Robando tu corazón

25. Un poco de todo

Pichit volvió al taller con una sonrisa de oreja a oreja.

- Parece que te fue bien- dijo Otabek al verlo.

- Sí bueno no era lo que esperaba, pero estoy satisfecho- los tres rieron ante las ocurrencias del moreno- ¿Y ustedes en que están? ¿Parece que se llevan muy bien?

- Hablo con Yura casi todos los días, así que es de esperarse ¿No?- respondió el kazajo mientras Yurio solo podía apartar la mirada avergonzado.

Después de entregarle nuevos comunicadores, Otabek se despidió de ellos diciendo que tenía clases. Yurio y Pichit fueron a almorzar al casino de la universidad y luego emprendieron el rumbo hacia el centro de patinaje.

La tarde paso tranquilamente y una vez que la práctica termino se fueron hacia la casa de los dos amigos. Al llegar Pichit se dedicó a enseñare al ruso todo lo que hacían durante los robos de Eros, como se infiltraba en el sistema de seguridad, como Yuuri era capaz de zafarse de la policía, como elegía los lugares para devolver las joyas, etc.

- ¿Cómo es que el idiota de Viktor no se da cuenta de que el katsudon es Eros?

- Bueno, cuando Yuuri estaba en la universidad hizo unos cursos de teatro y participo de varias obras, tiene la habilidad para adaptarse a cualquier personaje, supongo que eso lo ayuda bastante a despistar a tu tío- le respondió el tailandés- aunque no entiendo por qué quieres hacer esto con nosotros ¿Tienes algo específico en mente?

- Nah, solo me gusta joder a Viktor, además esto se ve mucho más divertido que pasar el rato en la casa de la señora de los gatos- dijo el rubio.

Después de un rato ambos fueron llamados por Yuuri para cenar, pasaron su tiempo comentándole a Yurio todos los pormenores de sus anteriores robos y entre tantas risas el tiempo se les pasó volando. Sintieron unos golpes en la puerta principal y supieron que se trataba del detective.

- Yuuri~ - dijo el ruso abrazándose a su hermoso japonés- gracias por cuidar de mi gatito

- N-no es nada- decía mientras intentaba con toda sus fuerzas no sonrojarse ante la cercanía del peliplata.

Los rusos se despidieron y luego Pichit y Yuuri se fueron a dormir para encontrarse al otro día en el desayuno.

- Buenos días Yuuri- el tailandés siempre era el primero en levantarse pero esta vez había dormido más de lo habitual.

- ¿Sucede algo bueno?- preguntó el japonés, ya sabía perfectamente que cuando al moreno le ocurría algo sumamente bueno este dormía más de lo habitual.

- No nada importante- tomó asiento al lado de su amigo y comenzó a servirse cereal- bueno si, lo que pasa es que ayer hable con Seung Gil y lo invite el fin de semana a mi cumpleaños

- ¡Eso es fantástico!- Yuuri se encontraba realmente feliz por su amigo el cual estaba levemente sonrojado.

-Yuuri, alcánzame la leche por favor- era su intento por cambiar el tema antes de que el japonés comenzara a hacerle más preguntas al respecto. Mientras vertía la leche en su taza se debatía sobre si contarle o no a Yuuri sobre la propuesta de Seung Gil.

"… En otras noticias, nuestro reportero estrella Christophe Giacometti tiene imágenes exclusivas del famoso ladrón fantasma Eros ¿Cierto?

- Así es Nancy, las fotografías son del robo de anoche, aquí podemos apreciar al ladrón, no estamos seguros de que es el traje que viste pero puedo asegurar que es bastante sexy. Eros se escapó de la policía y de nosotros también, pero aun así pudimos captar las imágenes que les estamos mostrando

- Eso es increíble, esperaremos hasta el próximo robo de Eros para ver si Chris puede conseguir más fotos de este escurridizo ladrón. Manténganse en sintonía para más información sobre…"

- ¡Pichit a leche! ¡Otra vez no!- gritó Yuuri visiblemente nervioso.

- ¡Ah! Ya lo limpio- el moreno al ver el estado de su amigo decidió que definitivamente no le contaría sobre sus planes con el coreano.

- ¡Ahora si estamos en problemas! ¡¿Cierto?!

- Tranquilízate Yuuri, ni siquiera Viktor se da cuenta que tú eres Eros, menos lo harán ellos que ni siquiera te conocen

- P-pero… no sé ¿Y si Chris sabe algo?

- Pues si supiese ya estaría la policía aquí arrestándonos- logro que su amigo se tranquilizara un poco con esas palabras. Terminaron de desayunar y salieron de la casa para dirigirse a la parada de autobuses.

