NOTA: tengo que advertir que en este fic han pasado varios meses y la niña ya ha nacido se llama Johanna Houghton Castle. Es cortito y no me ha quedado como esperaba pero aún así me gusta. Gracias por todo.

-¡MAMÁ, MIRA COMO JUEGO AL BEISBOL CON EL ABUELO! –estabamos todos en el jardín disfrutando del maravilloso y esplendido día. Mi madre acababa de volver de la gira de su nueva película, mi suegro celebraba su tercer día de jubilación, mi hija Alexis su mudanza con su novio, mi hijo su primer fin de semana después de haber entrado en la guardería, mi mujer entraba el lunes a trabajar después de cinco meses cuidando de la pequeña Johanna. El día del parto había sido el más duro de mi vida pues Kate perdió muchísima sangre y sufrió una parada cardiaca, además la niña nació con vueltas de cordón, tuvimos que esperar varias horas hasta que mi hija pudo conocer a su madre y viceversa. Pero aquí estábamos, cinco meses después, disfrutando de la pequeña gordita, era idéntica a Kate, sus ojos eran verde-avellana, la nariz fina, los mofletes rojos, hoyuelos al reír, en todo se parecía a su madre, excepto por el color de pelo, castaño oscuro, como el mío.

Desde el día que llegó a casa aportó más alegría si cabe en la pequeña familia que habíamos formado. Era muy risueña, se reía con cada caricia, cada sonrisa y también como su madre, me adoraba, la pequeña solo dejaba de llorar cada noche si era yo quien la mecía, solo comía su papilla si era yo quien se la daba pero solo dormía la siesta en brazos de su madre y como a su hermano le encantaba el pelo de su madre.

En esos momentos yo tenía a la niña en brazos, vestida con un precioso vestido blanco, un lazo rosa en la cabeza y unas sandalias del mismo color sujetaba su conejito, que le había regalado su hermana y con el que se entretenía continuamente. Mi mujer estaba atenta mirando a nuestro hijo, cosa que hacía constantemente desde que había nacido Johanna, el niño se mostraba celoso y algo egoísta en lo referente a la nueva personita, su madre tenía que darle de comer, tenía que bañarlo, quería dormir la siesta con nosotros pero sin su hermana.

-¡hiip!

-¡oh, Castle!¿ha sido la niña quien ha hipado?

-¡Sí! –mi hija acababa de soltar un pequeño y muy gracioso hipido que acogió la atención de todos incluida la del abuelo Jim.

-¡Hiip!

-¡Oh, que mona! ¡Déjame que la coja hijo! –mi madre tomo a la niña en brazos y fue entonces cuando me di cuenta de que la puerta que daba acceso a la casa se estaba cerrando y que mi hijo ya no estaba con nosotros. Mire a mi mujer quien me cogió de la mano y me llevó directo al salón donde estaba mi hijo, sentado en el sofá, llorando y gimiendo.

-Eh, colega, ¿qué te pasa?

-No me llames colega, ya no te quiero.

-¿Qué, por qué?

-Por qué tú no me quieres, desde que llegó Johanna no me habéis hecho caso, solo tengo casi dos años, yo quiero esta con vosotro. Sois mis papas.

-Mi amor –su madre agarró instintivamente las manos del pequeño que seguía llorando aunque con menos intensidad- aunque haya nacido tu hermana eso no quiere decir que no te queramos, que no queramos estar contigo o prestarte atención. Te queremos igual que a ella, incondicionalmente, sois nuestra vida y siempre vamos a quereros pero tu hermana es pequeñita y no puede hacer las cosas sola, no sabe comer sola como tú, no sabe hacer pipi en el orinal como tú, no sabe hablar ni andar como tú y tampoco puede jugar sola porque se cae así que nosotros tenemos que ayudarla.

-Ya… entonces…yo soy muy mayor porque sé hacer más cosas solo que ella.

-Claro que si colega y como sabes hacer cosas solo y ella no, nos tienes que ayudar porque eres su hermano mayor. Pero quiero que te quede claro que nosotros siempre seremos tus papas y siempre te querremos pase lo que pase aunque tengas más hermanos, nosotros vamos a quererte y además, ¿sabes qué? Cuando cumplas los tres años vamos a jugar al laser tags, nosotros dos, como un equipo, ¿vale colega?

-Vae, papá.

-¿Nos damos papá, tú y yo un abrazo de oso?

Y por toda respuesta el niño se abalanzó a nuestro cuello y nos apretó muy fuerte.