-Si tocas mis cosas, te asesinaré. – Decía Ichiko con esa mirada fría tan característica de ella. Acto siguiente se dio vuelta y se esfumó del lugar. Las chicas intercambiaron unas miradas cómplices y la siguieron, dejando al nuevo huésped dentro de su nueva habitación.
Resulta que habían arreglado las cosas así: Choroko se muda a la habitación de al lado con Osoko, e Ichiko con las dos más jóvenes. Karamatsu ocuparía la habitación restante que le pertenecía a la de púrpura y a la de verde para él solo.
Mientras cerraba la puerta suavemente, llegó a escuchar la voz de Choroko en el pasillo diciendo algo como "Nueva regla de la casa, Jyushiko dejarás de pasearte por ahí desnuda… Tú también Ichiko", seguido de un chasquido de lengua proveniente seguramente de la ultima nombrada.
Cuando la puerta estuvo del todo cerrada, el penetrante aroma de cierta joven de avellanas hizo su debido efecto en el azul.
Apenas estuvo unos instantes a solas, Karamatsu se cubrió instintivamente allí abajo para ocultar su excitación, a pesar de que no había nadie para verlo.
"Esto va a ser más difícil de lo que pensaba..."
Al pasar los minutos, cuando ya se había tranquilizado un poco, ya había desempacado la poca ropa que tenía en unos de los muebles del lugar. Por ahora se encontraba meditando cuál cama elegiría para descansar.
Ambas eran de madera maciza, con sabanas blancas y cobertores de colores. En la cama de la izquierda, predominaba un cobertor verde con detalles rosas y negros. En la derecha, un cobertor violeta y liso.
Había también un par de armarios grandes, diversos estantes sobre las camas, un escritorio de madera que se denotaba mucho uso y una gran ventana que estaba justo debajo de la cama de (quien pensaba que era) Choroko.
El espacio era más grande que la habitación que compartía con sus hermanos en su hogar…
Karamatsu frunció los labios de preocupación.
¿Era buena idea haberse ido así sin más? Se suponía que era para evitar problemas… Pero no dejaba de sentirse un poco culpable. Al menos había dejado el número de la casa a sus padres para cualquier emergencia. No creyó que sería buena idea dejar la dirección. ¿Y si alguno de sus hermanos lo iba a buscar? No quería arriesgarse a comprometer a las chicas… Además, solo sería unas semanas, podía con esto.
Se sentó en la cama de Ichiko (por ser la que estaba más cerca) y se quedó tratando de imaginar cómo estarían sus hermanos al llegar a casa y darse con que él ya no estaba.
Esperaba que lo ignoraran como siempre, pero… La última vez que vio a sus hermanos, las cosas no terminaron muy bien que digamos. Desapareciendo así solo justificaba más a Choromatsu y a Todomatsu que algo muy raro pasaba. Solo deseaba que todo esto terminara pronto.
El miedo de un nuevo ghoul en la ciudad (y uno realmente peligroso) era un poco palpable en el ambiente cuando Osoko le explicaba la situación. Él pudo haber rechazado la propuesta, pero… Después de todo lo que ellas hicieron por él, no quería abandonarlas… Además, el foco de atención estaban más en ellas, son Karamatsu's Girls después de todo, ¿no? Hasta que Ichiko se recupere, y las cosas se hayan calmado en la ciudad, el segundo hijo estaría viviendo en (casualmente) la casa Matsuno (de ghouls).
Aun no era muy tarde, pero por alguna razón se le empezaron a pesar los ojos.
Con los problemas que tuvo para dormir antes, no desaprovecharía esa oportunidad: se levantó para apagar la luz y se lanzó sin más en la cama de cobertor violeta.
El olor a Ichiko se sentía más vivo y fresco, pero por el momento eso no le trajo ninguna emoción. Se sentía muy cansado de golpe… Muy cansado…
Karamatsu cayó rendido y se durmió en el acto.
Pasaron las horas, y la noche trascurrió con tranquilidad… Hasta alrededor de las 3 am aproximadamente.
Gimi abrió los ojos exaltado.
