Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.

Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)


HUNTED

Capítulo XXV:

Propuesta

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Ella dejó escapar un gruñido frustrado cuando leyó la última línea de la carta y la arrojó lejos de ella como si quemara. Tiró las mantas a un lado, levantándose de la cama y caminando con pasos agitados; empuñó sus rizos rebeldes mientras su rostro se arrugaba con furia pura.

—¡Por el amor de Dios! —ella gritó, su voz temblando por la ira. —¡Esto es ridículo!

—Cálmate, Granger —él advirtió, mirando sus movimientos mientras también se ponía de pie. —Tienes que…

—¡No me digas que me calme! —ella replicó, alzando los brazos en el aire y lanzándole una mirada acalorada. —No te atrevas a decirme que me calme cuando te acaban de entregar eso.

—Bueno, tener un ataque de histeria no va ayudar —él remarcó, intentando sujetarla, pero ella lo esquivó. —¡Deja de moverte!

—¡No!—ella gritó, dando manotazos a sus manos mientras ella continuaba moviéndose por el dormitorio. —Se supone que no ibas a recibir ninguna carta…

—Entonces es evidente que Pucey estaba equivocado —él frunció el ceño cuando ella esquivó otro intento de él de tomarla por los brazos. —¡Deja de moverte de una jodida vez, Granger!

—¡No lo puedo creer! —ella despotricó, ahora gritándose a ella misma en vez de a él. —Esto es una broma de mal gusto para…

—¡Basta! —él gritó, logrando finalmente agarrar una de sus manos. —¡Estás exagerando!

Ella lo abofeteó. Fuerte. Y el sonido agudo sonó fuerte en sus oídos mientras que el zumbido vibrante hostigó sus mejillas. En un segundo, él empujó su pequeña figura contra la pared con las manos apretadas rígidamente a los costados mientras se acercaba a su rostro.

—Demasiado lejos —él dijo entre dientes, su aliento golpeando contra su boca. —Me importa una mierda lo enojada que…

Pero ella rápidamente lo interrumpió con un beso tan desesperado que lastimaba… fue evidente, ya que sus dientes mordieron sus labios, y él le soltó los brazos para que ella se aferrara a su pelo. Él pudo sentir su frustración, su necesidad para desahogarse. Ella no tenía deseo de que fuera tierno con ella o recibir palabras de consuelo con preciosos besos de afecto. Ella necesitaba follar. Algo primitivo y fuerte. Y él también lo necesitaba.

El instinto y la sangre por sí mismo lo hicieron ponerse duro y rápidamente levantó su bata azul marino y clavó los dedos en sus muslos mientras ella envolvía las caderas de él con sus piernas. Él pudo sentir su deseo húmedo a través de sus bóxers y le clavó su entrepierna, volviéndola a levantar por un segundo antes de empujar su espalda bruscamente contra la pared, disfrutando del sonido del golpe.

Él volvió a hacer eso y sonó como tambores de batalla, como si se estuvieran preparando para la guerra en lugar de sexo. Y cuando ella le arrancó la camisa y sus uñas le sacaron sangre de la espalda, él supo que los golpes eran apropiados.

—Ahora —exigió ella, su aliento caliente posándose sobre los labios de él.

Con un gruñido, él metió la mano entre ellos y se bajo los bóxers, lo suficiente para que su músculo estirado pudiera escapar. Luego estiró la mano hacia ella, solo deslizando el pulgar por su abertura para alentar un siseo de aprobación antes de juntar la tela muy delgada de su ropa interior a un lado.

Se metió rápidamente dentro de ella, un gemido atravesó su garganta cuando las paredes de ella lo arrastraron más profundo. Ella estaba más estrecha de lo normal por la falta de juego previo, y estaba pecaminosamente empapada. A él no le importó llevar un ritmo, solo sucumbió a su impulso primitivo de azotarla con embestidas salvajes.

Él pudo saborear la sangre en su boca de donde debió haberle partido el labio con una mordida. O tal vez era la sangre de ella. No importaba. Todo lo que registraba era el calor eléctrico apretando su longitud y los gemidos carnales de ella balbuceando en su boca.

