada.
– ¿Sólo esto? – Otro roce que hizo que ella cerrara con más fuerza sus ojos.
– No… Más –
– Kushina… Muero por hacerte mía, pero si no me dices lo que deseas, no puedo hacer mucho – Le susurró al odio.
– Hazlo… – Respondió arqueando su cadera, pero Minato se alejó lo suficiente para que continuara en un roce.
– ¿Exactamente qué debo hacer? – Le preguntó y con esa frase ella entendió el juego del Namikaze, por eso, bruscamente retiró sus manos del agarre de su novio para poder sujetar fijamente su rostro y que él pudiera ver una expresión que quizá podría interpretarse como desquiciada, pues había intensidad, determinación, lujuria, furia y deseo.
– Ugh – Una clara molestia se apreciaba en ese sonido gutural al cual él sonrió abiertamente, pues sabía que una Kushina en sus cinco sentidos no se atrevería siquiera a expresarse de esa forma tan instintiva.
Se acercó lentamente para cumplir los deseos de su amante, disfrutando del camino que su miembro recorría, estremeciéndose ante la forma en que ella parecía abrazarlo en aquella parte, deleitándose con la humedad que hacían que sintiera que estaba acariciando la más fina seda. Y sabía que eso sólo significaba que ella lo deseaba tanto como él a ella, la miró con gran orgullo al saber que era él y nadie más quien conocía a esa Kushina.
Por su parte, Kushina lo abrazo con sus manos al igual que su feminidad lo hacía con el miembro de su novio, su boca iba formando un círculo a medida que su entrada se iba abriendo poco a poco para dar la bienvenida a su amante. Conforme avanzaba las sensaciones iban cambiando. Al principio lo sintió duro, más de lo que se había imaginado que se sentiría, después fue consciente de cierta calidez que en poco tiempo se ajustaba a su propia temperatura y finalmente se deleitó con la textura de ambas pieles al encontrarse.
– ¡Oh Minato! – Exclamó justo antes de que él se detuviera.
– Kushina… – Parecía que quería decir algo más, pero después de pronunciar su nombre, sólo pudo suspirar – A partir de aquí quizá duela – Le advirtió. Y contrario a lo que esperaba, ella rio.
– Fui entrenada para soportar toda clase de dolor – Le dijo con una sonrisa – Así que dame con todo lo que tengas – Y él volvió a sonreír ante esas palabras atrevidas.
– Estoy seguro que no fuiste consciente del doble sentido de esa última petición – Se aventuró a suponer, pero ella negó con la cabeza.
– Lo sé perfectamente, y quiero que lo interpretes en ambos sentidos – Respondió antes de morderse un labio para provocarlo.
El rubio se adentró más en ella como una intromisión ante lo que pudo interpretar como la virginidad de su novia. En todo momento no perdió el contacto visual con ella, para cerciorarse de que no estaba lastimándola, pues aunque su deseo era enorme, su obsesión por protegerla siempre se antepondría incluso a sus necesidades básicas.
Pero ella sólo se limitó a cerrar sus ojos con fuerza y aferrar su espalda en un abrazo, por lo que antes de volver a moverse, esperó a que ella abriera sus ojos y le indicara que todo estaba bien. Sin embargo, no lo hacía.
– Kushina estás…
– Estoy bien – Lo interrumpió con una suave voz – No duele… Sólo… Estoy abrumada… Se siente muy bien… – Y su voz no dejaba lugar a la duda, pues no había más que placer en ella. Y eso fue suficiente para que él se tranquilizara y también pudiera enfocarse en esa nueva sensación.
Y pudo comprenderla, pues antes de querer moverse, sentía la necesidad de disfrutar de ese momento, de esa unión física que se asemejaba tanto a la unión de sus almas; tan íntima, única, cercana y cálida.
– Minato… – No fue consciente de que había cerrado los ojos hasta que ella lo llamó y tuvo que abrirlos para encontrarse con su mirada y sólo eso bastó para saber qué es lo que ella quería.
Sonrió con ternura antes de besarla, ella respondió con dicha. Aunque fue un beso corto, fue igual a esos besos en los que se comunicaban todo su amor mientras abrían su corazón hacia el otro. Después de eso, salió de ella lentamente solo para volver a adentrarse con cierta lentitud.
– ¡Oh! – Kushina ya no intentaba reprimir sus gemidos, pero lo que sí trataba era mantener el contacto visual con Minato, pero el placer era nuevo y tan intenso para ella que realmente se convertía en una tarea muy difícil.
– ¡Ngh! – En la segunda embestida, el rubio impuso mayor fuerza, como si quisiera adentrarse aún más de lo que había conseguido en su primera intrusión.
Después de eso, comenzaron el encuentro de sus caderas a un ritmo lento, observando cómo la mirada del otro parecía nublarse poco a poco, sus alientos escapando sincronizados, regalándose cortos besos entre cada embestida y Kushina comenzando a contribuir al encuentro de sus pelvis.