Se levantó de la cama de un salto como un gato cuando ve algo que lo asusta, y se dirigió corriendo a un rincón aislado de la habitación.
El olor femenino lo confundía mucho. Era muy fuerte y ajeno para su gusto.
Pero lo que le molestaba era el predominio de ese lugar, de la casa en realidad… No era su territorio… Se sentía como un prisionero en ese lugar.
Se acurrucó nervioso en el suelo, deseando ver a sus gatos, a Jyushimatsu, a Ichimatsu…
Pero por lo poco que entendió viendo a través de Karamatsu, tenía que estar en ese lugar para proteger a las mujeres ghouls… Algo que Gimi veia completamente innecesario y molesto puesto que aunque nunca había visto en persona (¿?) a esas chicas, sabía que eran bastantes fuertes.
Escondió el rostro entre las rodillas, de nuevo estaba sintiendo ese cosquilleo raro, ahí abajo. Era el olor de la cama donde estaba durmiendo antes. Ese aroma estaba impregnado en su ropa.
Karamatsu decía que olía a avellanas, pero para él, le daba igual a qué olía, solo le empezaba a molestar.
Su rostro se sentía caliente y su corazón latía un poco más rápido. Aun sentía un poco de dolor por sus heridas que no habían curado del todo. Pero eso quedaba en segundo plano cuando incluso su respiración perdía el ritmo relajado.
Un lugar recóndito y profundo de su ser le ordenaba buscar a la ghoul dueña de ese aroma y… Y…. Bueno, aun no sabía para qué tenía que buscarla, pero no quería averiguarlo.
Tenía que salir de ahí.
Las pocas veces que estuvo oliendo alguna prenda con el olor de las féminas de esa casa, le daba un "no sé qué" en su estomago. Pero ahora tenerlo tan puro y fresco cerca de él, lo estaba lentamente volviendo loco. Curiosamente además, era el de la llamada "Ichiko" el que le llamaba más la atención. Sea como sea, tenía que irse.
Gimi se levantó velozmente, y con sumo cuidado abrió la ventana de la habitación.
Primero sacó la cabeza para dar una bocanada de aire fresco. Respiró un par de veces más y se preparó para saltar hacia abajo. Era un el segundo piso después de todo. No era la gran cosa.
Apenas colocó un pie sobre la barandilla, su desesperación se detuvo.
¿A dónde iría? ¿A su hogar? No podía regresar ahí aun por más que quisiera.
Volteó la cabeza hacia atrás, mirando la puerta que daba al pasillo, y de seguro, las otras habitaciones donde estarían las chicas.
La líder, la de anteojos, la rubia, la dueña del olor extraño Ichiko y… Todoko…
Extrañamente, Gimi sí se molestaba en recordar el nombre de la chica que había salvado de ese idiota ghoul hace tiempo. Incluso aun después de tanto tiempo, también se molestaba en dedicarle un pensamiento cada tanto. ¿Cómo estaría? ¿Está bien? Sabia gracias a Karamatsu que sí, pero… Era extraño, normalmente evitaba el contacto con los demás, pero a ella sí le interesaba ver… Pero no como Karamatsu, sino como Gimi, la otra mitad.
Tenía que irse, o quizás cometería una locura… Pero…
Un extraño sentimiento lo obligaba a quedarse, era como si, sentía que algo malo pasaría si se fuera de ahí.
Recordar al ghoul que mató a aquel sujeto la última vez… Se le erizaba la piel de lo asustado que estaba. Pensar que podría entrar a esa casa lo aterraba… Pero… No podía dejar a esas ghouls así.
Al final sí le importaban todas esas mujeres, aun pensando que podían cuidarse solas.
Bajó el pie resignado, pero dejó la ventana abierta. Esperaba que el aire limpiara un poco el ambiente.
Se recostó en la cama debajo de la ventana. El olor no le provocaba lo mismo que la otra cama, lo encontraba más relajante incluso. Es el aroma de la ghoul con lentes, era el más agradable de todos.
El cosquilleo bajó un poco pero se mantuvo inquieto un largo rato.