Los tambores de batalla apenas habían tocado cinco minutos cuando sintió cómo ella comenzó a ondularse alrededor de él, apartando su rostro del suyo para arquear la espalda contra la pared y cantar la estremecedora melodía de gritos.

Siete potentes embestidas más dentro de sus paredes que todavía se contraían y el dolorosamente y delicioso éxtasis bramó fuera de su ingle e inundó su hueco. Colapsaron en el suelo, ella aferrándose a él con fuerza mientras sus respiraciones fuertes y agitadas chocaban entre ellas. Él movió la cabeza para descansar sobre su hombro, lamiendo su oreja distraído mientras tragaba un gruñido de satisfacción.

—¿Mejor? —él murmuró sobre su cuello revestido de sudor.

—Sí, mucho —ella exhaló, acariciando su mejilla con la nariz y dándole un beso en la mandíbula. —Perdón por haberte abofeteado.

Él resopló divertido. —Bueno, al menos esta vez no me rompiste la nariz.

—¿Cuándo te…

—Tercer año.

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Hermione leyó las palabras otra vez. Y luego otra vez. Levantó lentamente la mirada a la expresión vacía de Draco, preocupada y deseando en silencio ser tan hábil en esconder sus emociones como él. Había leído antes esas palabras, y prometían la muerte a pesar de la casi cordial invitación.

No, no invitaciones. Ultimatums.

Ella reprimió un escalofrío y agarró con un poco más de fuerza las sábanas de Draco alrededor de ella mientras él se sentaba cerca de sus pies, mirando su rostro atentamente.

—Él te quiere ver en el Callejón Knockturn —ella comentó en voz baja, entregándole la carta. —¿No es eso un poco obvio?

—No especifica dónde —él se encogió de hombros, y ella quería regañarlo por ser tan casual con este tema. —Supongo que él solo toma tu presencia como una señal de que quieres continuar y entonces mandar más cartas. Dudo que haya un verdadera presentación. Eso sería simplemente estúpido.

—Eso es verdad —estuvo de acuerdo, frunciendo los labios, pensativa. —¿Entonces qué quieres hacer?

—Creo que debería ir —declaró con otro encogimiento de hombros,indiferente, como si fuera obvio.

—¿Lo dices en serio? —ella se quedó boquiabierta, entrecerrando los ojos cuando él asintió de manera severa. —Draco, no puedes.

—¿Por qué diablos no? —él frunció el ceño, moviéndose en la cama. —Tal vez lo vea…

—No tienes idea de quién podría ser…

—Estás equivocada —él la detuvo. —Sé que es Montague…

—No —dijo ella, empujando sus rizos despeinados fuera de su rostro. —Tú crees que es Montague, pero te estás basando en un resentimiento que tuvieron desde la infancia.

—Como sea —él resopló, arqueando una ceja cuando Crookshanks entró al dormitorio. —Aun así, creo que puedo llegar a reconocer a alguien.

—La mayoría de las personas en el Callejón Knockturn son de poca confianza —ella remarcó mientras su mascota jengibre se puso entre ellos.

—Aún así, podría notar algo —él insistió, dándole al gato su habitual mirada fría.

—Puede ser una trampa, Draco —le dijo ella, su rostro serio y concentrado mientras hablaba. —De hecho, ¡estoy segura que es una trampa! ¿Te olvidaste lo que Adrian Pucey te dijo? Ni siquiera tendrías que estar recibiendo una carta porque eres un evidente estorbo…

—Pero…

—Si hubieras recibido una carta antes de que se haya divulgado que somos pareja, —ella continuó, dejando a un lado su intento de interrumpir —entonces tal vez hubiera sido una buena idea que vayas, pero estás en una relación pública con una hija de Muggles, y una bastante famosa, en caso de que no te hayas dado cuenta…

—Si tú lo dices —él murmuró, siendo sarcástico.