– Más – La voz de la Uzumaki ya se escuchaba un poco más aguda – Minato, más – Mientras hacía su petición enterraba sus uñas en la espalda del Namikaze.
– ¿Más adentro? – Le preguntó mientras la penetraba con más intensidad
– Sí…
– ¿O más rápido? – Esta vez lo dijo haciendo que el recorrido de su pene para adentrarse en ella fuera más inmediato.
– Sí… Sí…
– Como ordenes… – Le dijo al oído antes de morder su lóbulo e iniciar a complacer su petición.
Las estocadas de Minato comienzan a ser más intensas, las sensaciones los inundan a ambos de una forma tan abrasadora que sus sentidos parecen estar más despiertos que nunca y todo a su alrededor sólo se convierte en fuentes de placer; su piel cubierta por el sudor de ambos, el sabor de sus labios y lenguas que los embriagaban de la más primitiva lujuria, la vista de su unión que no parece ser suficiente para ellos y el sonido de sus gemidos y jadeos que sin planearlo se han convertido en una droga para ellos.
La velocidad de las embestidas ocurren a mayor ritmo tal cual Kushina lo pidió y sabe que él también desea más, por eso arqueó sus caderas para que el encuentro ocurriera pronto, abre más sus piernas para que él pueda adentrarse en lo más profundo de ella e incluso rodea la cadera del Namikaze con sus piernas como advertencia de que no debe intentar separarse de ella.
– Kushina… – El pronunciar su nombre se presentó como una necesidad.
– Minato… – Y escucharla llamarlo a él se convirtió en su delirio.
– Me vuelves loco – Lo dijo abiertamente, sin susurros, pues ella debía entenderlo.
– Yo… Yo ya lo estoy – Respondió ella.
– ¿Por quién? – La tomó por la barbilla para que lo mirara a los ojos mientras continuaba penetrándola
– ¡Ah! – Antes de que pudiera responder él lamió su cuello haciendo que perdiera la concentración.
– Dilo – Demandó
– Por ti, estoy loca por ti – La seguridad con la que lo declaró sólo sirvió para que el rubio aumentara aún más el ritmo.
– ¡Oh Kushina! – Su nombre suena como una plegaria y ella desliza sus manos a lo largo de la espalda para empujar el trasero de su amante en un intento de acortar la distancia entre sus miembros – Eres la mejor cariño – Y con la misma devoción con la que se apropia de su sexo lo hace con sus boca.
– Minato… Minato… – Cada vez era más difícil expresar sus ideas – No pares… –
– Jamás… Soy sólo tuyo
– ¡Oh sí! – Tuvo que deshacer el amarre de sus piernas para poder apoyarse en la cama y arquear su espalda – Mío, mío, mío – Repetía como si la vida se le fuera en ello
– Y tú eres mía – Remarcó sujetando su cadera para separarla de la cama.
– Toda tuya… – Aunque él no pidiera que ella respondiera, lo hizo – Minato… voy a… voy a…
– Hazlo amor, hazlo conmigo – Le dijo adivinando a lo que se refería.
– ¿Qué quieres que haga? – Y él rio abiertamente, pues aún en ese estado de éxtasis, ella aún podía bromear al "torturarlo" al igual que él lo hizo antes.
– Córrete para mí Kushina Uzumaki – Demandó con una voz feroz.
– ¡Aaahhh! – Escuchar su nombre completo fue su perdición y no pudo hacer más que dejarse llevar por ese placer que nubló por completo todos sus sentidos, llegando a lugares que jamás habría imaginado y del cual no quería escapar, incluso si eso implicaba morir ante la intensidad de ese orgasmo.
– ¡Aaagh! – El grito que profirió Kushina fue quizá el más hermoso sonido que él pudo haber escuchado en su vida y la conciencia de saber que él era la causa hizo que se uniera a ella a alcanzar el clímax. Había escapado de lo que conocía como realidad para adentrarse a un mundo donde sólo existían ellos dos en la forma más básica e intensa de todas.
No fueron conscientes del tiempo que les estaba tomando regresar a la realidad, pero ella poco a poco pudo percibir el peso del rubio sobre ella, sin embargo no tenía la más mínima intención de apartarlo, pues esa sensación sofocante era la forma en la que podía evitar caer en un delirio a causa de esas nuevas experiencias.
Después de alcanzar ese estado máximo de libertad, Minato se enfocó en recuperar poco a poco sus sentidos. Lo primero que percibió fue el ritmo de su corazón, que aunque aún era errático, poco a poco iba recuperando su velocidad normal, después fue consciente de su respiración agitada que era acompañada con la de ella y recordó la causante de todo esa experiencia tan embriagadora.
Cuando Kushina pudo abrir sus ojos él ya la observaba, con deleite, como si quisiera memorizar hasta el más mínimo detalle de ella; con la misma veneración con la que se admira a una existencia fuera de este mundo; podía sentir la calidez de su alma a través de esa mirada, como si la abrazara con deseo de no dejarla ir y si en algún momento ella se atrevía a dudar del amor de Minato Namikaze, estaba segura que sólo necesitaría recordar ese momento para saber que estaba completamente equivocada.