Gimi no era de los que estaban quietos (siempre y cuando no tuviera un gato consigo), pero se ordenó a sí mismo descansar.
Se quedó en vela un par de horas hasta que se durmió… Y Karamatsu despertó por el alboroto de las chicas. Aparentemente eso sería algo habitual en esa casa. Después de todo, el regreso a clases sería el día siguiente… Y las menores de la familia no habían preparado sus cosas.
En casa de los Matsuno (humanos), Ichimatsu se encontraba asomado en el balcón con el gatito naranja en su regazo.
El sol había salido lento y paciente hace poco, y aun no regresaba su doloroso hermano. Tenía la esperanza que quizás al menos Gimi regresaría, no lo conocía lo suficiente, pero tenía una idea de cómo funcionaba su mente.
El de purpura suspiró pesadamente, el tremendo insomnio de anoche no le dejó conciliar el sueño en ningún momento. Simplemente no podía creerlo: ¿Karamatsu se había ido? ¿Así nada más?
Cuando sus padres dijeron que se quedaría con unos amigos, Ichimatsu ya sabía que se trataban de esas mujeres ghouls que su hermano había mencionado antes. Un gran debate mental se desarrolló cuando todos se fueron a dormir.
Por un lado, supuso que Kusomatsu tenía sus razones, de no ser así, no se hubiera ido (¿verdad?). Además, aun no habían hablado sobre lo que pasó con el Dove asesinado, era obvio que su hermano de azul tenía que ver en eso, pero… No quería pensar en lo peor. Ni de él ni de Gimi.
Todos sus hermanos tuvieron sus reacciones anoche después de la cena.
Choromatsu se mostró entre lo molesto y asustado. "¿Realmente habían dejado que su hijo se fuera así sin dejar su dirección o algo?", sus padres solo mostraron el número de teléfono y dijeron algo de que probablemente Karamatsu volvería pronto. Después de eso, el de verde estuvo con un mal humor visible el resto de la noche.
Todomatsu sí se mostró más visiblemente preocupado. No le extrañó al matsu de los gatos, después de todo, se creía que el de rosa era el que tenía un lazo más sustancial con el de azul.
"Nosotros seis somos uno… Pero con Todomatsu es diferente…" Pensó mientras volteaba la mirada y veia al hermano más pequeño acurrucado en el futón. Aun con la distancia y la poca luz, sí notaba esos ojos rojos de llorar. "Después de ver a Karamatsu ponerse así esta mañana… Quizás por fin está viendo lo alejados que están."
Jyushimatsu apagó su sonrisa un largo rato, más tiempo del que hubiera imaginado. Cuando el cuarto y quinto hermano cruzaron miradas, Ichimatsu sintió un temblor en su interior, como un mensaje telepático que le decía que tenía que hacer algo. Sea como sea, el raro acontecimiento terminó cuando el de amarrillo volvió a sonreír, pero sin mucha convicción, solo para tratar de animar a su único hermano menor, a Totty que se fue de la sala con un semblante preocupado.
Osomatsu realmente fue el más esperado para reaccionar. Normalmente, Ichimatsu esperaría de él una broma para ablandar la noticia, un llanto caprichoso, un sarcasmo hiriente hacia Karamatsu, lo que sea de hecho. Pero no, él fue el único que se quedó callado y en "modo neutro" el resto de la noche. Incluso cuando Choromatsu le sugirió llamar a ese número y preguntar por la dirección, el de rojo solo le contestó tranquilo y con una voz apacible que si el segundo hijo quería estar lejos de ellos, que no había que molestarlo.
Solo Ichimatsu y Choromatsu escucharon eso mientras se preparaban para dormir. Todomatsu seguía encerrado en el baño con Jyushimatsu, hablando en murmullos que vaya a saber uno que demonios conversaban.
El de verde no insistió más, teniendo en cuenta la rareza de la situación (no solo Karamatsu, sino también el comportamiento de Osomatsu) decidió dejarlo ahí. Aun confiaba que su tonto hermano mayor y doloroso volvería pronto.