—Y —ella lo ignoró. —Es de público conocimiento que eres uno de los investigadores principales en el caso así que, al menos que, este tipo haya estado viviendo en una cueva, no hay manera que no sepa que…

—Estás divagando…

—Además, —ella continuó con su diatriba, ahora agitando las manos alrededor para elaborar su punto —es probable que te conozca, Draco, y es probable que creas que irás y verás qué sucederá…

—Granger…

—No, —ella finalizó, moviendo la mano en el aire. —de ninguna manera. Es obvio que es una trampa, tú estarás jugando y eso es estúpido, Draco…

—¡Está bien! —él resopló, pero una sonrisa estaba tirando de sus labios mientras la miraba. Era sorprendente lo que un rápido polvo podía hacer. —Nunca pensé que diría esto pero es bueno ver tu perra interior de regreso, Granger.

Ella forzó una mirada ofendida sobre sus rasgos cansados, pero el rubor que robó sus mejillas lo hizo menos convincente. Se dio cuenta que se sentía culpable, y no solo por una cosa. Sintió que debería seguir derramando lágrimas por Penélope, y la pausa en su duelo se sintió como una traición.

También se sintió que no había sido más que la carga de Draco en la última semana entre sus secretos y crisis. Estaba furiosa en la manera que había reaccionado ayer, decepcionada con su comportamiento no profesional y sus acciones cobardes. Había estado rodeada por la muerte más a sus dieciocho años que la mayoría de las personas que vería en sus vidas promedio, y aun así había tenido un ataque de pánico.

Tal vez había sido la proximidad del cadáver de Penélope, o quizás solo había sido el trauma de ser cubierta por la sangre de su amiga. Pero sabía que era probable que los eventos de las semanas que pasaron finalmente la habían alcanzado, y su cuerpo y cerebro habían fallado para lidiar con eso.

—Se siente extraño —le dijo en voz baja, acariciando nerviosa a Crookshanks. —Disfrutar tener una discusión contigo cuando ella lleva apenas un día muerta.

Él se encogió.

—Ha sido una… mala semana —ella murmuró, ladeando la cabeza a un lado. —En realidad, horrible…

—Relájate, Granger —le dijo, decidiendo que era mejor mantenerla distraída.

—No quiero que muera nadie más —ella susurró, su voz quebrándose un poco. —Me siento como una idiota. Cuando era más joven, pensé que una vez que Voldemort fuera vencido sería el final de toda esta mierda de la pureza de la sangre, pero en verdad no fue así. En mayo se cumple cinco años de su muerte, y las personas siguen siendo asesinadas por las mismas razones.

Él no sabía cómo responder a eso porque era verdad. Sí, las cosas habían progresado pero estaban lejos de ser perfectas, y el mundo estaba engañado si veían lo contrario. Los prejuicios y el racismo no fueron erradicados solo porque se había lidiado con un dictador. Conocía la historia Muggle y Mágica lo suficiente para saber que Voldemort no había sido el primer racista con un deseo por la sangre y ciertamente no sería el último. Era inevitable.

Dejó escapar un suspiro cansino cuando se dio cuenta cómo se hubiera convertido en una de esas personas fácilmente. Como había sido diseñado para ser una de esas personas. Y aquí estaba, compartiendo su casa y…lujuria…bueno, más que lujuria… con alguien que una vez él deseó que muriera.

La hipocresía era una patada en los huevos. Aunque extrañamente reconfortante.

—¿Entonces qué sugieres que hagamos con la carta? —preguntó él, señalando el pergamino con la esperanza de alejarla de su lamento. Su expresión se torció en una máscara de tenacidad que se notaba más a relajo que a tristeza, y él se aplaudió en secreto por desviarla exitosamente de sus pensamientos tristes. Y por descargar un poco de frustración hace un rato más temprano.

—Necesito emitir un comunicado a la prensa —ella explicó, ignorando su mirada escéptica. —Es obvio que él quiere que las cartas permanezcan en secreto así que si las hacemos de público conocimiento lo podría irritar…

—¿Quieres irritar a un psicópata? —dijo él arrastrando las palabras en ese tono de voz estoico que le quedaba tan bien.