- ¡Pichit!- gritó la vecina al verlos salir- ¿Viste las fotos de Eros en las noticias? No te dije yo que era alguien sexy

- Sí- el tailandés reía mientras veía como el japonés aceleraba sus pasos completamente rojo ante los dichos de la vecina.

Tras molestar a Yuuri todo el camino, se separaron. Pichit iría un rato a la universidad y luego pasaría a comprar las cosas necesarias para la celebración del fin de semana. El japonés en cambio tendría toda la mañana ocupada y en la tarde recibiría a Yurio para su entrenamiento.

- ¡Yuuri!- le habló Celestino al verlo llegar al centro de patinaje- Tú tienes contacto con el tutor de Yuri Plisetsky ¿Cierto?

- ¿Con Viktor?

- Sí, necesito tener un permiso firmado por él antes de las dos de la tarde o no podremos inscribir al chico para la próxima competencia

- Pero Yurio llega a las tres y se viene desde el colegio solo- Yuuri sabía lo mucho que su alumno se había estado esforzando para poder participar y no pensaba dejar que se perdiese la oportunidad- Celestino si me dejas yo puedo ir hasta donde trabaja Viktor y volver con el permiso firmado

- Está bien, yo me ocupare de lo tuyo mientras vuelves- dijo su jefe, pues él tampoco quería que el pequeño ruso perdiera la oportunidad de competir.

Yuuri dejó sus cosas y se fue con lo justo y necesario hasta la estación de policías. Una vez allá se encontró con la chica de piel morena y cabellos oscuros de la última vez, ella le sonrió amablemente y le dijo que fuera hasta el cuarto piso en donde estaba la oficina de Viktor. El japonés se encamino hacia el elevador y entró, cuando las puertas de este estaban a punto de cerrar alguien ingresó a toda velocidad justo a tiempo.

- ¡Fiuu! ¡Lo logre por poco!- decía un chico de piel algo tostada y cabellos oscuros. De pronto fijó su mirada en el japonés- ¿Eres nuevo? Nunca te había visto antes por aquí ¿A qué escuadrón te asignaron?

- No, no soy policía, yo solo vengo de visita

- Oh, que lastima, pensé que podríamos haber terminado trabajando juntos. Mi nombre es Jean Jacques Leroy pero puedes decirme JJ- decía mientras acortaba la distancia con Yuuri- soy la mano derecha del jefe de policía, así que si tienes algún problema no dudes en llamarme- dijo guiñándole un ojo.

- G-gracias…- no pudo evitar sentirse un poco avergonzado.

- ¿No me dirás tu nombre?

- ¡Ah! Lo siento, soy Yuuri Katsuki, un gusto- dijo mientras le extendía la mano al policía, si bien ese tipo de saludos no eran parte de sus costumbres los hacía por mera formalidad.

- El gusto es mío Yuuri- JJ imitó su gesto dándole un apretón de manos y sin soltarlo se acercó aún más quedando a escasos centímetros del japonés, luego con su mano libre tomó la barbilla del otro obligándole a levantar la mirada mientras lo inspeccionaba a fondo- Nada mal…parece que alguien tiene muy buen gusto- decía el policía en lo que observaba a Yuuri quien había quedado en blanco ante la repentina acción.

De improviso las puertas de elevador se abrieron avisando que ya habían llegado hasta su destino. Una cabellera plateada se encontraba a punto de entrar cuando sus ojos se abrieron excesivamente ante la escena que tenía en frente.

- ¡Yuuri!- gritó el detective tomando al japonés y sacándolo rápidamente del elevador- ¿Estás bien? ¿Te estaba molestando?- dijo tratando de contener su enojo mientras veía de reojo como JJ también había salido del elevador.

- No, estoy bien…

- Solo estábamos presentándonos- habló JJ mientras que el ruso le dedicaba una mirada de odio- Bueno, un placer charlar contigo Yuuri, nos vemos- dijo mientras se perdía por las oficinas del piso.

- V-Viktor…- el pelinegro se removía un poco incómodo pues el detective inconscientemente se había acercado a él tomándolo por la cintura y Yuuri intentaba con todas sus fuerzas no ponerse rojo- T-tengo un permiso que debes firmar para Yurio o no podrá competir

- Ok vamos a mi oficina- el ruso entrelazo su mano con la de su hermoso japonés y lo arrastro hasta lo que él consideraba un lugar seguro.

Una vez que entraron Viktor cerró inmediatamente la puerta detrás de ellos y sin previo aviso envolvió entre sus brazos en un fuerte abrazo al pelinegro provocando que este se sonrojara furiosamente ante tan inesperada acción.