-¿No has dormido en toda la noche? – Se escuchó un susurro detrás de Ichimatsu. Éste dio un mini salto por el susto, pero no hizo suficiente ruido para despertar a todos.
El primogénito de la familia Matsuno se acercaba con cuidado para sentarse a lado de Ichimatsu en el balcón. Los rayos tímidos del sol iluminaron su rostro con ojeras leves.
-¿Tu pudiste? – Le preguntó en voz baja al mayor.
-Realmente no, con todo lo que ha pasado, era bastante difícil.
-¿A qué te refieres con "todo lo que ha pasado"? – Le extrañó Ichimatsu, la forma que lo dijo Osomatsu le dejo en duda si era por la ausencia del azul o era otra cosa.
El de rojo suspiró pesadamente y miró a los ojos a Ichimatsu. Hubo unos momentos de silencio hasta que el mayor habló:
-Anteanoche les pedí que buscáramos a Karamatsu porque… Porque lo vi irse tan solo unos minutos antes.
El menor aguardó silencio sin saber que contestar. No estaba seguro qué decir, en realidad…
-Niisan… - Se escuchó en voz baja detrás. Jyushimatsu se había sentado en el futón para sorpresa de los que estaban en el balcón, su típica sonrisa estaba más débil que nunca. Hizo un esfuerzo para levantarse con cuidado sin despertar a Choromatsu o a Todomatsu, quienes seguían en el mundo de los sueños.
Apenas el de amarillo se acomodó detrás de Ichimatsu, el de rojo continuo:
-Lo que quería decir, y creo que Jyushimatsu también lo sabe es que… - No pudo continuar, pero eso no importaba, porque alguien más terminó la frase.
-Karamatsu-niisan no es el mismo que duerme y se despierta en las noches, ¿verdad? – Dijo Jyushimatsu viendo al cuarto hermano.
Antes de que Ichimatsu pudiera hablar o abrir la boca al menos, Osomatsu sacó algo de sus pantalones y se lo tendió.
Era la pulsera de las esposas que Karamatsu tenía en la muñeca hace un par de noches.
-Estas son… De las esposas que usan los Doves… - Dijo el mayor de todos aun en voz baja viendo el objeto con el que debió deshacerse ese día, pero Choromatsu no se le despegó en ningún momento…
-Yo… - Alcanzó a balbucear el de purpura. Su estomago se le revolvía.
-Tengo una idea… - Lo interrumpió Osomatsu.- Una idea de lo que está pasando, pero realmente no estoy seguro de todo. Es demasiado loco e imposible pero… – Su voz, en bajo volumen aun y con un tono claro de preocupación, se notaba también en su mirada. – Solo quería esperar que Karamatsu hable con nosotros… O al menos conmigo de lo que le pasa…
-¿Tampoco querías confrontarlo directamente, Osomatsu-niisan? – Preguntó el de amarillo.
-Karamatsu no es de los que reaccionan mal ante una confrontación ni nada, pero… Me pareció que era mejor ser paciente… Como ahora…
Ichimatsu entornó la mirada.
-¿A qué te refieres?
-Que debemos seguir siendo pacientes… - Osomatsu miró seriamente al de purpura. – No te pediré explicaciones Ichimatsu… No quiero comprometerte si has hecho una promesa o algo por el estilo. Pero quiero que me digas la verdad sobre algo… - El cuarto hijo sentía que se encogía en su lugar. – Si sabes dónde está Karamatsu o tiene una idea de donde podría estar… ¿Él está seguro?
Ichimatsu tragó saliva antes de responder con una voz cansada y triste.
-No lo sé…
Pasaron pocas semanas luego de la marcha de segundo hijo.
En la casa Matsuno (ghouls) nunca recibió alguna llamada telefónica de parte de sus padres o sus hermanos. Karamatsu o podía interpretar si eso era algo bueno o no. Había estado prácticamente encerrado casi todos los días, en parte para estar alerta en casa de cualquier actividad sospechosa y la otra para evitar encontrarse con sus hermanos.
El puente cerca de casa, el parque, el puesto de Chibita, todos sus lugares preferidos había estado evitando ir.