—Sé que suena apresurado —ella concedió frunciendo ligeramente el ceño. —Pero es más probable que lo estropee cuando está molesto. Ya hemos probado todo lo demás.

Él la contempló con su mirada gris ceniza antes de asentir lentamente. —Está bien —exhaló, sabiendo que ella sería capaz de escuchar su duda. —Tu decisión, Granger.

—Bien —ella lo agració con el susurro de una sonrisa. —Enviaré algunas lechuzas mañana y emitiré el comunicado el lunes…

—¿Lunes? —él repitió, dándole una mirada desaprobatoria. —No creo que deberías ir a trabajar el lunes…

—Entonces ¿qué quieras que haga? —ella cuestionó, quitando a Crookshanks de su regazo y poniéndolo en el suelo. —¿Revolcarme en la miseria aquí sola?

—Nadie te juzgará por tomarte un día de descanso —él remarcó. —Estás triste…

—Estoy enojada —ella corrigió, solo registrándolo para sí misma. —Y es así cuando trabajo mejor.

—Bueno —él se rindió, agitando una mano desdeñosa hacia ella. —Si tú lo dices, Granger.

—Tengo que investigar cómo se metió en mi casa —ella murmuró de repente, arrugando el entrecejo, pensando.

—Pudo haber sido un par de cosas —dijo él, levantándose de la cama para estirar sus extremidades. —Pudo haber conocido a Clearwater o solo pasó mucho tiempo rompiendo tus escudos protectores. Mi opinión personal es que utilizó Legeremancia en ti así sabía cómo habías lanzado tus escudos. ¿Recuerdas que me contaste que sentías como si alguien estuviera hurgando en tu cabeza?

—Supongo que tienes razón —ella exhaló con una pequeña mueca. —¿Eso significa que tu casa tal vez no sea segura?

—Snape comenzó a enseñarme Oclumencia cuando tenía trece años —explicó, dirigiéndose fuera del dormitorio. —Todos los pensamientos en mi cabeza están a salvo. Voy por un poco de café.

—Mañana voy a ir a ver a Ron y a Harry —ella dejó escapar rápidamente, y él detuvo su salida. —Sé que no han sido brillantes estas últimas semanas…

—Te quedas corta…

—Pero los extraño —ella confesó con un suspiro cansino. —Y ahora los necesito.

Hubo algo fuertemente desconcertante al escuchar que su novia dijera que necesitaba a otros dos hombres, pero se recordó a sí mismo que ya conocía de su intensa amistad cuando decidió comenzar a perseguir a Hermione. Aun así, había sido agradable tenerla para él mismo durante las últimas semanas sin ninguna interferencia del Imbécil Inmortal y el tumor pelirrojo firmemente aferrado a su lado, incluso si a veces sí afectaba a su estado de ánimo.

—¿Y? —él preguntó, no confiando en sí mismo para decir algo más.

—Solo pensé que debería decírtelo —ella murmuró. —Los visitaré mañana…

—No —él la calló, haciendo una pausa para fruncir el ceño. —Si vas al Hoyo, o como se llame el maldito basurero de los Weasley, entonces vas a hacer exactamente lo que él te pidió…

—No me voy a quedar allí por mucho tiempo —ella razonó. —Solo hasta que hayamos averiguado algo…

—Eso podría llevar horas —frunció el ceño, sus palabras mezcladas con desprecio. —Y luego te dirá que te quedes a pasar la noche…

—No lo hará…

—Tienes toda la razón que no lo hará —él espetó, dándole una mirada penetrante. —Porque no vas a ir al Hoyo.

—Se llama La Madriguera —ella murmuró, rodando los ojos. —Bien, entonces les voy a pedir que nos encontremos en una cafetería o algo así…

—También es estúpido —dijo él, cruzándose de brazos. —La prensa estará encima de ti porque a estas alturas ya sabrán que ha habido otro asesinato, y que sucedió en tu casa.

Ella succionó aire. A veces, en realidad odiaba su actitud contundente. —Bueno, —ella empujó la palabra de sus labios tensos. —entonces ¿En dónde sugieres exactamente que nos encontremos?