Ella respondió a ese mensaje no verbal con una sonrisa que al rubio le supo completamente dulce, como si ella le estuviera dando la bienvenida a su vida como nunca antes, con entera apertura y luz que logró llegar a lo más profundo de su alma, a lugares donde ni siquiera era consciente de que existiera oscuridad. Quizá ella nunca lo sabría, pero con ese gesto era como si le estuviera diciendo que la soledad se había ido y por eso no pudo hacer otra cosa que sentirse agradecido con el destino por permitirles encontrarse en el momento ideal.
– Minato… – Lo que sea que hubiera querido decir ella, se vio cortado por el escaso aire del que podía disponer
– Lo siento – Se disculpó al ser consciente de que había dejado recaer todo su peso en ella. Lentamente comenzó a separarse de ella, como si temiera que ante un movimiento brusco ese paraíso se esfumara.
– No – Lo aferró cuando intentó salir de ella y con una sonrisa lo aferró de la cadera mientras hacía que quedara a su lado y lo rodeaba con una pierna para mantener esa unión – Dijiste que eras mío, así que yo decido el tiempo que lo serás – Y él rio abiertamente.
– También dijiste que eras mía, pero no tengo intención de llevarte la contraria – Respondió mientras la abrazaba para reafirmar su declaración.
Y así permanecieron, sólo abrazados, contemplándose uno al otro y sonriendo por todo y por nada a la vez. Aunque otros pudieran pensar que tanto tiempo sin hablar o hacer algo haría que el sueño los venciera, no fue así, pues ambos estaban fascinados con lo que tenían frente a ellos y lo contemplaban como si quisieran guardarlo en lo más profundo de su memoria para nunca olvidarlo.
– ¿No tienes frío? – Le preguntó Minato después de que volviera a reconocer que ambos se encontraban sin prenda alguna que los cubriera a la mitad de la noche. Y ella negó con la cabeza.
– ¿Y tú? – Él también negó de la misma forma que lo hizo ella.
– Eres muy cálida – Reconoció y ella le dio un beso en la mejilla como muestra de que ella opinaba lo mismo sobre él.
– Y… ¿Qué se supone que hagamos ahora? – Le preguntó ella.
– No lo sé… – Reconoció – También fue mi primera vez – Le susurró al oído haciendo que ella riera.
– Uuummm…
– Supongo que no tienes sueño – Y ella negó en respuesta – Bien, yo tampoco – Le sonrió – Entonces supongo que podríamos tener una segunda ronda – Le dijo acercando su rostro al de ella.
– También podríamos hablar – Comentó antes de que él la besara.
– ¿Prefieres eso? – Levantó una ceja con una expresión de incredulidad y ella rio con más fuerza.
– Tal vez otro día
Y con esa declaración lo empujó por los hombros sólo para subirse sobre él e iniciar con un beso tranquilo sin intención oculta aparente, después de todo, ya habían comprobado que mientras sólo pensaran en ellos, lo que sea que tuviera que pasar, lo haría aunque uno de ellos intentara detenerlo.
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Como lo prometí, he aquí el siguiente capítulo antes de que termine el 2016. A continuación les comparto mi experiencia con mi primer Lemon.
Creo que alargué mucho el Lemon, tanto en capítulos como en extensión. Respecto a capítulos diría que no me sentía preparada, pero tarde o temprano tenía que ocurrir ¿no? Y consideré que este este era el momento indicado, ya que de acuerdo a lo que tengo preparado para la historia, si lo dejaba para después sería difícil cumplir con mis propias expectativas las cuales se resumen en "No quiero que mi primer Lemon MinaKushi sea:
-Por festividades como "noche de bodas", cumpleaños, navidad, San Valentín, etc.
-Por abuso de alcohol o por algún reto de terceros.
-A causa de su oficial mudanza como pareja, o su primera pelea.
Y respecto a su extensión, quizá se debe a que es mi primera vez escribiendo este tipo de narraciones y también está el hecho de que fue la "primera vez" para Minato y Kushina y se necesitan transmitir muchas emociones ¿no es así?
Finalmente, quizá piensen que a ellos les faltó intentar más cosas como sexo oral, posiciones, vocabulario, entre otras cosas, pero recuerden que es su primera vez, suficiente logro es saber dónde está la flor, dónde va la abejita y como tiene que volar ¿No lo creen?
Aclarados todos esos puntos, son bienvenidos los comentarios, críticas, sugerencias e incluso reclamos. :P
*Cuando Jiraiya habla de su siguiente obra, hago referencia a "Dokonjō Ninden" o como la conocemos la mayoría: "La historia de un shinobi absolutamente audaz". En teoría este es el primer libro que escribió y mucho antes de que Minato fuera Hokage. Pero ya he cambiado muchos argumentos de la historia original, así que espero no se molesten por ello. (:
Feliz navidad atrasada y feliz año nuevo a todos. Y si se preguntan sobre el siguiente capítulo, esta vez lo prometo para enero 2017, así que nos leemos el siguiente año.