De las pocas veces que salía, era para acompañar a alguna de las chicas hacer sus cosas, Todoko con su historia del novio falso (del cual según iba, ya habían cortado y él le rogó que regresen, y lo hicieron para luego terminar y no sabe como más sigue la historia porque por ahora solo son amigos y punto).
En el caso de Osoko, podría decirse que todo iba bien, en general le sonreía cada vez que se cruzaban miradas en casa, a veces le conversaba sobre los diferentes Kagunes y sus debilidades. Normalmente no salía a ningún lado si no era para trabajar o para dar unas vueltas en el vecindario a inspeccionar el terreno, y de todas formas, esto ultima prefería hacerlo sola. Una sola vez fueron juntos en estas rondas nocturnas, y Osoko se encargó de enseñarle algunos trucos del sigilo, como que el olor de los ghouls es casi nulo en los días de lluvia, la forma que tiene que caminar para no hacer ningún ruido y tratar de ocultar sus emociones para no demostrarlo en su aroma. Por alguna razón esta situación no se repitió, pero de todas formas, Karamatsu apreciaba que la de rojo pueda darse su tiempo para él.
Con Choroko a veces era para reemplazar la despensa con comida humana nueva y regalar la que se estaba por vencer. En una ocasión divertida, la de verde le preguntó si era buena idea darle todo lo que tenían a un vagabundo que señalaba en la calle del frente. Cuando notó que era Iyami, Karamatsu inventó cualquier excusa para no encontrárselo y se alejó mientras Choroko le daba los alimentos a esa pobre alma maltratada y dientona. En otras situaciones, le acompañaba a conseguir libros y cosas en las tiendas. Eran prácticamente paseos tranquilos.
Nadie en esa casa era tan fanática de las tiendas de ropa como Jyushiko y Todoko. La de amarillo tampoco salía mucho si no era con su hermanita o con sus amigas del colegio. Pero algo que sí la apasionaba, era la moda. Era impresionante como Karamatsu era tironeado de un lado a otro como un especie de sirviente que solo sostenía bolsas y cajas de ropa y zapatos. Casi todo de la de amarillo, a veces Todoko se colaba en esas aventuras de vida o muerte, lo cual hacia que la carga inicial se volviera más pesada. Afortunadamente solo pasaba una vez a la semana, donde recibían su dinero semanal y ya habían anteriormente inspeccionado (también con el de azul) las tiendas en busca de descuentos y promociones.
El de azul mentiría si no trató varias veces comprarse para él (o incluso sugerir) algunos atuendos de su estilo… De los que fueron inmediatamente desplazados por las menores. A pesar de todo lo encontraba divertido, entonces así se debía sentir tener hermanitas.
Con Ichiko las cosas eran… Difíciles de explicar. Si bien Karamatsu supone que su relación había mejorado, con la de purpura las cosas eran prácticamente como Ichimatsu.
Ella se mantenía reservada y callada la mayor parte del tiempo, incluso en esos momentos donde ambos estaban solos en la sala. Ichiko rara vez salía, no decía a dónde ni cuándo volvería, pero en algún momento estaba en casa. A veces durante la mañana (donde los dos estaban solos mientras las demás ocupantes trabajaban o estudiaban) encontraba a Ichiko en la sala escribiendo en un cuaderno maltrecho. Varias veces se mantenía en la habitación de las menores para seguir durmiendo. Y en otras ocasiones entraba sin tocar la puerta para sacar ropa o cosas de su propia habitación. Casi siempre sin decir una palabra. A pesar de eso, nunca sintió ningún aroma de hostilidad o tensión de ella. Solo tranquilidad y paz. Supuso que eso era bueno.