Él vaciló y apartó la mirada, murmurando algo inaudible para sí mismo y apretando los puños. Ella había visto esta rutina antes y sabía que significaba que él se estaba preparando para decir algo que había decidido que era demasiado… bueno… anti Malfoy.

—Diles que vengan aquí —murmuró finalmente y ella apenas ocultó su sorpresa. —Quiero ser capaz de comunicarme contigo si tengo que hacerlo, y estoy seguro que sus escudos protectores no van a ser particularmente cordiales conmigo.

—No pensé que querías estar cuando hable con ellos…

—No quiero —él admitió, apretando los dientes mientras sus pensamientos continuaban reflexionando sobre sus dos mejores amigos. —Esperaré en otra habitación. Y va a ser mejor que grites si Weasley intenta algo…

—Él no va a intentar nada, Draco…

—Bueno, su comentario de anoche dijo lo contrario —se burló, sin ser capaz de contener el sabor amargo. —Potter no es el problema, Granger; es Weasley quien que me molesta. El que venga a mi casa y joda con…

—Draco —dijo ella con un atisbo de entretenimiento. —En verdad no hay motivo para estar celoso…

—¡No estoy celoso! —él la interrumpió rápidamente, su mirada dura e inquieta. —El día que un Malfoy envidie a un maldito Weasley será mi último día. Es que simplemente no lo puedo soportar o confiar en él, especialmente cerca de ti. Y no ayuda a su caso que se meta en mi casa y exija que te vayas con él…

—Hablaré con él —ella levantó la mano, comprendiendo —Ron solo tiene la mala costumbre de hablar sin pensar…

—Me da igual —él espetó, volviendo a salir del dormitorio. —Diles lo que tenga que decirles y luego que se marchen. No los quiero en mi casa más de lo necesario.

—Entendido —ella asintió, sofocando una sonrisa privada. —Gracias, Draco.

—Ni lo menciones —él frunció por sobre su hombro. —Nunca.

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El domingo en la noche, ella estaba relajada en unos vaqueros desaliñados y una de las camisetas holgadas de Malfoy, sin darse cuenta que él le había dado a propósito una de color verde. Hermione había enviado sus cartas a Harry y a Ron el día anterior y estaba y los esperaba dentro de una hora, aunque nunca había recibido una respuesta. Para mantenerse ocupada había decidido instalar su televisor en la sala de estar de Draco, para la irritación de su novio, quien estaba sentado en el sillón y mirándola con ojos condescendientes.

—Estúpido artefacto Muggle —murmuró cuando ella casi se tropieza con el cable. —¿En verdad vale la pena?

—Oh, cállate —ella lo regañó, intentando mantener la dignidad cuando casi se vuelve a caer. —Voy a volverte adicto a EastEnders aunque me muera…

—De ninguna manera —él resopló.

—¿Debe haber un programa que te haya gustado? —preguntó ella, contando la lista de shows que lo había obligado a mirar cuando él se quedaba en su casa. Supuso que eran cerca de veinte, y lo miraba esperanzada mientras él pensaba en su pregunta.

—El que hace todas las preguntas era tolerable —dijo con reticencia. —Con ese tipo que es realmente inteligente…

—Oh ¿QI?(1)—ella confirmó, sus ojos radiantes por un breve momento. —¡Es mi favorito! ¡Stephen Fry es mi héroe! Me alegra que te guste.

—Dije que era tolerable —él murmuró, pero lo pensó mejor antes de hacer un comentario derogatorio cuando se dio cuenta que era la primera vez que ella había sonreído en un tiempo. —¿A qué hora vienen Potter y Weasley?

—En cualquier momento —dijo ella, aplaudiendo triunfante cuando se encendió la pantalla. —¡Sí! ¡Te dije que iba a hacerlo!

—Felicitaciones —él gruñó, entrecerrando los ojos cuando las luces fuertes se ajustaron y ella se fue a la cocina. —¿Adónde vas?

—Creo que quiero una copa de vino para calmar mis nervios —ella explicó, tambaleándose cuando pasó por su lado descalza. —¿Quieres algo?

—Whisky de fuego —pidió él, regañando cuando se dio cuenta que las imágenes en la pantalla eran de una de esas telenovelas que a ella le gustaban tanto.

No podía entender de ninguna manera la conexión entre bañarse y cantar y qué tenía que ver con los programas mundanos. Muggles extraños.

Las imágenes resplandecientes solo lograron capturar su atención por cinco segundos cuando su chimenea retumbó por la actividad. Draco no pudo evitar el gruñido gutural que vibró en su boca cuando Harry Potter tropezó en su sala de estar. Los ojos verdes se conectaron de inmediato con sus ojos grises tormenta y rápidamente amaestró su expresión en una de impaciencia condescendiente.

—Malfoy —el mago de pelo oscuro saludó con labios tensos, moviendo incómodamente los pies.

El rubio solo exhaló por la nariz y rodó los ojos, ladeando la cabeza por sobre su hombro para gritar por la razón que había hecho que él permitiera que dos hombres irritantes entraran a su casa. —Granger —la llamó, girando lentamente la cabeza para darle una mirada regañina a Harry. —Llegó uno de los idiotas.

Él miró al otro hombre quien estaba obviamente luchando por pensar en una respuesta, escuchando los suaves pasos y estremeciéndose cuando la palma de su mano lo golpeó en la nuca. Él le lanzó una mirada insignificante pero reconoció que probablemente no había ayudado en la causa. Ella estaba llevando su copa de vino rubí y él pudo ver el movimiento del líquido mientras su mano temblaba ligeramente por los nervios.

—Hola Harry —ella saludó a su amigo en voz baja, sentándose lentamente junto a Draco antes de volverse hacia él. —Dejé tu trago en la cocina.

—Está bien —él asintió, dándole un rápido apretón a su rodilla antes de ponerse de pie. Por un breve momento consideró en ignorar su condición previa de no involucrarse en la charla, pero se recordó a sí mismo que ya había insultado a uno de sus amigos y las cosas probablemente solo se deteriorarían a partir de allí.

—¿Malfoy no se va a quedar? —Harry le preguntó a la bruja con un tono confundido.

—Estaré cerca, Potter —él contestó por ella, capturando los ojos de su novia con una mirada sarcástica. —Disfruta de la…fascinante compañía…

—Draco…

—Solo tenía que sacármelo del sistema —dijo con un encogimientos de hombros casual antes de salir de la sala. A pesar de sí misma, Hermione sintió un tirón divertido en las comisuras de sus labios, pero lo ocultó para darle a su acompañante una mirada insegura.

—Te puedes sentar, Harry —le dijo. —Él no ha hechizado los muebles.

—Estoy seguro que lo pensó —él comentó mientras se sentaba en el sofá de enfrente, y ella no estaba segura si su comentario había sido una reprimenda o una broma ligera.

—¿Esperamos a Ron? —preguntó ella, odiando la atmósfera incómoda.

—Creo que deberíamos.

—Entonces ¿te sirvo un trago o algo? —le ofreció por falta de decirle algo más. Ya había preparado una pequeña porción de cerveza de mantequilla, decidiendo que agregar whisky de fuego a la situación no terminaría bien entre el temperamento de Ron y el hábito de Harry de quedarse dormido.

—Por ahora no —él declinó, haciendo una pausa. —¿Cómo estás, Hermione?

—Estoy bien —ella mintió, sabiendo que él se refería a Penélope. —Fue un golpe bastante duro.

—Sé que se habían vuelto muy cercanas —dijo con una expresión triste. —Debió haber sido horrible y lo siento por eso.

—Gracias —ella susurró.

—Es por esto que odio no poder hablar contigo, Mione —dijo él apresurado. —Estaba tan preocupado cuando Kingsley explicó lo que había sucedido. Vinimos tan pronto lo escuchamos, te lo juro.