Aunque no habían tenido una conversación larga y profunda desde que fueron a curar sus heridas en casa del chico Matsuno, Karamatsu seguía intentando hablarle de lo que sea. A veces era para cortar el silencio del momento y otras, solo para conocer a Ichiko. De las pocas veces que intercambiaron palabras, le gustó saber cosas como que durante los días de lluvia, suele tener más sueño. Que sí le gustan los gatos, de hecho, había un par de felinos que a veces se colaban por el patio trasero e Ichiko le daba atún de vez en cuando. Según la de purpura, ella no hacía nada ni los buscaba, pero esos gatos parecían tratarla con familiaridad. Que le gustaba escribir historias, que le gusta la ropa que le queda grande o suelta, que odia el ruido, que su saga de películas preferida es la de Viernes 13.
En más de una vez, Ichiko le insistió que la acompañe a "ir de compras", el famoso código que significaba conseguir comida… Pero para ghouls. En todas las veces, el de azul le rechazó, aun no estaba cómodo con la idea de cazar y descuartizar humanos.
Ichiko solo le contestaba que eso es pensamiento de humanos. "Y tu ya no eres un humano".
Sea como sea, Karamatsu siempre salía ganando gracias al apoyo de las demás chicas.
No sabe cuándo, pero creyó haber visto en algún documental sobre leones donde decía que las hembras eran las encargadas de cazar y conseguir alimento y los machos, mientras tanto eran algo así como delimitadores de territorio, peleaban con otros machos y protegían a las hembras de amenazas. Se sintió divertido pensar en toda la situación como similar.
También había que mencionar que algunas veces venían las compañeras de clases o del club de las dos menores. Inmediatamente, Karamatsu era presentado como un pariente lejano que se alojaba por el momento en la casa. Antes de entrometerse con el asunto del novio falso, Todoko aclaraba que no había línea sanguínea, es decir, "Mírame a mí y a mis hermanas, ¿no ven que somos hermanas adoptivas?". Con el tema del incesto descartado, todos hacían como que era más normal. Incluso se había lucido más de una vez al cocinar uno que otro platillo mejor que el precocinado que normalmente las chicas preparaban para ocultar su nulo conocimiento de la cocina humana. Eso le había ganado varias miradas de ensueño. Pero antes de poder lucirse abriendo la boca, casi siempre era interrumpido por alguna de las mujeres de la casa.
Cambiando de tema, una de sus mayores preocupaciones era Gimi. Karamatsu sabía que seguía saliendo durante las noches, pero al menos no causaba problemas… No tantos como pensaba. Ya se había dormido con una habitación en orden y limpia, para despertar con las camas deshechas, los peluches y cosas en el suelo, incluso, en una ocasión, encontró ese par de gatos que había mencionado Ichiko durmiendo en el suelo con él.
Gimi era bastante inquieto, pero se alegraba que no huyera o al menos escapara a casa en todas las oportunidades que tuvo.
Esto estaba saliendo muy bien por ahora.
Aunque las cosas estaban yendo bien para Karamatsu, había otro sujeto desafortunado que iba en mal en peor.
Takagi se mostraba frustrado y malhumorado la mayor parte del tiempo. Su investigación "seria" no conducía a ningún lado.
Ya debió de haber pasado bastante tiempo desde la muerte de Hattori, pero se seguía sin haber pistas concretas a su asesino.
Las muestras de sangre volvieron a mostrar una mujer ghoul (que estaba en el sistema por parte de parientes), el mismo inspector caído y esa extraña muestra que decían que debía estar contaminada, la hibrida entre ADN humano y ghoul.
El director había ordenado omitir toda investigación sobre la muestra "contaminada" y centrarse en los hechos concisos que se tenían a mano.
A pesar de todo el esfuerzo que le puso, Takagi, como la gran mayoría de sus compañeros, se encontraron varados sin saber cómo continuar. Algunos se empezaron a revisar viejos casos para comprobar si había similitudes, otros a rebuscar archivos de la base de datos para buscar pistas sobre la muestra de la mujer ghoul. Pero no importa dónde iba, al joven Dove le parecía una pérdida de tiempo.
Así no podía ayudar a encontrar a los responsables de su sempai.
Un mal día (como todos) se decidió en un impulso de obviar la orden de su superior e investigar sobre la muestra contaminada. Era difícil, puesto que nunca había escuchado algo parecido en sus pocos años de profesión. Así que solamente se dispuso a buscar "anomalías", "contaminación de muestras" o "investigaciones inconclusas que incluyan muestras de ADN".