—Sé que lo hicieron —dijo ella con una sonrisa rota. —Y perdón por haberte dicho que te marcharas pero había habido suficiente mierda en un día sin que Ron le grite a Draco…

—Lo sé —él asintió, arrugando la nariz. —Pero tienes que entender por qué Ron lo dice, Mione.

—¿Tengo que hacerlo? —ella preguntó, sonando más molesta que triste. —Sé que Draco fue horrible en la escuela, pero eso fue hace casi cinco años atrás, Harry. ¿Pero no te parece un poco mezquino que no podamos seguir adelante?

Cualquier respuesta que su amigo iba a decirle fue ahogada con la llegada de Ron, y ella vio con atención a su ex novio confundido mientras se sentaba junto a Harry. Sintió las mariposas ansiosas en su estómago temblar con su presencia y bajó la mirada a su regazo para pensar con claridad, y también tomando un sorbo de su vino.

—¿Te gustaría un trago, Ron?

—No, está bien —él murmuró, lanzándole una mirada inquieta. —Terminemos con esto.

—¿Podemos ser maduros con este tema? —Hermione regañó, intentando mantener su tono de voz bajo. —No los invité aquí para tener otro intercambio de insultos. Querías que tuviéramos una charla verdadera al respecto…

—¿Solo nosotros tres? —el mago pelirrojo sonaba escéptico. —¿Dónde está Malfoy?

—Él está en la otra sala…

—¿Así que no se va a unir con nosotros? —supuso con un tono áspero. —Es bueno saber que da su apoyo.

—Pensé que era mejor si éramos solo nosotros —ella ignoró su sarcasmo.

—Bien —Ron frunció el ceño, evidentemente sin estar convencido. —Bueno, al menos no tengo que mirar al idiota…

—Ron —Harry se dirigió a su amigo con una voz cansada. —Solo relájate y habla de esto apropiadamente.

—Bien —admitió con un poco de dificultad, lanzando su mirada azul nieve a su ex novia. —Lo siento, Mione, sé que has tenido unos días difíciles. Continúa.

Hermione no pudo evitar suspirar. —Los extraño a los dos —confesó, calmándose cuando el rostro de Ron se suavizó un poco. —No quiero seguir peleando con ustedes. No está bien.

—Nosotros también te extrañamos —Harry le dijo, pero ella mantuvo la mirada en su ex. —Esto es solo un poco…inesperado.

Equivocado es la palabra en la que estoy pensando —el pelirrojo murmuró. —Es solo que no entiendo cómo puedes estar cerca de él, Mione. Es un bravucón y un imbécil…

Era—ella corrigió. —Pero ha cambiado…

—Nadie puede cambiar tanto…

—¿Cómo lo sabrías? —ella replicó, negando con la cabeza. —No le has dado el tiempo de…

—Algunas personas no lo merecen —él musito, chasqueando la lengua. —Lo odio Mione. Siempre lo he hecho, siempre lo haré.

—¿Odio? —ella repitió, frunciendo el entrecejo. —¿No crees que odiar es un poco extremista?

—No. —y la palabra sonó como plomo.

—Ya veo —dijo ella, dándole a Harry una mirada ilusionada. —¿Qué hay de ti, Harry?

Él apartó la mirada por un momento, cerrando los ojos para pensar su pregunta. —Supongo que no lo odio —murmuró incómodo.

—Bueno, yo sí —Ron proclamó, casi como si estuviera orgulloso de eso.

—¿Más de lo que me amas? —ella inquirió, odiando su tono que ahora sonaba casi a ruego.

—Eso no es justo —dijo él, respirando hondo antes de continuar. —Tú sabes lo mucho que significas para mí.

—Entonces por favor intenta asimilarlo —la bruja suspiró, sus ojos parpadeando entre los dos. —No te estoy pidiendo que te lleves bien con él o incluso que hables con él. Simplemente te estoy pidiendo que aceptes que estoy en una relación con Draco y no dejes que afecte nuestra amistad. ¿Por favor?

Un silencio hosco se deslizó entre ellos, lo suficientemente denso que ella pensó que podía estirar la mano y sentir el hormigueo en sus dedos. Se mordió el labio mientras ellos pasaban por varias expresiones faciales que se ponían de acuerdo con sus pensamientos, fluctuando entre duda, rechazo y razonamiento.

—Supongo, —Harry alejó el silencio con una mueca vacilante —que puedo aceptarlo…

—¿Qué? —el otro mago lo miró enojado. —No puedes hablar en serio ¿Harry?

—Lo digo en serio —él asintió, levantando la mirada a la sonrisa agradecida de la castaña. —Nunca antes hemos cuestionado su juicio…

—¡Porque no teníamos motivos para hacerlo! —Ron levantó la voz. —¡Pero esto va más allá!

—No dije que estuviera feliz al respecto —Harry le discutió, moviendo sus ojos verdes al pelirrojo. —Pero ella tiene razón; no deberíamos dejar que afectara nuestra amistad…

—Bueno, si ella simplemente rompiera con él, no afectaría nuestra amistad…

—No hables de mí como si no estuviera aquí —ella le dijo a Ron con un leve gruñido. —¿No puedes solo pasarlo por encima como yo lo he hecho?

—No, Hermione —él espetó, y ella pudo darse cuenta que su temperamento estaba comenzando a aumentar. —Tú no lo pasaste por encima, te metiste debajo de él…

—Ron —Harry se encogió, sintiendo la ofensa hacia ella. —Cálmate.

—¿Por qué tendría que calmarme? —él exigió. —Ella quería hablar; ¡hablemos! Puedes adular a Malfoy todo lo que quieras, Mione, pero nunca voy a estar feliz con esto…

—¡Te dije que no tenías que estar feliz con esto! —ella le recordó duramente. —Te pedí que lidiaras con esto y te comportaras como un adulto…

—¡Bueno no veo por qué debería hacerlo! —él contra atacó, levantándose de su asiento para intimidarla con la mirada. —Cuando él te perjudique vamos a ser nosotros los que vamos a tener que recoger los pedazos…

—¡Si él me perjudica! —ella gritó, también saltando de su asiento. —¡Y eso es irrelevante, Ron! ¿En verdad odias a Draco más de lo que me amas?

—Por supuesto que no —él murmuró, el fuego en su rostro desapareciendo lentamente.

—Entonces por favor —ella imploró, caminando hacia él así podía tomar una de sus manos. —Por favor ya no me pelees. Odio discutir contigo así pero no debería dejar ir a alguien porque solo no estás de acuerdo. No quiero perderte.

Ella sabía que estaba dramatizando un poco, pero los años de aprender las piezas y los mecanismos de Ron significaban que ella sabía qué botones presionar. Tal vez fue un poco manipulador, pero estaba desesperada en ganar algún nivel de reconciliación antes de que sus dos amigos se fueran. Los necesitaba ahora; a los dos.

—Nunca me podrías perder —él dijo de mala gana, pero el corazón de ella renació de todas maneras. Apretó su mano un poco más fuerte con gratitud mientras él continuaba. —Supongo que…

Pero su voz se apagó cuando la chimenea volvió a retumbar, anunciando otro invitado.

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(1) QI o Quite Interesting (QI o Muy interesante, la abreviatura deliberadamente indica a IQ al revés) es un panel de comediantes, un programa de televisión británica BBC presentada por Stephen Fry.


NdT: Hola mis queridas lectoras, vuelvo a pedir disculpas por el retraso, pero con este problema de mi querida computadora me ha estado haciendo cortar estragos, tenía el capitulo completo traducido antes de que repararan mi compu, pero solo encontré menos de la mitad cuando lo volví abrir… me quería morir… así que a empezar de casi cero y acá estoy. Gracias por la paciencia, pero a veces estas cuestiones de las fallas en la tecnología están afuera del alcance de uno. Pero acá estamos y espero que hayan podido disfrutar el capítulo.

No me voy a seguir explayando mucho más, solo espero que estén bien, y nos veamos más seguidos con este fic, espero sus leales reviews con ansias y gracias por todo una vez más. Que tengan una excelente semana. ¡Las quieroooo!