En ese camino, ya tenía mucho para revisar, porque desde hace casi un siglo que existía la organización de los Doves (formalmente) y desde la promulgación del ADN, en los 80´, ya tenia bastantes casos en el país. Si al terminar no había encontrado nada, buscaría en Asia, en Europa y así hasta todo el mundo. Dios bendiga el servidor de los Doves, tan rápido y claro que quizás hasta un niño podía usarlo.
Por casa caso que revisaba y leía, se emocionaba pensando que había encontrado algo. Pero luego de terminarlo, se daba con que era otra aguja en el pajar como tantos que había en el país.
Takagi se guiaba desde el más nuevo al viejo, así que aun tenía mucho tiempo hasta llegar a la parte donde no usaban el ADN para identificar a los ghouls.
Una de las tantas noches que pasaba horas extras en la oficina, se topó con un caso que le llamó la atención. La información en la ficha que mostraba la pantalla en su computadora estaba demasiado resumida para ser un informe aceptable. ¿Algún incompetente no quiso hacer el papeleo como debía?
En lo poco que pudo leer, el caso había ocurrido en Tokio el año pasado… Decía pocos detalles de lo que había pasado: un cuerpo masculino había sido encontrado en el interior de un sótano de una casa abandonada pero… ¿Por qué no decía si era un cuerpo humano o ghoul?
Cuando Takagi ingresó el código del caso en el buscador principal, un cartel saltaba con sus letras rojas "Usted no está autorizado para ingresar a esta información".
El joven se quedó estático. Entendía perfectamente que había casos donde eran ultra confidenciales porque involucraban información de ghouls buscados o personas importantes. Pero un cuerpo encontrado no parecía la gran cosa. Si era un humano, solo tenían que identificarlo e informar sobre su causa de muerte. Si era un ghoul, había que recalcar si fue ingresado en la data de los Doves y si solo era otro pobre diablo que murió comido por otro.
Pero no, el caso estaba etiquetado como "Cuerpo encontrado" y punto. Solo había la fecha del caso, las pocas personas que trabajaron en el caso y el pequeño cartel que aparentemente le hacía saber a Takagi que no estaba autorizado para eso.
Por primera vez en su vida tuvo un temblor en su corazón, un cosquilleo en sus entrañas, algo que él mismo creyó que debió ser lo que su sempai describía como una corazonada.
Tomó notas en una hoja de papel y se fue a su casa.
Al llegar, se lanzó a su laptop que descansaba en la pequeña mesa de su habitación, la misma mesa donde comía y veia tele como cada día.
Pensó un momento que estaba haciendo algo malo, pero lo dejó en segundo plano cuando ingresó en el buscador (y en la pestaña de incognito por las dudas) las palabras claves "Cuerpo encontrado" y la fecha dada.
Aunque la mayoría eran paginas que no tenían que ver con el asunto, Takagi pudo dar con un par de blogs que hablaban del tema que justamente estaba buscando.
El primero hablaba de conspiraciones de ghouls en la organización Dove, el autor del blog habría estado en la escena del crimen tomando fotos con su celular de mala calidad dando desenfoques y describiendo el enmarañado plan que tenia las autoridades para sus planes malignos. El joven Kohai estuvo a punto de cerrar la pestaña al notar su tiempo desperdiciado de no ser porque en una de las fotos tomadas de la supuesta escena del crimen aparecía una mujer mayor que se le hizo muy familiar.
"Esa es… ¿La jefa del departamento de genética?" Pensó confundido al reconocer a la mujer que trabajaba en su sede en la foto mal tomada, se encontraba hablando con otros Doves uniformados mientras miraba a la cámara en un descuido. Detrás de ella, la entrada a una casa que tenia la facha de estar descuidada, adornada con cinta policial, había gente pasando que salían desenfocados, pero la doctora se veia clara.
Abrió el otro blog que restaba con un poco de ansiedad. El titulo le dio un escalofrío: "El chico del horno".
